Evaluación de la reforma agraria en Perú
La Reforma Agraria en Perú, implementada en 1969 por el gobierno del general
Juan Velasco Alvarado, representó un hito histórico en la redistribución de tierras y la
búsqueda de justicia social. Este proceso buscaba erradicar el latifundismo y mejorar las
condiciones de vida de los campesinos, quienes históricamente habían sido marginados
y explotados. Sin embargo, la Reforma Agraria sigue siendo un tema controvertido,
generando opiniones divididas respecto a sus efectos en los ámbitos político, económico
y social. Frente a ello, considero que la Reforma Agraria fue, en general, sí fue
beneficiosa para la sociedad peruana, ya que contribuyó a reducir las desigualdades
sociales, fortaleció la identidad campesina y promovió una mayor participación política,
tomando como referencia al video del documental titulado revolución y la tierra, pasare
a argumentar mi postura.
En primer lugar, desde el punto de vista político, la Reforma Agraria permitió la
inclusión de sectores sociales históricamente marginados en el proceso político del país.
Antes de la reforma, el poder político estaba concentrado en las élites terratenientes,
quienes controlaban gran parte de la economía y la política regional. Al redistribuir la
tierra, se debilitó la influencia de los latifundistas, permitiendo que los campesinos
comenzaran a organizarse y participar más activamente en la vida política. Esto
fortaleció las bases del movimiento sindical campesino y promovió la creación de
cooperativas agrarias, que sirvieron como espacios de organización y empoderamiento.
Además, la reforma hizo visible la realidad del campesinado, poniendo en la agenda
política temas de justicia social y derechos agrarios.
En segundo lugar, desde la perspectiva económica, aunque hubo desafíos en la
implementación de la reforma, los resultados a largo plazo mostraron avances positivos
en la modernización del sector agrario. La redistribución de tierras permitió que muchas
familias campesinas accedieran por primera vez a la propiedad, generando una mayor
estabilidad económica para estos hogares. Aunque se criticó la falta de apoyo técnico y
financiero adecuado para los nuevos propietarios, la reforma sentó las bases para la
diversificación agrícola y la reducción de la dependencia de los cultivos tradicionales
destinados a la exportación. Con el tiempo, esto ayudó a equilibrar la estructura
económica rural y a promover una mayor autosuficiencia en las comunidades
campesinas.
En tercer lugar, la Reforma Agraria tuvo un impacto social significativo al
reducir las desigualdades extremas y fomentar la cohesión social en las zonas rurales.
Antes de la reforma, las tierras estaban concentradas en manos de unos pocos, lo que
generaba profundas disparidades sociales y económicas. Al redistribuir las tierras, se
creó una base más equitativa para el desarrollo rural, beneficiando a miles de familias
campesinas que previamente vivían en condiciones de pobreza extrema. Además, la
reforma fortaleció la identidad cultural y comunitaria del campesinado, promoviendo la
preservación de prácticas agrícolas tradicionales y el sentido de pertenencia a la tierra.
Esto ayudó a reducir la migración masiva hacia las ciudades, que antes era impulsada
por la falta de oportunidades en las zonas rurales.
En conclusión, la Reforma Agraria en Perú tuvo un impacto significativo y, en
términos generales, beneficioso para la sociedad peruana. Aunque el proceso enfrentó
múltiples desafíos, especialmente en términos de implementación y sostenibilidad
económica, sus beneficios políticos, económicos y sociales contribuyeron a crear un
país más equitativo e inclusivo. La reforma no solo permitió una redistribución más
justa de los recursos, sino que también sentó las bases para una mayor participación
política de los sectores rurales y promovió un sentido de identidad y cohesión social que
perdura hasta hoy.