EL PETRÓLEO Y SU IMPACTO EN EL DESARROLLO SOCIALES EN
VENEZUELA
La primera concesión para la explotación de petróleo en Venezuela fue
otorgada el 24 de agosto de 1865 por Jorge Surtherland, presidente Constitucional
del Estado soberano del Zulia, al ciudadano norteamericano Camilo Ferrand para
taladrar, sacar y exportar petróleo o nafta en todo el estado Zulia, concesión que
caducó al año siguiente por incumplimiento de contrato. Luego en 1878 se otorgó
una concesión a Manuel Antonio Pulido para explotar el petróleo descubierto en su
hacienda La Alquitrana, para lo cual este creó la Compañía Minera Petrolia del
Táchira, que comenzó a operar efectivamente, con producción comercial, en 1883.
Ese mismo año también se produjo otra concesión que fue entregada a Horatio
Hamilton y Jorge Phillips, sobre el lago de asfalto de Guanoco (en el oriente del
país), posteriormente traspasada a la New York and Bermúdez Company.
la actividad petrolera venezolana se inició con la creación en 1878 de la Compañía
Nacional Minera Petrolea del Táchira, cuya producción apenas alcanzaba para
dotar de kerosén a las ciudades vecinas. Su importancia radica en que no sólo es
la primera empresa fundada por un grupo de venezolanos, encabezado por
Manuel Antonio Pulido, sino que además desplegó todas las actividades de la
industria petrolera, al extraer, procesar y comercializar por primera vez los
hidrocarburos en nuestro país.
LOS PRIMEROS PASOS HACIA LA CREACIÓN DE UNA SOCIEDAD
PETROLERA
El 24 de noviembre de 1913 la Venezuela Oil Concessions empezó la exploración
de sus parcelas hundiendo la barrena perforadora cerca de Cabimas. La
compañía inglesa tenia la potestad de taladrar en lo que en ese momento era el
territorio petrolífero más grande del mundo. Aunque en realidad se iniciaron las
primeras concesiones entre 1907 y 1912 y el petróleo empezó a exportarse a
partir de 1917, no fue sino a partir de 1922 que el petróleo se convirtió en la
principal actividad económica del país.
Al calor de la explotación petrolera se gestaron y desarrollaron nuevos modos de
vida. La entrega de grandes áreas en concesión permitidas a ciertos consorcios
internacionales, la importación de equipos y alimentos, la construcción de cierto
número de infraestructuras tales como oleoductos y pequeñas refinerías,
constituyeron un dinamismo iniciador en el proceso de consolidación de la
industria, en particular con el incremento en los índices del petróleo
comercializable. En un plazo corto las potencialidades de yacimientos localizados
engendraron una movilidad del poblamiento a las que se añadieron un proceso de
expansión del negocio y la irradiación del nuevo ingreso.
La integración nacional radicó entonces en una interrelación de áreas directas o
indirectas unidas al negocio petrolero o al ingreso distribuido centralmente. La
desarticulación de la sociedad rural, la asociación al petróleo, el salario petrolero,
la actividad económica productiva o de servicios impulsada por los hidrocarburos,
puso de relieve los primeros síntomas del "enclave petrolero", entendido como un
renovado nexo con el capitalismo internacional o como un factor modernizante que
se erigió en una sociedad rural y obsoleta. En aquel contexto el trabajador de las
Compañías petroleras representaba una fuerza de trabajo diferente, con una
remuneración fija, una muestra específica de estabilidad, de seguridad y de
avance, en el cual crecería la sociedad existente.
El primer período de la historia del petróleo venezolano destaca la presencia en el
territorio nacional de Compañías que implantaron sus refinerías off shore, para
evitar una presencia demasiada aguda de ellas mismas mientras se concentraban
en los yacimientos en la región del Golfo de Venezuela; esa implantación radicaba
en concesiones territoriales donde el petróleo evidenciaba ingresos sin que se
impusiera una carga a los terratenientes.
El punto de arranque de la exportación del petróleo venezolano a gran escala data
de 1922, a expensas del sacrificio del sector agrícola, puesto que la mano de obra
de este se dirige hacia el nuevo sector industrial petrolero por las ventajas ya
mencionadas, donde además se observa la representación de una élite que sacó
provecho de las ventajas otorgadas por las compañías extranjeras.
Esa determinación de la economía por el ingreso proveniente del negocio
petrolero se originó en una renta internacional del suelo obtenida gracias a la
propiedad estatal de los yacimientos petroleros; la renta tiene así un carácter
histórico en manos del gobierno, cobrada al principio por la concesión del derecho
de hacer exploraciones y explotaciones. El ingreso petrolero permite entonces que
el Estado disponga de dólares y que se establezca el mantenimiento de una tasa
de cambio de precio muy bajo del dólar, posibilitando la importación de bienes de
todo tipo.
En la década 1920-1930 cambió el rumbo de la economía venezolana como
consecuencia de la aparición del petróleo en el oriente y occidente del país. Así
vemos que en el año 1922 aparece el pozo Los Barrosos Nº 2 en el campo La
Rosa, cercano a Cabimas; igualmente en 1928 aparece el pozo Quiriquire, previa
perforación del pozo Mene 1, que permitió la apertura del campo Oficina Guanipa,
seguido luego de otros.
En este contexto surge un nuevo problema económico y social al producirse
migraciones masivas hacia las zonas petroleras, provenientes de la población
productiva rural, trasladando mano de obra no calificada hacia las zonas del
litoral, cuyas ciudades se enriquecían con el producto de la concentración de los
beneficios derivados de la inversión y el gasto de la divisas generadas por la
explotación petrolera, donde se hacía necesaria la mano de obra no calificada
para diversas actividades burocráticas y de servicios particulares, además de
contar dichas ciudades con mejoras sanitarias y vialidad, lo que atraía a los
empobrecidos sectores rurales.
P ETRÓLEO Y ECONOMÍA EN V ENEZUELA
La producción petrolera en el país representó tanto cambios como
permanencias en la economía nacional. Cambios, porque constituyó el tránsito de
una economía centrada en una actividad poco tecnificada, de productividad en
franco descenso y en manos de los nacionales, a una de tecnología de punta,
productividad creciente y realizada por empresas y mano de obra extranjera.
Permanencias, porque siguió siendo una economía del sector primario, mono-
productora, dependiente de la dinámica del precio internacional de una materia
prima e importadora por excelencia; en este caso, se pasó del café materia prima
del subsector agrícol, al petróleo materia prima del subsector minero y de allí en
adelante, sólo será este recurso, la base económica nacional.
Frente a los ingentes ingresos petroleros, los impuestos derivados de las
actividades no petroleras perdieron progresivamente importancia para el sector
público, hasta el punto de ser casi dispensables para el funcionamiento del Estado
Sobre esta situación destaca Baptista (2010: 179): «…entre 1980 y 1992 el
monto de impuestos pagados por las personas naturales fue 0,8 % del ingreso
recibido, en tanto que las corporaciones no petroleras pagaron sólo 2,4 % en
promedio… El mismo concepto, en el caso de una economía como la
norteamericana, fue 13,4 % ».
A razón de lo anterior, el gobierno venezolano dejó de requerir los aportes
privados, vía impuestos, para cumplir su función social; de hecho, creó y sigue
implementando otros mecanismos para hacer uso de la riqueza petrolera sin
necesidad del aporte económico de los venezolanos. Entre ellos, el subsidio a la
gasolina y de la moneda.
Respecto a la gasolina, en 1945 Betancourt (2001: 293) afirma: «Era insólito que
en el primer país exportador de petróleo del mundo rigieran cotizaciones tan altas
para la gasolina y los otros carburantes... Se cumplió de inmediato con ese
compromiso, convenido como estaba el equipo gobernante de que el desarrollo
industrial de la nación y las posibilidades de bienestar material de todos sus
habitantes estaban muy ligados a una política de combustibles baratos».
Con relación a la sobrevaluación de la moneda, Baptista (2010: 166-167) sostiene:
«El Estado-propietario recibe unos dólares… que no precisan de una contrapartida
interna en esfuerzo productivo, por lo que su decisión de hacerlos privados a
través del mercado puede cumplirse a cualquier tasa de cambio… [colocando]…
en manos privadas… más poder de compra del que recibe a cambio». Asimismo
agrega (2004: 253): «…el dueño de la renta optó por darle una parte de la misma
a la gente, vendiéndole barato su dólar».
Frente a la abundancia de recursos financieros, el Estado venezolano,
particularmente de 1945 en adelante, apostó por promover el desarrollo industrial
y agrícola del país, en una primera etapa, de manera indirecta, a través de la
Corporación Venezolana de Fomento (1946)(4) y, de manera directa, creando
industrias en diferentes ramos.
Inicialmente se concentró en fomentar las industrias básicas (desarrollo
energético- siderúrgico de Guayana y sistema de electrificación), de alimentación,
combustibles y habitación, esperando pasar luego al desarrollo de industrias
complementarias, semi-pesadas y pesadas. A la par iría implementando
programas de desarrollo agrícola, piscícola y pecuario complementados con ‘la
compra por agencia del Estado de los excedentes de cosechas’ (Betancourt,
2001).
Para finales de la década de los años 50, bajo la consigna de diversificar el
aparato industrial a los fines de sustituir las importaciones, el Estado: i) creó un
sistema de protección de la industria nacional frente a los bienes de consumo
provenientes del exterior y, ii) por medio de la Corporación Venezolana de
Fomento implementó un sistema de créditos para las nuevas industrias. Fue así
que, sostiene Purroy (1997), surgió el eje de desarrollo industrial Caracas-
Maracay- Valencia y el complejo industrial de Guayana.
Entre la década de los años 60 y 70, la política de sustitución de importaciones
comenzó a dar signos de agotamiento. El financiamiento industrial se hizo un
lastre difícil de mantener, el mercado interno fue insuficiente y las industrias
ineficientes y no competitivas, se acostumbraron a la protección estatal. Sin
embargo, gracias a la inusitada alza de los precios internacionales del petróleo, el
esquema sustitutivo volvió a tomar oxígeno (Purroy, 1997)
Para la década de los años 80, el Estado venezolano era propietario de 78
empresas de diferentes ramos (Crazut, 2006) y se había desarrollado un sector
industrial privado a la sombra de éste, mediante créditos y decretos de prohibición
de importaciones (Melcher, 1995).
En el transcurso de la década en cuestión, a pesar de los ingresos petroleros, el
país incurrió en un elevado endeudamiento; la inestabilidad económica se hizo
común y se comenzaron a implementar mecanismos de estabilización devaluación
de la moneda y control cambiario, p. ej. Ya para finales de la década, el presidente
Carlos Andrés Pérez, en un intento por reactivar la economía, implementó las
políticas de ajuste estructural del Fondo Monetario Internacional que dieron origen
a un desencanto popular por la eliminación de subsidios y protección. No obstante,
tal y como recalca Purroy (1997), el alza de los precios del petrolero dio un nuevo
respiro económico y postergó la urgencia de las reformas.
En el presente, tras una redefinición de la política de industrialización del país,
aparte de una nueva estatización de industrias de todo tipo, el Estado, por la vía
de la nacionalización mediante expropiaciones, apuesta por la denominada
Economía Popular, sustentada en empresas de producción social (EPS) que, al
igual que en épocas pasadas, se mantienen bajo la sombra del subsidio público.
A pesar de los esfuerzos realizados, la economía nacional actualmente sigue
siendo mono-productora y dependiente de la explotación y exportación de
petróleo, así como de las importaciones y el sector industrial. Evidencias de ello
son las cifras de exportación de CONAPRI (2010)
Como se puede concluir de la figura 9, las exportaciones del país siguen siendo
fundamentalmente petroleras. Las importaciones de bienes se comportan al ritmo
que establecen las exportaciones del mineral y, lo más grave, es que el país
comenzó, a partir de 2006, a incrementar sus importaciones petroleras.
PETRÓLEO Y SOCIEDAD EN VENEZUELA
Sobre la base de la propiedad estatal-nacional del petróleo, se creó entre la
sociedad venezolana y el Estado un acuerdo tácito, reforzado además por las
ideas que sustentaron particularmente la tesis de la ‹Distribución de la Renta
Petrolera›: el Estado percibe una renta que debe hacerla llegar a todos los
venezolanos, independientemente de cuál sea la participación en su generación.
De esta manera, a la luz de la relación contrato social-pacto fiscal, el Estado
venezolano debe cumplir sus funciones sin que sea necesario para ello, la
contribución material de los venezolanos. Con los ingresos del petróleo es
suficiente.
Las constituciones políticas de cada país son formalizaciones de sus contratos
sociales. Éstas establecen las garantías que aseguran a los miembros del pacto,
los derechos adquiridos y los beneficios a obtener; pero también, estipulan los
deberes a cumplir para disfrutar de los mismos. Así, del contrato social no sólo
derivan los principios éticos a partir de los cuales se fundan las instituciones
básicas de la sociedad, entre ellas el Estado, sino que también se desprenden
derechos y obligaciones voluntariamente aceptadas por todos (Basombrío, 2009).
A los fines de que el Estado pueda cumplir sus funciones, el contrato social arropa
otro tipo de acuerdo: el pacto fiscal, el cual contempla los mecanismos de
financiamiento de las políticas a implementar para cumplir el contrato. La lógica
imperante es: para disfrutar de los beneficios del contrato social es necesario un
esfuerzo común. En la medida en que el Estado adquiera más responsabilidades
sociales, en esa medida se adecuará el pacto fiscal para garantizar la base
material que respaldará económicamente su actuación.
Bajo estas premisas se instituye y adecúa la relación Estado-sociedad civil en los
países industrializados, así como la política fiscal dentro de ella la presión
tributaria que respalda el Estado social.
En el caso venezolano, debido a la propiedad estatal-nacional del petróleo y a los
ingentes recursos provenientes de su explotación, el pacto fiscal se ha
caracterizado por una carga impositiva muy baja, se puede afirmar que en América
Latina la presión tributaria es baja y si ésta, a su vez,
Esta tradición tributaria ha traído consigo en Venezuela, como sostienen
Rodríguez y Rodríguez (2012), una relación ciudadano- Estado de dependencia
unidireccional; en este particular, los ciudadanos esperan y dependen, para
mejorar sus condiciones de vida, del reparto que realiza el Estado de la riqueza
petrolera y no, como ocurre en países con economías tradicionales, donde el
Estado depende de los aportes de los ciudadanos para cumplir sus funciones.
Ésta forma de relacionamiento ha permitido la preponderancia del Estado
venezolano sobre la sociedad civil modelando «…las creencias y expectativas que
constituyen el contrato fiscal rentista: el Estado como padre proveedor, financiado
por una abundancia infinita, y el ciudadano como dependiente receptor»
(Rodríguez y Rodríguez, 2012: 110).
Los principios de esta relación se han profundizado en tal medida, que la dinámica
de las crisis sociales del país depende
de la capacidad distributiva del Estado y de la propia cantidad de riqueza
distribuida. Referencia obligada son el Caracazo (1989) y los dos intentos de golpe
de Estado (1992) que se produjeron durante el último gobierno del presidente
Carlos Andrés Pérez, como respuesta a los ajustes estructurales desarrollados en
el marco de su plan el ‘Gran Viraje’, el cual: i) fue implementado en un momento
de contracción de los ingresos petroleros, de déficit fiscal, de empresas estatales
generando pérdidas y de grandes subsidios a importaciones y servicios públicos y,
ii) se caracterizó por imponer restricciones que fueron vistas como contradictorias
frente a «…la creencia de una abundancia infinita y un Estado redentor»
(Rodríguez y Rodríguez, 2012: 112).
En la actualidad, las premisas del contrato fiscal rentista están más enraizadas
aún. La distribución de la renta petrolera se hace cada vez más de manera directa
y discrecional en la selección de los beneficiarios, con el agravante de que los
criterios prevalecientes son más políticos que sociales. Al respecto, Rodríguez y
Rodríguez (2012: 114) apuntan: «Entre 2004 y 2011, en promedio, 37 % de los
ingresos petroleros dirigidos al gato público se han manejado fuera del
presupuesto. En 2011 esta cifra alcanzó 65 %...».
Bibliografía
[Link]
script=sci_arttext&pid=S131594962012000200004#:~:text=El%20auge
%20de%20las%20exportaciones,recibidas%20en%20el%20territorio
%20venezolano.
Tiempo y Espacio vol.22 no.58 Caracas dic. 2012, La dimensión geopolítica y
económica del petróleo venezolano en las primeras décadas del siglo XX y su
repercusión en el Estado Cojedes, autor: Argenis Agüero
[Link]
Universidad de Los Andes, Venezuela Sociedad, Estado y renta petrolera en
Venezuela: una relación unidireccional Revista Geográfica Venezolana, vol. 57,
núm. 2, pp. 163-185, 2016 autor: María Andreina Salas-Bourgoin
Baptista (2010: 179)
Betancourt (2001: 293
Purroy (1997),
Crazut, 2006)
Melcher, 1995).
Rodríguez y Rodríguez, 2012: 110).
(Basombrío, 2009).