Anorexia
Anorexia
Sintomas
Tiene un miedo intenso de aumentar de peso o engordar, incluso cuando su peso es
insuficiente enfermedades como anemia, y estreñimiento cronico
Se niega a mantener su peso en lo que se considera normal para su edad y estatura
(15% o más por debajo del peso normal).
Tiene una imagen corporal que está muy distorsionada, está muy concentrada en el
peso corporal o la figura y se niega a admitir el peligro de la pérdida de peso.
Las personas con anorexia pueden limitar mucho la cantidad de alimento que comen, o
comen y luego se provocan el vómito. Otros comportamientos incluyen:
Cortar el alimento en pedazos pequeños o cambiarlos de lugar en el plato en lugar de
comérselos.
Hacer ejercicio a toda hora, incluso cuando hay mal tiempo, están lastimadas o están
muy ocupadas.
Ir al baño inmediatamente después de las comidas.
Negarse a comer con otras personas.
Usar pastillas que las hagan orinar (diuréticos), tener deposiciones (enemas y laxantes)
o que disminuyan su apetito (pastillas para adelgazar)
Otros síntomas de anorexia pueden incluir:
Piel amarillenta o manchada que está reseca y cubierta con un fino vello
Pensamiento confuso o lento, junto con mala memoria o capacidad de
discernimiento
Depresión
Boca seca
Sensibilidad extrema al frío (usar varias capas de ropa para permanecer caliente)
Adelgazamiento de los huesos (osteoporosis)
Atrofia muscular y pérdida de grasa corporal
Complicaciones
La anorexia puede ser peligrosa. Puede llevar a serios problemas de salud con el tiempo, por
ejemplo:
Debilitamiento óseo
Disminución en los glóbulos blancos que lleva al aumento del riesgo de infección
Niveles bajos de potasio en la sangre, lo cual puede causar ritmos cardíacos peligrosos
Falta grave de agua y líquidos en el cuerpo (deshidratación)
Falta de proteína, vitaminas, minerales u otros nutrientes importantes en el cuerpo
(desnutrición)
Convulsiones debido a la pérdida de líquido por la diarrea o el vómito repetitivos
Problemas de la glándula tiroides
Caries dental
Pensamientos o conducta suicida
Alteraciones metabólicas: Una disminución de la tasa metabólica basal (bajo gasto de
calorías), alteración de la temperatura corporal (intolerancia al frío), hipercolesterolemia e
hipercarotinemia.
Alteraciones cardiovasculares: Bradicardia (latidos cardíacos lentos), hipotensión (presión
arterial baja), disminución del tamaño cardíaco, alteraciones del ritmo cardíaco (latidos
cardíacos rápidos, lentos o irregulares).
Alteraciones Gastrointestinales: Como gastroparesia (lentitud en el vaciamiento gástrico),
estreñimiento, y la mayor de las veces distensión abdominal.
Alteraciones Renales: Alteraciones hidroelectrolíticas por pérdida de electrolitos por
vómitos o uso de diuréticos o laxantes, o uremia prerrenal: (por deshidratación) que puede
llegar a enfermedad renal crónica.
Alteraciones Endocrinas: Amenorrea (ausencia de la menstruación), disminución de T3
(tiroides).
Alteraciones Óseas: Osteopenia u Osteoporosis por falta de depósito de calcio en los huesos
y retraso de maduración ósea.
Alteraciones Dermatológicas: Piel seca a lo que se puede agregar pelo y uñas
quebradizas, pérdida de pelo y lanugo (vello corporal blanco y fino).
Alteraciones Hematológicas: Pancitopenia (baja cantidad de glóbulos rojos, blancos y
plaquetas) y/o hipoplasia de la médula ósea.
Alteraciones Cognitivas y del comportamiento: Depresión, dificultad de la
concentración y obsesión por la comida.
Prevencion
Al tratarse de un trastorno que suele iniciarse en la adolescencia, la observación
por parte de la familia es crucial para detectar en el menor hábitos que supongan
una señal de alerta. Estos son algunos factores protectores:
Buenos hábitos de comidas: muchos adolescentes comen solos mientras ven
la tele o se comunican con sus amigos vía WhatsApp. La falta de horarios fijos y
de supervisión por parte de los padres acerca de lo que comen incrementa las
probabilidades de desarrollar un trastorno de la alimentación. Por lo tanto,
comer en familia y con horarios regulares ayuda a prevenir la anorexia.
Comunicación con los padres: conocer las preocupaciones de los hijos, sus
gustos y su círculo de amigos puede ayudar a prevenir este trastorno a
detectarlo en una fase inicial.
Relaciones sociales: la socialización de los adolescentes constituye un factor
protector.
Tratamiento
Mejorar la alimentación, las actitudes y las conductas respecto a la comida,
buscando normalizar la dieta a través de la adquisición de una alimentación
variada y equilibrada.
Revertir la desnutrición. El objetivo ponderal debe establecerse de forma
individualizada. Un objetivo aconsejable es aquel peso que permita reanudar la
función fisiológica reproductora (los ciclos menstruales en las mujeres y la función
testicular en los varones).
Garantizar el adecuado aporte de micronutrientes.
Desmitificar creencias y actitudes potencialmente peligrosas con respecto a la
alimentación o a las conductas compensatorias.
Resolver las complicaciones médicas derivadas de la desnutrición o de las
conductas compensatorias.
Evitar un impacto negativo en el manejo de comorbilidades (por ejemplo, diabetes,
enfermedad inflamatoria intestinal, etc.).
En mujeres con amenorrea hipotalámica funcional secundaria a la anorexia
nerviosa se buscará la recuperación de los ciclos menstruales.
Conseguir un adecuado crecimiento en niños y adolescentes.
Colaborar en la adquisición de conciencia de enfermedad y mejorar las
disfunciones relacionadas con las conductas compensatorias / purgativas.
Contribuir en la prevención de recaídas.
Para lograr todo esto, el primer paso es hacer una valoración del estado general del
paciente, con una analítica y control de peso, con el fin de valorar si existen
alteraciones importantes. A continuación, se inicia la intervención psicoterapéutica,
que se basa, según la psiquiatra, "en crear un vínculo con estas personas". Según
explica, son personas "que se han roto a nivel vital y por eso las acompañamos para
que puedan reconstruir su nuevo proyecto de vida". En este sentido, subraya que no se
trata solo "de psicoeducación y enseñar a comer mejor". De ahí que el tratamiento sea
largo, incluso de muchos años.
Los profesionales sanitarios abordan con los pacientes el rechazo a su imagen y les
ayudan a ganar peso y recuperar los buenos hábitos alimenticios, con el objetivo de
reducir el riesgo de muerte derivado de la malnutrición. Asimismo, el trabajo conjunto
con la familia es de gran ayuda.
El tratamiento farmacológico no es una herramienta clave, pero puede ser necesario
para tratar los síntomas de depresión y ansiedad, así como otras enfermedades que
con frecuencia acompañan a la anorexia, como trastorno obsesivo compulsivo,
trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), abuso de sustancias,
trastornos de la personalidad...
El ingreso en un centro hospitalario es necesario cuando:
La desnutrición es muy grave y hay alteraciones en los signos vitales.
Las relaciones familiares son insostenibles y es mejor separar al paciente de su
entorno.
Cuando se agravan los trastornos psíquicos.
El tratamiento ambulatorio es eficaz cuando:
Se detecta de manera precoz.
No hay episodios de bulimia ni vómitos y existe un compromiso familiar de
cooperación.
Con la recuperación del peso corporal y de los hábitos de alimentación adecuados, se
acaba restableciendo la situación biológica y vuelve la menstruación. Con el
tratamiento psicológico se procura reestructurar las ideas racionales, eliminar la
percepción errónea del cuerpo, mejorar la autoestima y desarrollar las habilidades
sociales y comunicativas entre el enfermo y su entorno. La familia debe tomar parte de
manera activa en el tratamiento porque en ocasiones el factor desencadenante de la
enfermedad se encuentra en su seno y, además, la recuperación se prolonga
inevitablemente en el hogar.
BULIMIA
La bulimia, conocida también como bulimia nerviosa, se trata de un importante
trastorno alimentario en el que la o las personas afectadas padecen episodios
regulares en los que ingieren una gran cantidad de comida —denominados
atracones— en los que tiene una pérdida de control sobre la comida ingerida.
Posteriormente, aparece un sentimiento de arrepentimiento en los que la persona
utiliza diversas opciones para evitar el aumento de peso, como el uso no controlado
de laxantes o los vómitos.
Se trata de una afección que normalmente afecta más a mujeres que a hombres,
siendo más común en adolescentes y mujeres jóvenes.
Causas
Muchas más mujeres que hombres padecen de bulimia. El trastorno es más común en niñas
adolescentes y mujeres jóvenes. La persona generalmente sabe que su patrón de alimentación es
anormal. Puede experimentar miedo o culpa con los episodios de atracones y purgas.
Se desconoce la causa exacta de la bulimia. Los factores genéticos, psicológicos,
familiares, sociales o culturales pueden jugar un papel. La bulimia probablemente se
debe a más de un factor.
Atracones
Los atracones se definen como la ingesta de comida excesiva en un corto periodo de
tiempo.
Esa ingesta de comida se interpreta como una pérdida de control respecto al
consumo de comida.
Sintomas
En la bulimia, pueden presentarse atracones con una frecuencia de varias veces al
día durante muchos meses. La persona a menudo come grandes cantidades de
alimentos ricos en calorías, por lo regular en secreto. Durante estos episodios, la
persona siente una falta de control sobre su alimentación.
Estos episodios llevan al autorrechazo, lo cual provoca las purgas para evitar el
aumento de peso. La purga puede incluir:
Provocarse el vómito.
Ejercicio excesivo.
Uso de laxantes, enemas o diuréticos.
La purga a menudo produce una sensación de alivio.
Las personas bulímicas con frecuencia están en un peso normal, pero pueden verse a
sí mismas con sobrepeso. Debido a que el peso a menudo es normal, es posible que
los demás no noten este trastorno alimentario.
Los síntomas que otras personas pueden ver incluyen:
Pasar mucho tiempo haciendo ejercicio.
Consumir repentinamente grandes cantidades de alimentos o comprar grandes
cantidades de alimentos que desaparecen de inmediato.
Ir al baño de manera regular inmediatamente después de las comidas.
Botar empaques de laxantes, pastillas para adelgazar, eméticos (medicamentos
que causan el vómito) o diuréticos.
Es habitual que la persona bulímica tenga un peso totalmente normal, pero que se
vean a sí mismas con sobrepeso. Así, los signos más habituales de la bulimia son:
Repetir episodios de ingerir cantidades excesivas de alimentos en una única vez
Durante el atracón, la persona tendrá una pérdida de control, sin poder dejar de
comer o sin ser capaz de controlarlo
Tras un atracón, forzar el vómito
Hacer ejercicio excesivo para no aumentar el peso
Utilizar laxantes, diuréticos después de comer
Ayunar
Tratamientos
Las personas bulímicas rara vez necesitan ser hospitalizadas, a menos
que:
Tengan anorexia.
Presenten depresión mayor.
Necesiten medicinas para ayudarles a suspender las purgas.
Más a menudo, se utiliza un método por pasos para tratar bulimia. El
tratamiento depende de la gravedad de la bulimia y de la respuesta de la
persona a los tratamientos:
Los grupos de apoyo pueden servir para la bulimia leve sin otros
problemas de salud.
La asesoría, como la terapia conversacional y la nutricional son los
primeros tratamientos para la bulimia que no responde a los grupos de
apoyo.
Medicinas que también tratan la depresión conocidos como inhibidores selectivos de
la recaptación de la serotonina (ISRS) se emplean a menudo para la bulimia.
Combinar la terapia conversacional con ISRS puede ayudar, si la terapia
conversacional por sí sola no funciona.
Las personas pueden abandonar los programas si tienen expectativas poco realistas de
curarse solo con la terapia. Antes de que un programa empiece, las personas deben
saber que:
Es probable que se puedan necesitar diferentes terapias para manejar este
trastorno.
Es común que la bulimia reaparezca (recaída) y esto no es una causa para
desesperarse.
El proceso es doloroso y la persona y su familia necesitarán hacer un gran esfuerzo
.Terapia dialéctico conductual para ayudar a las personas a tolerar mejor las
aflicciones, alcanzar más equilibrio emocional, ser más conscientes de la realidad y
llevarse mejor con los demás.
Tratamiento basado en la familia para ayudar a padres y madres de niños y
adolescentes con bulimia a aprender qué hacer respecto a los comportamientos
alimentarios poco saludables y ayudar a sus hijos e hijas a recuperar el control sobre
lo que comen.
VIGOREXIA
La vigorexia, también nombrada de dismorfia muscular, se trata de una alteración de la
imagen corporal que el individuo desarrolla hacia su propio cuerpo. Es más predominante en
individuos jóvenes del sexo masculino, aunque también existe la vigorexia en la mujer. Es
una condición psicológica que engloba los problemas de salud relacionados con la imagen
corporal y la dependencia al ejercicio físico.
La persona tiene una preocupación excesiva y constante sobre su cuerpo por no ser
suficientemente musculoso. De esta manera, se desarrolla una obsesión por aumentar su
masa muscular a través de ejercicios físicos, dietas y consumo de sustancias. Tales
sustancias, muchas veces, pueden ser nocivas a la salud, entre ellos, están productos como
anabolizantes, hormonas y suplementos alimentarios
La vigorexia, cuya denominación correcta es dismorfia muscular, es un trastorno
mental que se caracteriza por la obsesión por ganar masa muscular. Quienes lo
padecen, según explica Robin Rica, director de la Unidad de Trastornos Alimentarios de
Instituto Centta, experimentan "una distorsión de la imagen corporal que tiene que ver
con que no se se ven lo suficientemente musculados o fuertes". Se asocia "al ejercicio
compulsivo de levantamiento de pesas y a alteraciones alimentarias también
orientadas a conseguir el objetivo de un mayor volumen muscular".
Causas
No hay una causa única. "Es una patología multifactorial que afecta a aquellas personas que
son más vulnerables porque tienen una autoestima más baja, son más perfeccionistas,
tienen más dificultades en las relaciones interpersonales, una peor regulación de sus
emociones...", apunta Rica.
A tenor de lo anterior, se suele hablar de factores de riesgo, en vez de causas. Estos son
algunos de los que pueden ejercer una mayor influencia en el desarrollo del trastorno:
Tener una baja autoestima y un alto nivel de autoexigencia y un comportamiento poco
flexible.
Las personas con personalidad obsesiva, en especial consigo mismas, así como
aquellas que sufren diversos problemas emocionales en sus relaciones personales y
profesionales son más propensas a desarrollar dismorfia muscular.
Los jóvenes con antecedentes sobrepeso u obesidad durante la infancia tienen más
riesgo de padecer el trastorno.
En relación con lo anterior, también es común que la padezcan aquellas personas que
han sufrido acoso escolar o bullying por su aspecto físico durante la infancia.
El perfil de los potenciales afectados por vigorexia identificados por la Consejería de Sanidad
de la Xunta de Galicia en 2010 es el de "un hombre joven, de entre 15 y 35 años, con rasgos en
su personalidad que incluyen introversión, inseguridad y baja autoestima".
Factores de Riesgo
Priorización de hacer ejercicio y mantenerse al día con la dieta por encima de todo.
Miedo de mostrar el cuerpo.
Aislamiento social.
Pérdida del trabajo debido a la dedicación a un régimen de ejercicios.
Hacer ejercicio independientemente de las lesiones físicas.
Obsesión por la apariencia física y musculatura.
Insatisfacción constante con la propia apariencia.
Dieta restrictiva y preocupación extrema por la alimentación.
Consumo de suplementos alimenticios o esteroides para aumentar la masa
muscular.
Baja autoestima, alto nivel de autoexigencia y problemas emocionales en las
relaciones interpersonales.
Diagnostico
Para diagnosticar la vigorexia, el
especialista llevará a cabo un análisis
de sangre para determinar si el
paciente consume algún tipo de droga
o suplemento alimenticio relacionado
con este trastorno.
Después, procederá a plantear
cuestiones sobre la frecuencia con la
que la persona realiza ejercicio físico y
cuál es la intensidad del mismo.
Asimismo, el especialista establecerá
si el paciente tiene alguna carencia
alimenticia ya que es uno de los
primeros puntos a corregir que se
integran en el tratamiento.
Sintomas
Las personas con dismorfia muscular llevan a cabo un programa de
entrenamiento que se caracteriza por una intensidad constante y una gran
dureza y se centra en ejercicios que aumentan el tono muscular, por lo que la
práctica más común es el levantamiento de pesas.
Este estilo de vida, que termina convirtiéndose en obsesión, implica un
distanciamiento de las labores cotidianas, incluyendo, muchas veces, el
abandono del trabajo o de las relaciones sociales. Los afectados pueden acabar
invirtiendo todo su tiempo en realizar ejercicio físico.
Tal y como sucede con patologías como la anorexia y la bulimia, los pacientes
reflejan una gran preocupación por su dieta, ya que buscan la rapidez en el
proceso de conseguir un cuerpo escultural y eliminar toda la grasa. En concreto,
siguen una alimentación baja en grasas y rica en proteínas para aumentar la
masa muscular.
Muchas personas con vigorexia comienzan a consumir sustancias como
hormonas y anabolizantes esteroides para estimular el desarrollo muscular,
con los riesgos que conlleva.
1. Mirarse constantemente en el espejo.
2. Comparar frecuentemente su cuerpo con el cuerpo de otra persona.
3. Sentirse estresado cuando se salta una sesión de entrenamiento o una comida.
4. Preocupación frecuente por alcanzar su objetivo de ingesta diaria de proteínas.
5. Descuidar a familiares y amigos, los estudios o el trabajo.
6. Preocupación excesiva por las dietas. Suelen hacer dietas hiperproteicas con el
fin de aumentar la masa muscular, y en muchas ocasiones recurren a los
anabolizantes.
7. Necesidad compulsiva de hacer ejercicio
8. Dedicarle un tiempo excesivo al deporte, dejando de lado otras actividades, con
el fin de ganar músculo
9. Pensamientos obsesivos sobre el físico.
Complicaciones
La actitud y los hábitos de vida que adoptan los vigoréxicos tienen como consecuencia
una serie de problemas orgánicos y lesiones originados por el exceso de ejercicio y una
dieta desequilibrada con abuso de sustancias dopantes. Entre las posibles
complicaciones que pueden desarrollar estos pacientes están: enfermedades
cardiovasculares, lesiones hepáticas o renales, disfunción erectil, atrofia testicular y
cáncer de próstata.
Precauciones
Rica aconseja a los adolsecentes y adultos jóvenes -especialmente los más vulnerables a desarrollar una
preocupación excesiva por su aspecto físico- la práctica de ejercicio físico a través de actividades "más grupales o
lúdicas", en vez de "ir al gimnasio todos los días a levantar pesas". El gimnasio sería, "un complemento".
En todo caso, se aconseja siempre la supervisión de un entrenador profesional para la realización de un programa
de ejercicios.
Es aconsejable realizarse exámenes físicos que determinen el estado de salud, además de las necesidades y
capacidades del individuo para adaptar los ejercicios que se van realizar.
Los especialistas recomiendan establecer ejercicios que se adecúen al nivel físico de la persona, evitando
actividades que requieran sobreesfuerzos innecesarios.
Es importante detener el ejercicio en el momento en el que se presente fatiga, cansancio o dolor muscular
excesivos.
Evitar la sobreexposición a ciertos contenidos de internet y las redes sociales, como aquellos en los que se indica
cómo llevar a cabo un ciclo de esteroides, puede contribuir a prevenir la dismorfia muscular.
Tratamientos
Los principales factores desencadenantes involucrados en el desarrollo de dismorfia
muscular son de tipo cultural, social y educativo. Por ello, el tratamiento debe
enfocarse a modificar la conducta y la perspectiva que tienen los afectados sobre su
cuerpo.
El entorno afectivo cumple una función muy importante en su recuperación, al
brindarles apoyo cuando intentan disminuir su programa de ejercicios a rutinas más
razonables.
Es necesario reducir el entusiasmo y la ansiedad por la práctica deportiva intensa,
logrando que se interesen por otras actividades menos nocivas para su cuerpo.
La terapia psicológica debe centrarse, resume Rica, "en trabajar la imagen corporal y
las conductas de riesgo, tanto alimentarias como orientadas al deporte". Los
tratamientos que se utilizan "parten de los que se aplican para los trastornos
alimentarios y orbitan en torno a la aceptación corporal y la flexibilidad cognitiva, entre
otras cuestiones".
tambien terapias con psicologia para trabajar el pensamineto, y en otros
medicamentos en caso de ser una vigorexia mas avanzada y dificl de tratar por los
trastornos
ORTOREXIA
El término ortorexia, acuñado en el año 1997 por el médico estadounidense Steven
Bratman, es un neologismo que proviene del griego orthos o correcto y orexis, que
significa apetito. La ortorexia es una actitud patológica hacia la comida, por lo que se
conceptualiza como una obsesión por la comida saludable, un patrón de alimentación
que cumple una serie de requisitos estrictos y restrictivos.
Es importante señalar que la fijación que desarrolla la persona con la comida que
considera sana, no implica que realmente sea saludable, de calidad y beneficiosa. Esto
se debe a que los criterios que la persona con ortorexia nerviosa establece se basan en
su propio sistema de creencias y en diversas fuentes que no necesariamente están
científicamente contrastadas.
Esta patología, pese a no estar recogida en ningún manual de trastornos mentales como,
por ejemplo, el DSM-5, se engloba dentro de los trastornos de la conducta alimentaria, ya
que la alimentación es el elemento central en esta enfermedad. Asimismo, la ortorexia
también se relaciona con el trastorno obsesivo compulsivo por el desarrollo de rituales
rígidos e inflexibles en la alimentación. No obstante, se diferencia de otros trastornos
alimenticios como la anorexia y la bulimia en que en estos últimos existe preocupación
por la cantidad de comida, mientras que en la ortorexia la obsesión es por la calidad, y
por otro lado, no hay una distorsión de la imagen corporal
Causas
Pese a que puede afectar a cualquier persona, ser mujer y joven son factores de riesgo
para esta enfermedad, así como poseer un nivel adquisitivo medio alto, lo que permite
el acceso a un determinado tipo de alimentación.
Las personas deportistas también constituyen un sector poblacional vulnerable
a este trastorno, ya que desarrollan una elevada conciencia sobre la nutrición y
los efectos de esta sobre su físico y su rendimiento.
El aumento de la relevancia de la nutrición en la actualidad y la difusión de
información en redes sociales y en los medios de comunicación puede derivar
en una preocupación excesiva sobre la alimentación en la población.
La información dietética y nutricional que no procede de estudios científicos ni
evidencias empíricas favorecen la difusión de prácticas peligrosas. Asimismo,
existen intereses económicos por parte de la industria alimenticia para
promulgar dietas que les favorezcan y que realmente no se preocupan por la
salud de las personas.
El culto por la imagen y la delgadez en la sociedad actual como sinónimos del
éxito fomentan la presión estética en base a unos cánones de belleza que
pueden derivar en el desarrollo de dietas inflexibles y severas basadas en
criterios supuestamente saludables para lograr un determinado físico asociado
socialmente con la salud.
Ciertos rasgos de personalidad como la rigidez y la falta de flexibilidad mental, el
perfeccionismo o el exceso de autocontrol son factores predisponentes de la
ortorexia.
La presencia de un trastorno obsesivo compulsivo se relaciona en algunos casos
con el origen y desarrollo de conductas de tipo ortoréxicas.
A veces, las personas que han sufrido anorexia adoptan una serie de patrones de
alimentación y rituales en su proceso de recuperación que derivan en ortorexia.
Factores de Riesgo
Ser mujer y joven.
Poseer un nivel adquisitivo medio alto.
Presión social y la influencia de los medios de comunicación.
Búsqueda de un cuerpo ideal.
Falta de educación nutricional adecuada.
Riesgo acentuado de desnutrición, anemia y carencia de oligoelementos.
Posibles complicaciones médicas como osteoporosis.
DIAGNOSTICO
Bratman estableció una serie de pautas que ayudaran a determinar qué conductas o
comportamientos hacia la comida podían indicar la presencia de este tipo de obsesión, y
elaboró un test para facilitar el diagnóstico. Algunas de las preguntas que se le hacen al
paciente son:
¿Se siente culpable cuando se salta su régimen?
¿Pasa más de tres horas al día pensando en su dieta?
¿Planea sus comidas con varios días de antelación?
¿Considera que el valor nutritivo de una comida es más importante que el placer que
le aporta?
¿Ha disminuido su calidad de vida a medida que aumentaba la calidad de su dieta?
¿Se ha vuelto más estricto consigo mismo en este tiempo?
¿Ha mejorado su autoestima alimentándose de forma sana?
¿Ha renunciado a comer alimentos que le gustaban para comer alimentos “buenos”?
¿Su dieta supone un problema a la hora de comer fuera, y esto le distancia de su
familia y amigos?
¿Se siente en paz consigo mismo y cree que todo está bajo control cuando come de
forma sana?
Si el paciente contesta afirmativamente a 4 5 de estas ellas, significa que comienza a
obsesionarse más de la cuenta con la dieta.
Sintomas
Limitación y restricción severa de un gran número de alimentos que la persona no considera
saludables.
Dedicación de más de tres horas diarias a la planificación de la dieta y alimentación de ese
mismo día.
Pensamientos recurrentes acerca de la compra, preparación y consumo de los alimentos de su
dieta.
Ausencia de disfrute o gratificación a través de la comida, la fuente de satisfacción es el
cumplimiento de los criterios estrictos establecidos.
Afectación en la calidad de vida y descuido de otras áreas vitales de la persona como
consecuencia del exceso de dedicación a la alimentación.
Desarrollo de rituales obsesivos conductuales en la preparación de los alimentos, como en la
forma de cortar o pelarlos, por ejemplo, y en el uso de determinados instrumentos culinarios,
por ejemplo, evitar aquellos metálicos.
Sentimientos de culpabilidad si la persona se salta alguno de los parámetros inflexibles. Estas
emociones pueden desembocar en el autocastigo, que a veces consiste en el ayuno.
Percepción de control sobre las circunstancias y los aspectos de su vida al comer de la forma
que considera correcta.
Aislamiento social debido a que se evitan aquellos eventos en los que haya comida o bebida, ya
que no se fían de la preparación de los alimentos por otras personas que no sean ellas mismas.
Identidad y satisfacción personal basadas en el cumplimiento de los estándares de
alimentación y salud.
Complicaciones
Las consecuencias de la ortorexia están relacionadas con una alimentación inadecuada y
estricta, además de alteraciones psicológicas, como:
Desnutrición y déficit nutricional;
Exceso o deficiencia de vitaminas, dependiendo de la dieta adoptada;
Anemia;
Pérdida de peso;
Presión baja;
Osteoporosis;
Problemas de la tiroides;
Alteraciones hormonales;
Debilitamiento del sistema inmunológico;
Problemas cardiovasculares;
Infertilidad;
Alteraciones psicológicas, como depresión, ansiedad y trastornos obsesivos.
Además de eso, la persona tiende a aislarse socialmente, afectando las relaciones
interpersonales, como amistades y familia, además de descuidar las responsabilidades
laborales, por dedicar más tiempo a la alimentación y tener otras alteraciones del
comportamiento, cambiando el estado de ánimo y humor
Precaciones
Regirse por una comida sana que incluya la cantidad y variedad de alimentos que el
organismo necesita para funcionar correctamente.
Es importante que se incida en la educación de los niños a través de consejos como el
respeto a uno mismo y a los demás y educar con modelos de belleza y conducta no
estereotipados.
Tratamientos
El tratamiento de las personas que sufren ortorexia se basa en la terapia psicológica y la
terapia farmacológica, según los casos. "El tratamiento se basa en abordar lo que subyace a
esa actitud tan patológica", precisa Díaz Marsá. De ahí que se apoye fundamentalmente en
la psicoterapia. "En algún momento, depende de las consecuencias afectivas o de ansiedad
que tenga el afectado, se puede administrar algún regulador del estrés o de la ansiedad".
En muchos casos el trastorno se aborda de forma multidisciplinar, con un equipo de
profesionales que incluya psiquiatra, psicólogo y dietista-nutricionista. La educación
nutricional es esencial para que el paciente vuelva a recurrir a la intuición: debe comer
cuando tenga hambre y dejar de hacerlo cuando se sienta satisfecho.
Se recomienda que se incorporen poco a poco todos los nutrientes que fueron descartados
y que se prosiga con una alimentación saludable en la que se ingieran cantidades
suficientes de todos los grupos de alimentos.