La Cautiva2
La Cautiva2
Era la tarde, y la hora del astro rey la partida, se atreve a hollar el desierto
en que el sol, la cresta dora callaba, manifestando, cuando todo en él reposa? Noche es el vasto horizonte, noche
de los Andes. El Desierto ¿Quién viene seguro puerto el aire, cielo y tierra. Parece haber
como en una despedida,
inconmensurable, abierto, en sus yermos a buscar? apiñado el genio de las tinieblas,
y misterioso a sus pies en su semblante pesar.
para algún misterio inmundo,
se extiende; triste el semblante, Sólo a ratos, altanero
¡Oíd! Ya se acerca el bando sobre la llanura inmensa, la
solitario y taciturno relinchaba un bruto fiero,
de salvajes, atronando lobreguez del abismo
como el mar, cuando un instante aquí o allá, en la campaña;
todo el campo convecino. donde inalterable reina.
el crepúsculo nocturno, bramaba un toro de saña,
¡Mirad! Como torbellino Sólo inquietos divagando,
pone rienda a su altivez. rugía un tigre feroz…
hiende el espacio veloz. por entre las sombras negras,
Gira en vano, reconcentra El fiero ímpetu no enfrena los espíritus foletos
su inmensidad, y no encuentra Se puso el sol; parecía del bruto que arroja espuma; con viva luz reverberan,
la vista, en su vivo anhelo que el vasto horizonte ardía: vaga al viento su melena, se disipan, reaparecen,
donde fijar su fugaz vuelo, como la silenciosa llanura y con ligereza suma vienen, van, brillan, se alejan
el pájaro en el mar. fue quedando más obscura, pasa en ademán atroz. mientras el insecto chilla,
Doquier campos y heredades más pardo el cielo, y en él, y en fachinales 4 o cuevas
del ave y bruto guaridas, con luz trémula brillaba los nocturnos animales
¿Dónde va? ¿De dónde viene? ¿De
doquier cielo y soledades con triste aullido se quejan.
una que otra estrella. qué su gozo proviene? ¿Por qué
de Dios sólo conocidas,
que El sólo puede sondar. grita, corre, vuela, clavando al bruto
El crepúsculo, entretanto, la espuela, sin mirar alrededor? La tribu aleve, entretanto,
A veces la tribu errante con su claroscuro manto, allá en la pampa desierta,
sobre el potro rozagante, ¡Ved que las puntas ufanas donde el cristiano atrevido
veló la tierra; una faja,
cuyas crines altaneras de sus lanzas, por despojos, jamás estampa la huella,
negra como una mortaja,
flotan al viento ligeras, llevan cabezas humanas, ha reprimido del bruto
el occidente cubrió;
lo cruza cual torbellino, cuyos inflamados ojos la estrepitosa carrera;
y pasa; a su toldería mientras la noche bajando
respiran aún furor! y campo tiene fecundo
sobre la grama frondosa lenta venía, la calma al pie de una loma extensa,
asienta, esperando el día que contempla suspirando, Así el bárbaro hace ultraje lugar hermoso do a veces
duerme, tranquila reposa, inquieta a veces el alma, al indomable coraje sus tolderías asienta.
sigue veloz su camino. con el silencio reinó. que abatió su alevosía; Feliz la maloca 5 ha sido;
y su rencor todavía rica y de estima la presa
¡Cuántas, cuántas maravillas,
Entonces, como el rüido, mira, con torpe placer, que arrebató a los cristianos:
sublimes y a par sencillas,
sembró la fecunda mano que suele hacer el tronido las cabezas que cortaron caballos, potros y yeguas,
de Dios allí! ¡Cuánto arcano cuando retumba lejano, sus inhumanos cuchillos, bienes que en su vida errante
que no es dado al mundo ver! se oyó en el tranquilo llano exclamando: -"Ya pagaron ella más que el oro aprecia;
La humilde yerba, el insecto, sordo y confuso clamor; del cristiano los caudillos muchedumbre de cautivas,
la aura aromática y pura; se perdió... y luego violento, el feudo a nuestro poder. Sus caballos, en manadas,
el silencio, el triste aspecto como baladro espantoso pacen la fragante yerba;
de la grandiosa llanura, Ya los ranchos donde vivieron y al lazo, algunos prendidos,
de turba inmensa, en el viento
el pálido anochecer. presa de las llamas fueron, a la pica, o la manea,
se dilató sonoroso,
y muerde el polvo abatida de sus indolentes amos
¡Qué pincel podrá pintarlas dando a los brutos pavor.
su pujanza tan erguida. el grito de alarma esperan.
sin deslucir su belleza!
¿Dónde sus bravos están? Y no lejos de la turba,
¡Qué lengua humana alabarlas! Bajo la planta sonante
Sólo el genio su grandeza puede Vengan hoy del vituperio, que charla ufana y hambrienta
del ágil potro arrogante
sentir y admirar. sus mujeres, sus infantes, atado entre cuatro lanzas,
el duro suelo temblaba, que gimen en cautiverio, como víctima en reserva,
Ya el sol su nítida frente reclinaba y envuelto en polvo cruzaba a libertar, y como antes noble espíritu valiente
en occidente, derramando por la como animado tropel, nuestras lanzas probarán". mira vacilar su estrella;
esfera de su rubia cabellera el velozmente cabalgando; al paso que su infortunio,
desmayado fulgor. víanse lanzas agudas, Tal decía; y, bajo el callo sin esperanza, lamentan,
Sereno y diáfano el cielo, sobre la cabezas, crines ondeando, del indómito caballo, rememorando su hogar,
gala verdosa de la llanura, azul y como formas desnudas crujiendo el suelo temblaba; los infantes y las hembras.
velo esparcía, misteriosa sombra
de aspecto extraño y cruel. hueco y sordo retumbaba Arden ya en medio del campo
dando a su color.
su grito en la soledad. cuatro extendidas hogueras,
Y la tierra, contemplando ¿Quién es? ¿Qué insensata Mientras la noche, cubierto cuyas vivas llamaradas
turba el rostro en manto nubloso, irradiando, colorean
del astro rey la partida,
con su alarido perturba, echó en el vasto desierto, el tenebroso recinto
callaba, manifestando,
las calladas soledades su silencio pavoroso, donde la chusma hormiguea.
como en una despedida,
su sombría majestad. 3 4
en su semblante pesar. de Dios, do las tempestades
1 sólo se oyen resonar?
2
En torno al fuego sentados Las hogueras entretanto Quiénes su pérdida lloran, entremezclados con vivos,
unos lo atizan y ceban; en la obscuridad flamean, quiénes sus hazañas mentan. cubierto aquel campo queda,
otros la jugosa carne y a los pintados semblantes Oyense voces confusas, donde poco antes la tribu
al rescoldo o llama tuestan; y a las largas cabelleras medio articuladas quejas, llegó alegre y tan soberbia.
aquél come, éste destriza. de aquellos indios beodos, baladros, cuyo son ronco La noche en tanto camina
Más allá alguno degüella da su vislumbre siniestra en la llanura resuena. triste, encapotada y negra;
con afilado cuchillo De repente todos callan,
colorido tan extraño, y la desmayada luz
la yegua al lazo sujeta, y un sordo murmullo reina,
traza tan horrible y fea, de las festivas hogueras
y a la boca de la herida, semejante al de la brisa
que parecen del abismo sólo alumbra los estragos
por donde ronca y resuella, cuando rebulle en la selva;
précita, inmunda ralea, de aquella bárbara fiesta.
y a borbollones arroja pero, gritando, algún indio
entregada al torpe gozo
la caliente sangre fuera, en la boca se palmea,
en pie, trémula y convulsa, de la sabática fiesta6. y el disonante alarido Tercera parte: “El puñal”
dos o tres indios se pegan Todos en silencio escuchan; otra vez el campo atruena. Yace en el campo tendida,
como sedientos vampiros, una voz entona recia El indeleble recuerdo cual si estuviera sin vida,
sorben, chupan, saborean las heroicas alabanzas, de las pasadas ofensas ebria la salvaje turba,
la sangre, haciendo murmullo, y los cantos de la guerra: se aviva en su ánimo entonces y ningún ruido perturba
y de sangre se rellenan. "Guerra, guerra, y exterminio y atizando su fiereza su sueño o sopor mortal.
Baja el pescuezo, vacila, al tiránico dominio al rencor adormecido Varones y hembras mezclados,
y se desploma la yegua del Huinca7; engañosa paz: y a la venganza subleva: todos duermen sosegados.
con aplausos de las indias devore el fuego sus ranchos, en su mano los cuchillos, Sólo, en vano tal vez, velan
que a descuartizarla empiezan. que en su vientre los caranchos8 a la luz de las hogueras, los que libertarse anhelan
Arden en medio del campo, ceben el pico voraz. llevando muerte relucen; del cautiverio fatal.
con viva luz las hogueras; Oyó gritos el caudillo, se ultrajan, riñen, vocean,
sopla el viento de la pampa como animales feroces
y en su fogoso tordillo Paran la oreja bufando
y el humo y las chispas vuelan. se despedazan y bregan.
salió Brián; los caballos, que vagando
A la charla interrumpida, Y asombradas las cautivas
pocos eran y él delante libres despuntan la grama;
cuando el hambre está repleta, a carnicería horrenda
venía, al bruto arrogante y a la moribunda llama
sigue el cordial regocijo, miran, y a Dios en silencio
el beberaje y la gresca,
dio una lanzada Quillán. humildes preces elevan.
de las hogueras se ve,
que apetecen los varones, Lo cargó al punto la indiada: Sus mujeres entretanto, se ve sola y taciturna,
y las mujeres detestan. con la fulminante espada cuya vigilancia tierna símil a sombra nocturna,
El licor espirituoso se alzó Brián; en las horas de peligro moverse una forma humana,
en grandes bacías echan; grandes sus ojos brillaron, siempre cautelosa vela, como quien lucha y se afana,
y, tendidos de barriga y las cabezas rodaron acorren luego a calmar y oprime algo bajo el pie.
en derredor, la cabeza de Quitur y Callupán. el frenesí que los ciega,
meten sedientos, y apuran Echando espuma y herido ya con ruegos y palabras Se oye luego triste aúllo,
el apetecido néctar, como el toro enfurecido de amor y eficacia llenas; y horrisonante murmullo,
que, bien pronto los convierte se encaró; ya interponiendo su cuerpo semejante al del novillo
en abominables fieras. ceño torvo revolviendo, entre las armas sangrientas. cuando el filoso cuchillo
Cuando algún indio, medio y el acero sacudiendo: Ellos resisten y luchan, lo degüella sin piedad,
ebrio, nadie acometerlo osó. las desoyen y atropellan, y por la herida resuella,
tenaz metiendo la lengua lanzando injuriosos gritos;
Valichu 9estaba en su brazo; y aliento y vivir por ella,
sigue en la preciosa fuente, y los cuchillos no sueltan
pero al golpe de un bolazo 10 sangre hirviendo a
y beber también no deja sino cuando, ya rendida
cayó Brián. borbollones,
a los que aguijan furiosos, su natural fortaleza
Como potro en la llanura: en horribles convulsiones
otro viene, de las piernas a la embriaguez y al cansancio,
lo agarra, tira y arrastra
cebo en su cuerpo y hartura dobla el cuello y cae por tierra.
lanza con velocidad.
y en lugar suyo se espeta. encontrará el gavilán. Al tumulto y la matanza
Así bebe, ríe, canta, "Las armas cobarde entrega sigue el llorar de las hembras Silencio: ya el paso leve
y al regocijo sin rienda el que vivir quiere esclavo; por sus maridos y deudos por entre la yerba mueve,
se da la tribu: aquel ebrio pero el indio guapo, no: las lastimosas endechas como quien busca y no atina,
se levanta, bambolea, Chañil murió como bravo, a la abundancia pasada, y temeroso camina
a plomo cae, y gruñendo batallando en la refriega, a la presente miseria, de ser visto o tropezar,
como animal se revuelca. de una lanzada murió. a las víctimas queridas una mujer; en la diestra
Este chilla, algunos lloran, "Salió Brián airado de aquella noche funesta. un puñal sangriento muestra,
y otros a beber empiezan. blandiendo la lanza, Pronto un profundo silencio sus largos cabellos flotan
De la chusma toda al cabo con fiera pujanza hace a los lamentos tregua, desgreñados, y denotan
la embriaguez se enseñorea Chañil lo embistió; interrumpido por ayes de su ánimo el batallar.
y hace andar en remolino del pecho clavado de moribundos, o quejas,
sus delirantes cabezas. risas, gruñir sofocado
en el hierro agudo, Ella va. Toda es oídos;
Entonces empieza el bullicio, de la embriagada torpeza;
con brazo forzudo, sobre salvajes dormidos
y la algazara tremenda, al espantoso ronquido
Brián lo levantó. va pasando; escucha, mira,
el infernal alarido de los que durmiendo sueñan,
Funeral sangriento se para, apenas respira,
y las voces lastimeras, los gemidos infantiles
mientras sin alivio lloran
ya tuvo en el llano; del ñacurutú 11 se mezclan;
y vuelve de nuevo a andar.
las cautivas miserables, ni un solo cristiano chillidos, aúllos tristes Ella marcha, y sus miradas
y los ternezuelos niños, con vida escapó. del lobo que anda a la presa vagan en torno azoradas,
al ver llorar a sus madres. ¡Fatal vencimiento! de cadáveres, de troncos, cual si creyesen ilusas
5 Lloremos la muerte miembros, sangre y osamentas, en las tinieblas confusas
del indio más fuerte 7 mil espectros divisar.
que la pampa crió". 8
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Ella va, y aun de su sombra, Absorta el alma, en delirio nada tema tu congoja.- ¿Podremos, sin ser sentidos,
como el criminal, se asombra lleno de gozo y martirio Y enajenada se arroja escapar, y desvalidos,
alza, inclina la cabeza; queda, hasta que al fin estalla de su querido en los brazos, caminar a pie, y jadeando,
pero en un cráneo tropieza le da mil besos y abrazos, con el hambre y sed luchando,
como volcán, y se explaya
y queda al punto mortal. repitiendo: -Brián, mi Brián. el cansancio y el dolor?
Un cuerpo gruñe y resuella, la lava del corazón. La alma heroica del guerrero -Sí, el anchuroso desierto
y se revuelve; mas ella siente el gozo lisonjero más de un abrigo encubierto
cobra espíritu y coraje, Allí está su amante herido, por sus miembros doloridos ofrece, y la densa niebla,
y en el pecho del salvaje mirando al cielo, y ceñido correr, y que sus sentidos que el cielo y la tierra puebla,
clava el agudo puñal. el cuerpo con duros lazos, libres de ilusión están. nuestra fuga ocultará.
El indio dormido expira; abiertos en cruz los brazos, Brián, cuando aparezca el día,
y ella veloz se retira Y en labios de su querida palpitantes de alegría,
ligadas manos y pies.
de allí, y anda con más tino apura aliento de vida, lejos de aquí ya estaremos,
arrostrando del destino Cautivo está, pero duerme; y la estrecha cariñoso y el alimento hallaremos
la rigurosa crueldad. inmoble, sin fuerza, inerme y en éxtasis amoroso que el cielo al infeliz da.
Un instinto poderoso, yace su brazo invencible: ambos respiran así.
un afecto generoso de la pampa el león terrible Mas, súbito él la separa, -Tú podrás, querida amiga,
la impele y guía segura, presa de los buitres es. como si en su alma brotara hacer rostro a la fatiga,
como luz de estrella pura, horrible idea, y la dice: mas yo, llagado y herido,
por aquella obscuridad. -María, soy infelice, débil, exangüe, abatido,
Allí, de la tribu impía,
Su corazón de alegría ya no eres digna de mí. ¿cómo podré resistir?
palpita; lo que quería, esperando con el día Huye tú, mujer sublime,
lo que buscaba con ansia horrible muerte, está el hombre Del salvaje la torpeza y del oprobio redime
su amorosa vigilancia cuya fama, cuyo nombre habrá ajado la pureza tu vivir predestinado;
encontró gozosa al fin. era, al bárbaro traidor, de tu honor, y mancillado deja a Brián infortunado,
Allí, allí está su universo, más temible que el zumbido tu cuerpo santificado solo, en tormentos morir.
de su alma el espejo terso, por mi cariño y tu amor;
del hierro o plomo encendido;
su amor, esperanza y vida; ya no me es dado quererte-. -No, no, tu vendrás conmigo,
allí contempla embebida más aciago y espantoso Ella le responde: -Advierte, o pereceré contigo.
su terrestre serafín. que el Valichu rencoroso que en este acero está escrito De la amada patria nuestra
a quien ataca su error. mi pureza y mi delito, escudo fuerte es tu diestra,
-Brián -dice-, mi Brián mi ternura y mi valor. ¿y qué vale una mujer?
querido Allí está; silenciosa ella, Huyamos, tú de la muerte,
busca durmiendo el olvido; como tímida doncella, Mira este puñal sangriento, yo de la oprobiosa suerte
quizás ni soñando espera besa su entreabierta boca, y saltará de contento de los esclavos; propicio
que yo entre esta gente fiera tu corazón orgulloso; el cielo este beneficio
cual si dudara le toca
le venga a favorecer. diómelo amor poderoso, nos ha querido ofrecer;
Lleno de heridas, cautivo, por ver si respira aún. diómelo para matar
no abate su ánimo altivo Entonces las ataduras, al salvaje que insolente no insensatos lo perdamos.
la desgracia, y satisfecho que sus carnes roen duras, ultrajar mi honor intente; Huyamos, mi Brián, huyamos;
descansa, como en su lecho, corta, corta velozmente para a un tiempo, de mi padre, que en el áspero camino
sin esperar, ni temer. con su puñal obediente, de mi hijo tierno y mi madre mi brazo, y poder divino
Sus verdugos, sin embargo, teñido en sangre común. la injusta muerte vengar. te servirán de sostén.
para hacerle más amargo -Tu valor me infunde fuerza,
de la muerte el pensamiento, Y tu vida, más preciosa y de la fortuna adversa,
deleitarse en su tormento, Brián despierta; su alma fuerte, que la luz del sol hermosa, amor, gloria o agonía
y más su rencor cebar conforme ya con su suerte, sacar de las fieras manos participar con María
prolongando su agonía, no se conturba, ni azora; de estos tigres inhumanos, yo quiero; huyamos, ven, ven.
la vida suya, que es mía, poco a poco se incorpora, o contigo perecer.
guardaron, cuando mira sereno, y cree ver Loncoy, el cacique altivo Dice Brián y se levanta;
triunfantes, cuya saña al atractivo el dolor traba su planta,
un asesino: echan fuego
hasta los tiernos infantes se rindió de estos mis ojos, mas devora el sufrimiento;
osaron despedazar, sus ojos de ira; mas luego
y quiso entre sus despojos y ambos caminan a tiento
arrancándolos del seno de se siente libre, y se calma, de Brián la querida ver, por aquella obscuridad.
sus madres -¡día lleno y dice: -¿Eres alguna alma después de haber mutilado
de execración y amargura, que pueda y deba querer? a su hijo tierno; anegado Tristes van; de cuando en cuando,
en que murió mi ventura, en su sangre yace impura; la vista al cielo llevando,
tu memoria me da horror!-. ¿Eres espíritu errante, sueño infernal su alma apura: que da esperanza al que gime,
Así dijo, y ya no siente, diole muerte este puñal. ¿qué busca su alma sublime?
ángel bueno, o vacilante
ni llora, porque la fuente Levanta, mi Brián, levanta, la muerte o la libertad.
del sentimiento fecunda, parto de mi fantasía? sigue, sigue mi ágil planta; -Y en esta noche sombría
que el femenil pecho inunda, -Mi vulgar nombre es María huyamos de esta guarida ¿quién nos servirá de guía?
consumió el voraz dolor. ángel de tu guarda soy; donde la turba se anida -Brián, ¿no ves allá una estrella
Y el amor y la venganza y mientras cobra pujanza, más inhumana y fatal. que entre dos nubes centella cual
en su corazón alianza ebria la feroz venganza -¿Pero adónde, adónde iremos? benigno astro de amor?
han hecho, y sólo una idea de los bárbaros, segura, ¿Por fortuna encontraremos Pues ésa es por Dios enviada,
tiene fija y saborea en la pampa algún asilo, como la nube encarnada
en aquesta noche obscura,
su ardiente imaginación. donde nuestro amor tranquilo que vio Israel prodigiosa;
9 velando a tu lado estoy; logre burlar su furor? sigamos la senda hermosa
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Brián y María anhelantes,
un escuadrón de lanceros Horrible, horrible matanza
sólo divisan sus ojos
trotando allí se acercó, hizo el cristiano aquel día;
feos, inmundos despojos
con acero y lanza en mano; ni hembra, ni varón, ni cría
de la muerte. ¡Qué destino
y en hileras dividido de aquella tribu quedó.
como el suyo miserable!
al indio, no apercibido,
Si en aquel instante vino,
en doble muro encerró. Viose la yerba teñida
la memoria perdurable
de sangre hedionda y sembrado
de la pasada ventura,
Entonces, el grito "Cristiano, de cadáveres el prado
a turbar su fantasía.
cristiano" donde resonó el festín.
que nos muestra su fulgor; ¡Cuán amarga les sería!
resuena en el llano, Y del sueño de la vida
ella del triste desierto ¡Cuán triste, yerma y oscura!
"Cristiano" repite confuso al de la muerte pasaron
nos llevará a feliz puerto-.
clamor. los que poco antes holgaron,
Ellos van; solas, perdidas, Pero con pecho animoso
La turba que duerme, despierta sin temer aciago fin.
como dos almas queridas, en el lodo pegajoso
turbada,
que amor en la tierra unió, penetraron, ya cayendo,
clamando azorada, Las cautivas derramaban
y en la misma forma de antes, ya levantando, o subiendo
"Cristiano nos cerca, cristiano lágrimas de regocijo;
andan por la noche errantes, en pie flaco y dolorido;
traidor". una al esposo, otra al hijo
con la memoria hechicera y sobre un flotante nido
debió allí la libertad;
del bien que en su primavera de yajá, (columna bella,
Niños y mujeres, llenos de pero ellos tristes estaban,
la desdicha les robó. que entre la paja descuella,
conflito, porque ni vivo, ni muerto
como edificio construido
levantan el grito; halló a Brián en el desierto,
Ellos van. Vasto, profundo por mano hábil), se sentaron
sus almas conturba la tribulación; su valor y su lealtad.
como el páramo del mundo a descansar o morir.
los unos pasmados, al peligro
misterioso es el que pisan; Súbito allí desmayaron
horrendo, Quinta parte: “El pajonal”
mil fantasmas se divisan, los espíritus vitales
los otros huyendo,
mil formas vanas allí, de Brián a tanto sufrir;
corren, gritan, llevan miedo y Así, huyendo a la ventura,
que la sangre joven hielan: y en los brazos de María,
confusión. ambos a pie divagaron
mas ellos vivir anhelan. que inmoble permanecía,
por la lóbrega llanura,
Brián desmaya caminando, cayó muerto al parecer.
Quién salta al caballo que a corto trecho se hallaron
y al cielo otra vez mirando, ¡Cómo palabras mortales
encontró primer, de un inmenso pajonal.
dice a su querida así: pintar al vivo podrán
quién toma el acero, Brián debilitado, herido,
-Mira: ¿no ves? la luz bella el desaliento y angustias,
quién corre su potro querido a a la fatiga rendido
de nuestra polar estrella o las imágenes mustias
buscar; mas ya la llanura cruzan la planta apenas movía;
de nuevo se ha obscurecido, que el alma atravesarán
desbandadas, su angustia era sin igual.
y el cielo más renegrido de aquella infeliz mujer!
yeguas y manadas,
nos anuncia algo fatal. Flor hermosa y delicada,
que el cauto enemigo las hizo Pero un ángel, su querida,
-Cuando contrario el destino perseguida y conculcada
espantar. siempre a su lado velaba,
nos cierre, Brián, el camino, por cuantos males tiranos
y el espíritu y la vida,
antes de volver a manos dio en herencia a los humanos
En trance tan duro los carga el que su alma heroica anidaba,
de esos indios inhumanos, inexorable poder.
cristiano, la infundía, al parecer,
nos queda algo: este puñal.
blandiendo en su mano con miradas cariñosas,
Pero a cada golpe injusto
la terrible lanza, que no da voces del alma profundas
Cuarta parte: “La alborada” retoñece más robusto
cuartel. que debieran ser eternas;
de su noble alma el valor;
Los indios más bravos luchando y aquellas palabras tiernas,
Todo estaba silencioso. y otra vez, con paso fuerte
resisten, o armonías misteriosas,
La brisa de la mañana huella el fango, do la muerte
cual fieras embisten; que sólo manan fecundas
recién la hierba lozana disputa un resto de vida
el brazo sacude la matanza cruel. del labio de la mujer.
acariciaba, y la flor; a indefensos animales;
El sol aparece; las armas agudas Temerosos del Salvaje
y en el oriente nubloso, y rompiendo enfurecida
relucen desnudas; acogiéronse al abrigo
la luz apenas rayando, los espesos matorrales,
horrible la muerte se muestra de aquel pajonal amigo,
iba el campo matizando camina a un sordo rumor
doquier. para de nuevo su viaje
de claroscuro verdor. que oye próximo, y mirando
En lomos del bruto, la fuerza y por la noche continuar;
el hondo cauce, anchuroso
coraje, crece del salvaje, sin su descansar allí un momento,
Posaba el ave en su nido; de un arroyo que copioso
apoyo, inerme se deja vencer. y refrigerio y sustento
ni del pájaro se oía entre la paja corría,
a la flaqueza buscar.
la variada melodía, se volvió atrás, exclamando
Pie en tierra poniendo la fácil
música que al alba da; arrobada de alegría:
victoria, Era el adusto verano:
y sólo, al ronco bufido "-¡Gracias te doy, Dios supremo!
que no le da gloria, ardiente el sol como fragua
de algún potro que se azora, Brián se salva, nada temo."
prosigue el cristiano lleno de en cenagoso pantano
mezclaba su voz sonora rencor. convertido había el agua
el agorero yajá. Pronto llega al alto nido
Caen luego caciques, soberbios allí estancada, y los peces,
donde yace su querido,
caudillos, los animales inmundos
En el campo de la holganza, sobre sus hombros le carga,
los fieros cuchillos que aquel bañado habitaban
dormía la tribu infiel; y con vigor desmedido
degüellan, degüellan, sin sentir muertos, el aire infestaban,
mas la terrible venganza lleva, lleva, a paso lento,
horror., o entre las impuras heces
de su constante enemigo al puerto de salvamento
el hierro el crujido, aparecían a veces
alerta estaba, y castigo aquella preciosa carga.
que ciego no acata ni sexo, ni boqueando moribundos,
le preparaba cruel. edad. como del cielo implorando
14 agua y aire: aquí se vía
Súbito al trote asomaron
al voraz cuervo, tragando
sobre la extendida loma 16
lo más asqueroso y vil. 15
dos jinetes, como asoma
Allí en la orilla verdosa Su astro, al parecer, declina, María no desespera, Séptima parte: “La quemazón”
el inmoble cuerpo posa, como la luz vespertina porque su ahínco procura
y los labios, frente y cara entre sombra funeral. para lo que ama, ventura, El aire estaba inflamado,
en el agua fresca y clara y al infortunio supera turbia la región suprema,
le embebe; su aliento aspira, su imperiosa voluntad. envuelto el campo en vapor;
Brián, por el dolor vencido
por ver si vivo respira, Mañana -el grito constante rojo el sol, y coronado
al margen yace tendido
trémula su pecho toca; de su corazón amante de parda obscura diadema,
del arroyo; probó en vano
y otra vez sienes y boca le dice-, mañana el cielo amarillo resplandor
el paso firme y lozano
le empapa: en sus ojos vivos, hará cesar tu desvelo; en la atmósfera esparcía;
de su querida seguir;
y en su semblante animado, la nueva luz esperad. el bruto, el pájaro huía,
sus plantas desfallecieron,
los matices fugitivos y agua la tierra pedía
y sus heridas vertieron
de la apasionada guerra La noche cubierta, en tanto sedienta y llena de ardor.
sangre otra vez. Sintió entonces
que su corazón encierra, camina en densa tiniebla, Soplando a veces el viento
como una mano de bronce
se muestran. Brián recobrado y en el abismo de espanto, limpiaba los horizontes,
por sus miembros discurrir.
se mueve, incorpora, alienta; que aquellos páramos puebla, y de la tierra brotar
y débil mirada lenta ambos perdidos se ven. de humo rojo y ceniciento
María espera a su lado,
clava en la hermosa María, Parda, rojiza, radiosa, se veían como montes;
con corazón agitado,
diciéndola: -Amada mía una faja luminosa y en la llanura ondear,
que amanecerá otra aurora
pensé no volver a verte, forma horizonte no lejos; formando espiras doradas,
más bella y consoladora;
y que este sueño sería sus amarillos reflejos como lenguas inflamadas,
el amor le inspira fe
como el sueño de la muerte; en lo obscuro hacen vaivén. o melenas encrespadas
en destino más propicio,
pero tú, siempre velando, de ardiente, agitado mar.
y le oculta el precipicio
mi vivir sustentas, cuando cuya idea sólo pasma: La noche cubierta, en tanto
yo en nada puedo valerte, Cruzándose nubes densas
el descarnado fantasma camina en densa tiniebla,
sino doblar la amargura por la esfera dilataban,
de la realidad no ve. y en el abismo de espanto,
de tu extraña desventura. como cuando hay tempestad,
que aquellos páramos puebla,
-Que vivas tan sólo quiero; sus negras alas inmensas;
Pasión vivaz la domina, ambos perdidos se ven.
porque si mueres, yo muero; y más y más aumentaban
ciega pasión la fascina; Parda, rojiza, radiosa,
Brián mío alienta, triunfamos; el pavor y obscuridad.
mostrando a su alma el trofeo una faja luminosa
en salvo y libres estamos; El cielo entenebrecido,
de su impetuoso deseo forma horizonte no lejos;
no te aflijas; bebe, bebe el aire, el humo encendido,
le dice: tú triunfarás. sus amarillos reflejos
esta agua, cuyo frescor eran, con el sordo ruido,
Ella infunde a su flaqueza en lo obscuro hacen vaivén.
el extenuado vigor signo de calamidad.
constancia allí y fortaleza;
volverá a tu cuerpo en breve, Ella su hambre, su fatiga La llanura arder parece,
y esperemos con valor El pueblo de lejos
y sus angustias mitiga y que con el viento crece,
de Dios el fin que imploramos. contempla asombrado
para devorarla más. se encrespa, aviva y derrama
los turbios reflejos;
el resplandor y la llama
Dijo así y en la corriente del día enlutado
Sin el amor que en sí entraña, en el mar de lobreguez.
recoge agua, y diligente, la ceñuda faz.
¿qué sería? Frágil caña, Aquel fuego colorado,
de sus miembros con esmero, El humilde llora,
que el más leve impulso quiebra; en tinieblas engolfado,
se aplica a lavar primero el piadoso implora;
ser delicado, fina hebra, cuyo resplandor vaga horrendo,
las dolorosas heridas, se turba y azora
sensible y flaca mujer. era trasunto estupendo
las hondas llagas henchidas la malicia audaz.
Con él es ente divino de la infernal terriblez.
de negra sangre cuajada, que pone a raya el destino,
y a sus inflamados pies Quién cree ser indicio
ángel poderoso y tierno Brián, recostado en la hierba,
el lodo impuro; y después fatal, estupendo
a quien no haría el infierno como ajeno de sentido,
con su mano delicada del día del juicio,
vacilar ni estremecer. nada ve: ella un ruido
las venda. Brián silencioso del día tremendo
oye; pero sólo observa
sufre el dolor con firmeza; que anunciado está.
De su querido no advierte la negra desolación,
pero siente a la flaqueza; Quién piensa que al mundo,
el mortal abatimiento, o las sombrías visiones
rendido el pecho animoso. sumido en lo inmundo,
ni cree se atreva la muerte que engendran las turbaciones
Ella entonces alimento el cielo iracundo
a sofocar el aliento de su espíritu. ¡Cuán larga
corre a buscar; y un momento, pone a prueba ya.
que hace vivir a los dos; aquella noche y amarga
sin duda el cielo piadoso, Era la plaga que cría
porque de su llama intensa sería a su corazón!
de aquellos finos amantes, la devorante sequía
es la vida tan inmensa,
infortunados y errantes, para estrago y confusión:
que a la muerte vencería, Miró a su amante. Espantoso,
quiso aliviar el tormento. de la chispa de una hoguera,
y en sí eficacia tendría un bramido cavernoso
Parte sexta: “La espera” que llevó el viento ligera,
para animar como Dios. la hizo temblar, resonando:
Triste, obscura, encapotada nació grande, cundió fiera
era el tigre, que buscando
llegó la noche esperada, la terrible quemazón.
El amor es fe inspirada; pasto a su saña feroz
la noche que ser debiera es religión arraigada en los densos matorrales, Ardiendo, sus ojos
su grata y fiel compañera: en lo íntimo de la vida. nuevos presagios fatales relucen, chispean;
Triste, obscura, encapotada Fuente inagotable, henchida al infortunio traía. en rubios manojos
llegó la noche esperada, de esperanza, su anhelar En silencio, echó María sus crines ondean,
la noche que ser debiera no halla obstáculo invencible mano a su puñal, veloz. flameando también:
su grata y fiel compañera; hasta conseguir victoria; la tierra gimiendo,
y en el vasto pajonal si se estrella en lo imposible los brutos rugiendo,
permanecen inactivos gozoso vuela a la gloria los hombres huyendo,
los amantes fugitivos. su heroica palma a buscar. confusos la ven.
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Sutil se difunde, Pero del cielo era juicio Octava parte: “Brián” el bochorno abrasador.
camina, se mueve, que en tan horrendo suplicio Brián sigue inmoble; y María,
penetra, se infunde: no debían perecer; Pasó aquél, llegó otro día, en formar se entretenía
cuanto toca, en breve y que otra vez de la muerte triste, ardiente, y todavía de junco un denso tejido,
reduce a tizón. inexorable, amor fuerte desamparados como antes, que guardase a su querido
Ella era; y pastales, triunfase, amor de mujer. a los míseros amantes de la intemperie y calor.
densos pajonales, encontró en el pajonal.
cardos y animales, Súbito ella se incorpora; Brián, sobre pajizo lecho
Cuando oyó, como el aliento
ceniza, humo son. de la pasión que atesora inmoble está, y en su pecho
que al levantarse o moverse
el espíritu inmortal arde fuego inextinguible;
hace animal corpulento,
Raudal vomitando brota, en su faz la belleza brota en su rostro, visible
crujir la paja y romperse
venía de llama, estampando fortaleza abatimiento mortal.
de un cercano matorral.
que hirviendo, silbando, de criatura celestial, Miró, ¡oh terror!, y acercarse
se enrosca y derrama no sujeta a ley humana; Abrumados y rendidos,
vio con movimiento tardo,
con velocidad. y como cosa liviana sus ojos, como adormidos,
y hacia ella encaminarse,
Sentada María carga el cuerpo amortecido la luz esquivan, o absortos,
lamiéndose, un tigre pardo
con su Brián la vía: de su amante, y con él junto, en los pálidos abortos
tinto en sangre; ¡atroz señal!
-¡Dios mío! -decía-, sin cejar, se arroja al punto de la conciencia (legión
de nos ten piedad. en el arroyo extendido. que atribula al moribundo),
Cobrando ánimo al instante
verán formas de otro mundo;
se alzó María arrogante,
Piedad María imploraba, Cruje el agua, y suavemente imágenes fugitivas,
en mano el puñal desnudo,
y piedad necesitaba surca la mansa corriente o las claridades vivas
vivo el mirar, y un escudo
de potencia celestial. con el tesoro de amor; de fantástica región.
formó de su cuerpo a Brián.
Brián caminar no podía, semejante a ondina bella, Llegó la fiera inclemente;
y la quemazón cundía su cuerpo airoso descuella, Triste a su lado María
clavó en ella vista ardiente,
por el vasto pajonal. y hace, nadando, rumor. revuelve en la fantasía
y a compasión ya movida,
mil contrarios pensamientos,
o fascinada y herida
Los cabellos atezados, y horribles presentimientos
Allí pábulo encontrando, por sus ojos y ademán,
sobre sus hombros nevados, la vienen allí a asaltar;
como culebra serpeando, recta prosiguió el camino,
sueltos, reluciendo van; espectros que engendra el alma,
velozmente caminó; y al arroyo cristalino
boga con un brazo lenta, cuando el ciego desvarío
y agitando, desbocada, se echó a nadar. ¡Oh amor
y con el otro sustenta, de las pasiones se calma,
su crin de fuego erizada, tierno!
a flor, el cuerpo de Brián. y perdida en el vacío
gigante cuerpo tomó. de lo más frágil y eterno
se recoge a meditar.
se compaginó tu ser.
Lodo, paja, restos viles Aran las corrientes unidos Siendo sólo afecto humano,
como dos cisnes queridos Allí, frágil navecilla
de animales y reptiles chispa fugaz, tu grandeza,
que huyen de águila cruel, en mar sin fondo ni orilla,
quema el fuego vencedor, por impenetrable arcano,
cuya garra, siempre lista, donde nunca ríe bonanza,
que el viento iracundo atiza; es celestial. ¡Oh belleza!
desde la nube se alista se encuentra sin esperanza
vuelan el humo y ceniza, no se anida tu poder,
a separar su amor fiel. de poder al fin surgir.
y el inflamado vapor, en tus lágrimas ni enojos;
Allí ve su afán perdido
al lugar donde, pasmados, sí, en los sinceros arrojos
La suerte injusta se afana por salvar a su querido;
los cautivos desdichados, de tu corazón amante.
en perseguirlos. Ufana y cuán lejano y nubloso
con despavoridos ojos, María en aquel instante
en la orilla opuesta el pie el horizonte radioso
están, su hervidero oyendo, se sobrepuso al terror,
pone María triunfante, está de su porvenir.
y las llamaradas viendo pero cayó sin sentido
subir en penachos rojos. y otra vez libre a su amante a conmoción tan violenta.
de horrenda agonía ve. ¡Cuán largo e incierto camino
Bella como ángel dormido
la desdicha le previno!
No hay cómo huir, no hay la infeliz estaba, exenta
¡Oh del amor maravilla! ¡Cuán triste peregrinaje!
esperanza ni refugio; de tanto afán y dolor.
En sus bellos ojos brota Allí ve de aquel paraje
¿dónde auxilio encontrarán?
del corazón, gota a gota, la yerta inmovilidad. Entonces, ¡ah!, parecía
Postrado Brián yace inmoble
el tesoro sin mancilla, Allí ya del desaliento que marchitado no había
como el orgulloso roble
celeste, inefable unción; sufre el pausado tormento, la aridez de la congoja,
que derribó el huracán.
sale en lágrimas deshecho y abrumada de tristeza, que a lo más bello despoja,
su heroico amor satisfecho; al cabo a sentir empieza su frescura juvenil.
Para ellos no existe el mundo.
y su formidable cresta su abandono y soledad. ¡Venturosa si más largo
Detrás, arroyo profundo,
ancho se extiende, y delante, sacude, enrosca y enhiesta hubiera sido su sueño!
la terrible quemazón. Echa la vista delante,
formidable y horroroso,
y al aspecto de su amante Brián despierta del letargo:
alza la cresta furioso
Calmó después el violento desfallece su heroísmo; brilla matiz más risueño
mar de fuego devorante.
soplar del airado viento: la vuelve, y hórrido abismo en su rostro varonil.
el fuego a paso más lento mira atónita detrás. Se sienta; extático mira,
-Huye presto -Brián decía
surcó por el pajonal, Allí apura la agonía como el que en vela delira;
con voz débil a María-,
sin topar ningún escollo; del que vio cuando dormía lleva la mano a su frente
déjame solo morir;
y a la orilla de un arroyo paraíso de dicha eterno, sudorífera y ardiente,
este lugar es un horno:
a morir al cabo vino, y al despertar, un infierno ¿qué cosas su alma verá?
huye.
dejando, en su ancho camino, que no imaginó jamás. La luz, noche le parece,
negra y profunda señal. En el empíreo nublado tierra y cielo se obscurece,
Ella le responde:
flamea el sol colorado, y rueda en un torbellino
-Dios largo tiempo no esconde
y en la llanura domina de nubes. -Este camino
su divina protección.
22 23 lleno de espinas está: 24
21
y la llanura, María, Se alzó Brián enajenado, ¡O antes por la patria fuese ¿En qué corazón humano,
¿no ves cuán triste y sombría? y su bigote erizado aclamado vencedor! en qué límite del orbe,
¿Dónde vamos? A la muerte. se mueve; chispean, rojos ¡Oh destino! Quién pudiera el tesoro soberano,
Triunfó la enemiga suerte como centellas, sus ojos, morir en la lid, oyendo que sus potencias absorbe,
-dice delirando Brián-. que hace el entusiasmo arder; el alarido y estruendo, ya perdido encontrará?
¡Cuán caro mi amor te cuesta! el rostro y talante fiero, la trompeta y atambor.
Y mi confianza funesta, do resalta con viveza Nace del sol la luz pura,
¡cuánta fatiga y ultrajes! el valor y la nobleza, Tal gloria no he conseguido, y una fresca sepultura
Pero pronto los salvajes la majestad del guerrero mis enemigos triunfaron; encuentra; lecho postrero,
su deslealtad pagarán.- acostumbrado a vencer. pero mi orgullo no ajaron que al cadáver del guerrero
los favores del poder. preparó el más fino amor.
Cobra María el sentido Pero al punto desfallece. ¡Qué importa! Mi brazo ha sido Sobre ella hincada, María,
al oír de su querido Ella, atónita, enmudece, terror del salvaje fiero: muda como estatua fría,
la voz, y en gozo nadando ni halla voz su sentimiento; los Andes vieron mi acero inclinada la cabeza,
se incorpora, en él clavando en tan solemne momento con honor resplandecer. semejaba a la tristeza
su cariñosa mirada. flaquea su corazón. ¡Oh estrépito de las armas! embebida en su dolor.
-Pensé dormías -la dice-, El sol pálido declina: ¡Oh embriaguez de la victoria!
y despertarte no quise; en la cercana colina ¡Oh campos, soñada gloria! Sus cabellos renegridos
fuera mejor que durmieras triscan las gamas y ciervos, ¡Oh lances del combatir! caen por los hombros tendidos,
y del bárbaro no oyeras y de caranchos y cuervos Inesperadas alarmas, y sombrean de su frente,
la estrepitosa llegada. grazna la impura legión, patria, honor, objetos caros, su cuello y rostro inocente,
de cadáveres avara, ya no volveré a gozaros; la nevada palidez.
-¿Sabes? Sus manos lavaron, cual si muerte presagiara. joven yo debo morir. No suspira allí, ni llora;
con infernal regocijo, Así la caterva estulta, pero como ángel que implora,
en la sangre de mi hijo; vil al heroísmo insulta, Hoy es el aniversario para miserias del suelo
mis valientes degollaron. que triunfante veneró. de mi primera batalla, una mirada del cielo,
Como el huracán pasó, María tiembla. El, alzando y en torno a mí todo calla... hace esta sencilla prez:
desolación vomitando, la vista al cielo y tomando Guarda en tu pecho mi amor,
su vigilante perfidia. con sus manos casi heladas nadie llegue a su santuario... -Ya en la tierra no existe
Obra es del inicuo bando, las de su amiga, adoradas, Aves de presa parecen, el poderoso brazo
¡qué dirá la torpe envidia! a su pecho las llevó. ya mis ojos se oscurecen; donde hallaba regazo
Ya mi gloria se eclipsó, pero allí baja un condor; mi enamorada sien:
de paz con ellos estaba, Y con voz débil le dice: y huye el enjambre insolente, Tú ¡oh Dios! no permitiste
y en la villa descansaba. -Oye, de Dios es arcano, adiós, en vano te aflijo... que mi amor lo salvase,
Oye; no te fíes, vela; que más tarde o más temprano Vive, vive para tu hijo, quisiste que volase
lanza, caballo y espuela todos debemos morir. Dios te impone ese deber. donde florece el bien.
siempre lista has de tener. Insensato el que maldice Sigue, sigue al occidente
Mira dónde me han traído, la ley que a todos iguala; tu trabajosa jornada: Abre, Señor, a su alma
atado estoy y ceñido; hoy el término señala Adiós, en otra morada tu seno regalado,
no me es dado levantarme, a mi robusto vivir. nos volveremos a ver. del bienaventurado,
ni valerte, ni vengarme, reciba el galardón:
ni batallar, ni vencer. Resígnate; bien venida Calló Brián, y en su querida Encuentre allí la calma,
siempre, mi amor, fue la muerte, clavó mirada tan bella, encuentre allí la dicha,
Venga, venga mi caballo, para el bravo, para el fuerte, tan profunda y dolorida, que busca en su desdicha,
mi caballo por la vida; que a la patria y al honor que toda el alma por ella mi viudo corazón-.
venga mi lanza fornida, joven consagró su vida; al parecer exhaló.
que yo basto a ese tropel. ¿qué es ella?, una chispa, nada, El crepúsculo esparcía Dice. Un punto su sentido
Rodeado de picas me hallo. con ese sol comparada, en el desierto luz mustia. queda como sumergido.
Paso, canalla traidora, raudal vivo de esplendor. Del corazón de María, Echa la postrer mirada
que mi lanza vengadora el desaliento y la angustia, sobre la tumba callada
castigo os dará cruel. La mía brilló un momento, sólo el cielo penetró. donde toda su alma está.
pero a la patria sirviera; Mirada llena de vida,
¿No miráis la polvareda también mi sangre corriera Novena parte: “ María” pero lánguida, abatida,
que del llano se levanta? por su gloria y libertad. ¿Qué hará María? En la tierra como la última vislumbre
¿No sentís lejos la planta Lo que me da sentimiento ya no se arraiga su vida. de la agonizante lumbre,
de los brutos retumbar? es que de ti me separo, ¿Dónde irá? Su pecho encierra falta de alimento ya.
La tribu es, huyendo leda, dejándote sin amparo tan honda y vivaz herida,
como carnicero lobo, aquí en esta soledad. tanta congoja y pasión, Y alza luego la rodilla;
con los despojos del robo, que para ella es infecundo y tomando por la orilla
no de intrépido lidiar. Otro premio merecía todo consuelo del mundo, del arroyo hacia el ocaso,
Mirad ardiendo la villa tu amor y espíritu brioso, burla horrible su contento, con indiferente paso
y degollados, dormidos, y galardón más precioso su compasión un tormento, se encamina al parecer.
nuestros hermanos queridos te destinaba mi fe. su sonrisa una irrisión. Pronto sale de aquel monte
por la mano del infiel. Pero ¡ay Dios!, la suerte mía de paja, y mira adelante
¡Oh mengua! ¡Oh rabia! ¡Oh de otro modo se eslabona; ¿Qué le importan sus placeres, ilimitado horizonte,
mancilla! hoy me arranca la corona su bullicio y vana gloria, llanura y cielo brillante,
Venga mi lanza ligero, que insensato ambicioné. si ella, entre todos los seres, desierto y campo doquier.
mi caballo parejero, ¡Si al menos la azul bandera como desechada escoria, ¡Oh, noche! ¡Oh, fúlgida estrella!
daré alcance a ese tropel.- sombra a mi cabeza diese! lejos, olvidada está? Luna solitaria y bella:
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¡Sed benignas! El indicio pero toda ella, sin duda, Oye sonar en la esfera ni aquel su materno grito;
de vuestro influjo propicio va absorta en la única idea la voz del ave agorera, y como flecha saliste,
siquiera una vez mostrad. que alimenta su vivir. oye María infelice; y en lo más profundo heriste
Bochornos, cálidos vientos, alerta, alerta, te dice; su anhelante corazón.
inconstantes elementos, En ella encuentra sustento. aquí está tu salvación.
preñados de temporales, Su garganta es viva fragua, ¿No la ves cómo en el aire Embates y oscilaciones
apiadaos; fieras fatales un volcán su pensamiento; balancea con donaire de un mar de tribulaciones
su desdicha respetad. pero mar de hielo y agua su cuerpo albo-ceniciento? ella arrostró; y la agonía
refrigerio inútil es ¿No escuchas su ronco acento? saboreó su fantasía,
Y Tú, ¡oh Dios! en cuyas manos para el incendio que abriga; Corre a calmar tu aflicción. y el punzante frenesí
de los míseros humanos insensible a la fatiga, de la esperanza insaciable,
está el oculto destino, a cuanto ve indiferente, Pero nada ella divisa, que en pos de un deseo vuela,
siquiera un rayo divino como mísera demente ni el feliz reclamo escucha; no alcanza el blanco inefable,
haz a su esperanza ver. mueve sus heridos pies, y caminando va a prisa: se irrita en vano y desvela;
Vacilar, de alma sencilla, por el desierto. Adormida el demonio con que lucha vuelve a devorarse a sí.
que resignada se humilla, está su orgánica vida; la turba, impele y amaga.
no hagas la fe acrisolada; pero la vida de su alma Turbios, confusos y rojos Una a una, todas bellas,
susténtala en su jornada, fomenta en sí aquella calma se presentan a sus ojos sus ilusiones volaron,
no la dejes perecer. que sigue a la tempestad, cielo, espacio, sol, verdura, y sus deseos con ellas;
cuando el ánimo cansado quieta, insondable llanura sola y triste la dejaron
Adiós, pajonal funesto del afán violento y duro, donde sin brújula vaga. sufrir hasta enloquecer.
Adiós, pajonal amigo. al parecer resignado, Quedaba a su desventura
Se va ella sola, ¡Cuán presto se abisma en el fondo obscuro Mas, ¡ah! que en vivos corceles un amor, una esperanza,
de su júbilo, testigo, de su propia soledad. un grupo de hombres armados un astro en la noche obscura,
y su luto fuiste vos! se acerca; ¿serán infieles, un destello de bonanza,
El sol y la llama impía Tremebundo precipicio, enemigos? No, soldados un corazón que querer,
marchitaron tu ufanía; fiebre lenta y devorante, son del desdichado Brián. una voz cuya armonía
pero hoy tumba de un soldado último efugio, suplicio Llegan, su vista se pasma; adormecerla podría;
eres, y asilo sagrado: del infierno, semejante ya no es la mujer hermosa, a su llorar un testigo,
Pajonal glorioso, adiós. a la postrer convulsión sino pálido fantasma; a su miseria un abrigo,
de la víctima en tormento: mas reconocen la esposa a sus ojos qué mirar.
Gózate; ya no se anidan trance que si dura un día de su fuerte capitán. Quedaba a su amor desnudo
en tí las aves parleras, anonada el pensamiento, un hijo, un vástago tierno;
ni tu agua y sombra convidan encanece, o deja fría Creíanla cautiva o muerta; encontrarlo aquí no pudo,
sólo a los brutos y fieras: la sangre en el corazón. grande fue su regocijo. y su alma al regazo eterno
soberbio debes estar. Ella los mira y despierta: lo fue volando a buscar.
El valor y la hermosura, Dos soles pasan. ¿Adónde -¿No sabéis qué es de mi hijo?-
ligados por la ternura, tu poder ¡oh Dios! se esconde? con toda el alma exclamó. Murió; por siempre cerrados
en tí hallaron refrigerio; ¿Está por ventura exhausto? Tristes mirando a María están sus ojos cansados
de su infortunio el misterio ¿Más dolor en holocausto todos el labio sellaron; de errar por llanura y cielo,
tú sólo puedes contar. pide a una flaca mujer? mas luego una voz impía: de sufrir tanto desvelo,
No; de la quieta llanura -Los indios lo degollaron- de afanar sin conseguir.
Gózate; votos, ni ardores ya se remonta a la altura roncamente articuló. El atractivo está yerto
de felices amadores gritando el yajá. Camina, Y al oír tan crudo acento, de su mirar; ya el desierto,
tu esquividad no turbaron; oye la voz peregrina como quiebra el seco tallo su último asilo, los rastros
sino voces que confiaron que te viene a socorrer. el menor soplo de viento de tan hechiceros astros
a tu silencio su mal. o como herida del rayo, no verá otra vez lucir.
En la noche tenebrosa, ¡Oh, ave de la pampa hermosa, cayó la infeliz allí;
con los ásperos graznidos cómo te meces ufana! viéronla caer, turbados, Pero de ella aun hay vestigio.
de la legión ominosa, Reina, sí, reina orgullosa los animosos soldados; ¿No veis el raro prodigio?
oirás ayes y gemidos: eres, pero no tirana una lágrima le dieron, Sobre su cándida frente
Adiós, triste pajonal. como el águila fatal; y funerales la hicieron aparece nuevamente
tuyo es también del espacio dignos de contarse aquí. un prestigio encantador.
De ti María se aleja, el transparente palacio: Su boca y tersa mejilla
y en tus soledades deja si ella en las rocas se anida, Aquella trama formada rosada, entre nieve brilla,
toda su alma; agradecido, tú en la esquivez escondida de la hebra más delicada, y revive en su semblante
el depósito querido de algún vasto pajonal. cuyo espíritu robusto la frescura rozagante
guarda y conserva; quizá lo más acerbo e injusto que marchitara el dolor.
mano generosa y pía De la víctima el gemido, de la adversidad probó,
venga a pedírtelo un día; el huracán y el tronido un soplo débil deshizo: La muerte bella la quiso,
quizá la viva palabra ella busca, y deleite halla Dios para amar, sin duda, hizo y estampó en su rostro hermoso
un monumento le labra en los campos de batalla; un corazón tan sensible; aquel inefable hechizo,
que el tiempo respetará. pero tú la tempestad, palpitar le fue imposible inalterable reposo,
día y noche vigilante, cuando a quien amar no halló. y sonrisa angelical,
Día y noche ella camina; anuncias al gaucho errante; que destellan las facciones
y la estrella matutina, tu grito es de buen presagio Murió María. ¡Oh voz fiera! de una virgen en su lecho;
caminando solitaria, al que asechanza o naufragio ¡Cuál entraña te abortara! cuando las tristes pasiones
sin articular plegaria, teme de la adversidad. Mover al tigre pudiera no han ajado de su pecho
sin descansar ni dormir su vista sola; y no hallara la pura flor virginal.
la ve. En su planta desnuda 30 en ti alguna compasión, 32
brota la sangre y chorrea 29 tanta miseria y conflicto, 31
Entonces el que la viera, Hoy, en la vasta llanura, NOTAS DEL AUTOR:
dormida, ¡oh Dios! la creyera; inhospitable morada,
deleitándose en el sueño que no siempre sosegada * Se ha creído necesaria la explicación de algunas voces
con memorias de su dueño, mira el astro de la luz; provinciales, por si llega este libro a manos de algún extranjero poco
llenas de felicidad: descollando en una altura, familiarizado con nuestras cosas. Se omite la de otras, cuya
soñando en la alba lucida entre agreste flor y hierba, inteligencia es obvia, que el autor ha usado intencionalmente para
del banquete de la vida hoy el caminante observa colorir con más propiedad sus cuadros, como caballo parejero por
que sonríe a su amor puro; una solitaria cruz. "caballo de carrera"; beberaje , por "borrachera"; bañado , por
más ¡ay! que en el seno obscuro "campo anegado"; parar la oreja el caballo por "moverla erguida"
duerme de la eternidad. Fórmale grata techumbre en señal de sobresalto, etc., etc.
la copa extensa y tupida 1. Toldería: el conjunto de chozas o el aduar del salvaje.
Epílogo 2. Yajá: ave de cuerpo y de pico pequeño. El color es ceniciento con
de un ombú 14, donde se anida
la altiva águila real; un collarín de plumas blancas que lo rodean. Las alas están armadas
¡Oh María! Tu heroísmo,
y la varia muchedumbre de un espolón colorado y fuerte con que pelea... En su canto repite
tu varonil fortaleza,
de aves que cría el desierto, estas voces: Yahá ,
tu juventud y belleza
se pone en ella a cubierto 3. Ranchos: cabañas pajizas de nuestros campos.
merecieran fin mejor.
del frío y sol estival. 4. Fachinales: llámase así en la provincia, ciertos sitios húmedos y
Ciegos de amor, el abismo
bajos en donde crece confusa y abundantemente la maleza.
fatal tus ojos no vieron,
5. Maloca: lo mismo que incursión o correría.
y sin vacilar se hundieron
Nadie sabe cuya mano 6. Sabática fiesta: junta nocturna de los espíritus malignos, según
en él ardiendo en amor.
plantó aquel árbol benigno, tradición comunicada a los pueblos cristianos por los judíos.
ni quién a su sombra, el signo 7. Huinca: voz con que designan los indios al cristiano u hombre
De la más cruda agonía
puso de la redención. que no es de su raza.
salvar quisiste a tu amante,
Cuando el cautivo cristiano 8. Carancho: ave de rapiña.
y lo viste delirante
se acerca a aquellos lugares, 9. Valichu: nombre que dan al espíritu maligno los indígenas de la
en el desierto morir.
recordando sus hogares, pampa. Hemos leído en el Falkner, Valichu: comunmente se dice
se postra a hacer oración. Güalichu.
¡Cuál tu congoja sería!
10. Bolas: arma arrojadiza, que se compone de tres correas
¡Cuál tu dolor y amargura!
trenzadas, ligadas por un extremo, y sujetando en el otro otras
Y no hubo humana criatura
Fama es que la tribu errante, tantas esferas sólidas de metal o piedra.
que te ayudase a sentir.
si hasta allí llega embebida 11. Ñacurutú: especie de lechuza grande, cuyo grito se asemeja al
en la caza apetecida sollozar de un niño.
Se malogró tu esperanza;
de la gama y avestruz, 12. Pajonal: paraje anegado, en donde crece la paja enmarañada y
y cuando sola te viste
al ver del ombú gigante alta. Los hay muy extensos, y algunos a la distancia aparecen en la
también mísera caíste,
la verdosa cabellera, planicie como bosque; son los oasis de la pampa.
como árbol cuya raíz
suelta al potro la carrera 13. Antar: célebre poeta arabe, de quien M. de Lamartine cita
en la tierra ya no afianza
gritando: -allí está la cruz. algunos fragmentos en su viaje a Oriente: de ellos se ha tomado el
su pompa y florido ornato:
tema que encabeza este canto.
nada supo el mundo ingrato
Y revuelve atrás la vista 14. Ombú: árbol corpulento, de espeso y vivo follaje, que descuella
de tu constancia infeliz.
como quien huye aterrado, solitario en nuestra llanura como la palmera en los arenales de
creyendo se alza el airado, Arabia. Ni leña para el hogar, ni fruto brinda al hombre; pero sí
Naciste humilde, y oculta
terrible espectro de Brián. fresca y regalada sombra en los ardores del estío.
como diamante en la mina,
la belleza peregrina Pálido, el indio exorcista
de tu noble alma quedó. el fatídico árbol nombra;
El desierto la sepulta, ni a hollar se atreven su sombra
tumba sublime y grandiosa, los que de camino van.
donde el héroe también reposa
que la gozó y admiró. También el vulgo asombrado
cuenta que en la noche obscura
suelen en aquella altura
El destino de tu vida dos luces aparecer;
fue amar, amor tu delirio, que salen, y habiendo errado
amor causó tu martirio, por el desierto tranquilo,
te dio sobrehumano ser; juntas a su triste asilo
y amor, en edad florida, vuelven al amanecer.
sofocó la pasión tierna,
que omnipotencia de eterna, Quizá mudos habitantes
trajo consigo al nacer. serán del páramo aerio,
quizá espíritus, ¡misterio!,
Pero, no triunfa el olvido, visiones del alma son.
de amor, ¡oh bella María! Quizá los sueños brillantes
que la virgen poesía de la inquieta fantasía,
corona te forma ya forman coro en la armonía
de ciprés entretejido de la invisible creación.
con flores que nunca mueren;
y que admiren y veneren FIN
tu nombre y su nombre hará.
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