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Resumen

El documento aborda el desarrollo histórico de la edafología, desde sus inicios en la agricultura hasta su consolidación como ciencia en el siglo XIX, destacando la influencia de filósofos y científicos a lo largo de los siglos. Se menciona la evolución de la comprensión del suelo, su morfología y organización, así como la creación de instituciones y congresos que han promovido el estudio sistemático del suelo. Finalmente, se describe la complejidad del suelo como un sistema que interactúa con diversos factores ambientales y su importancia en la producción agrícola.
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El documento aborda el desarrollo histórico de la edafología, desde sus inicios en la agricultura hasta su consolidación como ciencia en el siglo XIX, destacando la influencia de filósofos y científicos a lo largo de los siglos. Se menciona la evolución de la comprensión del suelo, su morfología y organización, así como la creación de instituciones y congresos que han promovido el estudio sistemático del suelo. Finalmente, se describe la complejidad del suelo como un sistema que interactúa con diversos factores ambientales y su importancia en la producción agrícola.
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NOMBRE DEL ALUMNO: José Gael Emiliano Gallegos Cabrera

GRUPO: 2B

2er Semestre

NOMBRE DEL MAESTRO: Jesús Santos Osorio

CARRERA: Ingeniería en agronomía

DESARROLLO DE LA EDAFOLOGÍA A NIVEL MUNDIAL

EDAFOLOGÍA

07/02/24
ANTECEDENTES Y COMIENZOS DE LA EDAFOLOGÍA
El hombre, ya desde épocas muy remotas, ha estado muy preocupado por
conocer el suelo, fundamentalmente como consecuencia del nacimiento de la
agricultura. Desde que el hombre se volvió sedentario y comenzó a cultivar sus
propias cosechas tuvo necesidad de conocer las propiedades, el
funcionamiento y el comportamiento del suelo, aunque en aquéllos primeros
momentos sólo fuese desde un punto de vista utilitario, como soporte de los
productos vegetales. Los primeros agricultores preferían asentarse sobre
suelos bien drenados y fáciles de trabajar y hace diez mil años, los principales
núcleos culturales se asociaban a los valles fértiles de los ríos, como el valle del
Nilo y el valle del Indo. Es con la civilización griega con la que se comienza a
ver el suelo con una visión más amplia. Empédocles (482-430 a.C.) y
Aristóteles (384-322 a.C.) generalizaron la experiencia de la utilización de la
tierra en Grecia y además recogieron información adicional de otros lugares
como Egipto y Mesopotamia, entre otros. Veían el perfil del suelo desde un
punto de vista agronómico, diferenciando un horizonte superficial aceptable
para ser arado y un horizonte subsuperficial que servía como alimento a las
raíces. Por otro lado, la concepción filosófica de Aristóteles, según la cual la
tierra o el suelo es un elemento básico del Universo junto con el fuego, el agua
y el aire, se puede considerar como el inicio de la preocupación con base
científica de los problemas asociados a la naturaleza. Así, Teofrasto (372-287
a.C.), discípulo de Aristóteles y primer botánico del antiguo mundo, fue
también el primero en utilizar el término edafos para distinguir el suelo de la
tierra, diferenciando dentro de él una capa superficial, con contenido variable
en humus; una capa subsuperficial, que suministraba nutrientes al sistema
radicular herbáceo; un substrato, que alimentaba las raíces de los árboles; y el
dominio del reino de la oscuridad. Describió numerosas propiedades de los
suelos y diferenció distintos tipos de suelos (arcillosos y arenosos, pedregosos,
salinos, pesados y ligeros, blandos y compactos, etc.) de acuerdo con su
adecuación a los diferentes cultivos, de forma que, según él, estas
características pesaban más en la distribución de las plantas. No obstante,
fueron diversos escritores romanos los que comenzaron a obtener datos
empíricos para mejorar el uso y el manejo de los suelos, con lo que se
incrementó considerablemente la producción de alimentos y fibras. Entre ellos,
Catón (234-149 a.C.), Varrón (116-27 a.C.), Plinio el Viejo (23-79) y Columela
(4-70) se convirtieron en importantes pilares del estudio del suelo,
estableciendo cuatro tendencias que se convirtieron eventualmente en
escuelas. Durante el esplendor del Imperio de Bizancio llegaron numerosos
manuscritos romanos a Constantinopla y la influencia de Varrón o Columela se
puso de manifiesto en la obra Geoponics, que expone cómo se puede
determinar las propiedades de los suelos. Por su parte, el mundo islámico dio
un gran impulso a la agricultura, introduciendo importantes medios técnicos y
mejoras de las prácticas agrícolas. El freno en el desarrollo de las ciencias que
supuso la Edad Media en Europa contrasta con el enorme desarrollo impulsado
con el Renacimiento y siglos posteriores. Muchos científicos famosos como
Leonardo da Vinci (1452-1519), Bacon (1561-1626), Boyle (1627-1691) y
Darwin (1809-1882) trabajaron en temas de suelos desde diferentes puntos de
vista relacionados, principalmente, con la observación de la naturaleza. Hasta
el siglo XIX no empieza a estudiarse el suelo de forma racional y al principio se
aplica a su estudio principios, métodos y técnicas propias de otras disciplinas
científicas más desarrolladas (Química, Geología, Biología, etc.), con el enfoque
de cada ciencia respectiva y, con frecuencia, desde un punto de vista utilitario.
Porque la capacidad de un suelo para soportar una cobertura vegetal, para
producir cosechas, es una de las características del suelo que siempre ha
llamado la atención del hombre. Así, Berzelius (1779-1848) llamó al suelo el
laboratorio químico de la naturaleza en el cual tienen lugar reacciones de
descomposición y síntesis de una manera determinada. Este punto de vista
químico con un enfoque más utilitario es compartido por Liebig (1803-1873)
que lo considera como una especie de tubo de ensayo en él que se pueden
introducir nutrientes para las plantas. El alemán Sprengel (1787-1859) veía al
suelo como una masa de material, formada de minerales, que contenía los
productos de descomposición de plantas y animales y publicó en 1837 el
primer libro que trata de la Ciencia del Suelo bajo el título de Bodenkunde.
Sprengel fue uno de los primeros científicos en ocuparse de los procesos
genéticos al afirmar que “las fuerzas que rompen las rocas nativas y las
convierten en suelo son el agua, oxígeno, anhídrido carbónico, calor y frío”, al
tiempo que le daba una importancia fundamental al clima, en relación con la
materia orgánica y la productividad. Así, fue uno de los pioneros en considerar
que el suelo es un cuerpo independiente ya que sus condiciones de fertilidad
pueden cambiar según el clima. No obstante, aunque tuvo presente la
importancia de este factor en el comportamiento del suelo, no parece que se
diera cuenta de su valor genético ni del hecho de que el suelo es un objeto de
equilibrio con el clima, sino que aparece como algo externo. Para Fallou (1794-
1877) el suelo es una roca descompuesta, más o menos desintegrada, con una
adición de materiales orgánicos; la roca ha cambiado en este sentido y el suelo
como tal no pertenece ya a la roca anterior, sino que es una formación
(geológica) por sÍ mismo. Aunque con un marcado carácter geológico, tal vez
como reacción al excesivo concepto químico de su tiempo, llegó a tener una
concepción científica del suelo como cuerpo natural. Estas ideas fueron
compartidas por otros científicos de la época. Hasta entonces, la Ciencia del
Suelo había estado dominada por el concepto químico o geológico junto con la
preocupación de mejorar las técnicas agrícolas. La concepción del suelo como
cuerpo natural acreedor, por si mismo, de una ciencia especial se produjo a
finales del siglo XIX. El reconocimiento de los suelos como entes naturales
organizados, semejantes a las rocas, la fauna o la flora, surgió primero de
forma incipiente y siguió su desarrollo posterior en Rusia y Estados Unidos,
junto con algunos países europeos como Alemania. El impulso definitivo para
constituir el estudio del suelo en un cuerpo de doctrina autónoma fue dado en
Rusia por Dokuchaev (1846-1903) y, posteriormente, por sus discípulos
Sibirtzev, Glinka, etc. Este autor puso las bases científicas sobre las que se
apoyaría el futuro desarrollo de la Edafología. Dokuchaev descubrió que las
diferentes unidades paisajísticas del territorio ruso, definidas por cierto clima y
vegetación, estaban correlacionadas con diferentes tipos de suelos
individualizados por características diversas. Es decir, cada suelo está
constituido por varias capas distintas, formando un todo con características y
propiedades particulares relacionadas con la naturaleza del medio geográfico
en que se encuentra integrado. A partir de entonces el suelo comienza a ser
considerado como un Marbut (1863-1935) en Estados Unidos y Ranmann
(1851-1926) en Europa, junto a otros científicos, fueron los encargados de
difundir y ampliar las nuevas ideas de la escuela rusa sobre la edafogénesis,
que consideraba al suelo como producto de la interacción de todos los factores
del medio natural. La primera reunión internacional de los científicos dedicados
al estudio de los suelos se celebró en Budapest en el año 1909 organizada por
la Comisión Agrogeológica Internacional. Después de varios congresos, en el
celebrado en Roma en 1924 se crea la Sociedad Internacional de la Ciencia del
Suelo (ISSS) y se propone sustituir el término Agrogeología por el de
Edafología. El primer congreso de la ISSS se celebró en 1927 en Washington y
en el quedaron establecidas diversas comisiones de trabajo: Física de suelos,
Química de suelos, Biología de suelos, Fertilidad de suelos, Clasificación y
cartografía de suelos y Tecnología de suelos. Estas comisiones, con las
oportunas adiciones y cambios que el tiempo impuso han servido para
presentar las principales aportaciones conceptuales y metodológicas que se
han ido desarrollando en la historia de la Ciencia del Suelo. Desde entonces, se
han venido celebrando con periodicidad cuatrienal, salvo contadas
excepciones, estas reuniones internacionales en las que los edafólogos
presentan trabajos, informan de sus novedades, intercambian ideas, contrastan
sus métodos y, sobre todo, evalúan el estado de la Ciencia del Suelo en el
mundo en ese momento. En 1998, la ISSS pasó a denominarse Unión
Internacional de la Ciencia del Suelo (IUSS).
EL SUELO CON MORFOLOGÍA Y ORGANIZACIÓN PROPIA
Las propiedades morfológicas son las que primero se advierten cuando
observamos un suelo en un corte del terreno en el campo. La morfología del
suelo puede ser interpretada y explicada en función de los procesos que se han
desarrollado o se desarrollan en él, generándolo y manteniéndolo como tal. La
expansión de la cartografía y la clasificación de suelos, en las que su
morfología es esencial e imprescindible, ha hecho necesario que haya que
definir, sistematizar y evaluar con gran precisión los rasgos morfológicos que
deben ser estimados para hacer comparables las descripciones morfológicas
de los diferentes científicos que estudian el suelo en distintos lugares del
mundo. Por esta razón, fueron creadas guías de descripción de suelos por FAO
(2009), Soil Survey Staff (1951, 1978, 1993) y diversos manuales en gran parte
de países, muchos de ellos informatizados en la actualidad. La morfología de
suelos estudia todos los aspectos morfológicos del suelo, sus constituyentes y
sus propiedades en diversos niveles de tamaño y abstracción: Polipedón
(paisaje)- Pedón (lugar)- Perfil (calicata)- HorizontesMicromorfología óptica-
Micromorfología electrónica. Los cuatro primeros niveles estarían englobados
en la Macromorfología y los dos últimos en la Micromorfología del suelo. Los
rasgos morfológicos, que serán observados y estudiados en cada caso,
variarán de acuerdo con los niveles de tamaño y las técnicas que se apliquen
en el estudio. Así, en el primer nivel, el polipedón, serán interesantes
determinar la forma, tamaño y rasgos geográficos como pendiente, orientación
y situación en el paisaje, así como los datos litológicos y botánicos del entorno,
entre otros. Las técnicas empleadas serán esencialmente de campo y
cartografía, sirviendo de gran ayuda la fotografía aérea. En el nivel de
descripción de horizontes se aplicarán todos los criterios recogidos en las guías
y manuales existentes, tales como profundidad, color, textura, estructura,
consistencia, presencia de nódulos, fragmentos rocosos, raíces, etc. Los
niveles, microscópico óptico (transmisión, reflexión) y electrónico (transmisión
y barrido) se pueden dividir en dos ámbitos diferenciados: la micromorfología
de los constituyentes y la micromorfología de la masa de suelo inalterada. La
primera hace referencia a estudios de arcillas,
limos y arenas para conocer su naturaleza mineralógica, forma y abundancia
para explicar procesos de alteración, translocación, recrecimientos, etc.
También se pueden incluir biolitos y artefactos humanos, así como
componentes orgánicos (Babel, 1985). El estudio de la micromorfología de la
masa inalterada ha desarrollado diferentes sistemas de evaluación que han ido
evolucionando con el tiempo, desde los estudios primitivos y más desarrollados
de la fábrica del suelo (Kubiena, 1953; Brewer, 1964), a los de microestructura
electrónica (Smart, 1979; Eswaran y Shova, 1983) o los más recientes análisis
de imágenes con sistemas procesales y captación digital automática e
interactiva de imagen. Se trata de un concepto clásico en el que el suelo es
producto de la interacción de la litosfera, hidrosfera, atmósfera y biosfera y,
como tal, presenta una gran complejidad en los procesos que lo han formado y
siguen operando y, en consecuencia, en los elementos que lo componen y su
organización. En este sentido, el suelo se puede considerar como un sistema
disperso en donde se reconoce una fase sólida (inorgánica y orgánica), una
líquida (agua y solución del suelo) y otra gaseosa (atmósfera edáfica). Según
White (1979), la parte sólida inorgánica o mineral del suelo representa en
proporción un 50 % del volumen del suelo, la parte orgánica un 5 %, la parte
líquida un 25 % y la parte gaseosa un 20 %. Esta división del suelo en fases es
un esquema de trabajo muy antiguo en Edafología y útil para estudiar los
constituyentes del suelo, aunque se trata de una abstracción debido a la
compleja génesis y organización de los materiales edáficos y las importantes
interrelaciones entre las diferentes partes. La fase sólida orgánica interacciona
con la inorgánica formando compuestos intermedios estableciendo uniones
orgánico-minerales, lo que favorece la destrucción de los minerales primarios,
el desarrollo del proceso de humificación, etc. Los huecos que deja la fase
sólida al agregarse sus partículas son ocupados por las fases líquida y gaseosa.
Estas últimas se interrelacionan a través de la superficie de las partículas
coloidales, arcillas y humus, mediante el complejo de cambio de iones y la
adsorción de moléculas polares y no polares. La atmósfera del suelo es
parecida, cualitativamente, a la atmósfera terrestre, aunque difieren
cuantitativamente en su composición. Se nutre de esta última y de la
respiración de la biomasa que vive en el suelo. Las raíces y los
microorganismos en el proceso de respiración, consumen oxígeno y
desprenden dióxido de carbono y si los niveles de oxígeno son insuficientes
porque la aireación no es la adecuada, se producen retrasos o paralización en
el desarrollo de las plantas, toxicidad ligada a procesos de reducción, etc. La
disolución del suelo está constituida por agua, gases disueltos y otros solutos y
partículas orgánicas e inorgánicas

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