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El autor reflexiona sobre su vida y la importancia de dejar un legado a través de sus vivencias, especialmente en el contexto de la violencia política en su región. A través de su historia familiar, narra la vida de sus antepasados y su conexión con la tierra, resaltando la necesidad de recordar el pasado para construir un futuro en paz. El texto busca transmitir un mensaje de patriotismo y la importancia de la paz como un bien común que debe ser preservado por las generaciones futuras.

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El autor reflexiona sobre su vida y la importancia de dejar un legado a través de sus vivencias, especialmente en el contexto de la violencia política en su región. A través de su historia familiar, narra la vida de sus antepasados y su conexión con la tierra, resaltando la necesidad de recordar el pasado para construir un futuro en paz. El texto busca transmitir un mensaje de patriotismo y la importancia de la paz como un bien común que debe ser preservado por las generaciones futuras.

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INTRODUCCIÓN

Cuando uno siente que su vida esta en peligro,

Empieza a recordar inevitablemente todos los

Momentos buenos y malos de su existencia y a

Valorar todo lo que tiene.

A raíz de una enfermedad que me obligó a

Permanecer hospitalizado y permanecer muchas

Noches en vela soportando terribles dolores, empecé

A meditar sobre mi vida. Trascendía los sesenta

Años de edad y aproveche esos momentos

Medio de distraer mis dolencias, para regresar mi

Película mental, hasta cuando era un niño

Absolutamente inocente; entonces volví a

Encontrarme con las épocas aciagas de los años

Cincuenta cuando se presento la horrible violencia

Entre liberales que defendían su vida y la dignidad de

La región y el conservatismo que ostentaba el poder y

Se disponía a exterminar al otro partido

Fue así como pensé en mi familia y tome la decisión

De recopilar todas mis vivencias en escrito para dejar

Un legado importante para ellos y para mis

Coterráneos.

Pensé que seria importante que estas historias

Permanecieran en la memoria colectiva del pueblo y

Trasmitirse de generación a generación para que sea el

Pueblo mismo quien se encargue de impedir que se

repitan; surgió entonces la idea de escribir un libro


que plasmara todas estas ocurrencias y salvajismos

para que las juventudes conozcan como fue el ayer

de sus paisanos y diseñen la calidad de vida que

quieren vivir.

Así las cosas, VIDA... Y... MÁS... VIDA... lo

escribí con el más alto sentido de patriotismo y

amor por mi San Martín querido que me vio nacer y

alegró los pasos de mi adolescencia entre caricias y

crímenes que ojalá nunca se repitan.

Comprendí que no escribir la historia que viví, seria

un acto de egoísmo y de irresponsabilidad con mi

tierra y con mi patria. Acéptenlo como un valioso

legado, mas no como el recuerdo de un sectarismo

odioso que jamás debió existir. Que vergüenza.

Apreciadas juventudes del tiempo presente y del

futuro, entiendan por favor que la paz pública es un

bien común como verbigracia la libertad y la salud

que si no se cuida entra en crisis, se deteriora y se

pierde. Un pueblo en paz tiene el derecho a caminar

por los maravillosos senderos de progreso y

disfrutar a plenitud el fruto de sus esfuerzos bajo el

estímulo del respeto por la vida, la honra y los bienes.

Aprendan queridos jóvenes que las amarguras de la

guerra solamente se disipan con la dulzura de la paz

y el entendimiento entre conciudadanos. El Autor.

Provengo de una familia sanmartinera. Mi padre

Demetrio Castro Almeida nació en el año de mil


novecientos nueve en San Martín. Hijo de Fabriciano

Castro veterano de la guerra de los Mil Días, soldado

a las órdenes de Plácido Castro comandante del

ejército liberal en San Martín de los Llanos, quienes

lucharon contra el gobierno conservador en dicha

guerra.

Y Cenaida Almeida Argaña bisnieta de Juan Almeida

de nacionalidad venezolana.

Juan Almeida, combatió bajo las órdenes del coronel

Juan José Rondón en las batallas del "Pantano de

Vargas" y el "Puente de Boyacá" por la causa

libertadora.

Del matrimonio de Fabriciano y Cenaida hubo cuatro

hijos: Demetrio, Mariana, Etelvina y Benito. El

abuelo Fabriciano tenía otra hija del matrimonio

anterior de nombre Magdalena "Magola".

En mil novecientos veintiuno en una tarde de invierno

mi abuelo Fabriciano, se encontraba en el monte

sacando madera con una yunta de bueyes cuando, lo

sorprendió una fuerte tormenta que con sus rayos

desprendió el gajo de un árbol que le atravesó el

cuerpo dejándolo sin vida.

Como mi abuela Cenaida vivía en el pueblo por la

educación de sus hijos y mi padre siendo el mayor

se hizo cargo de la finca de nombre "Castañeda"

asesorado por sus tíos maternos Noé y Ricarcinda,

Ellos de temperamento muy fuerte. Mi abuela


Cenaida era de un genio completamente opuesto al de

sus hermanos.

Ella era muy noble y ellos muy problemáticos. Eran

descendientes de la familia Argaña, tradicionalmente

los más ricos de la región. La tía Ricarcinda, tenía

varias fincas con ganado, también le gustaban los

hombres jóvenes y llegó a tener varios maridos y el

que no se dejaba mandar por ella lo echaba. En las

fiestas bebía trago y cabalgando en su brioso caballo

con revolver al cinto, recorría el pueblo y la persona

que no le simpatizaba lo atropellaba.

Tiempo después se fue a vivir a Acacias y en una

ocasión la gente la iba a linchar por insultar y

amenazar al sacerdote con darle bala. Se fue a vivir a

Villavicencio y allí murió de vieja, sola y olvidada.

En los años de la década de mil novecientos veinte

llegaron al país los primeros vehículos y fue un gran

acontecimiento. En Bogota fundaron la primera

academia de conducción de vehículos del país.

En mil novecientos veinticinco mi abuela Cenaida

vendió un ganado y con ese dinero mandó a su hijo

Demetrio para que hiciera el curso de conducción.

El tuvo el privilegio de conducir uno de los primeros

vehículos que llegaron al país. Las calles bogotanas

eran empedradas y muy estrechas. Tiempo después

trabajaba de conductor en una fábrica de chocolates.

El había heredado un poco el geniecito de sus tios


maternos. Un día por estar con sus "rabietas" entrego

el vehículo, empacó su ropita en una capotera (maleta

de tela que usaban los vaqueros) y se fue para San

Martín a pie. Cinco días de caminata.

Lo difícil del viaje no era la distancia si no muchos

peligros que había en el camino, entre ellos los ríos

caudalosos, las serpientes venenosas. De

Villavicencio a San Martín el camino era una angosta

trocha, el invierno que era muy fuerte por tanta

vegetación, no como los pequeños ríos de hoy; en ese

entonces eran grandes ríos. El Guayuriba era el más

caudaloso y la gente le temía mucho. Se lanzaban y

con el máximo de tranquilidad nadaban sin mucho

afán para no cansarse, salían a la otra orilla a unos

quinientos metros abajo. El que no lo hiciera así,

fácilmente se ahogaba.

Cuando llego al pueblo tuvo un fuerte disgusto con su

madre y decidió ir a la finca en la cual tenía unas

cincuenta reses para vender unas de ellas y no volvió

más allá.

A la edad de veinte años con un amigo de nombre

Celiano Rey tomo posesión de unas tierras que en

aquellos tiempos no tenían dueños. A unos tres

kilómetros de donde hoy es Granada. A aquel fundo le

dio el nombre de "Guayaquil" y estaba en las

montañas del Ariari aledañas a las sabanas de San

Martín.
Con machetes y hachas derribaron unas hectáreas de

monte y cultivaron caña de azúcar. Fabricaron unos

trapiches de madera y a los dos años empezó a vender

panela en San Martín. Y a lomo de mula transportaba

y vendía bultos de panela a la colonia de "Acacias",

Por otro lado mi madre Clementina Díaz, hija de

Julio Díaz y Josefa, una indígena del Vaupés.

El abuelo Julio nació en el Agrado Huila en el año de

mil ochocientos ochenta y cinco, él era de una familia

numerosa y económicamente pudiente, fue enviado

por sus padres a estudiar a Bogota cuando tenía

quince años de edad.

A los tres años de estar allá sostuvo amores con una

chica estudiante y la embarazó. Como en aquellos

tiempos esto era un verdadero escándalo decidió

evadir su responsabilidad huyendo. Esto sucedió en el

año de mil novecientos tres. En esos tiempos estaba en

"apogeo" (de moda) las caucheras en las selvas de la

orinoquia y el abuelo convenció a un compañero de

estudio para que lo acompañara en esa aventura. Esto

era casi un suicidio. Muchos se iban y pocos

regresaban.

Prepararon un equipaje sencillo, consistente en una

cobija, hamaca, toldillo, poca ropa y una escopeta

para cada uno con mucha munición. Partieron de

Bogotá a pie rumbo a lo desconocido. Pasaron por

Chipaque, Caqueza, Villavicencio y San Martín. En


aquellos tiempos no existían los pueblos de Guamal y

Acacias. Continuaron rumbo a la selva hasta llegar a

una posada junto al río Ariari donde actualmente es

Puerto Lleras. En ese trayecto no encontraron

viviendas, todo era soledad. Allí cortaron y juntaron

troncos de un árbol llamado balso amarrados con

bejucos de los mismos árboles, construyeron una

balsa y se lanzaron al río Ariari que más abajo

desemboca al río Guayabero y toma el nombre de

"Guaviare" unión de los ríos Guayabero y Ariari. En

aquella época de San Mártir hasta la frontera con el

Brasil no se encontraba ninguna civilización solo

selva, ríos y muchas tribus indígenas.

Dejándose llevar por la corriente viajaron unos días y

comían lo que la naturaleza les brindara.

Desembarcaron en un lugar. Tomaron por las fuerzas

de las armas una tribu muy numerosa y haciéndolos

trabajar por muchos años sacándole la leche a los

árboles de caucho. Para recolectar el caucho,

elaboraban marquetas de madera todas del mismo

tamaño. Con achuelas picaban los árboles en línea

continua de arriba abajo alrededor del árbol y al final

a unos cincuenta centímetros de altura y con una

especie de canal de cáscara de los árboles la

acomodaban para que la leche se depositara en las

marquetas de madera.

Esta labor la hacían por varios días con muchos


árboles y aproximadamente a los ochos días y en el

mismo orden recolectaban las marquetas y al

desarmarlas quedaban bloques de caucho de treinta

kilos cada uno.

Cuando tenían cierta cantidad de bloques los

Transportaban en canoas a puro remo y los vendian en

“Manaos- Brasil”. Los “caucheros” como les decían a

Los explotadores de caucho compraban armas

Municiones, ropa, licor, alimentos, joyas y perfumes

Finos y a ellos y en el caso de mi abuelo Julio, para

Sus hijas. A los aproximadamente quinientos indios

Que trabajaban desde pequeños, hasta que morían,

Los engañaban con espejos, lociones y “chucherías”

Ordinarias.

Los indios se alimentaban con “mañoco” (alimento

De yuca brava), pescado y frutas de la selva.

Los caucheros para hacerse respetar y poder gobernar

A aquellos salvajes tenían que imponerse por la

Fuerza. Indígena que se revelaba lo mataban de un

Disparo. Aquellos como no conocían de armas de

Fuego, al escuchar el estruendo del disparo y ver caer

Muertos y sangrando a sus compañeros quedaban

Aterrorizados y obedecían fielmente.

Estos viajes duraban aproximadamente tres meses.

Ya que después de navegar por el río Guaviare unos

Diez días, desembarcaban los bloques de caucho y

Unos cien indios los transportaban al hombro por una


Trocha en la selva. En la travesía del río Guaviare al rio

Negro gastaban tres días, allí nuevamente cargaban

las canoas y navegaban unos quince días para legar a

Manaos donde lo vendían. Para evitar los raudales

caminaban con canoas y cargamento al hombro por

trochas a lo largo de la orilla del río. Estos sitios eran

peligrosos pues las tribus de indios salvajes los

atacaban para despojarlos de sus bienes.

El regreso era más difícil por que tenían que remar

contra la corriente.

Unos años después los dos amigos se independizaron

y cada uno se hizo cargo de una tribu. El amigo del

abuelo tuvo un mal fin. Tiempo después los indios lo

asesinaron. Le quitaron los testículos y los

depositaron un tiempo dentro de un recipiente con

aceite de palma para disecarlos y en una vara delgada

y larga los amarraron para exhibirlos como un trofeo

de guerra.

En una tribu indígena del Vaupés, donde hoy es el

pueblo "Carurú" el abuelo tomó como esposa o

compañera a una pollona (joven indígena) y de esta

unión nacieron tres hijos, Clementina, Sofia y

Alejandro.

Clementina nació en el año de mi novecientos catorce.

Sofía dos años después y por último Alejandro.

La vivienda del abuelo y su familia era de dos plantas,

las paredes con lata de palma de "chuapos" y


cubiertas con hojas de palma de hunama, que

remplazaban las tejas y columnas de maderas.

Las viviendas de los indios eran grandes ranchos de

Varaentierra, y en cada uno de ellos dormían unos cien

Indígenas. A estos ranchos se les llamaba “Malocas”.

Cuando uno o varios indígenas se revelaban los

Mataban de un disparo, pues los indios en aquellos

Tiempos eran considerados simplemente como

Animales.

Cuando Clementina tenía diez años el abuelo resolvió

Dejar la selva después de veinte años. Con mucho

Dinero fruto de la explotación y venta del caucho.

Se radicó en San Martín con su familia y compro

Miles de reses y una finca muy grande de nombre

“Chuapal”, esta finca quedaba en medio de San

Martín y Guayaquil (la finca de Demetrio Castro).

Como no habían cercas de alambre los límites de las

Pocas fincas que habían eran lagunas, palmares, caños

Y matas de monte.

El ganado del abuelo se alimentaba con pasto natural

Desde donde hoy es Cubarral hasta “Llano Grande”.

En aquellos tiempos no existían Cubarral, Granada,

Fuente de Oro ni Puerto Lleras. Todas estas tierras

Eran baldías (sin dueño) y el ganado pastaba

Libremente.

En la finca el abuelo tenía muchos caballos y para

cada una de sus hijas les asigno diez. Para que


cabalgaran en el tiempo de vacaciones.

Nadie más podía montar en ellos.

El abuelo consiguió un internado en un colegio de

monjas en Chipaque Cundinamarca, para el estudio

de sus hijas.

La amiga de estudio del abuelo que quedo

embarazada cuando este se fue para el Vaupés, tuvo

una niña de nombre Rosa y era diez años mayor que

Clementina. Sus hijas viajaban a caballo a finales de

enero de San Martín a Chipaque, y regresaban a

finales del mes de noviembre. En el viaje gastaban

cuatro días, siempre estudiaron allí, eran

privilegiadas pues en aquellos tiempos gran

porcentaje de la población colombiana era analfabeta

y las personas de los pueblos tenían pocas

posibilidades de estudiar bachillerato.

Las primeras dos maquinas de coser marca "Singer"

que llegaron a San Martín a lomo de mula las llevo el

abuelo Julio, para que sus hijas se entretuvieran. El

no les permitía tener novios y las vacaciones las

pasaban más en el campo que en el pueblo donde

tenían una casa.

El camino que conducía a Guayaquil propiedad de

Demetrio Castro estaba a muy poca distancia de la

finca Chuapal y al joven Demetrio le daba por pasar

con mucha frecuencia a caballo por allí, atraído por la

joven Clementina para hacerle guiños o piropos. Era


tanto el interés que sentía por ella que cuando estaba

estudiando, él con un amigo de nombre Emiliano

Suárez, viajaban a Chipaque, y a pesar de lo dificil

Que era el viaje se arriesgaba para ver a su amada, a

Sabiendas que no podía hablar con ella porque el

Colegio era de dos plantas y las visitas prohibidas. Ella

Desde un balcón y él desde una esquina se guiñaban el

Ojo. Eso era todo lo que podían intercambiar miradas,

Solo miradas.

Nuevamente se regresaban para San Martin, gastaban

Ocho días de ida y regreso a caballo.

Con el tiempo se casaron pero el abuelo no estuvo de

Acuerdo con el matrimonio de sus hijas, para él fue

Una decepción. Esperaba mejores esposos para ellas,

Pero como las crió tan reprimidas no conocieron bien

A sus novios y talvez para

Liberarcen de ese

Enclaustramiento decidieron casarse.

Mi padre era muy trabajador y le gustaba mucho la

Vida de campo. También era muy autoritario y de mal

Genio. El estudio de mi madre que en esos tiempos era

Mucho no le sirvio, mi padre se la llevo para el campo

Muchos años.

Mi tía Sofia se caso con Daniel Horta un hombre muy

Parrandero, le gustaba darle serenatas con música de

Cuerda a las mejores chicas del pueblo. Era muy buen

Mozo y se creía el tenorio de las muchachas del


Pueblo, le gustaba la buena vida y no trabajar.

La abuela Josefa murió cuando sus hijas se habían

Casado y mi tío Alejandro el menor tenía unos diez

Años, pero como era el consentido del abuelo ya le

Había comprado una casa en el pueblo y mucho

Ganado marcado a su nombre.

Al poco tiempo de casados mis padres y estando Lilia

La mayor muy pequeña se fueron a cuidar un hato

Ganadero de nombre “Carrozas” de propiedad del

Abuelo Julio Díaz y estaba ubicado en las serranías de

San Martín. En esos tiempos había poca civilización y

Carrozas parecía muy distante del pueblo, a unas diez

Horas a caballo.

Cuando mis padres se fueron para el hato Carrozas y

Enterados de cómo era la vida allá se llevaron diez

Perros adiestrados para la cacería de tigres y leones.

Cuando nacían los terneros los tigres y leones se los

Comían y así pasaban los años sin que la cantidad de

Ganado aumentara, para que esto no continuara tenían

Que eliminarlos. Mi padre decía que con estos perros

Diestros en cacería era muy fácil matar a los tigres y

Leones. Que el tigre mientras pudiera huir se trepaba a

Un árbol y hasta allí llegaba el cazador con los perros y

Con la facilidad con que se mata a un pájaro, de un

Disparo se mataba al tigre. El peligro era cuando el

Animal no alcanzaba a treparse al árbol y en tierra los

Perros lo acorralaban, pues de un manotazo mataba al


Perro que se le acercara y si el cazador se descuidaba

También moría.

Los tigres y leones solo se pueden trepar en árboles

Gruesos y perpendiculares o ladeados Cuando los

Perros hacían trepar a un león y el cazador se

Ubicaba debajo del árbol con el rifle listo a disparar

Los leones abrazados al árbol y muy asustados se les

Salía las lagrimas de los ojos, lo que no pasaba con

Los tigres

En los cinco años que vivieron allí mataron ochenta

Y dos tigres, ciento cinco leones, muchos gúios

(boas) y caimanes. Los tigres y leones estaban

Pendientes cuando las vacas parían y se comían los

Terneros recién nacidos.

Allí nació Fabriciano (Chano) y Josefa. En

Ocasiones dejaban a sus hijos solos desde la mañana

Encerrados dentro de la vivienda con cielo raso y

Paredes de” bareque” y cuando llegaban en las horas

De la tarde de sabanear el ganado encontraban tigres

Rondando la casa esperando que los niños salieran

Para comérselos.

En aquella época entre Carrozas y Puerto López no

Había viviendas, solo monte, sabana, morichales,

Lagunas y muchos animales salvajes, también

Pequeñas tribus indígenas. Por carrozas pasaba un

Camino de herradura que utilizaban las personas

Para viajar de San Martín a Puerto López a


Comercializar ganado.

De cada cien terneros que lograban crecer una parte

Era para mi padre y dos para el abuelo. La mayor

Parte de aquel tiempo la pasaron solos, era muy difícil

Conseguir gente para trabajar en Carrozas por miedo a

Las fieras. Siempre los acompañó un muchacho de

Nombre Pablo Alvarado que se llevaron cuando tenía

Catorce años de edad y era huérfano.

Después de cinco años repartieron todo el aumento

Producido y a mí padre le correspondió mucho

Ganado. Compró la finca de nombre “Los Anteojos”

Cerca al pueblo. Actualmente es de nombre “El

Santuario” jurisdicción de San Martín-Meta.

Cuando mi abuela Josefa murió, el abuelo se fue a

Vivir a Bogota. Tiempo después contrajo matrimonio

Con una mujer de la capital y al poco tiempo murió

Dejando un pleito por ese capital. La viuda bogotana

Tenia dos hermanos que eran abogados y estos

Embargaron todos los vienes del abuelo y al final se

Quedo con la mayor parte.

Mi tía Sofia se fue con su esposo y sus hijos para la

Costa atlántica y al poco tiempo acabaron con la

Herencia.

Mi madre unió su herencia al capital que tenia mi

Padre.

Mi tío Alejandro quedo huérfano cuando tenia quince

Años de edad, con muchas reses, finca y una casa en


El pueblo.

El fue integrante del primer equipo de fútbol que

Hubo en el pueblo llamado club deportivo San Martín.

El jugaba como arquero y otros integrantes del

Equipo eran: Pedro Beltrán, delantero, Gabriel

Cortés, defensa, Antonio Ordóñez,, Emilio Enciso,

Martin Solano, Libardo Hernández entre otros.

Contrajo matrimonio con Adelia Rodriguez y unos

Años después llego la violencia de los “años

Cincuenta y lo que quedaba de la fortuna que fue de

Julio Díaz desapareció.

El doce de junio de mil novecientos cuarenta y tres,

Naci en la finca los “Anteojos”.

En el pueblo teniamos casa y la familia pasaba

Temporadas en el campo y en el pueblo. Una señora

Que servia en los oficios domésticos colaboro en el

Parto de mi madre, pero como no tenia experiencia

Me dejo infectar el ombligo y a mi madre el

Estomago.

Mi madre se agravó y tenían que llevarnos de

Urgencias al pueblo y como en aquellos tiempos no

Había carros en la región, mi padre tuvo que acudir a

Los vecinos más cercanos para el traslado de nosotros

Al pueblo. Fueron ellos, Fidel y Cesar Chaparro,

Benjamín Tejada, Nepomuceno Castro (Nemo),

Sergio Rey.

De la finca al pueblo había aproximadamente veinte


Kilómetros y fue así como nuestros vecinos en una

Vara de madera larga y recta de unos cinco metros

Amarraron a sus extremos una hamaca y turnándose

De dos en dos nos llevaron al pueblo.

El único médico que habia se llamaba Benjamin

Caamaño, y se encontraba embriagado; entonces mi

Tía Magdalena (Magola) hermana media de mi padre

Acudió a remedios caseros para que la infección no

Avanzara mientras que el doctor Caamaño se

Encontrara en condiciones de atendernos. El por ser

El único médico del pueblo en muchos años fue muy

Famoso.

Era muy buen médico, acertaba muy bien en sus

Diagnósticos pero le gustaba mucho el trago. Duraba

Unos dos meses muy juicioso y luego tres o más días

Bebiendo., le gustaba vestir todo de blanco y al

Terminar sus borracheras no se distinguía el color de

Su ropa. En las esquinas se paraba y gritaba

:Benjamín Caamaño es un liberal de siete pisos

Jabajo los godos!. Pedía trago o cerveza en las

Tiendas y no pagaba, como la gente lo conocía no le

Cobraba y cuando estaba en esas rascas los niños le

Gritábamos molestándolo y nos escondiamos. El se

Ponía muy furioso. La gente lo queria mucho por que

A las personas pobres no les cobraba por las formulas

Y cuando habían enfermos en las fincas el iba a

Caballo, las curaba y nunca les pedía nada cambio.


Siempre estuvo dispuesto al servicio de la

Comunidad sin ningún interés.

Fui creciendo unos meses en el pueblo y otros en el

Campo, cuando tenía unos cinco años de edad me

Enviaban en un caballo manso al pueblo y cargado

Con cuajada, me acomodaban encima de la carga y asi

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