INTRODUCCIÓN
Cuando uno siente que su vida esta en peligro,
Empieza a recordar inevitablemente todos los
Momentos buenos y malos de su existencia y a
Valorar todo lo que tiene.
A raíz de una enfermedad que me obligó a
Permanecer hospitalizado y permanecer muchas
Noches en vela soportando terribles dolores, empecé
A meditar sobre mi vida. Trascendía los sesenta
Años de edad y aproveche esos momentos
Medio de distraer mis dolencias, para regresar mi
Película mental, hasta cuando era un niño
Absolutamente inocente; entonces volví a
Encontrarme con las épocas aciagas de los años
Cincuenta cuando se presento la horrible violencia
Entre liberales que defendían su vida y la dignidad de
La región y el conservatismo que ostentaba el poder y
Se disponía a exterminar al otro partido
Fue así como pensé en mi familia y tome la decisión
De recopilar todas mis vivencias en escrito para dejar
Un legado importante para ellos y para mis
Coterráneos.
Pensé que seria importante que estas historias
Permanecieran en la memoria colectiva del pueblo y
Trasmitirse de generación a generación para que sea el
Pueblo mismo quien se encargue de impedir que se
repitan; surgió entonces la idea de escribir un libro
que plasmara todas estas ocurrencias y salvajismos
para que las juventudes conozcan como fue el ayer
de sus paisanos y diseñen la calidad de vida que
quieren vivir.
Así las cosas, VIDA... Y... MÁS... VIDA... lo
escribí con el más alto sentido de patriotismo y
amor por mi San Martín querido que me vio nacer y
alegró los pasos de mi adolescencia entre caricias y
crímenes que ojalá nunca se repitan.
Comprendí que no escribir la historia que viví, seria
un acto de egoísmo y de irresponsabilidad con mi
tierra y con mi patria. Acéptenlo como un valioso
legado, mas no como el recuerdo de un sectarismo
odioso que jamás debió existir. Que vergüenza.
Apreciadas juventudes del tiempo presente y del
futuro, entiendan por favor que la paz pública es un
bien común como verbigracia la libertad y la salud
que si no se cuida entra en crisis, se deteriora y se
pierde. Un pueblo en paz tiene el derecho a caminar
por los maravillosos senderos de progreso y
disfrutar a plenitud el fruto de sus esfuerzos bajo el
estímulo del respeto por la vida, la honra y los bienes.
Aprendan queridos jóvenes que las amarguras de la
guerra solamente se disipan con la dulzura de la paz
y el entendimiento entre conciudadanos. El Autor.
Provengo de una familia sanmartinera. Mi padre
Demetrio Castro Almeida nació en el año de mil
novecientos nueve en San Martín. Hijo de Fabriciano
Castro veterano de la guerra de los Mil Días, soldado
a las órdenes de Plácido Castro comandante del
ejército liberal en San Martín de los Llanos, quienes
lucharon contra el gobierno conservador en dicha
guerra.
Y Cenaida Almeida Argaña bisnieta de Juan Almeida
de nacionalidad venezolana.
Juan Almeida, combatió bajo las órdenes del coronel
Juan José Rondón en las batallas del "Pantano de
Vargas" y el "Puente de Boyacá" por la causa
libertadora.
Del matrimonio de Fabriciano y Cenaida hubo cuatro
hijos: Demetrio, Mariana, Etelvina y Benito. El
abuelo Fabriciano tenía otra hija del matrimonio
anterior de nombre Magdalena "Magola".
En mil novecientos veintiuno en una tarde de invierno
mi abuelo Fabriciano, se encontraba en el monte
sacando madera con una yunta de bueyes cuando, lo
sorprendió una fuerte tormenta que con sus rayos
desprendió el gajo de un árbol que le atravesó el
cuerpo dejándolo sin vida.
Como mi abuela Cenaida vivía en el pueblo por la
educación de sus hijos y mi padre siendo el mayor
se hizo cargo de la finca de nombre "Castañeda"
asesorado por sus tíos maternos Noé y Ricarcinda,
Ellos de temperamento muy fuerte. Mi abuela
Cenaida era de un genio completamente opuesto al de
sus hermanos.
Ella era muy noble y ellos muy problemáticos. Eran
descendientes de la familia Argaña, tradicionalmente
los más ricos de la región. La tía Ricarcinda, tenía
varias fincas con ganado, también le gustaban los
hombres jóvenes y llegó a tener varios maridos y el
que no se dejaba mandar por ella lo echaba. En las
fiestas bebía trago y cabalgando en su brioso caballo
con revolver al cinto, recorría el pueblo y la persona
que no le simpatizaba lo atropellaba.
Tiempo después se fue a vivir a Acacias y en una
ocasión la gente la iba a linchar por insultar y
amenazar al sacerdote con darle bala. Se fue a vivir a
Villavicencio y allí murió de vieja, sola y olvidada.
En los años de la década de mil novecientos veinte
llegaron al país los primeros vehículos y fue un gran
acontecimiento. En Bogota fundaron la primera
academia de conducción de vehículos del país.
En mil novecientos veinticinco mi abuela Cenaida
vendió un ganado y con ese dinero mandó a su hijo
Demetrio para que hiciera el curso de conducción.
El tuvo el privilegio de conducir uno de los primeros
vehículos que llegaron al país. Las calles bogotanas
eran empedradas y muy estrechas. Tiempo después
trabajaba de conductor en una fábrica de chocolates.
El había heredado un poco el geniecito de sus tios
maternos. Un día por estar con sus "rabietas" entrego
el vehículo, empacó su ropita en una capotera (maleta
de tela que usaban los vaqueros) y se fue para San
Martín a pie. Cinco días de caminata.
Lo difícil del viaje no era la distancia si no muchos
peligros que había en el camino, entre ellos los ríos
caudalosos, las serpientes venenosas. De
Villavicencio a San Martín el camino era una angosta
trocha, el invierno que era muy fuerte por tanta
vegetación, no como los pequeños ríos de hoy; en ese
entonces eran grandes ríos. El Guayuriba era el más
caudaloso y la gente le temía mucho. Se lanzaban y
con el máximo de tranquilidad nadaban sin mucho
afán para no cansarse, salían a la otra orilla a unos
quinientos metros abajo. El que no lo hiciera así,
fácilmente se ahogaba.
Cuando llego al pueblo tuvo un fuerte disgusto con su
madre y decidió ir a la finca en la cual tenía unas
cincuenta reses para vender unas de ellas y no volvió
más allá.
A la edad de veinte años con un amigo de nombre
Celiano Rey tomo posesión de unas tierras que en
aquellos tiempos no tenían dueños. A unos tres
kilómetros de donde hoy es Granada. A aquel fundo le
dio el nombre de "Guayaquil" y estaba en las
montañas del Ariari aledañas a las sabanas de San
Martín.
Con machetes y hachas derribaron unas hectáreas de
monte y cultivaron caña de azúcar. Fabricaron unos
trapiches de madera y a los dos años empezó a vender
panela en San Martín. Y a lomo de mula transportaba
y vendía bultos de panela a la colonia de "Acacias",
Por otro lado mi madre Clementina Díaz, hija de
Julio Díaz y Josefa, una indígena del Vaupés.
El abuelo Julio nació en el Agrado Huila en el año de
mil ochocientos ochenta y cinco, él era de una familia
numerosa y económicamente pudiente, fue enviado
por sus padres a estudiar a Bogota cuando tenía
quince años de edad.
A los tres años de estar allá sostuvo amores con una
chica estudiante y la embarazó. Como en aquellos
tiempos esto era un verdadero escándalo decidió
evadir su responsabilidad huyendo. Esto sucedió en el
año de mil novecientos tres. En esos tiempos estaba en
"apogeo" (de moda) las caucheras en las selvas de la
orinoquia y el abuelo convenció a un compañero de
estudio para que lo acompañara en esa aventura. Esto
era casi un suicidio. Muchos se iban y pocos
regresaban.
Prepararon un equipaje sencillo, consistente en una
cobija, hamaca, toldillo, poca ropa y una escopeta
para cada uno con mucha munición. Partieron de
Bogotá a pie rumbo a lo desconocido. Pasaron por
Chipaque, Caqueza, Villavicencio y San Martín. En
aquellos tiempos no existían los pueblos de Guamal y
Acacias. Continuaron rumbo a la selva hasta llegar a
una posada junto al río Ariari donde actualmente es
Puerto Lleras. En ese trayecto no encontraron
viviendas, todo era soledad. Allí cortaron y juntaron
troncos de un árbol llamado balso amarrados con
bejucos de los mismos árboles, construyeron una
balsa y se lanzaron al río Ariari que más abajo
desemboca al río Guayabero y toma el nombre de
"Guaviare" unión de los ríos Guayabero y Ariari. En
aquella época de San Mártir hasta la frontera con el
Brasil no se encontraba ninguna civilización solo
selva, ríos y muchas tribus indígenas.
Dejándose llevar por la corriente viajaron unos días y
comían lo que la naturaleza les brindara.
Desembarcaron en un lugar. Tomaron por las fuerzas
de las armas una tribu muy numerosa y haciéndolos
trabajar por muchos años sacándole la leche a los
árboles de caucho. Para recolectar el caucho,
elaboraban marquetas de madera todas del mismo
tamaño. Con achuelas picaban los árboles en línea
continua de arriba abajo alrededor del árbol y al final
a unos cincuenta centímetros de altura y con una
especie de canal de cáscara de los árboles la
acomodaban para que la leche se depositara en las
marquetas de madera.
Esta labor la hacían por varios días con muchos
árboles y aproximadamente a los ochos días y en el
mismo orden recolectaban las marquetas y al
desarmarlas quedaban bloques de caucho de treinta
kilos cada uno.
Cuando tenían cierta cantidad de bloques los
Transportaban en canoas a puro remo y los vendian en
“Manaos- Brasil”. Los “caucheros” como les decían a
Los explotadores de caucho compraban armas
Municiones, ropa, licor, alimentos, joyas y perfumes
Finos y a ellos y en el caso de mi abuelo Julio, para
Sus hijas. A los aproximadamente quinientos indios
Que trabajaban desde pequeños, hasta que morían,
Los engañaban con espejos, lociones y “chucherías”
Ordinarias.
Los indios se alimentaban con “mañoco” (alimento
De yuca brava), pescado y frutas de la selva.
Los caucheros para hacerse respetar y poder gobernar
A aquellos salvajes tenían que imponerse por la
Fuerza. Indígena que se revelaba lo mataban de un
Disparo. Aquellos como no conocían de armas de
Fuego, al escuchar el estruendo del disparo y ver caer
Muertos y sangrando a sus compañeros quedaban
Aterrorizados y obedecían fielmente.
Estos viajes duraban aproximadamente tres meses.
Ya que después de navegar por el río Guaviare unos
Diez días, desembarcaban los bloques de caucho y
Unos cien indios los transportaban al hombro por una
Trocha en la selva. En la travesía del río Guaviare al rio
Negro gastaban tres días, allí nuevamente cargaban
las canoas y navegaban unos quince días para legar a
Manaos donde lo vendían. Para evitar los raudales
caminaban con canoas y cargamento al hombro por
trochas a lo largo de la orilla del río. Estos sitios eran
peligrosos pues las tribus de indios salvajes los
atacaban para despojarlos de sus bienes.
El regreso era más difícil por que tenían que remar
contra la corriente.
Unos años después los dos amigos se independizaron
y cada uno se hizo cargo de una tribu. El amigo del
abuelo tuvo un mal fin. Tiempo después los indios lo
asesinaron. Le quitaron los testículos y los
depositaron un tiempo dentro de un recipiente con
aceite de palma para disecarlos y en una vara delgada
y larga los amarraron para exhibirlos como un trofeo
de guerra.
En una tribu indígena del Vaupés, donde hoy es el
pueblo "Carurú" el abuelo tomó como esposa o
compañera a una pollona (joven indígena) y de esta
unión nacieron tres hijos, Clementina, Sofia y
Alejandro.
Clementina nació en el año de mi novecientos catorce.
Sofía dos años después y por último Alejandro.
La vivienda del abuelo y su familia era de dos plantas,
las paredes con lata de palma de "chuapos" y
cubiertas con hojas de palma de hunama, que
remplazaban las tejas y columnas de maderas.
Las viviendas de los indios eran grandes ranchos de
Varaentierra, y en cada uno de ellos dormían unos cien
Indígenas. A estos ranchos se les llamaba “Malocas”.
Cuando uno o varios indígenas se revelaban los
Mataban de un disparo, pues los indios en aquellos
Tiempos eran considerados simplemente como
Animales.
Cuando Clementina tenía diez años el abuelo resolvió
Dejar la selva después de veinte años. Con mucho
Dinero fruto de la explotación y venta del caucho.
Se radicó en San Martín con su familia y compro
Miles de reses y una finca muy grande de nombre
“Chuapal”, esta finca quedaba en medio de San
Martín y Guayaquil (la finca de Demetrio Castro).
Como no habían cercas de alambre los límites de las
Pocas fincas que habían eran lagunas, palmares, caños
Y matas de monte.
El ganado del abuelo se alimentaba con pasto natural
Desde donde hoy es Cubarral hasta “Llano Grande”.
En aquellos tiempos no existían Cubarral, Granada,
Fuente de Oro ni Puerto Lleras. Todas estas tierras
Eran baldías (sin dueño) y el ganado pastaba
Libremente.
En la finca el abuelo tenía muchos caballos y para
cada una de sus hijas les asigno diez. Para que
cabalgaran en el tiempo de vacaciones.
Nadie más podía montar en ellos.
El abuelo consiguió un internado en un colegio de
monjas en Chipaque Cundinamarca, para el estudio
de sus hijas.
La amiga de estudio del abuelo que quedo
embarazada cuando este se fue para el Vaupés, tuvo
una niña de nombre Rosa y era diez años mayor que
Clementina. Sus hijas viajaban a caballo a finales de
enero de San Martín a Chipaque, y regresaban a
finales del mes de noviembre. En el viaje gastaban
cuatro días, siempre estudiaron allí, eran
privilegiadas pues en aquellos tiempos gran
porcentaje de la población colombiana era analfabeta
y las personas de los pueblos tenían pocas
posibilidades de estudiar bachillerato.
Las primeras dos maquinas de coser marca "Singer"
que llegaron a San Martín a lomo de mula las llevo el
abuelo Julio, para que sus hijas se entretuvieran. El
no les permitía tener novios y las vacaciones las
pasaban más en el campo que en el pueblo donde
tenían una casa.
El camino que conducía a Guayaquil propiedad de
Demetrio Castro estaba a muy poca distancia de la
finca Chuapal y al joven Demetrio le daba por pasar
con mucha frecuencia a caballo por allí, atraído por la
joven Clementina para hacerle guiños o piropos. Era
tanto el interés que sentía por ella que cuando estaba
estudiando, él con un amigo de nombre Emiliano
Suárez, viajaban a Chipaque, y a pesar de lo dificil
Que era el viaje se arriesgaba para ver a su amada, a
Sabiendas que no podía hablar con ella porque el
Colegio era de dos plantas y las visitas prohibidas. Ella
Desde un balcón y él desde una esquina se guiñaban el
Ojo. Eso era todo lo que podían intercambiar miradas,
Solo miradas.
Nuevamente se regresaban para San Martin, gastaban
Ocho días de ida y regreso a caballo.
Con el tiempo se casaron pero el abuelo no estuvo de
Acuerdo con el matrimonio de sus hijas, para él fue
Una decepción. Esperaba mejores esposos para ellas,
Pero como las crió tan reprimidas no conocieron bien
A sus novios y talvez para
Liberarcen de ese
Enclaustramiento decidieron casarse.
Mi padre era muy trabajador y le gustaba mucho la
Vida de campo. También era muy autoritario y de mal
Genio. El estudio de mi madre que en esos tiempos era
Mucho no le sirvio, mi padre se la llevo para el campo
Muchos años.
Mi tía Sofia se caso con Daniel Horta un hombre muy
Parrandero, le gustaba darle serenatas con música de
Cuerda a las mejores chicas del pueblo. Era muy buen
Mozo y se creía el tenorio de las muchachas del
Pueblo, le gustaba la buena vida y no trabajar.
La abuela Josefa murió cuando sus hijas se habían
Casado y mi tío Alejandro el menor tenía unos diez
Años, pero como era el consentido del abuelo ya le
Había comprado una casa en el pueblo y mucho
Ganado marcado a su nombre.
Al poco tiempo de casados mis padres y estando Lilia
La mayor muy pequeña se fueron a cuidar un hato
Ganadero de nombre “Carrozas” de propiedad del
Abuelo Julio Díaz y estaba ubicado en las serranías de
San Martín. En esos tiempos había poca civilización y
Carrozas parecía muy distante del pueblo, a unas diez
Horas a caballo.
Cuando mis padres se fueron para el hato Carrozas y
Enterados de cómo era la vida allá se llevaron diez
Perros adiestrados para la cacería de tigres y leones.
Cuando nacían los terneros los tigres y leones se los
Comían y así pasaban los años sin que la cantidad de
Ganado aumentara, para que esto no continuara tenían
Que eliminarlos. Mi padre decía que con estos perros
Diestros en cacería era muy fácil matar a los tigres y
Leones. Que el tigre mientras pudiera huir se trepaba a
Un árbol y hasta allí llegaba el cazador con los perros y
Con la facilidad con que se mata a un pájaro, de un
Disparo se mataba al tigre. El peligro era cuando el
Animal no alcanzaba a treparse al árbol y en tierra los
Perros lo acorralaban, pues de un manotazo mataba al
Perro que se le acercara y si el cazador se descuidaba
También moría.
Los tigres y leones solo se pueden trepar en árboles
Gruesos y perpendiculares o ladeados Cuando los
Perros hacían trepar a un león y el cazador se
Ubicaba debajo del árbol con el rifle listo a disparar
Los leones abrazados al árbol y muy asustados se les
Salía las lagrimas de los ojos, lo que no pasaba con
Los tigres
En los cinco años que vivieron allí mataron ochenta
Y dos tigres, ciento cinco leones, muchos gúios
(boas) y caimanes. Los tigres y leones estaban
Pendientes cuando las vacas parían y se comían los
Terneros recién nacidos.
Allí nació Fabriciano (Chano) y Josefa. En
Ocasiones dejaban a sus hijos solos desde la mañana
Encerrados dentro de la vivienda con cielo raso y
Paredes de” bareque” y cuando llegaban en las horas
De la tarde de sabanear el ganado encontraban tigres
Rondando la casa esperando que los niños salieran
Para comérselos.
En aquella época entre Carrozas y Puerto López no
Había viviendas, solo monte, sabana, morichales,
Lagunas y muchos animales salvajes, también
Pequeñas tribus indígenas. Por carrozas pasaba un
Camino de herradura que utilizaban las personas
Para viajar de San Martín a Puerto López a
Comercializar ganado.
De cada cien terneros que lograban crecer una parte
Era para mi padre y dos para el abuelo. La mayor
Parte de aquel tiempo la pasaron solos, era muy difícil
Conseguir gente para trabajar en Carrozas por miedo a
Las fieras. Siempre los acompañó un muchacho de
Nombre Pablo Alvarado que se llevaron cuando tenía
Catorce años de edad y era huérfano.
Después de cinco años repartieron todo el aumento
Producido y a mí padre le correspondió mucho
Ganado. Compró la finca de nombre “Los Anteojos”
Cerca al pueblo. Actualmente es de nombre “El
Santuario” jurisdicción de San Martín-Meta.
Cuando mi abuela Josefa murió, el abuelo se fue a
Vivir a Bogota. Tiempo después contrajo matrimonio
Con una mujer de la capital y al poco tiempo murió
Dejando un pleito por ese capital. La viuda bogotana
Tenia dos hermanos que eran abogados y estos
Embargaron todos los vienes del abuelo y al final se
Quedo con la mayor parte.
Mi tía Sofia se fue con su esposo y sus hijos para la
Costa atlántica y al poco tiempo acabaron con la
Herencia.
Mi madre unió su herencia al capital que tenia mi
Padre.
Mi tío Alejandro quedo huérfano cuando tenia quince
Años de edad, con muchas reses, finca y una casa en
El pueblo.
El fue integrante del primer equipo de fútbol que
Hubo en el pueblo llamado club deportivo San Martín.
El jugaba como arquero y otros integrantes del
Equipo eran: Pedro Beltrán, delantero, Gabriel
Cortés, defensa, Antonio Ordóñez,, Emilio Enciso,
Martin Solano, Libardo Hernández entre otros.
Contrajo matrimonio con Adelia Rodriguez y unos
Años después llego la violencia de los “años
Cincuenta y lo que quedaba de la fortuna que fue de
Julio Díaz desapareció.
El doce de junio de mil novecientos cuarenta y tres,
Naci en la finca los “Anteojos”.
En el pueblo teniamos casa y la familia pasaba
Temporadas en el campo y en el pueblo. Una señora
Que servia en los oficios domésticos colaboro en el
Parto de mi madre, pero como no tenia experiencia
Me dejo infectar el ombligo y a mi madre el
Estomago.
Mi madre se agravó y tenían que llevarnos de
Urgencias al pueblo y como en aquellos tiempos no
Había carros en la región, mi padre tuvo que acudir a
Los vecinos más cercanos para el traslado de nosotros
Al pueblo. Fueron ellos, Fidel y Cesar Chaparro,
Benjamín Tejada, Nepomuceno Castro (Nemo),
Sergio Rey.
De la finca al pueblo había aproximadamente veinte
Kilómetros y fue así como nuestros vecinos en una
Vara de madera larga y recta de unos cinco metros
Amarraron a sus extremos una hamaca y turnándose
De dos en dos nos llevaron al pueblo.
El único médico que habia se llamaba Benjamin
Caamaño, y se encontraba embriagado; entonces mi
Tía Magdalena (Magola) hermana media de mi padre
Acudió a remedios caseros para que la infección no
Avanzara mientras que el doctor Caamaño se
Encontrara en condiciones de atendernos. El por ser
El único médico del pueblo en muchos años fue muy
Famoso.
Era muy buen médico, acertaba muy bien en sus
Diagnósticos pero le gustaba mucho el trago. Duraba
Unos dos meses muy juicioso y luego tres o más días
Bebiendo., le gustaba vestir todo de blanco y al
Terminar sus borracheras no se distinguía el color de
Su ropa. En las esquinas se paraba y gritaba
:Benjamín Caamaño es un liberal de siete pisos
Jabajo los godos!. Pedía trago o cerveza en las
Tiendas y no pagaba, como la gente lo conocía no le
Cobraba y cuando estaba en esas rascas los niños le
Gritábamos molestándolo y nos escondiamos. El se
Ponía muy furioso. La gente lo queria mucho por que
A las personas pobres no les cobraba por las formulas
Y cuando habían enfermos en las fincas el iba a
Caballo, las curaba y nunca les pedía nada cambio.
Siempre estuvo dispuesto al servicio de la
Comunidad sin ningún interés.
Fui creciendo unos meses en el pueblo y otros en el
Campo, cuando tenía unos cinco años de edad me
Enviaban en un caballo manso al pueblo y cargado
Con cuajada, me acomodaban encima de la carga y asi