Un Dios que siempre perdona: El Sacramento de la Reconciliación
Por el El Sacramento de Padre Juan Puigbó
Pocas cosas intrigan más a las personas como aquello que ocurre en la
Confesión. Desde el secreto que debe guardar el sacerdote, que se llama “sigilo
sacramental”, hasta lo que propiamente ocurre con el penitente, que entra cargado
con sus pecados y sale liberado de ellos.
El Sacramento de la Reconciliación, al que también se le llama penitencia o
Confesión, es uno de los regalos más valiosos que Dios ofrece a sus hijos, para
reconciliarlos consigo mismo y devolverles la gracia que han perdido. Ciertamente,
junto a la celebración de la Eucaristía, las horas que dedico a la Confesión son de
las que anticipo con mayor deseo. Es allí donde, actuando en el nombre propio de
Nuestro Señor Jesucristo, escucho las intimidades del alma y perdono las ofensas
cometidas contra el amor de Dios.
Fue el mismo Jesucristo el que, al instituir el Sacramento de la Reconciliación,
dispuso este medio para restablecer nuestra amistad con el Padre y así ayudarnos
de una manera particular en la vigilancia de los actos de nuestra vida diaria.
Solo Dios perdona los pecados. El sacerdote lo hace porque Dios se lo ha
confiado y es en nombre suyo que lo hace. Entonces, en realidad, al decirle los
pecados al sacerdote, se los estamos diciendo al propio Cristo. ¡Qué misterio! El
mismo Evangelio dice: “El Hijo del hombre tiene autoridad en la tierra para
perdonar pecados” (Marcos 2,10) y ejerce este poder cuando dice: “Hijo mío, tus
pecados quedan perdonados” (Marcos 2,5). Esta es la misma autoridad de la que
gozan los sacerdotes al perdonar los pecados del pueblo.
Continuamente insisto a mis feligreses a fomentar la Confesión frecuente. No es
este un acto piadoso reservado para aquellos que no tienen otra cosa que hacer.
La frecuencia a la Confesión indica que reconocemos la necesidad que tenemos
de Dios para purificar nuestra alma y de la gracia necesaria para evitar las
ocasiones de pecado. Al contrario, no confesarse muestra soberbia y arruina la
vida espiritual.
Nuestra vida de bautizados debe crecer en actos de continua conversión; de
cambio permanente para conquistar el cielo que nos espera. Y esta conversión
debe concretarse en los asuntos de la vida diaria: también en la frecuencia al
Sacramento de la Confesión.
Entiendo que confesarse no es tarea fácil, sobre todo cuando reconocemos
nuestra vulnerabilidad al mismo pecado y la misma vergüenza humana de tener
que “decirle” los pecados al confesor. Pero esto no se compara al mar de gracias
que se reciben cuando el sacerdote dice las palabras de absolución: “Yo te
absuelvo de tus pecados, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.”
Examen de conciencia. El examen de conciencia ha sido una práctica
recomendada por la Iglesia desde la antigüedad. De hecho, este examen está
incluido en las oraciones oficiales de la Iglesia, al final de cada día, cuando se
rezan las completas. Es un examen profundo que revisa los actos personales,
reconociendo todas las veces en las que agradamos a Dios durante el día y los
momentos en los que le hemos ofendido; así como las veces en las que hemos
dado testimonio de nuestro compromiso con Él y aquellas en las que nos ha
vencido la tentación.
Este es el mismo examen que se hace antes de la Confesión, solo que en este
caso hay que revisar la vida desde la última Confesión hasta el presente. La
Confesión no tiene efecto si no hay un buen examen de conciencia, a partir del
cual se toma conciencia de los pecados cometidos.
Una de las ventajas de la Confesión frecuente es evitar el olvido de los pecados.
Si una persona se confiesa cada año, seguramente habrá muchos pecados
olvidados, porque será imposible guardar un recuerdo preciso de todo lo cometido
en un año. Claro está que Dios perdona todos los pecados, incluso los olvidados,
pero que no sea por pereza nuestra que los hayamos olvidado, por haber dejado
pasar mucho tiempo después de la última Confesión.
Es preciso para ello pedirle al Espíritu Santo que nos ayude a tener una
conciencia delicada de lo que estamos examinando, para procurar un alma más
sensible, recta y pura.
Contrición del corazón. Dice el Concilio de Trento que la contrición es “un dolor
del alma y una detestación del pecado cometido con la resolución de no volver a
pecar” (DS, 1676). El examen de conciencia no nos puede dejar indiferentes. No
es solo cuestión de reconocer las faltas, sino de sentir dolor por los pecados,
porque con ellos ofendemos a Dios y le damos la espalda.
La contrición del corazón es dolor y “toma de conciencia” del mal que hemos
hecho; es un movimiento del alma, que reconoce la maldad que se ha cometido y
lleva al arrepentimiento. En este sentido, existen tres clases de contrición o
arrepentimiento: La contrición perfecta, aquella tristeza o pesar por haber ofendido
a Dios por ser Él quien es, infinitamente bueno y digno de ser amado. Esta
contrición obtiene el perdón de los pecados veniales y también el de los mortales,
si comprende la firme resolución de recurrir a la Confesión sacramental. La
contrición imperfecta, también llamada atrición. Es una tristeza de haber ofendido
a Dios, pero solo por la fealdad o repugnancia del pecado cometido o por temor a
los castigos merecidos por haber ofendido a Dios. Y el remordimiento, es decir, el
disgusto por haber hecho algo malo que no quisiéramos haber hecho. No es la
tristeza de ofender a Dios, sino de haber hecho algo que no hubiéramos querido
hacer.
Confesión de los pecados. ¿Cuándo fue la última vez que te confesaste?
pregunta el sacerdote al penitente. Al parecer el Sacramento de la Confesión está
en crisis, no solamente porque nos cuesta reconocer los propios errores, sino
porque confiamos poco en Dios. Nos hemos vuelto autosuficientes a tal punto que,
en muchos casos, nos inventamos las maneras de justificar nuestro pecado. El
mismo Papa Juan Pablo II afirma: “Al hombre contemporáneo parece que le
cuesta más que nunca reconocer los propios errores… parece muy reacio a decir
‘me arrepiento’ o ‘lo siento’; parece rechazar instintivamente y con frecuencia
irresistiblemente, todo lo que es penitencia, en el sentido del sacrificio aceptado y
practicado para la corrección del pecado” (Reconciliatio et paenitentia 26).
El Catecismo de la Iglesia Católica dice que “la Confesión de los pecados, incluso
desde el punto de vista simplemente humano, nos libera y facilita nuestra
reconciliación con los demás. Por la Confesión, el hombre se enfrenta a los
pecados de que se siente culpable; asume su responsabilidad y, por ello, se abre
de nuevo a Dios y a la comunión de la Iglesia con el fin de hacer posible un nuevo
futuro (CIC 1455).
La Confesión libera. Muchos penitentes me lo han dicho: “Me siento como nuevo
después que me confesé.” Es una liberación espiritual y también psicológica. En la
Confesión, es la gracia de Dios la que actúa. El “decir los pecados”, aunque sea
difícil, aunque cause vergüenza, aunque signifique una humillación personal, es el
ejercicio instituido por Jesucristo para perdonarnos de los pecados cometidos.
La Confesión debe ser sincera y verdadera (no debo ocultar nada de todos los
pecados que recuerdo, por muy feos que sean), completa (hay que confesar todos
los pecados que se recuerden en ese momento; por eso es conveniente hacer un
buen examen de conciencia), sencilla y humilde (con pocas palabras y sin rodeos),
discreta y prudente (sin acusar a nadie ni confesar los pecados de otros). Omitir
voluntariamente un pecado grave hace más grave el pecado. En el caso de que se
olvide un pecado, se debe confesar en la Confesión siguiente.
En la Confesión, hay que confesar todos los pecados graves y, aunque no es
obligatorio, es siempre provechoso confesar también los pecados veniales, para ir
fomentando una mejor y más delicada conciencia.
A la Confesión pueden acceder todos los católicos bautizados y arrepentidos, con
el propósito firme de no volver a pecar. Una persona que vive en una condición de
pecado
o de irregularidad moral pública, lamentablemente no puede valerse del
Sacramento de la Confesión ni acceder a la Sagrada Comunión hasta que no
regularice su situación.
Propósito de enmienda. Dios es un Padre de amor. Es a Él a quien ofendemos
cuando pecamos. La Confesión de los pecados es la firme resolución de no
ofender más a Dios. Esto hay que hacerlo antes de confesarse. Luego el mismo
Jesús nos dirá: “Vete y no peques más” (Juan 8,11), es nuestro “volver a Dios”
para quedarnos con Él. Claro está que la confesión no sería válida si no tuvié-
ramos esté propósito. Es nuestro corte definitivo con el pecado de una vez para
siempre.
Esto no significa que el pecador no vaya a pecar nunca más en su vida, pero sí
que está resuelto a evitar, en la medida de todas sus posibilidades, toda ocasión
que pueda hacerle ofender a Dios. Pero es más que eso. No es solo no ofender a
Dios, sino tomar la decisión de amar a Dios cada vez más; de aprovechar cada
ocasión para morir a nosotros mismos y a nuestros deseos, para demostrarle al
Señor nuestro decidido amor.
Cumplir la penitencia. La Confesión es como ir al médico. Al final de la consulta,
el doctor nos recomienda una medicina. Claro que la penitencia no es
exactamente igual a la medicina, pero es parecida. Si no se cumple la penitencia,
no quedamos sanados de los pecados. La penitencia es una manera de
“satisfacer” a Dios por el mal que hemos hecho. La penitencia la impone el
sacerdote y puede consistir en rezar una o varias oraciones, hacer una obra de
caridad, restituir el mal causado, pedir perdón, etc.
El fin y el efecto de este sacramento es la reconciliación con Dios, además que
nos ofrece las gracias necesarias para no pecar más. Es un sacramento muy
valioso para cultivar un corazón puro y dedicado a Cristo. Es allí donde nos
encontramos con el Señor, que nos espera para unirnos más fuertemente a su
corazón, para disponernos a dar testimonio de su amor.
Aprovechemos de beneficiarnos de los regalos de Dios, sobre todo de este don
particular que nos reconcilia con los deseos de su corazón. Luchemos por
alcanzar el cielo, donde Él nos espera.
REFLEXIONES
La Silla
La hija de un hombre le pidió al Ministro que fuera a su casa a hacer una oración
para su padre que estaba muy enfermo. Cuando el Ministro llegó a la habitación
del enfermo, encontró a este hombre en su cama con la cabeza alzada por un par
de almohadas.
Cuando he estado en la iglesia he escuchado siempre al respecto de la oración,
que se debe orar y los beneficios que trae, etc., pero siempre esto de las
oraciones me entró por un oído y salió por el otro pues no tengo idea de como
hacerlo. Entonces hace mucho tiempo abandoné por completo la oración.
Esto ha sido así en mi hasta hace unos cuatro años, cuando conversando con mi
mejor amigo me dijo: "José, esto de la oración es simplemente tener una
conversación con Jesús. Así es como te sugiero que lo hagas... te sientas en una
silla y colocas otra silla vacía en frente tuyo, luego con fe miras a Jesús sentado
delante de ti. No es algo alocado el hacerlo pues el nos dijo -"Yo estaré siempre
con ustedes" Por lo tanto, le hablas y lo escuchas, de la misma manera como lo
estás haciendo conmigo ahora mismo"
"Es así que lo hice una vez y me gustó tanto que lo he seguido haciendo unas dos
horas diarias desde entonces" "Siempre tengo mucho cuidado que no me vaya a
ver mi hija pues me internaría de inmediato en la casa de los locos"
El sacerdote sintió una gran emoción al escuchar esto y le dijo a José que era muy
bueno lo que había estado haciendo y que no cesara de hacerlo, luego hizo una
oración con él, le extendió una bendición y se fue a su Iglesia.
Dos días después, la hija de José llamó al sacerdote para decirle que su padre
había fallecido. El sacerdote le preguntó: Falleció en paz?"
"Sí, cuando salí de la casa a eso de las dos de la tarde me llamó y fui a verlo a su
cama, me dijo lo mucho que me quería y me dio un beso. Cuando regresé de
hacer compras una hora más tarde ya lo encontré muerto. Pero hay algo extraño
al respecto de su muerte, pues aparentemente justo antes de morir se acercó a la
silla que estaba al lado de su cama y recostó su cabeza en ella, pues así lo
encontré. ¿Qué cree usted que pueda significar esto?"
El sacerdote se secó las lágrimas de emoción y le respondió:
"Ojala que todos nos pudiésemos ir de esa manera"
Zacarías 2:10 "porque he aquí vengo, y moraré en medio de ti."
El Faro
Un capitán y su tripulación viajaban en medio de una terrible tormenta durante una
oscura noche y luego de varios días en altamar. El pequeño barco era golpeado
insistentemente por las olas y el viento, y se mecía casi hasta volcarse mientras
toda la estructura crujía y se retorcía hasta que parecía despedazarse. Habían
perdido los instrumentos y no sabían ni siquiera donde se encontraban.
En medio de todo esto el capitán no hacía más que gritar y maldecir, gritando a
Dios y reprochándole todo lo que pasaba y que habían sido abandonados por Él.
Tomado firmemente del timón en la proa gritaba a los truenos, los relámpagos y el
cielo al saberse perdido.
En ese momento, un marinero dejó su puesto y corrió donde el capitán quien le
reprendió fuertemente en medio de la tormenta y la lluvia.
- "Por qué dejas tu puesto! Podemos perder el mástil", le gritó el Capitán.
A lo que el marinero contesta:
- "Lo sé señor! Pero hace mas de 10 minutos se vislumbra la luz del faro del
puerto!!! Pero usted no la ha visto por estar gritando."
Cuantas veces no vemos la ayuda de Dios por quejarnos constantemente de todo
lo que tenemos. No hacemos más que rechazar todo lo que tenemos.
Tal vez Dios no te de una vida sin tormentas, pero puede estar seguro de que
siempre, en medio de la más cruel y feroz tormenta que puedas imaginar, El
estará presente con su luz mostrándote el camino y recordándote que se
encuentra siempre a tu lado.
2 Corintios 4:6
Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que
resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la
gloria de Dios en la faz de Jesucristo.
Juan 8:12
Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no
andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida.
Tu Luz
Un sabio maestro, contó a sus discípulos la siguiente historia:
"... Varios hombres habían quedado encerrados por error en una oscura caverna
donde no podían ver casi nada. Pasó algún tiempo, y uno de ellos logró encender
una pequeña tea. Pero la luz que daba era tan escasa que aun así no se podía ver
nada. Al hombre, sin embargo, se le ocurrió que con su luz
podía ayudar a que cada uno de los demás prendieran su propia tea y así,
compartiendo la llama con todos, la caverna se iluminó".
Uno de los discípulos preguntó:
"Qué nos enseña, maestro, este relato?"
El Sabio contestó:
"Nos enseña que nuestra luz sigue siendo oscuridad si no la compartimos con el
prójimo. Y también nos dice que el compartir nuestra luz no la desvanece, sino
que por el contrario la hace crecer."
Mateo 5:14 "Vosotros sois la luz del mundo: una ciudad asentada sobre un monte
no se puede esconder."
Juan 8:12 "Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me
sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida."
El hombre de las manos atadas
Objetivo: Realizar un examen de nuestra vida, buscando aquellas esclavitudes
que nos impiden realizarnos plenamente como personas, según la voluntad de
Dios nuestro Padre.
Narración:
Érase una vez un hombre como todos los demás, un hombre normal. Una vez
llamaron repentinamente a su puerta. Cuando salió se encontró a sus enemigos.
Ellos le ataron las manos. Le dijeron que así era mejor, que así, con sus manos
atadas, no podría hacer nada malo ( se olvidaron de decirle que tampoco podría
hacer nada bueno ). Y se fueron dejando un guardián en la puerta para que nadie
pudiera desatarlo.
Al principio se desesperó y trató de romper las ataduras. Cuando se convenció de
lo inútil de sus esfuerzos, intentó poco a poco acomodarse a su nueva situación.
Lentamente consiguió valerse a sí mismo para seguir subsistiendo con las manos
atadas. Inicialmente le costaba hasta quitarse los zapatos, pero luego empezó a
olvidarse de que antes tenía las manos libres.
Pasaron muchos años. Su guardián le comunicaba día a día las cosas malas que
hacían en el exterior los hombres con las manos libres ( se le olvidaba decirle las
cosas buenas que hacían en el exterior los hombres con las manos libres ).
Pasaron muchos, muchísimos años... Un día, sus amigos sorprendieron al
guardián, entraron en la casa y rompieron las ligaduras que ataban las manos del
hombre.
“Ya eres libre”, le dijeron.
Pero habían llegado demasiado tarde. Las manos del hombre estaban totalmente
atrofiadas.
Preguntas para el diálogo:
1. ¿ En qué te hace pensar esta reflexión ?
2. ¿ Cómo interpretas esta parábola ?
3. ¿ Cómo la relacionas con la vida del hombre ?
4. ¿ Te sientes identificado con ella ? ¿ Por qué ?
5. ¿ Cómo podemos liberarnos de nuestras esclavitudes personales ?
6. ¿ Qué lugar ocupa Dios en esta liberación ?
Carta Anónima
Objetivo: Reflexionar sobre el sufrimiento y su significado para el cristiano.
Narración:
Yo había pedido a Dios la fuerza, para alcanzar el éxito, pero El me hizo débil a fin
de que aprendiera humildemente a obedecer.
Yo había pedido el poder, para ser apreciado por los hombres, pero me dio la
debilidad para que experimentara la necesidad de El.
Yo había pedido un compañero, para no vivir en soledad, pero me dio un corazón
para que pudiera amar a todos mis hermanos y hermanas.
Yo había pedido cosas que pudieran gozar mi vida, pero he recibido la vida, para
que pudiera gozar de todas las cosas.
Yo no he obtenido nada de lo que había pedido, pero he recibido todo cuanto
había esperado.
Casi a pesar de mí mismo, mis
plegarias informuladas han sido escuchadas. Yo soy, entre los hombres, el más
ricamente colmado.
Preguntas para el diálogo:
1. ¿ En qué te hicieron pensar estas reflexiones ?
2. ¿ Qué frase te impacto más ? ¿ Por qué ?
3. ¿ Cómo describirías la situación del personaje ?
4. ¿ Te sientes identificado de alguna manera con él ? ¿ Por qué ?
5. ¿ Cómo reaccionas ante el sufrimiento ?
6. ¿ De donde viene el sufrimiento ?
7. ¿ Tiene sentido sufrir ?
8. ¿ Te sentirías útil aún estando enfermo y postrado ?
EL CARPINTERO
No hace mucho tiempo, dos hermanos que vivían en granjas adyacentes cayeron
en un conflicto. Este fue el primer conflicto serio que tenían en 40 años de cultivar
juntos hombro a hombro, compartiendo maquinaria e intercambiando cosechas y
bienes en forma continúa.
Esta larga y beneficiosa colaboración terminó repentinamente. Comenzó con un
pequeño malentendido y fue creciendo hasta llegar a ser una diferencia mayor
entre ellos, hasta que explotó en un intercambio de palabras amargas seguido de
semanas de silencio.
Una mañana alguien llamó a la puerta de Luis. Al abrir la puerta, encontró a un
hombre con herramientas de carpintero. “Estoy buscando trabajo por unos días”,
dijo el extraño, “quizás usted requiera algunas pequeñas reparaciones aquí en su
granja y yo pueda ser de ayuda en eso”.
“Sí”, dijo el mayor de los hermanos, “tengo un trabajo para usted. Mire, al otro lado
del arroyo, en aquella granja, ahí vive mi vecino, bueno, de hecho es mi hermano
menor”.
“La semana pasada había una hermosa pradera entre nosotros y él tomó su
buldózer y desvió el cauce del arroyo para que quedara entre nosotros”.
“Bueno, él pudo haber hecho esto para enfurecerme, pero le voy a hacer una
mejor. ¿Ve usted aquella pila de desechos de madera junto al granero?”
“Quiero que construya una cerca, una cerca de dos metros de alto, no quiero verlo
nunca más.”
El carpintero le dijo: “Creo que comprendo la situación. Muéstreme donde están
los clavos y la pala para hacer los hoyos de los postes y le entregaré un trabajo
que lo dejará satisfecho.”
El hermano mayor le ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y dejó la
granja por el resto del día para ir por provisiones al pueblo.
El carpintero trabajó duro todo el día midiendo, cortando, clavando.
Cerca del ocaso, cuando el granjero regresó, el carpintero justo había terminado
su trabajo. El granjero quedó con los ojos completamente abiertos, su quijada
cayó.
No había ninguna cerca de dos metros; en su lugar había un puente. Un puente
que unía las dos granjas a través del arroyo. Era una fina pieza de arte, con todo y
pasamanos.
En ese momento, su vecino, su hermano menor, vino desde su granja y
abrazando a su hermano le dijo: “Eres un gran hombre, mira que construir este
hermoso puente después de lo que he hecho y dicho”.
Estaban en su reconciliación los dos hermanos, cuando vieron que el carpintero
tomaba sus herramientas. “¡No, espera!”, le dijo el hermano mayor, “quédate unos
cuantos días. Tengo muchos proyectos para ti”.
“Me gustaría quedarme” dijo el carpintero, “pero tengo muchos puentes por
construir.”
1Pedro 3:8-9 “Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos
fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni
maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis
llamados para que heredaseis bendición. ”
1Pedro 1:22 “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad,
mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros
entrañablemente, de corazón puro;”
Juan 13:14 “Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros
también debéis lavaros los pies los unos a los otros.”
Lucas 6:31 “Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también
haced vosotros con ellos.”
NO SIEMPRE FUI LA TAZA DE TE
Una pareja solía viajar a Inglaterra y comprar en una hermosa tienda de
antigüedades. Este viaje celebraba su XXV aniversario de bodas. A ambos les
gustaban las antigüedades y los objetos de arcilla, en especial las tazas de té.
Notando una taza excepcional, preguntaron:
“¿Pudiéramos ver esa? Nunca hemos visto una tan hermosa”.
Mientras que la señora se las pasaba, de repente la taza de té habló: “Ustedes no
entienden”, dijo. “No siempre fui una taza de té. Hubo un tiempo en que solo era
un pedazo de arcilla roja. Mi maestro me tomó y me amasó, me golpeó y me dio
palmaditas, una y otra vez, hasta que grité: ¡No hagas eso. No me gusta! Déjame
en paz”. Pero él tan solo se sonrió y suavemente me dijo: “¡Todavía no!”
“Entonces, ¡WHAM! Fui colocada en una rueda giratoria y de repente comencé a
dar vueltas y vueltas y vueltas. ¡Detente! ¡Me estoy mareando! ¡Me voy a
enfermar!” Pero el maestro tan solo asintió y dijo quedamente: ‘Todavía no’. Mi
siguió dando vueltas y me hizo agujeros y me dobló y volvió a doblarme a su gusto
y entonces… ¡me puso en el horno! Nunca había sentido tanto calor. Grité y
golpeé la puerta con fuerza. ¡Ayúdenme! ¡Sáquenme de aquí! Podía verlo a través
de la apertura y podía leer sus labios mientras meneaba su cabeza. “Todavía no”.
“Cuando pensaba que no podría soportar otro minuto, se abrió la puerta.
Cuidadosamente me sacó y me puso en la mesa y comencé a enfriarme. ¡Oh, eso
se sentía tan bien! Esto está mucho mejor de lo que pensé. Pero, tras de
enfriarme, me tomó y me pasó la brocha pintándome por todos lados. Los vapores
eran horribles. Pensé que me iba a ahogar. “¡Oh, por favor, détente, détente!”
grité. Él sólo movió su cabeza y dijo: “Todavía no”.
“Entonces, de repente, me puso nuevamente en el horno. Sólo que no fue como la
primera vez. Esta vez estuvo el doble de caliente y simplemente supe que me iba
a sofocar. Rogué, grité, lloré. Estaba convencida de que nunca lo lograría. Estaba
lista a rendirme. Justo entonces se abrió la puerta y me sacó de nuevo y me puso
en la mesa en donde me enfrié y esperé… y esperé, preguntándome qué era lo
próximos que me iba a hacer. Una hora más tarde, me pasó un espejo. Me dijo:
“Mírate”. Y lo hice.
Dije: “Esa no soy yo; no puedo ser yo. Es hermosa. ¡Soy hermosa!” Suavemente
habló: “Quiero que recuerdes. Sé que dolió ser golpeada y rodada, pero si te
hubiera dejado sola, te hubieras secado. Sé que te mareaste al dar vueltas en la
rueda, pero si lo hubiera detenido, te
habrías derrumbado. Sé que te dolió cuando estabas caliente e incómoda en el
horno, pero si no te hubiese puesto allí, te hubieras rajado. Sé que los vapores
eran malos cuando terminé de pintarte y te puse allí, pero si no lo hubiese hecho,
nunca te hubieses endurecido. No hubieras tenido color alguno en tu vida. Si no te
hubiera puesto por segunda vez en el horno, no hubieras sobrevivido mucho
porque tu dureza no habría durado. ¡Ahora eres un producto terminado! Ahora
eres lo que tenía en mente cuando comencé contigo”.
Moraleja: Dios sabe lo que está haciendo (a cada uno de nosotros). Él es el
alfarero y nosotros somos Su arcilla. Él nos moldea y nos hace, nos expone a
suficientes presiones del tipo adecuado para que podamos convertirnos en la
pieza de arte perfecta que cumpla Su voluntad buena,
agradable y perfecta.
Así que, cuando la vida parezca difícil, y estamos siendo golpeados y empujados
casi al borde de nuestra capacidad para resistir; cuando nuestro mundo parece
estar girando sin control; cuando nos sentimos en el horno de la prueba; cuando la
vida parece “heder”, intente esto: hágase una
taza de su té favorito en su tacita más bonita, siéntese y piense en esta historia y,
entonces, ¡tenga una conversacioncita con el Alfarero!
Enviado por Lupe Alba
¡Qué equivocación la vuestra!¿Es acaso el alfarero como el barro,para que lo que
está hecho diga a su hacedor: El no me hizo;o lo que está formado diga al que lo
formó: El no tiene entendimiento? Isa 29:16
¡Ay del que contiende con su Hacedor!¡Ay del que no es más que un tiestoentre
los tiestos de la tierra!¿Acaso el barro le reclama al alfarero:«¡Fíjate en lo que
haces!¡Tu vasija no tiene agarraderas!»? Isa 45:9
Y la vasija de barro que estaba haciendo se echó a perder en la mano del alfarero;
así que volvió a hacer de ella otra vasija, según le pareció mejor al alfarero
hacerla. Jer 18:4
LOS EXPERTOS NO SIEMPRE TIENEN LA RAZÓN
Bo Jackson, el prodigioso atleta que alcanzó la excelencia en el fútbol americano y
el béisbol profesional, tuvo que luchar con gran cantidad de veteranos
experimentados que por experiencia “sabían” que a nadie le sería posible triunfar
en dos deportes. “ Te acuerdas de Gene Conley, Danny Finge y Dave De
Busschere?, le decían a Bo. “ Ellos trataron de dedicarse a dos deportes
profesionales y tuvieron que renunciar a uno”.
La respuesta de Bo? “ Siempre nos encontramos con personas que tratan de
dirigir nuestra vida y decirnos qué podemos y qué no podemos hacer. Esto no está
bien. Uno simplemente tiene que hacer lo que pueda y no debe preocuparse por lo
que digan los demás”. Bo les pudo demostrar a los veteranos su equivocación
triunfando tanto en el fútbol como en el béisbol.
Con Dios siempre hay sorpresas. Una de las cosas que más me sorprende de
Dios es que no lo podemos meter en una caja. Cuando una vida se pone en las
manos de Dios, él puede llevarlo a ocupar posiciones que nunca nadie imagino y a
abrirle puertas que nadie le abrió. Lo importante es saber que si confiamos en
Dios y cree en los dones que él ya nos ha dado, podemos ir adelante no importa lo
que diga la experiencia de otros, ni la cultura ni nuestro trasfondo familiar. Con
Dios cada día es una nueva aventura.
Los expertos no siempre tienen la razón..Dios siempre la tiene.
¿De quién te asustaste y temiste, que has faltado a la fe,y no te has acordado de
mí ni te vino al pensamiento? Isa 57:11
Hombre, él te ha declaradolo que es bueno, lo que pide Jehová de ti: solamente
hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios.Miq 6:8
Entonces, respondiendo Jesús, dijo: –¡Mujer, grande es tu fe! Hágase contigo
como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.Mat 15:28
ORAR ES INSISTIR
Un estudio conducido por la National Retail Dry Goods Association señala que los
primeros intentos sin éxito llevan a casi la mitad de los vendedores a cierto
fracaso. Ponga atención:
48 por ciento de los vendedores hacen una llamada y desisten.
25 por ciento de los vendedores hacen dos llamadas y desisten.
15 por ciento de todos los vendedores hacen tres llamadas y desisten.
12 por ciento de todos los vendedores insisten e insisten e insisten e insisten.
Ellos hacen el 80 por ciento de todas las ventas.
Insistencia es un resorte que nos impulsa al gran salto de las nuevas
oportunidades. Son muchos los que se han quedado frustrados en el camino,
cuando en realidad había delante de ellos la oportunidad más grande de su vida.
Insista, insista e insista porque muy pronto la puerta se te abrirá.
Perverancia es una semilla que cuando germina produce uno de los árboles más
frondosos de la vida.
Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto
retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia. Lucas 8:15
Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello
con toda perseverancia y súplica por todos los santos. Efesios 6:18
LOS TRES ARBOLES
Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas que da su fruto en su
tiempo” Sal 1:3
Una vez habían tres pequeños árboles en la cima de una montaña y cada uno
expresó lo que quería ser cuando grande. El primero dijo: Yo quiero ser un cofre
para guardar tesoros, quiero ser recubierto de oro y contener el más grande tesoro
del mundo. El Segundo mirando un arroyo que corría al océano dijo: “Yo quiero
ser una fuerte embarcación que lleve reyes y poderosos por el Océano.
El tercer pequeño árbol mirando al valle donde una pequeña ciudad contenía
gente muy ocupada dijo: “Yo no quiero salir de la montaña, quiero se un árbol
muy grande de manera que la gente que me mire a mi, mire al cielo donde está
Dios.
Pasaron los años y un día tres leñadores subieron a la montaña y el primer
leñador miró el primer árbol y dijo, que buen árbol, perfecto para mi y de un
hachazo lo derribó y el primer árbol dijo llegó el momento de ser Cofre. El
segundo leñador derribó al segundo árbol y este dijo: Llegó el momento de ser
una gran embarcación. El tercer leñador miró el tercer árbol y este se irguió ante
el bosque, pero en vano, él también fue derribado.
El primer leñador llevó al primer árbol y lo convirtió en una caja para poner heno y
alimentar animales en la granja, el segundo leñador convirtió al segundo árbol es
una sencilla embarcación de pescadores y lo puso en un pequeño lago. El tercer
leñador corto el tercer árbol en vigas fuertes y lo puso en un deposito y el tercer
árbol confundido dijo: No entiendo para que me cortó y me abandonó aquí.
Cuando los árboles habían olvidado sus sueños, un día una joven hermosa tomo
la caja de heno y deposito en ella a su hermoso hijo recién nacido y cuando los
ángeles cantaron la caja dijo: OH, al fin yo tengo el tesoro más grande del
mundo. Al correr los años un día un viajero cansado entro en la pequeña
embarcación hecha con el segundo árbol y mientras atravesaban el lago una gran
tempestad casi parte la embarcación, pero el viajero cansado que dormía en ella
se levantó y dijo: Paz y la tempestad desapareció y el segundo árbol dijo: Oh, al
fin yo llevó al Rey del Universo.
Un Viernes por la mañana alguien retiró las vigas fuertes del tercer árbol, él tercer
árbol se estremeció ante una multitud que gritaba y en una horas un hombre fue
clavado encima de él. No lo entendía, pero el Domingo en la mañana cuando el
sol salió y la gloria resplandeció en una resurrección, él comprendió que si era el
árbol más grande y que ahora al mirarlo a él, mirarían a Dios .
Señor, Hoy quiero ser instrumento en tus manos y sabrás cuando y como usar mi
vida para cumplir tus propósitos en mi. Ayúdame a serte fiel hasta la muerte . Oh,
Señor se que tienes para mi un propósito y en ese propósito yo quiero vivir.
Amén.
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