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inmersión y desarrollo”. En: UPN, Construcción social del conocimiento y teorías educativas.
México, UPN-SEP, 1994. pp. 128-132
Bordieu P. Elementos para una critica “vulgar” de las criticas “puras”. La distinción criterio y
bases sociales del gusto. Madrid, Taurus, 1988. pp. 459-513.
GLOSARIO
BLOQUE I
P. Thuillier. Filosofía de la ciencia o epistemología. En: J.M. Mardones y
N. Ursua Filosofía de las ciencias humanas y sociales. Ed. Fontamara,
México, 1993.
INTRODUCCIÓN A LA EPISTEMOLOGÍA1
P. Thuillier2
¿Cómo se construye una teoría científica? ¿Cuál es el papel, en la práctica científica,, del
contexto ideológico y social? A preguntas de este género tratan de responder los
epistemologos; su fin es estudiar la génesis y la estructura de las ciencias, desde un punto
de vista lógico y también histórico y sociológico. Estas investigaciones conocen desde
algunos decenios un importante desarrollo. Pero no existe un cuadro común donde se
articules armónicamente todos los trabajos lógicos, de historiadores y de sociólogos de las
ciencias. Su colaboración, pese a que ciertas dificultades tienen a desaparecer, se enfrenta a
diversos obstáculos.
A este estado de cosas se le dan varias explicaciones. En primer lugar, la epistemología esta
considerada como una disciplina filosófica con un status marginal en relación con la gran
historia. Esto repercute sobre el plano intelectual y sobre el plano institucional: estas
enseñanzas tienen un inseguro lugar con los literatos y casi ninguno con los científicos. A
lo que es necesario añadir, naturalmente que el mundo científico en general sufre de
1
P. Tuhillier Filosofía de las ciencias humanas y sociales. E. Fontarama, México , 1993.
2
P. TUHILLIER. Nació en 1932. enseña epistemología e historia de las ciencias en la Universidad de Nanterre (Paris). Pertenece a la redacción de la revista La Recherche y colabora en la revista Atomes. En castellano
se puede leer su libro: La manipulación de la ciencia, Fundamentos, Madrid, 1975 p
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Introducción a la Epistemología
¿QUÉ ES LA EPISTEMOLOGÍA?
El simple hecho de que dudamos entre dos denominaciones es revelador: ora decimos
epistemología (que es una palabra con aspecto serio, científico), ora hablamos de filosofía
de las ciencias (que pareced más “literario” y despierta la desconfianza). El concepto de
epistemología es de hecho empleado de diversas maneras: según el país y para lo se use,
sirve para designar una teoría general del conocimiento (de naturaleza filosófica), o bien
para estudios mas pormenonzados sobre la génesis y la estructura de las ciencias. Sin entrar
en una discusión detallada, precisemos, al menos, lo que la esta simplificación no se
beneficiará de la aprobación de la epistemòlogos. No es el reflejo de una ortoxia, no
pretende descubrir <la verdad> de la epistemología. Es únicamente un intento de análisis.
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Delante de este propósito, se comprende que los científicos tengan una actitud de
desconfianza; el imperialismo de la filosofía les parece insoportable. Es mejor entonces no
hablar de «filosofía de las ciencias», esta expresión puede reforzar cienos contrasentidos.
Debe estar claro que los epistemòlogos no quieren luchar contra los científicos en su
terreno: no es su papel el imponer a los físicos o a los biólogos unos métodos y, menos
todavía, unos resultados… en una primera aproximación, la epistemología general se
propone estudiar la producción de conocimientos científicos bajo todos sus aspectos:
lógico, lingüísticos, histórico, ideológico, etc. Este proyecto es quizás demasiado ambicioso
y difícil de realizar; pero corresponde a objetivos específicos que no son aquellos de las
ciencias ya constituidas. De este modo, el epistemologo puede analizar la noción de
explicación científica. Nada dice, evidentemente, que las modalidades de la explicación
sean las mismas en todas las disciplinas: no es seguro, a priori que la microfísica constituya
un saber que funcione como el de un paleontólogo, el de un ecólogo o el de un demógrafo.
Pero es esto, precisamente lo que corresponde investigar.
De la misma manera, es posible interrogarse sobre los usos 8implicitos o explícitos) de las
nociones de «experimentación », de «Verificación». Dado que las ciencias nacen y
evolucionan en circunstancias históricas determinadas, el epistemologo se preguntará
también son las relaciones que pueden existir entre la ciencia y la sociedad, entre la ciencia
y las instilaciones científicas, entre la ciencia y las religiones, o entre las diversas ciencias.
Más generalmente, los científicos ¿poseen una definición precisa de lo que es una ciencia?
Nada es menos seguro. Los científicos hacen las ciencias; y después de discusiones, se
ponen de acuerdo en el valor de determinados resultados. Pero la «ciencia» no está definida
de una vez por todas. No solamente hay incertidumbres, en una época determinada, sobre la
cientificidad de cienos enunciados, sino que la lista de «Verdaderas»ciencias esta por
determinar. Así el valor del psicoanálisis es muy diversamente apreciado, igual que el de la
historia. En un reciente epistemológico, Paul Veyne declara: «La historia no es una ciencia
y no tiene mucho que esperar de las ciencias, la historia no explica y no tiene método»,
incluso en las ciencias «Fuertes », encontraríamos diferentes status. La física, por ejemplo,
parece beneficiarse de un prestigio particular (historicamente muy comprensible); de
manera más o menos confesada, la física ha servido y sirve todavía de «ciencia modelo».
Por consiguiente seria necesario analizar todos los índices y documentos con el fin de
proponer un balance provisional pero razonado.
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los servicios de lógicos, lingüistas, historiadores, sociólogos, y de sicólogos, así como a los
de aquellos científicos cuyas actividades son tomadas directamente son tomadas
directamente como objeto de estudio. Seguramente, hasta la epistemología considerada
«general») exige una cierta competencia en materia de ciencia; pero la epistemología no
pretende ni repetir ni remplazar a la ciencia, en un sentido accesorio, conviene decidir si la
epistemología debe estar hecha por «literatos» que tengan un mínimo de formación
científica o por «científicos»que los en posesión de una formación filosófica, con una
enseñanza realmente pluridisciplinaria donde «literatos» y «científicos»no estuvieran
separados por barreras de todas clases (mentales y también institucionales), esta cuestión
perdería mucho de su importancia.
Para mantener que la epistemología no tiene objeto, sería necesario admitir que los
científicos son conscientes de todos los factores (sociales, políticos, culturales, ideológicos)
implicados en su práctica. Ahora bien, hay excelentes razones para pensar que no es así
(…) el científico no es un ser “racional” y “consciente” en su totalidad de quien todos los
propósitos y gestos serian «objetivos», de quien todos los presuntos serian perfectamente
conocidos y explícitos, cuyo “método” sería transparente y protegido contra toda influencia
perturbadora.
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Por grande que sea su desea de objetividad, el investigador no se desembaraza de una vez
por todas de sus creencias y de sus prejuicios, de todas las imágenes o hábitos transmitidos
y, más o menos directamente, impuestos por la soledad. (La idea de un “partir de cero” es
sin duda, como veremos, un mito) Copèrnico opera una revolución en astronomía, pero
permanece convencidote que el movimiento circular es el movimiento natural de los
cuerpos celestes. Lavoisier crea la química moderna, pero èl cree en lo calórico. Y. en lo
concierne al “método científico” el mismo Newton ha dado de sus propias actividades de
investigación una interpretación inadecuada. Por retomar los términos de Feyerabend,
Newton formulo una ideología dogmática que no corresponde a la práctica de la
investigación, que es crítica. Prácticamente, las ciencias ponen en obras y criterios que son
más complejos y menos explícitos, que no entender las “metodologías” abiertament6e
encomiadas o aceptadas por los científicos.
El filósofo Ayer, por ejemplo, parece tener razón al apuntar que las resistencias encontradas
por las teorías de Bohr eran “tan filosofìcas como cientificas”. Mario Bunge, que es a la vez
profesor de física teórica y de filosofía, insiste por su lado sobre las diferentes clases de
tests que sufren las teorías, y entre otros sobre los tests filosóficos: “Si no los mencionamos
siempre, es por pudor filosófico:_porque la filosofía declarada de los sabios es el
empirismo, aunque la traicionen desde que comienza a construir teorías y aplicarlas a la
planificación de experiencias, ya que toda teoría es un conjunto infinito (y ordenado) de
proposiciones que excede a la experiencia”.
1
Otras partes de la teoría de la ciencia que son epistemología son, por ejemplo, la sociología de la ciencia o la historia de la ciencia.
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Es necesario anotar que algunos psicólogos, como Jean Piaget, usan el término
epistemología en un sentido bastante diferente al que empleamos aquí: no tanto como el
estudio de la validez del conocimiento sino como estudio de su génesis en las mentes
individuales, especialmente en los niños. No obstante, en alguna medida los dos conceptos
se compenetran entre si, ya que el desarrollo de las mentes individuales procede en mucho
de manera análoga al descubrimiento original de las ideas por la humanidad, de tal modo
que algunos autores han señalado un paralelismo entre el surgimiento del conocimiento en
el individuo y en la especie.
Es importante tener cuidado de distinguir la epistemología de las disciplinas próximas de la
lógica y la psicología. Las tres disciplinas tienen que ver con el conocimiento, pero desde
punto de vista diferentes. La psicología examina al ser cognoscente en su calidad de ente
psicofísico; por su parte, la lógica estudia en sus partes y relaciones, buscando establecer
los principios formales del conocimiento. Corresponde en cambio a la epistemología la
clarificación del conocimiento como relación de un sujeto y un objeto; en particular, la
dilucidación de la correspondencia del pensamiento con la realidad a la que este se refiere.
Las cosas que vemos y tocamos son copias imperfectas de las formas puras estudiadas en
las matemáticas y la filosofía. Por consiguiente, sólo el razonamiento abstracto de esta
disciplina lleva al verdadero conocimiento, mientras que la confianza en la percepción de
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los sentidos produce opiniones vagas e inconsistentes coincide con Platón en considerar el
conocimiento abstracto como superior a cualquier otro, pero se diferencia en el método
adecuado para alcanzarlo. Aristóteles mantiene que casi todo el conocimiento se deriva de
la experiencia. Se obtiene bien directamente, abstrayendo los rasgos definitorios de una
clase, o indirectamente, deduciendo nuevos hechos de los ya conocidos, de acuerdo con las
reglas de la lógica. ¿Cuál es la relación entre el conocimiento en la persona o su mente y el
objeto de su conocimiento? La respuesta de Aristóteles es una de sus más enigmáticas
afirmaciones: “El conocimiento real es idéntico a su objetivo”.
Después de muchos siglos en que decae el interés por el conocimiento racional y científico,
el filosofo escolástico Tomás de Aquino y otros filósofos de la Edad Media ayudaron a
restablecer la confianza en la razón y la experiencia, mezclando los métodos racionales con
la fe en un sistema unificado de creencias. Desde el siglo XVII hasta finales del XIX, la
principal cuestión de la epistemología fue la utilidad de la razón frente a la percepción de
los sentidos como vías para el conocimiento. Para los racionalistas, entre cuyos principales
valedores encontramos a Descartes, Spinoza y Leibniz, la fuente principal y la prueba final
del conocimiento es el razonamiento deductivo basado en principios auto-evidentes, o
axiomas. Para los empiristas, empezando por los filósofos inglese Francis Bacon y John
Locke, la fuente principal y la prueba final del conocimiento es la percepción de los
sentidos.
Epistemología en el siglo XX
A principios del siglo XX, los problemas epistemológicos fueron ampliamente discutidos, y
surgieron diferentes escuelas rivales. Se prestaba especial atención a la relación entre el
acto de percibir algo, el objeto directamente percibido y lo que puede decirse que se conoce
como resultado de esa percepción durante el siglo XX se forjan tres modelos básicos de
interpretación del conocimiento científico: El Empirismo Lógico, el Socio- historicismo
Humanista, y el Racionalismo Critico. El empirismo inductivo – bajo cánones identificados
con la palabra positivismo- se convierte en la más influyentes interpretación del
conocimiento científico en el siglo XX, reaccionado contra el conocimiento especulativo y
propugnando el conocimiento riguroso, sometido a reglas de validación fundadas en la
experiencia constatable.
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En los años cuarenta se desarrolla una forma de transición que se aparta del positivismo,
pero sin abandonar el énfasis en la estructura lógica de los enunciados científicos,
introducido por aquel: se trata de la filosofía de la ciencia de Kart Popper y sus seguidores
que rechaza la idea de una lógica de la confirmación (o lógica inductiva) característica de
los neopositivistas. En vez de la confirmación, se insiste en la refutación de teorías, que
deben demostrar su temple sobreviviendo al intento de probar que sean falsas.
Ya desde las primeras declaraciones del Círculo de Viena, hubo críticas de corte
racionalista a las tesis empírico-inductivas de esa escuela. El más importante representante
de estas criticas, el filosofo austriaco Kart Popper, publica su famosa Lógica de la
investigación científica en 1934, cuando la tesis de Viena están en pleno desarrollo. Popper
empezó a ser verdaderamente considerado a partir de 1960, convirtiéndose, probablemente,
en el filósofo de la ciencia que mayor influencia ha tenido en las investigaciones y
metodologías de numerosos científicos.
Popper sostiene una posición todavía dentro de la corriente formalista lógica pero reacciona
en forma intensa contra la posición neopositivista. Básicamente rechaza la idea
epistemológica de que podemos llegar a confirmar la verdad de una hipótesis o teoría
gracias a su repetida verificación. Con argumentos estrictamente lógicos, basados en el
contraste entre el modus poniendo ponens y el modus tollendo tollens, muestra còmo
cualquier cantidad de observaciones confirmadoras de una hipótesis no bastaría para
hacérnosla aceptar como verdadera, mientras que una sola observación refutadota bastaría
para habérnosla abandonar como falsa. Al examinar este asunto, procede a ratificar la
imposibilidad de tener una lógica inductiva, ya demostrada por el filosofo David Hume.
Con motivo de toda su argumentación, el autor realiza una elucidación de términos muy
importantes en filosofía de la ciencia, como son los enunciados universales y enunciados
existenciales. Culmina su razonamiento con la tesis, muy importante para su postura
epistemológica, de que en realidad en ciencia no podemos llegar a saber con propiedad
nada: solo podemos conjeturar. Esta conclusión debe tomarse con cuidado, sin embargo. El
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autor no pretende con eso dar base para que nos sintamos en libertad de aceptar cualquier
clase de conjetura: el método científico, que implica el intento redoblado de los científicos
de demostrar que sus propias teorías- a las ajenas- son las falsas, los garantiza que las
conjeturas que sobreviven el embate han demostrado su temple. Solo estas conjeturas son
las que debemos aceptar.
Contra estos dos element6os comunes habrá, a partir de los años sesenta, una sólida
reacción que comienza con el libro “La estructura de las revoluciones científicas”, del físico
Thomas S. Khum, continua con otro texto critico: “Contra el mètodo2 de Paul Feyerabend,
asì como con varios autores, entre ellos Imre Lakatos y Larry laudan y sigue con la llamada
Escuela de Frankfurt, cuyas tesis van más allá de una epistemología y cuya manifestación
más elaborada es la teoría de la acción comunicativa, de Jûrgen Haberlas. Aquí solo
ilustraremos dos de los autores citados, el caso de Thomas Kuhn y Larry laudan.
En los años sesenta se introduce un nuevo periodo, con la obra de Thomas Kuhn, que
cambia el énfasis desde la estructuración lógica de los enunciados científicos hacia las
vicisitudes históricas de estos mismos enunciados. Lo importante ahora pasa a ser, no la
confirmación o la refutación, sino la fidelidad a paradigmas científicos o su abandono. Un
paradigma científico, de acuerdo con Thomas Kuhn, es un logro científico de gran
importancia que cambia la manera de hacer ciencia de los practicantes de las disciplinas
afectadas. Ejemplos son la teoría de Copèrnico y su influencia de practicar la astronomía, o
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Esta posición entraña la predicción de que los científicos abandonarán una hipótesis o
teoría siempre se encuentre un caso en contrario o deje de cumplirse una predicción. Si
ahora la consideramos a ella misma como una teoría, y si la predicción es que los
científicos abandonan sus teorías cuando encuentran casos en contrario, resulta, segur
Thomas Kuhn, que deberíamos rechazar la doctrina de Popper en nombre de ella misma.
En efecto, Kuhn nos presenta en su libro Thje Structure of Scientific Revolutions gran
cantidad de ejemplos, sacados de la historia de la ciencia, ven que los científicos no aceptan
los casos en contrario como refutación de sus teorías, sino más bien las defienden contra
ellos de mil maneras distintas; la más simple es considerarlos como simples anomalías,
dejándolos en suspenso para estudio posterior. Kuhn toma esto como base para elaborar una
teoría de la ciencia alternativa, que en vez de basarse en el análisis lógico de los enunciados
científico- como los positivistas o Popper- descansa más bien en la observación de los
fenómenos de la ciencia y en la práctica real de la vida científica.
Kuhn sostiene que las tesis científicas no se superan unas a otras mediante procesos de
verificación ni de falsaciòn, sino que cambian en virtud de la crisis y pérdidas de fe en un
determinado paradigma científico, y que esto depende mucho más de variables socio
históricas que de los procesos del conocimiento en sí mismos. Feyerabend define una
versión más radical que, dado que no existen el método, cada cual puede usar el que quiera
(principio de “todo vale” y postulación del “anarquismo epistemológica”). La Escuela de
Frankfurt no es anti-racionalista, aunque i antianalitica y social histórica, pariendo de los
conceptos marxista de “dialéctica” y “materialismo histórico”.
Uno de los problemas fundamentales que trata Laudan es el de la formación del consenso
científico. Para esta autor el problema es bastante complejo, porque existen niveles de
conocimiento en la posición científica que es necesario distinguir; el nivel de los hechos, el
de las reglas metodológicas y el de los valores cognoscitivos; forman una jerarquía, donde
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los valores cognoscitivos dominan a las reglas metodológicas y esta a los hechos. El
consenso puede referirse a cualquiera de estos niveles y normalmente los desacuerdos en un
nivel se solucionan ascendiendo a otro nivel en que no hay desacuerdo. Esto nos llegaría a
postular que en el nivel supremo, el del valor cognoscitivo, no puede resolverse los
desacuerdos. Sin embargo, es mérito de este autor el haber señalado que existe un complejo
procesos de ajustes mutuos entre los niveles y su justificación reciproca: “la justificación
fluye hacia arriba tanto como hacia abajo, enlazando metas, métodos y aseveraciones de
hecho”.
Los casos de Paul Feyerabend, así como la postura de la escuela de Frankfurt, escapan a
esta breve caracterización de la Epistemología y por lo tanto, serán revisados más adelante
en el curso.
INTRODUCCIÓN A LA EPISTEMOLOGÍA
LA EPISTEMOLOGÍA
Pablo Cazua*
1. El concepto de epistemología
El termino “epistemología” tuvo y tiene significados. Nos limitaremos aquí a explicar uno
de ellos, hoy por hoy el más difundido y, por ello, el más importante, desde este punto de
vista, podemos definir escuetamente a la epistemología como la disciplina que estudia la
ciencia, entendida ésta en su doble aspecto de actividad (la investigación, la docencia, la
aplicación práctica) y de producto de esa actividad (el conocimiento científico). Los
primeros estudios epistemológicos figuran en la obra de Aristeles, y se extienden hasta
nuestros días con múltiples variantes e innovaciones.
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para examinar si está procediendo bien o mal con su paciente: se trata de un control
epistemológico, puesto que el psicólogo “controlador” ya no estudia la conducta del
paciente sino cómo hace su psicólogo para comprenderla y cómo diseña su estrategia de
diagnostico y de curación.
Así como hay una carera y una profesión institucionalizada de física, de biología, de
autonomía o de psicología donde uno puede ser Licenciado, Doctor, etc., no ocurre lo
mismo respecto de la epistemología. En general no hay una carrera donde uno se reciba de
Licenciado en Epistemología, ni vemos por la calle chapas que digan “Juan Pérez –
Epistemologo”, y sólo está institucionalizada a nivel de asignatura, no de carrera. Muchas
de estas últimas incluyen, en efecto, materias como “Epistemología”, “Metodología de la
ciencia”, etc. Si hoy decimos que alguien es epistemologo, en realidad es un epistemologo
aficionado, y no en un sentido peyorativo. Muchos epistemòlogos son o fueron filósofos o
científicos: Gastòn Bachelard comenzó siendo químico, Thomas Kuhn o Mario Bunge
comenzaron siendo físicos, y tros no abandonaron su actividad central de científicos pero
tuvieron inquietudes epistemológicas. En Freíd, por ejemplo, es posible identificar párrafos
epistemologòs, donde suspende momentáneamente el examen de la realidad psiquica para
indagar su propio conocimiento de esa realidad, explicando muchas veces, por ejemplo,
cómo han de construirse las teorías científicas. De manera que la epistemología es ante todo
un rol, una actitud. Un científico actúa como epistemologo en la medida que autoexamina,
critica, analiza su propia ciencia, sus propios métodos preguntándose por ejemplo si está
procediendo bien o mal, “científicamente” hablando.
2. Dimensiones de la epistemología
de millones de células que son usted durante un tiempo”, como alguna vez leí en alguna
parte. Incluso fuera de la ciencia, todo ser humano siempre ve al hombre desde su punto de
vista, y es así que para un colectivero será, por ejemplo, una porción de materia que ocupa
un lugar en el pasillo.
Para decirlo en un vocabulario más técnico: muchas ciencias comparten la misma “región
óntica”, es decir se ocupan del mismo ene, pero diferente en sus “regiones oncológicas”,
esto es, en la forma de encarar su estudio. La epistemología descriptiva testimonia estas
diferentes maneras de estudiar la realidad.
Desde esta perspectiva, la epistemología estudia todo aquel conocimiento que intenta ser
valido o justificado en base a ciertos procedimientos llamados científicos, como así también
estudiar estos mismos procedimientos un poco “desde afuera” de la ciencia. Ejemplo: un
cuerpo cae “porqué” hay una fuerza de atracción gravitacional (primer porqué); la teoría de
la fuerza gravitacional es cierta ”porque” asa lo han demostrado muchos experimentos
(segundo porqué); y finalmente, los científicos han intentado verificar la teoría
gravitacional de tal o cual manera “porqué” es el modo de verificación impuesto por la
cosmovisión de la época, o “porqué” los científicos entienden las teorías como modelos
aproximados de la realidad y entonces las comprobaciones deben ser empíricas, etc. (tercer
porqué).
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En suma. Tan bien se puede explicar la ciencia diciendo que es el producto de una
interpretación que de ella hacen los científicos, interpretación que a su vez podrá depende
de tales o cuales condicionamientos culturales, cosmovisiónales, sociales o psíquicos.
Así como la salud fuera perfecta no habría médicos, así también si la ciencia ya fuese
perfecta no habría una epistemología normativa que ejerciese una especie de “vigilancia
epistemológica”, como dirían las orientaciones francesas tipo Bachelard, que alerta
permanentemente a los científicos acerca de la necesidad de no sucumplir a los prejuicios,
intentando superarlos en forma permanente. Todas las orientaciones epistemológicas
tienen, en mayor o menor medida, alguna proporción de estas tres dimensiones.
Examinemos ahora esas diferentes orientaciones.
3. Orientaciones epistemológicas
Tanto las dimensiones como las orientaciones epistemológicas son distintas formas de
encargar el estudio de la ciencia; la diferencia está en que las dimensiones están presentes
en todo estudio epistemológico, mientras que las segundas son exclusivas de cierto tipo de
estudios, llamados precisamente orientaciones.
del ’30 es un ejemplo de este tipo de orientación en la cual, por lo demás, domina la
dimensión normalista.
Los enfoques historicistas intentan explicar la ciencia a partir de su historia. Entre quienes
se ocuparon sistemáticamente de esta cuestión están Bachelard, Kuhn, Lakotos y Piaget.
Bachelard concibe la ciencia como una progresiva superación de obstáculos
epistemológicos, de manera que tal o cual teoría de determinada época se explican como
superación de obstáculos anteriores, y al mismo tiempo como prejuicio que deberá ser
superado por la siguiente etapa histórica.
Kuhn, por su parte, explica la ciencia a partir de ciertos ciclos históricos donde se alternan
momentos de crisis y momentos de ciencia normal, y donde periódicamente van
apareciendo nuevos paradigmas que remplazan total o parcialmente a los anteriores,
Lakatos encara una tarea similar pero centrándose en la idea de “programa de
investigación”, hasta cierto punto similar a la de “paradigma” de Kuhn.
Piaget, por su lado, se decidió a estudiar la ciencia desde una “epistemología genética”,
pero no a partir de su origen histórico sino fundamentalmente desde su género psicológica,
vale decir, cómo el científico (y el no científico) van construyendo su conocimiento de la
realidad desde la infancia en adelante Se trata, según palabras del mismo Piaget, de una
epistemología científica, es decir construida sobre la base de métodos y técnicas propias de
la ciencia como la observación, el experimento, etc., y en este caso de la psicología
genética.
_______________________
*Pablo Cazau Lic. en Psicología y Prof. de Enseñanza Media y Superior en Psicología. Buenos aires, julio 1995.
EPISTEMOLOGÍA Y METODOLOGÍA
Pablo Cazau*
Epistemología y metodología son dos áreas del conocimiento que suelen anunciarse y
enunciarse conjuntamente, pero que también, sin embargo, se las presenta separadas como
si fueran dominios diferentes. La presente nota aporta elementos de juicio, algunos de ellos
históricos, para reflexionar sobre esta cuestión de las realciones entre la epistemología y la
metodología, en la que no existe un consenso universal.
La epistemología y la metodología son dos disciplinas que, como la luna y el sol, a veces se
presentan juntas y otras veces separadas. Comenzaremos con una breve revista bibliografía
con el fin de enterarnos còmo conciben algunos autores las relaciones entre la
epistemología y la metodología, para finalmente esbozar nuestra opinión personal sobre el
tema.
*
Pablo Cazua lic en Psicología y Prof. de Enseñanza Media y Superior en psicología. Buenos Aires, Septiembre 1998.
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Introducción a la Epistemología
Con los libros de texto sucede algo similar, desde que pueden ser clasificados en tres tipos:
a) aquellos que hablan exclusivamente de cuestiones “metodologías”, y que, por lo demás,
suelen estar centrados en la metodología de determinadas disciplinas (psicología,
educación, economía, etc.,); b) aquellos que se centran en el tema “epistemología (2); y c)
aquellos otros que, tal vez motivados por un afàn totalizador, intenta incluir cuando no
sintetizar- ambas disciplinas. Dentro de esta última posibilidad podemos mencionar ciertos
textos de Samara, Klimovsky y Bunge, y sòlo por citar autores argentinos. Examinaremos
brevemente estos puntos de vista.
¿Cómo se explica esta divergencia de opiniones? Para ello debemos hacer un recorrido por
la historia de la epistemología por, cuanto, en gran medida, la historia de las ideas sobre la
ciencia es la historia de las ideas sobre el método científico. A tal efecto, propongo
distinguir cuatro etapas en la historia de la epistemología: a) la epistemología aristotélica
(siglo II AC); b) la revolución metodológica que dio origen a la ciencia moderna (siglo
XVI-XVII); c) el afianzamiento de las reflexiones sobre el método (siglo XIX); Y d) la
diversificación de los intereses epistemológicos (siglo XX). En cada uno de estos tramos,
las relaciones entre epistemología y metodología asumieron diferentes aspectos.
objeto distinguirá una ciencia de otra, mientras que el método, aunque común a todas las
ciencias, era lo que distinguía al saber científico de otros saberes diferentes.
Así por ejemplo, Aristóteles habría estado de acuerdo con afirmar que la biología tiene
como objeto de estudio a los seres vivos, la fìsica otro objeto distinto, y así sucesivamente.
Se trata de un supuesto ontológico de la doctrina aristotélica, que Klimovsky sintetiza
diciendo que “para cada ciencia o disciplina en particular hay un género o tipo de entidades
que constituye el objeto o el propósito de estudio de la misma” (6:107).
Puesto que, según y conforma la metafísica aristotélica las entidades están ordenadas en
una jerarquía extensionalmente decreciente (por ejemplo ser, ser vivo, animal, caballo,
etc.), con el tiempo el estudio del ser en general quedó como el objeto de estudio de la
“filosofía primera” (y mas concretamente de la metafísica), mientras que los géneros
derivados del ser (como ser vivo), fueron objeto de estudio de las “filosofías segundas” es
decir, de las diferentes ciencias.
En una muy apretada e injusta síntesis, los protagonistas de esta revolución fueron:
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2) Galileo merece también ser mencionado aquí, no tanto por sus innovaciones
metodologìcas- al fin y al cabo fue un defensor del esquema inductivo-
deductivo de Aristóteles, y además tuvo una actitud ambigua respecto de la
importancia del método experimental (9)-, como por su idea de delimitar la
ciencia de la región a partir de un método propio identificado, precisamente,
con aquel método aristotélico.
Vale la pena citar un vigoroso, conmovedor y por entonces osado alegato que
escribió Galileo (1564-1642) a Cristina de Lorena, Gran Duquesa de Toscaza,
en uno de cuyos párrafos cruciales dice: “…páreseme que, en las discusiones
relativas a los problemas naturales, no se debería comenzar por invocar la
autoridad de pasajes de las Escrituras; debería apelarse, ante todo, a la
experiencia de los sentidos y las demostraciones necesarias” (7).
Galileo propuso así un nuevo campo del saber delimitable de la región. Pero al
mismo tiempo, y sin proponérselo explícitamente, se contribuyó a aclarar el
panorama acerca de las diferencias entre el saber cotidiano (verdades de hecho),
el saber filosófico (verdades de razón), el saber religioso (verdades de fe) y el
saber propiamente científico, fundado en verdades de hecho (la experiencia de
los sentidos) y en verdades de razón (las demostraciones necesarias)
reindicando, con este último, el método inductivo-deductivo de Aristóteles para
las ciencias.
Nuestra recorrida por estos pensadores del incipiente modernismo nos muestra,
en suma, que el furor metodológico hizo que la ciencia quedara identificada a
partir de un método y no ya de un objeto de estudio (el que, como dijimos, ya
venía recortando desde la tradición griega). Del Renacimiento en adelante, la
biología siguió siendo como siempre ele estudio de los seres vivientes, y la
psicología el estudio del alma, pero lo que en realidad había cambiado era el
método: inspirado por la nueva propuesta metodológica de los modernistas, el
biólogo primero y el psicólogo después comenzaron poco a poco a verificar sus
hipótesis mediante el auxilio de la inducción, del método hipotético-deductivo y
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Frente a esta situación había por lo menos tres alternativas: como el nuevo objeto de
estudio no se adecuaba al método científico consagrado, a) las “ciencias” del
hombre debían ser relegadas a la filosofía, es decir, asignarles el mismo destino que
Copmte le dio a la psicología; b) había que crear un método nuevo especial para las
ciencias sociales; y
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La brevísima recorrida histórica que hicimos intentó mostrar la creciente importancia del
método como elemento identificador de la ciencia en los últimos tres o cuatro siglos, lo que
a su vez pudo ser una de las razones por las cuales la “metodología de adquiriendo una
entidad, y hasta una cierta autonomía, dentro de los estudios epistemológicos.
¿Debe hoy todavía seguir manteniéndose separadas la epistemología y la metodología? El
tiempo lo dirá. Mientras tanto, los libros de texto y las asignaturas de la universidad siguen
manteniéndolas, en general, escindidas. El gran peligro de ello, en todo caso, reside en que
se aíslen cada vez más la una de la otra, impidiendo una mutua realimentación
enriquecedora de sus respectivos resultados.
Citas
(1) Bunge M., “La investigación científica”. Su estrategia y su filosofía, Barcelona, Ariel, 1969.
(2) Bunge M., “Epistemología”, Barcelona, Ariel, 1980.
(3) Ferrater Mora J., “Diccionario de Filosofía”, Madrid, Alianza, 1979, Tomo 1.
(4) Programa de “Metodología de la Investigación Psicológica”, Cátedra de la Prof. Maria Lores Arnaiz,
Facultad de Psicología (UBA), 1997.
(5) Samara Juan, “Epistemología y Metodología”, Eudeba, Buenos Aries, 1995.
(6) Klimovsky G., “Las desventuras del conocimiento científico” (Una introducción a la epistemología)
A-Z Editor, Buenos Aires, 1994.
(7) Galilei G., “Carta a la Señora Cristina de Lorena, Gran Duquesa de toscaza” (1615), texto incluido
en Babini Jesé,
“Galileo”, Buenos ASires, Centro Editor de América Latina, 1967.
(8) Chalmers Alan. “¿Qué es esa cosa llamada ciencia?”, Siglo XXI editores, Buenos Aires, 1991.
(9) Losee John “Introducción histórica de la ciencia”, Alianza, Madrid, 1979, 2º edición
(10) Campbell Dopnald y Stanley Julian, “Diselños experimentales y cuasiexperimentales en la
investigación social” Buenos Aires, Amorrortu, 1995.
(11) Por ejemplo, en el “Manual de técnicas de la investigación educacional”, de Van Dalen y Mayer, se
propone un ejemplo de la física gelileana para mostrar cómo se analiza un problema científico.
1
Tomado de Von Wright G. explicación y comprensión. Alianza Editorial. Madrid. 1989
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2. En el debate entre las ciencias naturales y humanas hay dos posiciones antagónicas.
Una de ellas es el positivismo, representado especialmente por Conté y Stuart Mill.
Uno de los principios positivistas es el monismo metodológico: todas las ciencias se
basan en un único método científico, basado en el modelo de las ciencias naturales
exactas. Por ello, un segundo principio es que marca a esas ciencias naturales
exactas como el modela para todas las otras ciencias. Un tercer principio dice que el
positivismo propone la explicación causal en un sentido amplio, o sea, proponer
leyes generales hipotéticas que reúnen a todos los casos particulares. Critican las
explicaciones finalistas por ser acientíficas.
5. Entre las dos guerras mundiales surge el neopositivismo, o empirismo lógico. Esta
postura, de 1920-1930, fue la principal fuente de inspiración de una corriente
posterior llamada filosofía analítica. La filosofía analítica se subdividió luego en dos
corrientes: 1) la filosofía lingüística del lenguaje ordinario, en los años 50, radicada
en Oxford e inspirada en la segunda filosofía de Wittgenstein. En hostil al
positivismo y poco le interesa la ciencia. 2) La otra corriente hereda el atomismo de
Rusel y se centró en la filosofía de la ciencia. Más emparentada con el positivismo,
está más ligada a la primera filosofía de Wittgenstein. Dentro de esta última
corriente, se reavivo el debate entre positivismo y antipositivismo, lo que tuvo como
causa inmediata el problema de la explicación científica.
6. Esta discusión sobre la explicación recibió un impulso importante con los trabajos
de Hempel sobre las leyes y la explicaron en la ciencia, que son una variante de
trabajos anteriores del positivismo, como Stuart Mill. La teoría de Hempel es una
teoría de la explicación por su subsuncion. Planteo la existencia de dos modelos de
explicación: la explicación nomológico-deductiva y la explicaron probabilistico-
inductiva.
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El primero es típico de las ciencias biológicas, allí se incluyen por ejemplo los
mecanismos autorregulares (feed-back) o retroactivos, y los descriptos por la
cibernética. El segundo es más típico de las ciencias de la conducta, la ciencia social
o la historia. Cabe suponer, según investigaciones de Rosenblueth, Wiener y
Bigelow, que estos modelos se pueden asimilar al esquema de Hempel.
También se puede explicar la negrura del pájaro señalando que se trata de una
característica necesaria de dichos animales, o sea se propone le ley como una verdad
lógica, necesaria. Este es el punto de vista del convencionalismo, que considera
verdaderas a las leyes por su convención, y por tanto no se pueden refutar. El
convencionalismo pone el énfasis en la necesidad de las leyes, y el positivismo en
su generalidad.
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forma muy imprecisa como un relato florido. Dray, en cambio, propone para la
historia y la psicología la llamada explicación racional, que consiste en mostrar que
cierto hecho histórico o cierta conducta ocurrió así por era el proceder adecuado a la
situación que se presentaban en ese momento.
10. Hacia 1960 surge la filosofía dialéctico-hermenéutica, que tiene dos características
importantes: 1) la importancia que le dan al lenguaje, a la interpretación y la
intencionalidad. 2) la preocupación por la filosofía y la metodología y de la ciencia,
y dicen que no hay un método único para todas las ciencias, como decía el
positivismo, sino que cada método debe adecuarse a su tema de estudio, tratando de
interpretarlo y comprenderlo en si singularidad.
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9. Para un mismo hecho se puede proponer una explicación causal como una
explicación teleologica: en el primer caso hacemos alusión a una causa, y en el
segundo a una finalidad. Causa o finalidad deberán estar incluidas en las premiosas
del razonamiento (la conclusión es la conducta que se quiere explicar). Causalidad
humeana (de hume, filosofo ingles) significa una relación entre dos acontecimientos
por simple correlación, que no implica necesariamente un vinculo causal. Una
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persona puede realizar el acto A y luego el B regularmente, pero ello no implica que
el primero sea la causa del segundo.
1. LA ESENCIA DE LA FILOSOFIA
La teoría del conocimiento es una disciplina filosófica. Para definir su posición en el todo
que es la filosofía, necesitamos partir de una definición esencial de ésta. Pero ¿Cómo llegar
a esta definición? ¿Qué método debemos emplear para definir la esencia de la filosofía?
Se podría intentar, ante todo, obtener una definición esencial de la filosofía, partiendo de la
significación de la palabra. La palabra filosofía procede de la lengua griega y vale tanto
como amor a la sabiduría, o, lo que quiere decir lo mismo, deseo de saber, de
conocimiento. Es el palmario que esta significación etimológica de la palabra filosofía es
demasiado general para extraer de ella una definición esencial. Es menester evidentemente
elegir otro método.
Podría pensar en recoger las distintas definiciones esenciales que los filósofos han dado de
la filosofía, en el curso de la historia, y comparándolas unas con otras, obtener una
definición exhaustiva. Pero tampoco este procedimiento conduce al fin buscado. Las
definiciones esenciales que encontramos en la historia de la filosofía discrepan tanto,
muchas veces, unas de otras, que parece completamente imposible extraer de ellas una
definición esencial unitaria de la filosofía. Comparece, por ejemplo, la definición de la
filosofía que dan Platón y Aristóteles- que definen la filosofía como la ciencia, pura y
simplemente con la condición de los estoicos y de los epicúreos, para quienes la filosofía es
una aspiración a la virtud o a la felicidad, respectivamente. O compárese la definición que
en la edad moderna de la filosofía Cristian Wolf- que define como scientia possibiium ,
quatenus esse possunt- con la definición que da Friedrich Uberweg en su conocido tratado
de la historia de la filosofía, según la cual, la filosofía es “la ciencia de los principios “.
Tales divergencias hacen vano el intento de encontrar por este camino una definición
esencial de la filosofía. A tal definición sólo se llega, pues, prescindiendo de dichas
definiciones y encarándose con el contenido histórico de la filosofía misma. Este contenido
nos da el material de que podemos sacar el concepto esencial de la filosofía. Ha sido
Withelm Dilthey el que ha empleado por primera vez este método, en su ensayo sobre la
esencia de la filosofía. Aquí le seguiremos, con cierta libertad, intentando sin embargo, a la
vez desarrollar sus pensamientos.
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Pero el procedimiento que acabamos de señalar parece destinado al fracaso, porque tropieza
con una dificultad de principio. Se trata de extraer del contenido histórico de la filosofía el
concepto de su esencia. Mas para poder hablar de un contenido histórico de la filosofía
necesitamos –parece- poseer ya un concepto de la filosofía, para sacar su concepto de los
hechos. En la definición esencial de la filosofía, dada la forma en que queremos obtenerla,
parece haber, pues, por esta dificultas, condenado al fracaso.
Estos sistemas existen, en efecto. Acerca de muchos productos del pensamiento cabe dudar
que deban considerarse como filosofía. Pero toda duda de esta especia enmudece tratándose
de otros numerosos sistemas. Desde su primera aparición, la humanidad los ha considerado
siempre como productos filosóficos del espíritu, ha visto en ellos la esencia misma de la
filosofía. Tales sistemas son los de Platón y Aristóteles, Descartes y Leibniz, kant y Hegel.
Si profundizamos en ellos, hallamos ciertos rasgos esenciales comunes, a pesar de todas las
diferencias que presentan. Encontramos en todos ellos una tendencia a la universalidad, una
orientación hacia la totalidad de los objetos. En contraste con la actitud del especialista,
cuya mirada se dirige siempre a un sector mayor o menor de la totalidad de los objetos del
conocimiento, hallamos aquí un punto de vista universal o que abarca la totalidad de las
cosas. Dichos sistemas presentan, pues, el carácter de la universalidad. A este se añade un
segundo rasgo esencial común. La actitud del filósofo ante la totalidad de los objetos es una
actitud intelectual, una actitud del pensamiento. El filosofo trata de conocer, de saber. Es
por esencia un espíritu cognoscente. Como notas esenciales de toda filosofía se presentan,
según esto: 1a la orientación hacia la totalidad de los objetos; 2 a el carácter racional,
cognoscitivo, de esta orientación.
Con esto hemos logrado un concepto esencial de la filosofía, aunque muy formal aun.
Enriqueceremos el contenido de este concepto, considerando los distintos sistemas, no
aisladamente, sino en su conexión histórica. Se trata, por tanto, de abrazar con la mirada la
total evolución histórica de la filosofía en sus rasgos principales. Desde este punto de vista
nos resultaran comprensibles las contradictorias definiciones de la filosofía, a que hemos
aludido hace un momento.
torna por igual objeto de la reflexión filosófica. La filosofía se presenta, según esto, en
Sócrates y todavía más en Platón, como una autorreflexión del espíritu sobre sus supremos
valores teóricos y prácticos, sobre los valores el verdadero, lo bueno y lo bello.
La filosofía a ser reflexión del espíritu sobre si mismo en la época posaristotelica, con los
estoicos y los epicúreos. Sin embargo, la concepción socrático-platónica sufre un
empequeñecimiento, puesto que solamente las cuestiones prácticas entran en el círculo
visual de la conciencia filosófica. La filosofía se presenta según la frase de Cicerón, como
“la maestra de la vida, la inventora de las leyes, la guía de toda virtud”. Se ha convertido –
dicho brevemente- en una filosofía de la vida.
En el siglo XIX revive el tipo aristotélico de la filosofía en los sistemas del idealismo
alemán, principalmente en Schelling y Hegel, la forma exaltada y exclusivista en que el tipo
manifiesta originar un movimiento contrario igualmente exclusivista. Este movimiento
llega por un lado a una completa de valoración de la filosofía, como la que se revele en el
materialismo y en el positivismo; y, por otro lado, a una renovación del tipo Kantiano,
como la que ha tenido lugar en el neokantismo. El exclusivismo de esta renovación consiste
en la eliminación de todos los elementos materiales y objetivos, que existen de modo
innegable en Kant ¡, tomando así la filosofía un carácter puramente formal y metodológico.
En esta manera de ver radica a su vez el impulso que conduce a un nuevo movimiento del
pensamiento filosófico, el cual torna dirigirse prinsipalmente a lo material y objetivo.
Frente al formalismo y metodismo de los neokantianos, y significa por ende una renovación
de tipo aristotélico. Nos encontramos todavía en medio de este movimiento, que ha
conducido por una parte a ensayos de una metafísica inductiva, con los emprendidos por
Eduard Von Hartmann, Wunut y Driesch, y por otra a una filosofía de la intuición, como la
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Esta ojeada histórica sobre la evolución total del pensamiento filosófico nos ha conducido a
determinar otros dos elementos en el concepto esencial de la filosofía. Caracterizamos uno
de estos elementos con el termino “concepción y yo”, y el otro con la expresión
“concepción del universo”. Entre ambos elementos existe un peculiar antagonismo, como
nos ha revelado la historia. Ya resalta más el uno, ya más el otro; y cuanto más resalta el
uno, tanto más desciende el otro. La historia de la filosofía se presenta finalmente como un
movimiento pendular entre estos dos elementos. Por ello prueba precisamente que ambos
elementos pertenecen a aquel concepto esencial. No se trata de una alternativa (o el uno, o
el otro), sino de una acumulativa (tanto el uno, como el otro). La filosofía en ambas cosas:
una concepción del universo.
Se trata ahora para nosotros de enlazar los dos elementos materiales, acabados de obtener,
con las dos notas formales primeramente señaladas, para llegar a si a una plena definición
esencial. Habíamos encontrado anteriormente que las dos notas principales de toda filosofía
eran la dirección hacia la totalidad de los objetos y el carácter cognoscitivo de esta
dirección. La primera de estas dos notas experimenta ahora una diferenciación, por obra de
los elementos esenciales últimamente obtenidos. Por totalidad de los objetos puede
entenderse tanto el mundo exterior como el mundo interior, tanto el macrocosmos como el
microcosmos. Cuando la conciencia filosófica se dirige al macrocosmos, tenemos la
filosofía en el sentido de una concepción del universo. Por el contrario, cuando el
microcosmos constituye el objeto a que se dirige la filosofía, se da el segundo tipo de esta:
la filosofía en el sentido de una concepción del yo. Los elementos esenciales últimamente
obtenidos se insertan muy bien, pues, el concepto formal primeramente establecido, ya que
lo completan y corrigen.
Entre las funciones superiores del espíritu y de la cultura contamos la ciencia, el arte, la
religión y la moral. Si ponemos en relación con ellas la filosofía, esta parece distar más de
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¿Que relación guarda ahora la filosofía con las dos restantes esferas de la cultura, con el
arte y la religión?
La respuesta es: existe una honda afinidad entre estas tres esferas de la cultura. Todas ellas
están entrelazadas por un vínculo común, que reside en su objeto. El mismo enigma del
universo y de a vida se halla frente a la poesía, la religión y la filosofía. Todas ellas quieren
en el fondo resolver este enigma, dar una interpretación de la realidad, forjar una
concepción del universo. Mientras la concepción filosófica del universo brota del
conocimiento racional, el origen de la concepción religiosa del mismo esta en la fe
religiosa. El principio de que produce y que define su espíritu es la vivencia de los valores
religiosos, la experiencia de Dios. Por eso, mientras la concepción filosófica del universo
pretende tener una validez universal y ser susceptible de una demostración racional, la
aceptación de la concepción religiosa del universo depende, por modo decisivo, de factores
subjetivos. El acceso a ella no esta en el conocimiento universalmente valido, sino en la
experiencia personal, en las vivencias religiosas. Existe, pues, una diferencia esencial entre
la concepción religiosa del universo, y la filosófica; y, por ende, entre la religión y la
filosofía.
La filosofía es también esencialmente distinta del arte. Como la concepción del universo,
que tiene el hombre religioso, la interpretación que da de él el artista no procede del
pensamiento puro. También ella debe su origen más bien a la vivencia y a la intuición. El
artista y el poeta no crean su obra con el intelecto, sino que la sacan de la totalidad de las
fuerzas espirituales. A esta diversidad de funciones subjetivas se agrega una deferencia en
el sentido objetivo; el poeta y el artista no están atentos directamente a la totalidad del ser,
como el filósofo. Su espíritu se dirige, en primer termino, a un ser y un proceso concretos.
Y al representar estos, los elevan a la esfera de la apariencia, de lo irreal. Lo peculiar de
esta representación consiste en qué este proceso irreal se manifiesta el sentido del proceso
real; en el proceso particular se expresa el sentido y la significación del proceso del
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De este modo hemos completado nuestro procedimiento inductivo con otro deductivo.
Situando la filosofía dentro del conjunto de la cultura, poniéndola en relación con las
distintas esferas de la cultura, hemos confirmado el concepto esencial de la filosofía que
habíamos obtenido y hecho resaltar claramente sus distintos rasgos.
Nuestra definición esencial tiene por consecuencia una división de la filosofía en diversas
disciplinas. La filosofía es, en primer término, según vimos, una autorreflexión del espíritu
sobre su conducta colorativa teórica y practica. Como reelección sobre la conducta teórica,
sobre lo que llamamos ciencia, la filosofía es teoría del conocimiento científico, teoría de la
ciencia. Como reflexión sobre la conducta práctica del espíritu, sobre lo que llamamos
valores en sentido estricto, la filosofía es teoría de los valores. Mas la reflexión del espíritu
sobre si mismo no es un fin autónomo, sino un medio y un camino para llegar a una
concepción del universo. La filosofía es, pues, en tercer lugar, teoría de la concepción del
universo. La esfera total de la filosofía se divide, pues, en tres partes: teoría de la ciencia,
teoría de los valores, concepción del universo.
Una mayor diferenciación de estas partes tiene por consecuencia la distinción de las
disciplinas filosóficas fundamentales. La concepción del universo se divide en metafísica
(que se subdivide en metafísica de la naturaleza y metafísica del espíritu) y en concepción o
teoría del universo en sentido estricto, que investiga los problemas de Dios, la libertad y la
inmortalidad. La teoría de los valores se divide, con arreglo a las distintas clases de valores,
en teoría de los valores éticos, de los valores estéticos y de los valores religiosos.
Obtenemos así las tres disciplinas llamadas ética, estética y filosofía de la religión. La
teoría de la ciencia, por ultimo, se divide en formal y material. Llamamos a la primera
lógica, a la última teoría del conocimiento.
Con esto hemos indicado el lugar que la teoría del conocimiento ocupa en el conjunto de la
filosofía. Es según lo dicho, una parte de la teoría de la ciencia. Podemos definirla como la
teoría material de la ciencia o como la teoría de los principios materiales del conocimiento
human. Mientras que la lógica investiga los principios formales del conocimiento, esto es,
las formas y las leyes más generales del pensamiento humano, la teoría del conocimiento se
dirige a los supuestos materiales más generales del conocimiento científico. Mientras la
primera prescinde de la referencia del pensamiento a los objetos y considera aquel
puramente en si mismo, la ultima fija su vista justamente en la significación objetiva del
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En el sucesor inmediato de Kant, Fichte, la teoría del conocimiento aparece por primera vez
bajo el titulo de “teoría de la ciencia”. Pero ya en el se manifiesta esa confusión de la teoría
del conocimiento y la metafísica, que desborda francamente en Schelling y Hegel, y que
también se encuentra de un modo innegable en Schopenhaurer y Eduard Von Hartmann. En
posición a esta forma metafísica de tratar la teoría del conocimiento, el neokantismo,
aparecido hacia el año setenta del siglo pasado; se forza por trazar una separación neta entre
los problemas epistemológicos y los metafísicos. Pero puso tan en primer termino los
problemas epistemológicos, que la filosofía corrió peligro de rehuirse a la teoría del
conocimiento.
La teoría del conocimiento es, como su nombre indica, una teoría, esto es, una explicación
e interpretación filosófica del conocimiento humano. Pero antes de filosofar sobre un objeto
es menester examinar escrupulosamente este objeto. Una exacta observación y descripción
del objeto debe preceder a toda explicación e interpretación. Hace falta, pues, en nuestro
caso, observar con rigor y describir con exactitud lo que llamamos conocimiento, este
peculiar fenómeno de conciencia. Hagámoslo, tratando de aprehender los rasgos esenciales
generales de este fenómeno, mediante la autorreflexión sobre lo que vivimos cuando
hablamos del conocimiento. Este método se llama el fenomenológico, a diferencia del
psicológico. Mientras este ultimo investiga los procesos psíquicos concretos en su uso
regular y su conexión con otros procesos, el primero aspira a aprehender la esencia general
en el fenómeno concreto. En nuestro caso no describiría un proceso de conocimiento, en
que consiste su estructura general.
Si empleamos este método, el fenómeno del conocimiento se nos presenta en sus rasgos
fundamentales de la siguiente manera: En el conocimiento se hallan frente a frente la con-
ciencia y el objeto, el sujeto y el objeto. El conocimiento se presenta como una relación
entre estos dos miembros, que permanecen en ella eternamente separados el uno del otro. El
dualismo del sujeto y objeto pertenece a la esencia del conocimiento.
La relación entre los dos miembros es a la vez una correlación. El sujeto solo es sujeto para
un objeto y el objeto solo es objeto para un sujeto. Ambos solo es lo que son en cuanto son
para el otro. Pero esta correlación no es reversible. Ser sujeto es algo completamente
1
Hessen j., “el fenómeno del conocimiento y los problemas contenidos en el” en J .Hessen. teoría del
conocimiento. ED. Austral, México D.F ., 1979
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distinto que ser objeto. La función del sujeto consiste en aprehender el objeto, la del objeto
en ser aprehensible y aprehendido por el sujeto.
Vista desde el sujeto, esta aprehensión se presenta como una salida del sujeto fuera de su
propia esfera, una invasión en la esfera del objeto y una captura de las propiedades de este.
El objeto no es arrastrado, empero, dentro de la esfera del sujeto, sino que permanece
trascendente a el.
Puesto que el conocimiento es una determinación del sujeto por el objeto, queda dicho que
el sujeto se conduce receptivamente frente al objeto. Esta receptividad no significa, empero,
pasividad. Por el contrario, puede hablarse de una, actividad y espontaneidad del sujeto en
el conocimiento. Esta no se refiere, sin embargo, al objeto, sino a la imagen del objeto, en
que la conciencia puede muy bien tener parte, contribuyendo a engendrarla. La receptividad
frente al objeto y la espontaneidad frente a la imagen del objeto en el sujeto son
perfectamente compatibles.
Ahora bien, parece existir una contradicción entre la trascendencia del objeto al sujeto y la
correlación del sujeto y el objeto, señalada anteriormente. Pero esta contradicción es solo
aparente. Solo en cuanto que es objeto del conocimiento hallase el objeto necesariamente
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incluso en la correlación. La correlación del sujeto y el objeto solo es irrompible dentro del
conocimiento; pero no en si. El sujeto y el objeto no se agotan en su ser el uno para el otro,
sino que tienen además un ser en si. Este consiste, para el objeto, en lo que aun hay
desconocido en el. En el sujeto reside en lo que sea además de sujeto cognoscente. Pues
además de conocer, el sujeto siente y quiere. Así, el objeto deja de ser objeto cuando sale de
la correlación; y en este caso el sujeto solo deja de ser sujeto cognoscente.
Así como la correlación del sujeto y el objeto sólo es irrompible dentro del conocimiento,
así también solo es irreversible como correlación de conocimiento. En si es muy posible
una inversión. La cual tiene lugar efectivamente en la acción. En la acción no determina el
objeto al sujeto, sino el sujeto al objeto. Lo que cambia no es el sujeto, sino el objeto. Aquel
ya no se conduce receptiva, sino espontánea y activamente, mientras que este se conduce
pasivamente. El conocimiento y la acción presentan, pues una estructura completamente
opuesta.
Pero no basta que un conocimiento sea verdadero; necesitamos poder alcanzar la certeza de
que es verdadero. Esto suscita la cuestión: ¿en que podemos conocer si un conocimiento es
verdadero? Es la cue4stion del criterio de la verdad. Los datos fenomenológicos no nos
dicen nada sobre si existe un criterio semejante. El fenómeno del conocimiento implica solo
su presunta existencia; pero no su existencia real.
Con esto queda iluminado el fenómeno del conocimiento humano en sus rasgos principales.
Ha la vez puesto en claro que este fenómeno linda con tres esferas distintas. Como hemos
visto, el conocimiento presenta tres elementos principales: el sujeto, la “imagen” y el
objeto. Por el sujeto, el fenómeno del conocimiento toca con la esfera psicológica; por la
“imagen”, con la lógica; por el objeto, con la ontologica. Como proceso psicológico en un
sujeto, el conocimiento humano. Pues el conocimiento consiste en una aprehensión
espiritual de un objeto, como nos ha revelado nuestra investigación fenomenológica. Ahora
bien, la psicología, al investigar los procesos del pensamiento, prescinde por completo de
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Por su tercer miembro el conocimiento humano toca la esfera ontológica. El objeto hace
frente a la conciencia cognoscente como algo que es. El ser por su parte, es un objeto de la
ontología. Pero también resulta que la ontología no puede resolver el problema del
conocimiento. Pues así como no puede eliminarse del conocimiento el objeto, tampoco
puede eliminarse el sujeto. Cuando se desconoce esto y se ve el problema del conocimiento
exclusivamente desde el objeto, el resultado es a la posición del ontologismo.
Cabria pensar que la misión de la teoría del conocimiento queda cumplida en lo esencial
con la descripción del fenómeno del conocimiento. Pero no es así. La descripción del
fenómeno no es su interpretación y explicación filosófica. Lo que acabamos de describir es
lo que la conciencia natural entiende por conocimiento. Hemos visto que, según la
concepción de la conciencia natural, el conocimiento consiste en E forjar una justificada es
problema que A se encentra mas allá del alcance del problema fenomenológico. El método
fenomenológico sólo puede dar una descripción del fenómeno del conocimiento. Sobre la
base de esta descripción fenomenológica hay que intentar una explicación e interpretación
filosófica, una teoría del conocimiento. Esta es la misión propia de la teoría del
conocimiento.
Este hecho es desconocido muchas veces por los fenomenológicos, que creen resolver el
problema del conocimiento, describiendo simplemente el fenómeno del conocimiento. A
las objeciones de los filósofos de distinta orientación responden remitiéndose a los datos
fenomenológicos del conocimiento. Por esto es desconocer que la fenomenologia y la teoría
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del conocimiento son dos cosas completamente distintas. La fenomenologia sólo puede
poner a luz la efectiva realidad de la concepción natural, pero nunca decidir sobre su justeza
y verdad. Esta cuestión crítica se halla fuera de la esfera de su competencia. Puede
expresarse también esta idea diciendo que la fenomenologia es un método, pero no una
teoría del conocimiento.
Como consecuencia de lo dicho, la descripción del fenómeno del conocimiento tiene sólo
una significación preparatoria. Su misión no es resolver el problema del conocimiento, sino
conducirnos hasta dicho problema. La descripción fenomenológica puede y debe descubrir
los problemas que se presentan en el fenómeno del conocimiento y hacer que nos fórmenos
conciencia de ellos.
Tropezamos con otro problema cuando consideramos de cerca la estructura del sujeto
cognoscente. Es esta estructura dualista, El hombre es un ser espiritual y sensible.
Consiguientemente, distinguimos un conocimiento espiritual y un conocimiento sensible.
La fuente del primero es la razón; la del ultimo, la experiencia. Se pregunta de qué fuente
saca principalmente sus contenidos la conciencia cognoscente. ¿Es la razón o la experiencia
la fuente y base del conocimiento humano? Esta es la cuestión del origen del conocimiento.
Hasta aquí, al hablar del conocimiento hemos pensado exclusivamente en una aprehensión
racional del objeto. Cabe preguntar si además de ente conocimiento racional hay un
conocimiento de otra especia, un conocimiento que pudiéramos designar como
conocimiento intuitiva, en oposición al discurso racional. Esta es la cuestión de las formas
del conocimiento humano.
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Entendemos por dogmatismo (de Soyua= doctrina fijada) aquella posición epistemológica
para la cual no existe todavía el problema del conocimiento. El dogmatismo da por
supuesta la posibilidad y la realidad del contacto entre el sujeto y el objeto. Es para él
comprensible de suyo que el sujeto, la conciencia cognoscente, aprehende su objeto. Esta
posición se sustenta en una confianza en la razón humana, todavía no debilitada por
ninguna duda.
Con arreglo a lo que acabamos de decir, puede hablarse de dogmatismo teórico, ético y
religioso. La primera forma del dogmatismo se refiere al conocimiento teórico; las dos
últimas al conocimiento ético se trata del conocimiento moral; en el religioso, del
conocimiento religioso.
Como actitud del hombre ingenuo, el dogmatismo es la posición primera y más antigua,
tanto psicológica como históricamente. En el periodo originario de la filosofía griega
domina de un modo casi general. Las reflexiones epistemológicas no aparecen, en general,
entre los presocráticos(los filósofos jonios de la naturaleza, los eleáticos, Heraclito, los
pitagóricos). Estos pensadores se hallan animados todavía por una confianza ingenua en la
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capacidad de la razón humana. Vueltos por entero hacia el ser, hacia la naturaleza, no
sienten que el conocimiento mismo es un problema. Este problema se platea con los
sofistas. Estos son los que proponen por primera vez el problema del conocimiento y hacen
que el dogmatismo en sentido estricto resulte imposible para siempre dentro de la filosofía.
Desde entonces encontramos en todos los filósofos reflexiones epistemológicas bajo una u
otra forma. Cierto que Kant creyó deber aplicar la denominación de “dogmatismo” a los
sistemas metafísicos del siglo XVII (Descartes, Leibniz, Wolf). Pero esta palabra tiene en él
una significación más estrecha, como se ve por su definición del dogmatismo en la Critica
de la razón pura (“el dogmatismo es el proceder dogmático de la razón pura, sin la crítica
de su propio poder “). El dogmatismo es para Kant la posición que cultiva la metafísica sin
haber examinado antes la capacidad de la razón humana para tal cultivo, en este sentido, los
sistemas prekantianos de la filosofía moderna son, en efecto, dogmáticos. Pero esto no
quiere decir que en ellos falte aun toda reflexión epistemológica y todavía no se sienta el
problema del conocimiento. Las discusiones epistemológicas en Descartes y Leibniz
prueban que no ocurre así. No puede hablarse, sino de un dogmatismo especial. No se trata
de un dogmatismo lógico, sino de un dogmatismo metafísico.
2. EL ESCEPTICISMO
Extrema se Tangut. Los extremos se tocan. Esta afirmación es también valida en el terreno
epistemológico. El dogmatismo se convierte muchas veces en su contrario, en el
escepticismo (de oxerreovar= cavilar, examinar). Mientras aquel considera la posibilidad de
un contacto entre el sujeto y el objeto, como algo comprensible de suyo, éste la niega.
Según el escepticismo, el sujeto no puede aprehender el objeto. El conocimiento, en el
sentido de una aprehensión real del objeto, es imposible según él. Por eso no debemos
pronunciar ningún juicio, sino abstraernos totalmente de juzgar.
Igual que el dogmatismo, también el escepticismo puede referirse tanto a la posibilidad del
conocimiento en general como a la de un conocimiento determinado. En el primer caso,
estamos ante un escepticismo lógico. Se llama también escepticismo absoluto o radical.
Cuando el escepticismo se refiere sólo al conocimiento metafísico, hablamos de un
escepticismo metafísico. En el terreno de los valores, distinguimos un escepticismo ético y
un escepticismo religioso. Según el primero, es imposible el conocimiento moral: según el
último, el religioso. Finalmente, hay que distinguir entre el escepticismo metódico y el
escepticismo sistemático. Aquel designa un método; Este, una posición de principio. Las
clases del escepticismo que acabamos de enumerar son sólo distintas formas de esta
posición. El escepticismo metódico consiste en empezar poniendo en duda todo lo que
presenta a la conciencia natural como verdadero y cierto, para eliminar de este modo lo
falso y llegar un saber absolutamente seguro.
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El escéptico podría, sin duda, recurrir a una escapatoria. Podría formular el juicio: “el
conocimiento es posible” como dudoso, y decir, por ejemplo: “no hay conocimiento y
también Este es dudoso.” Pero también entonces expresaría un conocimiento. La
posibilidad del conocimiento es, por ende, afirmada y puesta en duda a la vez por el
escéptico. Nos encontramos, pues, en el fondo, ante la misma contradicción anterior.
Como ya había visto los escépticos antiguos, el defensor del escepticismo sólo
absteniéndose de juicio puede escapar la contradicción consigo mismo que acabamos de
descubrir. Pero tampoco esto basta, tomadas rigurosamente las cosas. El escéptico no puede
llevar a cabo ningún acto de pensamiento. Tan pronto como lo hace, supone la posibilidad
del conocimiento y se enreda en esa contradicción consigo mismo. La aspiración al
conocimiento de la verdad carece de sentido y desde el punto de vista de un riguroso
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escepticismo. Pero nuestra conciencia de los valores morales protesta contra esa
concepción.
Hemos trabajado también conocimiento con una forma mitigada del escepticismo. Según
ella, no hay verdad ni certeza, pero si probabilidad. No podemos tener nunca la pretensión
de que nuestros juicios sean verdaderos, si no tan sólo la de que sean probables. Pero en
esta forma el escepticismo añade a la contradicción, inherente en principio a la posición
escéptica, una contradicción más. El concepto de la probabilidad supone el de la verdad.
Probable es lo que acerca o lo verdadero. Quien renuncia al concepto de la verdad tiene,
que abandonar también el de la posibilidad. El escepticismo general o absoluto es, según
esto, una posición íntimamente imposible. No se puede afirmar lo mismo del escepticismo
especial. El escepticismo metafísico, que niega la posibilidad del conocimiento de lo
suprasensible, puede ser falso, pero no encierra ninguna intima contradicción. Lo mismo
pasa con el escepticismo ético y religioso. Pero quizá no sea lícito incluir esta posición ene
l concepto del escepticismo. Por escepticismo entendemos, en primer término
efectivamente, el escepticismo general y de principio. Tenemos, además, otras
denominaciones para las posiciones citadas. El escepticismo metafísico es llamado
habitualmente positivismo. Según esta posición, que se remonta a Auguste Comte (1798-
1857), debemos atenernos a lo positivamente dado, a los hechos inmediatos de la
experiencia, y guardarnos de toda especulación metafísica. Solo hay un conocimiento y un
saber, el propio de las ciencias especiales, pero no un conocimiento y un saber filosófico-
metafísico. Para el escepticismo religioso usamos las más veces la denominación de
agnosticismo. Esta posición, fundada por Herbert Spencer (1820-1903), afirma la
incognoscibilidad de lo absoluto. La que mejor podría conservase seria la denominación de
“escepticismo ético”. Mas, por lo regular, nos encontramos aquí ante la teoría que vamos a
conocer en seguida bajo el nombre de relativismo.
Por errado que el escepticismo sea, no se le puede negar cierta importancia para el
desarrollo espiritual del individuo y de la humanidad. Es, en cierto modo, un fuego
purificador de nuestro espíritu, que limpia este de prejuicios y errores y le empuja a la
continua comprobación de sus juicios. Quien haya vivido íntimamente el principio
fáustico: “yo se que no podemos saber nada”, procederá con la mayor razón circunspección
y cautela en sus indagaciones. En la historia de la filosofía el escepticismo se presenta
como el antípoda del dogmatismo. Mientras Este llena a los pensadores e investigadores de
una confianza tan bienaventurada cono excesivo en la capacidad de la razón humana, aquel
mantiene despierto el sentido de los problemas. El escepticismo hunde el taladrante aguijón
de la duda en el pecho del filósofo, de suerte que éste no se aquieta en las soluciones dadas
a los problemas, sino que se afana y lucha continuamente por nuevas y más hondas
soluciones.
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3. EL SUBJETIVISMO Y EL RELATIVISMO
El relativismo está emparentado con el subjetivismo. Según él, no hay tampoco ninguna
verdad absoluta, ninguna verdad universalmente válida; toda verdad es relativa, tiene solo
una validez limitada. Pero mientras el subjetismo hace depender el conocimiento humano
de factores que residen en el sujeto cognoscente, el relativismo subraya la dependencia de
todo conocimiento humano respecto a factores externos. Como tales considera, ante todo, la
influencia del medio y del espíritu del tiempo, la pertenencia a un determinado círculo
cultural y los factores determinantes contenido en él.
misma. La verdad significa la concordancia del juicio con la realidad objetiva. Si existe esta
concordancia, no tiene sentido limitarla a un número determinado de individuos. Si existe,
existe para todos. El dilema es: o el juicio es falso, y entonces no es válido para nadie, o es
verdadero, y entonces es válido para todos, es universalmente válido. Quien mantenga el
concepto de la verdad y afirme, sin embargo, que no haya ninguna verdad universalmente
válida, se contradice, pues, así mismo.
Lo mismo pasa con el relativismo. Cuando el relativista sienta la tesis de que toda verdad es
relativa, está convencido que de esta tesis reproduce una situación objetiva y es, por ende,
válida para todos los sujetos pensantes. Cuando Spengler, por ejemplo, formula la
proposición anteriormente citada: “Solo hay verdades en relación a una humanidad
determinada”, pretende dar expresión a una situación objetiva, que debe reconocer todo
hombre racional. Supongamos que alguien le repusiese: “Con arreglo a tus propios
principios, este juicio sólo es valido para el círculo de la cultura occidental. Pero yo
procedo de un círculo cultural completamente distinto. Siguiendo el invencible impulso de
mi pensamiento, tengo que oponer a tu juicio este otro: toda verdad es absoluta. Con
arreglo a tus propios principios, este juicio se halla tan plenamente justificado como el tuyo.
Por ende, me dispenso en lo futuro de tus juicios, que sólo son válidos para alguien los
hombres del círculo de la cultura occidental”. Si alguien hablase así, Spengler protestaría
con todas sus fuerzas. Pero la conciencia lógica no estaría de sumarte sino de la de su
contrario.
4. EL PRAGMATISMO
ser teórico o pensante, sino un ser practico, un ser de voluntad y acción. Su intelecto esta
íntegramente al servicio de su voluntad y de su acción. El intelecto es dado al hombre, no
para investigar y conocer la verdad, sino para poder orientarse en la realidad. El
conocimiento humano recibe su sentido y su valor de éste su destino práctico. Su verdad
consiste en la congruencia de los pensamientos con los fines prácticos del hombre, en que
aquellos resulten útiles y provechosos para la conducta práctica de éste. Según ello, el
juicio: “La voluntad humana es libre” es verdadero porque –y en cuanto- resulta útil y
provechoso para la vida humana y, en particular para la vida social.
5.- EL CRITICISMO
Esta posición parece la más madura en comparación con las otras. “El primer paso en las
cosas de la razón pura, el que caracteriza la infancia de la misma, es dogmático. El segundo
paso es escéptico y atestigua la circunspección del juicio aleccionado por la experiencia.
Pero es necesario un tercer paso, el del juicio maduro y viril.”
significa ambas cosas: no sólo el método de que el filósofo se sirve y que opone al
dogmatismo y al escepticismo, sino también el resultado determinado a que llega con
ayuda de este método. El criticismo de Kant representa, por lo tanto, una forma especial de
criticismo general. Al designar el criticismo como la única posición justa, pensamos que el
criticismo general, no en la forma especial que ha encontrado en Kant. Admitir el criticismo
general no significa otra cosa, en conclusión, que reconocer la teoría del conocimiento
como una disciplina filosófico independiente y fundamental.
Contra la posibilidad de una teoría del conocimiento se ha objetado que esta ciencia quiere
fundamentar el conocimiento al mismo tiempo que lo supone, pues ella misma es
conocimiento. Hegel ha formulado esta objeción en su enciclopedia de la siguiente manera:
“la investigación del conocimiento no puede tener lugar de otro modo que conociendo;
tratándose de este supuesto instrumento, investigarlo no significa otra cosa que conocerlo.
Mas querer conocer antes de conocer es tan absurdo como aquel prudente propósito del
escolástico que quería aprender a nadar antes de aventurarse en el agua”.
Esta objeción seria certera si la teoría del conocimiento tuviese la pretensión de carecer de
todo supuesto, esto es, si quisiera probar la posibilidad misma del conocimiento. Seria una
contradicción, en efecto, que alguien quisiera asegurar la posibilidad del conocimiento por
el camino del conocimiento. Al dar el primer paso en el conocimiento, daría por supuesta
tal posibilidad. Pero la teoría del conocimiento no pretende carecer de supuestos en este
sentido. Parte, por el contrario, del supuesto de que el conocimiento es posible. Partiendo
de esta posición entra en un examen crítico de las bases del conocimiento humano, de sus
supuestos y condiciones más generales. En esto no hay ninguna contradicción y la teoría
del conocimiento no sucumbe a la objeción de Hegel.
Pero nuestro juicio presenta un elemento que no esta contenido en la experiencia. Nuestro
juicio no dice meramente que el sol ilumina la piedra y que ésta se calienta, sino que afirma
que entre dos procesos existe una conexión íntima, una conexión causal. La experiencia nos
revela que un proceso sigue al otro. Nosotros agregamos la idea de que un proceso resulta
del oto, es causado por el otro. El juicio:”El sol calienta la piedra” presenta según esto, dos
elementos, de los cuales el uno procede de la experiencia, el otro del pensamiento. Ahora
bien, cabe preguntar: ¿Cuál de esos factores es el decisivo? La conciencia cognoscente, ¿se
apoya preferentemente, o incluso exclusivamente, en la experiencia o en el pensamiento?
¿De cual de las dos fuentes de conocimiento saca sus contenidos? ¿Dónde reside el origen
del conocimiento?
La cuestión del origen del conocimiento humano puede tener tanto un sentido psicológico
como un sentido lógico. En el primer caso dice: ¿Cómo tiene lugar psicológicamente el
conocimiento en el sujeto pensante? En el segundo caso: ¿en que se funda la validez del
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