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Filosofía Medieval

El documento aborda la filosofía medieval, centrándose en la Patrística y la Escolástica, destacando a San Agustín como figura clave de la Patrística, quien defendió la creación divina y la relación entre fe y razón. También se menciona a Averroes y Maimónides, quienes contribuyeron al pensamiento filosófico, analizando la relación entre la razón y la revelación. La filosofía medieval se caracteriza por la búsqueda de la verdad y la comprensión de la existencia de Dios y la moralidad humana.

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Filosofía Medieval

El documento aborda la filosofía medieval, centrándose en la Patrística y la Escolástica, destacando a San Agustín como figura clave de la Patrística, quien defendió la creación divina y la relación entre fe y razón. También se menciona a Averroes y Maimónides, quienes contribuyeron al pensamiento filosófico, analizando la relación entre la razón y la revelación. La filosofía medieval se caracteriza por la búsqueda de la verdad y la comprensión de la existencia de Dios y la moralidad humana.

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Filosofía medieva

1.- La Patrística.
Se conoce con el nombre de Patrística a los primeros pensadores
cristianos que vivieron entre los siglos I al VI d. de C e incluso después.
Fueron obispos en su mayoría y sus re exiones teológicas jaron la
ortodoxia y el contenido doctrinal de la Iglesia. Excepto en la obra de San
Agustín, el pensamiento de la Patrística es fragmentario debido al carácter
apologético (defensa de la ortodoxia), crítico (rechazo de las herejías) y
ocasional (a propósito de problemas puntuales) de sus escritos.
2.-La Escolástica.
A partir del llamado Renacimiento Carolingio ( nales del siglo VIII y
principios del IX), surge un decidido impulso de renovación cultural que
tuvo su logro más decisivo en la creación de las escuelas dedicadas a la
conservación y transmisión del saber: las escuelas monacales que surgen
en torno a los monasterios, las escuelas catedralicias en las sedes
episcopales y las escuelas palatinas en las cortes reales.
Se denomina Escolástica a la losofía cristiana medieval nacida en las
escuelas monacales, catedralicias y palatinas y posteriormente en las
universidades (siglo XIII). La Escolástica abarca desde la época del
Imperio de Carlomagno (siglo VIII) hasta los inicios siglo XV.

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PENSAMIENTO DE SAN AGUSTÍN DE HIPONA
VIDA (354-430)Agustín de Hipona fue el pensador fundamental de la Patrística (primera filosofía
cristiana). Nació en Tagaste (Argelia). Su madre fue Santa Mónica. Agustín de Hipona al principio se
adhirió al maniqueísmo. Hacia el 384 llegó a Milán como Catedrático de Retórica y a través del
neoplatonismo se hizo cristiano. Fue consagrado obispo de Hipona (ahora Annaba, Argelia) en el
395. Vivió un periodo de gran agitación tanto a nivel político, los bárbaros amenazaban el Imperio
llegando a saquear Roma en el 410, como en lo referente a la formación del dogma católico con
múltiples discusiones y teorías enfrentadas.
- OBRAS MÁS IMPORTANTES: Las confesiones, La Ciudad de Dios.

EL PROBLEMA DE DIOS, LA REALIDAD Y EL CONOCIMIENTO1

San Agustín de ende el Creacionismo: el mundo y el tiempo han sido


creados por Dios desde la nada (ex nihilo). Esta creación se explica a partir
de la Teoría del Ejemplarismo: Dios ha realizado en la materia los seres
concretos a partir de las ideas eternas, los arquetipos, que están en su
mente divina. Además, Dios depositó en la materia los gérmenes, las
razones seminales, de todos los seres futuros para que fueran apareciendo
progresivamente en el tiempo. Todo ser creado se constituye pues de
materia, que puede ser corpórea o espiritual, y forma, la esencia que hace
ser a un ser lo que es.
Esta creación no es abandonada por Dios sino que la cuida y gobierna una
vez creada, y para ello ha concebido un plan para el mundo que se expresa
en la ley eterna. El problema del mal será tratado por S. Agustín, pues si
el mal existiera sería algo creado por Dios siendo así él mismo malo. La
solución, para San Agustín, es considerar que todo lo creado por Dios es
bueno, siendo el mal o la imperfección no algo real, sino carencia de ser o
perfección. Además, el mal sólo lo es desde un punto de vista individual y
concreto, pero no lo es para la totalidad de la creación en donde siempre
resulta de él un bien mayor. Explicará así igualmente el mal moral
humano que se a rma como fruto de un bien mayor: la libertad.
Si bien para S. Agustín la existencia de Dios está asegurada por la fe, pero
ofrecerá varios argumentos para demostrarla desde la razón. Uno se basa
en la perfección, orden y grandeza de la creación que exige el haber ser
sido creada por un ser con esas cualidades. Otro es el del consenso, pues la
mayoría de los hombres creen en Dios. Pero el argumento preferido por
San Agustín es el derivado del carácter eterno e inmutable de ciertas
ideas que tenemos en nuestra alma, lo cual contrasta con la naturaleza
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humana, mutable y nita, por lo que éstas ideas tienen que tener como
causa un ser eterno e inmutable: Dios. A éste, se le conoce
imperfectamente a través de las huellas que ha dejado en las criaturas.
Para San Agustín la Verdad existe pues la a rmación escéptica de que no
existe la verdad se contradice al a rmar la verdad de dicho juicio.
Distinguirá varios tipos de conocimiento. El conocimiento sensible, de los
sentidos, que genera doxa u opinión, es conocimiento cambiante. El
conocimiento racional inferior, la ciencia, donde con el razonamiento se
conoce lo universal y necesario relativo a las cosas temporales. Por último,
el conocimiento racional superior, la losofía o sabiduría, que posibilita
el conocimiento de verdades eternas, inmutables, universales y necesarias
que fundamentan nuestros juicios. Según la teoría de la Iluminación estas
verdades eternas no pueden ser descubiertas a través de los sentidos, sino
que se deben buscar en la intimidad de la conciencia, en el alma, donde
Dios las ha puesto. El hombre solo puede descubrir la verdad que está en
su interior gracias a la iluminación divina o espiritual.
S. Agustín tratará el problema, fundamental en la Patrística, de la relación
e importancia en el conocimiento de la Razón, representada por la
Filosofía, y la Fe, representada por la Revelación y la Teología. Se había
ofrecido una respuesta en la que la Fe era lo único importante y la
Filosofía debe subordinarse completamente, es decir que la Filosofía es
sierva de la Teología. Sin embargo, para San Agustín en el conocimiento
no hay rivalidad entre Razón y Fe, sino que ambas deben ayudarse
mutuamente. La fe no es algo irracional sino que fe y razón van juntas
(aunque siempre debe predominar la fe) y se complementan. Por ello, es
necesaria la razón para la fe y, a su vez, la fe para la comprensión de la
realidad. Así, el lema de S. Agustín puede presentarse como comprende
para creer y cree para comprender (Intellige ut credas, crede ut
intelligas).

EL PROBLEMA DEL SER HUMANO Y EL PROBLEMA DE LA


MORAL
El ser humano, según S. Agustín, está hecho a imagen y semejanza de
Dios. Esto quiere decir que posee, a diferencia de los animales, vida
espiritual. Por ello, defenderá el dualismo a rmando que el hombre se
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compone de dos sustancias, el cuerpo (materia) y el alma (forma) cuya


unión es accidental. Así, el hombre es fundamentalmente un alma
inmortal frente a un cuerpo mortal y corruptible. Esta alma humana tiene
tres facultades que le hacen ser una única persona: memoria, inteligencia
y voluntad. La memoria permite unir el presente y el pasado creando la
identidad personal. La inteligencia permite conocer la verdad. La
voluntad, por último, lleva a buscar el amor y la felicidad que solo se
pueden encontrar plenamente en Dios. Por todo ello, y siendo ese amor lo
fundamental, el alma debe regir el cuerpo para volver a Dios de quien
procede.
S. Agustín de ende el libre albedrío en el ser humano. La voluntad libre
nos permite pecar (libertinaje) o vivir bien y conforme a la ley de Dios
(libertad). Sin embargo, la voluntad no es su ciente para ser bueno por
culpa del pecado original, que hemos heredado y por ello el ser humano
necesita la gracia, dada por Dios, para obrar correctamente. Una acción
humana debe juzgarse teniendo en cuenta la intención que la guía: si es
conforme a la ley de Dios será buena; si no, será pecado.
El mal moral humano se a rma como fruto de un bien mayor, el libre
albedrío, resultando del abuso que el hombre comete de este libre
albedrío. Por ello, el ser humano es responsable del pecado cometido pues
sin libre albedrío no habría responsabilidad ni culpa. La voluntad humana
tiende a la felicidad, n supremo que sólo se consigue en la otra vida, con
la contemplación y amor de Dios.
EL PROBLEMA DE LA SOCIEDAD O POLÍTICA
Agustín de Hipona es el primer pensador que analiza el sentido de la
historia humana según una nalidad, y la concibe como el escenario
donde Dios se mani esta al hombre y donde se produce la salvación.
Así, la historia es lineal teniendo un principio, la creación, y un n, el
Juicio Final, y adquiriendo un signi cado global en ese nal de los
tiempos. La historia avanza así hacia una meta nal que, de ende Agustín
de Hipona, será la vuelta de Jesucristo y la de nitiva instauración del
Reino de Dios en la tierra para los justos.
En este desarrollo histórico, S. Agustín distinguirá dos grandes grupos
humanos según sea el objeto de su amor: los que se aman a sí mismos por
encima de todo, que conforman la Ciudad terrenal, y los que aman a Dios
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por encima de todo, que constituyen la Ciudad de Dios. Estas dos
ciudades están mezcladas en cualquier sociedad a lo largo de la historia,
manteniendo una lucha ética entre sus componentes. La historia humana
avanza hacia el triunfo y salvación de los integrantes de la Ciudad de
Dios que se dará al nal de los tiempos.

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AVERROE
El gran lósofo árabe de este período es Averroes (1126-1198) Filósofo, jurista,
matemático y médico nacido en Córdoba.

Es considerado el más importante comentador y modernizador de la losofía de


Aristóteles, sobre todo por tres de sus obras, los Comentarios; convencido de que
Aristóteles era el sabio más grande que había habido, dedicó un enorme esfuerzo
en componer una serie de libros dedicados a exponer, aclarar y actualizar sus
obras.Además escribió otras obras sobre Astronomía, Derecho, Medicina,
Teología y otros tratados sobre el con icto entre la Religión y la Filosofía.

En general podemos decir que la losofía de Averroes es, en gran medida, una
actualización del aristotelismo, pues el cordobés considera que Aristóteles ha
conseguido la culminación racional de la ciencia y la losofía, y por tanto no
queda más tarea que comentar, explicar y aclarar sus doctrinas. La única tarea que
considera pendiente es la de conciliarlo con la revelación religiosa islámica,
aunque esto es lo que le llevará a tener problemas con las autoridades religiosas.
Así podemos decir que Averroes (y luego Santo Tomás) estará completamente de
acuerdo con Aristóteles en cuanto a la Física, la Cosmología y todo lo
referente a la “estructura de lo real”: toda la teoría del movimiento entendido
como paso de “ser en potencia” a “ser en acto”, la anterioridad del acto a la
potencia, todas las clasi caciones de los movimientos, el hilemor smo, la
distinción entre sustancias y accidentes, las categorías y la teoría de las cuatro
causas.

También siguiendo a Aristóteles, Averroes mantendrá que el concepto de


“creación ex-nihilo” (de la nada) es absurdo, porque supondría que Dios actuó
sobre la nada para crear el Mundo, y que habría algo que lo empuja a crear en un
momento determinado y que antes no ocurría, lo cual implicaría una dependencia
de Dios a algo. La solución de Averroes es que la “materia primera” que es
pura potencialidad y ausente de determinaciones no puede ser objeto del hecho
creador, sino que es eterna como Dios mismo. Esta materia contiene en potencia
todas las formas que la misma materia puede llegar a contener, pero ninguna en
acto. Dios, sin embargo, crea la “materia segunda”, o sea la compuesta de
materia y forma, la que contiene acto ademas de potencia.

El papel de Dios es el que Aristóteles otorgaba al Primer Motor; Dios,


mediante su intelecto gobierna el mundo, en el sentido de que su gobierno
consiste en el orden necesario e inefable de todos los movimientos, pero lo hace

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con su sola presencia, que transmite la potencia a las esferas celestes, y éstas al
mundo sublunar.

La doctrina del Intelecto es la doctrina más característica y reconocible de la


losofía de Averroes, la interpretación que hace de la distinción aristotélica entre
el Intelecto Agente y el Paciente. Averroes entendió el Entendimiento Agente
como algo único, que compartido por toda la humanidad, explica la existencia
de verdades universales. Averroes lo compara con la acción del Sol, que con su
luz hace visibles -en acto- los colores que están en potencia en las cosas; así que
el Entendimiento Agente, al iluminar mi alma, hace posible que esta abstraiga los
conceptos y verdades universales a partir de las representaciones sensibles.

La otra doctrina de Averroes que tuvo una amplio eco en el ámbito de la losofía
cristiana es la de la existencia de una doble verdad, una verdad religiosa y otra
losó ca, a veces incompatibles, pero ambas verdaderas. Aunque Averroes nunca
sostuvo una tesis como ésta, pero algunas de sus a rmaciones sobre la verdad
fueron así entendidas por sus seguidores y, sobre todo, por los estudiosos
cristianos de su obra.

La revelación divina ha de tomarse en sentido literal por el vulgo, pero está


justi cado que el sabio la interprete -aunque no debe explicar al vulgo esa
interpretación-. La verdad es una, lo que es diferente es los argumentos que
unos y otros manejan acerca de ésta; mientras el creyente ha de seguir la
tradición que emana del Corán, por ser verdad revelada por Dios, el teólogo se
puede conformar con explicaciones plausibles, el espíritu mas excelso del
cientí co (o lósofo) necesita encontrar la estructura racional del mundo, porque
procede de Dios.

MAIMÓNIDE
El gran lósofo judío es Maimónides (1135-1204), nacido también en Córdoba,
hijo del Rabí Maymun. Su padre lo educó en la Biblia y en el Talmud.

Se deben a Maimónides varias obras; losó camente, la más importante es la


Guía de los indecisos también conocida como Guía de los Perplejos.

La Guía está dividida en una «Introducción» y en tres partes. En la


«Introducción» indica cuáles son sus propósitos. Ante todo, y según apuntamos,
decidir a los indecisos, a los que han sido atraídos por la razón y hallan difícil
aceptar una interpretación literal de la ley. Luego, eliminar la perplejidad de los

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que caen en la confusión por no saber que las expresiones que guran en la Ley
deben ser interpretadas gurativamente y no literalmente.

Maimónides se opone al atomismo y de ende en su lugar una losofía que es


fundamentalmente aristotélica, si bien con algunos elementos platónicos.
Aunque Aristóteles enseñó algunas tesis que son contrarias a lo que dice la fe,
tales como la eternidad del mundo, la gran mayoría de sus opiniones y
argumentos losó cos son, según Maimónides, no sólo concordantes con las
verdades de la fe, sino sumamente útiles para defender y apoyar tales verdades.
Así, rectamente usada, la losofía no induce a confusión y a perplejidad, sino
todo lo contrario: sirve de guía a los indecisos. La base de la concordancia
entre losofía y fe que a rma Maimónides es su convicción de que la
experiencia sensible, por un lado, y el intelecto, por el otro, conducen por
igual a con rmar la fe; cuando tal no acontece, hay que ver si lo que dicen las
Escrituras debe ser interpretado literalmente o bien puede ser interpretado
gurativa y analógicamente. Esta última interpretación permite eliminar muchas
de las que parecían al principio contradicciones entre la razón y la fe.

Maimónides admite como completamente convincentes los argumentos que han


proporcionado «los lósofos» para demostrar que Dios existe, es incorpóreo
(o espiritual) y es Uno. Se ha hecho observar que las pruebas aducidas, o
reiteradas, por Maimónides son similares a las usadas luego por Santo Tomás de
Aquino.

Las doctrinas de Maimónides suscitaron gran número de polémicas entre los


medios judíos. Los «talmudistas puros» se opusieron, por lo general, a las
interpretaciones gurativas de Maimónides y abogaron por la interpretación
literal. Importante es la in uencia de Maimónides sobre cierto número de
escolásticos cristianos del siglo XIII y en particular sobre Santo Tomás. La Guía
de los perplejos o los indecisos fue escrita por Maimónides en árabe.

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