COLEGIO SANTA MARÍA DEL ROSARIO N°8121
“Con osadia y esperanza,abrazamos la creacion”
Teología de la Ecología: El Evangelio de la Creación, el Medio Ambiente y la Sociedad
1. La creación: un don que habla de Dios
Desde la perspectiva cristiana, el mundo no es fruto del azar ni algo que podamos usar sin límites.
Es un don de Dios, creado por amor. En el relato del Génesis, Dios crea el universo y lo declara
"bueno". Todo lo creado —la tierra, el agua, las plantas, los animales y el ser humano— forma
parte de un orden querido por Dios, donde todo está interconectado.
"La creación pertenece al orden del amor de Dios. Es un don destinado a todos."
(Papa Francisco, Laudato Si’, n. 76)
2. El ser humano: cuidador, no dueño
Dios confía al ser humano el cuidado de la creación, no su dominio egoísta. En la Biblia se habla de
"cultivar y cuidar" el jardín del Edén (Gn 2,15). Esta es una responsabilidad, no una licencia para
destruir.
La teología de la ecología nos invita a ver el planeta como casa común y no como objeto de
consumo. Somos administradores, no propietarios.
"El ambiente es un bien colectivo, patrimonio de toda la humanidad y responsabilidad de todos."
(Laudato Si’, n. 95)
3. El Evangelio de la Creación
El Evangelio (la Buena Noticia) no es solo para las personas, sino para toda la creación. Jesús
mismo habla de los lirios del campo y las aves del cielo, y con su resurrección inaugura una nueva
creación.
La salvación que Cristo ofrece abarca toda la realidad, y por eso cuidar el ambiente forma parte
de la fe. No es algo "extra", sino central para vivir como cristianos.
4. Crisis ecológica y pecado
La contaminación, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la injusticia ambiental no son
solo problemas técnicos. Son también síntomas de una crisis espiritual. El Papa Francisco habla de
un “pecado contra la creación” cuando dañamos la naturaleza o ignoramos el sufrimiento de los
pobres.
La indiferencia hacia el medio ambiente es también indiferencia hacia los demás y hacia Dios.
5. Medio ambiente y sociedad: una misma crisis
La teología ecológica reconoce que la crisis ambiental y la crisis social están unidas. Los pobres son
los más afectados por la contaminación, la escasez de agua o los desastres naturales. No puede
haber ecología sin justicia social.
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"No hay dos crisis separadas, una ambiental y otra social, sino una sola y compleja crisis socio-
ambiental."
(Laudato Si’, n. 139)
6. Conversión ecológica
El camino que propone la Iglesia es el de la conversión ecológica: un cambio profundo de
mentalidad y estilo de vida. Implica:
• Reconocer el valor de cada criatura.
• Cambiar hábitos de consumo.
• Valorar lo simple.
• Luchar contra la injusticia ecológica.
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Resumen de la Encíclica Laudato Si’
“Sobre el cuidado de la casa común” – Papa Francisco (2015)
[Link]
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• ¿Qué es Laudato Si’?
Es una carta encíclica del Papa Francisco sobre la crisis ecológica global. El título, Laudato Si’,
significa “Alabado seas” y está tomado del Cántico de las criaturas de San Francisco de Asís. El
documento invita a todos (no solo a los católicos) a cuidar el planeta, que es nuestra casa común.
• Ejes principales de Laudato Si’:
1. Todo está conectado
La humanidad, la naturaleza, la economía, la cultura y la vida espiritual están profundamente
unidas. No se pueden separar los problemas ambientales de los sociales.
2. El grito de la tierra y el grito de los pobres
El Papa denuncia que la degradación del ambiente afecta sobre todo a los más pobres, que sufren
la falta de agua, alimentos o salud por culpa del daño ecológico.
3. Crítica al modelo de desarrollo actual
El sistema económico dominante, basado en el consumo sin límites, es injusto e insostenible. No
respeta ni el medio ambiente ni la dignidad humana.
4. La raíz humana de la crisis
La crisis ecológica nace también de una crisis ética y espiritual. Se pierde el sentido del límite y del
respeto a la creación. El ser humano se pone en el centro y se olvida de Dios.
5. Una ecología integral
El Papa propone una visión amplia: no basta con cuidar los árboles o el agua, hay que cuidar la
vida humana, la cultura, la economía, la justicia y las relaciones. Todo está unido.
6. Conversión ecológica
Hace falta un cambio profundo de mentalidad, valores y estilo de vida. La fe cristiana debe inspirar
un modo nuevo de vivir en armonía con la creación y con los demás.
7. Educación y espiritualidad ecológica
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Es urgente formar una conciencia ecológica. Esto incluye educar en el cuidado, la gratuidad, la
sobriedad y la contemplación. La espiritualidad ayuda a actuar desde el amor y no desde la
obligación.
❖ ¿Qué propone Laudato Si’?
• Escuchar tanto a la ciencia como a la fe.
• Reducir el consumo, reciclar, reutilizar.
• Cambiar modelos económicos injustos.
• Defender la vida desde su inicio hasta su fin.
• Actuar localmente y globalmente.
• Cuidar el agua, el aire, el suelo, la biodiversidad.
• Fomentar políticas responsables.
• Orar y agradecer por la creación.
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PAPA FRANCISCO
AUDIENCIA GENERAL
Patio de San Dámaso
Miércoles, 16 de septiembre de 2020
Catequesis - “Curar el mundo”: 7. Cuidado de la casa común y actitud contemplativa
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
…Este cuidado abraza también a nuestra casa común: la tierra y cada una de sus criaturas. Todas
las formas de vida están interconectadas (cf. ibíd., 137-138), y nuestra salud depende de la de los
ecosistemas que Dios ha creado y que nos ha encargado cuidar (cf. Gn 2, 15). Abusar de ellos, en
cambio, es un grave pecado que daña, que perjudica y hace enfermar (cf. LS, 8; 66). El mejor
antídoto contra este abuso de nuestra casa común es la contemplación (cf. ibíd., 85; 214). ¿Pero
cómo? ¿No hay una vacuna al respecto, para el cuidado de la casa común, para no dejarla de lado?
¿Cuál es el antídoto para la enfermedad de no cuidar la casa común? Es la contemplación.
«Cuando alguien no aprende a detenerse para percibir y valorar lo bello, no es extraño que todo se
convierta para él en objeto de uso y abuso inescrupuloso» (ibíd.,215). Incluso en objeto de “usar y
tirar”. Sin embargo, nuestro hogar común, la creación, no es un mero “recurso”. Las criaturas
tienen un valor en sí y "reflejan, cada una a su manera, un rayo de la sabiduría y de la bondad
infinitas de Dios" (Catecismo de la Iglesia Católica, 339). Pero ese valor y ese rayo de luz divina hay
que descubrirlo y, para hacerlo, necesitamos silencio, necesitamos escuchar, necesitamos
contemplar. También la contemplación cura el alma.
Sin contemplación es fácil explotar la creación: ese es el pecado. Creemos que estamos en el
centro, pretendiendo que ocupamos el lugar de Dios; y así arruinamos la armonía del diseño de
Dios. Nos convertimos en depredadores, olvidando nuestra vocación de custodios de la vida.
Naturalmente, podemos y debemos trabajar la tierra para vivir y desarrollarnos. Pero el trabajo no
es sinónimo de explotación, y siempre va acompañado de cuidados: arar y proteger, trabajar y
cuidar... Esta es nuestra misión (cf. Gn 2,15). No podemos esperar seguir creciendo a nivel material,
sin cuidar la casa común que nos acoge. Nuestros hermanos y hermanas más pobres y nuestra
madre tierra gimen por el daño y la injusticia que hemos causado y reclaman otro rumbo.
Reclaman de nosotros una conversión, un cambio de ruta: cuidar también de la tierra, de la
creación.
Es importante, pues, recuperar la dimensión contemplativa, es decir mirar la tierra y la creación
como un don, no como algo que explotar para sacar beneficios. Cuando contemplamos,
descubrimos en los demás y en la naturaleza algo mucho más grande que su utilidad. He aquí la
clave del problema: contemplar es ir más allá de la utilidad de una cosa. Contemplar la belleza no
significa explotarla: contemplar es gratuidad.
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La contemplación, que nos lleva a una actitud de cuidado, no es mirar a la naturaleza desde el
exterior, como si no estuviéramos inmersos en ella. Pero nosotros estamos dentro de la naturaleza,
somos parte de la naturaleza. Se hace más bien desde dentro, reconociéndonos como parte de la
creación, haciéndonos protagonistas y no meros espectadores de una realidad amorfa que solo
serviría para explotarla. El que contempla de esta manera siente asombro no sólo por lo que ve,
sino también porque se siente parte integral de esta belleza; y también se siente llamado a
guardarla, a protegerla. Y hay algo que no debemos olvidar: quien no sabe contemplar la
naturaleza y la creación, no sabe contemplar a las personas con toda su riqueza. Y quien vive para
explotar la naturaleza, termina explotando a las personas y tratándolas como esclavos. Esta es una
ley universal: si no sabes contemplar la naturaleza, te será muy difícil contemplar a las personas, la
belleza de las personas, a tu hermano, a tu hermana.
El que sabe contemplar, se pondrá más fácilmente manos a la obra para cambiar lo que produce
degradación y daño a la salud. Se comprometerá a educar y a promover nuevos hábitos de
producción y consumo, a contribuir a un nuevo modelo de crecimiento económico que garantice el
respeto de la casa común y el respeto de las personas. El contemplativo en acción tiende a
convertirse en custodio del medio ambiente: ¡qué hermoso es esto! Cada uno de nosotros debe
ser custodio del ambiente, de la pureza del ambiente, tratando de conjugar los saberes ancestrales
de las culturas milenarias con los nuevos conocimientos técnicos, para que nuestro estilo de vida
sea sostenible.
En fin, contemplar y cuidar: ambas actitudes muestran el camino para corregir y reequilibrar
nuestra relación como seres humanos con la creación. Muchas veces, nuestra relación con la
creación parece ser una relación entre enemigos: destruir la creación para mi ventaja; explotar la
creación para mi ventaja. No olvidemos que se paga caro; no olvidemos el dicho español: “Dios
perdona siempre; nosotros perdonamos a veces; la naturaleza no perdona nunca”.
…si tenemos esta relación —me permito usar la palabra— “fraternal”, en sentido figurado, con la
creación, nos convertimos en custodios de la casa común, en custodios de la vida y en custodios de
la esperanza, custodiaremos el patrimonio que Dios nos ha confiado para que las generaciones
futuras puedan disfrutarlo. Y alguno podría decir: “Pero, yo me las arreglo así”. Pero el problema
no es cómo te las arreglas hoy —esto lo decía un teólogo alemán, protestante, muy bueno:
Bonhoeffer— el problema no es cómo te las arreglas hoy; el problema es: ¿cuál será la herencia, la
vida de la futura generación? Pensemos en los hijos, en los nietos: ¿qué les dejaremos si
explotamos la creación? Custodiemos este camino para que podamos convertirnos en “custodios"
de la casa común, custodios de la vida y de la esperanza.
Custodiemos el patrimonio que Dios nos ha confiado para que las futuras generaciones puedan
disfrutarlo.
Ahora bien, no hay que delegar en algunos lo que es la tarea de todo ser humano. Cada uno de
nosotros puede y debe convertirse en un “custodio de la casa común”, capaz de alabar a Dios por
sus criaturas, de contemplarlas y protegerlas.
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El Cántico de las Criaturas
Altísimo y omnipotente buen Señor, y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.
tuyas son las alabanzas, Alabado seas, mi Señor,
la gloria y el honor y toda bendición. por la hermana nuestra madre tierra,
A ti solo, Altísimo, te convienen la cual nos sostiene y gobierna
y ningún hombre es digno de nombrarte. y produce diversos frutos con coloridas flores
y hierbas.
Alabado seas, mi Señor,
Alabado seas, mi Señor,
en todas tus criaturas,
por aquellos que perdonan por tu amor,
especialmente en el Señor hermano sol,
y sufren enfermedad y tribulación;
por quien nos das el día y nos iluminas.
bienaventurados los que las sufran en paz,
Y es bello y radiante con gran esplendor,
porque de ti, Altísimo, coronados serán.
de ti, Altísimo, lleva significación.
Alabado seas, mi Señor,
Alabado seas, mi Señor,
por nuestra hermana muerte corporal,
por la hermana luna y las estrellas,
de la cual ningún hombre viviente puede
en el cielo las formaste claras y preciosas y
escapar.
bellas.
Ay de aquellos que mueran
Alabado seas, mi Señor, por el hermano
viento en pecado mortal.
y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo Bienaventurados a los que encontrará
tiempo,
en tu santísima voluntad
por todos ellos a tus criaturas das sustento.
porque la muerte segunda no les hará mal.
Alabado seas, mi Señor, por el hermano
Alaben y bendigan a mi Señor
fuego,
y denle gracias y sírvanle con gran humildad.
por el cual iluminas la noche,
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Explicación
Esta bella oración de San Francisco es conocida por varios nombres: Cántico de las Criaturas,
Alabanzas de las Criaturas e Himno de la Hermana Muerte. Fue escrito en romance umbro (la
tierra del santo) y se lo considera el primer poema en la lengua italiana. Se lo celebró como "el más
bello trozo de poesía religiosa después de los Evangelios" y "la expresión más completa y lírica del
alma y de la espiritualidad de Francisco". La fecha de su composición es el otoño de 1225,
posiblemente en San Damián
El Cántico de las Criaturas es un himno de alabanza que recapitula el viaje de Francisco a Dios en y
a través de las cosas bellas de la creación. Para Francisco toda la creación se convirtió en una
teofanía, una manifestación de la bondad de Dios. Pero el Cántico también representa una vida de
conversión, ya que Francisco se esforzó por ser un hermano de todas las cosas y alabar a Dios en el
claustro del universo a pesar de sus sufrimientos, los sentimientos de abandono y la oscuridad. En
el Cántico, compuesto un año antes de su muerte mientras estaba enfermo en una pequeña
cabaña oscura cerca de San Damián, Francisco cantó la familia humana (hermano-hermana-madre)
como modelo para todas las relaciones. El Cántico de las Criaturas es la piedra angular de su visión
teológica.
El Cántico nos recuerda que los humanos somos tan dependientes de los elementos de la creación
como éstos dependen de nosotros. Con su maravilloso respeto por las creaturas de todo tipo, por
el sol, la luna, las estrellas, el agua, el viento, el fuego y la tierra, Francisco llegó a ver que toda la
creación alaba a Dios. El hermano Sol y la Luna alaban a Dios por el simple hecho de ser sol y luna.
Podríamos decir que Francisco se volvió sensible a la bondad de la creación para que llegara a
entender, oír y ver el sol y la luna alabando a Dios. El Cántico prefigura la nueva creación donde
nos encontraremos en relación con todas las cosas de la creación en un espíritu de reconciliación y
paz. Trae a nuestra conciencia que toda la creación está cargada con la bondad de Dios para que,
incluso en la vida eterna, la creación ofrezca alabanza y gloria al Altísimo.
La relación de Francisco con Cristo no siguió un camino estrecho, sino que creció hasta el horizonte
más amplio posible. Cuanto más profundamente crecía en relación con Cristo, más se encontraba
íntimamente relacionado con las cosas de la creación como hermano. Podríamos decir que su
relación con Cristo cambió su enfoque interno. Desarrolló una conciencia más profunda de la
"relación" y se dio cuenta de que estaba relacionado con todas las cosas, no importa cuán
pequeñas, porque todo compartía en la bondad primordial de Dios, la fuente de su propia vida.
Francisco descubrió que era parte de la familia cósmica de la creación.