5 Marco conceptual
Primera infancia El concepto de infancia hace referencia a la primera etapa en la vida
de una persona, que comprende desde el nacimiento hasta el comienzo de la pubertad.
Este período abarca no solo el desarrollo físico, cognitivo y emocional de los individuos
durante estos años formativos, sino que también es crucial en el ciclo de vida, ya que
en él se establecen las bases fundamentales para el desarrollo de futuras capacidades
y habilidades. Además, es en esta etapa donde se desarrollan más intensamente las
habilidades sociales y motoras, como el movimiento, el equilibrio, la fuerza, la relación
entre pares y el establecimiento de vínculos afectivos.
No obstante, cuando hablamos de primera infancia, (Jaramillo, 2007) la define como
una etapa de crecimiento y evolución, que va desde la gestación hasta
aproximadamente los 7 años, marcada por rápidos y significativos cambios en el
desarrollo integral del niño, además de ser considerable para la evolución de sus
dimensiones: cognitiva, comunicativa, corporal, socio afectiva y sensoriomotriz. Así
mismo, algunos organismos internacionales, como la UNESCO (2024) menciona que la
atención y educación de la primera infancia (AEPI), ocupa entre el nacimiento y los
ocho años, debido a que se aprovecha al máximo una etapa significativa del desarrollo
del cerebro de los niños, en donde implica distintos aspectos, como el desarrollo
biológico, psicológico, cultural y social, además de establecer personalidad y
relacionarse con otros niños; en este marco, es importante resaltar que los pequeños al
recibir los cuidados adecuados durante este periodo, tienen mayor posibilidad de crecer
saludables y presentar un buen progreso del lenguaje, el razonamiento y las relaciones
sociales.
Dentro de este marco, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (2015) menciona
que, en Colombia, la primera infancia se entiende como una etapa de desarrollo de
niños y niñas que va desde la gestación hasta los 6 años de edad. Este período es
fundamental para el desarrollo de diversas dimensiones, como la biológica, psicológica,
cultural y social. Además, es clave porque en él se sientan las bases de la
personalidad, la inteligencia y el comportamiento.
A su vez, también se caracteriza por su rápido crecimiento y aprendizaje, la infancia es
fundamental para la formación de las competencias básicas que influyen en el
crecimiento posterior del individuo. No obstante, en esta etapa se prioriza el desarrollo
integral de los niños, asegurando que reciban las atenciones necesarias para cumplir
con sus derechos y protegerlos en situaciones de vulnerabilidad. Así mismo, el
documento Guía para la Implementación Territorial de la Política de Estado para el
Desarrollo Integral de la Primera Infancia “De Cero a Siempre” (2018) refiere que en el
primer periodo de vida se desarrolla el 85% de las conexiones neuronales que
posibilitan el avance de pensamiento simbólico, lenguaje, entre otras habilidades, que
ayudan a robustecer la formación del niño.
Los estudios en neurociencia, que investigan el sistema nervioso y el desarrollo
cerebral, han revelado que los primeros años de vida son cruciales para el proceso
integral de una persona. Durante esta etapa, la interacción del individuo con su entorno
moldea la estructura cerebral y define su comportamiento.
En esta etapa, el cerebro experimenta cambios fenomenales: crece, se desarrolla y
pasa por periodos sensibles para algunos aprendizajes, por lo que requiere de un
entorno con experiencias significativas, estímulos multisensoriales, recursos físicos
adecuados; pero, principalmente, necesita de un entorno potenciado por el cuidado, la
responsabilidad y el afecto de un adulto comprometido. (Campos, 2010, p.8).
Inclusive, las relaciones de los niños y adultos tienen un impacto significativo desde la
etapa prenatal. Factores como la alimentación, la exposición a diferentes estímulos y
los estados anímicos de la madre durante el embarazo influyen directamente en el
cerebro que está en plena formación. Posteriormente a su nacimiento, el bebé está
expuesto a diversos estímulos como los sonidos, colores, olores, texturas, luces,
sabores, temperatura y es donde cada día va teniendo nuevas experiencias para
adaptarse a ese nuevo mundo; siendo, por lo tanto, muy importante porque el número
de nuevas sinapsis aumenta, especialmente en las primeras dos semanas. Durante
esta fase de desarrollo, la producción de neuronas y sus conexiones se incrementan, lo
que potencia la capacidad de modificar las funciones cerebrales. (Campos, 2010). A
medida que el niño avanza en su crecimiento, se observa progresivamente el despertar
progresivo de sus habilidades emocionales, intelectuales y sociales, debido a que van
madurando sus estructuras neurofisiológicas.
Durante sus primeros años de vida, los niños muestran extraordinarias capacidades
que les permiten descubrir y conquistar el mundo que los rodea. En este ámbito, es
fundamental entender que Esta etapa supone una nueva concepción del desarrollo,
como un proceso de transformaciones y reorganizaciones permanentes que convierten
a los niños en sujetos ejecutores, individuos activos en la construcción de su
conocimiento, competentes para trenzar complejos entramados de relaciones afectivas
y sociales, para expresar y comprender ideas, sentimientos y valores propios y ajenos.
(Ministerio de Educación Nacional, 2009, p. 118).
Recalcando la importancia de considerar a los niños como agentes activos en su propio
desarrollo, capaces de construir y comprender su entorno a través de las relaciones y
conocimientos que van adquiriendo, es fundamental proporcionarles espacios de
interacción que les permitan fortalecer sus habilidades. A su vez, estos van adquiriendo
competencias, gracias a las experiencias, retos y exigencias de la vida diaria “los
diálogos entre la madre y el bebé, la resolución de un problema cotidiano como
amarrarse los zapatos, la participación con la mamá, el papá o los vecinos en prácticas
tradicionales de su comunidad, como juegos, rondas, bailes, relatos” (Ministerio de
Educación Nacional, 2009, p. 87) son espacios considerados como educativos y
significativos, ya que estimulan el adelanto y la adquisición de conocimientos en el
sujeto.
Por lo tanto, la infancia, y particularmente la primera infancia, constituyen una etapa
fundamental para el humano, abarcado desde la gestación hasta los primeros años de
vida, durante este periodo se establecen las bases para el crecimiento físico, cognitivo,
emocional y social del sujeto. Evidenciando que en esta etapa el niño establece
nuevas conexiones neuronales que pueden aumentar su función cerebral; este proceso
de crecimiento es fundamentalmente influenciado por la calidad del entorno y la
interacción significativa con los adultos.
La primera infancia no solo es una etapa de rápidos cambios y desarrollos funcionales,
sino también un período en el que se configuran competencias esenciales para la vida
futura. Es fundamental reconocer que los espacios educativos, ya sea en el entorno
familiar o escolar, son cruciales, enriquecedores y esenciales para maximizar el
potencial de los niños durante sus años formativos. Estos espacios no solo promueven
el aprendizaje, sino que también fomentan relaciones afectivas y sociales. Por lo tanto,
el compromiso con la atención y educación de calidad en la primera infancia tiene un
impacto duradero en la vida del individuo, formando la base para un desarrollo
saludable y equilibrado en todas las dimensiones del ser humano.
Infancia Digital
La infancia digital se refiere al impacto de la tecnología en la vida de los niños,
caracterizado por la asimilación rápida sobre el uso de las nuevas tecnologías como
internet, videojuegos, móviles, tabletas, entre otros. La exposición temprana a la
tecnología y el predominio de actividades digitales han transformado la manera en
cómo los pequeños aprenden e interactúan con los otros. Teniendo en cuenta lo
anterior, el concepto de infancia digital se vuelve crucial en este contexto.
Especialmente desde la pandemia causada por el COVID-19, la sociedad ha
experimentado un impacto aún más significativo, que ha llevado a una adopción
acelerada y sorprendente del uso de la tecnología. Esto se debió a la necesidad de
adaptarse a restricciones, como las medidas de distanciamiento social, la limitación de
horarios de movilidad, la suspensión del transporte, el cierre de fronteras y el
confinamiento. Todo lo anterior ocasionó que el ser humano se enfrentara a ciertos
desafíos como el cambio de las rutinas; en ciertos casos, fue necesario reorganizar los
espacios para acomodar a otros miembros de la familia, adquirir habilidades
tecnológicas que facilitan la comunicación con sus seres queridos y acceder a servicios
médicos (Castrillón & Gómez, 2021).
Dicha situación generó que las personas buscaran alternativas tecnológicas para
mantenerse conectadas en los diferentes ámbitos (laboral, social, educativo, entre
otros). Sin embargo, al estar en aislamiento y transformación del entorno, se
observaron nuevas formas de comunicación, pero también el estrés y desgaste
emocional que se produjo tras los cambios y las nuevas formas de trabajo (laboral y
académico), las dificultades de acceso y el manejo de plataformas digitales. Estos
cambios crearon una carga emocional y compleja para los adultos. En el caso de los
niños, los efectos fueron más pronunciados, los espacios de recreación, interacción y
educación fueron reemplazados por dispositivos móviles, clases en línea, tareas
digitales, redes sociales y exposición constante a las pantallas, siendo actividades que
se convirtieron en hábitos
(Castrillón & Gómez, 2021). Castrillón y Gómez (2021) explican que la interacción física
es indispensable para el desarrollo integral de los niños, debido a que viven
experiencias que permiten desarrollar capacidades y conocimiento. Estas se conocen
como competencias afectivas, sociales, físicas y cognitivas que al ser adquiridas por el
sujeto lo preparan para enfrentar y relacionarse con su entorno. No obstante, la
ausencia de la interacción física con otros niños y adultos contribuyó a que las
actividades tecnológicas se convirtieran en hábitos predominantes. A pesar de que se
muestra una notable agilidad para el uso de la tecnología en los niños y jóvenes, esta
no siempre está acompañada de un manejo efectivo o equilibrado de las herramientas
digitales.
L'Ecuyer (2018) resalta que, aunque estas nuevas generaciones pueden dominar el
uso de las herramientas digitales, frecuentemente carecen de otras competencias
esenciales como la gestión de información, el pensamiento crítico, ética digital y
comprensión completa de las implicaciones que tiene la utilización de la tecnología.
En la actualidad, una de estas implicaciones o desafíos en la era digital, es la
saturación o sobreabundancia de la información. Cornella (2000, como cita Roberto
Cid, 2023) explica que el desbordamiento de información provoca dos problemáticas
principales; “primero, el cómo gestionar toda esa información y el segundo, es la
capacidad para gestionarla intentando controlar la angustia y el estrés que causa" (p.
21); debido a que con un solo clic se tiene acceso a todo tipo de conocimiento y
diversidad de fuentes. Dicha cantidad de información puede ser relevante o irrelevante,
pero suele ser difícil de discriminar, lo que realmente es una situación compleja debido
a que a veces suele ser confusa, otras veces contradictoria.
En cuanto al uso de la tecnología en los menores, Rideout y Rodd (2020), en su
artículo de investigación “The Common Sense census: Media use by kids age zero to
eight”, categorizan el tiempo de uso de la tecnología entre las diferentes edades, que
van desde los dos hasta los ocho años; señalando que los niños entre dos a tres años
de edad, ya están expuestos a los dispositivos móviles, utilizando diversas aplicaciones
y plataformas de juego y de video. Este contacto temprano, resalta la necesidad de la
supervisión constante por parte de los adultos, debido a que puede influir en los hábitos
o desarrollar patrones que perduren a lo largo de su desarrollo.
Dispositivos Tecnológicos Una transformación del estilo de vida ha venido
generando un aumento en el uso de la tecnología mediante la creación de dispositivos
como tabletas, computadores, celulares entre otros elementos esenciales en el mundo
digital, usados en la aceleración de la digitalización de procesos en diferentes sectores,
permitiendo la interconexión y comunicación en nuestra vida a diario. Tras la pandemia
causada por el COVID-19, la sociedad ha experimentado un impacto significativo, que
ha llevado a una adopción acelerada y sorprendente del uso de la tecnología. Esto se
debió a la necesidad de adaptarse a las restricciones, como las medidas de
distanciamiento. En este contexto, el teletrabajo y la educación a distancia se han
convertido en una práctica común, y las empresas y/o medios han tenido que
adaptarse digitalmente para sobrevivir a las nuevas transformaciones y tendencias que
han causado el planteamiento de diversos desafíos en el uso de la tecnología
pospandemia.
Asimismo, el uso de aplicaciones móviles y plataformas digitales se ha incrementado,
y se han observado repercusiones en todos los niveles de la sociedad, incluida la vida
de los jóvenes y la salud de la infancia. Panchal et al. (2023) mencionan que se ha
aumentado el tiempo frente a la pantalla, incluidas las redes sociales; aunque en la
pandemia fue un medio que ayudó a la conexión social y mejoramiento de la salud
mental, en la actualidad, tras la post pandemia se ha causado un aislamiento y una
utilización excesiva de móviles que llevan a un desmejoramiento de dicha salud.
Es importante destacar que la adopción generalizada de las nuevas tecnologías
(tabletas, smartphones, computadoras, entre otros) en la actualidad, se ha convertido
en parte integral de la vida cotidiana, siendo omnipresentes en los hogares y en el
entorno diario de los menores, generando una dependencia inadvertida. Esto puede
llevar a que las personas no sean plenamente conscientes de las potenciales
consecuencias asociadas al uso excesivo de estas tecnologías y cómo pueden afectar
el desarrollo de la primera infancia, debido a que se ha visto modificación en sus
modos de interacción, aprendizaje y juego. Cabe agregar que el concepto de primera
infancia se entiende como “la etapa del ciclo vital en la que se establecen las bases
para el desarrollo cognitivo, emocional y social del ser humano. Comprende la franja
poblacional que va de los cero (0) a los seis (6) años” (Castrillón & Gómez, 2021, p.54).
Siendo así la etapa fundamental en el desarrollo integral y neuronal del niño, lo que
significa que las experiencias y estímulos a los que se exponen pueden influir
significativamente en su desarrollo a largo plazo.
Desde los lineamientos curriculares de la Educación Inicial y Preescolar, del Ministerio
de Educación Nacional (MEN, 1998) se menciona que un ambiente familiar y social
estimulante, adecuada salud y nutrición pueden generar un buen desarrollo en el
sujeto. Así mismo, esta etapa es vital para establecer bases en el desarrollo cognitivo,
emocional y social. En el marco conceptual de esta investigación, se considera que la
familia, como principal responsable del menor desde su nacimiento, juega un rol
fundamental en el desarrollo de las primeras nociones y operaciones del pensamiento.
Estas capacidades iniciales permiten al niño establecer relaciones con su entorno y
resolver problemas sencillos, sentando así las bases para la comprensión de conceptos
más complejos en etapas posteriores.
A menudo, la tecnología ha generado en los niños un profundo desinterés en las
actividades al aire libre, siendo común “evitar tener que realizar esfuerzos físicos e ir un
poco a lo desconocido” (Días et al., 2021, p.21). Así pues, prefieren mantenerse en
casa donde todo está bajo control y en un ambiente cómodo, ya que la tecnología se
convierte en un refugio y un espacio donde no hay lugar a la perturbación o la sorpresa.
En esa misma línea, Garaigordobil (2005) en sus investigaciones ha comprobado que
el juego al aire libre está estrechamente vinculado a las dimensiones básicas del
desarrollo infantil: psicomotriz, intelectual, social y afectivo-emocional. Sin embargo, el
mundo digital está cambiando la vida de los niños, ya que se han transformado tanto
las dinámicas de interacción como la forma en que se establecen y mantienen
amistades, de igual forma el uso del tiempo libre, dándoles acceso constante a videos,
actualizaciones en redes sociales y juegos absorbentes.
Esas preferencias por lo virtual suelen estar acompañadas de la impulsividad, que “se
caracteriza por la falta de control motriz y emocional y por actuar sin pensar en las
consecuencias posteriores, movido por el deseo de gratificación inmediata” (Días et al.,
2021, p.21). Esa recompensa que ocurre rápidamente puede generar la impaciencia y
la necesidad de satisfacer sus deseos de forma instantánea, lo que puede llevar a
reacciones desproporcionadas; a eso se suma la pérdida de noción del tiempo donde el
niño puede pasar horas en la pantalla sin darse cuenta de la realidad en el exterior,
porque esta noción “corresponderá a los triunfos o derrotas que se generen en la
oportunidad en el juego”. (Melchor et al. 2021, p.21).
Estos nuevos cambios generan incertidumbre, ya que no puede ser tan positivo el estar
tanto tiempo frente a las pantallas, causando un aislamiento entre los infantes, familia y
entorno. Por lo tanto, esta nueva realidad subraya la enorme responsabilidad de los
padres como corresponsables en la educación de sus hijos. Además de supervisar el
tiempo frente a la pantalla y el contenido accesible, deben guiar y apoyar el uso de
estas tecnologías de manera que fomenten un desarrollo y aprendizaje saludables.
Asumir un rol activo en esta faceta de la educación es crucial para asegurar que el uso
de la tecnología sea beneficioso y no perjudique el desarrollo integral de los niños.
Si bien es cierto, el problema no son las TIC, sino la capacidad de propender a un uso
razonable, controlado y de calidad. No obstante, las familias en su total estructura no lo
han podido gestionar ni siquiera en los adultos cuando, según lo expuesto por
(Lauricella, et al., 2015), son justamente las familias las encargadas de limitar el
tiempo, de revisar y controlar los contenidos.
En esa misma línea, (Prensky, 2001) introduce el término nativos digitales con el fin de:
Describir a aquellos que han crecido en un entorno rodeado de tecnología desde la
infancia, sugiriendo que esta exposición temprana cambia sus patrones de
pensamiento y aprendizaje. Define a los nativos digitales como individuos
acostumbrados a recibir información rápidamente, multitarea, y con preferencia por
gráficos sobre textos, y trabajando en red (p. 14).
Aunque los infantes sean considerados nativos digitales por su habilidad innata para
manejar la tecnología de forma eficiente y fluida, esto no implica que la utilicen de
manera responsable y productiva, como en el caso de reconocer riesgos en internet.
Por ello, es crucial la presencia de agentes educativos (padres y profesores) quienes
deben actuar como mediadores primarios en el uso de estas tecnologías. Las TIC
tienen utilidad en la educación; sin embargo, no todos utilizan estas herramientas de
forma adecuada, debido a la poca alfabetización del manejo de estas en casa y las
instituciones (Jiménez, 2015).
Existen artículos que discuten los riesgos asociados con el uso de dispositivos móviles
por parte de los niños, en dichos documentos se mencionan posibles afectaciones en
diferentes aspectos de su entorno y crecimiento. En primer lugar, la utilización excesiva
puede limitar severamente las interacciones sociales y el desarrollo personal, llevando
a la dependencia tecnológica y dificultando el desarrollo de relaciones interpersonales
saludables y el aprendizaje del manejo de las emociones, entendidas como reacciones
que los niños deben aprender a gestionar y controlar, ya que les permite integrarse en
la sociedad y relacionarse con los demás. Estas habilidades se cultivan en la
interacción social, reflejando contextos y realidades particulares (Martínez & Giraldo,
2018).
Desde una perspectiva de seguridad, en la actualidad se han facilitado los canales de
comunicación y conectividad, causando mayor alcance e interacción en línea,
facilitando que los niños se conecten entre sí y compartan experiencias en línea, pero
también generando una facilidad de acceso a ciertos contenidos inapropiados, que
pueden ser perjudiciales o causen daños y perjuicios en la integridad de estos, como la
entrada de páginas o videos con contenido sexual, violento o situaciones vulnerables
de acoso. Estas situaciones dificultan la formación de relaciones interpersonales sanas
y el manejo de las emociones, habilidades fundamentales para desenvolverse en la
sociedad y establecer vínculos positivos. Además, la interacción con personas con
malas intenciones representa una preocupación seria, ya que pone en riesgo la
integridad y bienestar del niño.
Por otro lado, las tecnologías de la información han ocasionado un gran protagonismo
en la sociedad, ofreciendo beneficios indiscutibles sobre el acceso a la información y
recursos educativos. Sin embargo, su uso excesivo y no regulado puede tener efectos
adversos en los niños,generando incluso casos de adicción (Melchor et al., 2021).
Diversos estudios indican que el uso prolongado de dispositivos electrónicos, como
teléfonos móviles o computadores, puede causar sobre exposición a estímulos que
activan el sistema de recompensa del cerebro, similar a lo que ocurre con otras
adicciones como las sustancias psicoactivas o el azúcar. Así mismo, estas pueden
causar efectos preocupantes en cuanto al rechazo de la interacción social.
El uso constante de las herramientas tecnológicas en la vida cotidiana de los niños y
niñas los desvincula de otras formas de comunicación esenciales para el desarrollo
social y educativo. Tienen dificultades para desarrollar habilidades sociales y
emociones, y a menudo prefieren la tecnología en lugar de interactuar (Melchor et al.,
2021). Está la preocupación sobre el tiempo excesivo frente a la pantalla y cómo este
puede aislarlos de sus familias y entorno potencialmente, incrementando la depresión y
contribuyendo a la obesidad. Además, se aborda la dificultad que enfrentan los padres
y maestros con mensajes contradictorios sobre cómo gestionar el tiempo de pantalla de
los niños (UNICEF, 2017, p.25).
Esta dependencia que genera la tecnología, especialmente en el contexto de las redes
sociales o los videojuegos, pueden llevar al niño a priorizar las interacciones virtuales
sobre las reales, afectando negativamente su capacidad de desarrollar habilidades
sociales relevantes, limitando su competencia y la comunicación asertiva, resolución de
conflictos y empatía. También, se puede llegar a tener menor control del temperamento
y alteración en el equilibrio emocional de los niños. Esta situación se agrava cuando
siente la necesidad constante de acceder a un determinado videojuego o pasar tiempo
en pantalla, debido a que necesita la sensación de bienestar (Melchor et al., 2021).
Por otra parte, desde la neurología se menciona que “el insomnio que produce el
utilizar los dispositivos por la noche, es el causante de la falta de concentración”
(Álvarez et al., 2018, p. 6). La exposición a la luz azul de las pantallas antes de dormir
interfiere con la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño, y provoca
que el cerebro permanezca en estado de alerta causando el insomnio. El sueño es
fundamental para el proceso de consolidación de la memoria “si la persona no logra
descansar adecuadamente durante varios días, su rendimiento disminuirá. En otras
palabras, el desarrollo cognitivo es el desarrollo de la capacidad de pensar y
comprender” (Cordero et al., 2018, p.6). Esto puede ocasionar fatiga y a largo plazo
deterioro del rendimiento cognitivo, afectando la tensión y la toma de decisiones Por
todo ello, se subraya la necesidad de que los adultos supervisen y guíen activamente el
uso de dispositivos móviles entre los niños para mitigar estos riesgos y asegurar un
impacto positivo de la tecnología en su desarrollo. (Melgarejo, G., 2017, como cita
Panadero, 2018)
Refiere que pueden los niños llegar a generar dependencia de estos dispositivos
afectando su desarrollo físico, emocional y cognitivo al alejarlo de la interacción con su
entorno como lo hacen mediante el juego, ya que si no son bien orientados pueden
limitar los procesos de imaginación, socialización e integración en los mismos (p. 22).
Es importante que los padres supervisen acerca del tiempo del uso de estos
dispositivos y el contenido que consumen sus hijos, fomentando un equilibrio saludable
entre la tecnología y actividades que promuevan el desarrollo integral. Desde otro
punto de vista, la tecnología de la información y la comunicación (TIC) ha transformado
la manera en que las personas se comunican e interactúan en el entorno, de acuerdo
con (Villa & Poblete, 2007, cómo cita Días et. al., 2021):
Las TIC como herramientas que se utilizan como medios de expresión, comunicación,
aprendizaje y de investigación. El objetivo de las herramientas TIC es contribuir a
mejorar la calidad de vida de las personas que tienen un contacto diario con ellas y las
integran a un sistema de información para mantenerse conectado con otras personas.
(p.5). El impacto positivo de las TIC en las sociedades es evidente en diversos ámbitos.
Un ejemplo de ello es la educación, ya que han ampliado el acceso a recursos
educativos, interactivos y personalizados, donde los estudiantes tienen alcance a los
diversos materiales como textos científicos, académicos y formatos audiovisuales con
el fin de adaptar su experiencia de aprendizaje con sus necesidades; mejorando la
calidad de vida de quien utiliza estas herramientas en su diario vivir.
Desde la primera infancia, la utilización de las TIC fortalece los procesos de enseñanza
y aprendizaje, ya que el docente puede utilizar los diversos recursos educativos y
audiovisuales que pueden atraer al niño, además de mediar su aprendizaje; cabe
agregar que la utilización de estos recursos causa motivación e interés por aprender.
Dias et. al., (2021) afirma que: Desde la escuela se debe plantear el empleo del
ordenador como recurso para favorecer: la estimulación de la creatividad, la
experimentación y manipulación, respetar el ritmo de aprendizaje de los alumnos, el
trabajo en grupo favoreciendo la socialización, la curiosidad y espíritu de investigación,
creación de entornos más amigables y para generar el aprendizaje, potenciación de los
escenarios y entornos interactivos, memoria visual (p.12).
Las tecnologías de la información son herramientas que le permiten a los estudiantes
ya sean niños, adolescentes o adultos poder avanzar según sus propias capacidades,
evitando que haya frustración al utilizar los métodos tradicionales, facilitando la
adquisición de conocimiento de manera fluida, eliminando barreras de tiempo y
espacio.
Empleando los juegos educativos y plataformas en línea, se favorece la comprensión y
retención de la información, debido a que elementos visuales como dibujos, imágenes y
videos contribuyen al aprendizaje; y elementos auditivos como rondas y canciones,
(Cusme, 2023) “puede aumentar la motivación y el compromiso de los niños en el
proceso de aprendizaje, al convertirlo en una experiencia lúdica y atractiva.” (p. 7).
En ese sentido, el uso de la multimedia “influye en el desarrollo psicomotor de los
niños. Los resultados revelaron que el uso de tecnología multimedia puede favorecer el
desarrollo de habilidades psicomotoras en los niños, promoviendo su coordinación,
equilibrio y destreza física.” (Cusme, 2023, p. 7). Cuando se utiliza de forma adecuada,
la tecnología contribuye al desarrollo de las competencias motrices esenciales,
causando trascendencia en los procesos de la educación inicial. Así mismo, (Quiroga et
al., 2019) mencionan que “Los beneficios potenciales son tremendos, incluyendo
habilidades motoras mejoradas, pensamiento matemático mejorado, creatividad
incrementada, puntajes más altos en pruebas de pensamiento crítico y resolución de
problemas” (p.80).
La creatividad permite a los estudiantes explorar soluciones y problemas cotidianos o
académicos, con un enfoque reflexivo y de aprendizaje. Esto no solo se manifiesta en
el ámbito académico, sino en la preparación y fortalecimiento de las competencias que
ayudan al sujeto a enfrentar los desafíos de la vida cotidiana.
Marco Legal
Constitución Política de Colombia – Art. 44 y 45 Indican que el Estado y la sociedad
deben garantizar la libre expresión de la opinión de los niños, las niñas y los
adolescentes; así como la participación de los adolescentes en los organismos públicos
y privados que tengan a cargo la protección, educación y progreso de la juventud.
Ley 679 de 2001 contra la explotación, la pornografía y el turismo sexual con menores
Muestra a través de sus decretos reglamentarios, la supervisión a los proveedores de
servicios de internet en El País, llevando a cabo visitas para informar y verificar el
cumplimiento de las obligaciones establecidas, entre las cuales se incluyen bloqueo de
sitios web identificados con posible contenido de material sexual relacionado con
menores de edad.
Sentencia T-967 de 2001 - Corte Constitucional de Colombia Indica que las
instituciones educativas tienen la autonomía para definir las normas que se consideran
adecuadas para regular las relaciones dentro de la comunidad educativa, también es
necesario que regulen sobre el comportamiento esperado de sus miembros
Ley 1804 de 2016 - Ley de la Política de Estado para el Desarrollo Integral de la
Primera Infancia, De Cero a Siempre Por la cual se establece la política de Estado para
el Desarrollo Integral de la Primera Infancia de Cero a Siempre y se dictan otras
disposiciones
Ley 1978 de 2019- Ley de modernización del sector de las Tecnologías de la
Información y las Comunicaciones (TIC) Por la cual se moderniza el Sector de las
Tecnologías de la Información y las Comunicaciones -TIC, se distribuyen
competencias, se crea un Regulador Único y se dictan otras disposiciones.
Ley 2170 de 2021- Ley que autoriza el uso de dispositivos móviles en entornos
escolares Por la cual se autoriza el uso de dispositivos móviles en entornos escolares,
corresponde a la cartera de educación formular, implementar, seguir y evaluar las
orientaciones técnicas para el uso de las herramientas de tecnologías de información y
comunicaciones (TIC) por parte de los menores de edad en entornos escolares, para
los niveles de preescolar, básica y media.