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La Oratoria

La retórica y la elocuencia en Roma fueron fundamentales en la vida política de la República, perfeccionándose a través de la influencia de la retórica griega. Se establecieron escuelas de retórica y se desarrollaron tratados que definieron las cinco facultades esenciales para un orador: invención, disposición, elocución, acción y memoria. Además, se identificaron tres tipos de discursos oratorios: deliberativo, demostrativo y judicial, cada uno con características específicas.

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La Oratoria

La retórica y la elocuencia en Roma fueron fundamentales en la vida política de la República, perfeccionándose a través de la influencia de la retórica griega. Se establecieron escuelas de retórica y se desarrollaron tratados que definieron las cinco facultades esenciales para un orador: invención, disposición, elocución, acción y memoria. Además, se identificaron tres tipos de discursos oratorios: deliberativo, demostrativo y judicial, cada uno con características específicas.

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ORATORIA Y RETORICA LATINAS

Retórica y elocuencia en Roma

El arte de la palabra (ars bene dicendi) y el dominio de la expresión oral están


intimamente ligados a la historia de Roma y al desarrollo de la literatura latina. La
oratoria pública era, en la vida política de la República romana, un instrumento esencial
para conquistar prestigio y poder (en el Senado, en las asambleas ciudadanas, ante los
tribunales, etc.), y en el contexto de las luchas civiles y políticas que caracterizaron a la
República primitiva, se fue perfecccionando formalmente gracias al influjo de la
retórica griega.
Los primeros profesores de retórica en Roma fueron griegos, que actuaban como tutores
privados de los vástagos de las clases más privilegiadas. En el año 161 a.C. muchos de
estos rhetores griegos fueron expulsados de Roma, junto con los filósofos, tras la
promulgación de un edicto que los acusaba de corromper las virtudes antiguas con sus
enseñanzas sofísticas. Se aprecia, pues, desde sus inicios un intento de dar primacía a la
integridad moral sobre las cualidades formales del discurso, como atestigua la famosa
definición del orador formulada por Catón: orator est uir bonus dicendi peritus (el
orador es un hombre honrado que sabe hablar bien). Con el tiempo, no obstante, se
produjo una asimilación total de la preceptiva retórica griega, se abrieron escuelas de
retórica (la primera, al parecer, en el 92 a.C.) y se compusieron tratados sistemáticos
que contribuyeron a la difusión de estas enseñanzas.

En estos tratados teóricos se presentan las cinco facultades fundamentales que el orador
debe dominar para ser capaz de construir un buen discurso conforme a las reglas de la
retórica:
-Inuentio (invención): la búsqueda de argumentos apropiados para la materia del
discurso.
-Dispositio (disposición): la colocación y ordenación de esos argumentos en los
lugares más convenientes del discurso.
-Elocutio (elocución): la elección de la forma más elegante para expresar las ideas,
buscando el ornato por medio de figuras estilísticas y de dicción adecuadas al tema del
discurso y al auditorio.
-Actio o pronuntiatio (acción o pronunciación): la modulación de la voz y el
movimiento del cuerpo, gestos y ademanes que el orador ha de dominar en su
exposición para que el discurso resulte persuasivo.
-Memoria (memorización): la capacidad de retener todos los argumentos del discurso
y las técnicas mnemotécnicas para emplearlos en el momento adecuado.

La retórica clásica distingue también tres tipos (genera) de discursos oratorios a los
que corresponden unas características de composición diferente:
-Genus deliberatiuum (discurso deliberativo): el pronunciado principalmente ante una
asamblea para lograr convencerla o disuadirla de tomar una decisión determinada con
respecto a un asunto dado.
-Genus demonstratiuum (discurso demostrativo o epidíctico): su objeto es la alabanza
(laudatio) o la crítica (uituperatio) de las virtudes o defectos de una persona.
-Genus iudiciale (discurso judicial o forense): el pronunciado ante un tribunal para
conseguir la condena o absolución de un reo.

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