Actina
Actina
Un buen número de enfermedades tienen como base alteraciones genéticas en alelos de los genes que gobiernan la
producción de la actina o de sus proteínas asociadas, siendo también esencial en el proceso de infección de algunos
microorganismos patógenos. Las mutaciones en los distintos genes de actina presentes en humanos ocasionan
miopatías, variaciones en el tamaño y la función cardíaca y sordera. Los componentes del citoesqueleto también
tienen relación con la patogenicidad de bacterias intracelulares y virus, especialmente en procesos relacionados con la
evasión de la respuesta del sistema inmune.5
Historia
La actina fue observada experimentalmente por primera vez en 1887 por W.D.
Halliburton, quien extrajo una proteína muscular que coagulaba
preparaciones de miosina, denominándolo «fermento de la miosina».6 No
obstante, Halliburton fue incapaz de efectuar la caracterización de sus
observaciones, y por ello el descubrimiento se atribuye a Brúnó F. Straub,
entonces un joven bioquímico que trabajaba en el laboratorio de Albert Szent-
Györgyi en el Instituto de química médica de la Universidad de Szeged, en
Hungría.
Aunque en 2008 no existía un modelo de alta resolución de la forma filamentosa, el equipo de Sawaya realizó una
aproximación más exacta basándose en múltiples cristales de dímeros de actina que contactan en diferentes lugares.
16 Ese modelo fue refinado por el propio autor y por Lorenz.
Otros enfoques, como el uso de criomicroscopía electrónica o radiación sincrotrón han permitido
recientemente[¿cuándo?] aumentar el nivel de resolución y comprender con mayor profundidad la naturaleza de las
interacciones y los cambios conformacionales[¿cuál?] implicados en la formación del filamento de actina.17 18
En 2011 se publicó una interesante revisión de las estructuras de la actina G y la actina F hasta ese año.19
En el año 2019 mediante crio-EM las reconstrucciones helicoidales de F-actina en diferentes estados de nucleótidos
(ADP, ADP-Pi y análogos de ATP) proporcionaron información, con resolución de 3,6 ángstroms (Å), sobre la F-actina
y los cambios de conformación que conducen a la hidrólisis de ATP tras la polimerización.20
En el 2023 se produjeron reconstrucciones tridimensionales, utilizando una tubería de selección de partículas basada
en redes neuronales entrenadas a medida, del extremo puntiagudo libre con resolución de 2,84 Å, del extremo
puntiagudo cubierto con Tmod a 3,26 Å y del extremo con púas cubierto con CapZ a 2,79 Å. Se determinó que las
bases estructurales de los extremos son diferentes en su conformación: los puntiagudos están preparados para la
adición de subunidades y los extremos con púas para la disociación de subunidades.21
Estructura
La actina es una de las proteínas más abundantes entre los eucariotas y se encuentra presente en todo el citoplasma.4
De hecho, en las fibras musculares representa el 20 % en peso de proteína celular total y, en otras células animales,
oscila entre el 1 y el 5 %. No obstante, no existe un único tipo de actina, sino que sus genes codificantes se encuentran
definidos por una familia multigénica (familia que, en plantas, alberga más de 60 elementos, entre genes y
pseudogenes y, en humanos, más de 30).22 Esto significa que la información genética de cada individuo posee
instrucciones para generar variantes de la actina (denominadas isoformas) que poseerán funciones ligeramente
distintas. De este modo, los organismos eucariotas expresan distintos genes que dan lugar a: la actina α, que se
encuentra en estructuras contráctiles; la actina β, en el borde en expansión de las células que emplean la proyección
de estructuras celulares como método de movilidad; y la actina γ, en los filamentos de las fibras de estrés.23 Además
de las similitudes existentes entre las isoformas de un organismo, también existe una conservación evolutiva en
cuanto a estructura y función entre organismos de incluso dominios distintos al eucariota: en bacterias se conoce el
homólogo MreB, una proteína que es capaz de polimerizar en microfilamentos;18 y en arqueas existe un
representante (Ta0583) aún más similar a las actinas de eucariotas.24
La actina se presenta en la célula en dos formas: como monómeros globulares denominados actina G y como
polímeros filamentosos denominados actina F (es decir, filamentos compuestos de multitud de monómeros de
actina G). La actina F puede denominarse también microfilamento. A cada hebra de actina se une una molécula de
adenosín trifosfato (ATP) o de adenosín difosfato (ADP) a su vez asociada a un catión Mg2+. De las distintas
combinaciones posibles entre las formas de actina y el nucleótido trifosfato, en la célula predominan la actina G-ATP y
la actina F-ADP.25 26
Actina G
En cuanto a su estructura molecular, la actina G posee una apariencia globular al microscopio electrónico de barrido;
no obstante, mediante cristalografía de rayos X puede apreciarse que está compuesta de dos lóbulos separados por
una hendidura; la estructura conforma el pliegue ATPasa, un centro de catálisis enzimática capaz de unir el ATP y
Mg2+ e hidrolizar el primero a ADP más fosfato. Este pliegue es un motivo estructural conservado que también está
presente en otras proteínas que interaccionan con nucleótidos trifosfato como la hexoquinasa (una enzima del
metabolismo energético) o las proteínas Hsp70 (una familia de proteínas que contribuyen a que otras proteínas
posean estructuras funcionales).27 La actina G solo es funcional cuando posee o bien ADP o bien ATP en su
hendidura; no obstante, en la célula predomina el estado unido a ATP cuando la actina se encuentra libre.25
Estructura primaria
Está formada por dos dominios conocidos como grande y pequeño, separados por una hendidura en cuyo centro se
sitúa el lugar de unión al ATP-ADP+Pi. Por debajo de este existe una escotadura de menor profundidad llamada
«surco». Cuando se encuentran en forma nativa, a pesar de su nombre, ambos tienen un tamaño equiparable.11
En los estudios topológicos, por convención, la proteína se orienta de manera que el dominio mayor queda a la
izquierda, mientras que el menor se sitúa a la derecha. En esta posición, el dominio pequeño se divide a su vez en el
subdominio I (posición inferior, residuos 1-32, 70-144 y 338-374) y subdominio II (posición superior, residuos 33-69).
El dominio mayor también se divide en otros dos, el subdominio III (inferior, residuos 145-180 y 270-337) y el
subdominio IV (superior, residuos 181-269). La zona expuesta de los subdominios I y III se denomina extremo
«barbado», mientras que a la de los subdominios II y IV se le llama extremo «en punta de flecha». Esta denominación
hace referencia al hecho de que, debido a la pequeña masa del subdominio 2, la actina adquiere polaridad, que se
discutirá posteriormente al hablar de la dinámica de ensamblaje. Algunos autores nombran los subdominios como Ia,
Ib, IIa y IIb, respectivamente.30
La estructura supersecundaria más destacada es una β-lámina de cinco cadenas que se componen de un β-
meandro y una unidad β-α β dextrógira. Está presente en ambos dominios. Esto sugiere que la proteína surgió
por duplicación génica.12
El lugar de unión al adenosín nucleótido se encuentra entre dos estructuras en forma de horquilla β
pertenecientes a los dominios 1 y 3. Los residuos implicados son Asp11-Lys18 y Asp154-His161
respectivamente.
Justo debajo del nucleótido se encuentra el lugar de unión al catión divalente, que in vivo es con mayor
probabilidad el Mg2+ o el Ca2+ mientras que in vitro es el formado por una estructura quelante en la que
contribuyen la Lys18 y dos oxígenos de los fosfatos α y β del nucleótido. Este calcio está coordinado con seis
moléculas de agua que se encuentran retenidas por los aminoácidos Asp11, Asp154, y Gln137. Junto con el
nucleótido forma un complejo que restringe los movimientos de una región llamada bisagra o hinge, situada entre
los residuos 137 y 144, manteniendo de esta manera la forma nativa de la proteína, hasta el punto de que su
retirada desnaturaliza el monómero de actina. Esta región también es importante, porque determina las
conformaciones «abierta» o «cerrada» de la hendidura de la proteína.30 14
Con casi toda probabilidad existen al menos otros tres centros con menor afinidad (intermedia) y otros de baja
afinidad para cationes divalentes. Se ha especulado sobre el papel de estos centros en la polimerización de la
actina actuando en la etapa de activación.30
En el subdominio 2 existe una estructura, llamada bucle-D o D-loop debido a que se une a la ADNasa I, situada
entre los residuos His40 y Gly48 que aparece como un elemento desordenado en la mayoría de los cristales y
como una lámina β cuando está formando complejo con la ADNasa I. Según Domínguez et al., el evento clave de
la polimerización sería la propagación de un cambio conformacional desde el centro de unión al nucleótido hasta
este dominio, que pasaría de ser un bucle a una hélice. Esta teoría parece ser refutada por otros trabajos.14 31
Actina F
Una descripción clásica afirma que la actina F tiene una estructura filamentosa interpretable como una hélice levógira
monocatenaria con giro de 166° e incremento de 27.5 ángtroms (Å) o bien como una hélice dextrógira bicatenaria con
medio paso de rosca de 350-380 Å, estando cada actina rodeada de otras cuatro.32 La simetría del polímero de actina,
que es de unas 2.17 subunidades por vuelta de hélice es incompatible con la formación de cristales, que solo es posible
cuando estas son exactamente 2, 3, 4 o 6 subunidades por vuelta. Por tanto, se deben efectuar modelos interpretando
datos procedentes de técnicas que salvan estos inconvenientes, como la microscopía electrónica, la criomicroscopía
electrónica, cristales de dímeros en distintas posiciones o difracción de rayos X.18 Es necesario precisar que hablar de
una «estructura» no es correcto para algo tan dinámico como un filamento de actina. En realidad se debería hablar de
distintos estados estructurales, entre los cuales el dato más constante es el incremento de 27.5 Å, mientras que la
rotación de las subunidades muestra una considerable variabilidad, siendo normal observar desplazamientos de hasta
el 10 % de su posición ideal. Algunas proteínas, como la cofilina, parecen incrementar el ángulo de giro, pero
nuevamente se puede interpretar que, en lugar de ello, estabilizan algunos «estados estructurales» normales. Estos
podrían ser importantes en el proceso de polimerización.33
En cuanto al radio de giro o grosor del filamento, las medidas son más controvertidas: mientras los primeros modelos
le asignaban una longitud de 25 Å, datos actuales de difracción de rayos X respaldados por criomicroscopía
electrónica coinciden en unos 23.7 Å. Estos mismos estudios han determinado con bastante precisión los puntos de
contacto entre monómeros. Unos se establecen con unidades de la misma cadena, entre el extremo «barbado» de un
monómero y el extremo «en punta de flecha» del siguiente, mientras que los monómeros de cadenas adyacentes
hacen contacto lateralmente mediante proyecciones del subdominio 4, siendo las más importantes la formada por el
C-terminal y un enlace hidrofóbico formado por tres cuerpos en los que intervienen los residuos 39-42, 201-203 y
286. Para formar parte de un filamento, según este modelo, los monómeros estarían en una configuración llamada
«plana», en la que los subdominios giran entre sí, y que también parece encontrarse en el homólogo bacteriano de la
actina MreB.18
Puesto que todas las subunidades de un microfilamento apuntan hacia el mismo extremo, se dice que el polímero
presenta polaridad en su estructura. Este hecho da lugar a una convención: se nombra al extremo que posee una
subunidad de actina exponiendo el lugar por el que une ATP al medio como «extremo (−)» mientras que en el
opuesto, en el cual la hendidura está dirigida a otro monómero adyacente, es el «extremo (+)».23 La denominación
«en punta de flecha» y «barbado» de los extremos de los microfilamentos se debe a su aspecto al microscopio
electrónico de transmisión cuando se procesan mediante una técnica denominada «decoración». Este método consiste
en la adición de elementos S1 de la miosina en tejidos fijados con ácido tánico; esta miosina une de forma polar a los
monómeros de actina, lo que da lugar a una configuración semejante a flechas con plumas a lo largo de todo su fuste,
donde el fuste correspondería a la actina y las plumas a la miosina. De este modo, el extremo del microfilamento que
queda sin miosina sobresaliendo se interpreta como la punta de la flecha, mientras el opuesto se denomina barbado.
34
En el músculo, el filamento helicoidal de la actina F contiene también una molécula de tropomiosina, una proteína de
una longitud de 40 nanómetros que se enrolla alrededor de la hélice de actina F. Durante el estado de reposo celular,
la tropomiosina recubre los sitios activos de la actina de modo que no se logra la interacción actina-miosina que
produce la contracción muscular. Unidas a lo largo de la hebra de tropomiosina hay otras moléculas proteicas, las
troponinas, complejos de tres polímeros: troponina I, troponina T y troponina C.35
Plegamiento
La actina puede adquirir espontáneamente una gran parte de su estructura
terciaria.37 Sin embargo, muestra un comportamiento muy especial y casi
único en la forma en que adquiere su forma plenamente funcional a partir de
su forma nativa recién sintetizada. La razón de una ruta tan especial podría
ser la necesidad de evitar la presencia de monómeros de actina mal plegados,
que serían tóxicos, puesto que podrían actuar de terminadores inadecuados de
la polimerización. En cualquier caso, es clave para la estabilidad del
citoesqueleto, y no solo esto, sino que podría ser un proceso esencial para la
coordinación del ciclo celular.38 39
Se emplean subunidades de reconocimiento diferentes para la actina y la tubulina, aunque solapadas. Probablemente
en el caso de la actina se trata de las subunidades PFD3 y PFD4 que se unen a la actina en dos lugares, el I, entre los
residuos 60-79 y el II, entre los residuos 170-198. La actina se reconoce, carga y entrega a la CCT en conformación
abierta por la parte interna del extremo de los «tentáculos» de la prefoldina (ver imagen y nota al pie).n. 1 El contacto
en el momento de la entrega es tan breve que no se llega a formar un complejo ternario, liberándose la prefoldina de
inmediato.36
Aún no se conoce con exactitud la regulación de este proceso, pero se sabe que la proteína PhLP3 (proteína semejante
a la fosducina) regula su actividad inhibiéndola, mediante la formación de un complejo ternario.40
Actualmente no se conocen los detalles moleculares concretos del mecanismo catalítico. Aunque existe mucha
polémica al respecto, parece claro que para la hidrólisis de ATP se precisa una conformación «cerrada», y se cree que
acerca los residuos implicados a la distancia adecuada.33 Uno de los residuos clave sería Glu137, situado en el
subdominio 1. Su función sería anclar la molécula de agua que produce un ataque nucleofílico al enlace del fosfato γ
del ATP, mientras el nucleótido se une fuertemente a los subdominios 3 y 4. La lentitud del proceso catalítico se
debería a la gran distancia y posición sesgada de esta molécula de agua con respecto a su reactante. Con mucha
probabilidad, el cambio conformacional que se produce por rotación de dominios entre las formas G y F de la actina
acerca la Glu137, permitiendo su hidrólisis. Según este modelo, la polimerización y la función ATPasa estarían
desacopladas en un primer momento.18
Dinámica de ensamblaje
La actina F combina las cualidades de ser resistente y dinámica. A diferencia de otros polímeros, como el ADN, que
mantienen unidos sus elementos constitutivos mediante enlaces covalentes, en los filamentos de actina los
monómeros se ensamblan por enlaces más débiles de tipo no covalente. Esto, que en principio debilita la estructura,
puesto que se podría romper por agitación térmica, se soluciona mediante los enlaces laterales con los monómeros
vecinos. Al mismo tiempo, los enlaces débiles mantienen la ventaja de que los extremos del filamento pueden liberar o
incorporar fácilmente monómeros, de manera que se pueden remodelar rápidamente y cambiar la estructura celular
de la que son responsables en respuesta a estímulos ambientales. Esto último y el mecanismo bioquímico por el que se
efectúa es lo que se conoce como «dinámica de ensamblaje».5
Estudios in vitro
Los estudios de la dinámica de adición y pérdida de subunidades de los microfilamentos se han realizado in vitro (es
decir, en el laboratorio, fuera de sistemas celulares) debido a que el polímero
de actina resultante da lugar a la misma actina F producida in vivo, donde
este proceso está controlado por multitud de proteínas para responder a las
necesidades celulares, de modo que sería muy difícil observar sus condiciones
básicas.44 In vitro, este hecho se produce de forma secuencial: primero, se da
una «fase de activación», en la que la unión e intercambio de cationes
divalentes en lugares específicos de la actina G, unido a ATP, producen un
cambio conformacional, conocido a veces como Actina G* o monómero de
actina F, puesto que es más parecida a las unidades que se sitúan en el
filamento.30 Esto la prepara para la siguiente «fase de nucleación», en la cual
la actina G da lugar a pequeños fragmentos inestables de actina F capaz de
polimerizar. Inicialmente se forman dímeros y trímeros de manera inestable.
Cuando el número de estos es lo suficientemente grande, tiene lugar la «fase
de elongación», en la que el filamento se forma y crece rápidamente mediante
la adición reversible de nuevos monómeros a ambos extremos.45 Finalmente,
en el «equilibrio estacionario», los monómeros de actina G se intercambian en Mecanismo de polimerización de la
los extremos del microfilamento sin que varíe la longitud total del polímero.4 actina G a actina F; nótese la hidrólisis
del ATP.
En esta última fase se define la «concentración crítica Cc» como la relación
entre las constantes de ensamblaje y desensamblaje (se trata, pues, de una
constante de disociación), y representa la concentración de actina G en la cual la dinámica de adición y eliminación de
monómeros no produce una modificación en la longitud del microfilamento. En las condiciones usuales in vitro, Cc es
de 0.1 μM,46 lo que significa que a valores mayores se da una polimerización y a valores menores, una
despolimerización.47
Un asunto importante que se introdujo en el apartado anterior es el hecho de que, aunque la actina hidroliza ATP,
todo parece indicar que esto no interviene en el ensamblaje, puesto que, por una parte, la hidrólisis se produce en gran
medida en el interior del filamento, y por otra, el ADP también puede polimerizar. Esto plantea la cuestión de
comprender cuál es el proceso termodinámicamente desfavorable que requiere un gasto de energía tan ingente. El
llamado «ciclo de la actina», que liga la hidrólisis a la polimerización, consiste en la adición de monómeros de Actina
G-ATP preferentemente en el extremo barbado, creando un flujo de monómeros hacia el extremo en punta de flecha
en lo que se conoce como «trenzamiento» (threadmilling, en inglés), donde los monómeros estarían en forma de
Actina F-ADP y serían liberados, intercambiando posteriormente este ADP por ATP y cerrando de ese modo el ciclo.
Poco después de la adición, se produce la hidrólisis del ATP de forma relativamente rápida. Existen dos hipótesis
sobre cómo se produce, la estocástica, en la que la hidrólisis se produciría al azar influida en cierto modo por las
moléculas vecinas, y la vectorial, en la que solo se produciría en el límite con otras moléculas que ya han hidrolizado
su ATP. En cualquier caso, no se libera el Pi resultante, sino que permanece un tiempo unido no covalentemente a la
actina ADP, con lo cual existirían tres especies de actina en un filamento: ATP-Actina, ADP+Pi-Actina y ADP-Actina.
43 El contenido de un filamento en cada una de estas especies depende de su longitud y estado: al comienzo de la
elongación, el filamento tiene una composición aproximadamente equivalente de monómeros con ATP y ADP+Pi y
una pequeña cantidad junto al extremo (−) de Actina ADP. A medida que se alcanza el estado estacionario, la
situación se invierte, estando la mayor parte del filamento con ADP y el extremo (+) prácticamente solo con ADP+Pi,
con el ATP reducido al extremo.48
Si comparamos los filamentos de actina-ADP puros con aquellos que incorporan ATP, en los primeros las constantes
críticas son similares en ambos extremos, mientras que en los otros dos nucleótidos la Cc es diferente: En el extremo
(+) es Cc+=0.1 μM, mientras que en el extremo (−) es Cc−=0.8 μM, con lo cual se dan las siguientes situaciones:23
Para concentraciones de actina G-ATP menores a Cc+ no se produce la elongación del filamento.
Para concentraciones de actina G-ATP menores que Cc−, pero mayores que Cc+ la elongación se da en el
extremo (+).
Para concentraciones de actina G-ATP mayores que Cc− el microfilamento crece en ambos extremos.
Por tanto, se puede deducir que la energía de la hidrólisis se utiliza para crear un verdadero «estado estacionario», es
decir, de un flujo en lugar de un simple equilibrio, lo cual dota de dinamismo, polaridad y fuerza de tracción al
filamento, lo que justifica el gasto por la ganancia de funciones biológicas esenciales.43 Además, la configuración de
los distintos tipos de monómeros es detectada por las proteínas de unión a la actina que controlan este dinamismo,
como se verá en la próxima sección.
Parece existir una excepción en la forma de acoplamiento típica de los microfilamentos mediante trenzado o
threadmilling en los esterocilios. En este caso, el control del tamaño de la estructura sería totalmente apical y de
alguna manera controlada por la expresión génica, es decir, por la cantidad total de monómero de proteína sintetizada
en un momento dado.49
Proteínas asociadas
In vivo, el citoesqueleto de actina no está compuesto exclusivamente de
actina, sino que para su generación, permanencia y función requiere de otras
proteínas; estas se denominan proteínas de unión a la actina (ABP, actin
binding proteins) e intervienen en su polimerización y despolimerización,
estabilidad, su organización en haces o redes, su fragmentación y destrucción.
4 La diversidad de estas proteínas es tal, que se considera que la actina es la
proteína que participa en el mayor número de interacciones proteína-proteína
de cuantas se conocen.51 Por ejemplo, existen elementos que secuestran la
actina G, impidiendo su incorporación a los microfilamentos. De igual
manera, existen proteínas que estimulan su polimerización o que dotan de
complejidad a las redes en síntesis.23
Inhibidores químicos
Existen varias toxinas que interfieren con la dinámica de las actinas, tanto
despolimerizándolas (latrunculina y citocalasina D) como estabilizándolas
(faloidina):
La latrunculina, una toxina producida por poríferos, se une a la actina G Estructura atómica de Arp2/3.59 Cada
impidiendo su unión a los microfilamentos.62 color corresponde a una subunidad:
Arp3, naranja; Arp2, azul marino (las
La citocalasina D, un alcaloide producido por hongos, se une al extremo
subunidades 1 y 2 no se muestran); p40,
(+) de la actina F impidiendo la adición de nuevos monómeros.63 Se han verde; p34, azul claro; p20, azul oscuro;
descrito efectos de la citocalasina D, mediados por la disrupción de la p21, magenta; p16, amarillo.
dinámica de actinas, en la actividad de p53 (en animales)64 o en
respuestas gravitrópicas (en plantas).65
La faloidina, una toxina aislada del hongo Amanita phalloides, se une a la
interfaz existente entre los monómeros de actina adyacentes del polímero
de actina F, lo que evita la despolimerización de aquel.63
Funciones y localización
La actina como proteína se encuentra tanto en el citoplasma como en el
núcleo celular.66 Dicha localización está regulada por las vías de transducción
de señales que integran los estímulos que la célula recibe y que permite la
reestructuración de las redes de actina en respuesta a aquellos. En
Dictyostelium, se ha referido la intervención de la ruta de fosfoinosítidos
Estructura química de la faloidina.
mediada por la fosfolipasa D.67 Los filamentos de actina son especialmente
abundantes y estables en las fibras musculares. Dentro del sarcómero (la
unidad morfológica y fisiológica de las fibras musculares) la actina se dispone en las bandas I y A; en esta última, se
presenta conjuntamente con la miosina.68
Citoesqueleto
Los microfilamentos intervienen en el movimiento de todas las células
móviles, incluso las no musculares, pues se ha descrito que los fármacos que
desorganizan la actina F (como las citocalasinas) afectan a la actividad de
dichas células. Como proteína, la actina supone el 2 % del total de proteínas
en hepatocitos, el 10 % en fibroblastos, el 15 % en amebas y hasta el 50-80 %
en plaquetas activadas.69 Existen distintos grupos de actina, con estructura y
función ligeramente distintas. De este modo, la actina α es exclusiva de fibras
musculares, y la presente en otras células suele ser del tipo β y γ. Además, la
actina de tipos distintos a la α suele poseer una alta tasa de recambio que
provoca que la mayor parte de ella no forme parte de estructuras
Micrografía de fluorescencia donde se
permanentes. Así, los microfilamentos en las células no musculares aparecen muestra la actina F (en verde) en
de dos formas:70 fibroblastos de ratón.
Levaduras
En levaduras, el citoesqueleto de actina es clave durante los procesos de endocitosis, citocinesis, determinación de la
polaridad celular y durante la morfogénesis. Estos hechos, además de depender de la actina, implican a 20 o 30
proteínas asociadas, altamente conservadas evolutivamente, así como multitud de moléculas de señalización; estos
elementos permiten, en combinación, un ensamblaje espacial y temporalmente modulado que define la biología
celular en respuesta a estímulos internos y externos.71
Las levaduras poseen tres grandes tipos de elementos producto de la asociación de la actina: parches, cables y anillos
que, pese a detectarse durante largos periodos de tiempo, se ven sometidos a un equilibrio dinámico debido a la
continua polimerización y despolimerización. Como proteínas accesorias, poseen una cofilina/ADF de 16 kDa
(codificada por un único gen, denominado COF1); Aip1, un cofactor de la cofilina que favorece el desensamblado de
los microfilamentos; Srv2/CAP, un regulador de la dinámica relacionado con proteínas adenilil ciclasas; una profilina
de aproximadamente 14 kDa que se asocia a los monómeros de actina; y twinfilina, una proteína de 40 kDa implicada
en la organización de las estructuras tipo parche.71
Plantas
Los estudios de genómica de plantas han revelado la existencia de isovariantes proteicas dentro de la familia de genes
de la actina; dentro de Arabidopsis thaliana, una dicotiledónea empleada como organismo modelo, existen al menos
diez tipos de actinas, nueve de α tubulinas, seis de β tubulinas, seis de profilinas y docenas de miosinas. Tal diversidad
se explica de acuerdo con la necesidad evolutiva de poseer variantes ligeramente diferentes en su pauta de expresión
temporal y espacial; no obstante, la mayoría de ellas se expresan conjuntamente en los tejidos analizados. El
entramado de redes de actina se distribuye por todo el citoplasma de las células cultivadas in vitro, con un refuerzo en
torno al núcleo que se conecta, mediante radios, a la corteza celular; dicho entramado es altamente dinámico, con un
polimerizado y despolimerizado continuo.72
Si bien las células vegetales poseen generalmente una pared que define su
morfología e impide su movimiento, sus microfilamentos generan las fuerzas
necesarias para varias actividades celulares, por ejemplo, las corrientes
citoplasmáticas generadas por los microfilamentos y las miosinas. Además, la
actina interviene en el movimiento de orgánulos y morfogénesis celular,
procesos que incluyen la división celular, la elongación y la diferenciación.74
Contracción muscular
En el músculo, el filamento helicoidal de la actina F contiene también una molécula de tropomiosina, una proteína de
una longitud de 40 nanómetros que se enrolla alrededor de la hélice de actina F. Durante el estado de reposo celular,
la tropomiosina recubre los sitios activos de la actina de modo que no se logra la interacción actina-miosina (esta
interacción da lugar a un deslizamiento entre ambos que, por coordinación de muchos copias de estos elementos
dispuestos en los músculos, produce su contracción). Unidas a lo largo de la hebra de tropomiosina hay otras
moléculas proteicas, las troponinas, complejos de tres polímeros: troponina I,
troponina T y troponina C.35 La función moduladora de la tropomiosina
depende de la interacción con la troponina en presencia de iones de Ca2+.76
Citocinesis. En las células animales y de levaduras, la división celular suele conllevar la separación de la célula
madre en dos células hijas mediante la constricción de su zona ecuatorial. En este proceso interviene un anillo
contráctil de actina, miosina y α actinina.79 En la levadura de fisión Schizosaccharomyces pombe, la actina se
ensambla activamente en el anillo contráctil con la participación de Arp3, la formina Cdc12, profilina y WASp, si
bien intervienen también microfilamentos preformados. Una vez constituido el anillo, la estructura se mantiene en
un continuo ensamblado/desensamblado que, con la ayuda del complejo Arp2/3 y de las forminas, deviene en un
proceso central de la citocinesis.80 El conjunto de anillo contráctil, microtúbulos del huso acromático y el material
denso periférico se denomina «cuerpo de Fleming» o «cuerpo intermedio».70
Apoptosis. Durante la muerte celular programada, la familia de proteasas denominadas ICE/ced-3 (de la familia
de las proteasas conversoras de interleuquina-1β) degradan in vivo la actina en dos fragmentos de 15 kDa y
31 kDa, lo que supone uno de los mecanismos de destrucción de la viabilidad celular en que se basa la
apoptosis.81 También se ha citado esta destrucción mediante la proteasa calpaína;82 tanto es así, que el empleo
de inhibidores de la calpaína disminuye la proteólisis de la actina e, incluso, la degradación del ADN (otro de los
elementos característicos de la apoptosis).83 Por otro lado, la inducción del proceso de apoptosis mediante un
estrés pasa por la reorganización del citoesqueleto de actina (lo que implica también su polimerización), dando
lugar a las estructuras denominadas fibras de estrés; este hecho está señalizado mediante la vía de las MAP
kinasas.84
Adhesión celular y desarrollo. La adhesión entre células es un carácter de los organismos pluricelulares que
sustenta la capacidad de especialización tisular y, por ello, el aumento de la complejidad de aquellos. Las uniones
celulares de los epitelios emplean el citoesqueleto de actina, dentro de cada célula, y las cadherinas, como
elementos extracelulares, con una conexión entre ambas mediada por cateninas.85 La interrupción de la
dinámica de actinas repercute en el desarrollo de los organismos; de hecho, la actina es un elemento tan crucial
que, generalmente, se dispone de sistemas de genes redundantes. Por ejemplo, los ejemplares de Dictyostelium
a los que se les había privado del gen de la α actinina o del factor gelificante no mostraban un fenotipo anómalo
posiblemente debido a que una de las proteínas podía realizar la función de la otra; en cambio, en los dobles
mutantes, carentes de ambas, el desarrollo se vio alterado.86
Modulación de la expresión génica. El estado de polimerización de actina influye en la pauta de expresión génica.
En el año 1997, en trabajos empleando células de Schwann se detectó que la despolimerización mediada por
citocalasina D provocaba una pauta de expresión peculiar de los genes
implicados en la mielinización de este tipo de célula nerviosa.87 En
cuanto a los organismos unicelulares, en alguna de sus fases vitales se
ha demostrado que la actina F también modifica el transcriptoma en el
hongo Candida albicans.88 Además, proteínas semejantes a la actina
desempeñan un papel regulador durante la espermatogénesis en el
ratón89 y, en levaduras, se ha propuesto un papel de proteínas
semejantes a actina en la modulación epigenética.90 De hecho, la actina
es capaz, junto con un tipo de miosina nuclear de interactuar con ARN
polimerasas y otras enzimas de la maquinaria transcripcional, de actuar
como iniciador de la transcripción.66
Patología molecular
En la mayoría de los mamíferos existen seis genes diferentes de actina. Dos de ellos están relacionados con el
citoesqueleto (ACTB y ACTG1) mientras que las cuatro restantes lo están con el músculo esquelético (ACTA1),
músculo liso (ACTA2), músculo liso entérico (ACTG2) y con el músculo cardíaco (ACTC1). Las mutaciones que afectan
a estos genes eran desconocidas hasta 1998, y se ha visto que producen miopatías, variaciones en el tamaño y la
función cardíaca y sordera. Así mismo, la actina del citoesqueleto está implicada en el mecanismo de patogenicidad de
múltiples agentes infecciosos, incluyendo el VIH. La inmensa mayoría de las mutaciones que afectan a la actina son de
tipo puntual y tienen un efecto dominante, salvo al menos seis mutaciones de miopatía nemalínica. Ello se debe a que
en muchos casos la variedad mutante del monómero de actina actúa haciendo de «capping», es decir, como
terminador de la elongación de la actina F.30
Se manifiestan alterando la estructura y la función del músculo esquelético produciendo tres formas de miopatía:
miopatía nemalínica tipo 3, miopatía congénita con exceso de microfilamentos (CM) y miopatía congénita con
desproporción de tipos de fibra (CFTDM). También se ha detectado mutaciones que producen miopatía con cores
(zonas desprovistas de actividad oxidativa).96 Aunque sus fenotipos son similares, además de la miopatía nemalínica
típica y la de bastones intranucleares, algunos especialistas distinguen un tipo de miopatía, llamada actínica de la
miopatía nemalínica. En la primera se acumulan agregados de actina en lugar de los típicos bastones. Es importante
señalar que un paciente puede mostrar más de uno de estos fenotipos en la biopsia.97 Los síntomas más habituales
consisten en una morfología facial típica (facies miopática), debilidad muscular y retraso en el desarrollo motor y
dificultades respiratorias. El curso, la gravedad y la edad de aparición son muy variables, y se encuentran formas de
miopatía solapadas. En la miopatía nemalínica aparecen unas estructuras no patognomónicas en diversas
localizaciones de las fibras musculares tipo 1 conocidas como «bastones nemalínicos», con una composición similar a
los discos z del sarcómero.98
La patogénesis es muy variada. Muchas mutaciones se dan en la zona de hendidura de la actina, próximas al lugar de
unión para nucleótidos, mientras que otras se dan en dominio 2, o bien en las
zonas de interacción con las proteínas asociadas, lo que explica la gran
variedad de agregados que se forman en estos casos, como cuerpos
nemalínicos, intranucleares o cuerpos zebra.30 En la miopatía nemalínica se
producen cambios en el plegamiento y en las propiedades de agregación de la
actina, y también en la expresión de otras proteínas asociadas. En algunas
variantes en las que se encuentran cuerpos intranucleares, el cambio en el
plegamiento oculta la señal de exportación nuclear, de modo que la
agregación de la forma mutante de actina se produce en el núcleo celular.99
En cambio, parece que en las mutaciones de ACTA1 que dan lugar a CFTDM
está más afectada la función sarcomérica que la estructura en sí.100 Trabajos
recientes tratan de aclarar la aparente paradoja de que no exista una
correlación clara entre la abundancia de bastones y la debilidad muscular. Bastones nemalínicos gigantes
Parece ser que algunas mutaciones particulares son capaces de inducir una producidos mediante la transfección con
mayor tasa de apoptosis en las fibras musculares tipo II.38 una secuencia de ACTA1 portadora de
una mutación responsable de la miopatía
nemalínica.95
De músculo liso
Existen dos isoformas que codifican actinas
del músculo liso:
ACTG2 codifica la isoforma más larga de actina, con nueve exones, uno de ellos, el
situado en el extremo 5', que no se traduce.101 Se trata de una γ actina que se expresa
en el músculo liso entérico. No se han encontrado mutaciones que se correspondan a
Posición de siete mutaciones patologías en este gen, aunque se ha visto mediante microarrays que es la proteína
significativas de las distintas que, con diferencia, más aumenta su expresión en los casos de resistencia a la
actinopatías relacionadas con
quimioterapia con cisplatino.102
ACTA1.95
De músculo cardíaco
ACTC1 es el gen que codifica la isoforma de la α actina presente en el músculo cardíaco. Se secuenció por primera vez
por Hamada y colaboradores en 1982, observándose que estaba interrumpido por cinco intrones.106 Fue el primer
gen de los seis donde se encontraron alelos implicados en procesos patológicos.107
Se han descrito varios trastornos estructurales que conllevan una disfunción cardíaca asociados a mutaciones
puntuales en este gen, como miocardiopatía dilatada tipo 1R y la miocardiopatía hipertrófica tipo 11. Recientemente,
se ha visto que algunos defectos atriales septales también podrían estar relacionados.109 110
En el caso de la cardiomiopatía dilatada, se han estudiado dos casos en los que en ambos se produce una sustitución
en aminoácidos muy conservados pertenecientes a los dominios que se unen a los discos Z e intercalados, todo lo cual
lleva a la hipótesis de que la dilatación se produce por un defecto de trasmisión de la fuerza contráctil en los miocitos.
107 32
Las alteraciones de ACTC1 son responsables de menos del 5 % de las cardiomiopatías hipertróficas.111 Se han
demostrado también la existencia de varias mutaciones puntuales:112
Mutación E101K: cambios de carga neta y formación de enlace electrostático débil en la posición de unión de la
actomiosina.
P166A: zona de interacción entre monómeros de actina.
A333P: zona de interacción actina-miosina.
La patogénesis parece obedecer a un mecanismo compensatorio: las proteínas
mutantes actuarían como tóxico, con un efecto dominante, disminuyendo la
capacidad de contracción con un rendimiento mecánico anormal, de modo
que la hipertrofia, que suele ser tardía, sería consecuencia de una respuesta
normal del músculo cardíaco al estrés.113
De actinas citoplasmáticas
ACTB es un locus muy complejo. Existen multitud de pseudogenes repartidos
en todo el genoma, y su secuencia contiene seis exones que pueden dar lugar
hasta 21 transcritos diferentes por splicing alternativo, conocidos como Sección de corazón de ratón que
actinas β. En congruencia con esta complejidad, también sus productos tienen muestra signos de miocardiopatía
localizaciones y forman parte de procesos muy distintos (citoesqueleto, dilatada.108
complejo NuA4 histona-aciltransferasa, núcleo celular) y por lo mismo
también se le ha asociado al mecanismo de gran cantidad de procesos
patológicos (carcinomas, distonía juvenil, mecanismos de infecciones, malformaciones en el sistema nervioso e
invasividad de neoplasmas, entre otras).116 Se ha encontrado una nueva forma de actina, la actina kappa, que parece
sustituir a la actina β en procesos tumorales.117
Desde el punto de vista patológico, ha sido asociado a procesos como la amiloidosis, la retinitis pigmentosa,
mecanismos de infección, enfermedades renales y diversas pérdidas auditivas congénitas.122
Relacionadas con seis mutaciones puntuales autosómico-dominantes en la secuencia, encontramos diversas formas de
pérdidas de audición, en especial la sensorineural tipo 20/26. Parece que afectan de forma específica a los
estereocilios de las células ciliadas del órgano de Corti. La β actina es la proteína más abundante en los tejidos
humanos, pero no así en las células ciliadas, lo que explicaría la localización de la patología. Por otra parte, parece que
la mayor parte de estas mutaciones afectan a zonas de unión con otras proteínas, en especial la actomiosina.30
Algunos experimentos sugieren que el mecanismo patogénico de este tipo de sordera se debe a que la actina F de los
mutantes sería más sensible de lo habitual a la cofilina.124
Por otra parte, aunque no se tiene constancia de ningún caso, se sabe que la γ actina también se expresa en el músculo
esquelético, y aunque en cantidades muy pequeñas, los modelos animales han mostrado que su ausencia podría dar
lugar a miopatías.125
Listeria monocytogenes, algunas especies de Rickettsia, Shigella flexneri y otros gérmenes intracelulares
escapan de las vacuolas fagocíticas mediante el recubrimiento con una cápsula corta de filamentos de actina. En
el caso de L. monocytogenes y S. flexneri, generan a partir de ellos una estela en forma de «cola de cometa» que
permite su movilidad. Existen ligeras diferencias en el mecanismo molecular de polimerización de la «cola en
cometa» dependiendo de la especie bacteria. Se pueden observar distintas velocidades de desplazamiento, por
ejemplo, con un máximo para Listeria y Shigella.126 Muchos experimentos han ensayado este mecanismo in
vitro. Estos muestran que no se emplea ninguna proteína motora tipo miosina, y parece que la propulsión se
adquiere por la presión ejercida por la polimerización que tiene lugar cerca de la pared del microorganismo, que
previamente se ha rodeado de ABP's propias de la célula hospedadora, que en su configuración mínima se
trataría del complejo Arp2/3, proteínas Ena-VASP, cofilina, una proteína taponante y promotores de la nucleación,
como el complejo de la vinculina. Mediante estos movimientos forman protrusiones que alcanzan las células
vecinas, infectándolas a su vez, de modo que el sistema inmunológico solo puede combatir la infección mediante
la inmunidad celular. La ruta del movimiento podría ser debida a la modificación de la curvatura y desramificación
de los filamentos.127 Otras especies, como Mycobacterium marinum y Burkholderia pseudomallei, también son
capaces de polimerizar localmente la actina celular para facilitar su desplazamiento mediante un mecanismo que
pivota sobre el complejo Arp2/3; más aún, el virus vacunal o Vaccinia virus también emplea elementos del
citoesqueleto de actina para su diseminación.128
Pseudomonas aeruginosa es capaz de formar un biofilm protector con el que escapa de las defensas del
organismo, en especial de los neutrófilos y de los antibióticos, empleando ADN y filamentos de actina del
hospedador.129
Además del ejemplo citado anteriormente, en los pasos iniciales de la internalización de algunos virus, notablemente
el VIH, se estimula la polimerización de la actina, por ejemplo, inactivando la cofilina.130
En los procesos de invasión de las células cancerosas, las protrusiones basadas en actina desempeñan un papel aún no
determinado.131
Evolución
El citoesqueleto eucariota muestra algunos componentes de gran semejanza a lo largo de la escala filogenética,
especialmente la actina y la tubulina. Por ejemplo, la proteína codificada por el gen ACTG2 de humanos posee una
equivalencia absoluta con los ortólogos presentes en rata y ratón, si bien a nivel de nucleótidos la identidad disminuye
al 92 %.132 No obstante, sí existen mayores diferencias con los equivalentes en procariotas (FtsZ y MreB), que, a su
vez, presentan una identidad de secuencia de entre un 40-50 % entre las distintas especies de bacterias y arqueas.
Algunos autores sugieren que la proteína ancestral que dio lugar al modelo básico de actina eucariota se asemeja a las
proteínas del citoesqueleto bacteriano presentes en la actualidad.133
Algunos autores resaltan que la actina, la tubulina y las histonas, un tipo de proteínas implicadas en la estabilización y
regulación del ADN, presentan similitudes en su capacidad de unir nucleótidos y en su funcionamiento basado en el
aprovechamiento del movimiento browniano; más aún, sugieren que todos ellos podrían derivar de un ancestro
común.134 Por tanto, los mecanismos evolutivos diversificaron la proteína ancestral en las variantes hoy presentes,
conservando, entre otras, las actinas como moléculas eficaces para abordar procesos biológicos antiguos y esenciales,
como la endocitosis.135
Equivalentes en bacterias
Si bien las bacterias no tienen un citoesqueleto comparable en complejidad al
de los eucariotas, se han descrito proteínas de alta similitud con los
monómeros y polímeros de actina. La proteína MreB de bacterias polimeriza
en filamentos delgados, no helicoidales y, raramente, en estructuras
helicoidales semejantes a la actina F.18 Más aún, su estructura cristalina es
muy semejante a la actina G (en cuanto a conformación tridimensional), e
incluso existen equivalencias entre los protofilamentos de MreB y la actina F.
El citoesqueleto bacteriano también posee entre sus componentes las
proteínas FtsZ, semejantes a la tubulina.136
Aplicaciones
El aprovechamiento de la actina en los laboratorios de ciencia y tecnología derivan de su participación como riel de
motores moleculares como la miosina (ya en el músculo, ya fuera de él), y de su presencia necesaria para el
funcionamiento celular. En cuanto a la clínica, dado que algunas variantes anómalas de la actina están relacionadas
con la aparición de patologías, su detección es un criterio diagnóstico.
Nanotecnología. Los sistemas actina-miosina actúan como motores moleculares que permiten el transporte de
vesículas y orgánulos a lo largo del citoplasma. Existen experimentos que aprovechan esta capacidad dinámica,
incluso in vitro, es decir, en sistemas acelulares, por lo que se ha postulado una aplicación nanotecnológica del
sistema. La idea subyacente es emplear los microfilamentos como rieles sobre los cuales una o más proteínas
motoras se deslicen transportando una determinada carga; es decir, definir un circuito espacial por el que pueda
transportarse de forma dirigida y más o menos controlada una determinada carga. En cuanto a aplicaciones
generales, se habla del transporte dirigido de moléculas para lograr su liberación en lugares concretos, lo que
permitiría al ensamblaje de nanoestructuras de forma controlada.138 Estas capacidades podrían ser aplicadas en
chips de investigación como los lab on a chip, en nanocomponentes mecánicos y en nanotransformadores de
energía mecánica en eléctrica.139
Control interno en técnicas de biología molecular, como el western blot y la PCR en tiempo real. Debido a que la
función de la actina es necesaria para la supervivencia celular, se postuló que su cantidad está tan controlada a
nivel de producción celular que puede asumirse que su transcripción (es decir, el grado de expresión de sus
genes) y traducción, (que es la generación de proteína) es prácticamente constante, independientemente de las
condiciones experimentales. Por esta razón, en los estudios de cuantificación de proteínas (western blot) y de
transcritos (PCR en tiempo real) suele realizarse además de la cuantificación del gen de interés, la de un gen de
referencia, como la mencionada actina. Dividiendo la cantidad del gen de interés por la de la actina es posible
obtener una cantidad relativa comparable entre distintos experimentos,140 siempre y cuando la expresión de esta
última no varíe; cabe destacar que la actina no siempre presenta la estabilidad deseada en su expresión.141
Clínica. Algunos alelos de la actina son causantes de patologías, por lo que se han desarrollado técnicas para su
detección. Además, la actina puede emplearse como marcador indirecto en patología quirúrgica: es posible
emplear variaciones en pauta de localización en los tejidos como marcadores de invasión de neoplasias,
vasculitis y otros.142 También, debido a su relación con el aparato contráctil muscular, la atrofia provoca la
disminución de sus niveles en el músculo esquelético, por lo que puede emplearse como marcador de este
fenómeno.143
Tecnología de los alimentos. La determinación de la calidad de algunos alimentos procesados, como los
embutidos, pasa por la cuantificación de su contenido en carne. Clásicamente, se ha utilizado un método basado
en la detección de la 3-metilhistidina en hidrolizados de estos productos, pues se trata de un compuesto presente
en la actina y la cadena pesada de la miosina F (ambos componentes mayoritarios del músculo). La generación
en el animal del compuesto se debe a la metilación de residuos de histidina presentes en ambas proteínas.144
145
Véase también
Anexo:Proteínas de unión a actina
Arp2/3
Falotoxina
Filopodio
Filamento intermedio
FtsZ
Lamelipodio
Notas
1. En este enlace [1] ([Link]
endertype=figure&id=cdf640f2) se observa un modelo de la prefoldina con la actina encajada entre los
«tentáculos» de sus subunidades.
2. En el siguiente enlace [2] ([Link]
08031&rendertype=figure&id=f4) de un trabajo de Jaime Martín-Benito y José María Valpuesta, del centro
nacional de Biotecnología del CSIC, se puede apreciar la configuración en doble anillo de la chaperonina CCT, así
como sus subunidades.
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Enlaces externos
Wikimedia Commons alberga una categoría multimedia sobre Actina.
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MMDB ID 69126 Modelo molecular de F actina por T. Oda ([Link]
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