HATHA YOGA
En todo tipo de Yoga y en el Hatha Yoga en particular, el cuidado del
cuerpo tiene
una gran importancia, puesto que es considerado el templo de la Luz y
por lo tanto,
debe perfeccionarse lo más posible. Es el Yoga del bienestar físico.
Más allá del conocido significado que indica a Hatha como la unión de ha -
Sol- y tha
-Luna-, por lo que la traducción exacta de Hatha Yoga sería Yoga solar y
lunar,
existe una interpretación que se refiere al fluir de la respiración por la fosa
nasal derecha (llamado “el aliento del Sol”) y el fluir de la respiración por
la fosa nasal izquierda (llamado el “aliento de la Luna”). Para llegar a una
estabilización de la respiración se ha puesto considerable énfasis en la
purificación del cuerpo y en el uso de varias técnicas físicas. Así, esta
rama del Yoga sería que se dedica al esfuerzo físico. El entrenamiento del
cuerpo como un fin en sí mismo se llama Ghatastha Yoga. Se dice que las
prácticas vuelven dinámica una fuerza latente en el cuerpo llamada
Kundalini, la cual se encuentra dormida en la base de la columna
vertebral a la altura del perineo. Aunque algunos textos antiguos, la
definen (a Kundalini) como un obstáculo más que como una fuerza,
señalando que el fuego generado en el cuerpo por la práctica de las
técnicas de hatha yoga, quemarán la Kundalini, liberando el camino para
que prana (energia vital) ascienda por sushumna (canal energético
central) e inunde así el cuerpo entero de la energía que se convertirá en
iluminación (samadhi).
El cuerpo deja de ser visto como soporte de sufrimientos interminables
para
transformarse en un instrumento de crecimiento y emancipación. En otras
palabras, se trata de prepararlo lenta y cuidadosamente para soportar
prácticas
espirituales superiores. De esta manera, el Hatha Yoga es como una
escalera hacia
el Raja Yoga, la forma más elevada de todas las ramas de esta disciplina.
Dentro de su práctica, existen una serie de asanas que, a través de la
constancia,
empiezan por mejorar la postura del practicante, lo que redunda en una
mayor
confianza en sí mismo, una mejor presencia y un aspecto más sólido
frente a los
demás.
También se aprende a ser consciente de lo que el cuerpo necesita para
sentirse
mejor y de esta manera, se pueden tomar medidas preventivas más
eficientes. Por
ejemplo, en lo que respecta a la alimentación, se comienza a comer para
vivir y no a
vivir para comer, prestándole suma atención a lo que ingresa en el cuerpo
para que
funcione de la mejor manera posible. No debemos olvidarnos de que el
cuerpo es el
vehículo que utilizamos para transportarnos por la vida. Por lo tanto,
debemos
proveerle todos los elementos necesarios como para que no nos deje en
el camino y
nos permita realizar un largo viaje hacia el desarrollo espiritual que
estamos
buscando.
Cuando el cuerpo no funciona bien, la mente no puede dejar de pensar en
aquello
que lo aqueja y casi no puede dedicarle tiempo a otra cosa. Pero cuando
el cuerpo
está bien, la mente puede dejar de pensar en él para poner la mira en los
temas
que atañen al espíritu.
El Hatha Yoga, tal como se lo conoce en Occidente, consta principalmente
de
cuatro componentes esenciales:
• la respiración completa;
• las posturas o asanas;
• la relajación física y mental y,
• la meditación.
La respiración completa o profunda es la base de la práctica del Yoga. El
respirar
deja de ser un hecho automático para convertirse en algo consciente que
se realiza
utilizando toda nuestra capacidad pulmonar. Afecta no sólo el proceso de
oxigenación del torrente sanguíneo, sino que además beneficia el
funcionamiento
general de nuestro organismo.
Las asanas no son ejercicios. Son posturas que vamos adoptando y que
debemos
mantener, acompañándolas con una respiración completa y una actitud
mental
relajada y concentrada.
La relajación en forma consciente y dirigida ayuda a recomponer el
equilibrio
energético en nuestro cuerpo, aflojándolo y liberándolo de las tensiones y
contracturas que se producen como consecuencia natural de las presiones
que
soportamos día a día.
La meditación tiene como objetivo lograr la quietud y el apaciguamiento
de nuestra
mente. Meditar no es dejar vagar la mente en forma totalmente libre sino,
muy por
el contrario, se trata de centrarla en un punto. A tal fin podemos utilizar
distintos
elementos: mantras, objetos externos concretos -la llama de una vela,
una flor, una
imagen- o internos -la respiración, los latidos del corazón-. Poco a poco,
podremos
disminuir la emisión de pensamientos, objetivo al que arribaremos a
través de la
práctica constante y bajo la guía de un instructor o de un maestro
experimentado.
Todos estos pasos logran cambiar la vida del individuo de una manera
fundamental. Con el tiempo, duerme mejor, tiene más alegría y alcanza
mayor
claridad mental.