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MONOGRAFIA

La hipertensión arterial afecta a aproximadamente una cuarta parte de la población adulta y es un factor de riesgo significativo para enfermedades cardiovasculares. Se recomienda un enfoque integral que incluya cambios en el estilo de vida y, en muchos casos, tratamiento farmacológico para su manejo. A pesar de la disponibilidad de tratamientos, el control de la hipertensión sigue siendo subóptimo debido a la falta de adherencia de los pacientes y la atención médica insuficiente.
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MONOGRAFIA

La hipertensión arterial afecta a aproximadamente una cuarta parte de la población adulta y es un factor de riesgo significativo para enfermedades cardiovasculares. Se recomienda un enfoque integral que incluya cambios en el estilo de vida y, en muchos casos, tratamiento farmacológico para su manejo. A pesar de la disponibilidad de tratamientos, el control de la hipertensión sigue siendo subóptimo debido a la falta de adherencia de los pacientes y la atención médica insuficiente.
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I.

INTRODUCCION
En nuestro medio, estudios recientes revelan que aproximadamente
una cuarta parte de la población adulta padece de hipertensión arterial,
siendo a su vez causa del 30% de los pacientes que ingresan a diálisis,
representando por otro lado el factor de riesgo más importante de los
accidentes cerebrovasculares (75%), infarto del miocardio e
insuficiencia cardiaca.

Se considera un problema de salud pública vital importancia, debido a


su elevada prevalencia. Y es una causa importante de accidente
vascular encefálico, insuficiencia cardíaca, cardiopatía isquémica,
insuficiencia renal y retinopatía

A cualquier edad, los valores más altos de presión arterial se


correlacionan bien con mayor riesgo cardiovascular, e incluso leves
aumentos de la presión arterial pueden ocasionar daño al sistema
vascular. De igual forma, pequeñas reducciones en la presión arterial
de la población en su conjunto, particularmente en el grupo
considerado (nivel alto normal), es de esperar produzca significativos
beneficios.

Cambios en los estilos de vida, tales como reducción del peso,


aumento de la actividad física y modificaciones de la dieta, que
incluya disminución de la sal e incremento en alimentos con alto
contenido de potasio, granos, frutas, vegetales y productos no grasos,
pueden ser de valor, sin necesidad de recurrir a la drogoterapia. La
obesidad no solo es la causa ambiental más común de hipertensión,
sino que favorece de manera importante la aparición de dislipidemia y
diabetes. Desafortunadamente, el sobrepeso, particularmente
abdominal, se halla en aumento.

No obstante el buen conocimiento de estos beneficios, el control de la


hipertensión, incluso en países desarrollados, dista mucho de ser
óptimo. Diversos factores son considerados responsables, pero
principalmente la poca atención de la clase médica en su mejor
manejo, y la falla de los pacientes en adherirse a la terapia prescrita.
Consecuentemente, se requiere capacitación en ambos grupos, antes
de aspirar a una mejora en los resultados.
II. DEFINICION

Se habla de hipertensión cuando la presión de la sangre en nuestros


vasos sanguíneos es demasiado alta (de 140/90 mmHg o más). Es un
problema frecuente que puede ser grave si no se trata.

A veces no causa síntomas y la única forma de detectarla es tomarse


la tensión arterial.

 El riesgo de hipertensión puede aumentar en estos casos:

 Edad avanzada

 Causas genéticas

 Sobrepeso u obesidad

 Falta de actividad física

 Comer con mucha sal

 Beber demasiado alcohol

Hay cambios de hábitos, como tomar alimentos más saludables, dejar


de fumar y practicar más actividad física, que pueden ayudar a reducir
la tensión arterial, aunque algunas personas pueden necesitar
medicamentos.

De la tensión arterial se dan dos valores: el primero es la tensión


sistólica y corresponde al momento en que el corazón se contrae o
late, mientras que el segundo, la tensión diastólica, representa la
presión ejercida sobre los vasos cuando el corazón se relaja entre un
latido y otro.

Para establecer el diagnóstico de hipertensión se han de tomar


mediciones dos días distintos y en ambas lecturas la tensión sistólica
ha de ser superior o igual a 140 mmHg y la diastólica superior o igual
a 90 mmHg.
III. OBJETIVOS
III.1. OBJETIVOS GENERALES

• Proporcionar una guía para el cuidado del paciente con hipertensión


arterial.

• Proporcionar apoyo a las personas con hipertensión arterial en el


conocimiento, aceptación y control de la enfermedad.

III.2. OBJETIVOS ESPECIFICOS

• Explicar la información relacionada con el diagnóstico y evolución de la


hipertensión arterial. • Programar un plan de atención integral que incluya
indicaciones farmacológicas para el tratamiento del paciente.

• Analizar la importancia de los elementos psico-emocionales en la salud del


paciente.
IV. HISTORIA

La hipertensión arterial es una enfermedad crónica que se caracteriza


por el aumento de la presión sanguínea en las arterias. A lo largo de la
historia, esta condición ha sido objeto de estudio y tratamiento por
parte de médicos y científicos.

El primer registro médico de la hipertensión arterial se remonta a la


antigüedad, cuando se mencionaba en escritos médicos de la época.
Sin embargo, no fue hasta el siglo XIX que se comenzó a entender
mejor la patología y se desarrollaron métodos para medir la presión
arterial de manera precisa.

En 1733, el médico británico Stephen Hales realizó uno de los


primeros experimentos para medir la presión arterial de manera
indirecta, utilizando un tubo de vidrio conectado a la arteria de un
caballo. En 1896, el médico ruso Nikolai Korotkoff desarrolló el
método actualmente utilizado de medición de la presión arterial con
un estetoscopio y un esfingmanómetro.

A lo largo del siglo XX, se realizaron numerosos estudios que


relacionaron la hipertensión arterial con un mayor riesgo de
enfermedades cardiovasculares, como ataques al corazón o accidentes
cerebrovasculares. Fue en la década de 1950 que se comenzaron a
desarrollar fármacos para el tratamiento de la hipertensión, como los
diuréticos y la beta bloqueadores.

Hoy en día, la hipertensión arterial es una de las enfermedades


crónicas más comunes en todo el mundo y se considera un factor de
riesgo importante para la salud cardiovascular. Se recomienda un
estilo de vida saludable, que incluya una alimentación equilibrada,
ejercicio regular y el control de factores de riesgo como el sobrepeso
y el tabaquismo, para prevenir y tratar la hipertensión arterial de
manera efectiva.
V. EPIDEMIOLOGIA
DEFINICIÓN DE HIPERTENSIÓN

Aunque se va a cumplir un siglo desde que se pudo comenzar a determinar


la presión arterial en la práctica médica, todavía no se puede precisar el nivel
en que ella cambia de normal a anormal. Pickering, para quien a más alta la
presión, peor el pronóstico, por muchos años rechazó que hubiese esa línea
divisoria8. Para Rose, la definición operacional de hipertensión estaba en el
nivel en el que los beneficios de la intervención exceden a aquellos de la
inacción9. Pero, como los médicos se sienten más seguros cuando manejan
criterios precisos, aún cuando sean arbitrarios en esencia, se ha establecido,
y es el más difundido, el límite que define la hipertensión en igual o mayor
que 140/90 mmHg o estar tomando agentes antihipertensivos.

MAGNITUD DEL PROBLEMA

La prevalencia de la hipertensión arterial continúa siendo muy elevada. Se


considera que en los países desarrollados del mundo existe una prevalencia
superior al 25% de su población adulta. Para los Estados Unidos de Norte
América ella llegó a ser de alrededor del 30% de su población adulta en los
años 1976-1980; siendo de resaltarse que esta población hipertensa llegó a
tener una tendencia a disminuir, a partir de esos años hasta los años 1988-
1991; sin embargo esta dramática mejoría ha mostrado enlentecimiento y
detención en los años posteriores.
Entre nosotros, diversos investigadores han aportado sus esfuerzos para el
conocimiento de la situación de la hipertensión arterial en nuestro país. Una
forma de expresarles el reconocimiento que su contribución merece es
mencionarlos (Tabla I), aunque lamentamos sinceramente las omisiones que
seguramente pueden existir por la dificultad para ubicar publicaciones
(sobre todo no recientes) en nuestro medio. La prevalencia encontrada a
nivel del mar, en diferentes épocas y con diferentes criterios y metodología
fue prácticamente siempre similar a la reportada en ese momento para la
población blanca de los Estados Unidos de Norte América o de otros países
desarrollados, y que podemos estimar en 17 a 25%.
VI. CLASIFICACION

Clasificación de hipertensión arterial según la Organización Mundial de la


Salud (OMS) y la Sociedad Internacional de Hipertensión (SIH)

En el año 2014, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Sociedad


Internacional de hipertensión (SIH) clasificaron la hipertensión arterial de la
siguiente forma:

La categoría sistólica y diastólica óptima debe ser inferior a 120/80 mmHg.


Un nivel normal comprende niveles inferiores a 130/85 mmHg y se
considera alta cuando supera 130-139 / 85-89 mmHg. Una persona padece
hipertensión sistólica aislada cuando el valor de la tensión arterial sistólica
supera 140 mmHg.

 La hipertensión ligera o de grado I comprende niveles de 140-159 /


90-99 mmHg.

 La hipertensión moderada o de grado II se sitúa entre 160-179 /


100-109 mmHg

 La hipertensión severa o de grado III comprende niveles superiores


a 180-110 mmHg.

Si ambas mediciones caen en categorías distintas, se emplea la más alta.


VII. TRATAMIENTO
Tratamiento no farmacológico

El tratamiento de la hipertensión no consiste únicamente en tomar


medicación, sinó que el cambio del estilo de vida es tan importante, o
más, que el mero hecho de tomar fármacos. En este sentido se
recomienda:

 Abandonar el hábito de fumar de manera taxativa

 Reducir el exceso de ingesta de sal en la dieta a unos 5 g/día

 Restringir el consumo de alcohol a 20 g/día (la mitad en la


mujer). Equivale a una copa de vino o una cerveza en la
comida

 Reducir el sobrepeso, si existe

 Realizar ejercicio físico moderado de forma habitual

Alimentación saludable

 Baja en grasas (limitar embutidos, quesos, cerdo, ternera,


leche entera, pastelería)

 Moderada en hidratos de carbono (pasta, arroz, patata)

 Rica en fibra (fruta, verdura, legumbre, cereales integrales).

 Disminuir el consumo de alimentos ricos en sal (embutidos,


conservas, alimentos precocinados). Una reducción moderada
del consumo de sal disminuye las cifras de presión, ayuda a
adelgazar, y se necesitan menos medicamentos
antihipertensivos.

 Aumentar el consumo de ácidos grasos poliinsaturados


omega-3 y omega-6 (pescado azul, maíz) y reducir el consumo
de ácidos grasos saturados de origen animal.
 Rica en calcio (yogur, leche, huevo, alubias, sémola) magnesio
(alubias, nueces, maíz, pan, lentejas) y potasio (lentejas,
nueces, plátanos, patatas, zanahoria, tomate). Estos son
recomendables porque podrían reducir la presión.

Tratamiento farmacológico

Además de los cambios del estilo de vida, que siempre se deben


hacer, la gran mayoría de los pacientes también deben tomar
medicamentos para bajar la presión.

El mayor beneficio de los medicamentos es el propio hecho de bajar


la presión. No obstante, según el grado de hipertensión, la presencia o
no de afectación de algún órgano o, en definitiva, el riesgo de padecer
alguna complicación cardiovascular, determinará qué medicamentos
son mejores para bajar la presión en cada paciente de modo
individual.

Muchas veces, para lograr normalizar la presión son necesarios más


de dos medicamentos. Estas combinaciones de dos medicamentos es
mejor que se tomen en una sola pastilla (combinación fija) que en dos
pastillas (una para cada medicamento individual).

Nuevas terapias

En aquellos pacientes en los que no es posible la normalización de la


presión a pesar de cambios adecuados del estilo de vida y de tomar un
mínimo de 3 medicamentos bien combinados y a dosis plenas, lo que
se conoce como hipertensión resistente, existen algunas alternativas
terapéuticas.

Siempre se debe comprobar que el cambio del estilo de vida se ha


hecho correctamente, que el cumplimiento del tratamiento es bueno, y
que no haya otros factores que ayuden al no control de la presión
como puede ser la interacción con otros medicamentos (como los
antiinflamatorios), o la presencia de apnea del sueño.
También se debe tener en cuenta la posibilidad de que el tratamiento
no funcione a causa de la existencia de una enfermedad concreta que
eleva la presión, lo que conocemos como hipertensión secundaria (por
ingesta de drogas como la cocaína, tumores productores de sustancias
que suben la presión, etc…)

Para casos muy seleccionados y, sin que por el momento se tenga


mucha experiencia, existen dos nuevos tipos de tratamiento
intervencionista para los hipertensos resistentes:

Estimulación de barorreceptores carotideos. Consiste en la


estimulación eléctrica permanente de unos nervios del seno carotideo
(situados en el cuello) mediante un dispositivo implantado bajo la piel
(similar a un marcapasos). Además de un discreto riesgo asociado a
la cirugía, el sistema es muy caro y no funciona en todos los
pacientes.

Denervación renal. Destrucción bilateral de nervios renales que se


encuentran a lo largo de la arteria renal mediante un catéter de
ablación por radiofrecuencia que se inserta por vía percutánea (a
través de un parche que se adhiere a la piel que permite el paso de
algunas sustancias hasta llegar a los capilares dérmicos) en la arteria
renal. Aparentemente funciona en algunos pacientes. Es un sistema
caro y su eficacia no ha sido suficientemente probada.

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