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Lectura Filosofía Décimo Segundo Periodo

El documento aborda la evaluación de la capacidad para analizar conceptos filosóficos como el relativismo y el subjetivismo, destacando la importancia del pensamiento crítico en la búsqueda de la verdad. Se exploran las ideas de Protágoras y Nietzsche sobre la relatividad de la verdad y la moralidad, así como su relevancia en el contexto contemporáneo, donde la posverdad y la incredulidad hacia los metarrelatos son prominentes. Finalmente, se plantea la necesidad de encontrar un marco común para la convivencia en un mundo donde las certezas son cada vez más frágiles.
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Lectura Filosofía Décimo Segundo Periodo

El documento aborda la evaluación de la capacidad para analizar conceptos filosóficos como el relativismo y el subjetivismo, destacando la importancia del pensamiento crítico en la búsqueda de la verdad. Se exploran las ideas de Protágoras y Nietzsche sobre la relatividad de la verdad y la moralidad, así como su relevancia en el contexto contemporáneo, donde la posverdad y la incredulidad hacia los metarrelatos son prominentes. Finalmente, se plantea la necesidad de encontrar un marco común para la convivencia en un mundo donde las certezas son cada vez más frágiles.
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Evaluar la capacidad para analizar y comprender los conceptos filosóficos de relativismo,

COMPETENCIA DEL
subjetivismo, tolerancia política, metas narrativas y objetivismo dogmático, y demostrar un
PERIODO
pensamiento crítico y reflexivo en la búsqueda de la verdad.

OBJETO DE ¿En qué medida la diversidad de sistemas de creencias y valores culturales entre diferentes
ESTUDIO sociedades y grupos humanos sugiere que las nociones de verdad, moralidad y realidad son
inherentemente relativas?

TEMAS A
● Relativismo filosófico.
TRABAJAR ● Meta narrativas.
● Discursos de poder.
EVALUACIÓN
✔ Cuestionarios filosóficos.
✔ Diagrama de Venn.
✔ Diagramas de causa y efecto.
✔ Cuadros de oposición.
✔ Ejercicios de interpretación textual.
✔ Mapas mentales.
✔ Análisis de Metanarrativas.
✔ 75%
EVIDENCIAS DE Tras el análisis del preinforme académico, se implementará un plan de
APRENDIZAJE fortalecimiento dirigido a los estudiantes que no hayan alcanzado los
desempeños esperados en las competencias claves de la asignatura. Este
plan de fortalecimiento será enviado tanto al acudiente como el estudiante
a través de la plataforma ESEMTIA – vía correo electrónico– y deberá ser
impreso y firmado en su totalidad.

AUTOEVALUCIÓN 5%
PRUEBA POR COMPETENCIAS: presenta una prueba por competencias
20%
tipo prueba saber.

Texto 1: “¿Todo depende? Una mirada al relativismo desde Protágoras y Nietzsche”


El relativismo filosófico es una postura que sostiene que la verdad y la moralidad no son absolutas, sino que
dependen de los contextos individuales, sociales o culturales. A lo largo de la historia, muchos pensadores han
explorado este concepto, desde los antiguos filósofos griegos hasta los más contemporáneos. Dos de los más
influyentes pensadores relativistas son Protágoras y Friedrich Nietzsche, quienes, aunque separados por
siglos, comparten una visión similar acerca de la verdad, el conocimiento y el individuo.

Protágoras y el relativismo sofista

Protágoras de Abdera, un sofista de la antigua Grecia, es famoso por su afirmación: "El hombre es la medida de
todas las cosas". Esta idea encapsula una forma temprana de relativismo que tiene profundas implicaciones
tanto en la epistemología como en la ética. Para Protágoras, no existe una verdad objetiva e independiente del
ser humano, sino que cada individuo percibe la realidad de acuerdo con sus propios sentidos y experiencias. De
esta manera, lo que es verdadero para una persona puede no serlo para otra, y ambas verdades son igualmente
válidas.

Esta postura relativista de Protágoras puede parecer radical, pero debe entenderse en el contexto de su tiempo.
En una época dominada por una fuerte influencia de los mitos y las religiones tradicionales, los sofistas,
incluido Protágoras, introdujeron la noción de que el conocimiento y la verdad son construcciones humanas.
Esto fue, en parte, una reacción a la visión dogmática de los filósofos presocráticos, que buscaban una verdad
universal y objetiva.

Nietzsche: la muerte de la verdad absoluta

Siglos después de Protágoras, Friedrich Nietzsche profundiza y radicaliza el relativismo en sus obras.
Nietzsche no solo cuestiona la existencia de verdades absolutas, sino que también desafía las bases mismas de la
moralidad occidental, que según él, está profundamente influenciada por la religión cristiana y sus conceptos de
bien y mal. En su famosa declaración “Dios ha muerto”, Nietzsche señala el colapso de las narrativas
metafísicas que históricamente han sostenido los valores y las verdades universales.

Para Nietzsche, las verdades no son descubiertas, sino creadas por individuos y culturas en función de sus
intereses y necesidades. La moralidad, entonces, es el producto de una serie de interpretaciones históricas y
sociales, y no una realidad trascendental. Esta visión se conoce como el perspectivismo nietzscheano, según el
cual cada ser humano tiene una perspectiva única sobre la realidad, y estas perspectivas nunca pueden alcanzar
un conocimiento absoluto. Lo que para una cultura o individuo puede ser considerado una verdad, para otro
puede ser simplemente una ilusión o una interpretación interesada.

Nietzsche, al igual que Protágoras, sostiene que la verdad es un fenómeno relativo, pero su enfoque va más allá
del simple reconocimiento de que cada persona tiene una interpretación propia. Nietzsche argumenta que las
nociones de verdad y moralidad son herramientas de poder, utilizadas para imponer estructuras jerárquicas en la
sociedad. En su obra La genealogía de la moral, Nietzsche examina cómo las ideas de moralidad cristiana
surgieron como una estrategia para controlar a los individuos y restringir su creatividad y vitalidad.

Implicaciones contemporáneas del relativismo filosófico

El relativismo filosófico sigue siendo un tema relevante en el pensamiento contemporáneo. En la actualidad, se


observa un aumento del subjetivismo ético, donde las opiniones y creencias personales se consideran
igualmente válidas, y la noción de una verdad universal y objetiva se ha vuelto cada vez más cuestionada. Este
cambio se refleja en fenómenos culturales como la posverdad, donde las emociones y creencias personales
tienen más peso que los hechos objetivos en la formación de opiniones políticas, sociales y personales.

Por otro lado, el relativismo ha sido criticado por aquellos que defienden la existencia de principios universales
y objetivos, como los derechos humanos. Filósofos como Martha Nussbaum y John Rawls argumentan que, si
todo es relativo, se corre el riesgo de justificar la opresión y la injusticia en nombre de las diferencias culturales.
En este sentido, el relativismo se enfrenta a desafíos éticos, especialmente cuando se trata de abordar cuestiones
globales como la desigualdad, la discriminación o la violencia.

Conclusión: entre la relatividad y la búsqueda de sentido

El relativismo filosófico, tanto en la forma de Protágoras como en la de Nietzsche, plantea interrogantes


profundos sobre la naturaleza de la verdad y el conocimiento. Si la verdad es relativa, ¿cómo podemos construir
un mundo justo y equitativo? ¿Es posible encontrar un terreno común para resolver los conflictos entre
diferentes perspectivas? A pesar de sus críticas y desafíos, el relativismo sigue siendo un punto de partida para
pensar las tensiones entre el individuo y la sociedad, entre lo subjetivo y lo objetivo.

Lo cierto es que, como Protágoras sugirió, todo depende de nuestra propia perspectiva. Pero, como Nietzsche
advirtió, debemos ser conscientes de que nuestras perspectivas están profundamente marcadas por nuestras
luchas de poder, y que la “verdad” nunca es neutral ni inocente.

Texto 2: “Verdad líquida y posverdad: relativismo en el mundo contemporáneo”

El relativismo filosófico no es solo una corriente intelectual confinada a los grandes pensadores de la historia.
En el siglo XXI, el concepto de relativismo ha adquirido una relevancia y complejidad nuevas, debido a los
desarrollos tecnológicos, culturales y políticos de la sociedad contemporánea. El filósofo Zygmunt Bauman y
el filósofo Jean-François Lyotard son dos de los pensadores que han analizado cómo el relativismo se
manifiesta en la era moderna, respectivamente, a través de la noción de “sociedad líquida” y la “incredulidad
frente a los metarrelatos”. De este modo, podemos observar cómo el relativismo no solo es un tema de la
filosofía académica, sino una característica central de la realidad social y cultural actual.

La sociedad líquida de Bauman

Zygmunt Bauman, sociólogo y filósofo polaco, introdujo el concepto de “sociedad líquida” para describir las
transformaciones que se han dado en la vida social en las últimas décadas. En su obra La modernidad líquida,
Bauman señala que la era contemporánea está marcada por la fragilidad y la inestabilidad de las estructuras
sociales, políticas y económicas. En la sociedad líquida, las certezas que una vez sostuvieron a las personas
(trabajo, relaciones personales, identidad cultural) se han disuelto, y la seguridad de la vida moderna ha sido
reemplazada por una constante sensación de fluidez.

Bauman sostiene que esta liquidez no es solo una característica del entorno social, sino también del
conocimiento. En una época en la que todo parece estar en constante cambio, las verdades objetivas y estables
se vuelven cada vez más difíciles de encontrar. En su lugar, lo que prevalece es el relativismo: las creencias y
las opiniones se transforman en realidades “personales” y subjetivas, lo que impide la existencia de un marco
común de valores o principios universales. Según Bauman, esta fluidez contribuye a la diseminación de la
posverdad (el fenómeno en el cual las creencias y emociones personales prevalecen sobre los hechos
objetivos), especialmente en la política y los medios de comunicación.

Lyotard y la incredulidad frente a los metarrelatos

Por otro lado, Jean-François Lyotard, filósofo francés y uno de los grandes teóricos de la posmodernidad,
abordó el tema del relativismo desde la perspectiva de los metarrelatos. En su obra La condición posmoderna,
Lyotard analiza el fin de los metarrelatos, las grandes narrativas que a lo largo de la historia han dado sentido a
las sociedades: el progreso científico, la revolución socialista, el cristianismo, etc. Lyotard argumenta que, en la
era posmoderna, ya no hay relatos globales que puedan explicar toda la realidad. En lugar de ello, lo que
predomina son microrelatos o relatos locales, subjetivos, que no pueden pretender universalidad.
Este cuestionamiento de los metarrelatos está profundamente vinculado al relativismo: si las grandes narrativas
ya no son aceptadas, entonces no existen verdades universales que puedan imponerse a todos los individuos o
culturas. En cambio, el conocimiento y la moralidad se vuelven variables, dependiendo del contexto en el que se
encuentren. El relativismo epistémico se convierte, entonces, en una característica esencial de la sociedad
contemporánea, pues cada perspectiva se vuelve igualmente válida y ninguna tiene la autoridad para dominar
sobre las demás.

Posverdad y relativismo en la política contemporánea

Un fenómeno que ejemplifica el impacto del relativismo y la posverdad en la sociedad actual es la politización
de la verdad. En la era de las redes sociales y la información digital instantánea, la verdad se ha vuelto
maleable. Lo que se considera "verdad" en el ámbito político o social no siempre está relacionado con hechos
verificables, sino con percepciones, emociones y manipulaciones discursivas. La posverdad, como fenómeno
político, no es simplemente una negación de la verdad objetiva, sino la prevalencia de lo subjetivo, de la
creencia personal, por encima de los hechos.

Este relativismo informativo tiene implicaciones significativas para el debate democrático. La capacidad de los
individuos para discernir hechos verificables de opiniones sesgadas se ha debilitado. La fragmentación de los
discursos, promovida por las redes sociales, ha creado burbujas informativas, donde las personas solo
consumen contenidos que refuerzan sus creencias preexistentes, sin confrontar diferentes puntos de vista. Esto
ha dado lugar a un relativismo moral y político en el que cada grupo mantiene su propia "verdad", haciendo
difícil alcanzar consensos sobre temas fundamentales.

Conclusión: ¿un mundo sin certezas?

El relativismo contemporáneo, tal como lo plantean Bauman y Lyotard, nos desafía a reconsiderar nuestra
relación con la verdad, el conocimiento y el poder. En un mundo donde las certezas son cada vez más frágiles y
los relatos globales han perdido su autoridad, el relativismo se ha convertido en una característica intrínseca de
la vida moderna. Sin embargo, este relativismo no está exento de problemas. Si todo es relativo, ¿qué significa
eso para la justicia, la democracia o los derechos humanos? Si cada perspectiva es igualmente válida, ¿cómo
podemos establecer un marco común para la convivencia?

A medida que nos adentramos en un mundo donde la verdad es líquida y los relatos fragmentados, debemos
preguntarnos si el relativismo nos ofrece una liberación de las estructuras opresivas del pasado o si, por el
contrario, nos deja a merced de la manipulación y el caos epistemológico. En última instancia, el relativismo no
solo cuestiona lo que sabemos, sino también la forma en que vivimos juntos.

Texto 3: “El fin de las grandes historias: Lyotard y la incredulidad posmoderna”

La posmodernidad se caracteriza por su actitud crítica frente a los grandes relatos que han dado forma a las
sociedades modernas: la historia del progreso, la ciencia como salvadora de la humanidad, el avance de la
razón. Jean-François Lyotard, filósofo francés, introduce el concepto de metarrelatos en su influyente obra
La condición posmoderna (1979), donde sostiene que la sociedad posmoderna se caracteriza por una
incredulidad frente a los metarrelatos. Pero, ¿qué son estos metarrelatos y por qué es importante entenderlos
en el contexto contemporáneo?

Los metarrelatos y la legitimación del saber

Un metarrelato es una gran narrativa que pretende explicar y legitimar la totalidad de la historia humana, desde
el origen de la civilización hasta el futuro prometido. Ejemplos de metarrelatos son el cristianismo, el
iluminismo, el marxismo o incluso el mito del progreso científico. Estos relatos no solo ofrecen explicaciones
de la realidad, sino que también imponen una forma de legitimación: algo es considerado verdadero porque está
inscrito en uno de estos relatos más grandes. Por ejemplo, la ciencia moderna se ha legitimado como el camino
hacia la verdad objetiva, mientras que el cristianismo se ha presentado como la única religión verdadera.

Lyotard argumenta que, con el advenimiento de la posmodernidad, hemos comenzado a cuestionar la validez de
estos metarrelatos. En lugar de aceptar un único relato que explique toda la experiencia humana, la sociedad
posmoderna favorece un mosaico de microrelatos, es decir, relatos pequeños, locales y específicos que no
buscan universalizarse. Estos microrelatos se centran en la experiencia individual y cultural, reconociendo la
pluralidad de perspectivas y voces que existen en el mundo.

La incredulidad frente a los metarrelatos

La incredulidad frente a los metarrelatos es una de las características más distintivas de la posmodernidad.
Lyotard sostiene que la credibilidad de los grandes relatos ha disminuido debido a los cambios históricos, las
revoluciones tecnológicas y las tensiones sociales. Los metarrelatos, que alguna vez dominaron las sociedades,
ya no son capaces de proporcionar respuestas satisfactorias a las inquietudes y problemas de la humanidad
contemporánea. De hecho, estos relatos han sido desacreditados por su capacidad de imponer un único punto de
vista, anulando las diferencias culturales, sociales y políticas.

Un ejemplo de esto es la crisis del progreso. Durante gran parte de la modernidad, la idea de que la humanidad
avanzaba constantemente hacia un futuro mejor fue un metarrelato dominante. Sin embargo, las guerras
mundiales, las crisis económicas y los problemas ecológicos han puesto en evidencia las contradicciones de este
relato. Hoy en día, muchos rechazan la idea de que el progreso es inevitable o lineal, lo que refleja la
incredulidad frente a los metarrelatos tradicionales.

La fragmentación del conocimiento y la crítica al totalitarismo

Una de las implicaciones más importantes de la crítica a los metarrelatos es la fragmentación del
conocimiento. En lugar de una visión unificada del mundo, la sociedad posmoderna se caracteriza por una
multiplicidad de enfoques y perspectivas. Esto puede ser visto como una liberación, pues permite que se
reconozcan y validen diversas culturas, creencias y formas de vida. Sin embargo, también plantea desafíos, pues
si no hay un relato que proporcione una base común, ¿cómo se puede establecer una ética universal? ¿Cómo
podemos llegar a acuerdos en temas fundamentales como la justicia o los derechos humanos?

En este sentido, el rechazo de los metarrelatos puede estar vinculado a una crítica más amplia al totalitarismo.
Lyotard argumenta que los metarrelatos, al pretender imponer una visión única de la realidad, son
inherentemente opresivos. El totalitarismo, ya sea político o ideológico, a menudo surge de la creencia en un
metarrelato que justifica la imposición de un orden único sobre todos los individuos. En cambio, la
posmodernidad, al rechazar estos relatos totalizantes, promueve una pluralidad de voces que desafían las
formas autoritarias de control.

Conclusión: la posmodernidad y el futuro de los relatos

En última instancia, la crítica de Lyotard a los metarrelatos no significa que todas las narrativas sean igualmente
válidas, ni que la historia no tenga sentido. Más bien, señala que los metarrelatos, por su afán de universalidad,
tienden a borrar las complejidades y contradicciones de la vida humana. La posmodernidad invita a una actitud
de desconfianza hacia cualquier relato que pretenda explicar la totalidad de la experiencia humana. En lugar de
buscar una respuesta única y definitiva, la posmodernidad fomenta una exploración continua de las múltiples
formas en que los seres humanos construyen sentido.

Este enfoque de microrelatos no solo pone en evidencia la pluralidad de voces, sino que también promueve la
creación constante de significados. En un mundo donde las grandes narrativas han perdido su poder de
legitimación, el desafío es encontrar nuevas formas de articular nuestras experiencias individuales y colectivas,
reconociendo al mismo tiempo las tensiones y contradicciones inherentes a cualquier relato.

Texto 4: “El poder de la palabra: Michel Foucault y los discursos de poder”

El filósofo francés Michel Foucault es uno de los pensadores más influyentes del siglo XX, conocido por su
análisis del poder y sus formas de manifestación en la sociedad. Para Foucault, el poder no es solo algo que se
posee y se ejerce desde una posición superior, sino que es un fenómeno difuso que atraviesa todos los aspectos
de la vida social. Uno de los conceptos fundamentales en el pensamiento de Foucault es el discurso de poder,
que se refiere a las formas en que las instituciones, las normas sociales y los individuos construyen significados
y crean realidades.

El poder como relaciones y no como posesión

En su obra Vigilar y castigar (1975), Foucault redefine el concepto de poder. A diferencia de las visiones
tradicionales que entienden el poder como una fuerza opresiva controlada por instituciones centralizadas (el
Estado, la iglesia, el rey), Foucault sostiene que el poder es relacional. Es decir, el poder no se posee, sino que
circula a través de las relaciones sociales y está presente en todos los niveles de la sociedad. El poder no es solo
lo que los gobiernos ejercen sobre los ciudadanos, sino también las prácticas diarias, las interacciones
personales y las normas culturales que configuran nuestras vidas.

Los discursos de poder son aquellas estructuras de significado que no solo representan la realidad, sino que la
producen. Según Foucault, las instituciones sociales (como la medicina, la educación, la religión y el derecho)
no solo imponen normas, sino que también crean concepciones de lo que es "normal" y "anormal". Así, el
poder se manifiesta no solo en lo que se prohíbe, sino también en lo que se permite, se fomenta y se legitima.

La biopolítica y la gestión de la vida

En sus estudios posteriores, Foucault profundiza en la noción de biopolítica, un tipo de poder que se enfoca en
la gestión de la vida humana. En obras como Historia de la sexualidad (1976), Foucault explora cómo las
instituciones modernas han comenzado a regular aspectos de la vida biológica, como la salud, la sexualidad y la
reproducción. Este tipo de poder no es represivo, sino que actúa sobre los cuerpos y las mentes de los
individuos, determinando lo que es aceptable y lo que no lo es.

Los discursos de poder que regulan la sexualidad, por ejemplo, no solo dictan lo que está prohibido, sino que
también configuran la forma en que pensamos sobre nuestro propio cuerpo y deseos. Foucault muestra cómo los
discursos sobre la sexualidad, la salud y la moral no solo son herramientas de control, sino también de
autocontrol, ya que las personas interiorizan estas normas y actúan en conformidad con ellas.

Poder, resistencia y subversión

Aunque Foucault presenta una visión del poder como ubicuo y difuso, también deja espacio para la resistencia.
El poder nunca es absoluto ni total; siempre existen espacios de subversión donde los individuos y los grupos
pueden desafiar y reconfigurar las relaciones de poder. La resistencia, según Foucault, no se trata simplemente
de oponerse al poder desde una posición externa, sino de producir nuevos discursos que puedan cuestionar y
transformar las estructuras existentes.

De este modo, la lucha por el poder no se libra solo en el terreno político, sino también en el ámbito del
discurso. Aquellos que controlan los discursos dominantes tienen una ventaja en la lucha por definir lo que es
"normal", "legal" o "moral". Sin embargo, la resistencia también se da en la forma de subversiones discursivas,
donde se crean nuevas narrativas que cuestionan y desafían los discursos de poder.
Conclusión: el poder está en todas partes

El análisis de Foucault nos invita a pensar el poder de una manera diferente. No es algo que solo unos pocos
posean, sino algo que se extiende a través de las relaciones y prácticas sociales cotidianas. Los discursos de
poder no solo crean normas, sino que también crean realidades. Sin embargo, como señala Foucault, el poder
es siempre ambivalente: está presente en todos los aspectos de nuestras vidas, pero también puede ser resistido
y transformado.

Texto 5: “La hegemonía del discurso: Gramsci y el poder cultural”

El concepto de hegemonía de Antonio Gramsci, un filósofo marxista italiano, amplía la comprensión del
poder más allá de las instituciones estatales y económicas. Para Gramsci, el poder no solo se impone a través de
la violencia o la coerción, sino también a través de los discursos culturales que permiten a las élites mantener
su dominio sobre las clases subalternas. La hegemonía es, según Gramsci, un proceso por el cual las ideas y
valores de la clase dominante se convierten en las normas aceptadas por toda la sociedad, incluso por aquellos
que son oprimidos.

Hegemonía y poder cultural

Gramsci sostiene que, para que una clase social se mantenga en el poder, debe lograr la hegemonía cultural, es
decir, debe imponer su visión del mundo como la única posible. Esto no se logra solo a través de la fuerza
militar o política, sino principalmente mediante discursos, ideologías y representaciones culturales que son
aceptadas como naturales o inevitables por todos. La cultura, en este sentido, juega un papel crucial en la
reproducción del poder.

A través de la hegemonía cultural, las élites imponen su cosmovisión sobre los valores, las creencias y las
instituciones, de modo que estos parecen ser los únicos posibles y naturales. De este modo, las clases
subalternas interiorizan las ideas de la clase dominante, lo que hace más difícil la resistencia o la transformación
social.

El papel de los intelectuales

Uno de los aspectos más importantes del pensamiento gramsciano es su análisis del papel de los intelectuales
en la sociedad. Gramsci distingue entre dos tipos de intelectuales: los intelectuales orgánicos y los
intelectuales tradicionales. Los primeros son aquellos que surgen de las clases subalternas y que luchan por los
intereses de su clase, mientras que los segundos son aquellos que pertenecen a las clases dominantes y ayudan a
perpetuar su poder cultural.

Los intelectuales orgánicos desempeñan un papel crucial en la lucha por la hegemonía. A través de los
discursos y las prácticas culturales, estos intelectuales pueden cuestionar y desafiar las ideas dominantes,
promoviendo nuevas formas de pensar y actuar que favorezcan la liberación de las clases oprimidas.

Conclusión: poder, cultura y resistencia

El concepto de hegemonía de Gramsci subraya la importancia de los discursos culturales en la lucha por el
poder. El poder no se ejerce solo a través de las leyes o la coerción directa, sino a través de la capacidad de las
élites para moldear la forma en que entendemos el mundo. Para desafiar este poder, es necesario cuestionar los
discursos dominantes y ofrecer alternativas que permitan construir una nueva hegemonía. La resistencia, en
este sentido, no solo pasa por la acción política, sino también por la creación de nuevos significados y valores
que puedan transformar la sociedad.
Texto 6: “La biopolítica y el control de los cuerpos: Foucault y el poder en la sociedad
moderna”

En su análisis de la biopolítica, Michel Foucault ofrece una visión radicalmente diferente del poder. Mientras
que las concepciones tradicionales del poder lo entienden principalmente en términos de autoridad y coacción,
Foucault sostiene que, en la sociedad moderna, el poder se ha desplazado hacia la gestión de la vida humana,
es decir, hacia la regulación de los cuerpos, las conductas y las identidades. Este concepto de biopolítica se
refiere al control y la organización de los aspectos biológicos de la vida, como la salud, la reproducción y la
sexualidad, que son gestionados por instituciones como el Estado, la medicina, la educación y la ley.

Poder y biopolítica

En su obra La historia de la sexualidad (1976), Foucault describe cómo, desde el siglo XVIII, el poder moderno
se ha concentrado en la gestión de los cuerpos. En lugar de recurrir a la violencia física para controlar a los
individuos, el poder moderno actúa sobre la vida misma, buscando regularla y optimizarla. La biopolítica se
ocupa de temas como la natalidad, la mortalidad, la salud pública y el control de las enfermedades,
transformando a los individuos en objetos de administración y regulando incluso las formas en que se entiende
el cuerpo humano.

El control del cuerpo y la subjetividad

Foucault señala que, en la biopolítica, el poder no solo busca controlar lo que las personas hacen, sino también
quiénes son. Las instituciones modernas crean discursos sobre lo que es "normal" y "anormal" en relación con
el cuerpo humano, regulando las formas de vida aceptables y aquellas que se consideran desviaciones. La
biopolítica no solo regula las conductas, sino también la subjetividad de los individuos, ya que el control sobre
el cuerpo está intrínsecamente ligado a las formas en que los individuos perciben su identidad y su existencia.

Poder y resistencia

La biopolítica muestra cómo el poder se ha vuelto cada vez más sutil y difuso, operando no solo a nivel de la
legislación y la coerción, sino también a través de discursos que definen lo que es "normal" y "aceptable". Sin
embargo, Foucault también señala que, aunque este poder es ubicuo, siempre hay espacio para la resistencia.
Los individuos y los grupos sociales pueden desafiar los discursos dominantes, crear nuevas formas de
subjetividad y luchar contra las formas de control que buscan normar sus cuerpos y sus vidas.

Conclusión: poder y control en la sociedad moderna

La biopolítica de Foucault nos invita a repensar el poder en términos de control y regulación de la vida humana.
En lugar de entenderlo como un ejercicio de dominio directo, Foucault nos muestra cómo el poder moderno
opera a través de los discursos que construyen las normas sociales y culturales. Aunque el poder es
omnipresente y difuso, también es resistente y mutable, lo que permite la posibilidad de transformación social.
Área: FILOSOFÍA Asignatura: FILOSOFÍA Tema: AUTOEVALUACIÓN Guía No.

Docente: JUAN SEBASTIÁN Período Académico: Tiempo de Aplicación: 20 MIN Grado: DÉCIMO /
FUENTES SEGUNDO UNDÉCIMO
Estudiante: Curso: Código:

¿CÓMO LO HE HECHO HASTA AHORA?


Apreciado estudiante Salesiano, lo invitamos a realizar su proceso de metacognición dentro del “Saber Aprender a Aprender”, con este
ejercicio de autoevaluación y coevaluación, de manera honesta, responsable, sincera y objetiva en cada uno de los criterios que a
continuación se enuncian y los cuales corresponden al proceso que usted ha desarrollado en la asignatura.
Las valoraciones deben registrarse en cada criterio, acompañadas de observaciones consecuentes con el desempeño académico
durante el periodo. Tenga en cuenta que 1 representa un desempeño bajo y 5 representa un desempeño superior.

CRITERIO VALORACIÓN/OBSERVACIONES COEVALUACIÓN/OBSERVACIONES


Mis acciones realizadas, fueron un
espacio que me permitió reflexionar
sobre mi propio desempeño,
1.
reconociendo lo que ya sabia y lo que
he aprendido. Identifico mis fortalezas y
mis debilidades.
He aprovechado el tiempo de la clase
en la realización de las actividades y
2.
trabajos académicos propuestos en la
asignatura.
Asisto puntualmente a las clases de
acuerdo a los horarios establecidos.
Adicionalmente, entrego todas las
actividades académicas, con
3.
puntualidad, orden y con la calidad
requerida, previstas en el periodo
académico, estando pendiente de
solucionar mis dudas al respeto.
No he tenido llamados de atención por
dar uso indebido a los espacios y
recursos tecnológicos, por el
4. incumplimiento de las normas
establecidas en el manual de
convivencia y el respeto por la casa
común.
Busco asesoría de un compañero o del
docente y realizo trabajo autónomo,
5.
cuando me surgen dudas en el proceso
de aprendizaje.
6. Participó activamente en clase,
contribuyendo al buen desarrollo de la
misma, teniendo presente que mis
actitudes y comportamiento no
interfieran con el trabajo desarrollado
por mis compañeros y docentes.
Utilizo los recursos didácticos
dispuestos en la clase (vídeos, guías,
presentaciones, laboratorios, etc.) para
7.
repasar temas abordados y realizar
todas las actividades propuestas en la
asignatura.
Soy honesto en las actividades propias
de la asignatura, así mismo mis
8.
actitudes son coherentes en mi diario
actuar.
Mis reflexiones y análisis en clase han
sido un espacio que me ha permitido
cuestionar, argumentar y desarrollar un
pensamiento filosófico más profundo.
Reconozco cómo mis conocimientos
9.
previos se han enriquecido con los
debates, lecturas y actividades
realizadas. Identifico mis fortalezas y
debilidades en la argumentación y la
construcción de ideas filosóficas.
Participó activamente en clase,
aportando ideas propias en las
discusiones filosóficas y escuchando
con respeto las opiniones de mis
compañeros. Aprovecho los recursos
10.
didácticos y el tiempo de clase para
fortalecer mi comprensión, realizar las
actividades propuestas y mejorar mi
capacidad de análisis y pensamiento
crítico.
TOTAL

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