NIETZSCHE
SER HUMANO Y DIOS NIETZSCHE
Para Nietzsche, el ser humano es un ser en evolución, un “puente” entre su condición animal y la
posibilidad del superhombre. Es un ser débil e indigente, que ha utilizado la inteligencia como
herramienta para sobrevivir, pero que, al creerse el centro de la naturaleza, ha quedado estancado en
una forma inferior de existencia. Sin embargo, su esencia radica en su capacidad de transformación:
no es un fin en sí mismo, sino un proceso hacia algo superior.
Dios ha sido, en la historia de Occidente, el gran obstáculo para esta evolución. Como fundamento
último de la verdad única y de la negación de la vida concreta, Dios ha representado una objeción
contra la existencia terrenal, desviando al hombre de su potencial creador. La idea de Dios ha
servido para justificar el sacrificio de la vida presente en nombre de una realidad trascendente,
anulando así los instintos vitales y la voluntad de poder. Por ello, Nietzsche proclama la "muerte de
Dios" como un acontecimiento necesario: solo con su negación puede el hombre liberarse de las
cadenas metafísicas y abrirse a la posibilidad del superhombre.
Esta muerte de Dios desencadena el nihilismo, que puede ser pasivo (caos y sinsentido) o activo
(oportunidad para una nueva valoración de la existencia). El superhombre surge como respuesta a
este vacío: ya no busca una verdad absoluta, sino que afirma la vida en su devenir constante,
creando valores desde la voluntad de poder. Su evolución espiritual pasa por tres etapas: el camello
(sumiso a deberes impuestos), el león (rebelde pero aún incapaz de crear) y el niño (símbolo del
juego creador, libre de resentimiento).
El superhombre encarna la superación definitiva del hombre débil: no se somete a dogmas ni busca
consuelo en lo trascendente. En un mundo sin Dios, asume la vida como eterno retorno, aceptando
su carácter trágico y múltiple. Su grandeza radica en ser artista de su propia existencia, forjando su
camino sin apego a igualitarismos ni moralidades heredadas. Así, el ser humano, en su tránsito hacia
el superhombre, deja atrás la sombra de Dios para convertirse en un creador absoluto de sentido.
CONOCIMIENTO NIETZSCHE
Friedrich Nietzsche (1844-1900) fue un filósofo alemán que desafió los principios de la moral, la
verdad y el conocimiento, proponiendo una transformación profunda de los valores y criticando la
decadencia cultural europea.
Nietzsche desarrolla una crítica radical a la tradición filosófica y su concepción del conocimiento.
Para él, la vida —dinámica, cambiante y múltiple— no puede ser aprehendida mediante conceptos
racionales, sino únicamente a través de la intuición. El lenguaje, lejos de ser un reflejo fiel de la
realidad, opera mediante metáforas: simplificaciones que distorsionan la realidad debido a que
agrupan experiencias diferentes y borran las diferencias entre ellas. Lo que llamamos "conceptos"
son, en esencia, convenciones útiles para la comunicación, pero incapaces de captar la esencia
fluyente del mundo.
Nietzsche desmonta la noción de verdad absoluta. Las "verdades" son, en su origen, metáforas
desgastadas, ilusiones colectivas que pretenden estabilizar lo que por naturaleza es devenir. Así, el
conocimiento no consiste en descubrir una realidad objetiva, sino en interpretarla desde
perspectivas siempre parciales. Esta idea fundamenta su perspectivismo defendiendo la no
existencia de hechos puros, sino interpretaciones condicionadas por la voluntad de poder, una fuerza
que impulsa a imponer unas visiones sobre otras.
Nietzsche critica que el pensamiento occidental ha traicionado la vida real al dar más importancia a
las ideas abstractas que a la existencia concreta. Desde Sócrates se valoró más la razón que los
instintos, un error que Platón acentuó con su mundo de Ideas y que el cristianismo llevó al extremo
al centrarse en un "más allá" imaginario. La metafísica cayó en el mismo error con conceptos como
el "alma inmortal", negando nuestra parte corporal. Incluso la ciencia, que aparenta ser objetiva,
parte de la idea de "verdad", que para Nietzsche es en realidad un valor moral disfrazado, cuando el
conocimiento debería ser simplemente una herramienta para servir a la vida.
Ante el derrumbe de los valores tradicionales, Nietzsche plantea dos respuestas: el nihilismo pasivo
que se resigna ante la decadencia, y el nihilismo activo que destruye creativamente los valores
obsoletos para dar paso al superhombre, aquel que, liberado de toda certeza absoluta, abraza la vida
en todo su caos y multiplicidad sin necesidad de refugios metafísicos.
En resumen, para Nietzsche, el conocimiento no es un reflejo de la realidad, sino un acto creativo y
de poder. En un mundo sin verdades absolutas, debemos interpretar libremente, sabiendo que toda
certeza es temporal y todo valor, una creación humana.
ÉTICA NIETZSCHE
Nietzsche (1844-1900) realiza una crítica radical a la moral occidental, analizando el origen
represivo de sus valores y su rol en la decadencia europea. Influido inicialmente por Schopenhauer,
desarrolla luego una filosofía que afirma la vida plenamente, integrando razón e instinto.
En La genealogía de la moral y Más allá del bien y del mal, Nietzsche analiza el origen de los
conceptos morales, revelando que originalmente “bueno" significaba aristocrático y “malo"
plebeyo, distinguiendo así dos morales opuestas: la moral de señores (autoafirmación de los
poderosos) y la moral de esclavos (producto del resentimiento de los débiles, que demonizan la
fuerza y exaltan humildad y obediencia). Para Nietzsche, el cristianismo representa la máxima
expresión de esta moral de esclavos, al invertir los valores naturales glorificando la debilidad y
condenando el poder, instaurando así una moral de rebaño basada en la culpa y el sacrificio como
formas de control social.
Para Nietzsche, la moral judeocristiana es nihilista ya que rechaza la vida en la Tierra al prometer
una recompensa en otro mundo. El ideal ascético, representado por los sacerdotes, reprime los
instintos y desprecia el cuerpo. Esta negación de la vida culmina en la muerte de Dios, anunciada en
Así habló Zaratustra. Aunque la ciencia y la filosofía han destruido las viejas creencias, no han
sabido crear nuevos valores, dejando al ser humano perdido. Para superar este vacío, Nietzsche
propone al Übermensch (superhombre), alguien que crea sus propios valores, integra razón e
instinto y, a través de la transvaloración, sustituye los antiguos valores por otros nuevos basados en
la voluntad de poder, entendida como creatividad y afirmación de la vida.
En Ecce homo y otros textos, Nietzsche plantea el eterno retorno: la idea de que cada instante de la
vida se repetirá eternamente. Más que una teoría sobre el universo, es una prueba ética: aceptar vivir
la vida una y otra vez, con todo lo bueno y lo malo, sin arrepentimientos. Quien lo logra supera el
resentimiento y afirma plenamente la existencia.
En conclusión, Nietzsche no solo critica la moral tradicional, sino que busca liberar al ser humano
de una ética basada en la culpa y la negación. Propone recuperar la vitalidad creando valores que
celebren la vida. En un mundo sin Dios, el hombre debe convertirse en el creador de su propia
existencia, superando el nihilismo y alcanzando una moral de señores, donde la fuerza se exprese
como creatividad, no como dominación.