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PROYECTO
INTEGRADOR: ETAPA II
INTEGRANTES
Cerino Subiaur Jesús Antonio
Espinosa Carrera Hana Darnelle
Hidalgo Morales María Guadalupe
López Pol Luisa Camila
Vinagre Vázquez Xochitl Milena
MATERIA
Salud Ambiental y Estilo de Vida
PROFESOR
Paola Pueblita Enríquez
CAMPUS
Villahermosa
FECHA DE ENTREGA
12 de Mayo de 2025
PROYECTO INTEGRADOR: ETAPA II
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INTRODUCCION
El cambio climático es, sin duda, uno de los retos más urgentes de nuestro tiempo. No es
solo un tema global: sus efectos se sienten en lo local, desde cómo vivimos hasta cómo
interactuamos con la naturaleza. En México, Tabasco destaca como una región especialmente
vulnerable. Su riqueza ecológica — selvas, manglares, ríos y humedales — contrasta con los
riesgos que enfrenta.
Imagina un lugar donde las inundaciones son recurrentes, la costa se desgasta año tras
año y los huracanes golpean con más fuerza. Así es Tabasco hoy. Su terreno bajo y su cercanía
al mar lo hacen un blanco fácil para fenómenos extremos, que no solo dañan carreteras o
cultivos, sino que alteran ecosistemas enteros. Comunidades que dependen de la pesca, la
agricultura o el turismo ven cómo sus medios de vida se vuelven impredecibles.
Este reporte busca entender cómo el cambio climático está transformando Tabasco, no
solo en lo ambiental, sino en lo social y económico. Analizaremos desde las causas — como el
uso de combustibles fósiles o la agricultura no sostenible — hasta soluciones prácticas, como
proyectos comunitarios que combinan tradición e innovación. Porque mitigar este problema no
se trata solo de salvar árboles o reducir emisiones: es proteger culturas, economías locales y ese
mosaico de vida que hace único a este rincón de México. La pregunta no es si actuar, sino cómo
hacerlo de manera justa y sostenible.
AFECTACIONES DIRECTAS DEL CAMBIO CLIMÁTICO SOBRE EL MEDIO AMBIENTE Y LA
POBLACIÓN LOCAL
Afectaciones sobre la calidad del aire, agua, suelo, flora y fauna
Contaminación por hidrocarburos en cuerpos de agua. La extracción de petróleo en
zonas como la cuenca del río Grijalva-Usumacinta ha provocado filtraciones de crudo y químicos
tóxicos en ríos y humedales. Esto mata peces, crustáceos y plantas acuáticas, alterando
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ecosistemas completos. De hecho, en 2021 se registraron 23 derrames solo en Tabasco, según
datos oficiales (INECC, 2022).
Deforestación para ganadería extensiva. Para crear pastizales, se talan miles de
hectáreas de selvas y manglares al año. Esto no solo reduce hábitats de especies como el jaguar
o el sarahuato (mono aullador), sino que debilita los suelos, aumentando la erosión y la
sedimentación en ríos (CONABIO, 2023).
Uso indiscriminado de agroquímicos en cultivos. En zonas agrícolas como
Huimanguillo, pesticidas como el glifosato se filtran al subsuelo, contaminando mantos freáticos
y acumulándose en la tierra. Esto afecta la fertilidad del suelo y envenena a polinizadores como
las abejas, cruciales para mantener la flora local (FAO, 2021).
Afectaciones directas a la población local
Pérdida de medicina tradicional. Muchas comunidades indígenas, como los chontales,
dependen de plantas medicinales de la selva para tratar enfermedades. Con la desaparición de
especies vegetales por la deforestación, se pierde este conocimiento ancestral y acceso a
remedios naturales (CONABIO, 2020).
Reducción de pesca comercial. La contaminación de ríos y lagunas ha mermado
poblaciones de peces como la mojarra o el robalo, afectando a pescadores que viven de su venta.
En comunidades ribereñas como Macuspana, esto ha generado migración forzada a ciudades
(SADER, 2022).
Aumento de enfermedades respiratorias y cutáneas. La quema de residuos petroleros
y basura al aire libre emite partículas tóxicas que causan problemas de salud en ciudades como
Villahermosa. Además, el contacto con aguas contaminadas provoca irritaciones en la piel,
especialmente en niños (SSA Tabasco, 2023).
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SISTEMA DE MONITOREO AMBIENTAL Y SALUD HUMANA
Calidad del aire y agua en zonas críticas
Instalar dispositivos en áreas con alta actividad petrolera (como Paraíso y Cárdenas) para
medir en tiempo real contaminantes como benceno, partículas PM2.5 y metales pesados en el
aire. En paralelo, monitorear ríos como el Grijalva para detectar hidrocarburos o agroquímicos.
Estos datos se cruzarían con reportes de salud pública, identificando picos de enfermedades
respiratorias o gastrointestinales en épocas de mayor contaminación (SEMARNAT, 2023).
Vigilancia epidemiológica comunitaria con enfoque local
Crear brigadas de salud en pueblos como Macuspana o Centla para registrar casos
recurrentes de dermatitis, asma o intoxicaciones vinculadas a exposición ambiental. Por ejemplo,
mapear cómo la proximidad a pozos petroleros o cultivos con pesticidas se correlaciona con
diagnósticos de cáncer o daño renal. Esto incluiría encuestas casa por casa y análisis de
sangre/orina para detectar toxinas acumuladas (SSA Tabasco, 2023).
Biomonitoreo con especies indicadoras y poblaciones vulnerables
Usar animales como los peces de río (que acumulan metales) o abejas (sensibles a
pesticidas) como "termómetros" de la contaminación. Además, hacer seguimiento a grupos de
riesgo: niños en escuelas cerca de refinerías, pescadores que consumen agua de lagunas
contaminadas, o mujeres embarazadas con posible exposición a tóxicos. Esto ayudaría a
predecir brotes de enfermedades antes de que escalen (INECC, 2022).
Enfermedades relacionadas y seguimiento de indicadores
Infecciones respiratorias agudas por contaminantes del aire. En Villahermosa, el
34% de las consultas pediátricas son por IRA, vinculadas a emisiones de la industria y quema de
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basura. Se propone medir la frecuencia de estos casos en temporada de lluvias, cuando la
humedad atrapa más partículas tóxicas (IMSS Tabasco, 2022).
Dermatitis y parasitosis por contacto con aguas contaminadas. En zonas rurales
como Nacajuca, el 60% de las familias usa agua de pozos sin tratamiento, exponiéndose a
químicos y bacterias. Un indicador importante sería el aumento de infecciones cutáneas o
diarreas después de derrames petroleros (CONAGUA, 2021).
Intoxicación crónica por metales pesados. Estudio en Jalpa de Méndez reveló niveles
de arsénico en sangre un 200% superiores al límite seguro en personas cerca de sitios de
extracción petrolera. Monitorear estos biomarcadores cada 6 meses podría alertar sobre daño
hepático o neurológico a tiempo (COFEPRIS, 2023).
INDICADORES PARA EVALUAR LA CALIDAD AMBIENTAL EN TABASCO
Concentración de partículas PM2.5 en zonas urbanas e industriales
Medir la cantidad de estas micropartículas (provenientes de quemas petroleras,
emisiones vehiculares o incendios) en ciudades como Villahermosa o Paraíso.
Niveles altos (>35 µg/m³) indican riesgo de enfermedades respiratorias y se correlacionan
con días de mala visibilidad por humo. Por ejemplo, en 2023, la zona industrial de Cárdenas
superó 15 veces el límite recomendado por la OMS (SEMARNAT, 2023).
Niveles de hidrocarburos en ríos y lagunas
Analizar la presencia de compuestos como benceno o tolueno en cuerpos de agua clave,
como el río Grijalva o la laguna de Mecoacán.
Un indicador crítico es superar los 0.1 mg/L, nivel asociado con toxicidad para peces y
riesgo de cáncer en humanos. Tras el derrame de 2022 en Comalcalco, se detectaron 2.5 mg/L
en afluentes locales (CONAGUA, 2022).
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Presencia de metales pesados en suelos agrícolas
Monitorear concentraciones de arsénico, plomo o mercurio en tierras de cultivo,
especialmente cerca de sitios petroleros. En Huimanguillo, un estudio halló 8 mg/kg de plomo en
suelos (cuando el máximo permitido es 4 mg/kg), afectando cosechas de cacao y maíz (INECC,
2021).
Tasa de supervivencia de especies clave (ej. jaguar o manglares)
Medir la reducción de poblaciones de animales emblemáticos o la pérdida de cobertura
de manglares en zonas como Pantanos de Centla. Una disminución del 20% en una década
señala estrés ecosistémico. Entre 2010-2020, se perdieron 1,200 hectáreas de manglar por
contaminación y urbanización (CONABIO, 2023).
Residuos de pesticidas en pozos de agua potable
Evaluar la concentración de agroquímicos como el glifosato en pozos rurales. En
Cunduacán, el 30% de los pozos superan los 0.5 µg/L (límite seguro), vinculándose a casos de
náuseas y mareos en comunidades agrícolas (COFEPRIS, 2023).
ESTRATEGIAS CONCRETAS Y FACTIBLES PARA MITIGAR LA PROBLEMÁTICA
AMBIENTAL EN TABASCO
Implementar sistemas en zonas contaminadas por hidrocarburos
Usar plantas nativas como el pasto vetiver o manglares en áreas afectadas por derrames
petroleros (ej: río Grijalva o pantanos de Centla).
Estas especies absorben metales pesados y degradan hidrocarburos, recuperando
suelos y aguas sin químicos costosos.
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En 2022, un proyecto piloto en Paraíso redujo un 40% la contaminación en 6 meses
(SEMARNAT, 2023).
Promover agroforestería comunitaria con cultivos resilientes
Incentivar a campesinos a combinar cacao, coco o árboles maderables con cultivos
básicos, imitando la selva. Esto frena la deforestación, mejora la fertilidad del suelo y da ingresos
extras.
En Huimanguillo, 50 familias ya adoptaron este modelo, aumentando su producción un
25% (CONAFOR, 2023).
Instalar biofiltros urbanos para tratar aguas residuales
Colocar sistemas de filtrado con cáscaras de coco y lombrices en colonias marginadas
de Villahermosa o Cárdenas. Estos filtros naturales removerían hasta el 80% de contaminantes
de aguas grises, evitando que lleguen a ríos.
Un ejemplo exitoso es el usado en la comunidad de Tamulté, que trata 10,000 litros diarios
(CONAGUA, 2022).
Crear brigadas comunitarias contra incendios y tala ilegal
Capacitar a vecinos de zonas críticas (ej: reserva de la biosfera Pantanos de Centla) para
detectar y reportar incendios o tala con drones y apps. En 2023, una brigada en Jalpa de Méndez
logró reducir incendios en un 60% usando alertas tempranas (PROFEPA, 2023).
Fomentar huertos medicinales en escuelas y centros de salud
Recuperar plantas como la chaya o el zacate limón en espacios públicos para preservar
especies útiles y dar alternativas naturales a comunidades sin acceso a medicinas.
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En Nacajuca, 15 escuelas tienen huertos que sirven como aulas vivas y fuentes de
remedios contra parásitos o infecciones (SSA Tabasco, 2023).
MEDICIÓN DE CALIDAD AMBIENTAL Y EXPOSICIÓN HUMANA
Red de estaciones de monitoreo integrado en puntos críticos
Instalar 20 estaciones fijas en zonas petroleras (Paraíso), agrícolas (Huimanguillo) y
urbanas (Villahermosa) que midan aire, agua y suelo simultáneamente. Cada estación tendría
sensores de PM2.5, hidrocarburos, metales pesados y pesticidas, transmitiendo datos en tiempo
real a una plataforma central. La industria petrolera y agrícola son focos de contaminación, pero
hasta ahora no hay un sistema que integre todas las variables. Detección temprana de riesgos,
como picos de benceno en el aire antes de que afecten a escuelas cercanas (SEMARNAT, 2023).
Encuestas de salud ambiental en comunidades prioritarias
Realizar entrevistas semestrales a 500 familias en 10 comunidades (ej: Macuspana,
Centla) para documentar síntomas como tos crónica, erupciones cutáneas o fatiga, vinculándolos
con fuentes de contaminación cercanas (pozos, cultivos). Muchas enfermedades no se reportan
en hospitales, pero las comunidades saben cómo la contaminación afecta su día a día. Identificar
"zonas calientes" de riesgo y priorizar acciones, como clínicas móviles en áreas con alta
incidencia de dermatitis (SSA Tabasco, 2023).
Biomonitoreo con especies locales como centinelas
Analizar cada 3 meses tejidos de peces (mojarras) del río Grijalva, moluscos de la laguna
de Mecoacán y abejas de apiarios en zonas agrícolas. Estas especies acumulan contaminantes
y reflejan lo que humanos podrían estar ingiriendo.
Alertar, por ejemplo, si los niveles de mercurio en peces superan lo seguro para consumo,
evitando intoxicaciones masivas (INECC, 2023).
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Unidades móviles de diagnóstico rápido
Equipar camionetas con kits para analizar agua de pozos, suelo de cultivos y aire en
menos de 30 minutos. Justificación: En zonas rurales como Nacajuca, las familias no tienen
acceso a laboratorios. Actuar inmediatamente, como clausurar un pozo con arsénico o detener
la quema de residuos tóxicos en el acto (COFEPRIS, 2023).
CONCLUSION
Entender la interacción entre los efectos ambientales y los riesgos para la salud en
Tabasco no es solo un ejercicio técnico, sino una necesidad urgente para proteger tanto a los
ecosistemas como a las personas. Cuando analizamos, por ejemplo, cómo los derrames
petroleros contaminan los ríos (efecto), y a la vez vinculamos ese dato con el aumento de casos
de cáncer o dermatitis en comunidades ribereñas (riesgo), dejamos claro que no se puede
separar la salud del planeta de la humana. Si solo midiéramos la contaminación sin considerar
cómo impacta en la población, las soluciones serían parciales
Los elementos propuestos, como el monitoreo integrado o las encuestas de salud
comunitaria, son clave porque rompen esa barrera. Al cruzar datos ambientales (niveles de
PM2.5, metales en suelos) con indicadores de salud (tasas de asma, intoxicaciones), se
identifican patrones ocultos. Por ejemplo, saber que en Huimanguillo los suelos con exceso de
plomo coinciden con casos de daño renal en agricultores permite actuar de forma precisa:
descontaminar tierras y ofrecer chequeos médicos en la misma zona.
Además, esta comprensión integral genera acciones preventivas. Si las abejas mueren
por pesticidas (efecto ambiental), no solo se pierde biodiversidad, sino que se anuncia un riesgo
para cultivos y economía local. Así, protegerlas se convierte en una estrategia para evitar futuras
crisis alimentarias. En resumen, entender esta interacción es la base para diseñar políticas que
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no solo "apaguen incendios", sino que construyan un Tabasco más resiliente, donde el ambiente
sano y la salud pública sean dos caras de la misma moneda.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
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Procuraduria Federal de Proteccion al Ambiente | Gobierno | gob.mx. (s. f.).
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