El día de hoy se va a desarrollar un análisis procesal centrado en una figura clave
dentro del proceso penal peruano: me refiero al sobreseimiento, y en específico, al
auto de sobreseimiento como manifestación concreta del principio de legalidad y del
carácter acusatorio de nuestro sistema procesal penal.
Este tema que se abordara a propósito del análisis del caso contenido en el Recurso de
Casación N.º 2834-2021, proveniente del Distrito Judicial de Loreto, el cual pone en
evidencia no solo los criterios legales para sobreseer una causa, sino también los
límites de actuación del juez y del agraviado frente a una decisión fiscal que solicita el
archivo del proceso.
Los hechos que dieron origen a este proceso penal se basaron en una denuncia por el
presunto delito de usurpación agravada. Si bien se señalaba la invasión de un terreno,
el ciudadano tal fue incluido en la investigación no como autor directo, sino como
supuesto instigador del acto delictivo. Es decir, se le atribuía haber inducido a terceras
personas a ejecutar la ocupación, sin presencia directa en los hechos.
Tras llevarse a cabo la investigación preparatoria, y conforme al artículo 344 del Código
Procesal Penal, el fiscal de la causa, al no hallar elementos de convicción suficientes
para sostener una acusación formal, solicitó el sobreseimiento del proceso. Dicha
decisión fue revisada por su superior jerárquico, quien prestó conformidad, lo cual
resulta determinante para la procedencia del sobreseimiento en términos procesales.
Y aquí quiero hacer una pausa para explicar lo esencial: el sobreseimiento es una
resolución que pone fin al proceso penal sin abrir juicio oral, por considerar que no
existen los requisitos para sostener la acusación. Su fundamento legal se halla en el
artículo 344 y siguientes del CPP, y su emisión se formaliza mediante el auto de
sobreseimiento, dictado por el juez de investigación preparatoria.
Ahora bien, cuando el fiscal solicita el sobreseimiento y su superior lo avala, el
artículo 346.3 del Código Procesal Penal establece que el juez no tiene otra opción que
dictar el auto de sobreseimiento. Este no es un acto discrecional del juez, sino un acto
reglado. El juez no puede oponerse ni iniciar juicio de valor sobre la conveniencia o no
del requerimiento fiscal. ¿Por qué? Porque en nuestro sistema acusatorio, el titular de
la acción penal es el Ministerio Público. Sin impulso fiscal, no puede existir proceso
penal.
En este caso, el juez emitió el auto de sobreseimiento, cumpliendo con el marco legal.
Sin embargo, el agraviado, disconforme con dicha resolución, interpuso un recurso de
apelación, sosteniendo que el archivo era prematuro y que la investigación debía
ampliarse. La Sala Penal evaluó dicho pedido, pero confirmó el sobreseimiento.
Y es que, aunque el agraviado tiene derecho a participar en el proceso penal, no
puede sustituir al fiscal en la dirección del proceso, ni menos aún obligarlo a acusar
sin pruebas. Esta diferencia de roles es esencial para proteger no solo los derechos del
imputado, sino también para mantener la estructura acusatoria del proceso.
El caso llegó a la Corte Suprema mediante recurso de casación, y esta última fue clara y
enfática en reafirmar que el juez no puede negar el auto de sobreseimiento si el fiscal
superior ha prestado conformidad al requerimiento, porque hacerlo sería
desnaturalizar el rol del fiscal, vulnerar la división funcional del proceso penal, e incluso
transgredir el principio de legalidad procesal.
Desde una perspectiva técnico-procesal, el auto de sobreseimiento debe entenderse
como un acto jurisdiccional que reconoce la imposibilidad de continuar con la
persecución penal por falta de fundamento fáctico, jurídico o probatorio, y, por tanto,
cumple una función garantista para el imputado, pues impide que se le someta
innecesariamente a una etapa de juicio sin respaldo.
En conclusión, este caso reafirma tres ideas esenciales:
1. Que el sobreseimiento es una herramienta procesal que protege al imputado
de una persecución penal injustificada.
2. Que el auto de sobreseimiento, cuando está sustentado en un requerimiento
fiscal respaldado por el fiscal superior, debe ser emitido obligatoriamente por
el juez.
3. Y que ni el juez ni el agraviado tienen competencia para imponer una acusación
en contra de la voluntad del Ministerio Público, pues hacerlo sería contravenir
el modelo acusatorio y vulnerar el principio de legalidad.
Por tanto, este caso no solo reafirma la importancia del sobreseimiento como garantía
procesal, sino que también clarifica los roles dentro del proceso penal: el fiscal
investiga y acusa; el juez controla legalidad; el agraviado participa, pero no dirige ni
impulsa la acción penal.
Muchísimas gracias por su atención.