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01 Geymonat El Pensamiento Cientifico

El pensamiento científico se originó en Grecia con figuras como Pitágoras, quienes transformaron el estudio de la matemática en una enseñanza liberal que buscaba la validez general de los teoremas. Aunque los griegos no inventaron las primeras nociones científicas, su capacidad para demostrar la validez general de conceptos, como el teorema de Pitágoras, marcó un avance significativo. Este enfoque racional y la búsqueda de explicaciones más allá de la experiencia cotidiana sentaron las bases del método científico moderno.

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01 Geymonat El Pensamiento Cientifico

El pensamiento científico se originó en Grecia con figuras como Pitágoras, quienes transformaron el estudio de la matemática en una enseñanza liberal que buscaba la validez general de los teoremas. Aunque los griegos no inventaron las primeras nociones científicas, su capacidad para demostrar la validez general de conceptos, como el teorema de Pitágoras, marcó un avance significativo. Este enfoque racional y la búsqueda de explicaciones más allá de la experiencia cotidiana sentaron las bases del método científico moderno.

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CAPÍTULO I

COMIENZOS DEL PENSAMIENTO CIENTÍFICO


(Pitágoras)

l. Suele afirmarse que la ciencia nació en de la investigación científica autónoma, pues


Grecia, con Tales, Pitágoras y los físicoi-filó- afirmó la exigencia de un saber racional, irre-
rcfos del siglo v a. C. Sin embargo; las inves- ducible a la simple y mera colección de expe-
tigaciones modernas dicen que no fueron los riencias de la vida cotidiana. Si es probable
griegos quienes inventaron las primeras no- se ha sostenido como consecuencia
ciones de gqometría, astronomía, etcétera; las -según
de investigaciones más modern¿5- que tam-
aprendieron de los egipcios y de los asirio- bién los egipcios y los asirio-babilonios dispo-
babilonios, que en estos campos de investiga- nían de algún método par^ probar los resulta-
ciones ya habían realizado descubrimientos dos obtenidos por lo menos en ciertos campos,
indudablemente muy importantes con varios queda en pie, sin embargo, que tal método no
siglos de anterioridad. ha llegado hasta nosotros, y que, en todo caso,
¿Cuál fue entonces la aportación decisiva no fue capaz d,e garantizar la validez general
de los griegos? ¿Qué justifica la atribución de de los teoremas y de las leyes científicas.
la gloria ellos asignada- de haber dado Tomemos como ejemplo la célebre proposi-
-aal pensamiento científico cabal y
nacimiento ción conocida comúnmente como teorem4 de
verdadero? Pitágoras: sin duda, su validez era conocida,
Proclo, un neoplatónico del siglo v d. C., en limitada a algunos o, mejor, a varios casos par-
oResumen histórico"
cl célebre contenido en el ticulares (por ejemplo, cuando las medidas de
prólogo a su comentario del Libro I de Eucli- los catetos sor los números J y 4 y la de la
des, escribe que de Tales y de otros hipotenusa es f ), por los sacerdotes egipcios y
estudiosos -después contemporáneos-
de matemática hasta por los chinos muy antiguos. Sin em-
'Pitágoras transformó ese estudio convirtién- bargo parece cierto que solamente los griegos
dolo en una enseñanza liberal que se remonta- supieron remontarse de la comprobación de
ba a los principios generales y estudiaba los tel validez en varios casos particulares a la
problemas abstractamente y con la inteligencia demostración de la validez general del teorema.
pura". Precisamente en esta transformación, Y, lo que es más importante, sólo ellos supie-
que luego será desarrollada con tanto éxito ron luego extraer las consecuencias más atre-
por Platón, Aristóteles, Euclides, etc., debe vidas del reconocimiento de dicha validez,
buscarse, según los historiadores modernos, la hasta deducir un hecho matemático que con-
verdadera novedad que introdujeron los grie- tradecía evidentemente no sólo la experiencia
gos. Tal transformeción señaló el comienzo de la vida diaria, sino las teorías filosóficas
entonces más difundidas, es decir, la existen- de los pocos testimonios que han llegado
cia de segmentos inconmensurables entre sí.r hasta nosotros respecto de las primeras 'de-
Este llamedo tla raz6n, ya en la búsqueda dc mostraciones matemáticas" indican que éstas
ün fundamento general de nuestras proposi- púti^n de algunas antítesis fundamentales
ciones, ya en el inexorable desarrollo de todas admitidas como evidentes (ser- no ser; uno-
sus consecuencias, constituye el primordial y muchos; par-impar; lleno-vacío; reposo-mo-
más importante carácter del pensamiento cien- vimiento, etc.), y trataban de demostrar por
tífico. el absurdo, apoyándose en tales anrítesis, la
2. Dijimos que los antigúos físico-filósofos imposibilidad de aceptar o de no aceptar cier-
griegos afirmaron la exigencia de la demostra- tas conclusiones.
ción. Pero, ¿cuál fue el verdadero significado Aun las discusiones más característicamente
que atribuyeron a este término? Es fácil res- 'fisicas" tendían, sobre todo, a explicar los
ponder que no podían atribuirle el significado fenómenos que presentaban aspectos aparen-
actual; más aún: no pudieron atribuirle nin- temente contradictorios. Por ejemplo, el fe-
gún valor lógico determinado, pues carecian nómeno del "devenir", del "transformarse",
todavia de una noción exacta de lo que debia resp€cto del cual se idearon las teorías más
ser la lógica (ésta, como disciplina autóno- variadas. Notable fue la fisica de Auaxágoras,
ma, sólo fue elaborada con posterioridad y que, para explicar l¿ trasformación de un
deducida precisamente del conjunto de racio- ser en otro *del pan que comemos en carne
cinios ya impuestos a la consideración gene- de nuestro cuerpo; de la semilla, nutrida por la
ral¡. tierra, en planta, etcétera-, sostuvo que "todo
está en todo", I eue, por lo tanto, una cosa
El análisis de los escasísimos fragmentos y puede suscitar la apariencia de transformarse
en otre porque contiene, lunque sea en forma
I Supongamos d¿dos dos segmentos! c (mayor) I invisible, los distintos elementos que compo-
á (menor), Llevemos á sobre 4 y suponS¿mos que esté nen esta última.
contenido, por ejemplo, dos veces co¡t un resto R. Llc-
vemos este resto R sobre á, y supoogamos que, por
En conclusión: el carácter 'científico" de los
ejcmplo, esté contenido tres veces con ün resto R'. L¡ primeros raciocinios se menifestaba demos-
trando con mayor generalidad
-y no
definición matemática de la medida nos dicc que si sólo
al repetir la operación ocurre que en ci':rto momento para los casos particulares- la imposibilidad
no existe resto, los dos segmei:tos dados son conmensu-
de admitir la coexistencÁ pacifica de catego-
r¡bles. Por ejemplo. si con l¿ hipótesis anterior .( se
enula, la medida de ¿ respecto de á será 2 * l/t = rias contradictorias; por lo tanto, en verificár
= 7i3, es decir ¿ serí los 7i3 de b, Ahorr bien, como toda noción de la experiencia común, son-
cada qesto es más pequeño que el anterior, rcabará por deándola en todos sus supuestos y en todas
ser indiscernible pera cualquier observación práctica y, sus consgcuencias, con el objeto de probar sus
por lo tanto, podemos admitir que prácticame¡te, en
eventuales contradicciories y, según los casos,
cierto momento, no habrá más resto. Esto equivale a
decir que, desde el punto de visu empírico concreto, rechazarle o buscar el camino de su justifica-
dos segmentos son qiempre conmensurebles. Lrs teori¡r ción.
filosóficas pitagóricas domi¡anles en le época e la quc
nos referimos confirmaban tal conclusión. En efecto, ]. A titulo de ejemplo scrá útil exponer un racio-
iostenian que todo segmento se compone de un número cinio muy antiguo, según el cual Pitágoras (o ¡lgunor
finito de puntos; y es evidente que, de ¡er las cosas de los primeros piragóricos) del teorema,
esí, dos segmentos resultari¿n siempre conmensurables, -partiendo
siendo su medida la razón del número de puntos de uno
entonces de conquista reciente, acerce de la equiva-
de ello¡ ¿l del otro. lencie entre el cuedrado de lr hipotenusr y I: suma de
los cuadredos de los catetos de un triángulo rectángu-
De ahi que la existencie de sggmenlos inconmensu-
r¡bles entre sí est¿ba en evidente contradicción, ya lo-- demostró l¡ existencia de segmentos incon-
con el punto de vista empirico concreto, ya con lrs mensurables, cn contre de toda ¡ptriencie empíricr y
tmri¿s filosóficrs pitagóricas. en contrr de lor propios principios de la filosofir pitr-

I
¡órice. Sc Io h¡ll¿ cn un rpéndiee del Libro X de lor repetirse si, en lugat del centiinetro, hubiéremos tome.
E!¿mc¡tos de Eucüdes, y ya Aristételes lo mencio¡a do un¿.unidad dc medida por pcqueña que fueo.
en los P¡ímerc¡ A¡diticot. . En definitiv¡, estos dos Eegmentos son inconmensutt-
C,on¡idérise cl cu¡dr¡do de hdo I y diagonal /. bles ent¡e si, hccho sorptendente t¡mbién ptra noiorros,
Supongrrnos que I y /
sern conmensumbles, es decir, ¡y no digimos para la menulid¡d de lbs pitegóricos r!
quc cxista une unidrd de rnedida contenid¡ un número
I
errcto de vec$ en y un número exacto de vccea en 4. C-onfor¡ne lo escribe Aristételes en la
fuIetafísica, "lo que origin¿riamente impulsó
a los hombres h¿ci¡ las primeras investigacio-
\ nes fue el esombro". Es indispensable advertit,
por lo tanio, [Link]é $entido pudoráctu¿r y
'.{ desarrólla?se rquel impulso inicial.
L
\ La simple comprobeción de un'hecho que
ceus¿ esofnbro, inesP€rado por selir de lo co-
mún, no es de por sl suficiente para inici¡r un
d. Utiliz¡ndo unidrde¡ modern¡s de medid¡, suponga- proeso de investigaeión cientifica. Si el hom'
ñó3 qu! ün centimetro Gsté contenido rr vece¡ c¡ I bre se limita a contemplarlo cón estupor, 4
y n t** cn /. Dedúce¡e quc un ccntlmet¡o cu¡dr¡do
expr€s¿[Link] pelabres más o menos vivas la
cahrá contcnido a¡2 vccc¡ cn cl cu¡dr¡do .cónstruido
conmoción de su ánimo, no d¡ el menor paso
rcbre I y ¿3 vcces cn el con¡truido sobre /, Pór trnto,
rplicando et teorem¡ dc Pitágoms ¡e deducirá.
h¡cia le ciencia. A lo sumo podrá hacer poesia
(t) Zm2=t* bella o fea (tento da, pero nada más que
Podemos $ufloner quc hcmos suprimido sn ,r, y n poesía)
sus f¡ctores éomunes de m¡ner¡ que 'resulten primol Pera hecer ciencie es necesario no perm¿ne-
entre si, de dondc se deducirá, cn perticulr, que si cer inmóviles ante el motivo del asombro; hay
uno es par el oro debe srr impar. que pasar del estado puro de contemplación al
De (l) resulte que a2 es par (por ser doble de ar2- de la accién. El acta de bautismo de la ciencia
y, por ttnto, cx¡ct¡mcnte divisible pot 2) y de ahí de- se vincula con tal ección, es decir, con la prb'
berá s¡rlo r¡mbién r, por rosúltrr imposiblc que cl ducción de los medios pare sondear lo esom-
curdr¡do de un númeto imper see per. Luego r es p¡¡
broso, analizándolo en sus elementos, compo-
tl', por trnto, a, i-p"t (por ser t prit, n| que es ¡ximo
con ¡ debe selirnpar).
niéndolo con btros hechos, reproduciéndolo
.Peto decir quc rr es par significr quc ec ex"cirmcnte
en circunstancias semeiantes o distirrtas. La
divi¡ible por 2. En fórmubs,,ll¡m¿ndo A ¡ la mit¿d más moderna filosofia de la ciencia da a estos
de.l medios el nombre de técnicas,'independiente-
' t=2 h fnénte dé que se obre con instrumentos emPí-
dc donde: ricos o con instrumentos conceptuales,
n2=4 k2 Para tratar'de eiplicar con eiemPlos qué
Sustituyendo este v¡lor en el segundo miembro 2 querle decir con. le proposición citad¿ a co-
dcducimos
mienzos de este párrafo, Aristóteles afirma,que
2 m2=1k2 uno de los hechos universalmente considerádos
¡s dccir:
(2) i2=2 k2
más asombrosos fue, precisamente, el descu.
I¡ cual rignifice qre tt? 6 plr y, por'lo tento,,que
1 Cuent¡ unr leyendr qué la existcncia de magnitu-
t¡mbiéo ,r es p^r. Pero esto es rbsurdo, pues hace poco
h¡bi¡mos concluido que nr cru imper. des inconrtensurebles se mttrtuYo én ¡ecfeto dur¡nte
mucho tiempo en l¡ .escuela picagóricl. Un discipulo
Como no criste nirigtln aúmc¡o quc al mismo tiempo
infiel, Hipeso de Metrponte, osó divulgerlr: fue expul'
r.r p.r c inprr, se deduce quc l¡ hipótesis de l¡ cual sado por el Maestro y tuvo que huir & le ciud¡d' t¡
re hr partido e¡ erró¡e¿ y qüe' por lo trnto, no puede alcanzeron l¡s ir¡s de Jtipiter, quien envié u¡1 grln tor'
erirtir ningun¡ unid¡d dc medide, ionte¡idr us número ment¡ que hundió la náve en {ue hebia emb¿rcrdo el
cxrcüo de yecÉs !n I y cd ú. El mi¡¡¡ro reciocinio podir inc¡uto.
brimiento de la inconmensurabilidad entre le ficas alguna comprobación susceptible'de cau-
diegonal y el lado del cuadrado (que hemoc sar asombro; el nacirrtiento de la ciencia con-
expuesro detalladamente en el $ I ). Y es pre- sistió siempre en la eliminación de tal estupor,
ciso reconocer que este eiemplo es perfecta- sustituyéndolo por un estupor contrario (cs
mente convincente, p'ues resulta indudable de-cir, haciendo comprender t¡n cl¡r¿mente
que lrs reflexiones sobre la inconmensurabili- le razón de los hechos estudi¡dos que nos
dad de los sesmentos, es decir, sobre los núqre- asombraría que lás cosas se produjeran de
ros irracion¡les, figuran entre las más fecundas otra manera). El pasaje de un asombro a otro
que registra la historia de la matemática. Pero es obra .esencialmente humana, es el fruto dc
el mismo Aristóteles añade que el asombro latenaz reflexión de los científicos, es el resul'
inicial desapareció muy pronto con las pri- tado de sus "técnicas". Comprender, pues, qué
mer:rs investigaciones de los geómetras; tanto es el "pensamiento científico" significa com-
es así que fue sustituido por un asombro con- prender el modo de proceder de estas técnicas,
trlrio, ".ye que nada produciria más estupor su creación, su desarrollo, el cncabalgarse de
a un geómetra que si la razón entre la diagonal una técnica sobre otra. Por lo tanto, nuestra
v el l¡do del cuadrado fuera conmensurable." investigación versará sobre las técnicrs, y muy
Del mismo modo podemos encontrar en la pronto ésta nos indicará cuán amplia he sido la
inici¡ción de todas las invéstigaciones cientí- revolución que esas técnicas produjeron.

CAPÍTULO U

DIFICULTADES DEL LENGUAJE COMÚN


Y FORMACIÓN DEL LENGUAJE GEOMÉTRICO
(Los sofistas - Euclides)

1. La primera técnica la más espontá- significados distintos; la expresión más espon-


-yhombres para do-
nea- a que acudieron los tánea debía abandonarse por ser incapaz de
minar la experiencia fue el lenguaje. Éste ser- reflejar las innumerables complejidades, ma-
vía al individuo para comunicar sus propias tices yrtortuosidades de la experiencia; a veces,
observaciones personales a otros individuos. el desarrollo del raciocinio ponia de manifiesto
Con ello era posible comparar los hechos per- gravísimas contradicciones, cuyo origen se ig-
cibidos por personas distincas en el mismo noraba si residia en el hecho expresado o en
instante o en instantes sucesivos, coordinar sus el lenguaje empleado para expresarlo. Con esta
esfuerzos para corregir cierras situaciones y crisis del lenguaje común se vincula una de
provocar otras; en una palabra, salir del estado las etapas más importantes en la formación
de asombro ingenuo y pasar al estado de co- del pensamiento científico considerado conio
participación humana en el'conocimiento. actividad autónoma y conscignte: fue, en efec-
Sin embargo, el lenguaje común no tardó to, esa crisis la que impulsó al hombre a in-
en demostrar su propia ineficacia ante los fi- tervenir decididamente en las estructuras lin-
nes que acaban de bosquejarse. Con frecuencia, güisticas hasta adueñarse, en cierto sentido, de
el mismo conjunto de palabras se usaba con ellas; lo cual posibilitó la construcción de sis-

l0
temas dotados de una coherencia controlada, cias de las llamadas verdades intuitivas; evi-
es decir, de sisternas racionales. denciar la invencible coherpncia del escepti-
El descubrimiento de los defectos insitos en cismo más exento de prejuicios.
el lenguaje común indujo al hombre a no No se llega a ser dueño del idioma como
abandonar esta técnica preciosa para su evo- instrumento de investigación cientifica si no
lución espontánea, sino a intervenir acti- se advierte la madeja de insidias que se ocul-
vamente en ella para indagar la raiz de los tan frecuentemente en los conceptos más co-
defectos hallados y posibilitar su elimina- munes; si no se adopta la costumbre de desen-
ción. También aquí, lo mismo que ante las traítar todas las implicaciones lógicas que se
situaciones de "asombro" mencionadas en el deducen de las tesis apareniemente más sim-
capítulo primero, el factor determinante del ples.
progreso ha sido el abandono de toda actitud El buen obrero moderno sabe que sólo hay
pasiva, remisa, fatalista. un medio de conocer a fondo una máquina:
Que el .lenguaje común oculte en sí mismo el de aprender a desmontarla y montarla de
algunas dificultades muy graves no consti- nuevo con el objeto de descubrir las fallas y
tuye una circunstancia penosa, ante la cual el repararlas. Del mismo modo, el griego del si-
hombre sólo deba inclinarse deplorándolo más glo v aprendió a conocer la dificilísima má-
o menos profundamente; por el contrario, de- quina del idioma, descomponiendo y recom-
be constituir 'una incitación al estudio de la poniendo los raciocinios más singulares,.cons-
logicidad intrínseca del lenguaje, a la capta- truvendo las argumentaciones más sutiles y
ción de la esiructura más íntima de su fun- artificiosas, despedazando los conceptos tradi-
cionamiento técnico; a la transformación y cionalmente más sólidos y respetables.
reelaboración para incrementar cada vez más Será oportuno ilustrar con algún ejemplo
su valor instrumental. la habilidad lograda en este tipo de análisis por
Esta profunda reflexión sobre el lenguaje esos pensadores tan antiguos.
fue una de las conquistas máximas del pensa- 3.. Por razones de comodidad nos referi-
miento griego durante el siglo v a. C. y, en remos a una de las conocidas antinomias que
particular, de las gloriosas escuelas sofisticas. Zenón opuso al movimiento (sin ser un'so-
2. Aún hoy algunos autores consideran las fista, Zenón fue sin duda más hábil en suti-
discusiones de los sofistas como cabales enfer- lezas dialécticas que muchos sofistas, por
medades del pensamiento. Es éste un profundo ejemplo que Gorgias).
error de interpretación que la historia moder- Sobre una recta se mueven en igual direc-
na de la filosofia ha heredado de les antiguas ción movimiento continuo y unifor-
polémicas antisofísticas de Platón y Aristóte- me--con
Aquiles y la tortuga; el primero con
les. En verdad, aquellas discusiones tuvieron una velocidad pien veces mayor que la de la
enorme importancia y representaron una gran segunda. En el momento de partir, Aquiles
contribución al desarrollo de la ciencia. sale con un retraso representado por la dis-
Para adquirir familiaridad con lá técnica tancia s respecto de la tortuga a la cual debe
lingüística habia que acostumbrarse a mane- perseguir.
jarla con solture, aun cuando tal manejo pu-
diese redundar en aspectos paradójicos. Nada A T6
más eficez a tal propósito que utilizarla para t-
demostrar, sobre el mismo argumento, tesis
contradictorias entre sí. O bien: servirse del Zenón observa que mientras el primero re-
arte de la palabra para demoler los prejuicios corre el espacio s, la segunda recorrerá el es-
más universalmente arraigados en la sociedad
contemporánea, deducir éxtrañas consecuen-
pacio
' '- . Mi"rrrras el primero recorre
100
el

1l
.100. cl conocido principio dc quc le partc es menor quc
cspacio ii:., la segunda recorrerá el nuevo es- cl todo,

,l
pt"io ¡ y así sucesiv¿mente.' Re¡iticndo El uso indiscriminado de los términoa lin-
t0ñ6 tiiísticos, 9n su ecefrción más groser¿, oculta
e¡te reciociñio a veces (ppr grandc gue sea z) a le visión comün las sutiles implicaciones
la conclusién aerá que la tortuga siémpre se contenidas en la palabra "movimiento". Es
adclmtr e Aquíles en una fraccién de s, aun- deber del científico descubrir estas implica-
que érte see, cottto es evidente, une fraccién ciones y las dificultadcs ínsitas en ellas.- P¿ra
exticmadamente pequcñe. cumplii tal obligación ha de saber vincular,
L¡ tr¡dicién, Poco resPetuose de'la cronblo- con rigor preciso, un término a otro, el que
gía, cuenta que Diégener, p*a refutar las su- se pronuncia cofi los gue se callan (en nues-
iiles antinomias de7*nón contre el movimien- tro ejemplo, debe vincular el 'movimiento
to, se limitó t pe&ú por su propia habitación, continuo uniforme" a la 'infinita pivisibili-
probando, empíricamente, que el movimiento dad" del espacio recorrido y del tiempo em-
e*itte y que, por lo tanto, es posible. pleado en recorredo)-; y saber extraer de tal
En verdad, e$ta respuesat era de todo punto vinculación todas las consecuiricias gue ésta
insuficiente, Nádie [Link]¿ gue también Ze: contiene, incluso las más extrañas 1.
nón conocí¡ la exictcncia del movimiento como Aunque Zenón no suID recoger con serene
hechq empírico. Pero él no polemiz¡ba contra tranquilidad eña conclusión y aun cuando se
el movimiento, tino contra el concepto de mo- limitó a evidenciar el profundo contnst€ €n-
vimiento, ei decir, contrt el conjunto de im- tre ella y la intuición-común, su obra no ha
plicaciones lógicat conexes con este término. sido [Link] menos benemérita. Bien compren-
Su polémica tenía su raz6n de ser: a) descubrir dida, su enseñanza nos introduce en uno de los
en dichb'concepto la idee de la infinita di- más complicados laberintos científicos, es de-
visibilidad del espacio y del tiempo; b) evi- cir, en la merañt de las innumerables nociones
denciar la oposición entre estr divisibilidad vinculadas con el término ---en apariencia
infinit¡ y los'resultados más simples de la ex- muy sencillo-- de 'movimiento".
periencia. Que el movimiento see un dato empírico
es indudable; así como es indudable que Aqui-
La dificult¿d puede traduci¡¡e fácilmente en té¡mi- ,..les alcanza a Ia tortugr; pero que la tentativa
nos rlgebnico¡: llamemos ¡ e l¡ v¡ri¿ble que exPresa . de traducir en conceptos este hecho sencillí-
los distiotos v¡lore¡ del cemino recbrridó por Aquilcs; simo choca con dificultades muy intrincadas
¡r la que erpres¡ lo¡ distintos v¿lores del c¡mino re- es también [Link]ón no menos in-
corrido por la torguga; i¡l dempo en fu¡ción del cual dudable. Advertir esto significa captar uno
verían ¡ e r. Suponiendo que Aquiles alcance a l¡ tor- de'los püntos esenciales y más delicados del
tugr cüando éste hrye rccorrido el espacio o, ocurrirá pensamiento cieirtífico; hacer oidos sordos an-
que. en cl mi¡mo ticmpo, x tomtrá todos los v¿lore¡
comprendidor entre O .y ! + o, mientras que ] tom¡
te tenta problemática significa que uno se
queda en la superficie de las cuestiones, sig-
todos los valores comprendidos entre O y o. Pero a cada
vaior dc * corresponde uno *y sólo uno- de los v¿- nifica que se deja escapar une de las estruc-
lores dcl tiempo t (puesto quc el movirhiento es uni- turas más características del idioma que em-
forme) y ¡ cada valor de f corresponde crmbié¡ uno pleamos.
sólo unc- dc y. Luego, los valorcs de ¡ so¡ tanios 4. Antes de iniciar la explicación de las
-y
como los ;velorcs dc y, cs decir, que el intervalo s * o
se pucdc subüvidir en tántos puntos como pueda sub' 1 En nuestro ejemplo: saber deducir que los puntor
dividirec cl intsrv¡to ú. En otns palabres: los puntos, comprendidos en el setmento parcial- 6 recorrido.¡or
-.
que conrtituycn lr prrtc (o)r son t¡¡tos cucntos son h tortuge son tantos culntos sean los comprcndidos
tos quc corutituyen cl todo (r * o), y esto contndicc en el segmento tot¡l s * d reco¡¡ido por Aquiles.

12
antinomias de Zen6n, Bertrand Russel escri- condenarla, si lo que impulsó su espíritu para
be con fina ironía: 'En este mundo capricho- que obrase de una rnrnera más que de otra
so, nada * yá: caprichoso que Ia fama pos- fue un raciocinio que presenraba todas las ca-
tuma. IJne de las vicrimas más notables d]e la racreristicas de Ia verdadl ¿Con qué derecho
faltt de sentido de la posteridad es Zen6n de podemos pretender que una p""torr" se sustr¡i-
EIea. A pesar de haber inventado cuarro argu- ga a la [Link]ía, más, a Ia ?violencie,, lrle le
mentos todos extraordinariamente sudles- y palabra?
profundos, la estupidez de los fílósofos Dodte- evidenre que, aquí, el legendario c¿so de.
riores proclamó que Zen6n no era sino ún ju- -_Es
Helena no inreresaba en sí
gtar rngenmso, y que sus argumentos no eran -¡*; sóto cons-
tituye un hábil artificio para introducir el
sino sofismas. Después de dos, milenios de gravísimo problema de las responsabilid*des
constantes refutaciones, estos sofism¿s fueron mor¡les de la ciencia. ¿Puede admitírse un¡
enunciados nueyemcnte y sentaron las bases disert¿ción cíentifíea, unr investígacils r*
de un renacimiento matemático r . . -" cional que se desintereseri totalrne"rrte de I¡s
Las palabtas anreri,ores podrían reperirse, eonsecuencias é[Link] que surgen de Ia
con justicia t p?re, casi toda l¡ sqfístiia an_ plopia disertrción? iCO-" áolr.."l* .orr-
tígua" medieval y moderna. Li¡nitándsnos e la flictos que surjan iventualmente, entre los
griega, es indud*ble que el significado de los enunciedos científicoa y lrs convicciotres mo-
ergurr¡cntos de Protágoras, Gorgias, pródico, rales?- ¿ Cuáles serán ttuistr¡s responsebilidades
fl. -y-y distlnto del que le atriñuyá la histo- cuando el desarrofb coherente ie los racioci,
riogrefía tradicionil. nic nos arre$tre más ¿llá de les coscumbres
Bqstará un ejernplo pere ilustrar le sericdad edrnítidas universalmente por le socied¡d ea
de lT problemas discutidos por lgs sofbtas. que vivimos? ¿Ffasta qué punto puede afir-
En el Elag:io de Helena, Gorgres se propo¡l€ marse l¿ ¿utonorníe dile investigación cien_
une. tesis peradíjicaz defensa a. l" h"rmÁ" y tifitca afite Lo que comúnrncne si admire sin
céIebre heroína, considerada comúnmente co- motivaciones cienflficx (es decir" la moral, la
mo el prototipo de las esposas infieles religión, ercétera) ?
¡ por.
lo tento, 1uz,ga!a, severamente- El punto rnás
interes¡nte de la rrgumengción dei [Link]¡ es
. El probleme quc' coo ropajes diitintos, se
presenta en todas las époces debía ser tanto
aquel en que se examina la hipótesis de que más sensible en eI siglo v a. C., cuando la in-
Helena se sinriera "persuadida'i por las paia- vestigación cientíÍice apenas ..cornenzaba ¡
bras de Paris, para abandonar el techo logr11 sus ¡rrimeros éxitos ¡n yt efTrorebam
g"f. :9i Ia palabra fu9 la qo" ""ryo- confliétos muy grave$ u"tre I" o¡ientación
eyg?ñ9la mente de F{elena, iteo.*o" -oo"o"ié y
en ver- ih¡minista de [Link] primeros científicos v Ia
dad el derecho dc condenarl"?" No es difícil tentativa consertadora de las autoridades polí-
-+egún .Gorgias- contestar negativamerrte. tico-religiosas. ¿ÉIasta qué plrntc debería ccn_
En efecto, €cqrno preeender que elia conservare cederse libertad d pensanriento cicntífico,
intact¿ su capacidad de elecciórt anre un rl- cuando éste con dqpidedo es-
ciocinio convincentg, en virtud de su cons- piritu erítico-en*li"á¿n
tod* h,s srqlr¡csros áel lcngue;c
truccióo lógical ¿Cbn que derecho podemoo ordinerio- trscarr. de disgreger las opinlones
más s-agrada¡? ¿Hastr qué gunto, t"_
I Sc vio, cn cfccto, qpc h bnec úlr¡^¡ dc h n¿te, """ido
t*ra { envolver en t¿ cr¡iJ de su esceptieisao
máth¿ c¡rá co¡stiruid¿ Bor loo conjuntor bfiaitc; y no conccptcr pur¡rrrente fisicoi, como
ato¡ coriurto¡ ¡c c¡r¿ct¡rizrn preciramcnte por h pro-
picd¡d, nuy riaguLr, ss¡grd¡ dp ,l¡r arguicatecioneo lc TIo de 'movimiento", d€ .mensur¡bíided,',
& quc Ie pzw y c[ rodo di¡tintos
sino t¿mbiéir dclicados con€ep-ros polítibos,
cotrc rl-- ¡'ucdc¡ crtlr fornr¡dix por le --¿un
misme exntdrzd moralrs, religiosoc?
de cfco:¡o. Lr d¡Iéctica & Gorgies; Protágorar; etcé-

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tere, se dirigió de manela muy especial a este bero como, "el gue afeita y sólo afeit¡ ¿ todo¡
cempo je nociones "más humanas", más ca- los habitantes del país quc no se afeitan por
paces de interesar a los numerosos grupos de sí mismos" (admitiendo, por supuesto, que en
jóvenes que trataban de aprender en la ense- el país no exista sino un barbero). Sabido cs
ñanza de los sofistas el camino del éxito polí- que, definidos así los términos, la pregunta:
tico; pero históricamente sería erróneo limitar "¿Quién afeitarí al barbero?" carece de res-
su eficacia a ese campo. En verdad constituyó puesta posible. En efecto: no puede decirse
la cabal preparación a los estudios de lógica que el barbero se afeite a si mismo, pues sólo
y de matemática que florecieron en los siglos [Link] a 'quienes no se afeitan por si mismos".
siguientes. Ahora bien, este sofisma, de apariencia tan
f. Algunos sofismas como los del "mon- artificiosa, apunta a un objeto muy impor-
tón", del 'cornudo", del 'barbero", etcétera, tente: ponernos en guardia contra el acopla-
no suelen considerarse dignos de mención en miento bastante peligroso del pronombre oto-
los textos de historia de la filosofla y de la dos" y el adverbio 'sólo", que el lenguaje
ciencia. Sin embargo desempeñaron también común acostumbra á usar sin la menor pre-
su papel, y nada despreciable, en la formación caución critica. Parece curioso, pero es inne-
del pensamiento cientifico. gable que las discusiones más modernas acerca
El núcleo del primero de esos sofismas con- de los fundamentos de la matemática debieron
siste en la observación siguiente: un grario no detenerse frente a dificultades semejantes. Co-
forma un montón, dos granos no forman un mo lo veremos, la solución no fue nada simple.
montón, y tampoco lo forman tres, cuatro, El valor lógico de estos llamados a las di-
cinco granos, etcétera; sin embargo, un mon- ficultades que se ocultan en un término
tón está formado por muchos granos. Aquí lingüistico en otro es hoy unánimemente re-
es evidente que la antinomia depende del sig- conocido por los epistemólogos contemporá-
nificado impreciso de los términos 'muchos" neos. Por lo demás, no sería difícil mosrrar su
y "montón". Su aspecto, más grosero que las importancia también desde un punro de vista
antinomias d,e Zenón sobre el movimiento, re- histórico. Por ejemplo, toda la teoría aristo-
side exclusivamente en el hecho de que, mien- télica de la deducción deriva, ella también,
tras pocos advierten las dificultades lógicas de la necesidad de evitar equivocos y confu-
contenidas en el concepto de movimiento (no siones muy difundidos en el argumentar del
resultando claro a primera vista cómo este lenguaje común.
término implica el concepto de infinito), to- Obsérvense los dos ejemplos siguientes:
dos o casi todos captan inmediatamente la a) Pedro es mi padre; tu hermano es mi
imprecisión de los términos 'muchos" y padre; luego, Pedro es tu hermano.
tmontón". b)rSócrates es hombre; Aristóteles es hom-
bre; Iuego Sócrates es Aristótéles.
También el-segundo es de fácil solución:
ya no tienes lo que has perdido; por tanto, tie- Quien se limite a examinar la forma que
ambas argumentaciones poseen en el lenguaje
nes lo que no has perdido. Y como no has per-
ordinario, difícilmente dejará de ver su in-
dido los cuernos, eres, por lo tanto, cornudo.'
tima analogia. Sin embargo,'el simple senrido
Este sofisma tiende e poner de manifiesto la
común nos dice que una es admisible y la
imposibilidad de convertir el enunciado nega-
otra, no. ¿Dónde radica la diferencia?
tivo 'ya no tienes lo que has perdidoi' en el
enunciado positivo ' ienes [o que no has per- Quien tenga alguna familiaridad con Ia
dido" y, por ende, a poner en claro [Link]- teoria de las clases r puede contestar inmedia-
tades. lógicas conexas con la operación de la 1 Pare una definición intuitiv¿ del concepto i. cl¡r"
negación. (o conjunto o agrcgado) ve( cap. IX, 3, segundo,
El tercer sofisma parte del concepto de bar- pírrúo.

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tamente: la diferencia reside en el hecho de [Link] el lenguaje común y la consiguien-
que la clase 'padre" posee un solo elemento, te búsqueda de lenguajes diversos, más pre-
mientras que la clase 'hombre" posee más de cisos, más controlados, en una palabra, más
uno. Pero sería un error creer que la teoría de idóneos pare la investigación cientifica'
las clases resulte intuitiva para todas las inteli- Grecia supo descubrir un lenguaje muy ade-
gencias, ¡o que el lenguaje común sea perfecta- cuado par:- lt matemática; no suPo hacer lo
mente idóneo para expresar con exactitud to- piopio pert la física y demás ciencias natu-
dos los conceptos y las relaciones de tal teoría! rales.
Todos los hombres hacen uso muy frecuen- Sobre las causas del fracaso sustancial en las
te de argumentaciones en la vida dieria p*a investigaciones físico-naturales llevadas a ca-
confundir al adversario, desenmascarar al cul- bo en el mundo clásico volveremos en otro
pa,ble, convencer al dudoso, Pero, ¿poseen to- capitulo, cuando tratemos de explicar la,nue-
das l¡s argumentaciones igual valor? Y si no lo va senda por la cual el mundo moderno logró
poseen, ¿logra propórcionarnos el lenguaje co- hacer lo que los griegos no hicieron, es decir,
mún los medios eficaces para distinguir las construir una técnica precisa, válida para las
ciencias de la naturaleza. Aquí bastará con
argumenteciones válidas de las que no lo son?
que no6 detengamos en los grandes méritos
¿Puede esta distinción (entre proposiciones adquiridos por Grecia en el campo de la ma-
válidas y no válidas) poseer sentido absoluto,
temática.
es decir, independiente del idioma en que se
Es conocida, en este campo de la investiga-
expresan?
ción científica, la importancia decisiva de la
Ningún otro pueblo sintió como los griegos gran [Link] Euclides, los Elementos. Pero ha
v y rv la necesidbd de aclarar le
de los siglos de observarse que muy pocos fueron, con toda
naturaleza de l¿ demostración. Los oradores, probabilidad, los resultados nuevos que con-
los poiíticos, los filósofos, en una palabra, los tenía esta obra. La historiografia moderna dice,
hombres más eminentes de su é¡roca prefen- por ejemplo, que los dos primeros libros reúnen
dian demostrar continuemente esta o aquella conceptos y teoremas ya conocidos por la an-
tesisr' refutando otras; ¿cómo no preguntarse, tigua escuela pitagótica. Ilualmente, el Libro
entonces, cuál era el recurso más idóneo para V expone las investigaciones ya realizadas por
el objeto que se proponian? El Organon de Eudoxo ecerc de las proporciones, etcétera.
Aristóteles no nació por casualidad o por una Hubo hasta quien zvanzó la hipótesis de que
genial intuición del gran estagirita. Nació en el orden mismo de los 13 libro¡ de loi Ele-
un ambiente en que desde años atrás se dis- tnentos (es decir el orden de los argumentos
cutíe, a veces con exa¡¡peración, acerca de co- que tratan) seguía muy fielmente el orden
herencia'e incohcrencia, de deducibilidad y cronológico endue fueron tratados paso a paso
de no deducibilidad, de axiomas y sofismas; por los matemáticos griegos que vivieron en-
fue preparado por estas discusiones; mas aún, tre el siglo de Pitágoras y el de Euclides.
constituyó su culminación. Cualquiera que sea la conclusión al respecto,
6. Sin embargo, el Organon aristotélico no de ninguna manera resultará disminuida la
constituye, por lo menos a mi entender, la importancia de los Elementos. En efecrc: ésta
éonsecuencia más importe\te la histo- no depende del descubrimiento parte de
ria del pensamiento científico- -pera
de las innu- -por
Euclides- de propiedades desconocidas con
merables discusiones lógico-lingüísticas soste- anteriorided, sino de la forma que, él supo dar
nidas por distintas generaciones de sofistas que al tratamiento geométrico.
vivieron en la Grecia antigua. El fruto de En los Elementos hallamos catalogados por
mayor significación de sus discusiones fue el primera vez, con rigor casi perfecto, los con-
reconocimiento de lob {sfec¡os estructurales ceptos primitivos de la geometría, así como los

It
axiomas y postulados gue valen para ellos; común; pero mientres este último es, con fre-
cualquiera otra proposición estará incluida en cuencia, vago, nebuloso, con grandes zonas de
la medida que logre deducirse de esos principios incertidumbre, aquél es en cambio prcciso -v
según reglas bastante claras, aunque no enun- bien determinado, en virtud de la definición
ciadas explicitamente por el autor (reglas que, rigurosa. Los términos irreductiblemente equi-
de todas maneras, resultafi sin duda conexas vocos del lenguaje común no se presentan ._en
con la sistematización aristotélica de la lógica). general- en el lenguaje geométrico; y si por
En este grandioso edificio de conceptos y pro- excepción los vemos empleados en alguna
posiciones adquiere finalmente sentido preci- proposición primitiva de la teoría, Euclides se
so Ia afirmqción de resultar demostrado un esfuerza por no establecer la menor referencia
teorema, de ser un problema resoluble, de ser a ellos en el desarrollo de las. demostraciones.
un enunciado contradictorio. Revisando con máxima escrupulosidad los
Aqui cada término tiene su significado Ele'mentos de Eüclides, los criticos modernos
exaetamente circunscritor ) no existen posibi- lograron descubrir algunas fallas que sin du-
lidades de equívocos. Aqui toda proposición da afectan, aunque escasamente, al valor lógico
es llevada, por un camino más o menos largo, de alguna demostracién. Sin embargo no dis-
pero lógicamente indiscutible, a los principios minuyen el valor metodológico general de la
de la teoria; y resulta o no admitida según obra: ésta fue, y es, la primera tentátiva lo-
concuerde o no con ellos. Estos principios grada para construir un lenguaje cientifico
los cuales no cabe discutir- consti- riguroso, y como tal señ¿la una de las etapas
-sobre
tuyen los únicos criterioo de'verdad para todas fundamentales en la historia del pensamiento
las demás proposieiones¡ y la deductibilidad científico. Demuestra gu€, finalmente, el
lógica de ellos constituye el úniqo método ad- hombre habia llegado, en el siglo ur a. C., a
mitido en la demostración. tener plena conciencia del valor del lenguajé
Los Etremenlos de Euclides proporcionan el como instrumento indispensable de la investi-
primer ejemplo de una técnica expositiva ri- gación científica; y, sobre todo, demuestra
gutos", sin duda no des¡rrovista de vinculos que, reconocidos los defectos de una exPre-
con el lenguaje común, pero, de todos modos, sión meramente espontánea (que, según vi-
irreducible a é1. El significado de cada tér- mos, provoca muchas contradicciones), él su-
mino llega e adquirir dentro de ese trícnica, po co-ptettder la necesidad de un lenguaie
conforme a la definición rigurosa que ella pro- iontrolado, riguroso, racionalmente elaborado.
¡rorciona, resulta, en efecto, análogo, lo más Al convertirse en artifice de las propias téc-
posible, al significado ordin¡ri¿mente vincu- nicas de investigación, el pensamiento cien-
lado con el término en cuestión en el lenguaje tífico entra en una fase de plena madurez.
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