Introducción
El sistema inmunológico cumple una función fundamental en la defensa del organismo frente
a agentes patógenos, manteniendo la homeostasis mediante mecanismos complejos de
detección, activación y regulación. No obstante, cuando estos mecanismos fallan o se
desregulan, pueden desencadenarse respuestas inmunitarias anómalas que, en lugar de
proteger, generan daño a los propios tejidos. Dentro de estas respuestas inadecuadas se
encuentran los mecanismos de hipersensibilidad, que constituyen reacciones inmunológicas
exageradas frente a antígenos, sean estos externos o internos, que generalmente no deberían
causar efectos adversos.
La comprensión de estas reacciones ha sido posible gracias a la clasificación propuesta por
Gell y Coombs, que agrupa las hipersensibilidades en cuatro tipos distintos según los
elementos inmunológicos involucrados: tipo I (inmediata o alérgica), tipo II (citotóxica), tipo
III (por inmunocomplejos) y tipo IV (retardada o mediada por células T). Cada uno de estos
tipos representa una vía específica de respuesta que puede asociarse con diversas
enfermedades clínicas, algunas de ellas potencialmente graves.
Este trabajo tiene como objetivo describir de manera detallada los distintos tipos de
hipersensibilidad, sus mecanismos inmunológicos, implicaciones clínicas y ejemplos
característicos, además de resaltar la importancia de la regulación de la respuesta inmunitaria
en la prevención y tratamiento de estas patologías.
Desarrollo
Regulación de la respuesta inmunitaria: Mecanismos de hipersensibilidad
La regulación de la respuesta inmunitaria implica un equilibrio dinámico entre la activación
del sistema inmune frente a agentes extraños y la tolerancia a los propios tejidos. Cuando este
equilibrio se pierde, pueden desarrollarse enfermedades autoinmunes, inmunodeficiencias o
respuestas inmunológicas exageradas conocidas como hipersensibilidades (1). Estas últimas
son reacciones inmunológicas perjudiciales que ocurren tras una exposición previa al
antígeno y se manifiestan de forma exagerada frente a estímulos que no deberían causar daño
(2).
Clasificación de Gell y Coombs
La clasificación de las hipersensibilidades fue propuesta por primera vez por Gell y Coombs
en 1963, dividiéndolas en cuatro tipos principales según los mecanismos inmunológicos que
las median (3):
Tipo I: Inmediata o alérgica (mediada por IgE)
Tipo II: Citotóxica (mediada por IgG o IgM)
Tipo III: Por inmunocomplejos
Tipo IV: Retardada o mediada por células T
Esta clasificación ha sido fundamental para comprender muchas enfermedades
inmunológicas y guiar su diagnóstico y tratamiento (4).
Tipo I: Hipersensibilidad inmediata o alergia atópica.
La hipersensibilidad tipo I es una reacción inmediata que ocurre en minutos tras la exposición
al alérgeno en personas previamente sensibilizadas. Es mediada por anticuerpos IgE
producidos por linfocitos B activados con la ayuda de células T colaboradoras tipo 2 (Th2)
(5). Estos anticuerpos se fijan a receptores de alta afinidad en mastocitos y basófilos. Cuando
el alérgeno se une a dos moléculas de IgE contiguas en la superficie celular, se produce la
desgranulación con liberación de histamina, prostaglandinas y leucotrienos (6).
Este tipo de respuesta está implicado en enfermedades como la rinitis alérgica, urticaria, asma
bronquial y anafilaxia sistémica. La fase inmediata incluye vasodilatación,
broncoconstricción y aumento de la permeabilidad vascular; mientras que la fase tardía, que
ocurre entre 2 y 24 horas después, implica infiltración por eosinófilos, monocitos y linfocitos
(7).
El tratamiento suele incluir antihistamínicos, corticosteroides, agonistas beta-2 y, en casos
graves, adrenalina intramuscular (8).
Formas de Entrada de Alérgenos
Los alérgenos pueden ingresar al organismo por distintas vías, generando respuestas
inmunológicas de diversa gravedad:
Inhalación: Es la vía más común y suele provocar rinitis alérgica o fiebre del heno, mediante
la activación de mastocitos en la mucosa nasal. Si el alérgeno alcanza los bronquios, puede
desencadenar asma alérgico, caracterizado por dificultad respiratoria, broncoconstricción y
secreción excesiva de moco.
Ingestión: Alimentos o medicamentos ingeridos activan mastocitos en la mucosa intestinal,
provocando vómitos, diarrea y, en algunos casos, urticaria por activación de mastocitos en el
tejido conectivo.
Intravenosa: Puede causar una anafilaxia grave, con vasodilatación, hipotensión severa y
broncoconstricción, lo que pone en peligro la vida. Entre los desencadenantes más comunes
se encuentran fármacos (especialmente antibióticos betalactámicos), alimentos (frutas,
mariscos, leche, huevos), látex, picaduras de insectos, parásitos como Anisakis, ejercicio
físico y frío.
Subcutánea: Produce una reacción local leve con eritema y edema por vasodilatación. Se
emplea comúnmente en pruebas diagnósticas de alergia.
La gravedad de la reacción depende de la vía de entrada, la cantidad de alérgeno y el grado de
sensibilización del individuo. Las manifestaciones clínicas más frecuentes son cutáneas,
seguidas por síntomas respiratorios y cardiovasculares.
Tipo II: Hipersensibilidad citotóxica
Este tipo de hipersensibilidad ocurre cuando los anticuerpos IgG o IgM se unen a antígenos
presentes en las membranas de células propias, desencadenando mecanismos de citotoxicidad
mediados por el sistema del complemento o células efectoras como los macrófagos y las
células NK (natural killer) (9).
Ejemplos clínicos incluyen:
Anemia hemolítica autoinmune: destrucción de eritrocitos por autoanticuerpos.
Pénfigo vulgar: enfermedad autoinmune donde los anticuerpos atacan las proteínas de unión
de las células epiteliales.
Síndrome de Goodpasture: en el que los anticuerpos atacan la membrana basal glomerular y
alveolar.
Reacciones transfusionales y eritroblastosis fetal (10).
Este tipo de hipersensibilidad puede detectarse mediante pruebas como el test de Coombs
directo e indirecto, y su tratamiento incluye inmunosupresores y, en algunos casos,
intercambio plasmático (11).
Tipo III: Hipersensibilidad por inmunocomplejos
En la hipersensibilidad tipo III, los antígenos solubles se combinan con anticuerpos
(principalmente IgG), formando inmunocomplejos que circulan y se depositan en tejidos
vasculares, sinoviales o glomerulares. Estos complejos activan el sistema del complemento y
atraen neutrófilos que liberan enzimas líticas y radicales libres, provocando inflamación y
daño tisular (12).
Las enfermedades más representativas son:
Lupus eritematoso sistémico (LES)
Glomerulonefritis postestreptocócica
Artritis reumatoide
Enfermedad del suero
Reacción de Arthus (13)
La clínica depende del órgano afectado. Por ejemplo, en el LES, se observa proteinuria,
exantemas, artritis, y alteraciones hematológicas, todas consecuencia del depósito de
inmunocomplejos (14).
Tipo IV. Hipersensibilidad
retardada.
Son las reacciones tardías mediadas por linfocitos T, secretando citocinas y/o citolisinas en
respuesta a un antígeno frente al que ya se encontraban sensibilizados. Producen diversos
síntomas dependiendo del tipo de antígeno y de la célula efectora que intervenga:
Hipersensibilidad por contacto: en una primera fase de sensibilización los haptenos
penetran en la epidermis y se unen a moléculas portadoras. Estos complejos son degradados y
procesados por células de Langerhans, que llevan el antígeno expuesto en moléculas MHC de
clase II hasta los ganglios, donde son presentados a los linfocitos T CD4. En un segundo
contacto, el linfocito sensibilizado comenzará a secretar diversas citocinas, IL2 e IFN ?, que
producen una activación y reclutamiento de células en la zona de reconocimiento, originando
una reacción eccematosa, como por ejemplo la dermatitis por contacto con níquel o cromo.
Hipersensibilidad tuberculínica: cuando se administran por vía subcutánea pequeñas dosis
de antígeno se genera una reacción inflamatoria localizada a las 24-72 horas en aquellos
individuos que han sido expuestos con anterioridad a ese antígeno. La respuesta está mediada
por células T que secretan citocinas al reconocer el antígeno, provocando el incremento en la
permeabilidad vascular y el reclutamiento de células a la zona inflamada. EL habón duro
resultante delata la existencia de una sensibilización previa a M. tuberculosis y confirma la
inmunocompetancia de huésped. Esta reacción no es en sí un proceso alérgico, pero las
alergias a las picaduras de insecto se producen también por mecanismos de hipersensibilidad
tuberculínica.
Hipersensibilidad granulomatosa: determinadas sustancias son fagocitadas por los
polimorfonucleares y posteriormente éstos son capaces de destruirlas, lo que provoca una
acumulación de células fagocíticas formando una estructura característica llamada
granuloma. Los mineros, por ejemplo, tienen graves problemas respiratorios, inflamación
intensa y fibrosis, debido a la formación de estos granulomas por la inhalación crónica de
berilio (beriliosis), silicio (silicosis), etc.
Hipersensibilidad mediada por células T: determinadas sustancias químicas son solubles en
lípidos y pueden atravesar la membrana plasmática y modificar proteínas del interior celular.
Las proteínas modificadas se asocian a moléculas MHC de clase I quedando expuestas en la
superficie celular. Cuando los linfocitos CD8 efectores se unen a estas células como propias
las proteínas asociadas al MHC de clase I ejercerán su acción citolítica sobre ellas.
Conclusión
El estudio de los mecanismos de hipersensibilidad representa un pilar fundamental en la
inmunología clínica, ya que ofrece una visión estructurada de cómo la respuesta inmunitaria
puede desviarse de su función protectora y convertirse en causa de enfermedad. La
clasificación de Gell y Coombs sigue siendo una herramienta vigente que permite identificar
y diferenciar los tipos de hipersensibilidad según sus mediadores, tiempos de aparición y
efectos fisiopatológicos.
Cada tipo de hipersensibilidad involucra componentes inmunológicos específicos —
anticuerpos IgE, IgG, IgM, inmunocomplejos o células T—, lo que demuestra la complejidad
del sistema inmune y la necesidad de una regulación precisa para evitar respuestas
destructivas. Estas reacciones están implicadas en una amplia variedad de enfermedades,
desde cuadros alérgicos leves hasta afecciones autoinmunes y procesos inflamatorios
crónicos.
Además, el conocimiento de estos mecanismos no solo permite diagnosticar y tratar
eficazmente las enfermedades inmunológicas, sino también desarrollar nuevas estrategias
terapéuticas, como los inmunomoduladores y las terapias biológicas personalizadas. Así, la
investigación en inmunopatología se convierte en una vía esencial para la innovación médica.
En definitiva, comprender los mecanismos de hipersensibilidad y la regulación inmunitaria es
clave para una medicina más precisa, preventiva y efectiva. El reto actual es integrar este
conocimiento con la práctica clínica, la investigación translacional y la educación médica,
para mejorar la atención de los pacientes y el abordaje de las enfermedades inmunomediadas
en un contexto cada vez más complejo y multidisciplinario.
Referencias
1. Abbas AK, Lichtman AH, Pillai S. Cellular and Molecular Immunology. 9th ed.
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hypersensitivity and disease. In: Gell PGH, Coombs RRA, eds. Clinical Aspects of
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5. Pawankar R, Canonica GW, Holgate ST, Lockey RF. WAO White Book on Allergy:
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