Santiago, cinco de mayo de dos mil veinticinco.
Vistos:
En estos autos RIT T-128-2023 del Juzgado de Letras del Trabajo de
Concepción el dieciséis de agosto de dos mil veintitrés se dictó sentencia por la
que se desestimó la demanda deducida por doña Beatriz en contra de Fundación
Educacional para el Desarrollo Integral de la Niñez y se declaró que esta última no
ha vulnerado los derechos fundamentales de la trabajadora con ocasión de su
despido. Se desestimó también, la demanda subsidiaria de despido improcedente,
todo sin costas por estimar que hubo motivo plausible para litigar.
En contra de esta sentencia la demandante dedujo recurso de nulidad en lo
que se refiere a la demanda subsidiaria y una sala de la Corte de Apelaciones de
Concepción rechazó dicho arbitrio.
Respecto de esa decisión la demandante dedujo recurso de unificación de
jurisprudencia, y solicitó que se acoja, que se invalide la sentencia de la Corte de
Apelaciones de Concepción y se dicte una de reemplazo que describe por la que
se acoja la demanda subsidiaria.
Se ordenó traer los autos en relación.
Considerando:
Primero: Que, de conformidad con lo dispuesto en los artículos 483 y 483 A
del Código del Trabajo, el recurso de unificación de jurisprudencia procede cuando
respecto de la materia de derecho objeto del juicio existen distintas
interpretaciones sostenidas en uno o más fallos firmes emanados de tribunales
superiores de justicia.
La presentación respectiva debe ser fundada, incluir una relación precisa y
circunstanciada de las distintas interpretaciones respecto del asunto de que se
trate, sostenidas en las mencionadas resoluciones y que hayan sido objeto de la
sentencia contra la que se recurre y, por último, se debe acompañar copia
autorizada de la o de las que se invocan como fundamento.
Segundo: Que la materia de derecho que se propone para su unificación
dice relación con los requisitos que debe tener un cargo para ser calificado de
exclusiva confianza para efectos de aplicar el desahucio unilateral del empleador
dispuesto en el artículo 161 inciso segundo del Código del Trabajo, considerando
las funciones de la actora, propias de un cargo medio, que no cuenta con la
facultad de comprometer el patrimonio de su mandante (empleador), ni puede
tomar decisiones de manera autónoma sino que debe necesariamente seguir las
políticas y lineamientos de la Fundación, establecidos a nivel país, ni es un cargo
en que el trabajador está obligado a cumplir con el deber de reserva o
confidencialidad, que no puede calificarse como empleado de exclusiva confianza,
lo que consecuencialmente implica que su despido es injustificado.
Reprocha que la sentencia impugnada va contra la interpretación
jurisprudencial de las sentencias rol N° 32.627-2022 de esta Corte; rol N° 197-
2011 de la Corte de Apelaciones de Temuco y del rol N° 2461-2021 de la Corte de
Apelaciones de Concepción, por las que se desestima la existencia de una
relación de exclusiva confianza, sino que, por el contrario, sólo algún grado de
confianza propia de un mando medio.
Por lo anterior pide que se acoja su recurso y se dicte la sentencia de
reemplazo en el sentido que no es factible calificar de cargo de exclusiva
confianza el desempeño de la demandante, por lo que el despido de que fue
objeto es injustificado al no configurarse el desahucio unilateral de acuerdo al
artículo 161 inciso segundo del Código del Trabajo, debiendo acogerse
parcialmente la demanda de despido injustificado y cobro de prestaciones y el
recargo del 30% sobre la indemnización por años de servicios que le corresponde
y la devolución de las sumas descontadas por concepto de aporte a la AFC, con
costas.
Tercero: Que la sentencia impugnada rechazó el recurso de nulidad de la
parte demandante el que sustentó en la causal del artículo 478 letra c) y, en
subsidio en la prevista en el artículo 478 letra b) ambas del Código del Trabajo.
La Corte para desestimar la primera causal de nulidad, reprodujo los
hechos asentados por el tribunal de base relativos al cargo que desempeñaba la
demandante como Jefa de desarrollo de personas de la Región del Biobío, en
especial, tuvo en cuenta que “En el caso, de los antecedentes referidos se puede
colegir que la demandante fungía como Jefa Regional de Desarrollo de Personas
y Equipos de la Región del Biobío, cargo calificado como “crítico” y caracterizado
por su alta jerarquía en la organización, pues sólo reconoce como superior a la
Jefa Territorial y luego a la Dirección Regional, razón que justifica que su
responsabilidad esté asociada directamente a la política de calidad educativa que
promueve la entidad demandada, debiendo destacarse que el componente de
personas y equipos que trabajan por la educación, constituye uno de los cuatro
pilares de la Política de Calidad Educativa de Integra. En la especie, dicha
responsabilidad aparece coherente con el monto remunerativo que se reconoce
como no discutido y que ascendía a la suma de $2.931.585 a la época del
despido”.
Se añade que, la conclusión anterior se refrenda con los siguientes hechos:
“En su rol, la demandante debía liderar procesos de reclutamiento y los ambientes
laborales de la Oficina Regional y los jardines infantiles de la región; asesorar a la
Jefatura Territorial y a la Directora Regional en la toma de decisiones, con
respecto a la implementación de los procesos de Desarrollo de Personas; y
liderar, en conjunto con la Directora Regional, la generación de estrategias de
participación de los y las trabajadores y trabajadoras o por medio de las
organizaciones sindicales. Además, Beatriz tenía la calidad de “Agente de
Acogida” en materias de acoso sexual y laboral, y -de acuerdo a los testimonios
que se rinden- tenía además de su participación en materias de selección de
personal, facultades vinculadas a amonestaciones y promociones al menos de
miembros de su equipo”, a lo que agrega, “en el libelo de demanda, Beatriz
reconoce haber representado al empleador ante la Dirección del Trabajo, al
menos en dos oportunidades”.
También se indicó que: “…el tribunal afirma que, “de las declaraciones
testimoniales se pueden obtener funciones asociadas al cargo ejercido por la
demandante, en el sentido que tenía una participación relevante en los procesos
de selección de personal y conservaba facultades de amonestación propias de su
jefatura: La testigo Michelle Campos señala que la demandante podía decidir
sobre la contratación de personal (lo “supone”). También señala que tenía la
facultad para amonestar, todo lo cual se revela en el contra examen que conduce
la propia parte demandante. Aunque aclara que en general se trataba de
decisiones colectivas, sitúa a la actora en dicho proceso. La testigo Patricia Olate
también afirma que la demandante tenía participación fundamental en los
procesos de selección de personal, aunque esto era definido (formalmente) por la
Dirección Regional. Añade que Beatriz podía amonestar y trasladar personal”. “Lo
anterior no se ve mermado con los dichos de las testigos de la demandante. Nicol
Santana explica que las decisiones sobre contrataciones y despidos “debían ser
visadas por la jefatura de la demandante”, y que las amonestaciones “se
trabajaban en la Mesa de Bienestar”; y Natalia Rebolledo señala que las
contrataciones (formalmente) dependían de la Directora y las amonestaciones de
una Mesa Técnica que luego cursaba la jefatura pertinente; es decir, ambas no
descartan la influencia que tenía la actora en dichos procesos en su calidad de
jefatura. De hecho, debemos recordar que el conflicto de la demandante con
Vanessa Espinoza ocurre cuando la primera decide dejar en un cargo en concurso
a Daniela Maldonado, que no era al parecer la candidata elegida por Espinoza,
como lo describe la propia demandante en una carta sin fecha dirigida a su
jefatura. La testigo Natalia Rebolledo explicó que Vanessa Espinoza es una
profesional que trabaja precisamente en el proceso de selección de personal y
que estaba molesta porque la actora seleccionó a Daniela Maldonado para el
cargo.”
Se agregó que, para el juez de base, esos hechos permitieron concluir que
se trataba de un empleo de exclusiva confianza del empleador, cuyo carácter de
tal emanaba de la naturaleza de éste, siendo este elemento preponderante en el
desarrollo del vínculo creado entre las partes, razón por la cual concluyó que la
causal de despido estaba ajustada a derecho.
Para la Corte, dicho razonamiento fue acertado pues el cargo que
detentaba la demandante era de carácter crítico, de lo que se colige la confianza
que la máxima jefatura depositó en ella al entregarle el ejercicio de funciones
delicadas y relevantes proporcional al monto de su remuneración mensual.
Enseguida, y en relación con la causal de nulidad subsidiaria, la Corte
consideró que la recurrente cuestionó la valoración de la prueba efectuada y
realizó su propia ponderación de los medios de prueba que cita en particular,
insistiendo que su representada no tenía un cargo crítico, siendo evidente que lo
pretendido por la impugnante no es demostrar que el sentenciador haya razonado
vulnerando alguna regla de la lógica o máxima de la experiencia que pudiese ser
motivo de cuestionamiento; sino que lo verdaderamente atacado es el
razonamiento íntegro que elaboró el tribunal en el desarrollo de la sentencia, por lo
que desestimó también esta causal.
Cuarto: Que, en relación con la materia de derecho propuesta para unificar,
se acompañaron tres sentencias de contraste.
En la primera, rol de esta Corte N° 32.627-2022, se tuvo en consideración
los siguientes hechos: “el actor ingresó a prestar servicios para la demandada
Televisión Nacional de Chile el 1 de agosto de 1998, desempeñándose como
Subgerente de Gestión en la Dirección de Estrategia y Desarrollo de Negocios
desde el día 1 de julio de 2009; fue despedido el 22 de julio de 2019, en virtud de
la causal contemplada en el artículo 161 inciso segundo del Código del Trabajo,
esto es, desahucio escrito del empleador; era socio del Sindicato N°2 de
trabajadores de Televisión Nacional de Chile, estando incluido en la nómina de
trabajadores afectos al contrato colectivo de 23 de noviembre de 2016; el contrato
que lo designa en el último cargo no especifica sus principales funciones, pero, de
acuerdo al “perfil de cargo” emitido por el Departamento Organizacional
dependiente de la Gerencia de Personas de Televisión Nacional de Chile, sus
objetivos eran liderar, gestionar, planificar y controlar la administración de los
costos, presupuesto, financiamiento y generación de indicadores de las áreas
asignadas, generando información relevante que agregue valor al negocio, y sus
responsabilidades consideraban el generar directrices, normas y procedimientos
en el ámbito de control de gestión de presupuestos de su área; generar y proponer
presupuestos relacionados con su Gerencia al comité económico y su posterior
validación del Director de Gestión; generar informes de gestión presupuestaria por
líneas de negocio; realizar levantamientos de las necesidades y requerimientos
técnicos y no técnicos de la Gerencia; comercializar el contenido del canal 24
horas; gestionar la venta de la señal internacional para las zonas geográficas
asignadas; supervisar el proceso de venta de publicidad en pantalla orientada a
clientes específicos; velando por el cumplimiento de orientaciones publicitarias
afines al negocio; representar a TVN en las diferentes instancias internas y/o
externas dentro de su competencia; y realizar cualquier otra actividad de índole
similar a las anteriores que su jefe le requiriera; agregando que sin perjuicio de
que el actor estaba a cargo de la gestión de la venta de la señal internacional y de
comercializar el contenido del canal 24 horas dentro de Chile, no era quien
comprometía patrimonialmente a la empresa; además, se estableció que la
modificación de contrato de trabajo de Gianfranco Dazarrolla, contrato de trabajo
de Marcelo Bravo Canepa y de José Alberto Luengo Danon y los respectivos
finiquitos de término de contratos de trabajo, dan cuenta que cuando Televisión
Nacional de Chile quería dejar en claro que el trabajador era de aquellos de
exclusiva confianza de la empresa, incorporaba cláusulas de confidencialidad,
exclusividad, de no competencia y una cláusula de conflictos de interés, nada de
lo cual se observa en el contrato de trabajado del demandante”. Luego se indicó
para responder a la pregunta si el cargo que desempeñaba el actor era de
exclusiva confianza cabía preguntarse no acerca de si podía comprometer el
patrimonio de su empleador, sino si era decisivo en la marcha del negocio, si tenía
acceso a decisiones e informaciones relevantes, si se habían puesto a su cuidado
bienes materiales o inmateriales de la empresa, entre otros elementos que
pudieran resultar indiciarios de esta especial cercanía entre las partes que supone
que su contraparte ha depositado en él una intimidad que no es habitual en un
contrato de trabajo ordinario. Y la primera aproximación que se puede tener al
asunto es que el demandante ejercía una subgerencia, estando sujeto al gerente
del área; por otra parte, como se dijo, entre sus funciones se encontraban tareas
de ventas y también debía gestionar, planificar y administrar la estructura de
costos y presupuestos, así como generar directrices, normas y procedimientos en
el ámbito de control de gestión de presupuestos de su área, sin que se acreditara
que tuviere un rol decisivo en la elaboración de tales presupuestos, limitándose a
proponerlos al comité económico, siendo ese, en consecuencia, el organismo que
tomaba las decisiones relevantes en la materia; y si bien se comparte que la
existencia de cláusulas de confidencialidad o de no competencia, entre otras, no
constituyen un presupuesto de la aplicación de la causal de despido en examen,
no puede desconocerse que son indiciarias de que el sujeto de tales pactos se
encuentra en poder de información técnica y comercial vital para la marcha del
negocio, siendo, por ende, depositarios de una cercanía innegable con su
empleador, lo que no ocurre respecto del actor. En definitiva, si bien el
demandante ejercía un cargo relevante en una empresa de importancia, lo que se
refleja, por ejemplo, en la remuneración que percibía, puede ser calificado más
bien de un mando medio dentro de la superioridad jerárquica, sin encontrarse en
los lugares más elevados de la estructura de la empresa, lo que importa que no
pueda ser calificado como trabajador de exclusiva confianza a estos efectos.”.
En la segunda sentencia, rol 197-2011 de la Corte de Apelaciones de
Temuco, se tuvo en consideración como hechos que el demandante era Jefe de
Operaciones con facultades para representar al empleador, cuyas funciones
esenciales eran: a) ser el superior jerárquico del resto del personal de la sucursal,
con excepción del Agente; b) Autorizar los feriados del mismo personal; c)
Administrar el personal de la sucursal, para lo cual debe velar que la planta sea
adecuada, reportar vacantes, solicitar contrataciones adicionales y comunicar
despidos; fiscalizar cumplimiento de las jornadas de trabajo y metas del personal,
organizar feriados y descansos del mismo y evaluarlo; d) representar al banco en
la suscripción de documentos como cheques, vale vistas y escrituras públicas.
Además, se estableció que no reporta al Agente, sino al Gerente de Field Support,
el que no se desempeña en la sucursal. La sentencia estableció que debía
considerarse que para el diccionario de la Real Academia Española “de confianza”
es “Dicho de una persona: En que se puede confiar”, Confiar por su parte es
“encargar o poner al cuidado de alguien algún negocio u otra cosa”, y “depositar
en alguien, sin más seguridad que la buena fe y la opinión que de él se tiene, la
hacienda, el secreto o cualquier otra cosa”. Se sostuvo que toda relación laboral
importa, en mayor o menor grado, una relación de confianza entre el empleador y
el trabajador, que por lo tanto no se trata de cualquier grado de confianza, no
siendo posible estimar que en el caso de que se trataba el trabajador que ejercía
como Jefe de Operaciones del banco fuera de “exclusiva confianza” pues no se
probó que el empleador encargó o puso al cuidado de dicho trabajador su negocio
o siquiera una parte relevante del mismo, tampoco se probó que se haya
depositado en el empleado, sin más seguridad que la buena fe y la opinión que de
él se tiene, la hacienda o negocio. Así se sostuvo que las atribuciones otorgadas
al trabajador son limitadas manifestaciones de confianza, propias de un mando
medio en una institución financiera y por lo tanto no era de exclusiva confianza.
En la tercera sentencia, correspondiente al rol N° 33-2019 de la Corte de
Apelaciones de Temuco, se establece en relación con la exclusiva confianza, que
importa que el trabajador tenga facultades que comprometan el patrimonio de
quien lo contrató y al haberse establecido como hecho de la causa que el actor no
tenía poder de representación y no estaba dotado con facultades generales de
administración, resulta correcta la conclusión que no tiene facultades que permitan
comprometer directamente los intereses de la empresa. Se añadió que “Ahora
bien, empleado de confianza es el que, por su naturaleza, tiene facultad que
importe comprometer el patrimonio de quien lo contrató, y de acuerdo a lo resuelto
en la sentencia no las tenía el actor. En este contexto, por vía de ejemplo son
trabajadores de confianza aquellos que laboran en contacto personal y directo con
el empleador o con el personal de dirección, teniendo acceso a secretos
industriales, comerciales o profesionales y, en general, a información de carácter
reservado”.
Quinto: Que al comparar la sentencia impugnada con aquellas que se
ofrecen como contraste, es posible concluir que concurre el presupuesto que
consagra el artículo 483 del Código del Trabajo para unificar jurisprudencia sobre
la materia objeto del juicio propuesta, esto es, la existencia de distintas
interpretaciones en relación con una cuestión jurídica proveniente de tribunales
superiores de justicia, razón por la que corresponde determinar cuál postura debe
prevalecer y ser considerada correcta.
Sexto: Que la diferencia jurisprudencial observada nace de la aplicación
que en los casos comparados hizo la judicatura a propósito del artículo 161 inciso
segundo del Código del Trabajo que autoriza al empleador a poner término al
contrato, sin necesidad de justificación, cuando se trate de “trabajadores que
tengan poder para representar al empleador, tales como gerentes, subgerentes,
agentes o apoderados, siempre que, en todos estos casos, estén dotados, a lo
menos, de facultades generales de administración, y en el caso de los
trabajadores de casa particular...”, agregando que la norma también regirá
“tratándose de cargos o empleos de la exclusiva confianza del empleador, cuyo
carácter de tales emane de la naturaleza de los mismos”.
Como se sabe, el precepto aludido contempla tres hipótesis para que el
contrato de trabajo termine por desahucio escrito del empleador, no existiendo
duda que, en el caso de la recurrente se invocó la hipótesis de ser el cargo de
exclusiva confianza, calificación que las partes controvirtieron.
Sobre el particular, ya esta Corte ha señalado como aparece en la primera
sentencia que se ofrece para contraste que para que pueda hablarse de exclusiva
confianza del empleador hacia el trabajador, este último debe cumplir funciones
decisivas para la marcha del negocio, tener acceso a informaciones y decisiones
relevantes, tener a su cuidado bienes materiales o inmateriales de la empresa que
puedan resultar indiciarios de esta especial cercanía entre las partes y que
suponga una intimidad mayor que permita diferenciarle de un contrato ordinario de
trabajo. En la misma línea, las otras sentencias de contraste dan cuenta que toda
relación laboral supone una confianza de quien emplea hacia su trabajador por
ello que, un cargo de “exclusiva confianza” debe superar ese estándar de
confianza común.
Así entonces, para que un trabajador sea de exclusiva confianza debe
gozar de las prerrogativas antes enumeradas y debe por lo tanto poder actuar con
autonomía en las decisiones relevantes para la marcha de la empresa.
Conforme a lo descrito, cabe considerar que la demandante, dado las
funciones que tenía no cumple las directrices que las sentencias de contraste han
entregado para calificar un cargo de exclusiva confianza. En efecto, si bien su
cargo se consideró por la judicatura como de alta jerarquía en la organización,
acto seguido se dice que reconocía a lo menos como superior a una Jefa territorial
y a la Dirección Regional de la Fundación, de igual forma si bien lideraba procesos
de reclutamiento y lo relativo a ambientes laborales se señala que las decisiones
de contratación y despido “debían ser visadas por la jefatura de la demandante” y
que las amonestaciones “se trabajaban en la Mesa de Bienestar” y en cuanto a las
contrataciones dependían de la Directora, aspectos todos que dan cuenta que si
bien había una confianza en la demandante dicha confianza no decanta en
“exclusiva” y puede entonces considerarse que su función obedece más a un
mando medio dentro de la superioridad jerárquica como aquellos descritos en las
sentencias de contraste.
Séptimo: Que en la misma línea de lo razonado la doctrina también elabora
el concepto de acuerdo con la naturaleza de la función que desempeña el
trabajador o el contenido del servicio prestado indicándose que “…en la práctica
comportan la ejecución de cierta dirección en un área especializada o
determinada, que resultan claves para la empresa. De ahí que requiera la
confianza más elevada por parte del empleador, de manera que su función no
puede encomendarse a cualquier persona, sino en quien se hace fe de su
comportamiento y moralidad” (Irureta Uriarte, Pedro; Derecho del Trabajo chileno,
Derecho individual, Valencia, Tirant lo Blanch, 2023, pág. 857).
Se señala también que, en la empresa privada, los cargos de exclusiva
confianza deben ser referidos a ciertos puestos claves dentro de la estructura de
la empresa. Dichos cargos corresponden desempeñarlos a trabajadores únicos o
de excepción, los que toman a su cuidado la marcha de los negocios o de un
establecimiento en particular, con facultades para administrarlos, dirigirlos en
general e incluso obligar al empleador frente a terceros. (Davis, Pedro;
Terminación del Contrato de Trabajo, Santiago, Bibliográfica Chilena Ltda., s/f,
pág. 50, citado por Irureta, pág. 858).
Octavo: Que, en estas condiciones, yerra la Corte de Apelaciones de
Concepción al concluir que la demandante poseía una de aquellas calidades que
permite aplicar a su respecto el desahucio como causal de término de contrato,
por lo que, conforme a lo razonado, y habiéndose determinado la interpretación
acertada respecto de la materia de derecho objeto del juicio, el presente recurso
de unificación de jurisprudencia deberá ser acogido, invalidando el fallo
impugnado, y declarando, en razón de lo anterior, que el del grado es
parcialmente nulo.
Por estas consideraciones y visto, además, lo dispuesto en los artículos 483
y siguientes del Código del Trabajo, se acoge el recurso de unificación de
jurisprudencia interpuesto por el demandante en contra de la sentencia dictada el
diez de enero de dos mil veinticuatro por la Corte de Apelaciones de Concepción,
que rechazó el de nulidad deducido en contra de la del grado de dieciséis de
agosto de dos mil veintitrés, sustentado, en lo que interesa, en la causal del
artículo 478 letra c) del Código del Trabajo, al resultar necesaria la alteración de la
calificación jurídica de los hechos, por lo que se hace lugar al arbitrio y se declara
que la sentencia de mérito es nula en la parte impugnada, debiendo dictarse acto
seguido y sin nueva vista, pero separadamente, la respectiva de reemplazo.
Se previene que la ministra señora López concurre a la decisión pese a la
posición contraria que tuvo en la sentencia de nulidad en la que esta Corte
Suprema unificó jurisprudencia rol 32.627-2022, pues los hechos asentados en la
causa que ahora se analiza permiten adquirir la convicción que la demandante
sólo ostentaba un mando medio.
Redactó la ministra señora Mireya López Miranda.
Regístrese.
Rol N°4.444-2024
Pronunciado por la Cuarta Sala de la Corte Suprema integrada por las ministras
señoras Andrea Muñoz S., Jessica González T., Mireya López M., y los abogados
integrantes señora Fabiola Lathrop G., y señor Álvaro Vidal O. Santiago, cinco de
mayo de dos mil veinticinco.