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Novela Contemporanea

La protagonista se encuentra atrapada en un hospital tras un evento traumático del que no puede recordar nada, mientras es interrogada por la policía sobre un crimen. A medida que intenta descubrir la verdad, se enfrenta a la manipulación y la desconfianza de quienes la rodean, incluyendo a un misterioso hombre que parece tener respuestas. Finalmente, tras escapar del hospital, se embarca en una búsqueda desesperada para encontrar al responsable de su situación y descubrir la verdad detrás de la muerte de una mujer que conocía.

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Novela Contemporanea

La protagonista se encuentra atrapada en un hospital tras un evento traumático del que no puede recordar nada, mientras es interrogada por la policía sobre un crimen. A medida que intenta descubrir la verdad, se enfrenta a la manipulación y la desconfianza de quienes la rodean, incluyendo a un misterioso hombre que parece tener respuestas. Finalmente, tras escapar del hospital, se embarca en una búsqueda desesperada para encontrar al responsable de su situación y descubrir la verdad detrás de la muerte de una mujer que conocía.

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14 de marzo

Empieza a sonar la puerta, muy fuerte, hay mucho ruido a mi alrededor,


demasiadas luces; este ruido ensordecedor me impide concentrarme. No
entiendo que está pasando, me asomo a la ventana y de repente entran
muchos policías, se dispersan por el lugar y dos me apuntan con sus armas.
─ ¡está muerta! ─ grita un policía a pocos metros de donde me encontraba,
muchas luces me apuntan, quiero moverme, pero no puedo, estoy
paralizada.
De pronto me toman a fuerza y me sacan fuera de casa, en el exterior una
mujer arrodillada llora desconsoladamente, su llanto me detiene, quiero
quedarme, saber por quién llora, pero no me dejan. Me jalan y fuerzan a
entrar al vehículo policial, pero me rehúso a hacerlo. Trato de resistirme, me
están lastimando, de pronto se apaga la luz.
Despierto, veo muchas luces otra vez, estoy recostada en una cama blanca y
de pronto escucho una voz:
─todo va a estar bien, tranquila─ me dice una enfermera muy amable─.
Todo va a estar bien─.
No entendía que estaba mal entonces, no podía recordar nada; por la noche
llega un policía y le hace preguntas a la enfermera mientras yo finjo estar
dormida:
─ ¿En qué estado se encuentra? ─pregunta el policía.
─necesita descansar más tiempo─ responde ella y él se va molesto.
Mas tarde regresan siguen viendo como estoy, quieren saber si estoy bien,
¿están preocupados por mí? Lo dudo. Quieren algo de mi pero aún no sé
qué. Estamos en el tercer día, el doctor le dice que ya puedo hablar, que me
encuentro al menos en la posibilidad de confesar, miro desconcertada pues
ya van tres días que estoy intentando recordar que sucedió y no recuerdo
nada. El doctor dice que yo me encuentro bien, mentalmente tengo la
posibilidad de recordar, que no tengo ningún daño en el cerebro, entonces
los policías piensan que estoy mintiendo. Logran llevarme a una sala aparte,
ya puedo caminar, y empiezan a preguntarme muchas cosas, principalmente
¿qué sucedió ese día?, sollozante me atrevo a decirles que no recuerdo y uno
riéndose irónicamente me pregunta:
─ ¿Crees qué soy un tonto? ¿acaso te estas burlando de nosotros? ─ me dice
molesto.
─No, insisto en que no se que responderles─ les digo agotada de insistir─.
no sé qué quieren de mí.
Entonces al ver que no consiguen nada me regresan al hospital, estoy sedada
casi todo el tiempo ¿piensan acaso que escaparé? Si bien Heidegger decía
que tenemos muchas posibilidades, en ese momento sentí que no tenía
ninguna, empiezo a pensar en mi existencia, en si es real lo que estoy
viviendo o es una pesadilla, en la que en algún momento voy a despertar, la
enfermera llaga a inyectarme otra vez ese sedante.
─ dime que paso─ me atrevo a preguntarle─. por favor dime que paso.
─ tiene que relajarse todo va a estar bien ─ me dice ya un poco asustada.
─no nada esta bien, sabemos todos que nada está bien─ insisto ya con
desesperación─. Necesito que me digas que pasó.
Pero ella se suelta a fuerza y se va corriendo, ¿es tan difícil decirme que
paso? Solo quiero que se acabe esto, me siento una prisionera en este
hospital, talvez Dussel tenía razón al decir que “La libertad es más una
utopía lejana que una realidad cercana”, resignada me quedo viendo el
ventanal.
Más tarde entra un hombre un tanto peculiar, diferente, no tenía la ropa de
los demás policías, ni la de un médico, tenía una chaqueta café y unos lentes
gruesos, comenzó contándome un poco sobre él, sobre quien era y sobre su
familia, quería ganar mi confianza, esa era una buena técnica. Gadamer
decía “querer expresar con verdad algo a alguien, en una conversación,
implica que esta última posea su propia temporalidad e historicidad. De lo
contrario, no tendríamos la posibilidad de confiar o desconfiar en la
intencionalidad del otro” y aunque en ese momento costaba mucho confiar
en quien se me acerqué, pero tal era la confianza que me transmitía que de
inmediato comencé a decirle lo que estaba pensando siento que también por
la desesperación que yo tenía internamente por hallar respuestas.
─Estoy mal, estoy desconcertada, muy preocupada, no entiendo porque
estoy aquí, no sé qué respuesta quieren de mí, no sé qué paso, no recuerdo
nada, no sé qué están buscando ─ le digo esperando que él sí crea en mí.
─Sólo buscamos la verdad ─ me dice con tono muy pasivo─. Es necesario
que examines tu historia para llegar a ella ─ se levantó y se fue.
¿Enserio es todo lo que buscan? La verdad, que es la verdad, que verdad
quieren, que verdad les doy, tanto y tan extenso es este punto y tan sencillo
como suena no tengo la respuesta, no sé cuál es la verdad, no sé cuál es la
que buscan.
─ ¡Díganme que hice, y talvez entonces pueda decirles la verdad que
quieren! ─ dije ya sin soportar más tanto misterio.

─El caballero le dejó este sobre─me dijo entonces la enfermera─. Debes


apresurarte, no te queda mucho tiempo─ me susurró al oído, como para que
nadie supiera de esa advertencia.
Abrí el sobre con prontitud, tenía fotos de una mujer brutalmente
maltratada, nadie se imaginaria tal salvajismo, era totalmente irreconocible,
al final de todas esas fotos había una más pequeña, unida a un certificado de
defunción, era una foto de antes del crimen, la sangre se me congelaba, pues
en efecto, yo si conocía a esa mujer y el día que falleció, yo si estaba con
ella.

Este hombre peculiar volvió al día siguiente, después de una larga noche
pensando tenía que hablar con él.
─Tengo respuestas para ti─le dije con seguridad.
─Muy bien, comencemos─ me dijo mientras una leve sonrisa se marcaba en
su rostro, inmediatamente sacó una grabadora y la encendió─ dime ¿Quién
es ella?
─La conocí hace un par de meses, yo estaba estudiando en un instituto de
antropología, dentro de todo lo que iba conociendo quise saber más y me
dijeron que ella me podía dar respuestas, cuando la conocí en persona fue
bastante amena y jovial, sin duda una persona agradable, le presenté mis
dudas y me escuchó con atención.
─Lo que buscas, ya lo llevan buscando muchos─ dijo ella sonrientes─
aunque hace mucho tiempo que no escuchaba esas preguntas, si unimos
todas lo que buscas en el fondo es la verdad de las cosas que crees nos son
ocultas.
─ ¿A si? Y si estuvieras en lo correcto ¿me ayudaras a encontrarla? ─le dije
un poco dudosa.
─Claro que si─ me dijo tan convencida─ pero tienes que confiar en mí,
debes prometer que pase lo que pase no dejarás de confiar.
Desde entonces nos vimos al menos en tres ocasiones, la primera en un
parque lleno de muchos árboles, pero muy poco concurrido, nos quedamos
ahí mirando el panorama por al menos media hora, como no entendía el
sentido o la razón por la cual estábamos ahí me atreví a preguntarle
─ ¿y ahora qué? ─con una leve sonrisa me dijo ─ tranquila, la verdad
espera, solo la mentira tiene prisa─ reconocí que estaba citando a Alexandru
Vlahuta, no quise parecer inquietante así que me quedé contemplando aquel
lugar. Era un parque bastante bonito, amplio y bien cuidado, algunos niños
jugaban a lo lejos y un par de abuelos sentados en una banca alimentaban a
las palomas, tanto en los niños como en los ancianos podías ver una alegría
y una paz única, como si el mañana no importara. Ya pasando mas de hora y
media se dirigió a mi esta mujer y me dijo
─Es todo por hoy─me quedé perpleja
─ ¿es enserio? ¿así serán todas las sesiones? ─cuestioné sorprendida─
Perdone si la ofendo, sé que debo tomármelo con calma, pero quiero tener la
verdad de las cosas este año.
Y citando a Karl Jaspers me dijo:
─ “Es la búsqueda de la verdad, no la posesión de la verdad lo que da valor
a la filosofía”, si quieres que valga la pena tienes que ahondar más, no te
quedes en lo simplemente perceptible a la vista. ¡No te encasilles! hay un
mundo por descubrir, no dejes que el tiempo te determine. ─ diciendo esto
se fue.
Así mismo fue la segunda vez donde intenté mirar con mayor detención el
lugar, esta vez fue una universidad, un sinfín de jóvenes salía, aunque
ninguno se percataba de nuestra presencia, todos por su rumbo, esto de los
celulares les ha dado a las personas una identidad digital, pero físicamente
parecían estar ausentes. Parecíamos unos fantasmas, de pronto salió un
chico que tenía casi todo el rostro cubierto, ella lo miró algo inquieta y me
dijo:
─Es suficiente, hay que irnos─ y se dio vuelta enseguida.
─Pero no llevamos aquí ni siquiera quince minutos, ¿por qué la prisa?
─No tenemos nada más que ver aquí─ y diciendo esto tomó un taxi y se fue.
No la vi más desde aquel día, salvo el 14 de marzo, cuando recibí un
mensaje suyo que decía.
─ “Una cosa terrible acerca de la búsqueda de la verdad, es que se la
encuentre.” Remy de Gourmont. ─ y comenzó a llamarme, pero cada vez
que contestaba me colgaba la llamada. Fui preocupada a su casa, donde la
conocí por primera vez, eran casi las seis de la tarde, no contestaba, pero
estaba la puerta abierta, pasé y todo se veía intacto, me acerque a la sala y
de pronto escuche a alguien detrás mío.
─Buscaste a la persona equivocada─ era la voz de un hombre, entonces
sentí un golpe en la cabeza y a partir de ello no recuerdo nada. Solo
desperté, aún estaba aturdida por el golpe y la policía me llevo hasta acá.
─Es todo lo que se, aunque quisiera no podría contarle más.
Este hombre tan particular detuvo la grabación, me miro con gran dolor y
me dijo:
─Entonces tenemos que actuar ahora, esta noche saldrás de aquí, tienes que
encontrar a ese hombre, los policías no van a creerte, hay que encontrarlo
para comprobar tu inocencia. ─suspiró─ si no lo encuentras antes que él a ti,
podrías ser la próxima.
No sabía como explicarlo, pero en ese momento algo dentro de mi quería
gritar con todas sus fuerzas, en que me había metido. Tan solo quería
conocer esta verdad que tantas generaciones han estado buscando y ahora
estaba apunto de ser condenada de un crimen que no cometí o aún peor,
podía ser la siguiente víctima, solo me quedó respirar hondo y
tranquilizarme.
─ok, ¿Qué tengo que hacer?

Esa misma noche, a las 9:00 p.m. se daría el cambio de turno de los
oficiales, el equipo de escape eran este hombre, la enfermera y una persona
extra que estaría esperando fuera con un auto. La enfermera fingiría mi
escape justo en el cambio de turno para darle credibilidad, los guardias al ir
detrás mío habrían salido de la sala, mientras que yo estaría oculta dentro
del carrito de medicamentos que dicha enfermera sacaría tras denunciar mi
escape. Todo salió como lo planeamos, bueno casi, un guardia vio cuando
por el otro lado me sacaban y me ayudaban a entrar al auto, pude escapar,
pero detuvieron al hombre que estaba ayudándome y seguía la
investigación, lo último que me dijo fue:
─ahora estas sola en esto, ¡encuéntralo! ─ y el conductor aceleró, pude ver
como lo arrestaban y le ponían las esposas.
Ahora estaba totalmente dispuesta a encontrar al sujeto que provocó todo
esto, lo haría por mi libertad, por la libertad de aquellos que me ayudaron y
para que todo su sacrificio valiera la pena.
Llegué a la casa donde sucedieron todos los hechos, tenía que ser cautelosa
pues seguramente la policía me estaría buscando, entré sigilosamente y
llegué al lugar, se veía tan abandonado, en el piso una gran mancha de
sangre seca y cerca un pequeño libro, lo reconocí porque fue el que llevó
aquel día que estuvimos en el parque, me atreví a tomarlo y me puse a
revisar las páginas por si algo en el pudiera ayudarme, casi por el final una
pequeña hoja cayó, la tomé y en ella llevaba escrito “No hay hechos, solo
interpretaciones.” Friedrich Nietzsche y detrás tenía la dirección de un
restaurant, no estaba segura de si esta era una pista o un simple dato, pero
tenía que aprovechar todo lo que tuviese.
Fui al lugar y esperé unos metros cerca del lugar para ver quienes
ingresaban y si había alguno que se viera sospechoso, entonces lo vi. Me
acerqué con temor porque no sé con qué es capaz uno de encontrarse y
sigilosamente trato de escabullirme un poco, trato de acercarme, tengo que
tener cuidado, estoy sola. Cuando logre entrar un poco más en estos
espacios donde frecuenta esta persona, me encuentro con una sorpresa tan
grande, un joven esbelto cabello medianamente largo con una gorra,
escuchando música totalmente fuera de si fuera de este mundo, fuera de
todo, atraído y entretenido con la tecnología, tal impresión era la mía al
mirar esta persona que uno de los camareros me decía
─Es la juventud de hoy, muchos hay así─ me dijo, creo que pretendía
entablar una conversación, pero no podía detenerme a socializar.
¿era esta la persona que buscaba? ¿qué tanto podría ayudarme? No podía
irme para atrás. Se sentó en una de las mesas y me acerqué, empujé su
celular y le mostré la foto de la mujer.
─ ¿La conoces? ─ le dije, se quedó mirando un rato, y con una breve risa
irónica continuó manejando con su celular. ─ entonces si la conoces─ le
dije con mayor fuerza y él me dijo:
─creo que tú la conoces más que yo.
─no es la respuesta que busco─ le dije insistente ─ tú que tienes que ver con
ella.
─ deja de meterte en estas cosas que no entiendes, yo no tengo nada que ver
con ella, aléjate de mí.
─Escucha, no tienes idea de lo que tuvo que pasar para que yo llegué aquí,
necesito que me digas que paso o los dos tendremos grandes problemas─lo
tomé del brazo y le dije mas silenciosamente─ Una persona muerta esta de
por medio, ¿si entiendes la gravedad del asunto?
─ ¿muerta? ─preguntó a modo de burla. ─dime ¿acaso viste el cuerpo?
¿estuviste en el funeral? ¿fuiste a su tumba?
Evidentemente por la prisa no me había detenido a buscar evidencia de la
muerte de aquella mujer.
─ Y tu que tan seguro estas de que no sea así.─le dije al manifestar ya la
duda en mi y él confiadamente respondió.
─No hay hechos, solo interpretaciones. ─era la misma frase que encontré en
el libro, aquella que por detrás tenía la dirección que me ayudo a llegas a
este joven.
─Entonces ¿Dónde esta ella? ─ me pregunté.
─Ese ya es tu problema, tu debes saber donde encontrarla─ se levantó y de
la mesa y antes de irse me dijo: ─ yo solo la conozco porque muchas veces
se ha parado a observar a los jóvenes y acercarse a ellos para hablar, parece
una loca y además se ve algo aburrida, quiere reflexionar, cosas de esas,
nada interesante.
Se puso los audífonos, tomó su celular y se fue. Entonces solo me quedé
pensando donde podría encontrarla y recordé el parque donde la vi la
primera vez.

Ahí estaba, sentada mirando al vacío, como si solo existiera ella y el mundo.
Yo estaba consternada, había pasado tanto y ella estaba como si nada, me
acerque molesta pero no sabía que decirle.
─ ¿Es enserio? ─ le dije con tanta impotencia ─ Me metiste en un montón
de líos y ¿estuviste todo el tiempo aquí?
─ “Lo verdadero es siempre sencillo, pero solemos llegar a ello por el
camino más complicado.” Es lo que decía Amantine Lucile, que se ocultaba
bajo el pseudónimo de George Sand, ella era…
─ ¡Cállate! Por favor cállate, ¿le haces eso a toda la gente que se interesa
por conocer un poco más? Con razón a muchos hoy solo les interesa
distraerse con comerciales y creer cualquier cosa que sale en un video de las
redes. ¿Sabes lo complicado que ha sido salir de todo esto? La policía me
está buscando.
─ Sabía que escaparías, también sabía que me encontrarías─ me dijo un
poco mas seria. ─ La policía sabe que no estoy muerta, no te buscan por mi
asesinato, no comprenden como logré escabullirme de entre ellos para
escapar y creyeron que reteniéndote podrían hallar respuesta. Te buscan
para encontrarme a mí.
─ ¿Entonces porque te buscan a ti? ¿eres algún tipo de criminal? ─le dije ya
muy desconcertada.
─ ¿Acaso no lo notas? Ellos son todo un sistema, y no solo ellos, toda una
masa se esta moviendo sin darnos cuenta, hoy los jóvenes han dejado de
querer informarse de lo razonablemente cierto. No les interesa saber más, no
se cuestionan, ni se atreven a expresar su criterio propio, en su mayoría
viven engañados y empujados a una trascendencia direccionada. Las teorías
de conspiración se han encargado de entretenerlos y decirles lo que creen
que deben escuchar. Son este tipo de sistemas los que se encargan de
callarnos y ponernos en un segundo plano. Tal y como decía Marcuse hoy
mas que nunca se está contemplando al hombre unidimensional, el que ya
no es feliz por su cuenta sino por lo que le dicen que necesita para ser feliz y
si quieren despertar y reaccionar frente a esto, solo aparece un nuevo video,
una nueva oferta, una nueva actualización y entonces asunto olvidado. Los
tienen adormecidos. En la tercera sesión tenía que presentarte ya la fase que
te ayudaría a encontrar lo que estas buscando, pero me descubrieron y se
encargaron de armar este complot para despistarte y no solo a ti, sino a
todos alrededor.
Frente a tanta información no sabia como integrar todo lo que me había
dicho, talvez ella estaba loca o yo había enloquecido:
─ No se si creerte, como se que no eres tú quien está engañándome. ¿Cómo
confiar en alguien que abandona a las personas sin mirar atrás?
─ Jamás te deje sola, la enfermera, el caballero que te ayudó a escapar, son
compañeros míos que se unen en esta misma causa y están infiltrados pues
no es la primera vez que este sistema de manipulación trata de apresarme.
Ellos estarán bien. Prometiste que pase lo que pase confiarías en mí, era
parte del trato, te demostré que no te dejé sola ¿Por qué insistes en dudar?
─ Pero… el caballero… el me dijo que buscara al hombre que escuche…
antes de que el me encuentre... ¿que quería decir entonces?
─ Era lo que iba a decirte en la última sesión, ese joven es una de las más
grandes pruebas de lo que esta sucediendo en la actualidad, pero también
representa la esperanza de que la juventud no esta perdida, solo algo
desorientada, solo necesita tomar de nuevo el carril, no dejarse engañar y,
sobre todo, nunca dejar de buscar la verdad. ─suspiró y se levantó─ ya te di
el panorama, ahora te toca a ti sacar tus conclusiones. Simplemente no supe
que decir y ella alejándose un poco me dijo:
─Ha sido un gusto conocerte, recuerda que siempre poder recurrir a mi para
llegar a la verdad, aunque parezca un poco arriesgado siempre valdrá la
pena no quedarnos ahí. ─ y así lentamente se fue caminando.
Entonces lo entendí, todo este tiempo fue ella y nunca la reconocí. Era la
filosofía, quien nunca dejó de ayudarme a encontrar la verdad. A la que
pusieron en un segundo nivel para que no parezca tan importante, cuando
ella era primordial en todo y dejamos que nos hicieran creer que no era así.
Tu tampoco caigas en eso, busca, averigua, critica objetivamente, PIENSA.
La filosofía nunca morirá, pero cuida que no vayan a culparte de matarla,
hoy esta viva y te puede ayudar.

FIN

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