La difteria es una enfermedad infecciosa grave causada por la bacteria Corynebacterium
diphtheriae. Principalmente afecta las vías respiratorias superiores, pero también puede
manifestarse en la piel (difteria cutánea). La enfermedad se transmite de persona a persona a
través de secreciones respiratorias, como la tos o los estornudos, o por contacto directo con
objetos contaminados.
Síntomas:
Dolor de garganta.
Fiebre.
Inflamación de los ganglios linfáticos en el cuello.
Formación de una membrana grisácea en la garganta (pseudo membrana) que puede obstruir la
respiración.
En casos graves, puede afectar el corazón, los nervios y otros órganos.
Tratamiento:
La difteria se trata con antibióticos, como la penicilina o la eritromicina, para eliminar la bacteria.
También se administra antitoxina diftérica, que neutraliza la toxina producida por la bacteria y
evita que dañe los órganos.
Es importante que las personas con difteria sean aisladas para evitar la transmisión de la
enfermedad a otros.
La vacuna contra la difteria es la mejor forma de prevenir la enfermedad.
Prevención:
La vacunación es fundamental para prevenir la difteria. La vacuna contra la difteria, el tétanos y la
tos ferina (DPT) se administra a los niños en la infancia y se dan refuerzos a lo largo de la vida.
La vacunación protege contra la enfermedad y reduce significativamente el riesgo de
complicaciones.
Si se sospecha que se ha estado en contacto con una persona infectada, se debe consultar a un
médico para evaluar la necesidad de vacunación o refuerzo.
Es importante mantener la cobertura vacunal para proteger a la población de la difteria.