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El Positivismo.

El positivismo, fundado por Auguste Comte, es una corriente filosófica que busca fundamentar el conocimiento en la observación y la experiencia, rechazando la metafísica. Comte propuso que el conocimiento humano evoluciona a través de tres etapas: teológica, metafísica y positiva, y enfatizó la importancia de la ciencia en la transformación social. A pesar de su influencia en el desarrollo de la ciencia moderna, el positivismo enfrenta críticas y cuestionamientos en la actualidad, especialmente con el surgimiento de la 'nueva ciencia' que aboga por enfoques más holísticos y complejos.

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El positivismo, fundado por Auguste Comte, es una corriente filosófica que busca fundamentar el conocimiento en la observación y la experiencia, rechazando la metafísica. Comte propuso que el conocimiento humano evoluciona a través de tres etapas: teológica, metafísica y positiva, y enfatizó la importancia de la ciencia en la transformación social. A pesar de su influencia en el desarrollo de la ciencia moderna, el positivismo enfrenta críticas y cuestionamientos en la actualidad, especialmente con el surgimiento de la 'nueva ciencia' que aboga por enfoques más holísticos y complejos.

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el positivismo

Augusto Comte
Rosa Hilda Lora Muñoz

HÉCTOR RICARDO
CEDANO PADILLA

MÉTODOS E INSTRUMENTOS NORMATIVOS Y


ALTERNATIVOS EN LA PLANIFICACIÓN Y DISEÑO DEL
PAISAJE
INTRODUCCIÓN
El positivismo, tema central de este estudio, emerge como una
corriente filosófica y científica que ha ejercido una influencia
trascendental en la configuración del método científico tal como lo
conocemos. Ampliamente reconocido como el fundamento de la
investigación científica moderna, el positivismo se propone
explicar la naturaleza del conocimiento científico y establecer los
criterios mediante los cuales la ciencia puede alcanzar la verdad
objetiva.

Desde los albores de la filosofía griega, con Aristóteles, la


observación ha sido considerada como un pilar fundamental del
conocimiento. Sin embargo, fue Galileo Galilei quien introdujo la
cuantificación como un criterio esencial para determinar la validez
del conocimiento científico, excluyendo así toda forma de
conocimiento que no pudiera ser expresada en términos
cuantitativos relegándola al ámbito de la metafísica o la mera
especulación.

A lo largo de la historia de la epistemología científica, se ha


suscitado un intenso debate en torno a la identificación de los
elementos constitutivos del conocimiento.

El empirismo inglés, representado por filósofos como John Locke


y David Hume, vinculó el conocimiento a las sensaciones y a la
experiencia sensorial. Immanuel Kant, por su parte, buscó integrar
las corrientes del racionalismo y el empirismo, proponiendo que el
conocimiento surge de la síntesis de las formas puras de la
sensibilidad y las formas puras del entendimiento. En este
contexto, Auguste Comte, inmerso en un período de profundos
conflictos sociales y económicos, propuso que el cambio social
requiere una transformación en la forma en que la sociedad
produce y organiza el conocimiento. Su "ley de los tres estados"
describe la evolución del conocimiento humano a través de tres
etapas sucesivas: el estado teológico, el estado metafísico y el
estado positivo.

Comte, considerado el padre de la sociología, creía firmemente en


el poder transformador de la ciencia para impulsar el progreso
social. La cuantificación introducida por Galileo, combinada con el
énfasis de Comte en la observación y la experimentación, impulsó
el desarrollo científico y tecnológico, lo que a su vez favoreció la
consolidación del capitalismo como modo de producción
dominante. Sin embargo, el progreso social prometido por el
positivismo no se materializó completamente, generando críticas y
cuestionamientos sobre la validez de sus postulados.

A pesar de las críticas, el positivismo, con su método científico,


sigue siendo relevante en la actualidad. No obstante, la "nueva
ciencia", representada por corrientes como la teoría de sistemas y
la teoría de la complejidad, cuestiona el paradigma positivista,
proponiendo conceptos como la autoorganización, la autopoiesis
y los sistemas abiertos. Este trabajo se propone explorar los
conceptos fundamentales del positivismo comteano y contrastar
las posturas positivistas con las del nuevo paradigma científico.

Se argumenta que la elección del método de investigación debe


adecuarse a la naturaleza del objeto de estudio, siguiendo las
recomendaciones de autores como Martínez Miguélez e Ilya
Prigogine. Se incluyen diapositivas explicativas del método
científico para estudiantes, con el fin de facilitar la comprensión de
sus principios y aplicaciones.

Si bien el positivismo desempeñó un papel crucial en el desarrollo


de la ciencia moderna, es necesario considerar otros paradigmas y
ser conscientes de las consecuencias de su aplicación, que a
menudo prioriza el progreso material sobre la preservación de la
naturaleza.

En contraposición al positivismo, la nueva ciencia aboga por un


enfoque holístico que reconozca a la naturaleza como un sistema
vivo e interconectado, donde la intervención humana debe estar
guiada por principios de sostenibilidad y respeto por el equilibrio
ecológico.

DESCRIPCIÓN
El positivismo, concebido por Auguste Comte, se erige como un
sistema filosófico que busca fundamentar el conocimiento en la
observación y la experiencia, rechazando las especulaciones
metafísicas y teológicas. Para Comte, el conocimiento objetivo de
los hechos se alcanza a través del descubrimiento de leyes
científicas, que permiten explicar y predecir los fenómenos
naturales y sociales. Su "ley de los tres estados" es fundamental
para comprender su visión del desarrollo del conocimiento y la
sociedad.

Comte, influenciado por su maestro Saint-Simon, veía en la ciencia


el motor de la transformación social. Su objetivo era reformar la
sociedad de su tiempo, marcada por la inestabilidad política y los
conflictos sociales, a través de la aplicación del método científico
al estudio de la sociedad. En este sentido, el positivismo no solo es
una teoría del conocimiento, sino también un proyecto político y
moral.

El positivismo comteano implica una reducción de la filosofía a la


ciencia. Para Comte, la filosofía tradicional, basada en la
especulación y la metafísica, carece de valor científico. La
verdadera filosofía debe derivar de la ciencia, sistematizando y
generalizando los resultados de las investigaciones científicas.
Comte creía firmemente en el progreso de la humanidad,
impulsado por la evolución del conocimiento y el mejoramiento
social. Su visión del progreso se basa en la idea de que la
humanidad avanza a través de tres estados sucesivos: el teológico,
el metafísico y el positivo.

En el estado teológico, los fenómenos se explican a través de


entidades sobrenaturales. En el estado metafísico, se recurre a
conceptos abstractos y fuerzas ocultas. Finalmente, en el estado
positivo, se abandona la búsqueda de causas últimas y se centra
en la descripción y explicación de los fenómenos a través de leyes
científicas. Comte clasificó las ciencias naturales según su grado
de simplicidad y universalidad, situando a la matemática en la
cúspide y a la sociología como la ciencia más compleja y relevante
para la comprensión de la sociedad.
La sociología, como ciencia de la sociedad, se encarga de estudiar
las instituciones y los hechos sociales, buscando establecer leyes
constantes que rigen el desarrollo de la humanidad. Comte
integró al ser humano en el ámbito de las ciencias positivas,
relativizando el conocimiento a la experiencia y excluyendo la
religión y la metafísica como formas de conocimiento válidas.

El positivismo de Comte se nutre del empirismo inglés y de la


filosofía kantiana, que enfatizan el papel de la experiencia en la
construcción del conocimiento.
Sin embargo, Comte va más allá del empirismo al proponer un
método científico riguroso, basado en la observación y la
experimentación, y al reconocer el papel de la imaginación en la
formulación de hipótesis científicas.

A pesar de su optimismo inicial, la fe en el progreso científico


decayó con el advenimiento de los problemas sociales y las
guerras mundiales del siglo XX. Estos acontecimientos revelaron el
lado oscuro de la tecnología, su capacidad para deshumanizar y
destruir. La ciencia misma comenzó a cuestionar la validez
universal de sus leyes, reconociendo su carácter provisional y
perfectible.

ANÁLISIS GENERAL

El positivismo, con su arraigado énfasis en la observación empírica


y la experiencia sensorial, trascendió las fronteras de la filosofía
para impregnar profundamente el pensamiento científico del siglo
XIX, extendiendo su influencia de manera significativa hacia
América del Sur.

En naciones como Brasil y México, este paradigma se consolidó


dentro de los sistemas educativos, moldeando la concepción y la
práctica de la ciencia. La visión de Comte, que aspiraba a
establecer una ciencia de la sociedad fundamentada en leyes
invariables, encontró eco en las aspiraciones de modernización y
progreso que caracterizaban a estas sociedades en ese período.

La persistente adhesión al positivismo como la base del método


científico se manifiesta en su arraigada presencia en los ámbitos
de la educación superior y la investigación. Sin embargo, en la
actualidad, existe un reconocimiento creciente dentro de la
comunidad científica sobre la necesidad de trascender las
limitaciones del positivismo y ampliar la comprensión de la ciencia.

Esto implica la incorporación de nuevas perspectivas y


metodologías que permitan abordar la complejidad inherente a los
fenómenos naturales y sociales. Figuras prominentes como Henri
Poincaré y los miembros del Círculo de Viena, aunque defensores
de la observación y la experimentación, reconocieron las
limitaciones del positivismo y la necesidad de complementar su
enfoque con herramientas lógicas y matemáticas.

En el contexto mexicano, la influencia del positivismo se manifiesta


en la predominancia del método científico tradicional en la
educación superior y la investigación. Sin embargo, la rigidez de
este enfoque ha generado una crisis palpable, evidenciada por la
baja eficiencia terminal en los programas de posgrado y las
deficiencias en la formación de investigadores. Las autoridades
educativas, aferradas a un paradigma obsoleto, han mostrado una
incapacidad para adaptarse a los desafíos que plantea la ciencia
contemporánea.

Ante esta situación, se propone un cambio de paradigma que


reconozca la diversidad de enfoques y metodologías científicas.
Se sugiere adoptar una postura flexible y pragmática que permita
adecuar el método al objeto de estudio, siguiendo las
recomendaciones de autores como Martínez Miguélez e Ilya
Prigogine. El positivismo, si bien desempeñó un papel crucial en el
avance de la ciencia, no debe ser considerado como la única vía
para alcanzar el conocimiento válido.

La visión de Comte, que aspiraba a construir una ciencia objetiva y


libre de valores, ha sido objeto de críticas por parte de aquellos
que reconocen la influencia innegable de factores políticos,
económicos y sociales en la producción del conocimiento
científico. La comercialización de la ciencia, impulsada por la
lógica del mercado y la búsqueda de beneficios económicos,
puede distorsionar los objetivos de la investigación y
comprometer la integridad y la calidad de los resultados.

La "nueva ciencia", caracterizada por su enfoque en sistemas


complejos, procesos no lineales y la incertidumbre inherente a los
fenómenos naturales y sociales, exige un cambio radical en la
concepción del tiempo y la metodología científica.

La búsqueda de resultados inmediatos, propia de la sociedad


contemporánea, debe dar paso a una investigación más pausada,
reflexiva y crítica, que priorice la comprensión profunda de los
fenómenos sobre la obtención de beneficios económicos a corto
plazo. Se espera que los actores políticos y económicos
reconozcan la necesidad de una ciencia que trascienda los
intereses particulares y se oriente hacia el bienestar común y la
sostenibilidad a largo plazo.

Además, es crucial reconocer que la influencia del positivismo no


se limitó al ámbito académico, sino que también permeó la cultura
y la política de la época. Su visión del progreso lineal y su fe en la
capacidad de la ciencia para resolver los problemas sociales
contribuyeron a la consolidación de una mentalidad tecnocrática,
donde los expertos científicos eran considerados como los
principales artífices del progreso. Sin embargo, esta visión
tecnocrática también generó resistencias y críticas, especialmente
por parte de aquellos que cuestionaban la neutralidad de la
ciencia y su capacidad para dar cuenta de la complejidad de la
realidad humana.

En el contexto latinoamericano, el positivismo se convirtió en una


herramienta para la modernización de los estados nacionales, pero
también fue utilizado para justificar proyectos políticos autoritarios
y excluyentes. La idea de que la ciencia podía proporcionar
soluciones a los problemas sociales legitimó la intervención de los
expertos en la toma de decisiones políticas, a menudo en
detrimento de la participación ciudadana y la democracia.

La crisis del positivismo en el siglo XX, marcada por las guerras


mundiales y la emergencia de nuevas corrientes de pensamiento
como el existencialismo y el marxismo, evidenció las limitaciones
de su visión del mundo. La ciencia, lejos de ser una herramienta
neutral para el progreso, se reveló como un campo de disputa
ideológica y política, donde los intereses económicos y sociales
influían en la producción del conocimiento.

En la actualidad, la reflexión sobre el positivismo nos invita a


adoptar una postura crítica y reflexiva ante el conocimiento
científico. Reconocer sus aportes y limitaciones, así como su
relación con el poder y la sociedad, es fundamental para construir
una ciencia más plural, inclusiva y comprometida con la justicia
social y la sostenibilidad ambiental.

La elección del método de investigación debe estar guiada por la


naturaleza del objeto de estudio, y no por una adhesión acrítica a
un paradigma dominante. Es necesario fomentar el diálogo
interdisciplinario y la colaboración entre diferentes formas de
conocimiento, tanto científicas como no científicas, para abordar
los desafíos complejos que enfrenta la humanidad.

La idea de Comte de que el conocimiento avanza en tres etapas,


desde lo religioso hasta lo científico, muestra una forma de ver la
historia como si siempre fuera hacia adelante y hacia lo mejor.
Aunque esta idea fue importante, también se le criticó por ser
demasiado rígida y por no tomar en cuenta que hay muchas
formas diferentes en que las sociedades cambian.

También se discutió mucho si la ciencia es realmente neutral,


porque el positivismo y el capitalismo parecían ir de la mano. La
forma en que se buscaban leyes universales y se medían las cosas
en la sociedad, podía servir para justificar el poder de algunos y
dejar de lado a los que no estaban de acuerdo.

Después, con la "nueva ciencia", que se enfoca en cosas


complicadas y en cómo todo está conectado, se empezó a
cuestionar el positivismo. Esta nueva forma de ver las cosas, nos
recuerda que hay que interpretar y entender las cosas de muchas
maneras diferentes.
Por eso, es importante pensar en el positivismo de forma crítica.
Hay que reconocer lo que aportó, pero también sus limitaciones y
cómo se relaciona con el poder y la sociedad. Así, podremos
construir una ciencia más abierta, que incluya a todos y que se
preocupe por la justicia social y el cuidado del planeta.

La forma en que elegimos cómo investigar, debe depender de lo


que queremos estudiar, y no solo de seguir una forma de pensar
porque sí. Hay que hablar entre diferentes formas de
conocimiento, tanto científicas como de otro tipo, para resolver los
problemas difíciles que tenemos como humanidad.

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