REVISTA NOMADÍAS
Julio 2017, Número 23, 87-110
Familias comaternales, usuarias de nuevas tecnologías
reproductivas, en el escenario de las ciudadanías
biológicas en Argentina
Comaternal families, users of new reproductive
technologies, in the frame of biological citizenships
in Argentina
Noelia Soledad Trupa
Becaria doctoral CONICET, Socióloga (FCS-UBA)
Magister en Sociología de la Cultura Análisis cultural (IDAES-UNSAM)
Miembro del Instituto de Investigaciones Gino Germani (IIGG)
noeliatrupa@[Link]
SÍNTESIS
En este artículo nos proponemos reflexionar sobre la comaternidad, maternidad
compartida por dos mujeres lesbianas del Área Metropolitana de Buenos Aires
(Argentina) que deciden tener hijos/as a través de un tratamiento con nuevas
tecnologías reproductivas (NTR) -inseminación artificial, fertilización in vitro,
recepción de óvulos de la pareja (ROPA)-, en el marco de las ciudadanías biológicas
durante el período 2010-2015.
Por un lado, buscamos inscribir las NTR en el campo de la biomedicina, como
parte de las tecnologías de la optimización. Estas últimas no son tecnologías
meramente médicas o tecnológicas de la salud, sino que se trata de tecnologías de
la vida (Rose, 2012: 46).
Por otro lado, analizamos las prácticas de las familias comaternales y las trans-
formaciones en las formas de significar/concebir la reproducción en el marco de
las ciudadanías biológicas. Pondremos el foco en los reclamos de agrupaciones
LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans) y de madres lesbianas (Lesmadres)
vinculados al reconocimiento de sus derechos como usuarias de los tratamientos
de reproducción humana asistida, al exigir la cobertura de los mismos por parte
del Estado. Tales demandas han tenido lugar en el escenario de sanción de la Ley
de Fertilización Asistida de la Provincia de Buenos Aires N° 14.208/10, la poste-
riormente sancionada Ley Nacional de Fertilización Asistida N° 26.862/13 y la
reciente reforma del código civil.
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Revista NOMADÍAS Nº 23, 2017
ABSTRACT:
In this article we propose to reflect on the parenthood shared by two lesbian women
from the Metropolitan Area of Buenos Aires (Argentina) who decide to have chil-
dren through a treatment with new reproductive technologies (NTR) -artificial
insemination, in vitro fertilization, reception of ovules of the couple-, within the
framework of biological citizenships during the period 2010-2015.
On the one hand, we seek to inscribe NTR in the field of biomedicine, as part of
optimization technologies. These are not merely medical or technological technolo-
gies of health, but are technologies of life (Rose, 2012: 46).
On the other hand, we analyze the practices of comaternal families and the transfor-
mations in the ways of meaning the reproduction within the framework of biological
citizenships. We will focus on the claims of LGBT (Lesbian, Gay, Bisexual and
Trans) and lesbian mothers groups related to the recognition of their rights as users
of assisted human reproduction treatments, and the coverage by the State. Such
claims have taken place in the sanctioning stage of the Assisted Fertilization Law
of the Province of Buenos Aires N° 14.208/10, subsequently sanctioned National
Assisted Fertilization Law N° 26.862/13 and the recent reform of the civil code.
Palabras claves: comaternidad – ciudadanías biológicas – biomedicina – nuevas
tecnologías reproductivas
Keywords: Co-maternity - biological citizenships - biomedicine - new reproduc-
tive technologies
Introducción
En las últimas décadas se profundizó todo un debate alrededor
de los procesos de medicalización y de las nuevas tecnologías en el
campo de la biomedicina. Una de ellas, son las tecnologías de repro-
ducción asistida, intervenciones médico-técnicas que conllevan ciertos
dilemas ético-políticos acerca de cuáles son y/o deberían ser los suje-
tos usuarios de dichas técnicas y las posibilidades que se “abren”, se
despliegan con estas prácticas. Se trata de dilemas/tensiones acerca de
la edad de los usuarios, su orientación sexual, su estado conyugal, las
características ético-legales de la donación de gametas, los biobancos,
los vacíos en la regulación respecto de estos y otros aspectos.
En este marco de transformaciones y posibilidades técnicas, nos
proponemos reflexionar sobre las familias comaternales1 –familias
compuestas por dos madres lesbianas que asumen la maternidad y
crianza de sus hijos/as en forma conjunta– que deciden realizar un
tratamiento de reproducción asistida para llevar a cabo su proyecto
parental. En este último se juegan ciertas decisiones y valoraciones en
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NOELIA S. TRUPA • Familias comaternales, usuarias de nuevas tecnologías reproductivas
relación al tratamiento: qué tipo de tratamiento realizar, cuál de las
dos mujeres va a inseminarse, la elección del donante (biobancos), del
médico y la clínica, entre otras. Si bien no desarrollaremos cada una de
estas dimensiones, en esta oportunidad nos proponemos realizar una
reflexión teórico-política acerca de cómo el campo de la biomedicina
conlleva a que el proceso de negociaciones, tácticas y decisiones de
la pareja respecto al tratamiento adquiera características particulares.
Para ello, buscamos inscribir las NTR en el campo de la biomedicina,
como parte de las tecnologías de la optimización. Estas últimas no son
tecnologías meramente médicas o tecnológicas de la salud, sino que
se trata de tecnologías de la vida (Rose, 2012: 46).
A su vez, analizamos las prácticas de las familias comaternales
y las transformaciones en las formas de significar/concebir la repro-
ducción en el marco de las ciudadanías biológicas. Pondremos el foco
en los reclamos de agrupaciones LGBT (Lesbianas, Gays, Bisexuales y
Trans), específicamente de madres lesbianas (Lesmadres) vinculados
al reconocimiento de sus derechos como usuarias de los tratamien-
tos de reproducción humana asistida, al exigir la cobertura de los
mismos por parte del Estado. Tales demandas han tenido lugar en el
escenario de sanción de la Ley de Fertilización Asistida de la Provin-
cia de Buenos Aires N° 14.208/10, la posteriormente sancionada Ley
Nacional de Fertilización Asistida N° 26.862/13 y la reciente reforma
del código civil.
Biomedicina y tecnologías de reproducción asistida
En El nacimiento de la clínica Michel Foucault (2011) señala cómo
la medicina moderna ya no se limita a conocer y curar las enferme-
dades, sino que se ocupa fundamentalmente de promover la salud,
la virtud y la felicidad. Genera a la vez un conocimiento de lo que es
ser una persona sana, que se define como no enferma y se convierte
en modelo de vida. Con este accionar, la medicina va tomando una
postura normativa, autorizándose a regir las relaciones físicas y mora-
les de los individuos y las sociedades. El saber sobre la enfermedad
exige el momento dogmático de la nominación, añadiendo desde el
exterior un lenguaje que, lejos de transmitir verbalmente la verdad
de la enfermedad, la constituye como tal.
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Los avances técnicos y la velocidad de los cambios en el campo de
la biomedicina nos han llevado a nuevas formas de pensar la esfera de
“lo humano”, la “vida” y sus límites, nos enfrentan a nuevos desafíos
y rupturas en torno a la cuestión del sujeto.
En este escenario, entendemos a la biomedicina como un complejo
dispositivo socio-histórico que interviene los cuerpos y produce así
sentidos sobre la “naturaleza” y “biología” de los mismos. Retoma-
mos los análisis de Michel Foucault (1996; 2009) sobre la biomedicina
–que él nomina simplemente como medicina– y su rol destacado en
la configuración de lo normal/lo sano y lo anormal/patológico, su
capacidad y legitimidad social para producir “verdades” sobre los
cuerpos, sobre su naturaleza y su biología. Además, esta mirada y
práctica biomédica no funciona por fuera de la matriz de inteligibi-
lidad cultural heterosexual que analiza Judith Butler (2001; 2008).
Es así cómo desde fines del siglo XIX en adelante la biomedicina ha
sido un actor fundamental en el establecimiento de lo normal y lo
patológico según la adecuación a supuestos políticos, históricos y
culturales como la heterosexualidad2.
En el caso de las nuevas tecnologías reproductivas (NTR), son defini-
das como “conjunto de técnicas que desde el campo interdisciplinario
de la medicina terapéutica o de intervención y la medicina experi-
mental, se proponen como una respuesta, más o menos efectiva en
términos de sus resultados, a la ausencia de hijos no voluntaria de
individuos o parejas” (Ariza, 2007:257). Es así como su existencia se
justifica a partir de la definición de la infertilidad como enfermedad.
Es decir, a partir de la misma podemos ver como la medicina va insta-
lando el par normal/patológico a los hechos de la reproducción. Como
sostiene Lucía Ariza (2011) “mientras la posibilidad de la procreación
es asociada con lo dado o lo que debe ser naturalmente, se opera una
patologización implícita tanto de la dificultad reproductiva como del
no ser madre” (2011:81) fundada en caracterizar la infertilidad como
no natural. Según Ricardo Garay (2008), “la infertilidad deviene
entonces enfermedad por medio de un discurso cuya justificación se
ajusta más a los mandatos sociales que a la determinación específica
de su carácter patológico” (2008:36). En este sentido, podemos pensar
la infertilidad como una construcción ideológica ya que no siempre
se detectan las causas por las cuales las parejas no pueden concebir,
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NOELIA S. TRUPA • Familias comaternales, usuarias de nuevas tecnologías reproductivas
sin embargo, el diagnóstico de infertilidad justifica la continua inter-
vención médica.
La matriz de inteligibilidad cultural heterosexual se hace presente
en tanto esa definición de infertilidad como patología de la pareja
parte del supuesto de una pareja heterosexual que no logra concebir
un hijo/a, excluyendo a mujeres solteras o parejas gays y lesbianas,
cuyas prácticas parentales y filiatorias conllevan otras formas de pen-
sar el parentesco no centradas (exclusivamente) en el lazo biológico3,
como analizaremos más adelante.
En esta línea, el escenario se complejiza, ya que las transfor-
maciones biomédicas contemporáneas plantean nuevas visiones
de la naturaleza y la biología abierta a la modificación tecnológica,
borrando la distinción estricta entre lo social y lo natural, incluso
entre lo normal y patológico. Como sostiene Nikolas Rose (2012),
“en el pasado, la función de la medicina no radicaba en transformar
capacidades humanas sino en restaurar una normatividad perdida.
El cuerpo tenía sus normas naturales; la enfermedad era la pérdida
de esas normas y las intervenciones médicas procuraban restaurar las
normas o imitarlas de alguna manera (…). Pero esas normas ya no
parecen tan normalizadoras: en principio, las normatividades pare-
cen susceptibles de manipulación consciente; la creación de nuevas
normas mediante el artificio biomédico es una realidad. Las nuevas
tecnologías reproductivas superan las limitaciones naturales de la
edad, la infertilidad o la sexualidad” (2012:174).
La superación de esas limitaciones “naturales” se torna fun-
damental para analizar las prácticas reproductivas de las familias
comaternales usuarias de NTR. En este contexto, se nos plantean
los siguientes interrogantes: ¿qué nos dicen estas transformaciones
sobre la sociedad?, ¿cuáles son los términos de naturaleza y cultura
que se están poniendo en juego? Estos son debates complejos debido
a una “pérdida de referencia”, donde ya no es tan claro el corte entre
lo natural y lo cultural, entre lo normal y lo patológico, entre lo bio-
lógico y lo técnico; sino como sostiene Bruno Latour (2012) estamos
en presencia de una imbricación entre ambos, de una proliferación
de híbridos. El concepto de Cyborg nos permite pensar los cuerpos
humanos, como si fueran híbridos entre organismo y máquina. Donna
Haraway (1995) propone al Cyborg como un “recurso imaginativo”
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frente a un pensamiento y un mundo dicotomizado que excluye y
uniformiza a las mujeres. El “Cyborg es una ficción que pretende
abarcar la realidad social y corporal de las mujeres, como una forma
de abordar la ruptura de los dualismos, que en la cultura científica
actual se concreta en la discusión de las fronteras entre lo humano y
lo animal, lo humano y la máquina, lo físico y lo no físico” (Haraway,
1995:37). El hombre biónico, el Cyborg, se anuncia en el horizonte de
un futuro no muy lejano: resto humano realzado por prótesis, por
estimuladores, por pilas, por microprocesadores, que sustituyen las
funciones fisiológicas o los órganos que no funcionan bien. Para las
orientaciones técnicas y científicas de la modernidad, el cuerpo es
un bosquejo, un borrador cuyos rendimientos hay que controlar y
mejorar; y esta es tarea de la biomedicina.
En este sentido, como decíamos más arriba, y continuando con la
perspectiva foucaultiana, entendemos la biomedicina como disposi-
tivo socio-histórico, como tecnología de poder (Foucault, 2006, 2008,
2009) en tanto regula las poblaciones a través de su medicalización.
Con medicalización nos referimos al proceso por el cual problemas
no-médicos pasan a ser definidos y tratados como médicos, ya sea
bajo la forma de enfermedades o desórdenes (Conrad, 2007). Dicho
proceso fue llevando a que saberes y prácticas médicas colonizaran
problemáticas de la vida social de los sujetos que eran previamente
reguladas por otras instituciones. Se proponen así soluciones médicas
a problemas del orden de la conducta, como el alcoholismo y la obe-
sidad, o eventos propios del devenir de la vida como el nacimiento,
la menopausia, la vejez, la infertilidad, entre otros (Conrad, 2007).
Adele Clarke y sus colegas (2003) continúan estas discusiones pro-
poniendo el concepto de biomedicalización, pensándolo como proceso
complejo, multisituado y multidireccional en el cual la medicaliza-
ción es redefinida en función de las innovaciones acontecidas con la
biomedicina tecnocientífica (2003:162). El prefijo “bio” hace hincapié
en las transformaciones de elementos humanos y no humanos que
se tornan posibles debido a las innovaciones tecnocientíficas de la
biomedicina, como la biología molecular, las biotecnologías, la geno-
mización, la medicina de los transplantes y las nuevas tecnologías
médicas (Clarke et ál., 2003:162).
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NOELIA S. TRUPA • Familias comaternales, usuarias de nuevas tecnologías reproductivas
En este conjunto de transformaciones tecnocientíficas se encuen-
tran –como veíamos con anterioridad– las tecnologías reproductivas.
Es así, que estas tecnologías pueden pensarse a partir de este para-
digma biopolítico característico de la Modernidad, donde las subje-
tividades, los valores y las costumbres construyen una economía de
los cuerpos que forma parte de un mecanismo de control (Foucault,
2009). Se trata de un poder que tomó a su cargo la regulación, gestación
y normalización de la vida biológica con la ayuda de herramientas
tecno-científicas que apuntan no sólo al cuerpo individual–anató-
mico/político, sino también al cuerpo–especie (Costa, 2007; Foucault,
2009; Sibilia, 2010), a las poblaciones. Coincidimos con Rose en que
si bien en la primera mitad del siglo XX los intereses socio-políticos
y médicos giraban en torno a gestionar la calidad de las poblaciones
en nombre del futuro de la raza, tratándose de una política de la
salud, ello cambió con la política vital de nuestro tiempo, que “no
se encuentra delimitada por los polos de la salud y la enfermedad,
ni se centra en eliminar patologías para proteger el destino de la
nación. Antes bien, se ocupa de nuestra capacidad, cada día mayor,
de controlar, administrar, modificar, redefinir, y modular las propias
capacidades vitales de los seres humanos en cuanto criaturas vivas”
(2012:25). Se trata, como sugiere el autor, de una política de ‘la vida
en sí’ (Rose, 2012:25).
En esta línea, es que se vuelve interesante reflexionar sobre las
prácticas reproductivas de las familias comaternales, que recurren a
un tratamiento de fertilización asistida, el cual forma parte de esta
política de la vida, en el sentido que les permite a estas mujeres elegir
la forma de reproducirse y la técnica para llevarlo a cabo, tomando
decisiones vinculadas con la medicalización de ese proceso, la elección
del donante de esperma, entre otras.
Mutaciones en el campo de la medicina reproductiva
En Argentina, el primer nacimiento mediante técnicas de repro-
ducción asistida se produjo a mediados de los años ochenta. Pero su
apropiación y perfeccionamiento del sistema médico y de los pro-
fesionales de la salud, “el crecimiento de la salud privada, la oferta
de servicios reproductivos, la adquisición de insumos y recursos en
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la salud privada y una relativa accesibilidad económica de algunos
sectores posibilitaron la extensión de las técnicas de reproducción
asistida, especialmente entre las clases medias y altas del país” (Ariza,
2008 en Bacin, 2011:205).
En el acceso a dichas técnicas, son cada vez más las parejas lésbicas
que recurren a las mismas para llevar adelante su proyecto parental.
Realizan desde tratamientos de baja complejidad, como es la insemi-
nación artificial con donación de gametas (anónimas o de donante
conocido), hasta tratamientos más complejos como el método ROPA
(Recepción de Óvulos de la Pareja)4 que les permite lograr que una
de las mujeres de la pareja se embarace a partir de un óvulo provisto
por su pareja y fecundado con semen anónimo.
Estos avances y transformaciones en el campo de las tecnolo-
gías de reproducción humana asistida se enmarcan en un escenario
biopolítico, caracterizado por Rose (2012) por diversas mutaciones.
Este autor destaca cinco grandes mutaciones: la molecularización, la
optimización, la subjetivación, el conocimiento somático especializado y
las economías de vitalidad. Sin pretender ser exhaustivo, Rose sostiene
cómo estas mutaciones han transformado las prácticas y percepcio-
nes tanto médicas como políticas. Con respecto a la molecularización,
el autor afirma que la “biomedicina contemporánea imagina la vida
en el nivel molecular, como un conjunto de mecanismos vitales inte-
ligibles en los que participan entidades moleculares que es posible
identificar, aislar, movilizar, recombinar, mediante nuevas prácticas
de intervención que ya no se encuentran restringidas por la norma-
tividad aparente de un orden vital natural” (Rose, 2012:29). En esta
tarea es que se tornaron fundamentales, por ejemplo, las técnicas de
visualización, una variedad de dispositivos que volvieron visible
el cuerpo orgánico interior, como las ecografías e imágenes fetales
vinculadas al proceso de gestación.
Además, otra transformación –en esta línea– es la separación
que se produce entre los elementos de la reproducción (óvulos,
esperma, embriones) y los cuerpos, que se transportan/movilizan en
los circuitos de las clínicas y laboratorios. Como sostiene Rose, “en
la actualidad, tejidos, células y fragmentos de ADN pueden hacerse
visibles, aislarse, descomponerse, estabilizarse, almacenarse en bio-
bancos, transformarse en mercancía, transportarse entre laboratorios y
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NOELIA S. TRUPA • Familias comaternales, usuarias de nuevas tecnologías reproductivas
fábricas, reestructurarse mediante manipulación molecular; es posible
transformar sus propiedades, suprimir o eliminar sus vínculos con
un organismo, tipo o especie viva particular” (2012:45). Sobre este
accionar de los biobancos y las prácticas médicas en este escenario
se suscitan complejos debates/dilemas bioéticos (Luna y Salles, 2008;
Digilio, 2010) que se consolidan como un nuevo campo de expertise.
La optimización, en este marco de transformaciones, da cuenta –
como decíamos más arriba– de cómo las tecnologías de la vida ya no se
limitan por los polos salud-enfermedad, sino que “encarnan visiones
contenciosas de lo que puede ser (…) un estado óptimo, tanto en lo que
respecta a la vida humana individual como colectiva” (Rose, 2012:30).
Así, con el concepto de subjetivación Rose refiere a las nuevas ideas
sobre lo que los seres humanos son o deberían ser. En relación con
ello, sostiene que “las nuevas concepciones de ‘ciudadanía biológica’
que recodifican las obligaciones, derechos y expectativas de los seres
humanos en relación con su enfermedad y también con su vida, reor-
ganizan las relaciones entre personas y sus autoridades biomédicas y
redefinen los modos en que los seres humanos se relacionan consigo
mismos en cuanto ‘individuos somáticos’” (Rose, 2012:30). Sobre esta
cuestión trabajaremos específicamente en el próximo apartado.
A su vez, es característico de este contexto, el conocimiento somático
especializado que hace referencia a las nuevas formas de gobierno de
las conductas humanas y “al surgimiento de múltiples subprofesiones
que se arrogan el dominio del conocimiento especializado y ejercen
sus diversos poderes en el gerenciamiento de aspectos particulares
de nuestra existencia somática” (Rose, 2012:30). Por ejemplo, los
especialistas en medicina reproductiva con sus clínicas públicas o
privadas y los especialistas en bioética.
Por último, las economías de vitalidad dan cuenta de los mercados
nuevos y la bioeconomía, como espacio económico que regula y crea
las condiciones. La vida se vuelve así un espacio de apertura a las
relaciones económicas.
En este entramado de mutaciones podemos pensar las transfor-
maciones en el campo de las tecnologías reproductivas y las materni-
dades, donde se produce un control cada vez mayor de los procesos
vitales, del proceso de concepción y gestación. Las NTR se inscriben
así en el campo de la biomedicina, como parte de estas tecnologías de la
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Revista NOMADÍAS Nº 23, 2017
optimización. Estas últimas no son tecnologías meramente médicas o
tecnológicas de la salud, sino que se trata de tecnologías de la vida
(Rose, 2012: 46). En esta línea, las tecnologías de reproducción asis-
tida “suponen mucho más que las destrezas artesanales de médicos
que utilizan nuevos instrumentos y técnicas. Generan ciertos modos
de pensar acerca de la reproducción, tanto en el sujeto como en el
especialista, ciertas rutinas y rituales, técnicas de examen y prácticas
de visualización, modos de brindar asesoramiento” (Rose, 2012:48).
Si en el pasado la medicina se limitaba a poner freno a las anormali-
dades, restableciendo las normas vitales naturales y la normatividad
corporal, hoy esas normas no son tan claras y se presentan como
susceptibles de alteración (Rose, 2012:49). Es así, que “las normas
de la reproducción femenina redefinidas por la concepción asistida,
la índole y los límites de la procreación, así como el ámbito de las
esperanzas y los temores que giran en torno a ella resultan irrevoca-
blemente modificados” (Rose, 2012:49).
No hay parámetros en torno a la sexualidad y la reproducción
en este escenario, donde, retomando la expresión de Sarah Franklin
(2003), lo biológico se ha vuelto una condición totalmente contingente,
es decir, que “ya no podremos suponer que lo biológico “de por sí”
impondrá límites a las ambiciones humanas” (Franklin, 2003:100 en
Rose, 2012:48). Las tecnologías de reproducción asistida justamente
ponen en cuestión la idea de “la biología es destino”, ya que en el caso
de las parejas lesbianas, más allá de la imposibilidad reproductiva de
su práctica sexual, pueden llevar adelante su proyecto parental, a par-
tir por ejemplo, de la donación de óvulos por parte de una de las muje-
res de la pareja, transformándose una de ellas en la madre “biológica”
y la otra en la madre “genética”. Lo que se vuelve interesante en este
escenario de nuevas posibilidades técnicas (y legislativas), es que “la
comaternidad llevada a cabo mediante las tecnologías reproductivas
implica el reconocimiento de la naturaleza social del proceso repro-
ductivo” (Bacin y Gemetro, 2011:9). Además ello produce cambios,
rupturas y algunas continuidades en las relaciones de parentesco y en
la manera de experimentar los cuerpos, las maternidades y los nuevos
modelos de familias5. Una de esas transformaciones es la separación
entre sexualidad y reproducción, la disociación entre la concepción y
la filiación, la filiación biológica y los vínculos afectivos, poniendo en
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NOELIA S. TRUPA • Familias comaternales, usuarias de nuevas tecnologías reproductivas
cuestión significados habitualmente otorgados a conceptos como fami-
lia, pareja, maternidad, paternidad, hijo/a, entre otros (Tubert, 1991;
Edwards, 2005). Producto de dichas transformaciones, “se plantean
nuevos interrogantes respecto de la conexión, o falta de ella, entre las
ideas que tiene la familia respecto de sus relaciones de parentesco y
las relaciones ‘naturales’ que establece el ADN, en particular en el caso
de niños adoptados, niños concebidos con esperma donado (…) Así la
identidad genética se revela y se establece en el contexto de una red
de conexiones genéticas superpuesta a una red de lazos y recuerdos
familiares, con una carga de obligaciones mutuas y compromisos de
cuidado mutuo, y con todos los dilemas éticos que entrañan” (Rose,
2012:232); dilemas que, como sosteníamos más arriba, tienen vincu-
lación con el accionar de los biobancos y son propios del campo de
la medicina reproductiva.
Por lo tanto, lo biológico –si bien se ha vuelto contingente– y lo
genético no deja de tener peso en esas configuraciones familiares, sino
que convive con estas múltiples posibilidades técnicas en el modo
de pensar la procreación, la reproducción, donde se produce una
optimización de la vida en sí. Con tal objetivo, los dispositivos médico-
técnicos se multiplican, incluyendo desde diagnósticos genéticos
preimplantacionales (Press y Browner, 1997; Vassy, 2006; Rapp, 1999,
2011), medicina genómica, biobancos (células madres), las tecnolo-
gías de la imagen fetal cada vez más sofisticadas. Estas técnicas y
dispositivos están vinculados con lo que Rose llama susceptibilidad
y mejoramiento. Es decir, tienen como objetivo optimizar la vitalidad
futura, previniendo patologías que puedan manifestarse en el futuro
y mejorando capacidades del cuerpo y el alma. Estas posibilidades se
hacen presentes en muchas de las prácticas de la medicina reproduc-
tiva, como por ejemplo, la selección a partir de las pruebas genéticas in
utero “aplicando como criterio ciertas enfermedades o discapacidades
hereditarias. Es posible seleccionar esperma para incrementar las pro-
babilidades de tener un hijo de determinado sexo” (Rose, 2012:174).
Anne Kerr (2004) también sostiene como el enfoque en la prevención
se desplazó a la clínica prenatal, con las nuevas tecnologías, como la
ecografía y la amniocentesis; aunque dicho enfoque no es exclusivo
de la posguerra: incluso cuando no existían estas tecnologías, los
médicos alertaron a las familias sobre los riesgos de tener un hijo
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con un trastorno genético y aconsejaron la abstinencia de relaciones
sexuales en aquellos casos de alto riesgo (2004:22).
En este contexto, Rose señala como “parte de las normativi-
dades que en el pasado se consideraron inscriptas en las leyes de
la vida orgánica ya ingresaron (…) en el campo de lo electivo y
se encuentran cargadas con todas las demandas que la elección
impone” (2012:175).
Las elecciones en el campo de la medicina reproductiva se vuelven
relevantes y problemáticas, ya que habilitan un abanico de posibili-
dades médico-técnicas en relación con la elección del donante, las
pruebas genéticas; las cuales no están desvinculadas de cierta carga
ética/valorativa. En este sentido, es interesante analizar cómo las NTR
forman parte de la lógica biomédica de intervención, modificación y
mejoramiento de los cuerpos, de sus capacidades, en torno a la cual se
produce un complejo debate ético-ideológico; no sólo en relación con
las consecuencias sociales de la aplicación de estas técnicas médicas,
sino también de sus implícitos valores eugenésicos (Sommer, 1996;
Taboada, 1986; Tubert, 1991; Luna y Salles, 2008).
Cuando hablamos de eugenesia nos referimos a “la ciencia y el
arte que tratan de mejorar la constitución genética de los seres huma-
nos. Lo que podría también traducirse como el intento de control de
la reproducción para un hipotético mejoramiento de la raza…blanca”
(Taboada, 1986:9). Desde esta mirada, entonces si todo se hereda, se
debe tratar de que no se reproduzcan los defectuosos y estimular sólo
la reproducción de los más aptos. Este es uno de los rasgos presentes
en la mirada médica contemporánea, esta idea de perfeccionamiento
y mejoramiento de los cuerpos, de la genética, de las “razas”6.
Sin embargo, coincidimos con Rose en que “de lo que se trata,
pues, no es de eugenesia sino de prácticas determinadas por formas de
autogobierno impuestas por las obligaciones de la elección, el deseo de
realización y el anhelo de los padres de que sus hijos tengan la mejor
vida” (2012:153)7. De ello, se desprende –como afirma este autor– que
“la experiencia de la eugenesia ha dejado una marca indeleble en la
política de la salud individual y colectiva, que baña en una luz de
sospecha toda forma de administración estatal de las fuerzas vitales
que no opere bajo el signo de la autonomía, el consentimiento y los
derechos individuales” (Rose, 2012:154). Este procedimiento es cada
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NOELIA S. TRUPA • Familias comaternales, usuarias de nuevas tecnologías reproductivas
vez mayor en las intervenciones médico-técnicas, donde no faltan los
consentimientos informados que hacen hincapié en la autonomía del
usuario de las mismas. Ello resulta interesante en las consultas de
asesoramiento de una pareja que se va a realizar una inseminación
en relación con la elección de los donantes de gametas y las diversas
capacidades selectivas8 que se ponen en juego, entre las cuales tiene
lugar la coordinación fenotípica (matching fenotípico), que refiere a “la
práctica de coordinar la apariencia física de los y las donantes de
material reproductivo, con aquella de los futuros padres (en particular,
con el progenitor cuyo gameto será sustituido a través del uso de un
gameto donado), con el objetivo de favorecer la posibilidad de que
la descendencia nacida de gametos donados posea algunos rasgos
similares a los de sus padres (especialmente, algún rasgo similar a los
del progenitor que no aportó material genético a su descendencia)”
(Ariza, 2014:175). Coincidimos con Ariza (2014), en que estas prácticas
constituyen instancias de producción material del parentesco en las
clínicas de reproducción asistida. Incluso la autora destaca que si bien
estas prácticas son frecuentes en Argentina, las clínicas “introducen
cláusulas en sus consentimientos informados previniendo sobre la
posibilidad de que el parecido físico no se realice dado el carácter
azaroso de la recombinación genética en la fertilización” (2014:175).
Si bien no entraremos en detalle sobre esta y otras prácticas clínico-
técnicas9, queremos remarcar como por un lado, las mismas se auto-
rizan y son esperables en el campo biomédico de la reproducción
asistida, pero por otro lado, se problematizan a partir de los debates
bioéticos (Barrancos, 2013) que suscitan; por ejemplo, en relación
al anonimato de los donantes, el “descarte” de embriones10, entre
otros. De este modo, “las organizaciones autodefinidas como ‘pro
vida’ dirigen nuestra atención a un conjunto de entidades liminales
polémicas que ocupan el centro de la escena como resultado de las
nuevas tecnologías reproductivas: esperma, óvulos fertilizados y no
fertilizados, blastocitos, embriones en diversas fases de su desarrollo
dentro y fuera del útero materno, en particular los considerados exce-
dentes o de reposición, junto con lo que Sarah Franklin denomina ‘la
inmensa población de embriones congelados que se han convertido
en entidades legales oficiales, protegidos bajo las leyes de la mayoría
de los países’” (Franklin, 2000:74 en Rose, 2012:118).
99
Revista NOMADÍAS Nº 23, 2017
En este escenario, la intersección de las esferas médicas y jurídi-
cas adquiere relevancia para reflexionar sobre las demandas de los
sujetos en tanto usuarios de los tratamientos de reproducción humana
asistida y la exigencia de su cobertura por parte del Estado. En el
próximo apartado, analizamos dichas demandas de reconocimiento
de derechos en el marco de lo que Rose llama ciudadanías biológicas.
Ciudadanías biológicas: Disputas en el campo de la
medicina reproductiva
En este contexto de transformaciones, surgen una variedad de
alternativas e iniciativas orientadas a que el sujeto administre su
propia vida, y a partir de la búsqueda de información intervenga
sobre la misma (Rose, 2012). La salud se concibe como un bien, y los
pacientes se transforman en consumidores de servicios, sobre los cua-
les deben reclamar. Se destacan ciertos procesos de ciudadanización
en salud, como por ejemplo, el derecho a acceder a determinados
tratamientos –derecho que se construye, adquiere sentido y legitima
en el marco de estos procesos, disputas sobre la definición médica
de un problema, entre las cuales se ubican los reclamos por la cober-
tura de los tratamientos de fertilización asistida. En un comienzo,
dichas demandas provenían sobre todo de parejas –en su mayoría
heterosexuales–, nucleadas en organizaciones11, que justificaban la
necesidad y urgencia de los tratamientos a partir de su condición de
infertilidad, concibiendo a los mismos como tratamientos de salud.
La incorporación de mujeres solas, diversas agrupaciones LGBT
(Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans)12 y de madres lesbianas (Lesma-
dres) a dichas demandas habilita a pensar ciertos cambios –como sos-
teníamos más arriba– en los que el Estado/la política se hace cargo (ya
desde el siglo XVIII) de los procesos vitales de la existencia humana;
como la reproducción y la sexualidad, las relaciones conyugales y
parentales, como en el caso que estamos analizando.
Consideramos que dichos reclamos cobran nuevos sentidos en
este escenario de ciudadanías biológicas (Rose y Novas, 2003; Rose, 2012).
Como afirma Rose “la biologización de la política rara vez se exploró
desde la perspectiva de la ciudadanía. Sin embargo, las historias de
las ideas de raza, degeneración y eugenesia, de las concepciones de
100
NOELIA S. TRUPA • Familias comaternales, usuarias de nuevas tecnologías reproductivas
mujer y las políticas en torno de ella, la maternidad y la familia, así
como la demografía y los censos muestran cuántos proyectos de ciu-
dadanía se formularon en términos biológicos, en términos de raza,
líneas de sangre, especie, etc. Uso el término ‘ciudadanía biológica’
descriptivamente, para comprender todos los proyectos de ciudadanía
que han vinculado sus concepciones de ciudadano a creencias acerca
de la existencia biológica de los seres humanos en cuanto individuos,
hombres y mujeres, familias y linajes, comunidades, poblaciones y
razas, y especies” (2012:270). Como veíamos anteriormente, si bien
estos dilemas evocan “el fantasma de la política nacional racializada,
la eugenesia y la higiene racial” (Rose, 2012:270), se trata de procesos
diferentes donde la particularidad es que el sujeto se hace cargo de
su salud, adquiere nuevas obligaciones en la administración de su
existencia biológica y somática (Rose, 2012:175). Sostenemos aquí que
el concepto de ciudadanía biológica habilita pero a la vez reduce las
demandas de madres lesbianas, ya que en este caso ellas no estarían
reclamando un derecho sólo en tanto individuos somáticos13, que cono-
cen y administran las “consecuencias” del propio genoma (Rose, 2012)
sino en tanto sujetos sexuales y políticos en un sentido diferente cuya
raigambre no es la biología (es decir, reclamos vinculados a “enferme-
dades”, “patologías”) sino por el contrario plantean una discusión a
la biologización que se produce en torno al acceso a los tratamientos de
NTR. En esta línea, el concepto de ciudadanía sexual (Amuchástegui y
Rivas, 2004, 2008; Di Marco, 2012) permite complejizar dichas deman-
das al imbricarse con el de ciudadanía biológica, al hacer hincapié en
cómo los requerimientos, obligaciones y expectativas acerca de las
prácticas ciudadanas están atravesados por una serie de supuestos
en relación a las sexualidades de los actores de la comunidad socio-
política; como examinaremos a continuación.
En este marco de discusiones, analizamos cómo se dio el paso
de una ausencia de regulación de la medicina reproductiva en
Argentina hasta la sanción de dos legislaciones recientes: la Ley de
Fertilización Asistida de la provincia de Buenos Aires N° 14.208/10 y
la posteriormente sancionada Ley Nacional de Fertilización Asistida
N° 26.862/13; para comprender estas transformaciones en la concep-
ción de los usuarios legítimos de dichas técnicas, en este escenario
de ciudadanías biológicas y sexuales.
101
Revista NOMADÍAS Nº 23, 2017
Lucía Ariza (2008) sostiene que –hasta la sanción de las dos legis-
laciones previamente nombradas– la inexistencia de leyes que regulen
las prácticas médicas en el campo de la medicina reproductiva “es
el producto local específico de un entramado de agencias, poderes y
saberes que ‘producen’ la ausencia de legislación” (2008:11). Dicha
situación contribuye a la falta de control del mercado privado de
salud reproductiva y los costos cada vez más elevados, llevando a la
desconfianza de los usuarios.
Esta situación comienza a cambiar con la sanción de la Ley de
Fertilización Asistida de la provincia de Buenos Aires (N°14208/2010)
y otras legislaciones a nivel provincial14. Dicha ley cubre el tratamiento
de fertilización a partir de las Obras Sociales (estatales y prepagas) a
parejas que no puedan concebir, tras un año de mantener relaciones
sexuales sin protección; y excluye de sus prestaciones a las que requie-
ran donación de gametas, como es el caso de mujeres solas o parejas
lesbianas. Nos encontramos así con una discriminación implícita a
estas mujeres y parejas que quieran acceder al tratamiento; porque
la dificultad en el caso de estas parejas para concebir, en principio,
no está relacionada a la infertilidad sino a la imposibilidad de repro-
ducción entre mujeres.
Hasta aquí se carecía de una legislación a nivel nacional “que
regule los diferentes aspectos que involucran un tratamiento de
reproducción asistida (información, acceso, cobertura, riesgos para
salud del paciente y vínculos filiatorios, entre otros) a pesar de la
fuerte expansión de la medicina reproductiva privada, signo de la
creciente relevancia que viene asumiendo la reproducción asistida
a nivel social” (Straw, 2011:3). No obstante, comienzan a tener lugar
las audiencias de discusión sobre la pendiente reforma del código
civil y comercial, en el que se problematizan cuestiones vinculadas al
campo de la medicina reproductiva, como las donaciones, la volun-
tad procreacional15, el congelamiento de óvulos, la preservación de
embriones, entre otras.
Finalmente, se sanciona en 2013 la Ley Nacional de Fertilización
Asistida (N° 26.862/13) que cubre los tratamientos de infertilidad
pero no los reduce a una patología ni discrimina por estado civil u
orientación sexual.
102
NOELIA S. TRUPA • Familias comaternales, usuarias de nuevas tecnologías reproductivas
Podemos advertir así una primera ley sancionada en 2010, que
posee fuertes rasgos heteronormativos, en tanto el problema radicaba
en la infertilidad y no en la elección de otras modalidades vinculares
que participan en la decisión de tener un hijo/a. La segunda, sancio-
nada en 2013, si bien repara esta primera gran exclusión, y discute
la necesariedad de probar la existencia de una enfermedad para
garantizar la cobertura a los tratamientos, se enmarca también en una
lógica genetista e individualista de las maternidades (Stolcke, 1987)
en tanto, promueve la maternidad “biológica” en detrimento de otras
prácticas parentales, como la adopción, o las llamadas maternidades
sociales; con lo cual el escenario es más complejo.
De allí, como decíamos más arriba, que estas transformaciones
puedan pensarse en la intersección de la ciudadanía biológica y la ciu-
dadanía sexual. Si bien la primera de estas leyes justifica la cobertura
de los tratamientos a partir de considerar la infertilidad como enfer-
medad, es decir, a partir de cierta condición biológica y/o somática
de esos cuerpos “infértiles”; la segunda contribuye a indagar cómo
estas intervenciones estatales operan instituyendo cuerpos sexuados
y genéricos en términos de ciudadanía sexual, ya que hay ciertos
requerimientos sexo-genéricos de los ciudadanos para el reconoci-
miento de determinados derechos. En el caso de la ley nacional puso
en evidencia la exclusión de la ley provincial para el caso de parejas
lesbianas y mujeres solteras. Pero si bien no restringe la cobertura sólo
bajo la condición de infertilidad, lo biológico no desaparece16, porque
en definitiva promueve las maternidades biológicas-genéticas aunque
no centradas exclusivamente en ellas, como es el caso de la madre no
gestante en el caso de las familias comaternales.
En esta línea, el estudio de Ricardo Garay (2008) sobre las nue-
vas tecnologías reproductivas nos plantea interrogantes respecto de
la definición legítima de sus usuarios y de las técnicas “en tanto se
las define como un tratamiento de salud, lo cual exige una discusión
pública previa e independiente del discurso dominante antes de con-
siderar sus potencialidades y la factibilidad de extenderlas a nuevos/
as usuarios/as” (2008:45). El autor explica, como los comentarios que
hiciéramos a partir de la sanción de la primera ley en 2010, que “los
reproductólogos consideran que la infertilidad es una enfermedad
de la pareja: partiendo de la base de que la pareja infértil forma una
103
Revista NOMADÍAS Nº 23, 2017
unidad biológica” (Garay, 2008:43), la cual se torna sinónimo de
pareja heterosexual, que contribuye a excluir a parejas gays y lesbia-
nas como a mujeres solteras. Una ley de reproducción que parta de
dicha concepción biologicista reduce las potencialidades de nuevas
parentalidades no centradas exclusivamente en el vínculo biológico
(Garay, 2008), como fue la Ley de Fertilización Asistida de la provincia
de Buenos Aires. Si bien esta cuestión pareciera estar saldada con la
ley nacional, ya que habilita a que el acceso a dichos tratamientos por
parte de parejas lesbianas conlleve profundas transformaciones en
los valores, creencias y representaciones tradicionales y comúnmente
aceptadas en relación al parentesco –como por ejemplo, la separación
entre sexualidad y reproducción, la disociación entre la concepción
y la filiación, la filiación biológica y los vínculos afectivos– también
consolida cierto ideal normativo de familia, sobre todo si lo pensamos
enmarcado en un contexto socio-político donde el aborto continúa
siendo ilegal. Y, si bien –como sosteníamos anteriormente– en el caso
de parejas lésbicas que recurren a los tratamientos de reproducción
asistida por un lado, pueden cuestionar significados habitualmente
otorgados a las relaciones de parentesco y las maternidades, por otro,
pueden generarse “nuevas homonormatividades en las que la familia
y la pareja como modelos hegemónicos de organización siguen siendo
centrales” (Sabsay, 2011:32).
En relación con estos cambios, avizoramos la necesidad de conti-
nuar repensando estas problemáticas, y preguntarnos en este marco
de ciudadanías biológicas y sexuales, por la articulación entre sexuali-
dades y derechos. Advertimos a su vez, el rol paradójico del Estado,
el cual por un lado garantiza derechos en el acceso a determinados
tratamientos, como en el caso de las NTR, pero simultáneamente,
produce ciudadanías normadas, generizadas, biológicas, en relación
con ciertos ideales hegemónicos de familia, de pareja y de lo saludable.
En este entramado de actores y relaciones, se producen nuevos
activismos, nuevos dilemas bioéticos, en los que las políticas de la vida
tienen un lugar central.
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NOELIA S. TRUPA • Familias comaternales, usuarias de nuevas tecnologías reproductivas
Notas
1. Si bien en esta oportunidad no desarrollaremos un análisis específico del concep-
to de “familias” y las discusiones teórico-políticas de las que ha sido objeto, quere-
mos destacar la elección de la noción “familias comaternales” (Bacin y Gemetro,
2011), en tanto concepto político impulsado desde el activismo local de lesbianas
madres, con el fin de visibilizar sus arreglos parentales y la presencia de dos madres
en la asunción de la maternidad y crianza de sus hijos/as.
Las familias entrevistadas han llevado a cabo sus proyectos parentales en el marco
de legislaciones como la de Matrimonio Igualitario (N° 26.618/2010) y las de Fertili-
zación Asistida (Ley N° 14.208/10 y Ley N° 26.862/2013); es decir, que analizamos
sus experiencias de comaternidad durante el período 2010-2015.
2. Estudios como el de Jorge Salessi (2000) y Ernesto Meccia (2006) sostienen que el
rechazo social a las identidades no heteronormativas es producto de un proceso
histórico-político que ha llevado a considerar a los homosexuales como personas
perversas, enfermas e inmorales. En este proceso han contribuido un conjunto de
saberes, como el médico-psiquiátrico y el jurídico, que han vuelto hegemónicas di-
chas representaciones en el contexto argentino del higienismo. Carlos Figari y Flo-
rencia Gemetro (2009) afirman que “la construcción de la “inversión” o la “homose-
xualidad” se hizo de acuerdo a una metodología médica taxonómica de patología y
síntomas mediada por una epistemología casuística esencializadora de cuerpos
(2009:38). Esa estigmatización desataba el pánico moral en la sociedad ya que las
prácticas homosexuales transgredían el orden sexual-familiar hegemónico y pertur-
baban el modo reproductivo heterosexual.
3. En el tercer apartado del presente trabajo, analizamos cómo las leyes de repro-
ducción sancionadas reproducen y/o problematizan dichos supuestos sobre la re-
producción.
4. Este concepto fue creado desde el activismo para dar cuenta de una técnica utili-
zada por parte de las parejas lésbicas, pero en términos médicos, se trata de una
ovodonación, parte de los tratamientos de alta complejidad –extracorpóreos y, en
algunos casos, con la participación de donantes de gametos y receptores del mate-
rial genético– que pueden ser: Fecundación in vitro (FIV) o Inyección intracitoplas-
mática de espermatozoide (ICSI).
5. Las NTR “separaron categorías que antes eran coextensivas –madre biológica,
madre psicológica, padre de familia, donante de esperma, donante de óvulo, etc.– y
de ese modo transformaron las relaciones de parentesco que solían desempeñar un
rol fundamental en la retórica y las prácticas de formación de la identidad”
(Franklin, 1997; Strathern, 1992, 1999 en Rose, 2012:232).
6. Puede hablarse de una eugenesia negativa –cuando lo que se busca es la correc-
ción de lo interpretado como “defectos”–, o positiva –cuando esa búsqueda tiene
como finalidad la “mejora” de los seres humanos, en sus performances físicas (Ta-
boada, 1986; Kerr, 2004).
7. Algunos autores “sugieren el nacimiento de una nueva eugenesia encubierta, im-
pulsada por una combinación potente de aspiraciones comerciales de las empresas
de biotecnología y el deseo de un hijo perfecto que abrigan muchos padres, en espe-
cial, padres ricos, en una era de consumo manipulado y elección reproductiva”
(Duster, 1990; Hubbard y Ward, 1999; Rifkin, 1998 en Rose, 2012:120).
105
Revista NOMADÍAS Nº 23, 2017
8. Dora Barrancos (2013) afirma que “se asiste en la actualidad a manifesta-
ciones de maniobras eugenésicas por lo general bajo expresiones más te-
nues y hasta de manera silenciosa. Los medios técnicos que intervienen en
los procesos de reproducción asistida poseen, indudablemente, capacida-
des selectivas y a menudo inducen a las/los asistidos a que manifiesten sus
deseos y sus preferencias en materia de descendencia” (2013:9).
9. En esta línea de discusiones, resulta interesante el estudio de Claudia Fonseca
(2006) sobre los tests de ADN de paternidad en Brasil, los cuales son elementos
claves para reflexionar sobre la intersección de las esferas médica y jurídica y sus
influencias sobre las relaciones de género y de parentesco en la sociedad contempo-
ránea.
10. Florencia Luna (2002) analiza las concepciones religiosas que otorgan al em-
brión el estatus de persona desde el momento mismo de la concepción, determinan-
do que ese ser tiene derecho a la vida y por lo tanto está prohibida su crioconserva-
ción, manipulación y/o deshecho voluntario.
11. Si bien es un aspecto que no desarrollaremos en este trabajo, podemos pensar
estas organizaciones de pacientes/consumidores de NTR, como efecto del momento
colectivizante de la ciudadanía biológica (Rose, 2012). “Paul Rabinow propuso el
concepto de ´biosocialidad’ para caracterizar estas formas de colectivización orga-
nizadas en torno de los atributos comunes de una condición somática o genética
compartida, y puso de relieve las nuevas tecnologías éticas que se están ensamblan-
do alrededor de las categorías cada vez más numerosas de vulnerabilidad corporal,
sufrimiento somático y riesgo y susceptibilidad genéticos” (Rabinow, 1996a en
Rose, 2012:273).
12. Quisiéramos destacar que las agrupaciones y colectivos LGBT han participado
activamente en las discusiones vinculadas a la sanción de las legislaciones de Ferti-
lización Asistida y los requisitos (muchas veces, heterosexistas y excluyentes) para
la cobertura de los tratamientos; no obstante en esta oportunidad no daremos cuen-
ta de la heterogeneidad de sus reclamos y demandas sobre las decisiones reproduc-
tivas y proyectos parentales.
13. En este sentido, Rose sostiene que la ciudadanía biológica es,individualizante,
“en la medida en que el individuo define la relación consigo mismo en función del
conocimiento de su individualidad somática. Así, las imágenes, explicaciones, valo-
res y juicios biológicos se entreveran con otros lenguajes de autodescripción y otros
criterios de autoevaluación en el marco general de un ‘régimen del yo’ contemporá-
neo, que promueve un individuo prudente pero emprendedor, que define su curso
de vida de manera activa mediante actos de elección” (Novas y Rose, 2000 en Rose,
2012:273).
14. Neuquén, Ley 2258/98; Entre Ríos, Res. 206/09, La Pampa, Res. 450/09; Córdoba,
Ley 9625/09 y Res. 168/09; Río Negro, Ley 4557/10 y Buenos Aires, Ley 14208/10 y
Decretos 2980/10 y 564/11.
15. Dicho concepto establece que sólo basta con la voluntad de conformar una fami-
lia sin necesidad de que los datos genéticos y biológicos coincidan con los miem-
bros de la familia, es decir, estén presentes en la descendencia. El artículo 561 de
este proyecto de reforma establece que “los hijos nacidos de una mujer por las téc-
nicas de reproducción humana asistida son también hijos del hombre o de la mujer
que ha prestado su consentimiento previo, informado y libre en los términos del
106
NOELIA S. TRUPA • Familias comaternales, usuarias de nuevas tecnologías reproductivas
artículo anterior, debidamente inscripto en el Registro del Estado Civil y Capacidad
de las Personas, con independencia de quién haya aportado los gametos” (Página
12, 8 de junio de 2012). Esta concepción ampliaría el reconocimiento de la mater-
paternidad social, es decir, resolvería –en el caso de las familias comaternales– la
situación legal de la madre “no biológica”, ya que hasta el momento sólo es recono-
cida legalmente la madre gestante (con excepción de las parejas casadas).
16. Incluso lo biológico no desaparece –como vimos en el apartado anterior– en
prácticas como el aborto selectivo, los diagnósticos genéticos preimplantacionales y
la selección de embriones, sino que las mismas “suponen diferentes ideas acerca del
papel de la biología en el valor humano” (Rose, 2012:271).
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