PLAQUETAS
Las plaquetas, también conocidas bajo el nombre de trombocitos, son
unas células que encontramos en la sangre, y responsables de la
coagulación sanguínea. De esta forma, si la pared de un vaso sanguíneo
se saña, las plaquetas se dirigen rápidamente al lugar del cuerpo donde
se ha producido la lesión, formando una especie de “tapón” o coágulo
con el fin de detener el sangrado. Por tanto, son unas células
esenciales para nuestra salud, y sobre todo, para el buen
funcionamiento de nuestro organismo.
Tener muchas plaquetas en la sangre puede ser negativo, al igual que
tener poca cantidad. Así, si el recuento de plaquetas se encuentra por
debajo de lo normal (una afección conocida médicamente bajo el
nombre de trombocitopenia), el riesgo de hemorragia prolongada o
no controlada aumenta. Mientras que, si la cantidad de plaquetas es
superior al normal (una afección llamada trombocitosis), puede provocar
la formación de coágulos sanguíneos anormales, pudiendo ser graves o
incluso potencialmente mortales.
¿Cuáles son sus principales funciones, qué hacen y para qué
sirven las plaquetas?
El principal papel de las plaquetas es obstruir los vasos
sanguíneos lesionados o rotos, para evitar la pérdida de sangre. En
condiciones normales, las plaquetas se mueven en un estado inactivo a
través de los vasos sanguíneos. No obstante, cuando se produce una
rotura en un vaso sanguíneo (herida), las plaquetas que se encuentran
inactivas se activan por la presencia de determinadas moléculas en la
sangre, las cuales son secretadas por las células endoteliales de los
vasos sanguíneos.
Una vez activadas, las plaquetas son capaces de cambiar su forma y
volverse más redondas, con proyecciones largas en forma de dedos que
se extienden desde la célula, pegajosas y se adhieren entre sí y a las
distintas superficies de los vasos sanguíneos con el fin de tapar o
taponar cualquier rotura presente en el vaso sanguíneo.
La cantidad normal de plaquetas en la sangre es de 150,000 a 400,000
plaquetas por microlitro (mcL) o 150 a 400 × 109/L.