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La Interpretación

La interpretación jurídica implica identificar y decidir el significado de normas, enfrentando indeterminaciones semánticas, sintácticas y pragmáticas. Se distingue entre la interpretación como actividad cognoscitiva y la justificación argumentativa, donde la elección del significado correcto debe ser fundamentada. La interpretación busca claridad y coherencia en los enunciados normativos, y su proceso incluye descubrimiento y justificación para asegurar la certeza y congruencia en la aplicación del derecho.
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La Interpretación

La interpretación jurídica implica identificar y decidir el significado de normas, enfrentando indeterminaciones semánticas, sintácticas y pragmáticas. Se distingue entre la interpretación como actividad cognoscitiva y la justificación argumentativa, donde la elección del significado correcto debe ser fundamentada. La interpretación busca claridad y coherencia en los enunciados normativos, y su proceso incluye descubrimiento y justificación para asegurar la certeza y congruencia en la aplicación del derecho.
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La interpretación

El investigador no solamente tiene que identificar el material, sino tomar decisiones


sobre su significado, tanto de la doctrina como de los textos normativos. Existen, sin
embargo, distintos tipos de indeterminación, que puede ser de orden semántico,
sintáctico o pragmático, dependiendo del origen del problema.

Kelsen consideraba que las normas jurídicas podían concebirse como marcos abiertos a
la interpretación. Esta posibilidad deriva de su indeterminación. No obstante, el
enunciado normativo, como texto, constituye un límite de la interpretación, dado que no
se debe forzar el significado de los términos que lo conforman.

La indeterminación de las normas jurídicas se produce en primera instancia por el


lenguaje natural en que se expresa el derecho, pero también se deriva de su naturaleza
dinámica, como ya se señaló. Mediante la interpretación y la justificación de los
significados atribuidos, la indeterminación de las normas ha de ser superada. Para ello
se pueden seguir los métodos propuestos por la doctrina o los previstos en los sistemas
jurídicos para las leyes. Para poder cumplir con su función directiva, los enunciados
normativos deberían ser claros y coherentes; esto es, comprensibles, con el fin de poder
considerar como ciertos tanto su significado como su aplicación.

Wróblewski señala que el término “interpretación jurídica” posee varios significados, y


que en su sentido más amplio se refiere a la adscripción de significado normativo a una
norma-formulación.

La interpretación es la actividad realizada en el proceso de explicación del derecho,


dado que la opinión de un estudioso o un observador no es vinculante. La función del
científico es puramente cognoscitiva, por lo que el carácter de la investigación es
meramente descriptivo.

En la interpretación de los textos legales se presentan diversos problemas derivados del


hecho de que las normas son el significado de un tipo de enunciados, y la actividad
interpretativa tiene por objeto determinar el significado de las normas. La interpretación
no crea, sino que identifica y delimita el significado de la norma, es creativa cuando
existe la potestad expresa para ello, como en el caso de las lagunas.
La interpretación como actividad intelectual (lato sensu) implica la comprensión del
significado de una cosa u objeto; en un sentido más restringido, la interpretación
significa la comprensión de expresiones lingüísticas, y en sentido estricto, la
interpretación es necesaria cuando las expresiones lingüísticas permiten varios
significados y no hay certeza sobre el significado correcto.

La interpretación en sentido amplio es para Wróblewski “sinónimo de «comprensión»


de una expresión formulada en cualquier lengua”; en sentido estricto, se refiere a la
determinación del sentido de esa expresión.

La interpretación jurídica es un caso especial de la interpretación, una especie del


género “interpretación”, que como tal comienza con una duda y termina con la elección
de una de las posibles alternativas de significado. El objetivo es la comprensión del
significado de expresiones lingüísticas. Se hace necesaria cuando estas expresiones
permiten varios significados, y no hay certeza en cuanto al significado correcto.

La interpretación jurídica es por lo tanto la interpretación de enunciados normativos


cuyo significado no es evidente. Cuando se realiza con motivo de la aplicación de una
norma, esto es, de la solución de un caso, Wróblewski la denomina “operativa”.

Se puede decir que la estructura básica de la interpretación es la siguiente:

1. enunciado a interpretar,

2. enunciado interpretativo, y

3. enunciado interpretado.

Para Guastini, existe un paralelismo entre interpretación y definición como actividad


intelectual; la diferencia es el objeto; además, la definición supera la indeterminación
semántica a priori, su objetivo es que el significado adscrito al término sea asumido por
quienes deben tomarlo en cuenta, y la interpretación lo hace a posteriori, ya que tiende a
reconstruir el significado una vez surgida la indeterminación.

Conexión entre interpretación y argumentación

La interpretación puede ser entendida como argumentación en la medida en que la


fundamentación constituye un proceso que se da mediante dos etapas:
1. la tarea psíquica de descubrimiento del significado de la norma, y
2. la tarea argumentativa de justificación.

La interpretación como resultado tiene como efecto la determinación del significado de


una norma jurídica, la modificación del orden jurídico y la delimitación de las
posibilidades de su aplicación.

El proceso interpretativo, por lo tanto, consta de dos etapas, una que se podría decir que
se ubica en el contexto del descubrimiento, puesto que se refiere a la determinación de
las alternativas de significado posibles, para lo cual se requiere un método, y la otra, que
se refiere a la elección de la alternativa, que se considera como correcta o más apta
respecto del texto interpretado, y que la mayoría de los autores denominan como
contexto de la justificación. Esta última etapa implica la realización de un acto de
voluntad que se ubica en un espacio de determinación discrecional, por lo que la
actividad del intérprete queda fuera de control y puede parecer un acto arbitrario cuando
la decisión no se justifica debidamente. La forma de las razones son los argumentos, los
cuales se explicitan en el texto científico.

Robert Alexy enfatiza la conexión entre la interpretación y la argumentación, ya que la


fundamentación es un proceso cognoscitivo en su primera parte y de justificación en la
segunda. La primera incluye el proceso de reconstrucción sintáctica, así como la
determinación semántica del enunciado normativo. Desde el punto de vista material, es
posible afirmar, como hace Alexy, que la interpretación se identifica con la
argumentación, dado que el significado elegido como correcto ha de ser justificado.
Formalmente, la interpretación auténtica, a diferencia de la doctrinal, al determinar el
significado de un enunciado normativo, crea o recrea una norma mediante el
procedimiento previsto en la ley, y por lo tanto, se integra al enunciado normativo como
su significado

Para Aarnio, el razonamiento jurídico, concepto que incluye tanto la interpretación


doctrinal como la decisión judicial, puede abordarse desde tres perspectivas: 1. de la
descripción heurística (contexto del descubrimiento), que dice cómo se identifica la
respuesta; 2. de la explicación causal o intencional, que se refiere al porqué de las cosas,
y 3. del aspecto justificatorio (contexto de la justificación), que explicita las razones.
Para él, el aspecto más importante del proceso interpretativo es la justificación, y
considera que la interpretación y la justificación son dos tareas que se relacionan
intrínsecamente. Según Aarnio, las razones usadas en la argumentación jurídica son
fuentes del derecho cuando son utilizadas para justificar una interpretación jurídica.
Siguiendo a Peczenik, éste las divide según su obligatoriedad en obligatorias,
débilmente vinculantes y fuentes permitidas. Las fuentes del derecho son razones para
las decisiones jurídicas de dos tipos: fuentes autoritativas o razones de derecho, y
fuentes sustantivas o fuentes materiales del derecho. Aarnio señala que la fuerza
justificatoria de una razón material radica en su contenido, y que siempre debe estar
vinculada con un texto legal.

La justificación interna no constituye una fundamentación completa, por lo que se


complementa con la justificación externa, la cual se integra por la justificación de las
premisas elegidas. En ello consiste la tarea auténtica de la interpretación, pero no se
reconstruye el procedimiento intelectual realizado en el contexto del descubrimiento,
sino solamente su estructura en la cual se debería plasmar su justificación si se pretende
que sea racional. Las premisas deben ser explícitas, lo cual constituye un postulado que
sustenta la seguridad jurídica. Uno de los aspectos más importantes del ‘silogismo
jurídico’ es la elección de la premisa normativa. Esta parte del razonamiento se debe
explicitar en la justificación externa. En esta fase de la justificación, la premisa
normativa es objeto de argumentación, la cual se realiza mediante otro silogismo, en el
que la premisa problemática debe aparecer como conclusión.

En la justificación externa se cuestiona la validez de las premisas y de las reglas de


inferencia, que depende de las reglas y valores a los cuales uno se atiene en la
justificación. Los silogismos apoyan la interpretación y la argumentación, guiados por
los criterios de racionalidad o pautas de interpretación previstos. Se establecen cadenas
de silogismos que refuerzan el razonamiento, pero ninguno de ellos es suficiente por sí
mismo; su poder de convencimiento depende de la totalidad de los argumentos. La
coherencia del conjunto de premisas es decisiva para la fundamentación de la
interpretación y aplicación de la norma. La justificación externa en sí no es silogística,
es más una cuestión de convencer al destinatario de la interpretación, que de aplicación
de reglas de la lógica deductiva. Para Alexy, al igual que para Aarnio, el ámbito
auténtico de la interpretación es la justificación externa.
Finalmente, conocer el significado de una norma implica adoptar una postura en
relación con el objetivo de la interpretación. Según la teoría subjetivista, el objetivo de
la interpretación es la voluntad del legislador. Esta postura se funda en la idea de la
autoridad del legislador, que se basa en el principio democrático y la división de
poderes. No obstante, es difícil conocer dicha voluntad, que además frecuentemente está
viciada de vaguedad y contradicciones. Para la teoría objetivista, en cambio, el fin de la
interpretación es proporcionar el sentido razonable, correcto o justo de la ley. Esta
postura debería llevar a una solución correcta y justa; no obstante, se corre el riesgo del
ejercicio de una discrecionalidad interpretativa desmedida.

A modo de conclusiones, a continuación, se hacen algunas sugerencias respecto de los


objetivos que pueden considerarse como guías de la argumentación jurídica:
• La certeza. Es preciso ofrecer razones suficientes para sustentar y justificar una
opinión sobre el sentido del derecho o una decisión jurídica. La justificación brinda
certeza no solamente a quien emite una opinión, sino también al auditorio.
• La congruencia. Una correcta práctica argumentativa lleva a construir enunciados e
hipótesis ordenados y coherentes con la pretensión o pretensiones que sustentan. Se
deben evitar argumentos, opiniones o decisiones redundantes, poco claras u oscuras;
el razonamiento seguido para llegar a una conclusión debe explicitarse paso a paso.
La utilización adecuada de alguna técnica argumentativa puede ayudar a conferir un
cierto grado de congruencia a una afirmación sobre el derecho.
• Honestidad. El hecho de manifestar de forma clara y precisa los criterios o razones
que se utilizan permite al lector acercarse a la labor del científico, de la autoridad
administrativa o del juez. Para evitar especulaciones respecto de modo en que se
llegó a un determinado resultado se sugiere expresar las razones aducidas. La
transparencia brinda al lector la oportunidad de realizar un ejercicio de reflexión
crítica respecto de la investigación.

• Mejores prácticas argumentativas. En la medida en que el lector pueda conocer


las técnicas argumentativas utilizadas, puede contribuir a la mejora de la
argumentación, así como a motivar al investigador o a la autoridad a actualizar sus
conocimientos en esta disciplina. Así, el destinatario de una decisión puede formular
refutaciones razonables cuando no está de acuerdo si cuenta con elementos claros y
precisos para ello.

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