Teatro
Teatro
Relieve de un poeta
sentado (Menandro) con máscaras de la comedia nueva, siglo I a. C. -
principios del siglo I d. C., Museo de Arte de la Universidad de Princeton.
Todos los grandes teatros se encuentran al aire libre. Así pues, el desarrollo del
espectáculo se daba en un espacio al aire libre llamado orchestra, en el que se
ejecutaban una gran variedad de espectáculos artísticos (danzas, recitados y piezas
musicales), así como eventos cívicos y religiosos. Fue a través del teatro griego que se
presentaron, por primera vez, los géneros teatrales (drama, comedia y tragedia),
inspirados, principalmente, en aspectos de la sociedad, como las guerras entre las
polis, las guerras médicas, o el conjunto de creencias sobre la mitología griega y los
dioses olímpicos.
Las construcciones se llevaban a cabo sobre superficies planas y con estructuras que
permitiesen la acústica (en griego, ακουστικό, acusticó), que, a diferencia de los
teatros actuales, permitían una visualización de más de 170°. Dicha disposición
acústica y visual permitían la representación de cantos corales mixtos, es decir,
interpretaciones musicales, una de cuyas variedades, el ditirambo, fue el progenitor de
la tragedia ática.
Tras las primeras tentativas a cargo de Solón y Clístenes (ca. 500 a. C.), fue
perspicacia del estadista Pericles (en pleno Siglo de Oro ateniense) llegar al
convencimiento de que el ciudadano de Atenas podía ser educado políticamente
mediante el teatro, y fue él precisamente quien ilusionó al pueblo con los ideales de
coparticipación en la toma de decisiones y la corresponsabilidad en las mismas, esto
es, con los conceptos de "igualdad ante la ley" (isonomía) y de "libertad de expresión"
(parresía, isocracia). Así, frente a los antiguos ideales aristocráticos de un poeta como
Píndaro, que ensalzaban los triunfos de las clases nobles y adineradas, en el teatro se
naturaliza el nuevo régimen democrático.
Los integrantes del coro dramático eran ciudadanos corrientes de Atenas, que recibían
un módico salario por participar en los concursos que se celebraban como parte de
festivales populare
Y estas palabras en relación con la Antígona de Sófocles (vv. 450-460) o con los
versos de Edipo Rey 863-870:
La Acrópolis de Atenas.
Ante este trasfondo cívico-político del teatro ateniense, no cabe duda de que su
contenido, sus expectativas y sus intereses son algo más que pura propaganda política.
El teatro es básicamente un complejo y rico espectáculo de arte auspiciado por la
propia ciudad, con motivo de ciertas celebraciones religiosas, para poner en escena
piezas de tragedia o de comedia compuestas por algunos autores de éxito. A dichas
representaciones asistían buena parte de los ciudadanos atenienses como espectadores,
interesados en presenciar, en forma dramático-mimética las aventuras y peripecias
vividas y sufridas por los principales héroes de las antiguas sagas épicas, o para reírse
y burlarse con los tipos "antiheroicos" que constituían los protagonistas de las
comedias. Por otra parte, están los actores, que interpretan los diversos papeles, con
sus máscaras y su vestuario; está el coro, integrado normalmente por un grupo de
compañeros o amigos del personaje principal de la obra, con sus imponentes cantos
corales; están lo que hoy llamaríamos "productores" encargados de la financiación de
los ensayos y de los gastos de la puesta en escena; están los propios edificios que dan
acogida al espectáculo, y todo el personal secundario que se necesita para la
organización del festival (policía y guardias de seguridad, vendedores, etc.); estaba
finalmente el jurado encargado de conceder los premios. En suma, toda una rica
manifestación cultural, religiosa y festiva, en la que participan los ciudadanos de
Atenas.
No obstante, la postura que han mantenido ante el mito los diversos autores de
tragedias dista mucho de ser homogénea. En una progresiva evolución, se observa
cómo al principio Esquilo se muestra respetuoso y crédulo ante el mito y la
religiosidad tradicional, mientras que no muchos años más tarde Eurípides asumirá
una crítica revisionista de los personajes míticos y de las antiguas creencias religiosas.
Con ello, este último no hacía sino seguir probablemente los pasos de filósofos y
pensadores como Jenófanes de Colofón, quien defendía la idea de que los dioses de
Homero no eran sino una pura ficción. De otro lado, si hay una característica singular
del mito es su anticanonicidad. No existe una única versión de un mito. En todo caso,
para los antiguos griegos no estaba tan nítida como para nosotros la contraposición
entre mito e historia o entre pensamiento mítico y pensamiento racional. Sin duda, los
antiguos griegos creían que Agamenón fue un antiguo rey que, con toda certeza, había
acudido a una antiquísima guerra de Troya, y seguían respetando y venerando las
tumbas de los «antiguos héroes» a los que continuaban rindiendo culto como criaturas
benéficas, incluso después de muertos, para la comunidad. Incluso cabría recordar que
el mito es un producto de una sociedad esencialmente oral, un conjunto de relatos que
pueden transmitirse en un formato múltiple: como canto, como recitado poético, como
representación plástica e iconográfica. El repertorio mítico entronca por otra parte con
los rituales religiosos a los que también desde antiguo estuvo vinculado al teatro como
parte de una serie de celebraciones o fiestas religiosas insertas en la tradición de
antiguos rituales. Para los antiguos griegos, la base de la religión se encuentra más en
el ritual y en el conjunto de creencias, y aquí de nuevo la civilización contemporánea
se halla alejada de los griegos. La sociedad ateniense estaba más ritualizada que la
europea moderna. Por otra parte, entre ritual y teatro antiguo existen una serie de
enlaces muy sugestivos que interactúan en uno y otro sentido, del ritual al teatro y del
teatro al ritual. Estos son los elementos: el ritual de súplica, los rituales funerarios, la
purificación o catarsis de la «oración».
De otro lado, las costumbres y ritos funerarios de los griegos entraron igualmente de
lleno en la arquitectura dramática. La persona que muere no encontrará definitivo
reposo hasta que le hayan cumplido una serie de ritos religiosos relacionados con su
enterramiento. La joven Antígona entiende que debe dar sepultura a su hermano
Polinices, a pesar de la expresa prohibición del rey Creonte; en Las Coéforas de
Esquilo se encuentra a un grupo de personas enviadas por Clitemnestra para que
viertan libaciones sobre la tumba de Agamenón. Estas y otras prácticas funerarias
implican un ritual complicado: las mujeres lloran, se golpean el pecho, se cortan el
pelo, se desgarran sus vestidos al tiempo que entonan gritos inarticulados de tipo «ió»,
«ió», «ai», «ai», «paián», «paián», mientras vierten libaciones y presentan sus
ofrendas al muerto. En todo caso, la muerte se presenta al griego como fuente de
contaminación míasma (gr. μíασμα, de la que tanto el individuo como la colectividad
debe limpiarse mediante un ritual de purificación. Así, cuando Orestes llega a Atenas
después de haber asesinado a su madre, los atenienses le dan acogida pero no le
dirigen la palabra, porque todavía está contaminado por el asesinato. Y nuevamente
en el Edipo Rey aparece toda una ciudad contaminada porque en ella habita un
asesino que aún no se ha sometido al ritual de la purificación. Los ciudadanos acuden
al palacio de Edipo como suplicantes con una petición concreta: encontrar al causante
de la contaminación y expulsarlo de la ciudad. Es un tipo de súplica a la vez política y
religiosa, ya que no se trata solo de lograr que regrese la prosperidad a Tebas, sino
que tiene una carga de significación religiosa.
Calíope
Érato
Terpsícore
Talía
Urania
Euterpe
Melpómene
Polimnia
Clío
En el primero, denominado Pithoigia, se procedía a abrir los cántaros (πίθοι, pithoi) en que
se había conservado el mosto desde el mes de septiembre anterior, vino que —
previsiblemente— se consumía en parte en honor del dios Dioniso y en provecho y disfrute
de los participantes.
Las Leneas
Teatro de Epidauro, en
reconstrucción desde el 2007
Estas fiestas se celebraban en Atenas durante el mes de gamelión (el mes de las
bodas), que corresponde aproximadamente a nuestro mes de enero, mes que recibía el
nombre de Leneo en el ámbito de las ciudades jonias según el testimonio de
Aristóteles:
que haya votado el pueblo con el brazo en alto, a los misterios; estos
comisarios son dos de entre todos los atenienses, uno de entre los
Eumólpidas y otro de entre los Cérices... Atiende también en segundo
lugar a las Dionisias Leneas, que consisten en una procesión y un
certamen.
Pero las fiestas más célebres, las fiestas atenienses por antonomasia, fueron las
llamadas Dionisias Ciudadanas o Grandes Dionisias, instituidas en honor del dios
Dioniso, cuya imagen era trasladada desde la ciudad de Eléuteras (Beocia) a Atenas.
Se sabe que en época de Pisístrato (siglo VI a. C.), el festival había ya alcanzado
notable fama y que su celebración coincidía con nuestro mes de marzo, época en que
la navegación y los viajes se hacían más cómodos y seguros con la llegada de la
primavera. La ciudad de Atenas se engalanaba para recibir a embajadores y aliados,
hombres de negocios y políticos a quienes el Estado condecoraba por algún servicio
especial prestado en beneficio de Atenas. La procesión de una estatua de Dioniso
recorría las calles de la ciudad, acompañada de una lampededromía (desfile de
antorchas) que llevaban los jóvenes en edad militar. Al cortejo se sumaban igualmente
cortejos de muchachas (canéforas) con ofrendas para diversos sacrificios. Cada una de
las diez tribus de la ciudad organizaba un coro de cincuenta chicos y otro coro de
cincuenta adultos que participaban en el concurso.
Por lo que se refiere a las representaciones dramáticas que tenían lugar durante estos
días, se sabe que Aristóteles se ocupó de registrarlas debidamente por escrito en torno
a los años 330 a. C. De parecido tenor son las didascalias, inscripciones halladas en la
falda de la Acrópolis, donde quedaron asentados los títulos de las tragedias
representadas en las Dionisias, las comedias de las Dionisias y de las Leneas, los
nombres de los arcontes, los nombres de los autores de las piezas dramáticas, etc. Una
de las principales inscripciones está incompleta, y delante del nombre de Esquilo
(cuya primera victoria en los concursos se fecha en el 484 a. C.) faltan unas diez
líneas que debían referirse a los autores de tragedia de las Dionisias.
Apolo,
dios olímpico y patrón de las
bellas artes, líder de las musas (musageta), también se les
consagraba el teatro.junto a Dioniso
¿Cuál era, pues, la vinculación de estas fiestas con la celebración de los concursos
dramáticos? Durante el siglo V a. C. concurrían al certamen de tragedias tres autores,
cada uno de los cuales presentaba cuatro piezas, tres tragedias y un drama satírico de
acuerdo con el siguiente calendario y programa: el día previo, llamado proagón, se
dedicaba a ultimar los preparativos y los autores hacían la presentación de sus obras
en compañía de sus actores. El día siguiente (el primero propiamente hablando) se
iniciaba con la procesión y traslado de la estatua del dios Dioniso, que era
acompañado por grupos de jóvenes hasta la Acrópolis y en ella intervenía la mayor
parte de los ciudadanos, agrupados según las distintas tribus de la ciudad.
Atravesando el ágora, finalizaba en el altar que se hallaba en el centro del propio
teatro, donde tenía lugar el concurso de ditirambos; el segundo día se representaban
cinco comedias; y cada uno de los tres días siguientes se escenificaban tres tragedias y
un drama satírico. De este modo, durante los seis días de fiesta de las Grandes
Dionisias se ponían en escena un total de diecisiete obras, además de los cantos
ditirámbicos del primer día. No obstante, tanto el número de piezas como su extensión
estaban regulados por las necesidades del programa diario de representaciones o por
especiales circunstancias durante algunos años de la guerra del Peloponeso (431-
404 a. C.). Esquilo fue autor de trilogías (tres obras en torno a un mismo personaje o
motivo), mientras que Sófocles abandonó dicha práctica, según atestigua el antiguo
léxico Suidas.
El vestuario
Más tarde, cuando el teatro fue teatro y no un acto religioso, la máscara era aquel
elemento que transformaba al actor en personaje, había máscaras de viejos, de
jóvenes, mujeres, etc. Con el tiempo, los artesanos consiguieron verdadero realismo
en las caretas.
Además la máscara poseía unas enormes dimensiones para que fuera mucho más
visible al público y para, junto con los coturnos (zancos), guardar la proporción entre
las diferentes filas de asientos. Por otra parte, las máscaras podían servir de
"megáfono" aumentando la voz del actor. Y por último, permitía al actor interpretar
varios personajes.
• Los coturnos: son una especie de zapatos de madera con alza que servían para dar
altura al actor. Conseguían que los personajes nobles destacasen sobre el coro y dar
proporción al actor con la gran máscara. Así el actor era enorme, con lo que el público
podía verlo con facilidad. Generalmente solo eran usados en la tragedia.
• Ropas: por lo general, los trajes usados eran túnicas, cortas o medias y mantos.
Según los colores de las ropas el personaje tenía más o menos importancia, así, los
colores oscuros eran para los personajes tristes, los alegres para los importantes o los
colores normales para la gente del pueblo. Los actores usaban unas almohadillas para
abultarse, de modo que se siguiese guardando la proporción con el coturno y la
máscara. Además podían usar otros elementos como corona en el caso de los reyes.
Las máscaras
El término griego antiguo para designar una máscara es prosopon (lit., "cara"), y era
un elemento importante en el culto a Dionisio en Atenas, probablemente utilizado en
ritos ceremoniales y celebraciones. La mayor parte de las pruebas proceden de unas
pocas pinturas en vasos del siglo V a. C., como una que muestra una máscara del dios
suspendida de un árbol con una túnica decorada colgando debajo y bailando, y el vaso
Pronomos, que representa a actores preparándose para una obra de teatro de sátiros.
No disponemos de ninguna prueba física, ya que las máscaras estaban hechas de
materiales orgánicos y no se consideraban objetos permanentes, ya que se dedicaban
al altar de Dionisio después de las representaciones. No obstante, se sabe que la
máscara se utilizaba desde la época de Esquilo y se considera una de las convenciones
icónicas del teatro griego clásico
También se hacían máscaras para los miembros del coro, que desempeñan algún papel
en la acción y comentan los acontecimientos en los que se ven envueltos. Aunque hay
doce o quince miembros del coro trágico, todos llevan la misma máscara porque se
considera que representan a un solo personaje.
El coro
Los movimientos del coro en la representación eran muy variados, su entrada a escena
se llamaba párodo, generalmente precedida por el prólogo. Ya que el coro había
entrado en la orquesta iniciaba un canto coral conocido como estásimo el cual poseía
versos líricos, a lo largo de la pieza solía haber tres estásimos. Además de esto el coro
podía dialogar con los actores.
Es cierto que acudían gentes de otras polis griegas que llegaban a Atenas en esos
momentos aprovechando la bonanza marítima de la nueva estación que se acababa de
abrir, después del forzado paréntesis invernal. Sin embargo, tal circunstancia sólo se
daba al parecer en las Grandes Dionisias, ya que a las Leneas sólo asistían los
atenienses, según se desprende de una clara alusión de la parábasis de Los acarnienses
de Aristófanes.
Electra, de Sófocles
Existían localidades fijas en las filas destinadas a los magistrados de la ciudad, a los
sacerdotes de Dioniso y a aquellos ciudadanos que habían contribuido de forma
especial al bienestar público, los cuales recibían como reconocimiento de la ciudad
este derecho a ocupar uno de los asientos preferentes (la proedría). Los hijos de los
caídos en la guerra y los embajadores de otros estados recibían el mismo privilegio. el
resto de la cávea estaba distribuido por tribus, de forma que cada una de ellas tenía
asignado un sector determinado, pero no parece que esto fuera suficiente para evitar
altercados y premuras de última hora. Es muy significativa la importancia que se daba
a la concesión de un asiento preferente, aparte del prestigio social que ello confería al
destinatario.
Otro motivo que explica esta asistencia masiva a las representaciones teatrales es la
ausencia de discriminaciones de cualquier clase para el acceso a las mismas, a
diferencia de lo que sucedía con otro tipo de acontecimientos como los jurados o las
asambleas populares.
Respecto a las mujeres, colectivo casi siempre marginado de las actividades
principales en la sociedad griega, alguna cuestionan su presencia en el interior del
recinto teatral y se ha llegado a suponer que asistían a los espectáculos desde fuera en
los caminos que bordeaban la ladera de la Acrópolis sobre la que se ubicaba el teatro
ateniense.
En algunos pasajes cómicos en los que se alude al auditorio, como La paz de
Aristófanes, o El díscolo de Menandro, no se las menciona en ningún momento. Sin
embargo, una serie de testimonios del siglo IV a. C., perfectamente retrotraíbles al
período anterior, y ciertas anécdotas procedentes de autores tardíos, parecen indicar lo
contrario. Así, en un pasaje de Leyes de Platón, se hace alusión a la preferencia de las
mujeres educadas por el género trágico. Y en un escolio de Aristófanes se menciona
un posible decreto de un tal Espirómaco, que proponía la separación de sexos en el
teatro e incluso una separación entre mujeres libres y cortesanas.
Por otro lado, una biografía tardía de Esquilo menciona cómo la representación de Las
euménides provocó tales reacciones de horror entre el auditorio femenino que muchas
llegaron incluso a abortar, y en Ateneo se recoge la noticia de la gran admiración que
produjo entre hombres y mujeres por igual la entrada al recinto de Alcibíades, en
calidad de corego y ataviado con ropas de púrpura.
Los jóvenes también asistían al teatro, según se deduce del comentario de Aristóteles
en Política sobre la conveniencia de prohibirlo. Además, en La paz, 50-53, lo
confirma Aristófanes.
Sobre la asistencia de los esclavos es posible que sólo fuera sirviendo de compañía
para sus amos más jóvenes. Resulta ilustrativo que Teofrasto incluya en sus
Caracteres la figura del desvergonzado, cuya especial hazaña consistía en el teatro a
uno de sus esclavos en compañía de sus hijos ocupando asientos que estaban
reservados para posibles invitados.
Las obras puestas en escena revelan una complejidad de pensamiento y unas sutilezas
literarias que no parecen estar al alcance de cualquiera. Los argumentos de los dramas
están basados en los pormenores de la leyenda heroica y, a pesar de la difusión que
ésta alcanzó gracias a la actividad de los rapsodas y recitadores profesionales, resulta
difícil imaginar que todos contasen con un bagaje considerable al respecto, dadas sus
múltiples variantes y lo difuso de algunas ramificaciones genealógicas. Los estudiosos
albergan serias dudas al respecto. ¿No habría sido el teatro un espectáculo de élite
forzosamente compartido con toda la masa social ateniense por las imposiciones
políticas y religiosas?. Aristófanes alude en repetidas ocasiones a la ingratitud de los
espectadores prestos siempre a silbar a los poetas ancianos y a la volubilidad y mal
gusto del público. En Las aves se burla de la incapacidad de los asistentes, al no tener
alas para escapar del teatro y poder volver en el momento adecuado cuando la
comedia terminaba.
La vigencia del teatro griego
se refleja en la reproducción de sus obras, como Lisístrata
No hay que sobrevalorar el nivel del público ateniense a partir de las parodias que
Aristófanes hacía de algunas tragedias o de sus autores. Muchas de estas alusiones se
referían a obras que habían sido puestas en escena hacía poco, o se dirigían más que a
pasajes concretos que puedan hacer suponer un cierto conocimiento literario por parte
de los espectadores, al estilo general de un poeta, a su tono, que era algo mucho más
fácil de retener, especialmente si había repetido sus intervenciones en años sucesivos.
A pesar de todo, parece que al menos una parte del público ateniense estuvo a la
altura de las circunstancias y adoptó ante las representaciones un alto grado de
seriedad e inteligencia. Supo reconocer las grandes figuras, cuyas obras ganadoras de
los premios en los certámenes y luego representadas con cierta regularidad, son
precisamente las que han sobrevivido.
Hay anécdotas sobre las respuestas emocionales excesivas por parte del público ante
algunas representaciones como la mencionada de Las Euménides, o la que se refiere a
la prohibición de futuras representaciones de La captura de Mileto, obra de Frínico, a
causa de los sentimientos dolorosos que provocó a los espectadores.
Los principales representantes del estado se sentaban en las primeras filas y debían
realizar unas ofrendas al inicio de la celebración. Buena parte de la financiación corría
a cargo de un ciudadano rico, que cumplía con un impuesto denominado liturgia, cuya
función era subvenir a las necesidades básicas de la comunidad.
Los jurados que otorgaban los premios eran seleccionados entre los ciudadanos por un
curioso y complicado sistema, y en ocasiones era el público, con su presión sobre los
jueces, quien decidía el resultado (Platón alude con desprecio a la "«teatrocracia»" así
creada). A pesar de las diferencias de actitud y de respuesta ante las obras
representadas, pocos podrían haber escapado a la atmósfera general que rodeaba el
acontecimiento: una semana de fiesta pública en la que todos los asuntos se
posponían, en la que se glorificaba el orgullo ateniense y en la que la ciudad era
dominada por una experiencia singular que todos sus habitantes podían compartir
personalmente: el edificio como espacio escénico.
Galería
Teatro de Epidauro
Teatro de Segesta
Teatro de Dodona
Anfiteatro de Mileto
Teatro de Aso
Teatro de Filipos
Teatro de Dodona
Teatro de Maronea
Teatro de Taormina
Teatro de Siracusa
Teatro de Termessos
Teatro de Etolia Acarniana
Teatro de Mileto
Teatro de Apolonia
Teatro de Niza
Teatro de Aricanda
Teatro de Pérgamo
Se considera a Tespis como el padre del teatro. Tespis viajaba en un carro donde
montaba su teatro y representaba obras con temas diferentes al culto de Dionisio. Su
innovación principal consiste en añadir un personaje que dialogaba y este fue el
protagonista.
Teatro romano
Teatro romano de Mérida, ubicado en la
antigua colonia romana de Augusta Emerita.
Para la literatura dramática en Roma, véase teatro latino.
El teatro romano es una construcción típica del Imperio Romano, generalizada por
todas las provincias del imperio, y que tenía la finalidad de servir para la
representación de actos teatrales del periodo clásico, es decir, en ellos se interpretaban
obras dramáticas griegas y latinas.
Estructura
Teatro romano de Bosra, Siria. Vista del
auditorium: 1) Scaenae frons, 2) Porticus
post scaenam, 3) Pulpitum,
4) Proscaenium, 5) Orchestra, 6) Cavea, 7)
Aditus maximus, 8) Vomitorium,
9) Praecinctio, 10) Tribunal, 11) Basilica.
Las características principales del teatro romano derivaron en un principio de las del
teatro griego, ya que muchas de las características generales de la arquitectura romana
proceden directamente de la arquitectura del período helenístico.
Con el paso del tiempo, los teatros romanos desarrollaron características específicas.
La mayor parte de los teatros romanos conservados siguen el modelo arquitectónico
propuesto por Vitruvio, constando de:
- Porticus post scaenam (Pórtico detrás de la escena): Patio porticado con columnas
detrás de la escena.
Algunos teatros podían apoyar la cávea sobre galerías abovedadas, mientras que en
otros, los arquitectos aprovechaban la ladera de alguna colina para excavar sobre ella
la cávea del teatro.
El teatro podía cubrirse con toldos para proteger a los espectadores de la lluvia o de la
luz del sol.
Vestimenta
En los teatros romanos, la vestimenta de los actores y el público
reflejaba el status social y la representación de personajes. Los
actores solían usar túnicas (túnicas) y togas, mientras que el
público, incluyendo los ciudadanos de alto rango, también usaba
togas para ocasiones formales como ir al teatro.
Vestimenta de los Actores:
Túnicas (Túnicas):
· Los actores usaban túnicas, prendas de vestir que cubrían el
cuerpo, a menudo de lana o lino.
Togas:
· Algunas veces, los actores también vestían togas, un manto
semicircular de lana que se usaba sobre los hombros,
especialmente en representaciones de personajes de clase alta o en
ocasiones especiales.
Togas:
Significado de la Vestimenta:
Status Social:
Representación de Personajes:
· En el teatro, los actores usaban la vestimenta para representar
diferentes roles y personajes, como reyes, guerreros, o personajes
comunes.
Simbolismo:
· La vestimenta también podía tener un significado simbólico,
como el uso de colores específicos para representar estados de
ánimo o la naturaleza de un personaje.
Tras casi mil años de grandes obras teatrales en Roma, el éxito del teatro romano
antiguo decayó. Este declive comenzó con la caída del Imperio romano en el siglo IV
d. C. Cuando el imperio se dividió en oeste y este, la parte oriental pasó a llamarse
Constantinopla (Wilson y Goldfarb, 73). Constantinopla pronto se convirtió en el
centro de la acción y en una ciudad más popular que Roma. La caída del teatro
romano coincidió con la del Imperio romano de Occidente tras la desintegración de su
administración. El emperador fue derrocado por un gobernante bárbaro y el imperio
finalmente se desintegró (Wilson y Goldfarb, 74).
Otro factor que contribuyó al declive del teatro romano fue el cristianismo. La
iglesia de Cristo se oponía al teatro, creyendo que apoyaba las religiones paganas. Los
líderes cristianos creían que el teatro era inmoral, ya que las obras a menudo se
burlaban de la religión cristiana (Wilson y Goldfarb, 74). El teatro también contenía
contenido sexual y personajes malvados que la iglesia no aceptaba. La iglesia
cristiana denunció el teatro y promulgó leyes como la excomunión de quienes
asistieran al teatro en días festivos y la prohibición de que los actores participaran en
ritos sagrados. El teatro organizado fue prácticamente destruido debido a la falta de
apoyo cristiano. La caída del teatro romano también puede atribuirse a la destrucción
de la civilización romana. Invasores del norte, como los bárbaros, saquearon muchas
ciudades romanas y no dejaron gran cosa (Wilson y Goldfarb, 74). La cultura se
desintegró porque ya no existían grandes centros culturales donde la gente pudiera
reunirse. Los ciudadanos se dispersaron a diferentes zonas. Grandes obras de teatro se
perdieron durante este período, incluyendo obras de Aristóteles y Horacio. Este
período se conoce actualmente como la Edad Oscura debido a la inexistencia de
instituciones educativas, políticas y culturales en ese momento (Wilson y Goldfarb,
74). El teatro en Roma finalmente sería restaurado, pero no por muchos años.
Clases altas:
La vestimenta de las clases altas se caracterizaba por túnicas
largas y abrigadas, a menudo de seda o lana, con adornos y
detalles elaborados. Se usaban capas y mantos para
protegerse del frío, y los tocados y collares eran comunes
entre las mujeres.
Clases populares:
La vestimenta de las clases populares era más sencilla,
consistente en túnicas de lana o lino, a menudo con mangas
largas. Los hombres solían usar pantalones o bragas, y las
mujeres llevaban vestidos largos y faldas.
Influencias orientales:
La influencia bizantina y oriental, especialmente en el
Imperio Romano de Oriente, introdujo nuevas telas, estilos y
adornos en la vestimenta europea, como la seda y los
bordados.
Cambios regionales:
La vestimenta también variaba según la región, con estilos y
colores que reflejaban las tradiciones locales y las
condiciones climáticas.
El vestuario romano:
La túnica:
· La prenda básica para hombres y mujeres, de diferentes
longitudes y materiales.
La toga:
· Prenda ceremonial de los ciudadanos romanos, de tela drapeada
y símbolo de estatus.
La stola:
· Vestimenta femenina, que se usaba sobre la túnica y a menudo
era adornada.
La paenula:
· Manto con capucha, usado por los hombres para protegerse del
frío.
El calzado:
· Dependía del rango social y la actividad, desde sandalias hasta
botas de cuero y calzado militar.