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Filosofía Medieval

La filosofía medieval abarca desde la caída del Imperio Romano hasta el Renacimiento, fusionando el pensamiento grecolatino con las religiones monoteístas. Figuras como San Agustín y Santo Tomás de Aquino destacaron en este periodo, promoviendo la armonización de la fe y la razón, mientras que el auge del islam y el judaísmo también aportaron pensadores influyentes. Este periodo, lejos de ser oscuro, sentó las bases del pensamiento moderno y desarrolló importantes debates filosóficos.

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Filosofía Medieval

La filosofía medieval abarca desde la caída del Imperio Romano hasta el Renacimiento, fusionando el pensamiento grecolatino con las religiones monoteístas. Figuras como San Agustín y Santo Tomás de Aquino destacaron en este periodo, promoviendo la armonización de la fe y la razón, mientras que el auge del islam y el judaísmo también aportaron pensadores influyentes. Este periodo, lejos de ser oscuro, sentó las bases del pensamiento moderno y desarrolló importantes debates filosóficos.

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2.

Filosofía Medieval
La filosofía medieval se extiende aproximadamente desde la caída del Imperio
Romano de Occidente en el siglo V hasta el Renacimiento en el siglo XV. Se
caracteriza por la fusión del pensamiento grecolatino con las doctrinas de las
religiones monoteístas: el cristianismo, el islam y el judaísmo. El objetivo central fue
armonizar la fe religiosa con la razón filosófica.

Durante los primeros siglos de la Edad Media, la actividad filosófica fue escasa y
estuvo centrada en los monasterios. San Agustín de Hipona (354–430) fue una de las
figuras más influyentes. Integró el pensamiento platónico con el cristianismo,
desarrollando ideas sobre la gracia divina, el tiempo, y la existencia de Dios.
Consideraba que el conocimiento comienza con la fe y que la razón ayuda a
profundizarla.

Con el auge del islam en el siglo VIII, florecieron grandes pensadores en el mundo
árabe, como Al-Farabi, Avicena (Ibn Sina) y Averroes (Ibn Rushd), quienes
recuperaron y comentaron la obra de Aristóteles, influyendo decisivamente en
Europa. En el judaísmo medieval destacaron Filón de Alejandría y Maimónides, que
también intentaron reconciliar la razón filosófica con la fe revelada.

A partir del siglo XI, con la fundación de las primeras universidades europeas, se
desarrolló la escolástica, un método de enseñanza que sistematizaba el saber
mediante la lógica y la dialéctica. Santo Tomás de Aquino fue su máximo exponente.
Inspirado en Aristóteles, sostuvo que la razón natural y la fe pueden coexistir:
ciertas verdades son accesibles a la razón, mientras que otras solo pueden
conocerse por la revelación divina.

Tomás formuló las "cinco vías" para demostrar racionalmente la existencia de Dios y
desarrolló una teoría ética basada en la ley natural. La escolástica también fue
cultivada por pensadores como Anselmo de Canterbury, Pedro Abelardo, y
Guillermo de Ockham, quien planteó el principio de economía (la Navaja de
Ockham), favoreciendo explicaciones simples.
La filosofía medieval también abordó problemas como la relación entre alma y
cuerpo, el libre albedrío, el problema de los universales (realismo vs. nominalismo),
y la existencia del mal. A pesar de su enfoque teológico, sentó las bases del
pensamiento moderno al recuperar, traducir y comentar a los clásicos griegos.

Lejos de ser una época de oscuridad, la filosofía medieval fue un periodo de intensa
elaboración intelectual, donde se preservó y transformó el legado antiguo, se cultivó
el razonamiento lógico y se preparó el terreno para el Renacimiento y la
modernidad.

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