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TA Felicidad

El documento explora la filosofía de la felicidad según 'Abdu'l-Bahá, quien enfatiza que la verdadera felicidad proviene del amor de Dios y de la espiritualidad. A través de anécdotas y enseñanzas, se destaca la importancia de ser felices y de transmitir alegría a los demás, así como el impacto positivo que esto tiene en la salud y el bienestar. 'Abdu'l-Bahá invita a las personas a superar la tristeza y a caracterizarse con los atributos divinos para alcanzar una vida espiritual plena.

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El documento explora la filosofía de la felicidad según 'Abdu'l-Bahá, quien enfatiza que la verdadera felicidad proviene del amor de Dios y de la espiritualidad. A través de anécdotas y enseñanzas, se destaca la importancia de ser felices y de transmitir alegría a los demás, así como el impacto positivo que esto tiene en la salud y el bienestar. 'Abdu'l-Bahá invita a las personas a superar la tristeza y a caracterizarse con los atributos divinos para alcanzar una vida espiritual plena.

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La Felicidad

Stanwood Cobb, el reconocido pedagogo, escribió: "Esta filosofía de


alegría fue la clave de todas las enseñanzas de 'Abdu'l-Bahá. '¿Eres feliz?',
fue su frecuente saludo a sus visitantes. '¡Sé feliz!'".
"Aquellos que fueran infelices (¡y cuál de nosotros no lo somos a veces!)
lloraban al oírlo. Y 'Abdu'l-Bahá sonría diciendo: 'Sí, llore. Más allá de las
lágrimas se halla el sol'".
Y a veces Él secaba con Sus propias manos las lágrimas de las húmedas
mejillas de los visitantes, y luego se marchaban de Su presencia
transfigurados.
En California se observó que "a pesar de la fatiga que sentía a veces el
Maestro y Sus dolencias físicas, Él daba la bienvenida con una sonrisa
radiante, y con Su voz agradable y radiante preguntaba: '¿Eres feliz?'"

Una mujer visitó al Maestro en Haifa, Israel, en mayo de 1910. Más tarde
escribió sobre aquella visita, diciendo: "Mientras Él hablaba, sentía mi
corazón enternecido por la influencia de Su bondad y amabilidad, y las
lágrimas venían a mis ojos. Una vez preguntó por mí, si yo estuviera bien y
feliz. Respondí a la pregunta: ‘He tenido muchas penas en mi vida’. Él
contestó: ‘¡Olvídalas! Cuando tu corazón está lleno del amor de Dios, no
cabrá la tristeza, sólo el amor y felicidad’”.
Ella continuó: “No puedo describir la dulce simpatía de Su voz mientras
expresó a aquellas hermosas y consoladoras palabras. Luego pidió al
ayudante que trajera té, una taza para él y otra para mí. Bebimos juntos,
deseándonos mutuamente la salud y felicidad, y luego me dijo que Él espera
tomar té conmigo en el Reino del Cielo (¿No es un pensamiento hermoso?)
Cuando elogié el té, dijo que fue verdadero té persa, y me regaló un paquete
para llevar conmigo”.

Leer las palabras de 'Abdu'l-Bahá sobre este tema y escuchar su significado


espiritual y bañarse en su calor, es sentir una profunda, alegría interna e
inspiración. A continuación hay unos pocos ejemplos:
"¡La alegría nos da alas! En momentos de alegría nuestras fuerzas son
mayores, nuestra inteligencia más sutil y nuestra comprensión menos
nublada. Nos sentimos más capaces de entendernos mejor con el mundo y
encontrar nuestra esfera de utilidad. Pero cuando la tristeza nos invade nos
volvemos débiles, nuestras fuerzas nos abandonan, nuestra comprensión se
oscurece y nuestra inteligencia se nubla. Las realidades de la vida parecen
eludir nuestra comprensión, los ojos de nuestro espíritu no logran
descubrir los misterios sagrados, y nos convertimos casi en seres muertos".
"Nunca estéis deprimidos".
"No es el deseo de 'Abdu'l-Bahá ver a ningún ser herido, ni ser la causa
de pena a nadie; pues, el hombre no puede recibir mayor dádiva que
regocijar el corazón de otro".
"Recuerde el dicho: 'De todos los peregrinajes el mayor es aquel
realizado para aliviar a un corazón cargado de pena'".
"... sé que transmitir el Mensaje puede conseguirse sólo a través de
buenas acciones y atributos espirituales, una expresión pura como el cristal
y la felicidad reflejada en el rostro de aquel que está exponiendo las
Enseñanzas".
"Esfuérzate al máximo para que estos niños sepan que un bahá'í es
aquel que encarna todas las perfecciones y brilla como un cirio encendido;
no debe ser oscurecido y aún llevar el nombre bahá'í".
"En el futuro la moral se degenerará a un grado extremo. Es esencial
que los niños sean criados a la manera bahá'í, para que puedan encontrar
la felicidad, tanto en este mundo como en el venidero. Si no, serán
acosados por las aflicciones y tribulaciones, pues la felicidad humana está
basada en el comportamiento espiritual".
"La felicidad espiritual es la verdadera base de la vida del hombre,
puesto que la vida fue creada para la felicidad, no para la tristeza; para el
placer, no para el dolor. La felicidad es vida, la tristeza es muerte. La
felicidad espiritual es la vida eterna. Es una luz a la que no sigue la
oscuridad... Esta gran bendición y precioso don pueden ser obtenidos por el
hombre únicamente por medio de la guía de Dios... Esta felicidad no es
sino el amor de Dios".
Nada hace a un hombre tan feliz como el amor.
A la señora. Smith, una nueva bahá'í quien provino de una familia
distinguida de Filadelfia y quien sufría de jaqueca, el Maestro dijo: “Debes
ser siempre feliz. Contarte entre la gente de alegría y felicidad y ser
adornada con la moral divina. En gran medida la felicidad mantiene
nuestra salud mientras la depresión del espíritu causa enfermedades. La
sustancia de la felicidad eterna es la espiritualidad y la moralidad divinas, a
las que no seguirán ninguna pena”.

En Nueva York, 'Abdu'l-Bahá dijo: "Deseo que todos os señalen y


pregunten: ‘¿Por qué estas gentes son tan felices?’ Quiero que seáis
felices... Qué riáis, sonriáis y os alegréis para que podáis hacer felices a los
demás".

En Chicago el Maestro reveló “una de sus Tablas más optimistas”, a


petición de un reportero de un periódico:
¡Sed felices! ¡Sed felices! ¡El Sol de la Verdad ha brillado!
¡Sed felices! ¡Sed felices! ¡La Luz del Espíritu ha rodeado al
mundo!
¡Sed felices! ¡Sed felices! ¡Las Puertas del Reino están abiertas!
¡Sed felices! ¡Sed felices! ¡La canción de la Suprema Unión ha sido
entonada!
¡Sed felices! ¡Sed felices! ¡Los alientos del Espíritu han dado vida y
el mundo del hombre toma vida!
Estas palabras nos hacen recordar otro pasaje Suyo:
¡Felices Nuevas! Porque la vida eterna está aquí.
¡Oh vosotros que dormís, despertad!
¡Oh vosotros negligentes, aprended la sabiduría!
¡Oh ciegos, recobrad la vista! ¡Oh sordos, oíd!
¡Oh mudos, hablad! ¡Oh muertos, levantaos!
¡Sed felices! ¡Sed felices! ¡Llenaos de alegría!
En Su gran anhelo por hacer felices a los demás - libres de ansiedad,
frustración y pena - 'Abdu'l-Bahá dejó muchas oraciones para nuestro uso. La
siguiente oración es una de las más queridas:
Oh Dios, refresca y alegra mi espíritu. Purifica mi corazón.
Ilumina mis poderes. Dejo todos mis asuntos en Tus manos. Tú eres
mi Guía y mi Refugio. Ya no estaré más triste ni afligido; seré un ser
feliz y alegre. ¡Oh Dios! Ya no estaré lleno de ansiedad, ni dejaré
que las aflicciones me fatiguen, ni que me absorben las cosas
desagradables de la vida. ¡Oh Dios! Tú eres más amigo mío que yo
lo soy de mí mismo. A Ti me consagro, oh Señor.

La felicidad que el Maestro sentía por medio de Bahá'u'lláh, Él deseaba


para los demás. Uno de los primeros peregrinos occidentales que acudió a
'Akká recordó la última entrevista de su grupo con 'Abdu'l-Bahá: “Con el
poder y majestad de Su presencia, nuestro temor se convirtió en la perfecta
fe, nuestra debilidad en fortaleza, nuestra pena en esperanza, y nuestro yo
olvidado en amor por Él. Mientras estuvimos sentados ante Él, esperando oír
Sus palabras, algunos de los creyentes lloraron amargamente. Les pidió que
enjugasen sus lágrimas, pero en aquel momento eso no fuera posible. Así que
nuevamente les pidió que no llorasen por el bien de Él, y dijo que hasta que
secaran todas las lágrimas, no hablara con nosotros ni nos enseñara...”

Dos peregrinos llegaron a 'Akká el enero de 1908, después de un largo


viaje en pleno invierno. Describieron su primer encuentro con el Maestro,
que ocurrió sólo momentos después de que habían entrado en Su casa:
"Él llegó enseguida, el gozoso timbre de Su voz nos alcanzó incluso antes
de que le viéramos, diciendo: '¡Bienvenido! ¡Bienvenido! ¡Estoy muy
contento de que estáis aquí!', y después dio Su caluroso y fuerte apretón de
mano, la gran bienvenida de Sus maravillosos ojos y Su celestial sonrisa. Nos
invitó a sentarnos con Él e inmediatamente solicitó noticias de los creyentes
americanos... Cuando mencionamos a aquellos que le habían enviado saludos
especiales, Su hermoso rostro irradió felicidad".
Un día, una desconsolada niñita judía, vestida totalmente en negro, fue
llevada a la presencia del Maestro. Con las lágrimas cayendo, le contó la
historia de sus penas: su hermano había sido encarcelado injustamente tres
años antes; tenía que cumplir cuatro años más. Sus padres estaban
constantemente deprimidos; su cuñado, quien era su sustento, acabó de morir.
Dijo que cuanto más confiaba en Dios peor se ponían las cosas. Reclamó: “mi
madre lee los Salmos todo el tiempo; no merece ser abandonado por Dios de
esa forma. Leo los Salmos: el Salmo noventa y uno y el Salmo veintitrés cada
noche antes de acostarme. También rezo”.
Consolándola y aconsejándola, 'Abdu'l-Bahá respondió: "Orar no es leer
los Salmos. Orar es confiar en Dios y ser sumiso a Él bajo todas las
condiciones. Sé sumisa, y las cosas cambiarán para ti. Pon tu familia en la
Mano de Dios. Ama la Voluntad de Dios. Los barcos fuertes no son
conquistados por el bramido mar: remontan por encima de las olas. Sé
ahora un barco fuerte, no uno naufragado”.

Una ‘Señora C.’ era una antigua creyente quien se halló en 'Akká.
Pertenecía a un grupo rico y elegante de la gente de Nueva York. Su vida
había sido convencional y bastante insatisfactoria. Había sido una cristiana
sincera, pero de alguna manera no había obtenido mucho consuelo en su
religión. Se había vuelto algo melancólica. Mientras viajaba por la extranjería
se enteró de 'Abdu'l-Bahá. Con ilusión retenía su mensaje y se dirigió a la
ciudad-prisión. Al llegar, todo le fascinaba, especialmente el Maestro. Notaba
que 'Abdu'l-Bahá siempre le saludaba con un: "¡Sé feliz!" A los otros
miembros del grupo no se dirigía de la misma forma. Esto le preocupaba.
Finalmente pidió a alguien que preguntara al Maestro por qué se dirigía a ella
de esta forma. Con "Su peculiar sonrisa inspiradora" Él contestó: "Te digo
que seas feliz porque no podemos conocer la vida espiritual a menos que
seamos felices".
Entonces la consternación de la 'Señora. C.' fue completa, y su falta de
confianza en sí misma se desvaneció en la plenitud de su desesperación.
"Pero dígame, ¿qué és la vida espiritual?", exclamó. "He oído hablar de la
vida espiritual desde que nací, y nadie pudiera nunca explicarme lo que es".
'Abdu'l-Bahá miró de nuevo a Su interlocutora con esa hermosa sonrisa
Suya y dijo gentilmente:
"'Caracterízate con los atributos de Dios, y conocerás la vida espiritual';
pocas palabras, pero fueron suficientes. La ‘Señora C.’ empezó a preguntarse
a sí misma qué fue lo que 'Abdu'l-Bahá quería decir. ¿Los atributos de Dios?
Deben ser atributos tales como el amor, la belleza, la justicia y la
generosidad".
Durante todo el día, su mente estaba inundada con la adivinanza divina, y
durante todo el día estaba feliz. No pensaba en absoluto en sus obligaciones
y, sin embargo, cuando llegó el momento de su recuento por la noche, no
pudo recordar de no haber dejado de llevarlas a cabo.
Por fin empezó a comprender. Si estaba absorta en los ideales celestiales,
se traducirían necesariamente por sí mismos en hechos, y sus días y noches
estarían llenos de luz. Desde aquel momento nunca olvidaba la admonición
divina que se le había concedido: "¡Caracterízate con los Atributos de
Dios!"
Y aprendió a conocer la vida espiritual.

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