Rousseau – Discurso sobre el origen de la desigualdad
Todos los filósofos que han examinado los fundamentos de la sociedad han comprendido la
necesidad de retrotraer la investigación al estado de naturaleza, pero ninguno de ellos ha llegado
hasta ahí.(...) Todos, en fin, hablando sin cesar de necesidad, de codicia, de opresión, de deseo y de
orgullo, han transferido al estado de naturaleza ideas tomadas de la sociedad: hablaban del hombre
salvaje, y describían al hombre civil. (...)
Despojando a este ser así constituido de todos los dones sobrenaturales que haya podido recibir y de
todas las facultades artificiales que no ha podido adquirir sino mediando largos progresos;
considerándole, en una palabra, tal como ha debido salir de manos de la naturaleza, veo un animal
menos fuerte que unos, menos ágil que otros, pero, en conjunto, el más ventajosamente organizado
de todos; le veo saciándose bajo una encina, aplacando su sed en el primer arroyo y hallando su
lecho al pie del mismo árbol que lo ha proporcionado el alimento (…).
Todos los animales tienen ideas, puesto que tienen sentidos, y aun combinan sus ideas hasta cierto
punto (...) No es, pues, tanto el entendimiento como su cualidad de agente libre lo que constituyó la
distinción específica del hombre entre los animales. La naturaleza manda a todos los animales, y la
bestia obedece. El hombre experimenta la misma sensación, pero se reconoce libre de someterse o
de resistir, y es sobre todo en la conciencia de esta libertad donde se manifiesta la espiritualidad de
su alma (...).
Sobre esa diferencia entre el hombre y el animal, hay una cualidad muy específica que los distingue
y sobre la cual no puede haber discusión: es la facultad de perfeccionarse, facultad que, ayudada por
las circunstancias, desarrolla sucesivamente todas las demás, facultad que posee tanto nuestra
especie como el individuo; mientras que el animal es al cabo de algunos meses lo que será toda su
vida, y su especie es al cabo de mil años lo mismo que era el primero de esos mil años. (...) Esta
facultad distintiva y casi ilimitada es la fuente de todas las desdichas del hombre; que ella es quien
le saca a fuerza de tiempo de su condición original, en la cual pasaría tranquilos e inocentes sus
días; que ella, produciendo con los siglos sus luces y sus errores, sus vicios y virtudes, le hace al
cabo tirano de sí mismo y de la naturaleza.
El primer hombre a quien, cercando un terreno, se lo ocurrió decir esto es mío y halló gentes
bastante simples para creerle fue el verdadero fundador de la sociedad civil. ¡Cuántos crímenes,
guerras, asesinatos; cuántas miserias y horrores habría evitado al género humano aquel que hubiese
gritado a sus semejantes, arrancando las estacas de la cerca o cubriendo el foso: «¡Guardaos de
escuchar a este impostor; estáis perdidos si olvidáis que los frutos son de todos y la tierra de
nadie!»(…)
(...) Desde que se advirtió que era útil a uno solo poseer provisiones por dos, la igualdad
desapareció, se introdujo la propiedad, el trabajo fue necesario y los bosques inmensos se trocaron
en rientes campiñas que fue necesario regar con el sudor de los hombres y en las cuales viose bien
pronto germinar y crecer con las cosechas la esclavitud y la miseria. (...)
Es imposible concebir idea de la propiedad naciente anterior a la mano de obra, pues no se
comprende que para apropiarse de las cosas pueda poner el hombre más que su trabajo (...). La
partición de las tierras ha producido una nueva clase de derecho. El derecho de propiedad.
El rico, apremiado por la necesidad, concibió al fin el proyecto más premeditado que haya nacido
jamás en el espíritu humano (...) En una palabra: “en lugar de volver nuestras fuerzas contra
nosotros mismos, concentrémoslas en un poder supremo que nos gobierna con sabias leyes, que
proteja y defienda a todos los miembros de la asociación, rechace a los enemigos comunes y nos
mantenga en eterna concordia.” Todos corrieron al encuentro de sus cadenas creyendo asegurar su
libertad (...)Tal fue o debió de ser el origen de la sociedad y de las leyes, que dieron nuevas trabas al
débil y nuevas fuerzas al rico, aniquilaron para siempre la libertad natural, fijaron para todo tiempo
la ley de la propiedad y de la desigualdad, hicieron de una astuta usurpación un derecho irrevocable,
y, para provecho de unos cuantos ambiciosos, sujetaron a todo el género humano al trabajo, a la
servidumbre y a la miseria. (...) No teniendo los pobres otra cosa que perder sino su libertad,
hubieran cometido una gran locura privándose voluntariamente del único bien que les quedaba para
no ganar nada en el cambio; que, al contrario, sensibles los ricos, por así decir, en todas las partes de
sus bienes, era mucho más fácil hacerles daño, por lo cual tenían que tomar muchas más
precauciones para protegerse; y que, por último, es razonable creer que una cosa ha sido inventada
más bien por aquellos a quienes beneficia que por los que con ella salen perjudicados.