APRESENTAÇÃO
PRESENTACIÓN
Brigida M. Pastor
La mujer escritora ha estado en gran parte ausente del canon literario con la excep-
ción de algunos ejemplos aislados
(DÍAZ-DIOCARETZ, en Bassnett, 1990: 104-105).
Política estratégica femenina: Discurso Femenino y Cultura patriarcal
Es en el pasado reciente que las escritoras han ganado reconocimiento, llenando un
vacío creado por su exclusión, permitiendo la exploración del significado transgresor y
revolucionario de sus escritos.
La importancia de la escritura como vehículo subversivo se enfatiza cuando con-
sideramos que muchas escritoras fueron víctimas de su “pecado” de escribir. La escri-
tora tuvo que desafiar la imagen de “monstruo” que ella misma representaba ante el
orden patriarcal, ya que “una mujer adoptara la pluma era monstruoso y presuntuoso”
(GILBERT y GUBAR, 1979: 32). La mayoría de las mujeres en la cultura patriarcal de-
ben haber experimentado su género “como un obstáculo doloroso, o incluso como una
insuficiencia debilitante” (GILBERT y GUBAR, 1979: 33).
A pesar de haber sido escritoras de éxito durante su vida, sufrieron mucha dis-
criminación en su mundo dominado por los hombres. Incluso las primeras escritoras
“desafiaron las normas patriarcales y vieron el autoconocimiento como el trampolín
hacia la expresión y consolidación de una voz femenina” (MEDEIROS-LICHEM, 1999:
23). En general, fueron defensoras de sus propios derechos, como mujeres, indepen-
dientemente de su clase o raza, corroborando así la visión de Myriam I. Jehenson sobre
la posición de Victoria Ocampo de que “los privilegios de la fortuna no cambian en
absoluto las injusticias a las que [están] sometidas las mujeres” (JEHENSON, 1996: 33).
Antes del surgimiento y efecto del movimiento social de finales del siglo XIX, “una
red transnacional, a menudo multilingüe, de cultura impresa floreció entre las muje-
res de élite y educadas de América y Europa” (BERGMAN, 1990: 174). Esto represen-
taba una amenaza para las ideologías patriarcales, ya que significaba que las mujeres
producían en la arena pública, haciendo visibles las condiciones inaceptables de las
mujeres. El impacto de la cultura impresa durante este período brindó posibilidades
infinitamente mayores para ganar una audiencia entre las crecientes clases de élite de
mujeres. Sin embargo, el nivel de educación disponible para las mujeres resultó ser un
factor limitante, ya que los lectores potenciales que podían acceder a la literatura es-
taban confinados a las clases media y alta; esto se combinó con las formas restringidas
de literatura que se les permitía leer y los medios a los que podían acceder. A mediados
del siglo XIX la lectura comenzaba a ganar terreno, como lo indicaba un volumen cada
vez mayor de literatura impresa para mujeres. El crecimiento del número de lectoras
Raído, Dourados, MS | ISSN 1984-4018 | v. 14 | n. 35 | p. 9 - 16 | mai/ago 2020 9
llevó a un despertar de la conciencia de las mujeres a la inaceptable situación de su
sexo en la cultura y alentó la creación de una voz femenina solidaria pero individual,
también llamada -como ya se señaló anteriormente- un ‘patrimonio matriominal de los
discursos fundadores’ (DÍAZ -DIOCARETZ, 1990: 92).
Se produjeron varios tipos de literatura para este lector femenino emergente: mo-
ral y religioso; educativo pero también recreativo; y “escapista”, esta última revelando
los estereotipos femeninos de la época y los roles pasivos que las mujeres tenían en la
sociedad. Estos géneros se utilizaron como vehículos a través de los cuales expresar
de forma encubierta sus ideas feministas y poco convencionales. Susan Kirkpatrick
observa: “Fue esta lectura la que no solo los inspiró, sino que también les proporcionó
un lenguaje de subjetividad poética” (KIRKPATRICK, 1989: 70). Además, la poesía, el
género femenino tradicionalmente aceptable, era un camino, no solo abierto a las mu-
jeres, sino también una vía para la autoexpresión. La poesía se convirtió en un punto
focal en la escritura de las mujeres para combatir el papel opresivo que se les impone
en la sociedad patriarcal. Como señala Alejandra Pizarnik: “La poesía es el lugar donde
todo sucede. A semejanza del amor, del humor, el suicidio y de todo acto profundamente
subversivo la poesía se desentiende de lo que no es su libertad o su verdad’ (1993: 367).
Sin duda, la mayoría de las escritoras intentaron crear un lenguaje “político” que
pudiera expresar la realidad de la represión que sufrieron en su cultura. Sus voces
adquirieron una cualidad intencionada en la confrontación estratégica con el poder
dominante y el discurso simbólico, utilizando estrategias discursivas para “inscribir el
lenguaje de lo prohibido, de lo reprimido, o en otras palabras, de la experiencia de las
mujeres” (LANSER, 1992: 6).
En su intento de articular su auténtica voz (femenina), la mujer escritora que-
daba atrapada entre una sociedad patriarcal censuradora y su necesidad, como mujer,
de convertirse en sujeto hablante por derecho propio. Gilbert y Gubar explican cómo
la autora se vio obligada a recurrir a un complejo uso de metáforas, no solo para refle-
xionar, sino también para desafiar la estructura misógina de la cultura occidental. Así,
como observa Pastor: “la escritora tiene que ser femenina mientras niega su feminidad;
crea un mundo de mujeres dentro de sus novelas, pero, al mismo tiempo, rechaza ese
mundo por el mismo hecho de ‘convertirse’ en escritora, al tomar la pluma, un objeto al
que Gilbert y Gubar se refieren como el ‘pene metafórico’ —Una “herramienta” mascu-
lina esencialmente definida que ha sido considerada no sólo inapropiada sino también
ajena a las mujeres “(PASTOR, 2003: 8 y GILBERT y GUBAR: 1979: 8). La ficción de
muchas escritoras puede leerse como un discurso de “doble voz”, que contiene una
historia “dominante” y una “silenciada”. (Showalter, 1986: 264). Un ejemplo elocuente
es A Paixão Segundo GH (1964) de Clarice Lispector que contiene una ‘doble voz’, ‘un
anticlimático discurso inverso de la verdad y la belleza que inscribe una voz femenina
liberada del miedo’ (MEDEIROS- LICHEM, 1999: 84).
De la marginación al empoderamiento político
Según Gilbert and Gubar (1979: 12): ‘Lacking the pen/penis which would enable
[women] similarly to refute one fiction by another, women in patriarchal societies have
historically been reduced to mere properties, to characters and images imprisoned in
male texts because generated solely [...] by male expectations and designs’.
10 Raído, Dourados, MS | ISSN 1984-4018 | v. 14 | n. 35 | p. 9 - 16 | mai/ago 2020
Aunque muchos textos femeninos latinoamericanos utilizan varios tipos diferen-
tes de caracterización para retratar la posición de la mujer en la cultura patriarcal,
también contienen representaciones de esposas frustradas, mujeres caídas versus
mujeres virginales, entre otras, creando diferentes formas de opresión de la mujer.
Sin embargo, como afirma Toril Moi:
To study “images of women” in fiction is equivalent to studying false images of
women in fiction written by both sexes. [...] Writing is seen as a more or less faithful
reproduction of an external reality to which we all have equal and unbiased access,
and which therefore enables us to criticise the author on the grounds that he or she
has created an incorrect model of the reality we somehow all know (MOI, 1985: 44-45).
Como observan Gilbert y Gubar, estas falsas imágenes de mujeres están incorpora-
das en las construcciones del “ángel en la casa” y la “loca en el desván”. Además, estas
estudiosas concluyen que “tales estereotipos se han arraigado en la caracterización
de tanto hombres escritores como mujeres escritoas” (Pastor, 2003: 8). Sin embargo,
la situación ha cambiado consistentemente en las últimas décadas y existe un corpus
considerable e influyente de escritoras que han logrado hacer oír su voz en la esfera
pública, rechazando los estereotipos femeninos heredados y asumiendo así un puesto
en el lenguaje. Francine Masiello ve esto como una ‘transgresión formal’ en los marcos
de referencia, un desafío a los poderes masculinos dominantes: ‘De ahí que la novela
femenina exponga dos tendencias subversivas: la primera indicada en el proceso de
fragmentar un mundo coherente tal y como viene descrito en el discurso del patriar-
cado; la segunda, en su deseo de destruir la unidad del sujeto como proyección de una
lectura específicamente masculina. ‘(1985: 808)
La evolución de la expresión femenina brindó una propuesta discursiva alterna-
tiva, como señala Francine Masiello, un lenguaje de resistencia, que se `encuentra en
asociación con otros grupos de la periferia para enfrentar el poder y generar un lugar
desde donde hablar ‘ (MASIELLO, 1986 : 54). Esta práctica discursiva en la escritura
de mujeres latinoamericanas vinculada a los márgenes puede verse como un medio de
empoderamiento político (Medeiros-Lichem, 1999: 62). Su propia marginalidad como
mujeres les permitió producir discursos anti-marginales, que son textualmente distin-
tos de otras narrativas anti-marginales escritas por autores masculinos. Esta relación
feminista con los grupos periféricos, o la identificación con el Otro, se ve “como una
imagen especular de la condición femenina” (Guerra-Cunningham, 1989: 150). La trage-
dia personal de los marginados destaca la tragedia colectiva del sexo femenino (PICÓN
GARFIELD, 1993: 54). Sara Castro-Klarén sostiene que la mujer latinoamericana en-
frenta la discriminación en dos frentes: la represión cultural de la mujer y la desventaja
racial: ‘porque es mujer y porque es mestiza’ (en GONZÁLEZ y ORTEGA, 1985: 43).
No fue hasta la segunda mitad del siglo pasado que América Latina fue testigo de
un corpus emergente e influyente de escritoras que, sin duda, han dejado un legado con
autoridad a través de su literatura. Muchas voces en el movimiento literario feminista
intentaron lo impensable, construyendo una sociedad más igualitaria, comprometidas
en una ‘lucha por la legislación y la reforma para que pudieran ocupar sus lugares legí-
timos e ‘iguales’ en el tiempo lineal (masculino) del proyecto e historia’ (Kristeva, 1986:
193). La escritura femenina estaba despertando la conciencia social, desestabilizando
los cimientos tradicionales de la literatura dominante y redefiniendo el papel cultural
de la mujer en un estilo exclusivamente latinoamericano. Según Medeiros Lichem:
Raído, Dourados, MS | ISSN 1984-4018 | v. 14 | n. 35 | p. 9 - 16 | mai/ago 2020 11
In a new culture of inclusion, a voice is granted to those who come in from the margins.
We have lived the end of colonialism of ideological and military dictatorships, and—
relatively—of patriarchy. Otherness, once dreaded is now recognized as an asset
(1999: viii).
A pesar del notable surgimiento de la escritura de mujeres, muchas de sus obras
siguen sin leerse o tienen una recepción crítica limitada. A partir de la década de los
ochenta, la escritora latinoamericana parece haber roto vínculos con los paradigmas
de la tradición textual, dando forma a nuevos modos de expresión femenina. Medeiros-
Lichem señala que si bien inicialmente esta generación de escritoras se inspira en
el ethos feminista angloamericano y francés, surgió un debate literario feminista
contemporáneo que dio forma a las principales preocupaciones del discurso crítico
latinoamericano (1999: 54).1
Después de siglos de desarrollar tácticas literarias estratégicas para expresar su
propia subjetividad, pero al mismo tiempo, intentando evitar el castigo social por su
intento transgresor de tomar la pluma, las escritoras ahora cuestionan su papel his-
tóricamente marginado, desviándose radicalmente de la tradición. Normas narrativas
y falocéntricas. Además, han despertado a una visión diferente de la realidad y han
superado la restricción del discurso patriarcal. A diferencia de los textos anteriores,
las autoras se dirigen a lectores que no han “internalizado los valores de la ideología
masculina dominante” (Guerra-Cunningham, 1979: 35). No obstante, el arduo proyecto
de la escritora feminista sigue siendo un proceso en marcha, ya que el feminismo, como
señala Asunción Lavrín, ha tenido una mala acogida en el conjunto de las sociedades
latinoamericanas:
No obstante, el arduo proyecto de la escritora feminista sigue siendo un proceso
en marcha, ya que el feminismo, como señala Asunción Lavrín, ha tenido una pobre
recepción en el conjunto de las sociedades latinoamericanas:
In he past—and perhaps even today—feminism in Latin America has not always been
a popular cause. Deprecated by some intellectuals—male and female—it has received
a tepid or outright cold reception among the majority of the population. […] The
tension resulting from the desire to gain rights while at the same time preserving
femininity and respectability is a constant topic in the works of male and female
writers, feminist and antifeminist, and one that offers fascinating implications for
cultural history (1978: 320).
Aquellos que intentaron cambiar las normas discriminatorias de la sociedad se
convirtieron en víctimas de ella. No obstante, existe un cuerpo sustancial e influyente
de escritoras que lograron hacer oír su voz en el espacio público. Su escritura, o me-
jor dicho su lenguaje, constituye un medio político para inscribir la perspectiva de la
mujer como elemento central en la comprensión de la literatura latinoamericana. En
palabras de Medeiros-Lichem:
1
Entre los más destacados studios que han contribuito al debate latinoamericano se encuentran: Amy
K. Kaminsky. 1993. Reading the Body Politic. Feminist Criticism and Latin American Women Writers.
Minneapolis: University of Minnesota Press; Myriam Yvonne Jehenson, 1995. Latin American Women
Writers. Class, Race, and Gender. Albany: State University of New York Press; Debra A. Castillo. 1992.
Talking Back. Toward a Latin American Feminist Literary Criticism. Ithaca: Cornell University Press.
12 Raído, Dourados, MS | ISSN 1984-4018 | v. 14 | n. 35 | p. 9 - 16 | mai/ago 2020
The feminine voice in Latin America is alive and broadly represented through
a community of writers who have explored the multiple layers of feminine
experiences, who have gradually developed a means of challenging patriarchy in
their social surroundings of the home and later on in the public space (1999: 206).
Autoría de mujeres y género
Los conceptos de “canon” y “género” están estrechamente vinculados, ya sea
en el contexto de una literatura nacional específica o en el esquema más amplio de
Occidente, el foco de un estudio fundamental de Harold Bloom (1994). El canon puede
definirse en términos generales como un conjunto de escritos que goza de estatus y
prestigio en el establecimiento académico y literario, habiendo ganado una amplia
aceptación de críticos y antólogos. Este cuerpo de escritos se puede categorizar con
diversos grados de claridad en tipos o géneros de acuerdo con sus estructuras o carac-
terísticas generales. Pero si bien tal procedimiento puede parecer sencillo, vale la pena
tener en cuenta la observación de Guillén de que ‘la cuestión de los géneros literarios
es un concepto esencialmente controvertido’, en gran parte porque los géneros ‘son las
manifestaciones más obvias del entrecruzamiento y superposición de continuidad y
discontinuidad que marcan el peculiar itinerario de la literatura” (1993: 109, 112). La
escritura de mujeres ha contribuido de manera central a esas discontinuidades que
socavan cualquier noción de estabilidad en la literatura latinoamericana reciente.
Tanto el canon como el género a veces se asocian con la estabilidad. Fowler señala
que el canon oficial “generalmente se dice que es bastante estable, si no “totalmente
coherente” (Fowler, 1982: 137). De manera similar, según Derrida, el género “establece
un límite con normas e interdicciones no muy lejos” (Derrida, 1980: 203). Duff señala
que “para el oído moderno, la palabra género, al menos en la esfera de la literatura,
conlleva asociaciones inconfundibles de autoridad y pedantería” (Duff, 2000: 1). Sin
embargo, en ambos casos, estas nociones de estabilidad y coherencia resultan ser un
espejismo. Si bien Borges desarrolló la opinión, como señala Bloom, de que `la litera-
tura canónica es más que una continuidad, es de hecho un vasto poema y una historia
compuesta por muchas manos a lo largo de los siglos’ (Bloom, 1994: 470), está claro que
tal historia está sujeta a constantes modificaciones y reescrituras, ya que actúa, como
también señala Bloom, como un “indicador de vitalidad” (p. 134). De manera similar,
mientras que la teoría de género tiene sus usos, lo que nos obliga a “formular nuestra
propia noción del principio informativo de los textos, textos que de otro modo podría-
mos dejar en el nivel de vago disfrute o antipatía no examinada” (Gerhart, 1992: 28).2
Al discutir la necesidad de que las mujeres se aprovechen de las voces ‘descanoni-
zantes’, Richard observa que reformular el canon implica modificar los límites de gé-
nero ‘en ambos sentidos de la palabra: de géneros literarios y sexuales’: la tarea urgente
es cambiar los prejuicios masculinos ‘según a lo que la cultura oficial diseña y reserva
territorios compartimentados para cada sexo: interioridad doméstica y familiar para
las mujeres, exterioridad social y política para los hombres ”(Richard, 2004: 25).
2
Culler makes a similar point: ‘a genre, one might say, is a set of expectations, a set of instructions about
the type of coherence one is to look for and the ways in which sequences are to be read’ (1975: 255).
Raído, Dourados, MS | ISSN 1984-4018 | v. 14 | n. 35 | p. 9 - 16 | mai/ago 2020 13
La escritura testimonial se ve como un nuevo género ‘intersticial’ (Maier, 2004: 4),
estrechamente asociado con las mujeres y otras minorías marginadas: Román-Lagunas
la describe como ‘el ejemplo más explícito de una noción ampliada de feminismo’ (2004:
114 ). Significativamente, proporciona un nexo entre lo personal y lo político (p. 117)
y disuelve -como observa González-Stephen- límites y fronteras: ‘a las estructuras de
autoridad textual (rígidas, herméticas, elitescas) opone un sistema comunicacional
flexible, llano , claro, abierto, comprensible para todos ‘[a las estructuras de la autori-
dad textual (rígida, hermética, elitista) se opone un sistema comunicacional flexible,
llano, claro y abierto accesible a todos]. También expone ‘el carácter falso y prejuiciado
del esquematismo que opone oral / popular / analfabeto / espontáneo / no literario
a escrito / burgués / alfabeto / codificado / literario (1991: 89) [la naturaleza falsa y
prejuiciosa del esquema que se opone a lo oral / popular / analfabeto / espontáneo /
no literario a lo escrito / burgués / letrado / codificado / literario]. Según Kaplan, el
testimonio es un género fuera de la ley que facilita la deconstrucción de los géneros
‘maestros’ al, por ejemplo, desafiar las categorías sagradas de autoría singular, estética
literaria y la construcción cultural de élite de obras maestras (Kaplan, 1992: 119, 123).
O, en términos de Guillén, los escritores testimoniales luchan contra el género que
están utilizando “inyectándolo con anticuerpos” (1993: 138): en este caso, expresión
derivada de lo popular y espontáneo más que de lo literario y culto.
González Stephen también hace el siguiente punto, aún más pertinente para los
propósitos presentes: “hay una correspondencia entre grupos socialmente excluidos
del poder y géneros literarios; entre los géneros discursivos y los sujetos sociales”(p.
86). Debe recordarse, sin embargo, que cualquier rigidez implícita se ve contrarres-
tada por la susceptibilidad al cambio de estos géneros: las escritoras han hablado con
fuerza desde los márgenes para reconfigurar el panorama literario mediante sus voces
“descanonizantes”. Parece inevitable, sin embargo, que en última instancia su obra sea
cooptada por la institución literaria, como ya ha sucedido con la narrativa testimonial:
“Hoy por hoy la narrativa testimonial es casi un género reconocido en tanto producto
literario. Sin embargo, hasta hace muy poco tanto la crítica como las instituciones
literarias no lo consideraban como tal, y por ello pasaba a representar una forma no
oficial’ (González Stephen, 1991: 88) Esta eventualidad, por supuesto, no indica ningu-
na forma de estasis: los géneros seguirán evolucionando y surgirán otros nuevos; y es
probable que las mujeres sigan siendo protagonistas de este proceso, aún realizando “el
acto transgresor de crear un espacio en las grietas e intersticios del canon masculino”
(García Pinto, 1997: 857).
14 Raído, Dourados, MS | ISSN 1984-4018 | v. 14 | n. 35 | p. 9 - 16 | mai/ago 2020
REFERÊNCIAS
BLOOM, Harold. The Western Canon: the Books and School of the Ages. New York:
Harcourt Brace, 1994.
DERRIDA, Jacques. ‘The Law of Genre’, Glyph 7, 202-32, 1980.
DÍAZ-DIOCARETZ, Myriam. ‘I will be a Scandal in Your Boat’: Women Poets and the
Tradition’. in Knives and Angels: Women Writers in Latin America, ed. Susan Bassnett.
London: Zed, pp. 86-109, 1990.
DUFF, David. ‘Introduction’, in Modern Genre Theory, ed. David Duff. Harlow: Pearson.
pp. 1-24, 2000.
FOWLER, Alastair. Kinds of Literature: an Introduction to the Theory of Genres and
Modes Oxford: Clarendon, 1982.
GARCÍA PINTO, Magdalena. ‘Woman’s Writing’, in. Encyclopedia of Latin American
Literature, ed. By Verity Smith. London and Chicago: Fitzroy Dearborn, pp. 855-58, 1997.
GERHART, Mary. Genre Choices, Gender Questions. Norman and London: University of
Oklahoma Press, 1992.
GILBERT, Sandra M.; GUBAR, Susan. The Madwoman in the Attic: the Woman Writer
and the Nineteenth-Century Literary Imagination. New Haven and London: Yale
University Press, 1979.
GONZÁLEZ STEPHEN, Beatriz. “Para comerte mejor”: cultura calibanesca y formas lite-
rarias alternativas’, Casa de las Américas, 185, 81-93, 1991.
JEHENSON, Myriam Ivonne. Latin American Women Writers. Class, Race and Gender.
Albany: State University of New York, 1995.
KAMINSKY, Amy K. Reading the Body Politic: Feminist Criticism and Latin American
Women Writers. Minneapolis: University of Minnesota Press, 1993.
KAPLAN, Caren. ‘Resisting Autobiography: Out-Law Genres and Transnational Feminist
Subjects’, in De/Colonizing the Subject, ed. Smith and Watson,. pp. 115-38, 1992.
KIRKPATRICK, Susan. Las Románticas. Women Writers and Subjectivity in Spain,
1835-1850. Berkeley: University of California Press, 1989.
KRISTEVA, Julia. ‘Women’s Time’, in The Kristeva Reader, ed. Toril Moi. Oxford: Basil
Blackwell, 1986.
LAVRÍN, Asunción (ed.). Latin American Women. Connecticut: Greenwood Press, 1978.
MASIELLO, Francine. ‘Texto, ley, transgresión: Especulación sobre la novela (feminista)
de vanguardia’. Revista Iberoamericana v. LI, n. 132-133, pp. 807-822, 1985.
MASIELLO, Francine. ‘Discurso de mujeres, lenguaje de poder: reflexiones sobre la críti-
ca feminista de la década de los 80’. Híspamérica ano 15, n. 45, pp. 53-60, 1986.
MEDEIROS-LICHEM, María Teresa. Reading the Feminine Voice in Latin American
Women’s Fiction: from Teresa de la Parra to Elena Poniatowska and Luisa Valenzuela.
New York: Peter Lang, 2002.
Raído, Dourados, MS | ISSN 1984-4018 | v. 14 | n. 35 | p. 9 - 16 | mai/ago 2020 15
MOI, Toril. Sexual/Textual Politics: Feminist Literary Theory. London: Routledge, 1985.
PASTOR, Brígida M. Fashioning Cuban Feminism and Beyond: The Prose works of
Gertrudis Gomez de Avellaneda. New York: Peter Lang, 2003.
RICHARD, Nelly. Masculine/Feminine: Practices of Difference(s), trans. Silvia R.
Tandciarz and Alice A. Nelson. Durham and London: Duke University Press, 2004.
Dourados, 11 de novembro de 2017.
Alex Martoni
Paulo Custódio de Oliveira
16 Raído, Dourados, MS | ISSN 1984-4018 | v. 14 | n. 35 | p. 9 - 16 | mai/ago 2020