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Niñero 12x

En el capítulo 12 de 'Mi niñero favorito', el moreno cuida de un niño mientras recuerda su doloroso pasado familiar. Durante un viaje en auto, el niño rubio comparte su propia experiencia de abandono, lo que provoca que el moreno reviva sus traumas infantiles. La historia culmina en un momento de vulnerabilidad, donde el moreno lucha con sus recuerdos y el niño intenta consolarlo con cariño.

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Niñero 12x

En el capítulo 12 de 'Mi niñero favorito', el moreno cuida de un niño mientras recuerda su doloroso pasado familiar. Durante un viaje en auto, el niño rubio comparte su propia experiencia de abandono, lo que provoca que el moreno reviva sus traumas infantiles. La historia culmina en un momento de vulnerabilidad, donde el moreno lucha con sus recuerdos y el niño intenta consolarlo con cariño.

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“Mi niñero favorito”

Capítulo 12:

Malos recuerdos

&

Eran aproximadamente las 6:30 y el moreno se encontraba limpiando la habitación en


que dormía, con un niño dormido en la cama y casi roncando, se acercó a la cómoda
para barrer ahí pero en un mal movimiento se pegó contra esta en el codo, por lo que
soltó la escoba gritando una maldición.

Un momento después se agachó para recoger su herramienta y gracias a eso logró


ver unos papeles que por su golpe habían caído.

Sonrió, ya tenía un plan y el primer paso era hablarle a su amigo.

&

-¡Buenos días! –Gritó Tom saltando a abrazarse al moreno, provocándole un susto y


casi una caída.

-Buenas, niño –acarició su cabeza y se lo apartó antes de que se le quemaran los


panqueques que estaba haciendo. El niño se sentó y esperó que le sirvieran su
delicioso almuerzo.

Tras diez minutos el pelinegro se lució, preparó hot cakes, coctel de frutas con yogurt,
jugo de naranja, café y un helado de vainilla decorado con lunetas y chocolate. Al niño
le brillaron los ojos y la saliva escurrió por sus labios. El moreno rió y limpió la saliva
con la misma playera del rubio.

-Cierra la boca, te entrarán moscas


-¿Ya podemos comer?

-Uju –asintió y el rastudo no esperó más para abalanzarse sobre los panqués,
llenándolos de mantequilla y miel.

En algunos 90 minutos ya habían terminado con todo y se dispusieron a descansar en


la sala. El pequeño se recargó contra su niñero y cerró los ojos, el moreno pasó su
brazo detrás del rubio y comenzó a acariciar el brazo y cabeza del menor, ente sonrió
y comenzó a adormecerse. De no ser por la repentina falta de caricias en su cabeza y
un sonido de llaves. Se separó y miró al mayor que le sonrió cuando pasó frente él
unos trozos de papel.

&

Llegaron puntuales a la casa del castaño y este pronto cedió las llaves de su preciado
auto, entonces el rubio comenzó a saltar tan contento rumbo a este, los mayores
sonrieron.

El moreno se despidió de su amigo y fue a tomar su lugar del conductor, a su derecha


un niño rubio muy sonriente.

-Atrás y con cinturón de seguridad –dijo, el otro bufó molesto y se cambió a donde dijo.
“Primero la seguridad, al menos sí conmigo al volante” pensó el moreno. Por fin
acomodados el pelinegro puso el auto en marcha y comenzó a conducir con la mayor
precaución de la que era capaz.

“¿Y tus padres?” preguntó de pronto el rubio que antes se entretenía mirando por la
ventana escuchando a Nena de fondo. El pelinegro le miró con el ceño fruncido a
través del espejo retrovisor.

-Nunca les he visto ¿por qué no están contigo?

-Se divorciaron, mi mamá se volvió a casar pero ese tipo… -apretó el volante en sus
manos, recordarlo le hacía sentir fatal, con grandes ganas de vomitar y las lágrimas
asaltando sus ojos. Respiró lentamente y prosiguió a concentrarse en el camino que
debía recorrer. Solo dos horas y media más.
Por su parte el rubio se quedó pensativo ¿qué tan malo podía ser ese tipo para que
hiciera a Bill reaccionar de esa forma? ¿Acaso se comía su helado de chocolate? ¿O
le rompió su colección de juguetes preferida?

Por desgracia en el vehículo se instaló un silencio incómodo, dando tiempo a los dos
pensar, Tom en las posibles, tontas e inocentes razones que podía imaginar por las
que Bill aborreciera a su padrastro; el segundo recordando su pasado, ese horrible
pasado del que nunca sería capaz de hablar con nadie. Ese pasado que le hacía doler
hasta lo más hondo de su ser y correr al sanitario antes de comenzar con grandes
arcadas.

&

-Mi papá nos abandonó a mamá y a mí cuando yo apenas tenía un año –habló el
rastudito con la mirada hacia el suelo del auto, llamando la atención del mayor que de
inmediato volteó a verle (y de no estar conduciendo se hubiera quedado así), aunque
el pequeño no tuvo la mera intención de hablarle, solo surgió-. Ni siquiera le recuerdo.
No sé qué te hizo tu padrastro para que no lo quisieras, pero no me imagino nada peor
que a tu padre dejándote solo casi toda tu vida. –se sinceró de pronto fijándose en sus
maravillosos zapatos desgastados y a punto de romper, con las lágrimas amenazando
en sus ojos.

& Flashback &

-6-

-¡Billy! Baja ya cariño –gritó una mujer castaña al pie de las escaleras, escuchando los
pasos de su remolino acercándose rápidamente. Pronto un pequeño niño de seis años
se dejo ver, vestido de un pantalón verde con una playera roja de estampado amarillo
y unos calcetines blancos, el reflejo de su madre pero en versión morena y varonil. Se
colgó a ella en un abrazo y la mujer rió, lo bajó tras dejarle un tierno beso en la mejilla
y continuó a las presentaciones sintiendo un poco de nervios.

-Mira cariño, él es Jörg –el adulto extendió su mano y el pequeño la tomó con cierto
miedo, no le gustaba cómo ese tipo le miraba. Se soltó y corrió a esconderse tras las
piernas de su madre-. El es mi novio –susurró con cierto temor a cualquier reacción
del menor, este solo la miró con los ojos llorosos y salió corriendo al patio, tras su
árbol preferido.

-¡BILL! –le intentó alcanzar la mujer, pero su “novio” la detuvo tomándola del brazo
-Deja voy yo, Natalie, quizá solo tengamos que hablar hombre a hombre –le dejó y se
fue a reunir con el niño. Al llegar al árbol se colocó frente a él y lo tomó de la cintura
precipitadamente, asustándolo.

-¿Qué pasa pequeño? ¿Por qué lloras? –Susurró cerca del rostro contrario,
acariciándolo- los chicos lindos como tú no deben llorar –dijo ahora pasando su dedo
sobre los labios del otro.

El pequeño en cambio acertó a tensarse y mirarlo con total temor.

-Escúchame mocoso, desde que supe de ti planeé enviarte a un internado militar muy
lejano, pero viéndote bien –se relamió los labios- tengo otros planes, y pobre de ti si
dices algo ¿entendiste? –finalizó estrujándole con ambas manos en la cintura. El otro
asintió volviendo a llorar, de dolor y miedo-. Perfecto –finalizó lamiendo el cuello del
pelinegro.

-7-

La habitación era llenada por sollozos muy dolientes y unos jadeos de mera
perversión.

-Sí pequeño, uhh… ¿te gusta tu dulce? Mmm ¿por qué no te lo tragas? –pregunto
alzando sus caderas y haciendo que su miembro erguido casi ahogara al pequeño
niño que era obligado a usar unas pequeñísimas vestimentas de mujer y a hacer una
felación a su desgraciadamente padrastro, mientras era atado y golpeado por un látigo
si algo no iba como el despreciable adulto lo quería.

Mientras tanto una mujer rubia dormía totalmente alcoholizada en su habitación

-12-

-¡No quiero! ¡Ya déjame en paz! –gritó totalmente molesto a punto del llanto mientras
luchaba por zafarse del agarre de un adulto que como tantas otras veces le quería
obligar a hacer algo que no quería mientras estaba su madre, como desde hace seis
años, ahogada en alcohol-. ¡Quiero que te marches de nuestras vidas para siempre!
Desde que llegaste solo tenemos desgracias, ¡quiero a mi mami de vuelta! -finalizó
dando un pequeño salto para lograr golpear a su agresor en el rostro.

-¡Ahora te enseñaré a respetarme! –Soltó blandiendo sus puños contra él para más
tarde despojarlo de sus ropas y penetrándolo por primera vez de una forma muy
salvaje, incluso más de lo que el adulto planeó durante tantos años.

& Fin Flashback &

Se estacionó improvisadamente en un “rest-parking“ y estrelló su cabeza contra el


volante del vehículo, haciendo sonar el claxon de este y dando rienda suelta a todo el
dolor que mantenía en su pecho gracias a esos terribles momentos de la infancia.

Además se sentía culpable, porque le estaba haciendo lo mismo al pequeño que lo


acompañaba, lo estaba ensuciando como fue ensuciado él, y no se lo merecía.

En cambio el rastudito sólo atinó a dar suaves caricias en la espalda del otro,
esperando ayudar a mejorar el estado de ánimo de su compañero. Unos minutos
después se acercó a él y le dio un tierno beso en la mejilla “mamá siempre dice que
para alegrar un estado de ánimo, debes regalar afecto, y yo tengo mucho que darte”.

& Continuará &

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