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Informe Programas

El informe aborda la importancia del bienestar psicológico y la salud mental en Perú, destacando su evolución y la relación entre ambos conceptos. Se menciona el impacto negativo de la pandemia de COVID-19 en la salud mental, con un aumento en trastornos como la depresión y la ansiedad. Además, se discuten problemas sociales como la discriminación de género y el desempleo, que afectan la salud mental y el bienestar de la población.
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Informe Programas

El informe aborda la importancia del bienestar psicológico y la salud mental en Perú, destacando su evolución y la relación entre ambos conceptos. Se menciona el impacto negativo de la pandemia de COVID-19 en la salud mental, con un aumento en trastornos como la depresión y la ansiedad. Además, se discuten problemas sociales como la discriminación de género y el desempleo, que afectan la salud mental y el bienestar de la población.
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FACULTAD DE CIENCIAS DE LA SALUD

ESCUELA PROFESIONAL DE PSICOLOGÍA

INFORME DE LA SESIÓN 01:


Bienestar psicológico y salud mental en el Perú

AUTORAS:

Juárez Quezada, Andrea Yamely ([Link]/0000-0002-8847-0386)


Palacios Ordinola, Greys Abigail ([Link]/0000-0001-6877-9055)
Sandoval Aldana, Josselyn Gianella ([Link]/0000-0001-5508-9821)
Valencia Campaña, Brissa Brigitte Abigail ([Link]/0000-0002-8136-3190)
Zapata Flores, Ana María ([Link]/0000-0001-6988-4412)

ASESORA:

Inecita Rosmery Narro Ruiz ([Link]/0000-0002-7152-6224)

LÍNEA DE INVESTIGACIÓN
Salud integral humana

LÍNEA DE RESPONSABILIDAD SOCIAL UNIVERSITARIA


Promoción de la salud, nutrición y salud alimentaria

EXPERIENCIA CURRICULAR
Programas de promoción y prevención en Psicología

PIURA — PERÚ

2025-0
INFORME DE LA SESIÓN 01:
Bienestar psicológico y salud mental en el Perú

En la actualidad, donde las exigencias y presiones de la vida cotidiana son cada vez
mayores, comprender la salud mental y el bienestar psicológico se ha vuelto un tema
importante. Como futuros psicólogos, es fundamental que profundicemos en estos conceptos
que, aunque relacionados, tienen características particulares que los distinguen y los hacen
únicos en su contribución a la comprensión del funcionamiento humano (Oblitas, 2020).

Cuando hablamos de salud mental, nos encontramos ante un concepto que ha


evolucionado significativamente a lo largo del tiempo. La Organización Mundial de la Salud
nos ofrece una definición que va mucho más allá de la simple ausencia de trastornos
mentales, describiéndola como "un estado de bienestar en el que la persona realiza sus
capacidades y es capaz de hacer frente al estrés normal del día a día, de trabajar de forma
productiva y de contribuir a su comunidad" (OMS, 2018, p. 1). Esta definición nos invita a
reflexionar sobre cómo la salud mental impacta en cada aspecto de nuestra vida diaria.

Profundizando en este concepto, encontramos que Restrepo y Jaramillo (2020) nos


presentan una visión más completa al identificar tres dimensiones fundamentales: "La salud
mental positiva, entendida como el conjunto de valores y habilidades que permiten al individuo
adaptarse y prosperar en su entorno; la salud mental negativa, que hace referencia a la
presencia de trastornos mentales; y la salud mental como estado de equilibrio dinámico entre
el individuo y su contexto sociocultural" (p. 204). Esta perspectiva nos ayuda a entender que
la salud mental es como una red compleja que se entrelaza con cada aspecto de nuestra
existencia.

Si pensamos en nuestra experiencia cotidiana, podemos ver cómo la salud mental se


manifiesta en diferentes aspectos de la vida. Montero y García (2021) señalan que esto
incluye nuestra capacidad para formar y mantener relaciones significativas con otros, nuestra
resiliencia ante los desafíos, nuestra adaptabilidad al cambio y nuestra capacidad para
contribuir positivamente a nuestra comunidad. Es fascinante observar cómo estos elementos
se entrelazan en nuestra vida diaria, influyendo en cada decisión y experiencia.

Por otro lado, cuando exploramos el concepto de bienestar psicológico, nos


encontramos con un aspecto más específico, pero igualmente crucial para nuestro desarrollo.
Como señalan Díaz et al. (2021), el bienestar psicológico se relaciona íntimamente con "el
desarrollo del verdadero potencial de uno mismo". Así, el bienestar psicológico tiene que ver
con que la vida adquiera un significado para uno mismo, con ciertos esfuerzos de superación
y conseguir metas valiosas" (p. 572). Esta perspectiva nos invita a reflexionar sobre nuestro
propio camino de desarrollo personal y la búsqueda de un significado para nuestras vidas.

Los estudios de Vázquez y Hervás (2019) nos ayudan a comprender mejor la


estructura del bienestar psicológico al identificar sus componentes esenciales: la
autoaceptación, que nos permite reconocernos y aceptarnos tal como somos; las relaciones
positivas con otros, que enriquecen nuestra experiencia vital; la autonomía, que nos permite
tomar las riendas de nuestra vida; el dominio del entorno, que nos ayuda a navegar por los
desafíos diarios; el propósito en la vida, que nos da dirección y sentido; y el crecimiento
personal, que nos mantiene en constante evolución.

Ahora al estudiar las diferencias entre salud mental y bienestar psicológico, García-
Alandete (2022) nos ofrece una perspectiva esclarecedora. Mientras que la salud mental
abarca todo el panorama de nuestro funcionamiento psicológico, incluyendo aspectos
biológicos y sociales, el bienestar psicológico se centra más específicamente en nuestra
experiencia personal de crecimiento y desarrollo.
Además, es interesante el aporte de Martínez-Sánchez (2021) cuando señala que "la
salud mental puede considerarse como el marco general que permite el desarrollo del
bienestar psicológico, siendo este último un indicador del funcionamiento positivo del
individuo. No todo individuo con salud mental experimenta necesariamente altos niveles de
bienestar psicológico, aunque este último difícilmente puede alcanzarse sin una base de salud
mental" (p. 83).

Al profundizar en la relación entre la salud mental y el bienestar psicológico,


comprendemos que no es posible abordarlos de manera aislada, ambos son igual de
importantes, es por ello, fundamental adoptar una perspectiva integral, que reconozca la
importancia de trabajar en estas áreas de forma conjunta para promover una vida plena y
significativa.

Siendo la salud mental fundamental para el bienestar integral de cada individuo, la


cual influye en la forma en que pensamos, sentimos y actuamos. Sin embargo, a pesar de su
importancia, los problemas de salud mental siguen siendo un tema rodeado de estigmas los
cuales son complejos de comprender.

Si se ubica el momento en el cual el Perú y el mundo tuvo que pasar el evento más
complicado en los últimos tiempos, sería cuando la pandemia llamada COVID-19 produjo
grandes estragos en la salud mental.

Según estimaciones epidemiológicas en diversos países hubo un incremento en


trastornos de ansiedad y en trastornos depresivos, aproximadamente un 30%. El Perú
inicialmente se hallaba en una situación muy frágil para atender las necesidades de salud y
actualmente tiene más casos que atender. Sabiendo que la ansiedad y la depresión no
intervenidas son complejas de tratar (Rivera, 2023).

Si bien es cierto, la pandemia generó diversos problemas de salud física, también


ocasionó que la salud mental se viera afectada en gran manera, es por ello que la depresión
y ansiedad fueron las que más resaltaron como problemas de salud mental.

Por otro lado, Rivera (2023) corrobora que, en el 2019, 1 de cada 8 personas en el
mundo padecían trastornos mentales a lo largo de un año, siendo: la ansiedad y los trastornos
depresivos los más comunes. Sumado a la investigación que la Organización Mundial de la
Salud (OMS) realizó, se evidencia un aumento del 26% y el 28% de la ansiedad y los
trastornos depresivos graves en solo 1 año (OMS, 2022, como se citó en Rivera, 2023).

Esto quiere decir que, en un mundo marcado por cambios rápidos, presiones sociales
y desafíos personales a raíz de diversos sucesos acontecidos a nivel mundial, como la
pandemia, ha causado que los problemas de salud mental sean cada vez más comunes,
aumentando los porcentajes.
Asimismo, algunos investigadores analizaron los datos de más de 236.000 pacientes
con diagnóstico de COVID-19 y descubrieron que alrededor del 34% recibieron el diagnóstico
de un trastorno de salud mental después de padecer la pandemia, siendo el 13% de estos
pacientes diagnosticados por primera vez (Nuñez, 2023).

Al observar las estadísticas de los problemas de salud mental acontecidos a raíz de


la pandemia, se ha descubierto que las que más han generado más estragos son la
depresión, ansiedad, y trastorno de estrés postraumático, donde a continuación se explicará
más sobre éstas.

Respecto a la depresión, Núñez (2023) menciona que el núcleo de la depresión es la


tristeza profunda que llega a afectar todas las esferas del individuo; siendo los síntomas
clínicos agrupados en 5 áreas: afectividad, pensamiento–cognición, conducta, ritmos
biológicos y trastornos somáticos. También se señala, existe mayor prevalencia en mujeres,
en jóvenes de 18-44 años, con estado civil separado o divorciado, con antecedentes de
pérdidas parentales o de depresión, con bajo soporte social.

El análisis presentado por el autor sobre la depresión, resalta la profundidad y el


impacto integral de estos trastornos en la vida de los individuos, abarcando no solo el ámbito
afectivo, sino también la parte cognitivo-conductual, biológica y somática. La identificación de
factores de riesgo específicos, como la prevalencia en mujeres, jóvenes, personas con
experiencias de pérdida o bajo soporte social, subraya la importancia de un enfoque
personalizado y preventivo en su abordaje. El cual invita a considerar no solo los síntomas
clínicos, sino también el contexto psicosocial de quienes enfrentan este problema, lo que
resulta clave para diseñar estrategias de intervención más efectivas y sensibles a las
necesidades particulares.

Por otro lado, la angustia-ansiedad patológica es otro ejemplo de que la salud mental
ha sido afectada, lo cual ocasiona que se dificulte la funcionalidad del individuo donde se
desenvuelve, limitándole su autonomía. La prevalencia internacional de los trastornos de
ansiedad es variable entre los diferentes estudios epidemiológicos. Los porcentajes
estimados de prevalencia-año y prevalencia-vida para los trastornos de ansiedad fueron de
10,6% y 16,6% respectivamente prevalencia en mujeres, edades de 20 – 40 años (Nuñez,
2023).

La reflexión del autor sobre la angustia y la ansiedad patológica destaca cómo estos
trastornos afectan profundamente la funcionalidad y la autonomía de quienes los padecen,
limitando su capacidad para desenvolverse en la vida cotidiana. Los datos sobre la
prevalencia, tanto anual como a lo largo de la vida, subrayan la magnitud de este problema,
especialmente en mujeres jóvenes entre los 20 y 40 años. Esta información no solo pone en
evidencia la necesidad de ampliar los estudios epidemiológicos para comprender mejor su
impacto global, sino también de desarrollar intervenciones preventivas y terapéuticas dirigidas
a las poblaciones más vulnerables, con un enfoque integral y equitativo.

Por último, el Trastorno de estrés postraumático, se presenta después de haber


presenciado un acontecimiento impactante. Por lo general, se agrupan en cuatro tipos:
recuerdos intrusivos, evasión, cambios de pensamiento y en los estados de ánimo, y cambios
en las reacciones físicas y emocionales. Para que se considere un TEPT, los síntomas deben
durar más de un mes y ser lo suficientemente graves como para interferir con las relaciones
o el trabajo (Nuñez, 2023).

Analizando los anteriores párrafos, el TEPT surge como una respuesta desadaptativa
tras eventos traumáticos que activan intensamente el mecanismo de "lucha o huida". Aunque
esta reacción es natural y protectora, en algunos casos no se logra una recuperación
adecuada, generando un impacto prolongado en la salud mental y el bienestar del individuo.

Es por ello que se debe reconocer, abordar y buscar apoyo para mejorar la calidad de
vida y fomentar una sociedad con salud mental.

En base a unos de los principales problemas sociales en nuestro país, hablamos


acerca de la discriminación de género en el Perú, cuyo problema afecta a diversas áreas de
la vida de las personas, especialmente a las mujeres y personas de género diverso. Este
fenómeno tiene causas profundas que están relacionadas con tradiciones culturales,
creencias históricas y estructuras sociales que perpetúan roles de género desiguales.
Las principales causas de este problema social son:
La cultura patriarcal y roles de género tradicionales en la sociedad predomina una
estructura patriarcal que ha condicionado las expectativas y comportamientos de hombres y
mujeres. Estas normas de género asignan roles específicos a cada sexo, como la idea de
que las mujeres deben ser responsables del cuidado del hogar y los hijos, mientras que los
hombres son los proveedores y figuras de autoridad. Estas creencias culturales se transmiten
de generación en generación, perpetuando la desigualdad (Chavarría, V., 2006).
Asimismo, la violencia doméstica y la violencia sexual son expresiones claras de la
discriminación de género en Perú. A pesar de las leyes que buscan proteger a las mujeres,
el acceso a la justicia sigue siendo limitado por prejuicios de género, por lo que muchas
mujeres sufren violencia sin recibir protección adecuada (Gavidia, 2017).
También, la desigualdad a oportunidades económicas y laborales, según Gutiérrez
(2019), las mujeres en Perú enfrentan mayores barreras en el mercado laboral. A menudo,
ocupan trabajos menos remunerados y enfrentan dificultades para acceder a cargos de toma
de decisiones. Además, la brecha salarial entre hombres y mujeres sigue siendo una realidad
palpable. La falta de políticas públicas efectivas para promover la igualdad de género en el
ámbito laboral contribuye a esta situación.
Por otro lado, la desigualdad en la representación política y social las mujeres tienen
una representación política limitada en el Perú. Aunque han existido avances, como la
elección de mujeres en cargos públicos, las estructuras políticas siguen siendo dominadas
por hombres. Esto se refleja en la falta de políticas públicas que aborden de manera efectiva
la discriminación de género (Salazar, 2015).
En base a las causas mencionadas, inferimos que la discriminación de género en Perú
está profundamente arraigada en la estructura social, económica y cultural del país. A pesar
de los avances legislativos y el crecimiento en la conciencia pública sobre la importancia de
la igualdad de género, las causas de fondo continúan limitando la plena inclusión y
participación de las mujeres en la sociedad. Para combatir la discriminación, se requieren no
solo leyes más eficaces, sino también un cambio cultural que promueva una verdadera
equidad en todos los niveles.
Respecto a otro de los principales problemas sociales en el Perú, el cual es el
desempleo.
Según la OIT (2022), al año 2022 existían en el Perú aproximadamente 700 mil
peruanos buscando trabajo, la tasa de crecimiento del desempleo es aproximadamente 5.5%
de la PEA, si bien la tasa ha venido disminuyendo, pero aún no llega a los niveles de pre
pandemia. La tasa antes de la pandemia bordeaba el 4% en promedio anual.

Una de las causas de desempleo es que la economía no viene creciendo


sostenidamente, pues las inversiones nacionales y las extranjeras han disminuido, desde que
se produjo la pandemia del COVID 19, en el año 2020, las inversiones públicas también se
vieron mermadas, solo las exportaciones mineras aumentaron, otro factor que hizo que el PBI
crezca, aunque no suficientemente, fue el consumo privado. El empleo no crecerá mientras
el PBI no lo haga por lo
menos a una tasa de 4%, como mínimo (Parra y Quispe, 2023).

En su investigación, Parra y Quispe (2023) afirman que el crecimiento del PBI es


fundamental para la disminución del desempleo y la informalidad en el Perú por lo que es
necesario reactivar la inversión pública, incentivar la inversión privada, mejorando las
exportaciones y por su puesto reactivando el consumo privado. Sin embargo, el crecimiento
del PIB en estos últimos años no es suficiente para que crezca el empleo, se necesita crecer
por lo menos un 3.5% anual. No tener ese crecimiento significa que el desempleo no va
disminuir, ni permitir que la riqueza se concentre solamente en pocas manos y no en los
principales factores productivos.

Esto quiere decir que los datos estadísticos muestran el crecimiento del PBI en los
últimos años y de ha descubierto que el desempleo aún es elevado, por ello es que los
analistas manifiestan que el crecimiento efectivo debe ser no menos del 3.5%.

A toda la revisión bibliográfica revisada, se resume que:

La salud mental y el bienestar psicológico son esenciales para el funcionamiento


humano. La salud mental abarca tres dimensiones: positiva, negativa y el equilibrio dinámico
con el entorno, mientras que el bienestar psicológico se enfoca en el desarrollo personal,
propósito de vida y relaciones significativas.

Problemas como la depresión, la ansiedad y el TEPT han aumentado debido a la


pandemia, afectando especialmente a mujeres, jóvenes y personas con bajo soporte social.
En el Perú, esta crisis ha evidenciado carencias en la atención de salud mental.

Paralelamente, la discriminación de género, arraigada en tradiciones patriarcales,


perpetúa desigualdades en roles, violencia doméstica y acceso a la justicia. Las mujeres
enfrentan brechas salariales, menores oportunidades laborales y baja representación política,
lo que subraya la necesidad de políticas públicas efectivas para reducir estas desigualdades.
Por otro lado, el desempleo que cada vez más sucede por causa de la economía que aún no
se estabiliza en nuestro país, generando preocupación en la población.

En conclusión, los problemas de salud mental y la discriminación de género en el Perú


requieren un enfoque integral que aborde tanto las necesidades individuales como las
estructuras sociales subyacentes. Para avanzar hacia una sociedad más equitativa y
saludable, es necesario implementar políticas inclusivas, promover la igualdad de
oportunidades y fomentar cambios culturales que erradiquen el estigma y la desigualdad.
REFERENCIAS

Chavarría, V. (2006). El patriarcado y la desigualdad de género: Aproximaciones teóricas y


contextuales en América Latina. Lima: Fondo Editorial PUCP.

Gavidia, D. (2017). La violencia de género en el Perú: Un análisis desde el derecho. Lima:


Instituto de Defensa Legal. [Link]
violencia-basada_en_genero.pdf

Gutiérrez, M. (2019). Desigualdad salarial entre hombres y mujeres en el Perú. Lima:


Instituto de Estudios Peruanos.
[Link]
[Link]

Montero, F., & García, J. (2021). Dimensiones contemporáneas de la salud mental: Un


análisis integral. Revista Latinoamericana de Psicología Clínica, 15(3), 145-162.
Núñez, L., [Link]. (2023). La salud mental de los sobrevivientes de COVID-19.
[Link]
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Parra Calderón, J. A., & Quispe Carhuaricra, M. I. (2023). El desempleo y la informalidad:


Impacto en la producción en el Perú 2015-2022.
[Link]
en+el+Per%C3%BA+2023&btnG=#d=gs_qabs&t=1737519760989&u=%23p%3DqZ3
L1ypTaqIJ

Pérez-García, A. M., & Bermúdez, J. (2022). Intervenciones psicológicas integradas:


Promoviendo la salud mental y el bienestar. Psicología Conductual, 30(2), 287-306.

Rivera, J.F. (2023). Impacto de la COVID-19 en la salud mental en el Perú. Revista


Iberoamericana de Bioética, (21), 1-18.

Rodríguez-López, M., & Sánchez, A. (2023). Diferenciación conceptual entre salud mental y
bienestar psicológico: Implicaciones para la intervención. Revista de Psicopatología y
Psicología Clínica, 28(1), 45-62.

Salazar, L. (2015). Mujeres en la política peruana: Retos y obstáculos para la igualdad de


género. Lima: Fundación Friedrich Ebert.
[Link]
5257DB3005B5DE3/$FILE/Retos_para_la_participacion_politica_de_la_mujer.pdf

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