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Nada

El documento analiza la influencia de la Guerra Civil en la narrativa española de los años 40, destacando obras como 'Nada' de Carmen Laforet y 'La familia de Pascual Duarte' de Camilo José Cela, que reflejan la angustia existencial y la desolación de la posguerra. Se exploran los personajes y temas de estas novelas, centrándose en la lucha del individuo contra su destino y las dificultades cotidianas. Además, se examinan las técnicas narrativas y el contexto social que moldearon estas obras, marcadas por la censura y el exilio de muchos escritores.

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Nada

El documento analiza la influencia de la Guerra Civil en la narrativa española de los años 40, destacando obras como 'Nada' de Carmen Laforet y 'La familia de Pascual Duarte' de Camilo José Cela, que reflejan la angustia existencial y la desolación de la posguerra. Se exploran los personajes y temas de estas novelas, centrándose en la lucha del individuo contra su destino y las dificultades cotidianas. Además, se examinan las técnicas narrativas y el contexto social que moldearon estas obras, marcadas por la censura y el exilio de muchos escritores.

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Texto 3. LA HUELLA DE LA GUERRA CIVIL EN LA NARRATIVA.

Nada de Carmen Laforet: argumento y temas: punto de vista narrativo y estilo.


La narrativa de los años 40: el tremendismo y la angustia existencial. La familia de Pascual Duarte
de Camilo José Cela y La sombra del ciprés es alargada de Miguel Delibes.
Los novelistas exiliados. Ramón J. Sender y Réquiem por un campesino español.

Miré el reloj instintivamente.


—Me oyes como quien oye llover, ya lo veo... ¡infeliz! ¡Ya te golpeará la vida, ya te triturará, ya te
aplastará! Entonces me recordarás... ¡Oh! ¡Hubiera querido matarte cuando pequeña antes de
dejarte crecer así! Y no me mires con ese asombro. Ya sé que hasta ahora no has hecho nada malo.
Pero lo harás en cuanto yo me vaya... ¡Lo harás! ¡Lo harás! Tú no dominarás tu cuerpo y tu alma. Tú
no, tú no... Tú no podrás dominarlos.
Yo veía en el espejo, de refilón, la imagen de mis dieciocho años áridos, encerrados en una figura
alargada y veía la bella y torneada mano de Angustias crispándose en el respaldo de una silla. Una
mano blanca, de palma abultada y suave. Una mano sensual, ahora desgarrada, gritando con la
crispación de sus dedos más que la voz excitada de mi tía.
Empecé a sentirme conmovida y un poco asustada, pues el desvarío de Angustias amenazaba
abrazarme, arrastrarme también. Terminó temblorosa, llorando. Pocas veces lloraba Angustias
sinceramente. Siempre el llanto la afeaba, pero este, espantoso, que la sacudía ahora, no me
causaba repugnancia, sino cierto placer. Algo así como ver descargar una tormenta.
—Andrea —dijo al fin, suave—, Andrea... Tengo que hablar contigo de otras cosas —se secó los
ojos y empezó a hacer cuentas—. En adelante recibirás tú misma, directamente, tu pensión. Tú
misma le darás a la abuela lo que creas conveniente para contribuir a tu alimentación y tú misma
harás equilibrios para comprarte lo más necesario... No te tengo que decir que gastes en ti el mínimo
posible. El día que falte mi sueldo, esta casa va a ser un desastre. Tu abuela ha preferido siempre
sus hijos varones, pero esos hijos —aquí me pareció que se alegraba— le van a hacer pasar mucha
penuria... En esta casa las mujeres hemos sabido conservar mejor la dignidad.
Suspiró.
—Y aún. ¡Si no se hubiese introducido Gloria!
Gloria, la mujer serpiente, durmió enroscada en su cama hasta el mediodía, rendida y gimiendo
en sueños. Por la tarde me enseñó las señales de la paliza que le había dado Juan la noche antes y
que empezaban a amoratarse en su cuerpo.
Nada, VIII.

1.​ Contexto

En la inmediata posguerra, la novela vive un periodo de desorientación. Unamuno y Valle Inclán han
muerto; muchos se ven obligados a marchar al exilio (Ramón J. Sender, autor de Réquiem por un
campesino español); Azorín y Baroja siguen publicando, pero sus novelas ya no aportan nada nuevo.

La década de los 40 está marcada por la censura ideológica y moral y por las dificultades
económicas esperables tras la Guerra Civil. La mayoría de las novelas se adscriben a la tradición
realista, aunque podemos distinguir dos tendencias, la novela ideológica y la novela existencialista. A
la primera pertenecen las novelas escritas por novelistas afines al régimen, que quieren dejar
constancia de la victoria. Por su parte, la novela existencialista surge motivada por la necesidad
que algunos jóvenes novelistas tienen de diferenciarse de la novela ideológica. Así, la publicación en
1942 de la primera novela de Camilo José Cela, La familia de Pascual Duarte, abre un nuevo
camino. Esta novela narra en primera persona la biografía de un condenado a muerte y los motivos
que le han llevado a ser un asesino. Se trata de un libro breve, ubicado en un ambiente rural, con un
tono pesimista y sombrío, que, junto a su violencia y brutalidad, provocó que fuera calificada como
tremendista. Este adjetivo pasó a denominar la corriente tremendista a la que pertenecen novelas
caracterizadas por presentar una realidad violenta con personajes y ambientes desgarrados y, a
veces, crueles que transmiten una visión pesimista y degradante del ser humano. Tiene sus
antecedentes en la picaresca, el Naturalismo y el esperpento.

En 1945, con la publicación de la novela Nada de Carmen Laforet, ganadora del primer Premio Nadal
un año antes, tiene lugar el segundo momento clave de la novela de la década de los 40. Aunque
Carmen Laforet escribió otras obras, tuvieron menor repercusión. Recordaremos títulos como La isla
y los demonios (1952), La mujer nueva (1955) y La insolación (1963) primer volumen de una trilogía,
Tres pasos fuera del tiempo, que quedó inconclusa.

Ambas novelas —La familia de Pascual Duarte y Nada— reflejan la amargura de la vida cotidiana
desde el punto de vista existencial, no social. Tratan temas como la lucha del individuo con su
destino y con las circunstancias cotidianas que rodean su vida, la cercana Guerra Civil, la vida gris y
sombría del momento, la subsistencia, la frustración o la soledad. Los personajes soportan a duras
penas su intrincado mundo interior y su falta de esperanza. Desde el punto de vista formal, son
novelas realistas que buscan la renovación: se mantienen en las técnicas narrativas tradicionales,
pero utilizan principalmente la primera persona narrativa. Se inscriben también en esta corriente la
novela de Miguel Delibes La sombra del ciprés es alargada (1948).

2.​ Temas y argumento

Esta novela se desarrolla en Barcelona, al finalizar la Guerra Civil. Su protagonista, la joven Andrea,
llega a la ciudad para iniciar sus estudios universitarios. Su entusiasmo inicial se desvanece ante un
ambiente familiar y social asfixiante, dominado por la pobreza, y habitado por unos personajes
desequilibrados y frustrados. Andrea narra en primera persona, con un lenguaje espontáneo, y en
ocasiones lleno de lirismo, su peripecia vital a lo largo del año que pasa en Barcelona, que se
convierte en testimonio del deprimente estado colectivo de la sociedad española de posguerra. Al
final, Andrea se marcha a Madrid, «sin haber conocido nada de lo que confusamente esperaba: la
vida en su plenitud, la alegría, el interés profundo, el amor. De la casa de calle Aribau no me llevaba
nada».

La novela se estructura externamente en tres partes: capítulos I-IX, capítulos X- XVIII y capítulos:
XIX- XXV, que se corresponden con las tres partes que componen la estructura interna, ya que cada
uno de esos apartados refleja una diferente etapa en el proceso de formación y evolución de Andrea.

En la primera parte presenta el inicio de su etapa en Barcelona, se centra en su experiencia en la


casa de Aribau. De todas las situaciones desagradables, violentas e incluso repulsivas que va
descubriendo tiene especial interés la relación entre la muchacha y su tía Angustias. Andrea sufre su
extrema vigilancia, su postura amenazante, la falta de libertad para descubrir la ciudad y para
descubrir la vida .Al concluir la primera parte, Angustias se va de la casa de Aribau porque ha
determinado ser monja e ingresar en un convento; esto supondrá para Andrea el principio de la
posibilidad de vivir libremente.

En la segunda parte Andrea puede salir libremente del piso de Aribau y comienza sus experiencias
en torno al ambiente de la universidad. El descubrimiento de la amistad con Ena y las vivencias en un
mundo, el de Ena y su familia, tan opuesto a la calle de Aribau, lleno de comodidad, felicidad y sin
aparentes contratiempos aportará ilusión y positividad a la vida de la joven. Esa situación confortable
se desvanece cuando Andrea comprueba que hay un punto de encuentro de ambos espacios (Aribau
y el mundo exterior) a través de su amiga Ena y la relación que entabla con su tío Román. Este
hecho será decisivo para marcar una evolución de la protagonista que despertará en gran parte de la
actitud de inocencia e ilusión en las que estaba y también influirá en el desenlace de la historia.
En la tercera parte Andrea afronta la vida con otra actitud, que se aprecia en una cierta seguridad,
frialdad también, cuando es confidente de la madre de Ena, quien le cuenta su relación con Román
en el pasado y su angustia ante una posible relación de este con su propia hija. Andrea promete su
ayuda para evitar esa relació[Link] ocasiones la joven muestra un cansancio ante la vida, que en la
calle de Aribau se ensombrece más por el suicidio de Román y la decadencia y locura persistentes
en la casa. Todas estas experiencias contribuirán a la decisión final de abandonar Barcelona al ser
invitada por Ena y su familia para trasladarse a Madrid.

El fragmento seleccionado se sitúa hacia el final de la primera parte de la novela, antes de la


partida de Angustias, la tía de Andrea. En el fragmento asistimos a una conversación entre
ambas, aunque solo se reproducen, en estilo directo, las palabras de la primera, que emplea
un lenguaje expresivo (adviértanse las repeticiones, las exclamaciones, los puntos
suspensivos, las enumeraciones tripartitas que repiten un mismo contenido —líneas 1 y 2—,
una elipsis verbal en la línea 3); Andrea, la protagonista y narradora de la historia, se mantiene
en silencio y mientras escucha, observa y describe la mano de su tía y su propio reflejo en el
espejo, para contar luego qué sensaciones causan en ella las desgarradoras palabras de
Angustias (nombre simbólico muy adecuado al personaje). Al final del fragmento, la mención
de Gloria por parte de Angustias desvía la atención de la narradora a este personaje, que está
casada con otro de sus tíos, Juan, quien la maltrata.

3.​ Técnicas narrativas y estilo

PERSONAJES

En esta novela destacan más los personajes femeninos, que aparecen retratados con mayor detalle.
Además, es apreciable el distanciamiento generacional entre dos grupos de personajes:

Los adultos, que han vivido la Guerra Civil, son personajes marcados por el enfrentamiento bélico
representan el fracaso, la incomunicación y las consecuencias de la violencia vivida.

Los jóvenes aparecen retratados con una mayor ilusión y una visión más esperanzadora de la vida.

Por otra parte, aparecen personajes vinculados a diferentes grupos sociales, en la casa de Aribau
nos encontramos con esa burguesía media que tras la guerra vive la miseria y decadencia. En el
entorno de la universidad aparecen personajes vinculados a la burguesía que no se ha empobrecido
económicamente. En su recorrido por Barcelona, que incluye la visita al barrio chino, también
aparecerán personajes (menos relevantes) pertenecientes a clases bajas.

Asimismo, es interesante señalar que un número amplio de personajes está relacionado con el
mundo de la creatividad y del arte, como los tíos de Andrea, Román (pintor y músico) y Juan; Pujol y
Guixols (pintores); o Jaime (el novio de Ena), arquitecto…

ANDREA. Protagonista femenina. Tiene un aspecto risueño, humilde. El personaje dice de sí


misma que es “delgada” y va “pobremente vestida”. Son rasgos de su carácter la melancolía,
el pesimismo y además también refleja, sobre todo al principio, la introversión propia de la
adolescencia. Se aprecia su rebeldía, la búsqueda de protección, su visión idealista y
romántica del amor. No demuestra interés por su aspecto exterior y se dice en la novela que
es diferente al resto de las mujeres. Es un tipo de personaje opuesto a la protagonista
femenina típica de la novela rosa, como señaló Carmen Martín Gaite.

Busca sentirse apoyada por otros personajes como la abuelita, Gloria, Ena…

LA ABUELA. Aparece descrita en el primer capítulo” Y en primer término la mancha


blanquinegra de una viejecita decrépita, en camisón, con una toquilla echada sobre los
hombros (…) aquella infeliz viejecilla conservaba una sonrisa de bondad tan dulce, que tuve la
seguridad de que era mi abuela.” Decrépita, pequeña, consumida, con signos de demencia,
de senilidad, protectora, bondadosa. Sus propias hijas la acusarán (al final del capítulo XXIII)
de humillación y desprecio hacia ellas y de preferencia por los hijos varones; le echan la culpa
de que ellos hayan dilapidado la herencia e incluso del suicidio de Román. Ha ejercido una
excesiva protección con los que sentía más desgraciados. Su hijo, Juan, la maldice.

ROMÁN. Tío de Andrea, hermano de Juan y de Angustias. Vive en la casa de la calle de Aribau,
en una especie de buhardilla, en la parte de arriba, donde habita con cierta independencia
frente al resto de la casa y desde donde ejerce ese deseo de control y manipulación absolutos
sobre los demás. Contrabandista, arrogante, sádico y violento, con tendencia a aprovecharse
de los demás y a manipular. En el pasado mantuvo una relación sentimental con Margarita, la
madre de Ena, quien será la amiga más íntima de Andrea y también se relacionó con Gloria
(quien después se casará con Juan, hermano de Román). Al final, su perturbación mental lo
conducirá al suicidio. Paradójicamente tiene una faceta llena de atractivo, simpatía…
Denunciado por Gloria y defendido por Antonia, la criada de la casa de Aribau. Vive de un
modo bohemio, independiente. Es un absoluto individualista.

ANGUSTIAS. Tía de Andrea. Amargada, beata, autoritaria. Quiere controlar todos los
movimientos de Andrea, especialmente desde un punto de vista moral, y por supuesto desde
su moral conservadora. Su relación con un hombre casado, Sanz, y la imposibilidad de esa
relación la llevarán a tomar la decisión de ingresar en un convento de clausura

JUAN. Tío de Andrea. Artista fracasado, pintor. Tipo violento, irascible, irritable, lleno de
amargura, inseguridad y altibajos emocionales y conductuales. Sabedor de la relación
mantenida entre Gloria, su esposa, y Román focaliza toda su violencia en su mujer. Practica la
violencia, el insulto y las amenazas. Refleja inestabilidad y perturbación, así como inferioridad
hacia su hermano, ya que este tiene más aptitudes artísticas, en el fondo siente envidia y
admiración. Es un personaje vencido, incapaz de asumir si quiera el sustento económico de
su familia.

GLORIA. Es la esposa de Juan y víctima de su violencia. Su personalidad oscila entre la


ingenuidad y la provocación, le gusta jugar a la seducción. Ella es la que mantiene a su
marido e hijo. Insegura, vanidosa, vulgar; se refleja en especial, la última característica, en el
uso coloquial del lenguaje: vocativos, oraciones exclamativas e interrogativas, frases sin
acabar. Además, es desinhibida y deseosa de libertad. En el pasado mantuvo relación con
Román, el que es su cuñado. Empatiza con Andrea por ese deseo que ambas tienen de
sentirse independientes.

ANTONIA. Es la criada de la casa de Aribau. Va vestida de negro, fiel servidora de Román,


acompañada del perro, también negro, Trueno. Defenderá a Román frente a la acusación que sobre
él ha vertido Gloría. Espía para Román, es cómplice de sus misteriosas salidas.

ENA. Amiga de Andrea, compañera de la Universidad, pertenece a la burguesía que no se ha


empobrecido en la guerra. Hay una relación de gran amistad entre las dos jóvenes. Personaje de
gran atractivo Capítulo V “Ella constituía algo así como un centro atractivo en nuestras
conversaciones(…) Su malicia y su inteligencia eran proverbiales(…) Ena tenía una agradable y
sensual cara, en la que relucían unos ojos terribles(…) aspecto juvenil de su cuerpo y de su cabello
rubio…” Se aprecia la diferencia de posición económica, pero eso no impide el gran cariño y amistad
,que se detiene cuando Ena comienza su aproximación a Román. Este hecho también distanciará a
Ena de Jaime, su prometido, aunque finalmente se restaurarán las relaciones. Ena es el único
personaje del espacio estudiantil que posee un vínculo con la casa de Aribau, debido a que su
madre, Margarita, en el pasado mantuvo una relación con Román y Ena deseosa de conocer al que
fuera novio de su madre se acercará a la casa.
MARGARITA. La madre de Ena. Tuvo una relación con Román en el pasado. Ella misma le hablará a
Andrea de esa historia, de su difícil relación, de la deslealtad de Román, de su mezquindad y
tendencia a la manipulación y utilización de los demás. Ha sido una víctima emocional que después
rehízo su vida y afectividad tras casarse y tener a Ena y después a sus hijos más pequeños. Las
confesiones de Margarita provocan en Andrea vergüenza y repulsión.

ESPACIO Y TIEMPO

En la novela se oponen el espacio interior y el exterior. El primero se corresponde con la casa de la


calle Aribau, donde tiene lugar la escena del fragmento seleccionado; el segundo es la ciudad de
Barcelona, espacio de libertad y felicidad (la universidad, la playa, la casa de Ena, pero también el
barrio chino).

El tiempo externo se corresponde con la inmediata posguerra, los primeros años de la década de los
40 (recordemos que la novela se publica en 1944). El tiempo interno se corresponde con la duración
de un curso académico. Se trata de un retrato lineal con analepsis puntuales (relato de Gloria,
recuerdos de la infancia de Andrea). El fragmento seleccionado podría considerarse una escena,
donde la correspondencia entre el tiempo de la historia y el de la narración es prácticamente total.

En cuanto al estilo, destaca el uso de una prosa muy poética, aunque encontramos reflejos del habla
coloquial en los diálogos, de forma que el registro lingüístico utilizado se ajusta a la personalidad de
cada personaje. En este fragmento el narrador en primera persona aporta una perspectiva subjetiva,
es frecuente el lirismo, pero también las descripciones expresionistas, que distorsionan la realidad.
en esta misma línea debemos interpretar, la animalización de Gloria (la mujer serpiente)

Podcast

Resumen

Presentación

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