María García Ramos
COMENTARIO TEMA 14
CLASIFICACIÓN
Estamos ante un texto que, por su forma, podemos
clasificar como histórico-político, ya que se trata de un
manifiesto. Por su contenido, es político porque hace
referencia a sindicatos obreros; social porque habla del
proletariado y los trabajadores; y económico porque
menciona sus condiciones laborales. Por su origen, es una
fuente primaria, ya que fue redactado en el momento en el
que ocurrieron los hechos a los que hace referencia. El
texto va destinado a una colectividad, es de carácter
público, oficial, y abarca un ámbito nacional.
El autor del texto es colectivo, y se trata de los
representantes de la UGT y la CNT. La Unión General de
Trabajadores es un sindicato obrero de inspiración
socialista que se fundó en 1888 en España, siguiendo la
corriente marxista. La Confederación Nacional del Trabajo
es otro sindicato obrero, de inspiración anarquista, creado
en 1910 en España. Ambos sindicatos fueron de mucha
importancia para el desarrollo del movimiento obrero en
España.
En cuanto a la localización espacio-temporal, fue redactado
en Madrid el 27 de marzo de 1917.
CONTEXTO
Debemos situar el texto dentro del periodo de la crisis de
la Restauración borbónica, durante el reinado de Alfonso
XIII (1902-1931).
Anteriormente, durante la Restauración (1874-1902),
Cánovas del Castillo había ideado un sistema político de
turno de partidos que pretendía imitar al británico. Este se
basaba en la pacificación del país, apartando a los militares
de la política; la elaboración de la Constitución moderada
de 1876; la creación de dos partidos elitistas, ambos
liberales y moderados, el Partido Liberal Conservador y el
Partido Liberal; la alternancia pacífica en el gobierno de
esos dos partidos, conseguida mediante la manipulación de
los resultados electorales; y el caciquismo, que se
encargaba de controlar las elecciones para lograr esos
resultados falsos (pucherazo).
El movimiento obrero también estuvo presente durante
este periodo como una forma de oposición al régimen.
Además, se vio afianzado por la llegada a España de la
corriente anarquista, que creó la sección española de la
AIT (1870) y la Federación de Trabajadores de la Región
Española (1881); y de la corriente marxista, representada
por el partido PSOE (1879), liderado por Pablo Iglesias, y
el sindicato UGT (1888).
A finales del siglo XIX, tras el Desastre del 98 en el que
España perdió frente a EEUU las últimas colonias que le
quedaban en América, el sistema canovista comenzó a
funcionar mal, porque los diferentes gobiernos no fueron
capaces de solucionar los problemas de España, como por
ejemplo, la ausencia de reformas sociales efectivas. Esto,
además, es uno de los aspectos que denuncia el texto que
estamos comentando, ya que “cada día que pasa
representa para el proletariado una agravación creciente
de la miseria ocasionada por la carestía de las
subsistencias y la falta de trabajo”.
En este momento surgió también una movimiento
intelectual y crítico conocido como “Regeneracionismo”,
que planteó cambios como conocer y mejorar las
condiciones del pueblo, modernizar la sociedad y
economía, reformar el sistema político, y recuperar el
prestigio perdido en el 98.
En 1902, Alfonso XIII, sucesor de Alfonso XII, se convirtió
en rey constitucional. Su reinado se caracterizó por unos
intentos de regeneración política, social y moral;
inestabilidad política; falta de unidad de partidos, con
Maura como líder de los conservadores y Canalejas como
el de los liberales; el fin del sistema canovista, ya que no
pudieron mantener el turno pacífico; el mantenimiento de
las diferencias entre la España rural y la industrial y
urbana; y la falta de soluciones a la dinámica económica,
social y política.
La política de este periodo se caracterizó por el deseo de
renovación de la sociedad española, para lo que surgieron
distintos proyectos, como el revisionismo político, que
empleó los argumentos regeneracionistas para dar un
nuevo impulso a la política de la Restauración. Los
conservadores, liderados por Silvela, crearon los
ministerios de Instrucción Pública y de Agricultura,
siguiendo esta corriente. Destacó el ministro Eduardo
Dato, que reguló los accidentes laborales y el trabajo de
mujeres y niños.
Tras la muerte de Silvela, Maura renovó el Partido
Conservador. Su programa político (maurismo), se puede
resumir en el conservadurismo católico de masas; conectar
la monarquía con la realidad social; incorporar a otras
fuerzas políticas al sistema, en concreto, al catalanismo
conservador de la Lliga; y llevar a cabo una política
exterior nacionalista y expansionista en Marruecos para
olvidar la derrota del 98.
Sin embargo, en 1909 estalló en Barcelona la crisis de la
Semana Trágica, en la que convergieron el catalanismo, el
republicanismo y el movimiento obrero. La crisis estalló
debido al reclutamiento militar para la Guerra de
Marruecos, llamando a filas a los reservistas. Las
organizaciones obreras convocaron una huelga general de
protesta, que degeneró en un motín, pero su represión fue
brutal. Tras esto, Maura se vio obligado a dimitir para
dejar paso a los liberales.
En octubre de 1909 Canalejas se convirtió en presidente
del gobierno. Su labor de renovación incluía el
intervencionismo del Estado en la economía y la sociedad,
la reforma social, la separación de la Iglesia y el Estado, y
la democratización del régimen. Sin embargo, al ser
asesinado en 1912 por el anarquista Manuel Pardiñas, se
frustró esta regeneración del sistema.
En este periodo los sindicatos crecieron de forma
significativa, aglutinándose en torno al sindicato socialista
UGT, y al anarquista CNT (1910). Estos dos sindicatos
redactaron el texto al que hacemos referencia, y desde su
creación realizaron muchos esfuerzos para impulsar el
movimiento obrero en España, como podemos comprobar
en este manifiesto.
A partir de 1914 comenzó la crisis del parlamentarismo,
con la desunión de los dos grandes partidos, una gran
inestabilidad en el gobierno, y un bloqueo parlamentario
que llevó a formación de gobiernos de concentración.
Durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918), a pesar
del estatus neutral de España, algunos hicieron fortuna
vendiendo armas a los beligerantes, y la inflación hizo
mella en los obreros al ver disminuidos sus ingresos. Esto
provocó protestas populares organizadas por la UGT y la
CNT. Se presionó al gobierno para que interviniera y
controlara los precios. En desenlace del conflicto, con el
estallido de la Revolución rusa, animó a las organizaciones
obreras y a los republicanos a luchar por una sociedad más
democrática.
En 1917 estalló la crisis política, y en ella confluyeron
factores como el ejército, que se había convertido en un
grupo de presión. También la oposición política
encabezada por la Lliga, que decidió convocar una
asamblea de parlamentarios en Barcelona, en la que
participaron los catalanistas, republicanos y el PSOE; en
ella se exigió la autonomía para Cataluña y la convocatoria
de unas Cortes Constituyentes, pero fue disuelta por las
autoridades. Y el movimiento obrero, que promovió una
huelga general indefinida en agosto para protestar por el
incremento de los precios de los alimentos básicos, aunque
podía desembocar en una revolución que derrocara al
régimen. Esto es exactamente lo que proclama el texto al
que nos estamos refiriendo: “se impone que el proletariado
emplee la huelga general, sin plazo limitado, como el arma
más poderosa que posee para reivindicar sus derechos”.
No obstante, la huelga no contó con el apoyo de muchos
republicanos y fue reprimida por el ejército, y su comité
organizador (formado por Julián Besteiro del PSOE y Largo
Caballero de la UGT) fue detenido.
El PSOE siguió creciendo, y pese a la escisión del grupo
que acabaría formando el Partido Comunista de España
(1922), llegó a relegar a los republicanos, desacreditados
tras los sucesos de 1917. La CNT rebasaba los 700.000
afiliados en 1919, dirigidos por Salvador Seguí, Manuel
Buencasa y Ángel Pestaña.
En 1919 se consiguió la jornada de 8 horas, pero un
conflicto obrero en Barcelona organizado por la CNT tuvo
que ser resuelto por los militares y la patronal, apoyados
por la Lliga. El clima de violencia era alto en Barcelona,
derribó a varios gobiernos y arrojó un saldo de cerca de
300 muertos en varios puntos de España.
La conflictividad llegó a la Andalucía rural. En Sevilla y
Córdoba tuvo lugar el Trienio Bolchevique (1918-1920),
durante el que se crearon sindicatos únicos que agrupaban
a todos los oficios e industrias de cada localidad. Sus
reivindicaciones eran el jornal fijo, la abolición del destajo,
la contratación de trabajadores locales de los sindicatos y
la aplicación de la jornada de 8 horas en el campo. Tras
esta conflictiva etapa, las organizaciones sindicales del
campo se debilitaron considerablemente.
Tras 1917 la crisis del régimen monárquico se acentuó. El
último intento de formar gobierno fue el del liberal García
Prieto: propuso una política de democratización, con un
proyecto de reforma agraria y fiscal, establecimiento de la
libertad de cultos, modificación del sufragio para conseguir
una representación proporcional, plan de obras públicas,
democratización del Senado y legalización de todas las
organizaciones obreras.
Pero el capitán general de Cataluña, Primo de Rivera, con
el beneplácito del rey, proclamó el estado de guerra en
1923. Alfonso XIII, ante la dimisión del Gobierno, llamó al
militar insurrecto para que se encargara del poder. A
partir de entonces se instauró la Dictadura de Primo de
Rivera, con una reacción popular en gran medida
favorable, la pasiva aceptación del PSOE y los
republicanos, y la oposición de la CNT y el PCE.
IDEAS
En cuanto a las ideas del texto, la principal sería la
convocatoria de una huelga general indefinida de
trabajadores promovida por los sindicatos obreros UGT y
CNT para protestar por sus condiciones laborales y de
vida, y liberarse de su sumisión a las clases altas.