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5 HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA PROFESIONAL EN ARGENTINA
Dra. Leticia E. Luque
La historia de la Psicología como profesión no puede contarse con justicia sino es
circunscribiéndola al contexto social, histórico y cultural en que se produce. Por lo tanto, el
objetivo de este texto es introducir unas breves notas sobre la historia de la profesión de
psicólogo/a en nuestro país, considerando factores confluyentes – del orden de lo
sociopolítico – imperantes en distintos momentos de la historia argentina.
1. Inicio de la Psicología en Latinoamérica
Desde una perspectiva “naturalista”, se afirma que la psicología científica habría nacido en
Alemania con la apertura del primer laboratorio experimental, por parte de Wilhelm Wundt51.
Desde la perspectiva “social”, la psicología como ciencia NO puede separarse de su
desarrollo como profesión, y por lo tanto, habría nacido con la creación de la primera carrera
en los Estados Unidos, destacándose la figura de Stanley G. Hall52 (Vilanova, 1995;
Vezzetti, 2007; Dagfal, 2014).
En este sentido, a la discusión sobre la clasificación de la Psicología como ciencia
natural o social53, se suma la discusión sobre sus desarrollos como ciencia y como
profesión54.
Esta segunda discusión repercutió en la psicología de Latinoamérica provocando una
“militancia bipartidista” (Vilanova, 1995) que obligó a pertenecer a un grupo o a otro. A su
vez, en las universidades esto se tradujo en una polémica entre psicoanalistas y
existencialistas, por un lado, y experimentalistas por otro.
Al margen de similitudes y diferencias entre países y regiones, lo que importa aquí es
cómo se produjo esto en Argentina.
Al respecto, Vilanova (1995) afirma que este país se hizo eco de dicha pugna desde
una rara asincronía histórica: primero hubo una etapa de “psicólogos positivistas y
funcionalistas”, que en realidad NO tenían títulos de psicólogos porque en el país no existía
la carrera como tal, y luego, una etapa de psicólogos titulados que renegaron del pasado de
su disciplina, presentándose a sí mismos como psicoanalistas o fenomenólogos (con un
claro predominio de los primeros). La bisagra entre ambas etapas es la creación de las
carreras de grado, ya que permite el paso desde la etapa de psicología SIN psicólogos a
otra de psicología CON psicólogos con los primeros egresados.
Veamos a continuación cómo se desenvolvieron estas etapas, poniendo énfasis en la
historia profesional, y contextualizándolas en factores socio-históricos y políticos que
marcaron el devenir de la Psicología argentina.
2. La psicología SIN psicólogos
Klappenbach (2006) afirma que la historia de la psicología argentina puede dividirse
en cinco grandes periodos; sin embargo, a los fines de no complejizar este texto, los
describiremos como dos, incluyendo en la primera etapa lo que caracterizó a la “psicología
sin psicólogos” y que abarca desde 1895 hasta 1962, y en la segunda (la de la psicología
con psicólogos) la historia de la psicología como profesión desde el surgimiento de los
primeros egresados de las carreras universitarias en Argentina hasta la actualidad.
2.1. La psicología “experimental”
Con diversos matices, distintos historiadores coinciden en señalar que la psicología
argentina nació como experimental, ya que tempranamente se fundaron laboratorios de
psicología experimental en nuestro país. Víctor Mercante establece en 1891 un laboratorio
de Psicofisiología en San Juan, al que le sucedieron otros55. No obstante, vale reconocer
que el adjetivo “experimental” en Argentina NO tuvo el mismo significado que en Alemania o
Estados Unidos.
Para entender la diferencia, se debe considerar que en Argentina primó el modelo
francés de Universidad, además del “afrancesamiento” de la elite cultural y política del país
de principios del siglo XX. Horacio Piñero, en una conferencia sobre la psicología
experimental en la República Argentina, en 1905, diría “intelectualmente, en realidad somos
franceses” (en Klappenbach, 2006). Por este motivo, al usar el adjetivo “experimental” debe
tenerse presente que el significado desde el modelo francés es distinto al del modelo
alemán.
Los laboratorios de psicología experimental de Alemania tenían fines de
investigación y producción del conocimiento, en consonancia con el modelo universitario
humboldtiano. En cambio, en Argentina los laboratorios experimentales tuvieron como
finalidad la divulgación y la enseñanza, como forma de complementar la enseñanza de las
cátedras, y no como espacios para la investigación56.
En Francia la psicología patológica tenía un estatus experimental que desbordaba el
marco del laboratorio, y se consideraba que lo experimental no excluía a lo clínico, sino que
venía a continuación de (lo clínico). Así, por la proximidad con el pensamiento francés, la
psicología argentina fue en su inicio experimental y clínica a la vez. Esto se convirtió un
aspecto clave en la conformación de la identidad del profesional psicólogo argentino.
2.2. La psicología filosófica
Alrededor de 1916, la psicología argentina vivencia una vuelta hacia la Filosofía.
Tal como lo destaca Klappenbach (2006), los historiadores caracterizan en términos
negativos el periodo que va desde 1916 hasta 1941. Algunos destacan el declive de los
modelos experimentales, y otros hablan de “vacío de la Psicología”. En todos los casos hay
coincidencia respecto al peso que juega en ello lo institucional y lo político.
En 1916, año en que se produjo la instalación del primer gobierno surgido del
sufragio universal, también se dio la visita al país de Ortega y Gasset, figura clave en el
retorno hacia la Filosofía. Con su frase “el positivismo ha muerto”, Ortega y Gasset
contribuye al movimiento antipositivista; aparecen los ideales reformistas (la reforma del 18’)
que, en Universidades como la de Buenos Aires y La Plata, se caracterizaron por un
rechazo al positivismo y una revaloración de la Filosofía.
Esto tuvo como consecuencia, por ejemplo, que Coriolano Alberini (docente tanto en
la UBA como en La Plata) propusiese un conocimiento psicológico caracterizado por NO
surgir de la investigación de laboratorio, y por fundir en un solo campo las temáticas de la
Psicología y la Filosofía. Por ende, desde la década del 20’ la Psicología en Argentina fue
nuevamente visualizada como una disciplina filosófica, y en la década siguiente se
consolidarían las críticas a toda forma de naturalismo (Klappenbach, 2006).
En 1930 se crea la Sociedad de Psicología de Buenos Aires, que intentaba dar
continuidad a la Sociedad Argentina de Psicología, la cual había sido creada en 1908 por
Ingenieros, Piñero y Mercante, entre otros57. A la vez, ese año se produce el Golpe deEstado a
partir del cual las intervenciones a las provincias se hacen recurrentes, tanto como
la tortura y el asesinato político, situaciones de las cuales no escaparon las universidades.
2.3. Una psicología técnica
A partir de la década de 1940, la psicología filosófica alcanzó un desarrollo amplio
dentro de las universidades, especialmente en las más establecidas, y los docentes de los
cursos psicológicos provenían del campo de la Filosofía. Pero el golpe de Estado de 1943
comenzó a marcar un cambio en el contexto social y económico del país, el cual demandaba
una psicología más aplicada y menos especulativa.
Como lo señalan Ferrero y Scherman (2022), en Argentina “la psicotecnia ingresó al
discurso psicológico a través del peronismo” (p.26); esto se debió al interés del Estado de
desarrollar una clase trabajadora industrial, que permitiese sustituir los productos importados
por los de producción nacional58. Durante el primer gobierno de Perón, la Psicotecnia y la
Orientación profesional se incluyeron en la reforma de la Constitución (1949) y su
importancia creció con su inclusión – en 1952 – en el Segundo Plan Quinquenal orientado a
la modernización de la industria y la educación pública del país59.
En paralelo se produjo otro hecho relevante para el desarrollo de la psicología como
profesión. En Boulder (Colorado, EEUU), en 1949 se llevó a cabo una conferencia en la cual
se definió el modelo científico–profesional (modelo Boulder), que recomienda una formación
doble para el psicólogo: entrenamiento práctico junto a la instrucción en fundamentos
científicos de la disciplina. Es decir, si la Psicología es tanto una ciencia como una profesión,
ambos aspectos deben contemplarse en la formación (Basso y Guinda, 2021).
Estos factores establecieron las condiciones propicias para la creación de carreras y
espacios curriculares relacionados con la Psicología, así como el nacimiento de distintas
instituciones destinadas a fomentar una psicología aplicada (Klappenbach, 2006; Dagfal,
2014). Por ejemplo, en la Universidad Nacional de Tucumán, en 1950, surgió la licenciatura
de Psicotecnia y Orientación Profesional, que funcionaría hasta 1958, año en que se
transformó en la carrera de psicología, gracias a la recomendación que se hizo en el Primer
Congreso Argentino de Psicología.
El mencionado congreso se llevó a cabo en 1954, en Tucumán, y allí se declaró “la
necesidad de crear la carrera universitaria del psicólogo profesional”, como sección
autónoma en facultades humanísticas, aprovechando los institutos ya existentes (Dagfal,
2014), y que formase profesionales capacitados para aplicar la Psicología en ámbitos
diversos como la pedagogía, la asistencia social, la organización industrial, la terapia
médica, entre otros (Ferrero y Scherman, 2022).
2.4. La creación de la carrera en Psicología
En 1955 se produjo el derrocamiento de Perón, y la “Revolución Libertadora”
devolvió la autonomía a las Universidades nacionales, comenzando una modernización
curricular que favoreció el desarrollo de las ciencias sociales (Dagfal, 2014). Para la
psicología en particular, esa modernización supuso una disminución en la importancia de la
psicotecnia y la orientación profesional.
En este año se concreta la creación de la primera carrera de psicología en Rosario60.
Entre el 56 y el 59 la carrera se creó en las universidades de Buenos Aires, La Plata,
Tucumán y San Luis. En la Universidad Nacional de Córdoba, la carrera es creada dentro de
la Facultad de Filosofía y Humanidades en 195861. A partir del 59 comenzaría a crearse en
universidades privadas del país (Klappenbach, 2006), y de ese modo, para 1964 Argentina
ya contaba con 12 carreras de psicología: 6 en universidades nacionales, 6 en
universidades privadas, y 2 más en instituciones provinciales (Klappenbach, 2018).
Un dato fundamental en esta creación fue la conformación del plantel docente. Ante
la falta de psicólogos titulados, cada universidad lo hizo con los recursos humanos
disponibles en la región. De ese modo, entre los profesores fundadores de las carreras se
encontraban médicos españoles y psiquiatras argentinos, junto con pedagogos, sociólogos,
filósofos, antropólogos y hasta autodidactas sin titulación universitaria. Esto dio lugar a una
amplia heterogeneidad en las orientaciones de la formación (Dagfal, 2014; González,
2015b).
No obstante, a pesar de esto, la orientación clínica se impuso rápidamente y esto
vino de la mano de la expansión del Psicoanálisis (Degiorgi, 2019). La pregunta obligada es
cómo se pasó tan velozmente desde la psicotecnia a una psicología clínica y por qué el
psicoanálisis se consolidó como la orientación teórica de más peso. Klappenbach (2018)
afirma que tuvo relación con el proceso de “desperonización” impulsado por la Revolución
Libertadora.
A nivel político, el derrocamiento de Perón tuvo impactos distintos en las carreras
recién creadas; por ejemplo, en Rosario la renovación del cuerpo docente fue absoluta,
mientras que en Tucumán fue prácticamente inexistente (Klappenbach, 2000, 2018). En
Rosario y Buenos Aires las cátedras comenzaron a ser ocupadas por figuras de la
Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), sin resistencia alguna, mientras que en La Plata
la llegada de Ángel Garma62 fue resistida por el estudiantado. Ahora bien, al margen de esta
heterogeneidad, lo que debe comprenderse es que lentamente la psicotecnia perdió terreno
y hacia fines de la década del sesenta había aumentado la preocupación por la clínica, y ya
se había producido la sustitución de la identidad de psicólogo por la de psicoanalista
(Klappenbach, 2000).
Vilanova (1995) afirma que la creación de las carreras de psicología en Argentina
generó “un graduado que en ningún caso recibió formación distinta de la clínica (y dentro de
ella nunca conoció otras fórmulas que las del psicoanálisis)” (p.324). Sin embargo, Dagfal
(2014) destaca que los profesores fundadores de las carreras NO tuvieron como objetivo ni
la orientación clínica ni la formación en psicoanálisis al crear los primeros planes de estudio.
Ambas cosas son el resultado de la forma en que los estudiantes fueron construyendo una
identidad profesional, y los conflictos sobre el rol surgirían luego, cuando esos estudiantes
comenzaron a graduarse.
Según las hipótesis de trabajo de Dagfal (2014), una serie de factores convergentes –ocurridos
aproximadamente entre 1959 y 1962– provocaron un giro en los objetivos
originales, poco tiempo después de la creación de las carreras.
En Argentina, el psicoanálisis tenía una implantación cultural desde los años 30’, que
se multiplicó y aceleró a fines de los 50’; la psiquiatría incluyó al psicoanálisis como discurso
fundante de la salud mental, y editoriales como Paidós contribuyeron a poner al alcance del
público general los autores psicoanalistas. Esta situación socio-cultural fue clave para lo que
ocurrió a nivel académico en el desarrollo de la identidad de los psicólogos argentinos.
Como otro factor, el autor menciona la renovación de la APA, que buscó aplicar el
psicoanálisis más allá del encuadre tradicional, y que fue acompañado por una “tendencia
exogámica” a partir de la cual se proyectó a nuevos espacios –como los hospitales públicos-
y se abrió al cruce con otras teorías –como la teoría de los grupos-.
La ocurrencia de esto se asocia a la llegada del pensamiento de Enrique Pichón-
Riviere a través de figuras como José Bleger, Fernando Ulloa y Edgardo Rolla, que fueron
docentes en carreras de distintas universidades; el paradigma psicosocial propuesto por
aquel resultaba de una mezcla ecléctica63 que se tradujo en la definición del psicólogo como
agente de cambio (social), y que fue bien recibido por el estudiantado argentino.
Un tercer factor fue la vuelta de los principios reformistas a las universidades.
Cuando los estudiantes se implicaron en el gobierno de las instituciones, actuaron como
“filtros”; es decir, tejiendo alianzas con las autoridades, contribuyeron a retener a los
docentes que les atraían y a expulsar a los que no les simpatizaban (Dagfal, 2014).
Esta conjunción de factores explica, al menos en parte, las características que
adoptó la identidad del profesional psicólogo nacional. Identidad en construcción en la época
en que la psicología argentina pasó de ser una disciplina ejercida por profesionales sin
titulación específica, a la etapa en que los primeros egresados de las carreras universitarias
comenzaron a ejercer la profesión de psicólogos.
Klappenbach (2018) también realiza un análisis interesante de tres desplazamientos
ocurridos en la década del 60” en relación al desarrollo de la psicología argentina. En primer
lugar, considera el desplazamiento desde la orientación profesional –de carácter colectivo–
hacia un modelo de orientación vocacional, de carácter individual y desde el abordaje
clínico. El desplazamiento de la psicotecnia –considerada como “taylorista”– por el proceso
de psicodiagnóstico, de carácter individual y de orientación psicoanalista. Y el reemplazo del
pensamiento psicológico psicopatológico de origen francés por el psicoanalítico.
Es en este marco que la psicología argentina abandona el proyecto de profesión que
responde a los objetivos del Estado para convertirse en una profesión liberal, y al servicio de
la individualidad.
3. La psicología CON psicólogos
Con el inicio de los egresos en distintos lugares del país, los psicólogos titulados
comenzaron a reclamar la posibilidad de ejercer según la formación recibida, ser aceptados
como psicoanalistas y desempeñarse como clínicos.
3.1. El ejercicio de la clínica
González (2015a, 2015b) dice que los propios agentes del campo psi afirman, como
un dato naturalizado, que la formación universitaria de Psicología, en Argentina, es
fundamentalmente clínica y que se produce desde el psicoanálisis como marco teórico
hegemónico. Este es un fenómeno único en el mundo, que merece ser analizado.
Comencemos por considerar el alcance del título de Psicólogo. Klappenbach (2000)
dice que desde la creación de las carreras se suscitó un conflicto “interprofesional”, se
anticipó un potencial conflicto en el ejercicio en relación con la Medicina, centrado en
determinar si a los psicólogos les correspondería o no la curación de enfermos.
Desde el punto de vista legal la clínica estaba reservada a los médicos; por lo tanto,
la mayoría de los profesores fundadores no acordaron con privilegiar dicha área de
formación para los psicólogos argentinos, y se concebía el rol profesional como subordinado
a la tutela del médico en cuanto a las psicoterapias (Dagfal, 2008, 2014). Las discusiones
sobre el ejercicio ilegal de la Medicina llevaron a que, por ejemplo, en la Universidad de La
Plata, la Facultad de Medicina propusiera que los psicólogos clínicos recibieran el título de
psicólogo auxiliar del médico psiquiatra. De igual forma, la Sociedad de Psiquiatría,
Neurología y Neuropsiquiatría, presidida por G. Bermann, presentó un informe a la Facultad
de Ciencias Médicas de la UNC en el cual se reconoce al psicólogo como colaborador, pero
dejando claro que el diagnóstico y el tratamiento (clínicos) son un acto médico, y en ningún
caso los psicólogos pueden ejercer como psicoterapeutas de manera individual
(Klappenbach, 2000, 2006).
Esto lleva a preguntarnos cómo fue que los psicólogos comenzaron a reclamar para
sí la posibilidad de curar enfermos, y a hacerlo “por la palabra”. Dagfal (2014) explica cómo
es que los primeros estudiantes de psicología –los que luego fueron los primeros
graduados– pusieron en marcha una maquinaria difícil de detener. Esos estudiantes
accedieron a prácticas en contextos hospitalarios, realizaron análisis personal con miembros
de la APA, recibieron formación clínica de profesores médicos, y por lo tanto, entendieron
qué era atender un paciente y trabajar en equipo profesional. Esto hizo complejo impedirles
el ejercicio de las psicoterapias u obstaculizar su rol como clínico. En consecuencia, los
debates por el rol del psicólogo en el ámbito clínico, que habían iniciado con la creación de
la carrera, se profundizaron con los egresos y la obtención de los títulos habilitantes.
Al parecer de Dagfal (2008), las estudiantes64 de psicología en un principio se
habrían conformado con un rol de auxiliares, como las enfermeras, actuando como
profesional responsable de hacer examen psicológico y establecer dictamen, que debía
entregarse al médico para la formulación del diagnóstico e indicación de las medidas
terapéuticas. No obstante, la situación cambió con los egresos, ya que los noveles
profesionales aspiraron a un reconocimiento equivalente al de los médicos, y comenzaron a
ejercer como clínicos en un contexto sin control burocrático alguno (ni desde el Ministerio de
Salud, ni desde instituciones gremiales).
Degiorgi (2019) afirma que el vacío de leyes que reglamentasen el ejercicio
profesional fue una preocupación de los primeros egresados. Pero por lo anteriormente
narrado, es lógico que en el ámbito de la clínica fuese donde más resistencias y rechazos se
produjeran. Esto se evidencia en la promulgación de la Ley Nacional 17.132 (de 1967), que
regula el ejercicio de la Medicina, la Odontología y actividades de colaboración. Esta ley
es conocida como la de “los tres NO”; en esta ley se reconoce al psicólogo como
profesional, pero, paradójicamente, se lo hace mediante la prohibición del ejercicio de la
psicoterapia, el psicoanálisis y la prescripción de drogas psicotrópicas65. Su vigencia se
extendería hasta la vuelta a la democracia en la década del 80’, lo que no implica que los
psicólogos hayan dejado de ejercer en el ámbito clínico.
Los golpes de Estado posteriores a los primeros egresos pueden pensarse como
situaciones que favorecieron el desarrollo de una psicología clínica. Así, refiriéndose al
golpe de Estado de 1966, Dagfal (2014) dice: “En un momento en que la actividad pública se
tornaba riesgosa, ellos [los psicólogos] fueron refugiándose cada vez en los consultorios,
siguiendo el modelo médico de atención privada, lo cual los mantenía al margen de las
regulaciones estatales” (p.111).
En relación a la dictadura militar iniciada en 1976, Fantini y Vissani (2022) sostienen
que se interrumpieron bruscamente las condiciones que, desde la década anterior, habían
favorecido los debates sobre el rol profesional y desde los cuales se percibía al psicólogo
como agente de cambio en lo subjetivo y en lo social. La psicología fue visualizada por el
gobierno de la dictadura como una ideología66 que promovía una visión ajena a los valores
del país. En consecuencia, la práctica individual, privada, de la profesión se convirtió en la
alternativa más viable, menos riesgosa.
Será recién en 1985, con la Resolución Nacional 2447 sobre Incumbencias67 de los
títulos de psicólogos y de licenciados en psicología, cuando se reconocerá la legalidad del
accionar de los psicólogos clínicos. Cabe aclarar que la Resolución 1560 del Ministerio de
cultura y educación de la Nación, y la 2350 del Consejo de Rectores de las universidades
nacionales, ambas de 1980, reconocían la habilitación del psicólogo para ejercer en las
áreas educacional, laboral y jurídica, aun cuando limitasen el accionar del clínico68.
3.2. El Psicoanálisis
Klappenbach (2000) señala que la hegemonía psicoanalítica se produjo más en el
ámbito académico que en otros. La enseñanza de la psicología desde esta orientación
teórica fue un fenómeno que –aunque de forma dispar– se produjo en todo el país y maduró
en la segunda parte de la década del sesenta. El fenómeno inició con la creación de las
carreras siendo el enfoque psicoanalítico el preferido por los estudiantes, aun en contra de
los proyectos institucionales (González, 2015a). Esta preferencia podría deberse a que se
presentó al psicoanálisis como coincidente o equivalente a la psicología general, como
aplicable a todos los fenómenos humanos (Klappenbach, 2018). Y como ya se dijo,
docentes como Bleger, Ulloa, Rolla y Bernstein moldearon desde el psicoanálisis la
formación de quienes fueron los primeros egresados de las carreras de psicología en la
Universidad de Buenos Aires (UBA).
Con el golpe de Estado de 1966, en el caso de la UBA se produjo una situación
paradojal, ya que, si bien renunciaron referentes de la carrera69, algunos jóvenes psicólogos –
recientemente egresados– ocuparon puestos de enseñanza, desde los cuales difundieron
el psicoanálisis y lucharon por la legitimidad del ejercicio de la práctica clínica (González,
2015b).
Ahora bien, podría pensarse que este fue un fenómeno aislado que solo se dio en la
UBA. Pero no lo es, ya que la hegemonía del psicoanálisis es un fenómeno nacional, tal
como lo señala González (2015b). Debido a los acuerdos entre directivos de las carreras de
Psicología de las distintas universidades del país, referidos a las contrataciones de
profesores, se produjo el desplazamiento de profesionales con formación psicoanalítica, con
la consecuente extensión de la enseñanza de dicha orientación teórica hacia otros centros70
(Klappenbach, 2000).
Vale reconocer, no obstante, que esta formación psicoanalítica generó conflictos y
desilusiones. Los egresados –al menos los primeros– se encontraron con que la APA (como
institución y en su conjunto) era reticente a aceptar psicólogos como miembros, y esto no
cambiaría hasta entrados los 80’. Además, desde el punto de vista legal, quedaba claro que
para ser psicoanalista debía poseerse un título en Medicina. En palabras de Dagfal (2014),
“esos estudiantes que habían funcionado como filtros para dejar pasar un cierto
psicoanálisis y excluir otras tendencias teóricas, rápidamente tuvieron que confrontarse con
las consecuencias concretas de no ser médicos” (pg.108). De todos modos, puede
suponerse que esta desilusión no impidió que –con tesón y porfía– los psicólogos obtuvieran
el reconocimiento para el ejercicio legal del psicoanálisis.
Zucaría (2022), aludiendo a lo ocurrido en la última dictadura, menciona el término
“clandestino” para referirse a que el poder imperante sometió la práctica psicoanalítica a la
clandestinidad, a lo prohibido, a una práctica que estaba por fuera de lo que el régimen
militar pretendía. En relación a la misma época, Fantini y Vissani (2022) afirman que los
grupos de estudio71 se tornaron una manifestación de resistencia o de oposición al poder y
en estos se produjeron las lecturas de autores que –desde fines de la década del 60’– era
leídos y reflexionados desde otras coordenadas; por ejemplo, las lecturas de Piaget se
asociaron a la pedagogía de la liberación, y las de Freud al marxismo.
Corresponde aclarar que, desde años anteriores, el psicoanálisis que se difundió y
más se arraigó en Argentina fue el de orientación lacaniana. González (2015b) destaca que
el fenómeno de la orientación psicoanalítica en su vertiente lacaniana, en la mayoría de las
cátedras (clínicas) de las carreras de psicología de las universidades nacionales, resultó
único en el mundo, siendo impensable hasta en la misma Francia72.
Dagfal (2018) dice que entre 1955 y 1966 el psicoanálisis argentino deja de ser
“patrimonio de una pequeña hermandad médica secreta”, y esto fue posible gracias a que
en los programas de las recientemente creadas carreras se incluyeron, por ejemplo, el
pensamiento de Melanie Klein, en una síntesis de psicoanálisis con fines sociales y de
inspiración francesa. No obstante, en el período de 1966 a 1976, la síntesis ecléctica de una
psicología psicoanalítica cercana al existencialismo va dando paso a otra psicología que,
siguiendo las enseñanzas de Lacan, lleva a olvidar la identidad profesional original.
Según Dagfal (2018), luego de la recepción del estructuralismo francés (con
intérpretes locales como Oscar Masotta), se produjo una disyunción exclusiva: o
psicoanálisis o psicología73, donde el psicoanálisis “ortodoxo” fue presentado como un
retorno a una Psicología que "ignoraba" el determinismo inconsciente. Es decir,
paradójicamente, el lacanianismo invitó a los psicólogos a renunciar a su propia identidad
profesional para convertirse en psicoanalistas, en un contexto intelectual y político en el que
el pensamiento francés seguía siendo crucial.
Desde el psicoanálisis lacaniano se cuestiona el discurso científico sostenido por la
universidad, como un saber cerrado que no concuerda con la noción de sujeto que propone
esta corriente. Por lo mismo, la formación de psicoanalistas desde esta corriente se produjo
en hospitales públicos, con médicos psicoanalistas, pero también en los grupos de estudio y
la forma extrauniversitaria lograda en la relación analista-analizante (Zucaría 2022). Sin
embargo, con el correr de los años, las tensiones fueron disminuyendo, en la medida en que
“el lacanismo se ha adaptado a los criterios académicos promovidos por la universidad”
(González, 2015b, p.117).
3.3. La identidad profesional
Si el lector ha estado atento, seguro se ha preguntado cómo es que el ejercicio de la
clínica y la orientación teórica psicoanalítica-lacaniana se convirtieron en los preponderantes
en la formación académica de los psicólogos argentinos, siendo que las prohibiciones
legales y el rechazo desde otras profesiones debieron ocasionar lo inverso.
Parece interesante el análisis realizado por Dagfal (2014), quien considera como
“reactiva” y “proactiva”, a la vez, la construcción de la identidad del psicólogo clínico-
psicoanalista de nuestro país.
El autor considera que, ante el rechazo y las negativas de permitirles el ejercicio
clínico y el ejercicio desde el psicoanálisis, los primeros egresados asumieron una actitud
reactiva, es decir, se sintieron rechazados, y entonces rechazaron el rechazo buscando las
formas de revertir la situación.
Esta actitud también puede ser leída como proactiva. Desde el inicio de la psicología
CON psicólogos, los profesionales no permanecieron inactivos frente a las negativas (por
ejemplo, frente a “la Ley de los tres NO”), sino que se movilizaron buscando las formas de
ser reconocidos, legalmente habilitados para el ejercicio en todos los ámbitos en que el
profesional psicólogo puede realizar aportes.
4. Plena institucionalización
La actitud antes descripta no ha sido privativa de los primeros egresados. Luego que
el Ministerio de Educación dictara la Resolución 2350/80 sobre las incumbencias, las
entidades gremiales de psicólogos de todo el país se concentraron en elaborar una
propuesta de resolución de incumbencias que sirviera para corregir la antes mencionada, y
cuyo contenido se verá reflejada luego en la Resolución 2447/85.
Así, un rasgo que caracteriza esta etapa en la profesión es la plena legalización del
ejercicio, ya que anteriormente el mismo se había producido como una práctica que –a nivel
jurídico– no le correspondía al psicólogo (Klappenbach, 2006).
Los tres primeros congresos nacionales de psicología habían sido organizados por
universidades74, pero el cuarto fue organizado en 1980 por la Federación de Psicólogos de
la República Argentina (FePRA) y teniendo como tema central las actualizaciones en
psicoterapias, una incumbencia que seguía vedada a los psicólogos (Klappenbach, 2000).
Estas acciones revelan la fuerza adquirida por la psicología profesional y/o el predominio de
la profesión sobre la academia a la hora de obtener el ansiado reconocimiento institucional.
Con el regreso a la democracia en 1983, se recuperó la autonomía en las
universidades públicas y se busca la normalización de su funcionamiento; esto supuso la
eliminación de las restricciones al ingreso y la organización de concursos docentes, además
del retorno de profesionales-profesores exiliados. En el caso de las carreras de Psicología
además se vieron impulsados los proyectos de deslinde institucional.
Por lo anterior, en esta etapa se produjo el surgimiento de Facultades de Psicología,
como instituciones autónomas; por ejemplo, en 1986 se inauguró la Facultad de Psicología
en la Universidad de Buenos Aires, y en 1998 en Córdoba. Esta posibilidad de administrar
sus recursos e independizarse de otras disciplinas permiten caracterizar a la etapa como de
plena institucionalización (Klappenbach, 2018), la cual se produjo no solo a nivel jurídico-
profesional sino también a nivel académico-científico.
A partir del reconocimiento de la necesidad de evaluar periódicamente las carreras
universitarias, y considerando el riesgo que implica para el usuario el ejercicio profesional de
la Psicología, en 1991 se crea AUAPsi (Asociación de Unidades Académicas de Psicología),
conformada por todas las facultades de psicología públicas y una carrera de psicología de
Uruguay. Fue esta asociación la que institucionalizó el debate sobre los alcances de la
profesión, y desde donde se concluyó que las carreras de psicología debían ser incluidas en
la Ley de Educación Superior (24521, de 1995). Así, desde el 2004, se indica que el
ejercicio de la profesión es de “interés público”, lo que exige que las instituciones
universitarias formadoras reflexionen sobre los contenidos y sobre todo, en relación a la
formación práctica que se brinda (González, 2015a).
En 2007, AUAPsi y UVAPsi (Unidad de Vinculación Académica de universidades de
gestión privadas) consensuaron aspectos que fueron considerados en la Resolución 343. La
misma, emitida por el Ministerio de Educación en 2009, aprueba los criterios para la
formación práctica, los contenidos curriculares básicos, la carga horaria de la formación, las
actividades profesionales que están reservadas al título de psicólogo, y los estándares para
la acreditación de las carreras. Un aspecto importante a destacar es que en dicha
Resolución se reitera la necesidad de planes de estudios que deben contemplar una
formación generalista, con pluralismo teórico, y con perspectiva multidisciplinar, que
posibilite la posterior especialización del egresado. A ello le siguió la acreditación de las
carreras de todas las universidades, públicas y privadas, de Argentina.
Existe un consenso sobre la importancia de un perfil generalista de los nuevos
profesionales. Al respecto, Klappenbach (2006) señala que hay factores como el retorno de
profesionales exiliados que continuaron sus formaciones en el extranjero o la familiarización
con instituciones internacionales gracias a la globalización, que estarían permitiendo el
diseño de modelos curriculares alternativos y un mayor pluralismo teórico en la formación y
en las prácticas profesionales. González (2015a) señala que la preponderancia del
psicoanálisis ha persistido en el tiempo y se fortaleció gracias a mecanismos de rigideces en
las tradiciones educativas que han imposibilitado las transformaciones a nivel cultural,
institucional y curricular. Pero reconoce que ya que no es posible “ignorar la creciente
presencia de la orientación cognitivo-comportamental, de las neurociencias, como así
también, en el plano terapéutico, la proliferación de terapias breves” (p.276).
Actualmente en el marco de AUAPsi continúa el debate acerca de la necesidad de un
título generalista que forme al futuro egresado en las principales áreas de ejercicio
profesional, con una visión amplia de diferentes marcos teóricos. En la práctica y en los
diferentes planes de estudios se observa una mayor amplitud en este sentido, aunque la
teoría psicoanalítica sigue siendo la preponderante, lo que, de alguna manera, continúa
condicionando el ejercicio profesional, ya que la mayoría de los graduados continúa optando
por ejercer su rol en el área clínica y desde la orientación psicoanalítica.
1.6 ACONTECIMIENTOS HISTÓRICOS DE LA PROFESIÓN DEL PSICÓLOGO EN LA
ARGENTINA.
Lic. Gabriela Degiorgi
Este articulo tiene por meta contarte una historia, quizá muchos y en esta primera
línea ya se estén diciendo a sí mismos… “que aburrida es la historia”, sin embargo, no se
trata de cualquier historia, sino de una que ya te compete y de la que viniste a sumarle e
imprimirle tus propias huellas desde el momento mismo en que empezaste a dar tus
primeros pasos por este ingreso; de una a la que viniste a incorporarte desde el momento
que tu vocación te llevo a elegir e insertarte en esta carrera, se trata de la historia de la
“Profesión del Psicólogo en la Argentina”.
Quizá te preguntarás… ¿Por qué tengo que conocer yo esta historia? o ¿Para qué?
Estudiar sobre esta historia es más que el simple acto de conocer y saber acerca del
pasado. Implica comprender y analizar acontecimientos que nos permiten entender hoy
nuestro presente profesional.
Hay un camino previo construido por los psicólogos que un día estuvieron en tu
mismo lugar, que les implicó aportar un esfuerzo inusitado y enfrentarse a muchas luchas,
en pro de:
• Profesionalizar esta disciplina
• Construir nuestra Identidad Profesional
• Legalizar nuestro legitimo quehacer Profesional
• Establecer y sostener nuestras Instituciones Colegiadoras
Nos sumergiremos así, a través de esta historia en los aconteceres más relevantes
que han incidido en el desarrollo y consolidación de la profesión del psicólogo en nuestro
país. Tendremos en cuenta para ello tres dimensiones, que tienen que ver con lo sucedido
en el campo de lo Académico, lo Legal y lo Gremial e Institucional.
Se presentará la incidencia de las variables socio-política imperantes del momento,
como así también la influencia ejercida por el poder médico, debido a que la confluencia de
estos factores fueron determinando en gran parte muchos de los avances, estancamientos y
retrocesos a lo largo de nuestro camino.
Conocer las singularidades con las que se constituyó nuestra profesión, es de vital
importancia. Porque como sostiene Sanz Ferramola: “la historia tiene un valor potencial
mucho más grande dentro de la psicología que dentro de cualquier ciencia ajena a la
subjetividad. Y ya que el objeto de la psicología es la subjetividad humana, ésta se
encuentra fuertemente implicada en el proceso histórico, como agente y a la vez como
producto, lo que genera entre la psicología y la historia un vinculo de mutua dependencia.”
(Sanz Ferramola, 1997; citado por Ferrero, 2008).
I) DESARROLLO ACONTECIDO EN EL CAMPO DE LO ACADÉMICO
Antes del período profesional que se inicia con la creación de las carreras de
psicología en la Argentina, la disciplina ya tenía varias décadas de historia. Podemos
mencionar los finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, como el tiempo de nacimiento
de la psicología en Argentina, como el de una “Psicología sin Psicólogos”, el de una
disciplina de conocimiento presente en la enseñanza universitaria, pero en los desarrollos de
otras disciplinas y prácticas. (Vezzetti, 1988).
Es recién en el Primer Congreso Argentino de Psicología realizado en Tucumán en
1954, donde se pone en evidencia el interés e importancia adquirida por la disciplina desde
esos años a esta parte y donde surge una declaración sobre la necesidad de crear “la
carrera universitaria del Psicólogo profesional” a escala nacional. (Anónimo, 1954; citado por
Dagfal, 1997).
Es así como en el año 1955, se concreta la creación de la primera carrera de
Psicología del país en la ciudad de Rosario. En el año 1958 es creada en la Universidad
Nacional de Córdoba, dentro de la Facultad de Filosofía y Humanidades (1er Plan de
Estudios) y entre los años 1956 y 1959 fueron creadas en las Universidades de Buenos
Aires, San Luis, Tucumán y La Plata.
Dentro de las orientaciones profesionales la clínica se impuso rápidamente, pasando
a ser la más demandada por los alumnos. Esto era acorde con la popularidad que adquiría
la clínica como ocupación privilegiada del Psicólogo a nivel internacional. En Argentina este
predominio vino de la mano de una rápida expansión del psicoanálisis, que a mediados de la
década del 60 se instaló como matriz teórica fundamental (Courel, 1999b).
Hasta 1960, el psicoanálisis competía con la Psiquiatría tradicional en la compresión
y tratamiento de la enfermedad mental, pero rápidamente su demanda se extendió en la
sociedad, formando parte de las renovaciones culturales de esa época. En este marco, las
recién creadas carreras de Psicología se presentaban como vías para su difusión (Talak,
2000).
Hacia principios de la década del sesenta, surgen los primeros profesionales de la
Psicología en nuestro país. Comienza la etapa de la Psicología Profesional, dándose inicio a
una “Psicología con Psicólogos”.
A esta primera generación de profesionales, les tocó una tarea muy particular:
construir la identidad profesional, en un trabajo que abarcaba tanto el campo interno –para
los propios Psicólogos- como el externo –en los distintos espacios en que empezaba a
insertarse-.
Progresivamente fueron incorporándose en diversas instituciones, construyendo el
rol profesional, la docencia de la Psicología fue pasando lentamente a manos de los
Psicólogos.
Cuando se estaban obteniendo los primeros logros: la carrera estaba en vías de
consolidación, su primer instituto de investigación ya estaba armado, la “noche de los
bastones largos” del año 1966 irrumpe todo, generando la expulsión y desaparición de
docentes e investigadores.
La crisis política, social y económica vivida en las décadas que fueron desde los
sesenta a los ochenta, determinadas por sucesivos golpes de estado y gobierno de
diferentes dictaduras, incidió directamente en el desarrollo de nuestra profesión.
La persecución ideológica en aquellos tiempos estaba dirigida a todos los sectores
sociales, en especial a los intelectuales y en particular a nuestra disciplina, ya que en este
contexto aparecíamos como amenazantes, estimuladores de reflexión, promovedores de
teorías y acciones de cambio social.
A su vez la actividad clínica de los Psicólogos en el campo de la salud, se fueron
acentuando, apareciendo conflictos de competencias con el médico. La puja no era solo por
derechos laborales. El tipo de Psicoanálisis en expansión, más próximo a las humanidades
que a las ciencias naturales, inspiraba la diferenciación de la Psicología respecto de la
Medicina, más asentada en la segunda. Al mismo tiempo, los psicodiagnósticos las
psicoterapias, la psicoprofilaxis y diversos saberes que se inscribían en la Psicología influían
en las características de las prácticas médicas psiquiátricas, de la pediatría y de la
obstetricia, contrarrestando también el organicismo tradicional que impregnaba los sistemas
de salud (Courel, 1999b).
Otras áreas de la Psicología, como la laboral, la organizacional, la sociocomunitaria y
la forense, más necesitadas de soportes institucionales que la clínica, no lograban
desarrollarse con la misma fuerza.
En 1969, se modifica el Plan de Estudios de la carrera de Psicología en la
Universidad Nacional de Córdoba (2do plan de estudios).
En el año 1976, momento de plena dictadura militar, se cierra el ingreso a la carrera
de Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba, en el caso de otras universidades del
país se cierra la carrera.
Dos años más tarde, se reabre el ingreso a la misma, con un nuevos Plan de
Estudios (3er plan de estudios), pero con un cupo limitado de 50 alumnos.
Recién con el advenimiento de la Democracia en la década del ochenta, las
universidades recuperaron su autonomía y avanzaron hacia su normalización.
Se eliminaron los cupos de ingreso, donde los había y la matrícula en todas las carreras del
país pasó a ser masiva.
En 1986, se aprueba un nuevo Plan de Estudios de la carrera de Psicología, en la
Universidad Nacional de Córdoba (4to Plan de Estudios, Plan vigente en la actualidad con
sus respectivas y posteriores modificaciones).
Progresivamente las carreras de Psicología pasaron a tener importancia dentro de las
universidades y a buscar autonomía, logrando el estatuto de “Facultades” (Toro & Villegas,
2001).
En 1986 se constituye la Facultad de Psicología en la UBA, en 1987 la de Rosario
(UNR), en 1994 la de Tucumán (UNT), en 1996 la de Mar del Plata.
En el caso de la Universidad Nacional de Córdoba, por Asamblea Universitaria se aprueba
la creación de la Facultad de Psicología en 199875.
Recuperados así los espacios académicos en las universidades tras el retorno de la
democracia, se empieza a instalar una nueva necesidad que tiene que ver con la revisión de
la formación y sus planes de estudio. En Argentina, la discusión académica en torno a los
contenidos curriculares a dictar y otras temáticas relacionadas, se vio institucionalizada con
la conformación de la Asociación de Unidades Académicas de Psicología -AUAPSI- en 1991
(González, 2015). Este organismo está conformado actualmente por las unidades
académicas de psicología pertenecientes a universidades públicas: nueve de Argentina y
una de Uruguay. En su estatuto inicial AUAPSI se propuso “promover la interrelación entre
las distintas unidades académicas de psicología del país, con el objetivo permanente de
mejorar la formación de grado y posgrado, la investigación y la extensión universitaria.” A la
vez, pretendió “propender al logro de objetivos comunes en cuanto al perfil del graduado, su
currículum y grado académico, acorde con las necesidades nacionales.”
Años más tarde, desde esta asociación se llevó a cabo un informe en 1998, que elaboró en
detalle el diagnóstico sobre las carreras de psicología, a la vez que se confeccionó otro
informe de recomendaciones en 1999. Entre otras conclusiones este texto dio cuenta del
profundo énfasis existente en el área profesional particularmente en la clínica psicoanalítica−
que existe en las distintas carreras de psicología. A la vez, se indicó que la formación
profesional en áreas distintas a la clínica es insuficiente, como así también la formación e
investigación. Por ello, se señaló la importancia de cubrir áreas vacantes y de realizar una
apertura a otras corrientes teóricas.
En 1995, se va a dar sanción a la Ley de Educación Superior Nº 24.521(LES), que
viene a regular la educación terciaria y universitaria, tanto de gestión estatal como privada.
En ese marco se crea la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitarias
(CONEAU), órgano de aplicación y encargada de entender en los procedimientos de
mejoramiento de la calidad y acreditación de las carreras.
AUAPSI junto con AUAPPRI (Asociación de Unidades Académicas de Psicología de
Universidades Privadas) y por su parte en lo gremial y profesional, la Federación de
Psicólogos de la República Argentina (FEPRA), peticionaron repetidas veces ante el Estado,
logrando que en el año 2004 las carreras ingresaran en procesos de evaluación y
acreditación universitaria. Por medio de la inclusión de las mismas en el artículo 43 de la Ley
de Educación Superior 24.521, psicología forma parte del grupo de carreras que deben ser
evaluadas y acreditadas periódicamente. Según esta norma, el ejercicio de esas profesiones
es de “interés público” y pone “en riesgo de modo directo la salud, la seguridad, los
derechos, los bienes o la formación de los habitantes”. Por ello se exige que estas carreras
se adecúen a determinados criterios y estándares (González, 2015).
Mediante el Acuerdo Plenario Nº 21 del Consejo de Universidades (2003) y Resolución
Ministerial Nº 136 del año 2004, se incluyó a los títulos de Psicólogo y Licenciado en
Psicología en el régimen del artículo 43 de la LES.
A los fines de dar cumplimiento a los requerimientos necesarios, la AUAPsi, en
conjunto con Universidades privadas, tomando los aportes de la FePRA, y teniendo en
cuenta los informes de las Secretarías Académicas de cada Unidad Académica, elaboraron
un documento en respuesta a cada uno de los ítems exigidos.
En febrero de 2008 se eleva al Consejo de Universidades este texto donde se
proponen los parámetros formativos para la acreditación de la carrera de Psicología según
lo requerido en la legislación vigente. Por Acuerdo Plenario Nº 64 de fecha 23 de junio de
2009 se prestó conformidad a lo propuesto refrendándose lo acordado a través de la
Resolución Ministerial Nº 343/09: allí se aprobaron los criterios para la formación práctica,
contenidos curriculares básicos, carga horaria, actividades profesionales reservadas al título
de psicólogo, y los estándares para la acreditación de las carreras ─aspectos previamente
consensuados por AUAPSI y la Unidad de Vinculación Académica de Psicología de
Universidades de Gestión Privada (UVAPSI) en el año 2007. Allí se postula que los planes
de estudio deben contemplar una “formación generalista con pluralismo teórico y perspectiva
multidisciplinaria que posibilite la posterior especialización del egresado”.
En 2010 la CONEAU designó la Comisión Asesora para los procesos de acreditación
de las Carreras de Psicología en el país. En el caso de la Facultad de Psicología de la UNC,
tras cumplimentar los pasos correspondientes del proceso requerido, logra en el año 2013 la
acreditación de la carrera.
II) DESARROLLO ACONTECIDO EN EL CAMPO DE LO LEGAL
A) Período de restricción Legal del ejercicio profesional del Psicólogo
El vacío de leyes que reglamentara el ejercicio de la práctica profesional del
Psicólogo, ya era un tema de preocupación de los primeros egresados. Si bien
progresivamente iban logrando abrir camino en distintos campos, instituciones, con un
especial desarrollo en el ámbito clínico, aparecían en el mercado de trabajo como un grupo
nuevo y debían competir con profesiones ya consolidadas como los psicoanalistas médicos
y los psiquiatras que contaban con mayor legitimidad social y habilitación legal para ejercer
sus prácticas. Es por esta razón que los Psicólogos debían avanzar tanto en la búsqueda de
aceptación y reconocimiento social como también en el terreno legal que les era adverso.
Estrategias de legitimación basadas en intervenciones concretas ofreciendo una serie
de competencias ligadas a la evaluación y al diagnóstico de la personalidad que les
permitieron incorporarse al terreno de las psicoterapias de manera gradual, buscaban
demostrar la efectividad de las mismas y al mismo tiempo insistir sobre el valor diferencial
de una intervención estrictamente psicológica.
Resulta evidente, que esta búsqueda de un perfil clínico por parte de los psicólogos
que encontró resistencias importantes del lado de las profesiones ya constituidas en este
terreno, sumando al controvertido momento socio-político y la persecución ideológica
dirigida a los sectores intelectuales, en especial a nuestra disciplina, fueron factores que
derivaron en medidas oficiales francamente restrictivas hacia la práctica profesional del
psicólogo.
Es así que, en 1967, se promulga la Ley Nacional 17.132 que regula el ejercicio de la
Medicina, Odontología y actividades de colaboración, conocida también como Ley de
Holmberg o Ley de “los tres No”, en donde se les prohibía a los psicólogos el ejercicio de la
psicoterapia, el psicoanálisis y la prescripción de drogas psicotrópicas.
Esta Ley impedía a los psicólogos ejercer la práctica clínica, subordinándolo a la
supervisión del médico y colocándolo como auxiliar. Como señala la Lic. Adela Duarte (una
de las primeras egresadas del país), con la promulgación de esta ley los psicólogos son por
primera vez y al mismo tiempo reconocidos e ignorados: “Digo esto porque hasta ese
momento no aparecíamos mencionados en ninguna reglamentación profesional y nosotros
buscábamos el reconocimiento legal. Con esta ley, en un solo acto, se nos denominaba
psicólogos y simultáneamente se restringe y cercena nuestra actividad profesional” (Duarte,
1992).
Pero las restricciones no terminaron acá, en el caso de Córdoba, en 1978 se dicta la
Ley Provincial 6.222, que prohíbe el ejercicio liberal de la profesión a los psicólogos y
subordina su práctica al médico (contenía básicamente lo mismo que la ley nacional
17.132).
En julio de 1980 se nos notifica desde el Ministerio de Bienestar Social de la Nación su
intención de modificar la ley 17.132. Además, nos solicita que preparáramos un
memorándum expresando cuales debían ser las reformas que entendíamos como
pertinentes en lo que respecta al ejercicio de la Psicología, reforma ésta que se efectivizaría
al año siguiente.
Aparentemente parecía que empezaban a reconocernos, pero las ilusiones duraron
poco, porque en septiembre de ese mismo año el Ministerio de Cultura y Educación dicta la
Resolución 1560/80 sobre Incumbencias para Psicólogos y Licenciados en Psicología. La
misma dice que a los psicólogos les incumbe la obtención de test psicológicos y la
colaboración en tares de investigación psicológica únicamente por indicación y bajo
supervisión del médico psiquiatra. Al final refuerza: No les incumbe la práctica del
psicoanálisis, de la psicoterapia, ni prescripción de drogas psicotrópicas.
Dicha resolución se propone:
• Reforzar nuestro lugar como auxiliares de la Medicina, en franca contradicción con
el reconocimiento de la Psicología como ciencia autónoma.
• Restringir al alcance del título otorgado por las Universidades a los Psicólogos.
• Invalidar nuestro derecho al trabajo, desautorizando nuestra capacitación
profesional.
La lucha de los Psicólogos empieza a ser ardua e intensa y progresivamente viendo
que nuestros reclamos son justos, empiezan a apoyarnos desde la Confederación de
Profesionales de la República Argentina, la Asociación Dominicana de Psicología, la
Convención Nacional de Entidades Universitarias y hasta la propia Asociación de
Psiquiatras de Capital Federal, quien reconoce la idoneidad de nuestro trabajo y la eficacia
de nuestra preparación universitaria.
Finalmente, en diciembre del mismo año el Consejo de Rectores de Universidades
Nacionales dictamina la Resolución 2350/80 que intenta corregir la anterior: habla de la
habilitación de los psicólogos en las áreas educacional, laboral y jurídica, pero es
insuficiente en el área clínica.
Se podría decir que el triunfo era parcial, porque si bien lográbamos el
reconocimiento de tres áreas de ejercicio profesional, nada expresa esta resolución sobre
psicoterapia, quedando en el área clínica subordinados a lo establecido en la resolución
anterior (1560/80).
B) Período de reconocimiento legal del ejercicio profesional del Psicólogo
Recién con el advenimiento de la Democracia en la década del ochenta logramos
reivindicar nuestros derechos. En este período denominado por Klappenbach (1996) como
Período de la plena institucionalización, “se crean determinadas condiciones que favorecen
el pleno ejercicio público de la profesión del psicólogo”.
“En tal sentido, un primer rasgo que se destaca en el período, en lo relacionado con la
profesionalización, es la legalización del ejercicio profesional de la psicología, que
consolidaría en todo el territorio de la República” (Avelluto, 1983 citado en Klappenbach,
1996).
Las leyes sancionadas en este período, la mayoría vigentes en la actualidad rigiendo el
ejercicio profesional del Psicólogo, fueron las siguientes:
• Ley provincial 7.106 sobre Disposiciones para el ejercicio de la Psicología en la
provincia de Córdoba (sancionada en 1984, vigente actualmente)
• Resolución Nacional 2.447 sobre Incumbencias de los Títulos de Psicólogos y
de Licenciados en Psicología, dictada por el Ministerio de Educación de la
Nación. Dicha resolución reconoce el accionar de los Psicólogos en el área clínica,
derogando las resoluciones y leyes anteriores que lo prohibían (1985).76 En el año
2009, tras la sanción de la ya mencionada Resolución 343, se amplían las
incumbencias del título.
• Resolución Nº 5 Código de Ética de la Provincia de Córdoba, uno de los primeros
Códigos de Ética de la Argentina (1987).77 En el año 1999, la FePRA va a dictar su
propio Código de Ética para todos los psicólogos del país. Este código sirvió
durante muchos años como Código de referencia, dado que no tuvo fuerza de ley.
Pero en diciembre de 2013 por Asamblea Extraordinaria, la FePRA no solo lo va a
modificar y actualizar, sino que además va a convocar a todos los Colegios
Profesionales del país a que lo adopten como el Código oficial. En el caso de la
Provincia de Córdoba, en el año 2014 el Colegio de Psicólogos va a reemplazar el
Código sancionado por la Resolución N° 5 y va a adoptar Código de Ética de
FePRA como el vigente.
• Ley Provisional 7.601, donde se incluye a los psicólogos en la Caja de Previsión
Social para Profesionales de la Salud (sancionada en 1987, vigente
actualmente).
• Ley Provincial 7.625, sobre el Régimen para el equipo de salud humana. Se
incorpora a los psicólogos en la carrera hospitalaria (sancionada en 1987, vigente
actualmente).
• Resolución Nº 21, donde establece la creación del Área de la Psicología Sanitaria
(sancionada en 1989, vigente actualmente).78
• Ley Nacional 26.657 sobre el Derecho a la Protección de la Salud Mental. Esta
ley fue sancionada en el año 2010 e impone un cambio de paradigma respecto a la
concepción de la salud mental. En el caso de la Provincia de Córdoba, en el mismo
año se sanciona al respecto la Ley Provincial 9.848.
III) DESARROLLO ACONTECIDO EN EL CAMPO DE LO GREMIAL E
INSTITUCIONAL
Debido a las dificultades y restricciones con las que nos enfrentábamos en el campo
de lo Académico y fundamentalmente de lo Legal, los psicólogos emprenden su lucha
gremial en defensa de sus legítimos derechos.
Es por esta razón, que comienzan a nucleares, buscando concentrar fuerzas a través
de Instituciones, (regionales, provinciales o nacionales) que los represente para enfrentar
difíciles desafíos y alcanzar sus objetivos.
Dicho proceso de institucionalización es relevante, pues no solo confiere nominación a
los sujetos, sino que les impone un lugar y constituye un espacio que favorece, a la vez, una
definición frente a otros.
Es así que, en el año 1971, se constituye la Confederación de Psicólogos de la
República Argentina (COPRA), cuyo objetivo principal de dicha institución era la de cubrir
la falta de Legislación que protegiera a los psicólogos e impulsar la creación de entidades
provinciales. El funcionamiento de esta institución dura pocos años, debido a que fue
limitado por el gobierno de Facto.
El 13 y 14 de octubre de 1974, la Escuela de Psicología de Córdoba en conjunto con
su Centro de Estudiantes y con el apoyo de COPRA, organizan el primer Encuentro
Nacional de estudiantes y profesionales de la Psicología en esta provincia, siendo sede la
Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC. El objetivo de este encuentro fue
reivindicar a la profesión ante decisiones del gobierno, luchar ante la exclusión de los
psicólogos en el Sistema Nacional Integrado de Salud (sistema al que pertenecían las
diversas profesiones de la salud), sentándose las bases para la creación del Colegio de
Psicólogos. Como hito de este encuentro queda establecido el 13 de octubre como el “Día
del Psicólogo”.
En el caso de la provincia de Córdoba, las instituciones que lograron constituirse en los
años venideros fueron las siguientes:
• La Asociación de Psicólogos de Río IV (1976).
• La Asociación de Psicólogos de Villa María (1977).
• El Colegio de Psicólogos de la Ciudad de Córdoba (1979).
A nivel Nacional, se contribuye en 1977, la Federación de Psicólogos de la
República Argentina (FEPRA) institución que viene a reemplazar y a desempeñar las
funciones que ejercía COPRA. Institución que permanece en vigencia hasta la fecha.
A través de distintas acciones el gobierno militar intenta limitar la participación de psicólogos
y estudiantes de Psicología en las entidades profesionales, logrando en muchos casos el
cierre de asociaciones o colegios en algunas provincias.
No obstante, la conciencia gremial de los psicólogos en esos tiempos, que era de
destacar, no hizo declinar la fuerza. Logrando a pesar de las circunstancias el
restablecimiento de nuevas instituciones, la apertura de algunos espacios laborales,
continuando la lucha para tratar de alcanzar el reconocimiento legal.
Con el advenimiento de la democracia y a partir de la legalización de nuestra práctica
profesional, logramos establecer instituciones colegiadoras que en este caso eran
sancionadas con fuerza de Ley.
Dichas instituciones pasan a tener otras funciones además de las gremiales, que
tienen que ver con la regulación de la práctica y el control deontológico de la profesión.
Así, en 1984 se constituye el Consejo de Psicólogos de la Provincia de Córdoba79,
que años más tarde, se fusiona junto con el Colegio de Psicólogos de la ciudad de Córdoba
(1979), la Asociación de Psicólogos de Río IV (1976) y la Asociación de psicólogos de Villa
María (1977), en una única institución que es el actual Colegio de Psicólogos de la
Provincia de Córdoba80. Dicha Institución establece Delegaciones Regionales en las
ciudades de Villa María, Río IV y San Francisco.
CONSIDERACIONES FINALES
“En la actualidad, la psicología se encuentra en un momento de fuerte consolidación
profesional: leyes de ejercicio profesional sancionadas en casi la totalidad de las provincias,
institucionalización a través de los Colegios y Asociaciones, sólida representación por medio
de la Federación de Psicólogos de la República Argentina en el proceso de integración al
MERCOSUR” (Calo, 2000).
Pero la situación actual está lejos de ser fruto de un progreso tranquilo. Dos décadas
nos llevó para legalizar lo que legítimamente nos correspondía desde lo científico, desde lo
jurídico y desde la función social. Fue una lucha ardua, permanente, en medio de un
contexto socio político de represión ejercida por parte del gobierno de facto, con las
intervenciones constantes del sector médico que intentaba en todo momento subordinar
nuestra práctica profesional a la suya, fundamentalmente en el ámbito de la salud, el que
tradicionalmente fue considerado como patrimonio propio.
La restitución de la Democracia en la década del ochenta, nos abrió las puertas para el
planteo de nuestras reivindicaciones y lograr el reconocimiento de nuestros derechos.
Pudimos consolidar una tradición académica hasta aquí siempre interrumpida, fortalecer y
afianzar aquellas instituciones que nos nuclean, regulan y procuran por nuestro progreso.
Logramos darle un Marco Legal y Deontológico a la Profesión del Psicólogo. La totalidad de
las leyes sancionadas, tanto en el orden Nacional como Provincial, son coincidentes en tres
puntos fundamentales:
• La plena autonomía profesional del Psicólogo.
• La validez del título de Psicólogo otorgado por la Universidad Nacional o Privada
reconocida, como única condición para el ejercicio profesional, clínico, educacional,
laboral, institucional y forense.
• El reconocimiento de la práctica de la psicoterapia, a cargo del Psicólogo en el área
clínica” (FEPRA, 1985, julio-agosto).
Hoy la identidad profesional no es una idea a generarse, sino que ya está, se irá
modificando, ampliando, construyendo y enriqueciendo, pero no nos encontramos con los
problemas que teníamos antes con qué era esto de ser Psicólogos (Ares, 1985).
No obstante, así como a toda una generación de profesionales les tocó luchar por nuestro
reconocimiento legal hoy la tarea continúa. El reconocimiento social es una cuestión que
aún nos convoca.
Somos una profesión relativamente joven, en comparación con aquellas disciplinas ya
definitivamente asentadas y conformadas, nos tocó recorrer un camino sin huellas, con un
saber y una práctica que buscó ser relegada y desvalorizada. Estos aspectos no dejaron de
ser incidentes en el imaginario social, siendo nuestro gran desafío esclarecer y definir en
este ámbito nuestro quehacer profesional, nuestros campos de actuación, como así también
la autonomía de nuestra disciplina.
Reivindicar derechos que, a pesar de ser legales, todavía en algunos casos no nos son
otorgados, conquistar nuevos espacios que le son pertinentes a nuestra práctica profesional,
así como desarrollar nuevas áreas de ejercicio, son también algunas de las metas que
todavía nos quedan por alcanzar.
Es a partir de una reflexión constante sobre nuestra práctica profesional, una
evaluación permanente del lugar que ocupamos en los distintos ámbitos, lo que nos va a
permitir identificar sobre la marcha aquellas debilidades que aún nos quedan por fortalecer.
Todo esto acompañado de un ejercicio responsable, idóneo y ético de nuestro desempeño
profesional, es lo que nos permitirá continuar en el camino del crecimiento y desarrollo de
nuestra Profesión.