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Textos

La historia de la psicología profesional en Argentina se divide en dos etapas: la 'psicología sin psicólogos' (1895-1962) y la 'psicología con psicólogos' desde la creación de carreras universitarias. La transición hacia una psicología profesional se vio influenciada por factores sociopolíticos y culturales, así como por la llegada del psicoanálisis y la psicotecnia en el contexto del peronismo. A partir de la década de 1960, la identidad del psicólogo argentino se consolidó, predominando la orientación clínica y el psicoanálisis como enfoque principal en la formación académica.
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La historia de la psicología profesional en Argentina se divide en dos etapas: la 'psicología sin psicólogos' (1895-1962) y la 'psicología con psicólogos' desde la creación de carreras universitarias. La transición hacia una psicología profesional se vio influenciada por factores sociopolíticos y culturales, así como por la llegada del psicoanálisis y la psicotecnia en el contexto del peronismo. A partir de la década de 1960, la identidad del psicólogo argentino se consolidó, predominando la orientación clínica y el psicoanálisis como enfoque principal en la formación académica.
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1.

5 HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA PROFESIONAL EN ARGENTINA

Dra. Leticia E. Luque

La historia de la Psicología como profesión no puede contarse con justicia sino es

circunscribiéndola al contexto social, histórico y cultural en que se produce. Por lo tanto, el

objetivo de este texto es introducir unas breves notas sobre la historia de la profesión de

psicólogo/a en nuestro país, considerando factores confluyentes – del orden de lo

sociopolítico – imperantes en distintos momentos de la historia argentina.

1. Inicio de la Psicología en Latinoamérica

Desde una perspectiva “naturalista”, se afirma que la psicología científica habría nacido en

Alemania con la apertura del primer laboratorio experimental, por parte de Wilhelm Wundt51.

Desde la perspectiva “social”, la psicología como ciencia NO puede separarse de su

desarrollo como profesión, y por lo tanto, habría nacido con la creación de la primera carrera

en los Estados Unidos, destacándose la figura de Stanley G. Hall52 (Vilanova, 1995;

Vezzetti, 2007; Dagfal, 2014).

En este sentido, a la discusión sobre la clasificación de la Psicología como ciencia

natural o social53, se suma la discusión sobre sus desarrollos como ciencia y como

profesión54.

Esta segunda discusión repercutió en la psicología de Latinoamérica provocando una

“militancia bipartidista” (Vilanova, 1995) que obligó a pertenecer a un grupo o a otro. A su

vez, en las universidades esto se tradujo en una polémica entre psicoanalistas y

existencialistas, por un lado, y experimentalistas por otro.

Al margen de similitudes y diferencias entre países y regiones, lo que importa aquí es

cómo se produjo esto en Argentina.

Al respecto, Vilanova (1995) afirma que este país se hizo eco de dicha pugna desde

una rara asincronía histórica: primero hubo una etapa de “psicólogos positivistas y

funcionalistas”, que en realidad NO tenían títulos de psicólogos porque en el país no existía

la carrera como tal, y luego, una etapa de psicólogos titulados que renegaron del pasado de

su disciplina, presentándose a sí mismos como psicoanalistas o fenomenólogos (con un

claro predominio de los primeros). La bisagra entre ambas etapas es la creación de las

carreras de grado, ya que permite el paso desde la etapa de psicología SIN psicólogos a

otra de psicología CON psicólogos con los primeros egresados.


Veamos a continuación cómo se desenvolvieron estas etapas, poniendo énfasis en la

historia profesional, y contextualizándolas en factores socio-históricos y políticos que

marcaron el devenir de la Psicología argentina.

2. La psicología SIN psicólogos

Klappenbach (2006) afirma que la historia de la psicología argentina puede dividirse

en cinco grandes periodos; sin embargo, a los fines de no complejizar este texto, los

describiremos como dos, incluyendo en la primera etapa lo que caracterizó a la “psicología

sin psicólogos” y que abarca desde 1895 hasta 1962, y en la segunda (la de la psicología

con psicólogos) la historia de la psicología como profesión desde el surgimiento de los

primeros egresados de las carreras universitarias en Argentina hasta la actualidad.

2.1. La psicología “experimental”

Con diversos matices, distintos historiadores coinciden en señalar que la psicología

argentina nació como experimental, ya que tempranamente se fundaron laboratorios de

psicología experimental en nuestro país. Víctor Mercante establece en 1891 un laboratorio

de Psicofisiología en San Juan, al que le sucedieron otros55. No obstante, vale reconocer

que el adjetivo “experimental” en Argentina NO tuvo el mismo significado que en Alemania o

Estados Unidos.

Para entender la diferencia, se debe considerar que en Argentina primó el modelo

francés de Universidad, además del “afrancesamiento” de la elite cultural y política del país

de principios del siglo XX. Horacio Piñero, en una conferencia sobre la psicología

experimental en la República Argentina, en 1905, diría “intelectualmente, en realidad somos

franceses” (en Klappenbach, 2006). Por este motivo, al usar el adjetivo “experimental” debe

tenerse presente que el significado desde el modelo francés es distinto al del modelo

alemán.

Los laboratorios de psicología experimental de Alemania tenían fines de

investigación y producción del conocimiento, en consonancia con el modelo universitario

humboldtiano. En cambio, en Argentina los laboratorios experimentales tuvieron como

finalidad la divulgación y la enseñanza, como forma de complementar la enseñanza de las

cátedras, y no como espacios para la investigación56.

En Francia la psicología patológica tenía un estatus experimental que desbordaba el

marco del laboratorio, y se consideraba que lo experimental no excluía a lo clínico, sino que
venía a continuación de (lo clínico). Así, por la proximidad con el pensamiento francés, la

psicología argentina fue en su inicio experimental y clínica a la vez. Esto se convirtió un

aspecto clave en la conformación de la identidad del profesional psicólogo argentino.

2.2. La psicología filosófica

Alrededor de 1916, la psicología argentina vivencia una vuelta hacia la Filosofía.

Tal como lo destaca Klappenbach (2006), los historiadores caracterizan en términos

negativos el periodo que va desde 1916 hasta 1941. Algunos destacan el declive de los

modelos experimentales, y otros hablan de “vacío de la Psicología”. En todos los casos hay

coincidencia respecto al peso que juega en ello lo institucional y lo político.

En 1916, año en que se produjo la instalación del primer gobierno surgido del

sufragio universal, también se dio la visita al país de Ortega y Gasset, figura clave en el

retorno hacia la Filosofía. Con su frase “el positivismo ha muerto”, Ortega y Gasset

contribuye al movimiento antipositivista; aparecen los ideales reformistas (la reforma del 18’)

que, en Universidades como la de Buenos Aires y La Plata, se caracterizaron por un

rechazo al positivismo y una revaloración de la Filosofía.

Esto tuvo como consecuencia, por ejemplo, que Coriolano Alberini (docente tanto en

la UBA como en La Plata) propusiese un conocimiento psicológico caracterizado por NO

surgir de la investigación de laboratorio, y por fundir en un solo campo las temáticas de la

Psicología y la Filosofía. Por ende, desde la década del 20’ la Psicología en Argentina fue

nuevamente visualizada como una disciplina filosófica, y en la década siguiente se

consolidarían las críticas a toda forma de naturalismo (Klappenbach, 2006).

En 1930 se crea la Sociedad de Psicología de Buenos Aires, que intentaba dar

continuidad a la Sociedad Argentina de Psicología, la cual había sido creada en 1908 por

Ingenieros, Piñero y Mercante, entre otros57. A la vez, ese año se produce el Golpe deEstado a
partir del cual las intervenciones a las provincias se hacen recurrentes, tanto como

la tortura y el asesinato político, situaciones de las cuales no escaparon las universidades.

2.3. Una psicología técnica

A partir de la década de 1940, la psicología filosófica alcanzó un desarrollo amplio

dentro de las universidades, especialmente en las más establecidas, y los docentes de los

cursos psicológicos provenían del campo de la Filosofía. Pero el golpe de Estado de 1943

comenzó a marcar un cambio en el contexto social y económico del país, el cual demandaba
una psicología más aplicada y menos especulativa.

Como lo señalan Ferrero y Scherman (2022), en Argentina “la psicotecnia ingresó al

discurso psicológico a través del peronismo” (p.26); esto se debió al interés del Estado de

desarrollar una clase trabajadora industrial, que permitiese sustituir los productos importados

por los de producción nacional58. Durante el primer gobierno de Perón, la Psicotecnia y la

Orientación profesional se incluyeron en la reforma de la Constitución (1949) y su

importancia creció con su inclusión – en 1952 – en el Segundo Plan Quinquenal orientado a

la modernización de la industria y la educación pública del país59.

En paralelo se produjo otro hecho relevante para el desarrollo de la psicología como

profesión. En Boulder (Colorado, EEUU), en 1949 se llevó a cabo una conferencia en la cual

se definió el modelo científico–profesional (modelo Boulder), que recomienda una formación

doble para el psicólogo: entrenamiento práctico junto a la instrucción en fundamentos

científicos de la disciplina. Es decir, si la Psicología es tanto una ciencia como una profesión,

ambos aspectos deben contemplarse en la formación (Basso y Guinda, 2021).

Estos factores establecieron las condiciones propicias para la creación de carreras y

espacios curriculares relacionados con la Psicología, así como el nacimiento de distintas

instituciones destinadas a fomentar una psicología aplicada (Klappenbach, 2006; Dagfal,

2014). Por ejemplo, en la Universidad Nacional de Tucumán, en 1950, surgió la licenciatura

de Psicotecnia y Orientación Profesional, que funcionaría hasta 1958, año en que se

transformó en la carrera de psicología, gracias a la recomendación que se hizo en el Primer

Congreso Argentino de Psicología.

El mencionado congreso se llevó a cabo en 1954, en Tucumán, y allí se declaró “la

necesidad de crear la carrera universitaria del psicólogo profesional”, como sección

autónoma en facultades humanísticas, aprovechando los institutos ya existentes (Dagfal,

2014), y que formase profesionales capacitados para aplicar la Psicología en ámbitos

diversos como la pedagogía, la asistencia social, la organización industrial, la terapia

médica, entre otros (Ferrero y Scherman, 2022).

2.4. La creación de la carrera en Psicología

En 1955 se produjo el derrocamiento de Perón, y la “Revolución Libertadora”

devolvió la autonomía a las Universidades nacionales, comenzando una modernización

curricular que favoreció el desarrollo de las ciencias sociales (Dagfal, 2014). Para la
psicología en particular, esa modernización supuso una disminución en la importancia de la

psicotecnia y la orientación profesional.

En este año se concreta la creación de la primera carrera de psicología en Rosario60.

Entre el 56 y el 59 la carrera se creó en las universidades de Buenos Aires, La Plata,

Tucumán y San Luis. En la Universidad Nacional de Córdoba, la carrera es creada dentro de

la Facultad de Filosofía y Humanidades en 195861. A partir del 59 comenzaría a crearse en

universidades privadas del país (Klappenbach, 2006), y de ese modo, para 1964 Argentina

ya contaba con 12 carreras de psicología: 6 en universidades nacionales, 6 en

universidades privadas, y 2 más en instituciones provinciales (Klappenbach, 2018).

Un dato fundamental en esta creación fue la conformación del plantel docente. Ante

la falta de psicólogos titulados, cada universidad lo hizo con los recursos humanos

disponibles en la región. De ese modo, entre los profesores fundadores de las carreras se

encontraban médicos españoles y psiquiatras argentinos, junto con pedagogos, sociólogos,

filósofos, antropólogos y hasta autodidactas sin titulación universitaria. Esto dio lugar a una

amplia heterogeneidad en las orientaciones de la formación (Dagfal, 2014; González,

2015b).

No obstante, a pesar de esto, la orientación clínica se impuso rápidamente y esto

vino de la mano de la expansión del Psicoanálisis (Degiorgi, 2019). La pregunta obligada es

cómo se pasó tan velozmente desde la psicotecnia a una psicología clínica y por qué el

psicoanálisis se consolidó como la orientación teórica de más peso. Klappenbach (2018)

afirma que tuvo relación con el proceso de “desperonización” impulsado por la Revolución

Libertadora.

A nivel político, el derrocamiento de Perón tuvo impactos distintos en las carreras

recién creadas; por ejemplo, en Rosario la renovación del cuerpo docente fue absoluta,

mientras que en Tucumán fue prácticamente inexistente (Klappenbach, 2000, 2018). En

Rosario y Buenos Aires las cátedras comenzaron a ser ocupadas por figuras de la

Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), sin resistencia alguna, mientras que en La Plata

la llegada de Ángel Garma62 fue resistida por el estudiantado. Ahora bien, al margen de esta

heterogeneidad, lo que debe comprenderse es que lentamente la psicotecnia perdió terreno

y hacia fines de la década del sesenta había aumentado la preocupación por la clínica, y ya

se había producido la sustitución de la identidad de psicólogo por la de psicoanalista


(Klappenbach, 2000).

Vilanova (1995) afirma que la creación de las carreras de psicología en Argentina

generó “un graduado que en ningún caso recibió formación distinta de la clínica (y dentro de

ella nunca conoció otras fórmulas que las del psicoanálisis)” (p.324). Sin embargo, Dagfal

(2014) destaca que los profesores fundadores de las carreras NO tuvieron como objetivo ni

la orientación clínica ni la formación en psicoanálisis al crear los primeros planes de estudio.

Ambas cosas son el resultado de la forma en que los estudiantes fueron construyendo una

identidad profesional, y los conflictos sobre el rol surgirían luego, cuando esos estudiantes

comenzaron a graduarse.

Según las hipótesis de trabajo de Dagfal (2014), una serie de factores convergentes –ocurridos
aproximadamente entre 1959 y 1962– provocaron un giro en los objetivos

originales, poco tiempo después de la creación de las carreras.

En Argentina, el psicoanálisis tenía una implantación cultural desde los años 30’, que

se multiplicó y aceleró a fines de los 50’; la psiquiatría incluyó al psicoanálisis como discurso

fundante de la salud mental, y editoriales como Paidós contribuyeron a poner al alcance del

público general los autores psicoanalistas. Esta situación socio-cultural fue clave para lo que

ocurrió a nivel académico en el desarrollo de la identidad de los psicólogos argentinos.

Como otro factor, el autor menciona la renovación de la APA, que buscó aplicar el

psicoanálisis más allá del encuadre tradicional, y que fue acompañado por una “tendencia

exogámica” a partir de la cual se proyectó a nuevos espacios –como los hospitales públicos-

y se abrió al cruce con otras teorías –como la teoría de los grupos-.

La ocurrencia de esto se asocia a la llegada del pensamiento de Enrique Pichón-

Riviere a través de figuras como José Bleger, Fernando Ulloa y Edgardo Rolla, que fueron

docentes en carreras de distintas universidades; el paradigma psicosocial propuesto por

aquel resultaba de una mezcla ecléctica63 que se tradujo en la definición del psicólogo como

agente de cambio (social), y que fue bien recibido por el estudiantado argentino.

Un tercer factor fue la vuelta de los principios reformistas a las universidades.

Cuando los estudiantes se implicaron en el gobierno de las instituciones, actuaron como

“filtros”; es decir, tejiendo alianzas con las autoridades, contribuyeron a retener a los

docentes que les atraían y a expulsar a los que no les simpatizaban (Dagfal, 2014).

Esta conjunción de factores explica, al menos en parte, las características que


adoptó la identidad del profesional psicólogo nacional. Identidad en construcción en la época

en que la psicología argentina pasó de ser una disciplina ejercida por profesionales sin

titulación específica, a la etapa en que los primeros egresados de las carreras universitarias

comenzaron a ejercer la profesión de psicólogos.

Klappenbach (2018) también realiza un análisis interesante de tres desplazamientos

ocurridos en la década del 60” en relación al desarrollo de la psicología argentina. En primer

lugar, considera el desplazamiento desde la orientación profesional –de carácter colectivo–

hacia un modelo de orientación vocacional, de carácter individual y desde el abordaje

clínico. El desplazamiento de la psicotecnia –considerada como “taylorista”– por el proceso

de psicodiagnóstico, de carácter individual y de orientación psicoanalista. Y el reemplazo del

pensamiento psicológico psicopatológico de origen francés por el psicoanalítico.

Es en este marco que la psicología argentina abandona el proyecto de profesión que

responde a los objetivos del Estado para convertirse en una profesión liberal, y al servicio de

la individualidad.

3. La psicología CON psicólogos

Con el inicio de los egresos en distintos lugares del país, los psicólogos titulados

comenzaron a reclamar la posibilidad de ejercer según la formación recibida, ser aceptados

como psicoanalistas y desempeñarse como clínicos.

3.1. El ejercicio de la clínica

González (2015a, 2015b) dice que los propios agentes del campo psi afirman, como

un dato naturalizado, que la formación universitaria de Psicología, en Argentina, es

fundamentalmente clínica y que se produce desde el psicoanálisis como marco teórico

hegemónico. Este es un fenómeno único en el mundo, que merece ser analizado.

Comencemos por considerar el alcance del título de Psicólogo. Klappenbach (2000)

dice que desde la creación de las carreras se suscitó un conflicto “interprofesional”, se

anticipó un potencial conflicto en el ejercicio en relación con la Medicina, centrado en

determinar si a los psicólogos les correspondería o no la curación de enfermos.

Desde el punto de vista legal la clínica estaba reservada a los médicos; por lo tanto,

la mayoría de los profesores fundadores no acordaron con privilegiar dicha área de

formación para los psicólogos argentinos, y se concebía el rol profesional como subordinado

a la tutela del médico en cuanto a las psicoterapias (Dagfal, 2008, 2014). Las discusiones
sobre el ejercicio ilegal de la Medicina llevaron a que, por ejemplo, en la Universidad de La

Plata, la Facultad de Medicina propusiera que los psicólogos clínicos recibieran el título de

psicólogo auxiliar del médico psiquiatra. De igual forma, la Sociedad de Psiquiatría,

Neurología y Neuropsiquiatría, presidida por G. Bermann, presentó un informe a la Facultad

de Ciencias Médicas de la UNC en el cual se reconoce al psicólogo como colaborador, pero

dejando claro que el diagnóstico y el tratamiento (clínicos) son un acto médico, y en ningún

caso los psicólogos pueden ejercer como psicoterapeutas de manera individual

(Klappenbach, 2000, 2006).

Esto lleva a preguntarnos cómo fue que los psicólogos comenzaron a reclamar para

sí la posibilidad de curar enfermos, y a hacerlo “por la palabra”. Dagfal (2014) explica cómo

es que los primeros estudiantes de psicología –los que luego fueron los primeros

graduados– pusieron en marcha una maquinaria difícil de detener. Esos estudiantes

accedieron a prácticas en contextos hospitalarios, realizaron análisis personal con miembros

de la APA, recibieron formación clínica de profesores médicos, y por lo tanto, entendieron

qué era atender un paciente y trabajar en equipo profesional. Esto hizo complejo impedirles

el ejercicio de las psicoterapias u obstaculizar su rol como clínico. En consecuencia, los

debates por el rol del psicólogo en el ámbito clínico, que habían iniciado con la creación de

la carrera, se profundizaron con los egresos y la obtención de los títulos habilitantes.

Al parecer de Dagfal (2008), las estudiantes64 de psicología en un principio se

habrían conformado con un rol de auxiliares, como las enfermeras, actuando como

profesional responsable de hacer examen psicológico y establecer dictamen, que debía

entregarse al médico para la formulación del diagnóstico e indicación de las medidas

terapéuticas. No obstante, la situación cambió con los egresos, ya que los noveles

profesionales aspiraron a un reconocimiento equivalente al de los médicos, y comenzaron a

ejercer como clínicos en un contexto sin control burocrático alguno (ni desde el Ministerio de

Salud, ni desde instituciones gremiales).

Degiorgi (2019) afirma que el vacío de leyes que reglamentasen el ejercicio

profesional fue una preocupación de los primeros egresados. Pero por lo anteriormente

narrado, es lógico que en el ámbito de la clínica fuese donde más resistencias y rechazos se

produjeran. Esto se evidencia en la promulgación de la Ley Nacional 17.132 (de 1967), que

regula el ejercicio de la Medicina, la Odontología y actividades de colaboración. Esta ley


es conocida como la de “los tres NO”; en esta ley se reconoce al psicólogo como

profesional, pero, paradójicamente, se lo hace mediante la prohibición del ejercicio de la

psicoterapia, el psicoanálisis y la prescripción de drogas psicotrópicas65. Su vigencia se

extendería hasta la vuelta a la democracia en la década del 80’, lo que no implica que los

psicólogos hayan dejado de ejercer en el ámbito clínico.

Los golpes de Estado posteriores a los primeros egresos pueden pensarse como

situaciones que favorecieron el desarrollo de una psicología clínica. Así, refiriéndose al

golpe de Estado de 1966, Dagfal (2014) dice: “En un momento en que la actividad pública se

tornaba riesgosa, ellos [los psicólogos] fueron refugiándose cada vez en los consultorios,

siguiendo el modelo médico de atención privada, lo cual los mantenía al margen de las

regulaciones estatales” (p.111).

En relación a la dictadura militar iniciada en 1976, Fantini y Vissani (2022) sostienen

que se interrumpieron bruscamente las condiciones que, desde la década anterior, habían

favorecido los debates sobre el rol profesional y desde los cuales se percibía al psicólogo

como agente de cambio en lo subjetivo y en lo social. La psicología fue visualizada por el

gobierno de la dictadura como una ideología66 que promovía una visión ajena a los valores

del país. En consecuencia, la práctica individual, privada, de la profesión se convirtió en la

alternativa más viable, menos riesgosa.

Será recién en 1985, con la Resolución Nacional 2447 sobre Incumbencias67 de los

títulos de psicólogos y de licenciados en psicología, cuando se reconocerá la legalidad del

accionar de los psicólogos clínicos. Cabe aclarar que la Resolución 1560 del Ministerio de

cultura y educación de la Nación, y la 2350 del Consejo de Rectores de las universidades

nacionales, ambas de 1980, reconocían la habilitación del psicólogo para ejercer en las

áreas educacional, laboral y jurídica, aun cuando limitasen el accionar del clínico68.

3.2. El Psicoanálisis

Klappenbach (2000) señala que la hegemonía psicoanalítica se produjo más en el

ámbito académico que en otros. La enseñanza de la psicología desde esta orientación

teórica fue un fenómeno que –aunque de forma dispar– se produjo en todo el país y maduró

en la segunda parte de la década del sesenta. El fenómeno inició con la creación de las

carreras siendo el enfoque psicoanalítico el preferido por los estudiantes, aun en contra de

los proyectos institucionales (González, 2015a). Esta preferencia podría deberse a que se
presentó al psicoanálisis como coincidente o equivalente a la psicología general, como

aplicable a todos los fenómenos humanos (Klappenbach, 2018). Y como ya se dijo,

docentes como Bleger, Ulloa, Rolla y Bernstein moldearon desde el psicoanálisis la

formación de quienes fueron los primeros egresados de las carreras de psicología en la

Universidad de Buenos Aires (UBA).

Con el golpe de Estado de 1966, en el caso de la UBA se produjo una situación

paradojal, ya que, si bien renunciaron referentes de la carrera69, algunos jóvenes psicólogos –


recientemente egresados– ocuparon puestos de enseñanza, desde los cuales difundieron

el psicoanálisis y lucharon por la legitimidad del ejercicio de la práctica clínica (González,

2015b).

Ahora bien, podría pensarse que este fue un fenómeno aislado que solo se dio en la

UBA. Pero no lo es, ya que la hegemonía del psicoanálisis es un fenómeno nacional, tal

como lo señala González (2015b). Debido a los acuerdos entre directivos de las carreras de

Psicología de las distintas universidades del país, referidos a las contrataciones de

profesores, se produjo el desplazamiento de profesionales con formación psicoanalítica, con

la consecuente extensión de la enseñanza de dicha orientación teórica hacia otros centros70

(Klappenbach, 2000).

Vale reconocer, no obstante, que esta formación psicoanalítica generó conflictos y

desilusiones. Los egresados –al menos los primeros– se encontraron con que la APA (como

institución y en su conjunto) era reticente a aceptar psicólogos como miembros, y esto no

cambiaría hasta entrados los 80’. Además, desde el punto de vista legal, quedaba claro que

para ser psicoanalista debía poseerse un título en Medicina. En palabras de Dagfal (2014),

“esos estudiantes que habían funcionado como filtros para dejar pasar un cierto

psicoanálisis y excluir otras tendencias teóricas, rápidamente tuvieron que confrontarse con

las consecuencias concretas de no ser médicos” (pg.108). De todos modos, puede

suponerse que esta desilusión no impidió que –con tesón y porfía– los psicólogos obtuvieran

el reconocimiento para el ejercicio legal del psicoanálisis.

Zucaría (2022), aludiendo a lo ocurrido en la última dictadura, menciona el término

“clandestino” para referirse a que el poder imperante sometió la práctica psicoanalítica a la

clandestinidad, a lo prohibido, a una práctica que estaba por fuera de lo que el régimen

militar pretendía. En relación a la misma época, Fantini y Vissani (2022) afirman que los
grupos de estudio71 se tornaron una manifestación de resistencia o de oposición al poder y

en estos se produjeron las lecturas de autores que –desde fines de la década del 60’– era

leídos y reflexionados desde otras coordenadas; por ejemplo, las lecturas de Piaget se

asociaron a la pedagogía de la liberación, y las de Freud al marxismo.

Corresponde aclarar que, desde años anteriores, el psicoanálisis que se difundió y

más se arraigó en Argentina fue el de orientación lacaniana. González (2015b) destaca que

el fenómeno de la orientación psicoanalítica en su vertiente lacaniana, en la mayoría de las

cátedras (clínicas) de las carreras de psicología de las universidades nacionales, resultó

único en el mundo, siendo impensable hasta en la misma Francia72.

Dagfal (2018) dice que entre 1955 y 1966 el psicoanálisis argentino deja de ser

“patrimonio de una pequeña hermandad médica secreta”, y esto fue posible gracias a que

en los programas de las recientemente creadas carreras se incluyeron, por ejemplo, el

pensamiento de Melanie Klein, en una síntesis de psicoanálisis con fines sociales y de

inspiración francesa. No obstante, en el período de 1966 a 1976, la síntesis ecléctica de una

psicología psicoanalítica cercana al existencialismo va dando paso a otra psicología que,

siguiendo las enseñanzas de Lacan, lleva a olvidar la identidad profesional original.

Según Dagfal (2018), luego de la recepción del estructuralismo francés (con

intérpretes locales como Oscar Masotta), se produjo una disyunción exclusiva: o

psicoanálisis o psicología73, donde el psicoanálisis “ortodoxo” fue presentado como un

retorno a una Psicología que "ignoraba" el determinismo inconsciente. Es decir,

paradójicamente, el lacanianismo invitó a los psicólogos a renunciar a su propia identidad

profesional para convertirse en psicoanalistas, en un contexto intelectual y político en el que

el pensamiento francés seguía siendo crucial.

Desde el psicoanálisis lacaniano se cuestiona el discurso científico sostenido por la

universidad, como un saber cerrado que no concuerda con la noción de sujeto que propone

esta corriente. Por lo mismo, la formación de psicoanalistas desde esta corriente se produjo

en hospitales públicos, con médicos psicoanalistas, pero también en los grupos de estudio y

la forma extrauniversitaria lograda en la relación analista-analizante (Zucaría 2022). Sin

embargo, con el correr de los años, las tensiones fueron disminuyendo, en la medida en que

“el lacanismo se ha adaptado a los criterios académicos promovidos por la universidad”

(González, 2015b, p.117).


3.3. La identidad profesional

Si el lector ha estado atento, seguro se ha preguntado cómo es que el ejercicio de la

clínica y la orientación teórica psicoanalítica-lacaniana se convirtieron en los preponderantes

en la formación académica de los psicólogos argentinos, siendo que las prohibiciones

legales y el rechazo desde otras profesiones debieron ocasionar lo inverso.

Parece interesante el análisis realizado por Dagfal (2014), quien considera como

“reactiva” y “proactiva”, a la vez, la construcción de la identidad del psicólogo clínico-

psicoanalista de nuestro país.

El autor considera que, ante el rechazo y las negativas de permitirles el ejercicio

clínico y el ejercicio desde el psicoanálisis, los primeros egresados asumieron una actitud

reactiva, es decir, se sintieron rechazados, y entonces rechazaron el rechazo buscando las

formas de revertir la situación.

Esta actitud también puede ser leída como proactiva. Desde el inicio de la psicología

CON psicólogos, los profesionales no permanecieron inactivos frente a las negativas (por

ejemplo, frente a “la Ley de los tres NO”), sino que se movilizaron buscando las formas de

ser reconocidos, legalmente habilitados para el ejercicio en todos los ámbitos en que el

profesional psicólogo puede realizar aportes.

4. Plena institucionalización

La actitud antes descripta no ha sido privativa de los primeros egresados. Luego que

el Ministerio de Educación dictara la Resolución 2350/80 sobre las incumbencias, las

entidades gremiales de psicólogos de todo el país se concentraron en elaborar una

propuesta de resolución de incumbencias que sirviera para corregir la antes mencionada, y

cuyo contenido se verá reflejada luego en la Resolución 2447/85.

Así, un rasgo que caracteriza esta etapa en la profesión es la plena legalización del

ejercicio, ya que anteriormente el mismo se había producido como una práctica que –a nivel

jurídico– no le correspondía al psicólogo (Klappenbach, 2006).

Los tres primeros congresos nacionales de psicología habían sido organizados por

universidades74, pero el cuarto fue organizado en 1980 por la Federación de Psicólogos de

la República Argentina (FePRA) y teniendo como tema central las actualizaciones en

psicoterapias, una incumbencia que seguía vedada a los psicólogos (Klappenbach, 2000).

Estas acciones revelan la fuerza adquirida por la psicología profesional y/o el predominio de
la profesión sobre la academia a la hora de obtener el ansiado reconocimiento institucional.

Con el regreso a la democracia en 1983, se recuperó la autonomía en las

universidades públicas y se busca la normalización de su funcionamiento; esto supuso la

eliminación de las restricciones al ingreso y la organización de concursos docentes, además

del retorno de profesionales-profesores exiliados. En el caso de las carreras de Psicología

además se vieron impulsados los proyectos de deslinde institucional.

Por lo anterior, en esta etapa se produjo el surgimiento de Facultades de Psicología,

como instituciones autónomas; por ejemplo, en 1986 se inauguró la Facultad de Psicología

en la Universidad de Buenos Aires, y en 1998 en Córdoba. Esta posibilidad de administrar

sus recursos e independizarse de otras disciplinas permiten caracterizar a la etapa como de

plena institucionalización (Klappenbach, 2018), la cual se produjo no solo a nivel jurídico-

profesional sino también a nivel académico-científico.

A partir del reconocimiento de la necesidad de evaluar periódicamente las carreras

universitarias, y considerando el riesgo que implica para el usuario el ejercicio profesional de

la Psicología, en 1991 se crea AUAPsi (Asociación de Unidades Académicas de Psicología),

conformada por todas las facultades de psicología públicas y una carrera de psicología de

Uruguay. Fue esta asociación la que institucionalizó el debate sobre los alcances de la

profesión, y desde donde se concluyó que las carreras de psicología debían ser incluidas en

la Ley de Educación Superior (24521, de 1995). Así, desde el 2004, se indica que el

ejercicio de la profesión es de “interés público”, lo que exige que las instituciones

universitarias formadoras reflexionen sobre los contenidos y sobre todo, en relación a la

formación práctica que se brinda (González, 2015a).

En 2007, AUAPsi y UVAPsi (Unidad de Vinculación Académica de universidades de

gestión privadas) consensuaron aspectos que fueron considerados en la Resolución 343. La

misma, emitida por el Ministerio de Educación en 2009, aprueba los criterios para la

formación práctica, los contenidos curriculares básicos, la carga horaria de la formación, las

actividades profesionales que están reservadas al título de psicólogo, y los estándares para

la acreditación de las carreras. Un aspecto importante a destacar es que en dicha

Resolución se reitera la necesidad de planes de estudios que deben contemplar una

formación generalista, con pluralismo teórico, y con perspectiva multidisciplinar, que

posibilite la posterior especialización del egresado. A ello le siguió la acreditación de las


carreras de todas las universidades, públicas y privadas, de Argentina.

Existe un consenso sobre la importancia de un perfil generalista de los nuevos

profesionales. Al respecto, Klappenbach (2006) señala que hay factores como el retorno de

profesionales exiliados que continuaron sus formaciones en el extranjero o la familiarización

con instituciones internacionales gracias a la globalización, que estarían permitiendo el

diseño de modelos curriculares alternativos y un mayor pluralismo teórico en la formación y

en las prácticas profesionales. González (2015a) señala que la preponderancia del

psicoanálisis ha persistido en el tiempo y se fortaleció gracias a mecanismos de rigideces en

las tradiciones educativas que han imposibilitado las transformaciones a nivel cultural,

institucional y curricular. Pero reconoce que ya que no es posible “ignorar la creciente

presencia de la orientación cognitivo-comportamental, de las neurociencias, como así

también, en el plano terapéutico, la proliferación de terapias breves” (p.276).

Actualmente en el marco de AUAPsi continúa el debate acerca de la necesidad de un

título generalista que forme al futuro egresado en las principales áreas de ejercicio

profesional, con una visión amplia de diferentes marcos teóricos. En la práctica y en los

diferentes planes de estudios se observa una mayor amplitud en este sentido, aunque la

teoría psicoanalítica sigue siendo la preponderante, lo que, de alguna manera, continúa

condicionando el ejercicio profesional, ya que la mayoría de los graduados continúa optando

por ejercer su rol en el área clínica y desde la orientación psicoanalítica.


1.6 ACONTECIMIENTOS HISTÓRICOS DE LA PROFESIÓN DEL PSICÓLOGO EN LA

ARGENTINA.

Lic. Gabriela Degiorgi

Este articulo tiene por meta contarte una historia, quizá muchos y en esta primera

línea ya se estén diciendo a sí mismos… “que aburrida es la historia”, sin embargo, no se

trata de cualquier historia, sino de una que ya te compete y de la que viniste a sumarle e

imprimirle tus propias huellas desde el momento mismo en que empezaste a dar tus

primeros pasos por este ingreso; de una a la que viniste a incorporarte desde el momento

que tu vocación te llevo a elegir e insertarte en esta carrera, se trata de la historia de la

“Profesión del Psicólogo en la Argentina”.

Quizá te preguntarás… ¿Por qué tengo que conocer yo esta historia? o ¿Para qué?

Estudiar sobre esta historia es más que el simple acto de conocer y saber acerca del

pasado. Implica comprender y analizar acontecimientos que nos permiten entender hoy

nuestro presente profesional.

Hay un camino previo construido por los psicólogos que un día estuvieron en tu

mismo lugar, que les implicó aportar un esfuerzo inusitado y enfrentarse a muchas luchas,

en pro de:

• Profesionalizar esta disciplina

• Construir nuestra Identidad Profesional

• Legalizar nuestro legitimo quehacer Profesional

• Establecer y sostener nuestras Instituciones Colegiadoras

Nos sumergiremos así, a través de esta historia en los aconteceres más relevantes

que han incidido en el desarrollo y consolidación de la profesión del psicólogo en nuestro

país. Tendremos en cuenta para ello tres dimensiones, que tienen que ver con lo sucedido

en el campo de lo Académico, lo Legal y lo Gremial e Institucional.

Se presentará la incidencia de las variables socio-política imperantes del momento,

como así también la influencia ejercida por el poder médico, debido a que la confluencia de

estos factores fueron determinando en gran parte muchos de los avances, estancamientos y

retrocesos a lo largo de nuestro camino.

Conocer las singularidades con las que se constituyó nuestra profesión, es de vital

importancia. Porque como sostiene Sanz Ferramola: “la historia tiene un valor potencial
mucho más grande dentro de la psicología que dentro de cualquier ciencia ajena a la

subjetividad. Y ya que el objeto de la psicología es la subjetividad humana, ésta se

encuentra fuertemente implicada en el proceso histórico, como agente y a la vez como

producto, lo que genera entre la psicología y la historia un vinculo de mutua dependencia.”

(Sanz Ferramola, 1997; citado por Ferrero, 2008).

I) DESARROLLO ACONTECIDO EN EL CAMPO DE LO ACADÉMICO

Antes del período profesional que se inicia con la creación de las carreras de

psicología en la Argentina, la disciplina ya tenía varias décadas de historia. Podemos

mencionar los finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, como el tiempo de nacimiento

de la psicología en Argentina, como el de una “Psicología sin Psicólogos”, el de una

disciplina de conocimiento presente en la enseñanza universitaria, pero en los desarrollos de

otras disciplinas y prácticas. (Vezzetti, 1988).

Es recién en el Primer Congreso Argentino de Psicología realizado en Tucumán en

1954, donde se pone en evidencia el interés e importancia adquirida por la disciplina desde

esos años a esta parte y donde surge una declaración sobre la necesidad de crear “la

carrera universitaria del Psicólogo profesional” a escala nacional. (Anónimo, 1954; citado por

Dagfal, 1997).

Es así como en el año 1955, se concreta la creación de la primera carrera de

Psicología del país en la ciudad de Rosario. En el año 1958 es creada en la Universidad

Nacional de Córdoba, dentro de la Facultad de Filosofía y Humanidades (1er Plan de

Estudios) y entre los años 1956 y 1959 fueron creadas en las Universidades de Buenos

Aires, San Luis, Tucumán y La Plata.

Dentro de las orientaciones profesionales la clínica se impuso rápidamente, pasando

a ser la más demandada por los alumnos. Esto era acorde con la popularidad que adquiría

la clínica como ocupación privilegiada del Psicólogo a nivel internacional. En Argentina este

predominio vino de la mano de una rápida expansión del psicoanálisis, que a mediados de la

década del 60 se instaló como matriz teórica fundamental (Courel, 1999b).

Hasta 1960, el psicoanálisis competía con la Psiquiatría tradicional en la compresión

y tratamiento de la enfermedad mental, pero rápidamente su demanda se extendió en la

sociedad, formando parte de las renovaciones culturales de esa época. En este marco, las

recién creadas carreras de Psicología se presentaban como vías para su difusión (Talak,
2000).

Hacia principios de la década del sesenta, surgen los primeros profesionales de la

Psicología en nuestro país. Comienza la etapa de la Psicología Profesional, dándose inicio a

una “Psicología con Psicólogos”.

A esta primera generación de profesionales, les tocó una tarea muy particular:

construir la identidad profesional, en un trabajo que abarcaba tanto el campo interno –para

los propios Psicólogos- como el externo –en los distintos espacios en que empezaba a

insertarse-.

Progresivamente fueron incorporándose en diversas instituciones, construyendo el

rol profesional, la docencia de la Psicología fue pasando lentamente a manos de los

Psicólogos.

Cuando se estaban obteniendo los primeros logros: la carrera estaba en vías de

consolidación, su primer instituto de investigación ya estaba armado, la “noche de los

bastones largos” del año 1966 irrumpe todo, generando la expulsión y desaparición de

docentes e investigadores.

La crisis política, social y económica vivida en las décadas que fueron desde los

sesenta a los ochenta, determinadas por sucesivos golpes de estado y gobierno de

diferentes dictaduras, incidió directamente en el desarrollo de nuestra profesión.

La persecución ideológica en aquellos tiempos estaba dirigida a todos los sectores

sociales, en especial a los intelectuales y en particular a nuestra disciplina, ya que en este

contexto aparecíamos como amenazantes, estimuladores de reflexión, promovedores de

teorías y acciones de cambio social.

A su vez la actividad clínica de los Psicólogos en el campo de la salud, se fueron

acentuando, apareciendo conflictos de competencias con el médico. La puja no era solo por

derechos laborales. El tipo de Psicoanálisis en expansión, más próximo a las humanidades

que a las ciencias naturales, inspiraba la diferenciación de la Psicología respecto de la

Medicina, más asentada en la segunda. Al mismo tiempo, los psicodiagnósticos las

psicoterapias, la psicoprofilaxis y diversos saberes que se inscribían en la Psicología influían

en las características de las prácticas médicas psiquiátricas, de la pediatría y de la

obstetricia, contrarrestando también el organicismo tradicional que impregnaba los sistemas

de salud (Courel, 1999b).


Otras áreas de la Psicología, como la laboral, la organizacional, la sociocomunitaria y

la forense, más necesitadas de soportes institucionales que la clínica, no lograban

desarrollarse con la misma fuerza.

En 1969, se modifica el Plan de Estudios de la carrera de Psicología en la

Universidad Nacional de Córdoba (2do plan de estudios).

En el año 1976, momento de plena dictadura militar, se cierra el ingreso a la carrera

de Psicología en la Universidad Nacional de Córdoba, en el caso de otras universidades del

país se cierra la carrera.

Dos años más tarde, se reabre el ingreso a la misma, con un nuevos Plan de

Estudios (3er plan de estudios), pero con un cupo limitado de 50 alumnos.

Recién con el advenimiento de la Democracia en la década del ochenta, las

universidades recuperaron su autonomía y avanzaron hacia su normalización.

Se eliminaron los cupos de ingreso, donde los había y la matrícula en todas las carreras del

país pasó a ser masiva.

En 1986, se aprueba un nuevo Plan de Estudios de la carrera de Psicología, en la

Universidad Nacional de Córdoba (4to Plan de Estudios, Plan vigente en la actualidad con

sus respectivas y posteriores modificaciones).

Progresivamente las carreras de Psicología pasaron a tener importancia dentro de las

universidades y a buscar autonomía, logrando el estatuto de “Facultades” (Toro & Villegas,

2001).

En 1986 se constituye la Facultad de Psicología en la UBA, en 1987 la de Rosario

(UNR), en 1994 la de Tucumán (UNT), en 1996 la de Mar del Plata.

En el caso de la Universidad Nacional de Córdoba, por Asamblea Universitaria se aprueba

la creación de la Facultad de Psicología en 199875.

Recuperados así los espacios académicos en las universidades tras el retorno de la

democracia, se empieza a instalar una nueva necesidad que tiene que ver con la revisión de

la formación y sus planes de estudio. En Argentina, la discusión académica en torno a los

contenidos curriculares a dictar y otras temáticas relacionadas, se vio institucionalizada con

la conformación de la Asociación de Unidades Académicas de Psicología -AUAPSI- en 1991

(González, 2015). Este organismo está conformado actualmente por las unidades

académicas de psicología pertenecientes a universidades públicas: nueve de Argentina y


una de Uruguay. En su estatuto inicial AUAPSI se propuso “promover la interrelación entre

las distintas unidades académicas de psicología del país, con el objetivo permanente de

mejorar la formación de grado y posgrado, la investigación y la extensión universitaria.” A la

vez, pretendió “propender al logro de objetivos comunes en cuanto al perfil del graduado, su

currículum y grado académico, acorde con las necesidades nacionales.”

Años más tarde, desde esta asociación se llevó a cabo un informe en 1998, que elaboró en

detalle el diagnóstico sobre las carreras de psicología, a la vez que se confeccionó otro

informe de recomendaciones en 1999. Entre otras conclusiones este texto dio cuenta del

profundo énfasis existente en el área profesional particularmente en la clínica psicoanalítica−

que existe en las distintas carreras de psicología. A la vez, se indicó que la formación

profesional en áreas distintas a la clínica es insuficiente, como así también la formación e

investigación. Por ello, se señaló la importancia de cubrir áreas vacantes y de realizar una

apertura a otras corrientes teóricas.

En 1995, se va a dar sanción a la Ley de Educación Superior Nº 24.521(LES), que

viene a regular la educación terciaria y universitaria, tanto de gestión estatal como privada.

En ese marco se crea la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitarias

(CONEAU), órgano de aplicación y encargada de entender en los procedimientos de

mejoramiento de la calidad y acreditación de las carreras.

AUAPSI junto con AUAPPRI (Asociación de Unidades Académicas de Psicología de

Universidades Privadas) y por su parte en lo gremial y profesional, la Federación de

Psicólogos de la República Argentina (FEPRA), peticionaron repetidas veces ante el Estado,

logrando que en el año 2004 las carreras ingresaran en procesos de evaluación y

acreditación universitaria. Por medio de la inclusión de las mismas en el artículo 43 de la Ley

de Educación Superior 24.521, psicología forma parte del grupo de carreras que deben ser

evaluadas y acreditadas periódicamente. Según esta norma, el ejercicio de esas profesiones

es de “interés público” y pone “en riesgo de modo directo la salud, la seguridad, los

derechos, los bienes o la formación de los habitantes”. Por ello se exige que estas carreras

se adecúen a determinados criterios y estándares (González, 2015).

Mediante el Acuerdo Plenario Nº 21 del Consejo de Universidades (2003) y Resolución

Ministerial Nº 136 del año 2004, se incluyó a los títulos de Psicólogo y Licenciado en

Psicología en el régimen del artículo 43 de la LES.


A los fines de dar cumplimiento a los requerimientos necesarios, la AUAPsi, en

conjunto con Universidades privadas, tomando los aportes de la FePRA, y teniendo en

cuenta los informes de las Secretarías Académicas de cada Unidad Académica, elaboraron

un documento en respuesta a cada uno de los ítems exigidos.

En febrero de 2008 se eleva al Consejo de Universidades este texto donde se

proponen los parámetros formativos para la acreditación de la carrera de Psicología según

lo requerido en la legislación vigente. Por Acuerdo Plenario Nº 64 de fecha 23 de junio de

2009 se prestó conformidad a lo propuesto refrendándose lo acordado a través de la

Resolución Ministerial Nº 343/09: allí se aprobaron los criterios para la formación práctica,

contenidos curriculares básicos, carga horaria, actividades profesionales reservadas al título

de psicólogo, y los estándares para la acreditación de las carreras ─aspectos previamente

consensuados por AUAPSI y la Unidad de Vinculación Académica de Psicología de

Universidades de Gestión Privada (UVAPSI) en el año 2007. Allí se postula que los planes

de estudio deben contemplar una “formación generalista con pluralismo teórico y perspectiva

multidisciplinaria que posibilite la posterior especialización del egresado”.

En 2010 la CONEAU designó la Comisión Asesora para los procesos de acreditación

de las Carreras de Psicología en el país. En el caso de la Facultad de Psicología de la UNC,

tras cumplimentar los pasos correspondientes del proceso requerido, logra en el año 2013 la

acreditación de la carrera.

II) DESARROLLO ACONTECIDO EN EL CAMPO DE LO LEGAL

A) Período de restricción Legal del ejercicio profesional del Psicólogo

El vacío de leyes que reglamentara el ejercicio de la práctica profesional del

Psicólogo, ya era un tema de preocupación de los primeros egresados. Si bien

progresivamente iban logrando abrir camino en distintos campos, instituciones, con un

especial desarrollo en el ámbito clínico, aparecían en el mercado de trabajo como un grupo

nuevo y debían competir con profesiones ya consolidadas como los psicoanalistas médicos

y los psiquiatras que contaban con mayor legitimidad social y habilitación legal para ejercer

sus prácticas. Es por esta razón que los Psicólogos debían avanzar tanto en la búsqueda de

aceptación y reconocimiento social como también en el terreno legal que les era adverso.

Estrategias de legitimación basadas en intervenciones concretas ofreciendo una serie

de competencias ligadas a la evaluación y al diagnóstico de la personalidad que les


permitieron incorporarse al terreno de las psicoterapias de manera gradual, buscaban

demostrar la efectividad de las mismas y al mismo tiempo insistir sobre el valor diferencial

de una intervención estrictamente psicológica.

Resulta evidente, que esta búsqueda de un perfil clínico por parte de los psicólogos

que encontró resistencias importantes del lado de las profesiones ya constituidas en este

terreno, sumando al controvertido momento socio-político y la persecución ideológica

dirigida a los sectores intelectuales, en especial a nuestra disciplina, fueron factores que

derivaron en medidas oficiales francamente restrictivas hacia la práctica profesional del

psicólogo.

Es así que, en 1967, se promulga la Ley Nacional 17.132 que regula el ejercicio de la

Medicina, Odontología y actividades de colaboración, conocida también como Ley de

Holmberg o Ley de “los tres No”, en donde se les prohibía a los psicólogos el ejercicio de la

psicoterapia, el psicoanálisis y la prescripción de drogas psicotrópicas.

Esta Ley impedía a los psicólogos ejercer la práctica clínica, subordinándolo a la

supervisión del médico y colocándolo como auxiliar. Como señala la Lic. Adela Duarte (una

de las primeras egresadas del país), con la promulgación de esta ley los psicólogos son por

primera vez y al mismo tiempo reconocidos e ignorados: “Digo esto porque hasta ese

momento no aparecíamos mencionados en ninguna reglamentación profesional y nosotros

buscábamos el reconocimiento legal. Con esta ley, en un solo acto, se nos denominaba

psicólogos y simultáneamente se restringe y cercena nuestra actividad profesional” (Duarte,

1992).

Pero las restricciones no terminaron acá, en el caso de Córdoba, en 1978 se dicta la

Ley Provincial 6.222, que prohíbe el ejercicio liberal de la profesión a los psicólogos y

subordina su práctica al médico (contenía básicamente lo mismo que la ley nacional

17.132).

En julio de 1980 se nos notifica desde el Ministerio de Bienestar Social de la Nación su

intención de modificar la ley 17.132. Además, nos solicita que preparáramos un

memorándum expresando cuales debían ser las reformas que entendíamos como

pertinentes en lo que respecta al ejercicio de la Psicología, reforma ésta que se efectivizaría

al año siguiente.

Aparentemente parecía que empezaban a reconocernos, pero las ilusiones duraron


poco, porque en septiembre de ese mismo año el Ministerio de Cultura y Educación dicta la

Resolución 1560/80 sobre Incumbencias para Psicólogos y Licenciados en Psicología. La

misma dice que a los psicólogos les incumbe la obtención de test psicológicos y la

colaboración en tares de investigación psicológica únicamente por indicación y bajo

supervisión del médico psiquiatra. Al final refuerza: No les incumbe la práctica del

psicoanálisis, de la psicoterapia, ni prescripción de drogas psicotrópicas.

Dicha resolución se propone:

• Reforzar nuestro lugar como auxiliares de la Medicina, en franca contradicción con

el reconocimiento de la Psicología como ciencia autónoma.

• Restringir al alcance del título otorgado por las Universidades a los Psicólogos.

• Invalidar nuestro derecho al trabajo, desautorizando nuestra capacitación

profesional.

La lucha de los Psicólogos empieza a ser ardua e intensa y progresivamente viendo

que nuestros reclamos son justos, empiezan a apoyarnos desde la Confederación de

Profesionales de la República Argentina, la Asociación Dominicana de Psicología, la

Convención Nacional de Entidades Universitarias y hasta la propia Asociación de

Psiquiatras de Capital Federal, quien reconoce la idoneidad de nuestro trabajo y la eficacia

de nuestra preparación universitaria.

Finalmente, en diciembre del mismo año el Consejo de Rectores de Universidades

Nacionales dictamina la Resolución 2350/80 que intenta corregir la anterior: habla de la

habilitación de los psicólogos en las áreas educacional, laboral y jurídica, pero es

insuficiente en el área clínica.

Se podría decir que el triunfo era parcial, porque si bien lográbamos el

reconocimiento de tres áreas de ejercicio profesional, nada expresa esta resolución sobre

psicoterapia, quedando en el área clínica subordinados a lo establecido en la resolución

anterior (1560/80).

B) Período de reconocimiento legal del ejercicio profesional del Psicólogo

Recién con el advenimiento de la Democracia en la década del ochenta logramos

reivindicar nuestros derechos. En este período denominado por Klappenbach (1996) como

Período de la plena institucionalización, “se crean determinadas condiciones que favorecen

el pleno ejercicio público de la profesión del psicólogo”.


“En tal sentido, un primer rasgo que se destaca en el período, en lo relacionado con la

profesionalización, es la legalización del ejercicio profesional de la psicología, que

consolidaría en todo el territorio de la República” (Avelluto, 1983 citado en Klappenbach,

1996).

Las leyes sancionadas en este período, la mayoría vigentes en la actualidad rigiendo el

ejercicio profesional del Psicólogo, fueron las siguientes:

• Ley provincial 7.106 sobre Disposiciones para el ejercicio de la Psicología en la

provincia de Córdoba (sancionada en 1984, vigente actualmente)

• Resolución Nacional 2.447 sobre Incumbencias de los Títulos de Psicólogos y

de Licenciados en Psicología, dictada por el Ministerio de Educación de la

Nación. Dicha resolución reconoce el accionar de los Psicólogos en el área clínica,

derogando las resoluciones y leyes anteriores que lo prohibían (1985).76 En el año

2009, tras la sanción de la ya mencionada Resolución 343, se amplían las

incumbencias del título.

• Resolución Nº 5 Código de Ética de la Provincia de Córdoba, uno de los primeros

Códigos de Ética de la Argentina (1987).77 En el año 1999, la FePRA va a dictar su

propio Código de Ética para todos los psicólogos del país. Este código sirvió

durante muchos años como Código de referencia, dado que no tuvo fuerza de ley.

Pero en diciembre de 2013 por Asamblea Extraordinaria, la FePRA no solo lo va a

modificar y actualizar, sino que además va a convocar a todos los Colegios

Profesionales del país a que lo adopten como el Código oficial. En el caso de la

Provincia de Córdoba, en el año 2014 el Colegio de Psicólogos va a reemplazar el

Código sancionado por la Resolución N° 5 y va a adoptar Código de Ética de

FePRA como el vigente.

• Ley Provisional 7.601, donde se incluye a los psicólogos en la Caja de Previsión

Social para Profesionales de la Salud (sancionada en 1987, vigente

actualmente).

• Ley Provincial 7.625, sobre el Régimen para el equipo de salud humana. Se

incorpora a los psicólogos en la carrera hospitalaria (sancionada en 1987, vigente

actualmente).

• Resolución Nº 21, donde establece la creación del Área de la Psicología Sanitaria


(sancionada en 1989, vigente actualmente).78

• Ley Nacional 26.657 sobre el Derecho a la Protección de la Salud Mental. Esta

ley fue sancionada en el año 2010 e impone un cambio de paradigma respecto a la

concepción de la salud mental. En el caso de la Provincia de Córdoba, en el mismo

año se sanciona al respecto la Ley Provincial 9.848.

III) DESARROLLO ACONTECIDO EN EL CAMPO DE LO GREMIAL E

INSTITUCIONAL

Debido a las dificultades y restricciones con las que nos enfrentábamos en el campo

de lo Académico y fundamentalmente de lo Legal, los psicólogos emprenden su lucha

gremial en defensa de sus legítimos derechos.

Es por esta razón, que comienzan a nucleares, buscando concentrar fuerzas a través

de Instituciones, (regionales, provinciales o nacionales) que los represente para enfrentar

difíciles desafíos y alcanzar sus objetivos.

Dicho proceso de institucionalización es relevante, pues no solo confiere nominación a

los sujetos, sino que les impone un lugar y constituye un espacio que favorece, a la vez, una

definición frente a otros.

Es así que, en el año 1971, se constituye la Confederación de Psicólogos de la

República Argentina (COPRA), cuyo objetivo principal de dicha institución era la de cubrir

la falta de Legislación que protegiera a los psicólogos e impulsar la creación de entidades

provinciales. El funcionamiento de esta institución dura pocos años, debido a que fue

limitado por el gobierno de Facto.

El 13 y 14 de octubre de 1974, la Escuela de Psicología de Córdoba en conjunto con

su Centro de Estudiantes y con el apoyo de COPRA, organizan el primer Encuentro

Nacional de estudiantes y profesionales de la Psicología en esta provincia, siendo sede la

Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC. El objetivo de este encuentro fue

reivindicar a la profesión ante decisiones del gobierno, luchar ante la exclusión de los

psicólogos en el Sistema Nacional Integrado de Salud (sistema al que pertenecían las

diversas profesiones de la salud), sentándose las bases para la creación del Colegio de

Psicólogos. Como hito de este encuentro queda establecido el 13 de octubre como el “Día

del Psicólogo”.

En el caso de la provincia de Córdoba, las instituciones que lograron constituirse en los


años venideros fueron las siguientes:

• La Asociación de Psicólogos de Río IV (1976).

• La Asociación de Psicólogos de Villa María (1977).

• El Colegio de Psicólogos de la Ciudad de Córdoba (1979).

A nivel Nacional, se contribuye en 1977, la Federación de Psicólogos de la

República Argentina (FEPRA) institución que viene a reemplazar y a desempeñar las

funciones que ejercía COPRA. Institución que permanece en vigencia hasta la fecha.

A través de distintas acciones el gobierno militar intenta limitar la participación de psicólogos

y estudiantes de Psicología en las entidades profesionales, logrando en muchos casos el

cierre de asociaciones o colegios en algunas provincias.

No obstante, la conciencia gremial de los psicólogos en esos tiempos, que era de

destacar, no hizo declinar la fuerza. Logrando a pesar de las circunstancias el

restablecimiento de nuevas instituciones, la apertura de algunos espacios laborales,

continuando la lucha para tratar de alcanzar el reconocimiento legal.

Con el advenimiento de la democracia y a partir de la legalización de nuestra práctica

profesional, logramos establecer instituciones colegiadoras que en este caso eran

sancionadas con fuerza de Ley.

Dichas instituciones pasan a tener otras funciones además de las gremiales, que

tienen que ver con la regulación de la práctica y el control deontológico de la profesión.

Así, en 1984 se constituye el Consejo de Psicólogos de la Provincia de Córdoba79,

que años más tarde, se fusiona junto con el Colegio de Psicólogos de la ciudad de Córdoba

(1979), la Asociación de Psicólogos de Río IV (1976) y la Asociación de psicólogos de Villa

María (1977), en una única institución que es el actual Colegio de Psicólogos de la

Provincia de Córdoba80. Dicha Institución establece Delegaciones Regionales en las

ciudades de Villa María, Río IV y San Francisco.

CONSIDERACIONES FINALES

“En la actualidad, la psicología se encuentra en un momento de fuerte consolidación

profesional: leyes de ejercicio profesional sancionadas en casi la totalidad de las provincias,

institucionalización a través de los Colegios y Asociaciones, sólida representación por medio

de la Federación de Psicólogos de la República Argentina en el proceso de integración al

MERCOSUR” (Calo, 2000).


Pero la situación actual está lejos de ser fruto de un progreso tranquilo. Dos décadas

nos llevó para legalizar lo que legítimamente nos correspondía desde lo científico, desde lo

jurídico y desde la función social. Fue una lucha ardua, permanente, en medio de un

contexto socio político de represión ejercida por parte del gobierno de facto, con las

intervenciones constantes del sector médico que intentaba en todo momento subordinar

nuestra práctica profesional a la suya, fundamentalmente en el ámbito de la salud, el que

tradicionalmente fue considerado como patrimonio propio.

La restitución de la Democracia en la década del ochenta, nos abrió las puertas para el

planteo de nuestras reivindicaciones y lograr el reconocimiento de nuestros derechos.

Pudimos consolidar una tradición académica hasta aquí siempre interrumpida, fortalecer y

afianzar aquellas instituciones que nos nuclean, regulan y procuran por nuestro progreso.

Logramos darle un Marco Legal y Deontológico a la Profesión del Psicólogo. La totalidad de

las leyes sancionadas, tanto en el orden Nacional como Provincial, son coincidentes en tres

puntos fundamentales:

• La plena autonomía profesional del Psicólogo.

• La validez del título de Psicólogo otorgado por la Universidad Nacional o Privada

reconocida, como única condición para el ejercicio profesional, clínico, educacional,

laboral, institucional y forense.

• El reconocimiento de la práctica de la psicoterapia, a cargo del Psicólogo en el área

clínica” (FEPRA, 1985, julio-agosto).

Hoy la identidad profesional no es una idea a generarse, sino que ya está, se irá

modificando, ampliando, construyendo y enriqueciendo, pero no nos encontramos con los

problemas que teníamos antes con qué era esto de ser Psicólogos (Ares, 1985).

No obstante, así como a toda una generación de profesionales les tocó luchar por nuestro

reconocimiento legal hoy la tarea continúa. El reconocimiento social es una cuestión que

aún nos convoca.

Somos una profesión relativamente joven, en comparación con aquellas disciplinas ya

definitivamente asentadas y conformadas, nos tocó recorrer un camino sin huellas, con un

saber y una práctica que buscó ser relegada y desvalorizada. Estos aspectos no dejaron de

ser incidentes en el imaginario social, siendo nuestro gran desafío esclarecer y definir en

este ámbito nuestro quehacer profesional, nuestros campos de actuación, como así también
la autonomía de nuestra disciplina.

Reivindicar derechos que, a pesar de ser legales, todavía en algunos casos no nos son

otorgados, conquistar nuevos espacios que le son pertinentes a nuestra práctica profesional,

así como desarrollar nuevas áreas de ejercicio, son también algunas de las metas que

todavía nos quedan por alcanzar.

Es a partir de una reflexión constante sobre nuestra práctica profesional, una

evaluación permanente del lugar que ocupamos en los distintos ámbitos, lo que nos va a

permitir identificar sobre la marcha aquellas debilidades que aún nos quedan por fortalecer.

Todo esto acompañado de un ejercicio responsable, idóneo y ético de nuestro desempeño

profesional, es lo que nos permitirá continuar en el camino del crecimiento y desarrollo de

nuestra Profesión.

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