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Behaloteja

La parashá BeHaalotejá aborda el encendido de la Menorah y el deber de Aharón de mantenerla encendida, así como la purificación de los levitas para su servicio. Introduce el concepto de 'Pésaj Sheni' y narra la guía divina a través de la nube que dirigía a los israelitas en el desierto. También se discuten la importancia del orden en el campamento y la representatividad en la comunidad de Israel.
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Behaloteja

La parashá BeHaalotejá aborda el encendido de la Menorah y el deber de Aharón de mantenerla encendida, así como la purificación de los levitas para su servicio. Introduce el concepto de 'Pésaj Sheni' y narra la guía divina a través de la nube que dirigía a los israelitas en el desierto. También se discuten la importancia del orden en el campamento y la representatividad en la comunidad de Israel.
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Parashá 36 BeHaalotejá

Dan Avraham H.

(Prohibida la reproducción total o parcial con fines de lucro personal o


ministerial)

Nota: Favor pasar esta parashat solamente a los líderes que tienen la
responsabilidad de instruir al pueblo.

Torah: Bemidbar 8:1-12:16

Haftará: Zacarías 2:14-4:7

HaTsofen HaMaljutí: Yojanán 5:1-6:71

Resumen:

BeHaalotejá significa literalmente, “cuando hagas subir” en una


referencia al acto físico de Aharón de “subir
hacia la Menorah y al encendido de las siete luces del candelabro que
se “hacían subir la llama” al encenderse. Por extensión, la frase se
traduce al castellano “cuando hagas encender” o “cuando
encendiere”.

Se explica entonces el deber de Aharón y sus hijos de mantener


encendida la lámpara sagrada diariamente. Se dan explicaciones
detalladas de cómo debe elaborarse dicho utensilio: de oro puro,
labrado a martillo, siguiendo el modelo que el Eterno le mostró a
Moshé en el monte Sinaí.

Se explica también el proceso por el cual los levitas debían ser


purificados para alistarlos para su servicio sagrado al Eterno. La
parashah introduce también el recurso de “Pésaj Sheni”, o “Segundo
Pésaj” ante la súplica de un grupo de hebreos que privados de tan alto
honor la primera vez por razones litúrgicas (estaban impuros
ritualmente, por haber cumplido la mitzvá de dar sepultura a un
prójimo) ruegan una segunda oportunidad la cual es concedida por el
Eterno.

La parashah además, nos cuenta la manifestación visible de la


Presencia Divina en forma de una gigantesca nube que cubrió el
Tabernáculo el día que fue levantado, tomando de noche la apariencia
de un enorme fuego sobre el techo del mismo.

1
A continuación la parashah presenta las instrucciones dadas a Moshé
para mover los campamentos en formación de los hijos de Israel:
Cuando la nube se moviera, se moverían ellos. Cuando la nube se
detuviera, se detendrían. “Por orden del Eterno acampaban y por
orden del Eterno levantaban el campamento”.

Además de esto, la parashah cuenta el origen de las dos trompetas de


plata que servirán, dependiendo del toque, para alistar diferentes
grupos para diferentes funciones. Solamente los hijos de Aharón
podrán tocar estas trompetas.

A continuación la parashah nos cuenta la queja de los hijos de Israel


por falta de carne y la solución del Eterno: codornices en medio del
desierto pero también “una plaga muy grande” para castigar a los
instigadores de entre el pueblo que habían atentado contra el avance
hacia la tierra prometida por las memorias de Egipto.

La parashah también nos muestra la manera cómo el Eterno


selecciona un grupo de 70 ancianos para que junto a Moshé le
ayudaran en las labores de cuidado del pueblo. El Eterno tomó del
espíritu de Moshé y lo puso en los 70 líderes escogidos todos los cuales
comenzaron a profetizar durante todo el día. Luego no profetizaron
más.

Finalmente la parashah nos cuenta lo sucedido a la profetiza Miriam en


relación con el mal comentario levantado contra su hermano Moshé, lo
cual causó que se volviera leprosa. Por la intervención de Aharón,
Moshé, ora por ella, la oración más corta que encontramos el Tanaj
(Eloha, te ruego, cúrala) y es sanada, pero el incidente causa que los
hijos de Israel perdieran toda una semana de marcha hacia la tierra
prometida. Al cabo de los siete días, Miriam, hermana de Moshé es
reunida al campamento y este continúa su marcha hasta el desierto de
Parán.

Comentarios:

De toda la riqueza que tenemos en esta parashah, haremos los


siguientes comentarios:

Primero: Los Siete Brazos de la Menorah (8:2)

¿Por qué tenía la lámpara sagrada siete brazos?


Varias respuestas se han dado. Unos afirman que es una referencia a
los siete días de la creación.
Otros, una referencia a las siete naciones que el Eterno permitió a
Moshé exterminar en sus días.

2
Sin embargo, hay un simbolismo adicional que no debemos perder:
que se trata de una referencia a la responsabilidad de los hijos de
Israel de llevar la luz de la Toráh a las naciones, esto es, instruir a las
naciones en las Sietes Leyes Universales, representadas por los siete
brazos de la menorah. ¿De dónde sacamos esto? Por el principio de
alusión escondida en la Torah.

Veamos:

Salomón reinó sobre 70 naciones y según las Escrituras, ordenó


construir 10 lámparas sagradas, dispuestas en grupo de a cinco frente
al Lugar Santísimo (1 Reyes 7:49).

Diez lámparas por siete brazos cada una (10 x7) nos da un total de 70,
lo cual es una referencia a las 70 naciones sobre las cuales reinó.
Ahora bien, dice la Parashah que la “menoráh fue hecha” (8:4), donde
el verbo usado es  “asáh” cuyo valor profético es 375, esto es,
(70+300+ 5= 375).

Pero al mismo tiempo, el nombre de Salomón en hebreo tiene el


valor profético de 375 (300+30+40+5=375).

Por tanto, hay una conexión profética entre ambas palabras, toda vez
que comparten el mismo valor y eso una alusión que indica la
responsabilidad de Israel de dar a conocer la luz de la Menorah a las 70
naciones de la tierra que comprenden el total de la humanidad.

Para más evidencia, el primer pasuk de la Torah (Gén. 1:1) tiene en


hebreo “siete palabras” (Bereshit bará Elohim et hashamayim veet
haaretz) que incluye a toda la tierra, y por extensión a las 70 naciones.

Pero al mismo tiempo, cuando el Eterno introduce los Diez


Mandamientos, usó la frase, “Y habló Elohim todas estas palabras
diciendo” que en hebreo forman un total de siete palabras como está
escrito: “Vaydaber Elohim et kol hadevarim haeleh lemor” (Ex. 20:1).

Así pues, por siete palabras se introducen los cielos y la tierra y por
siete palabras los Diez Mandamientos.
Ahora bien, no debemos olvidar que tenemos 613 mandamientos para
los hijos de Israel y 7 Mandamientos para los hijos de Noaj. El total de
ambos números alcanza la cifra de 620. Cuando el Eterno entregó los
Diez Mandamientos a los Hijos de Israel, donde estaban presentes
tanto israelitas como conversos provenientes de Egipto (Ex. 12:48,49)
usó precisamente, 620 palabras que conforman los Diez
Mandamientos, indicando con esto que la Toráh tiene también una

3
porción para las naciones porque es evidente que 613 mandamientos
para Israel y 7 para las naciones, conforman el número 620, que
fueron las palabras usadas para entregar los Diez Mandamientos
representativos de todos los mandamientos.

Por otro lado, en Mar’ot Elohim (Revelaciones) nos encontramos al


Mashiaj “en medio de “Shevá Menorot” (siete lámparas sagradas
1:12,13) que se corresponden con el significado del número “siete” en
nuestro análisis.

Consecuentemente, el Mashiaj nos está diciendo de la responsabilidad


de la comunidad judía de dar a conocer la luz de la Toráh a las
naciones como ésta aplica, es decir, los Siete Mandamientos
Universales, en concordancia con los que dijo en los días de su vida en
la tierra, que los judíos son “luz del mundo” y “sal de la tierra”. “Ser
luz” y “sal” tienen que ver con nuestra responsabilidad con las
naciones.

Por tanto, ante la pregunta, ¿por qué la menorah tenía siete brazos?,
ahora podemos responder apropiadamente: una referencia a la
responsabilidad de los hijos de Israel de llevar la luz de la Toráh a las
naciones, esto es, instruir a las naciones en las Sietes Leyes
Universales, representadas por los siete brazos de la menorah.

Tal ordenanza es incumbente sobre todo judío pero de manera


especial sobre los discípulos del Santo Maestro, el Mélej HaMashiaj de
la Casa Real de David.

Si queremos ser fieles a su legado, nos es impuesta la necesidad de


llenar la tierra con este conocimiento de la Toráh para que impere la
justicia y la paz tanto como sea posible y dependa de nosotros pues
esto “dará sabor a la vida del hombre y la preservará de corrupción”,
como la sal en el mundo material.

Segundo: No lo sabemos todo, pero debemos consultar antes


de responder. (9:8)

En relación con el mandamiento de la Segunda Pascua (Pésaj Shení),


se nos dice que algunos hombres que habían estado en contacto con
cuerpos muertos y consecuentemente estaban ritualmente impuros
para comer del korbán pésaj, se acercaron a Moshé suplicándole que
se hiciera una excepción para no perder el honor de presentar la
ofrenda a Elohim en el tiempo correcto.

La respuesta de Moshé fue: “Esperad aquí y escucharé lo que el Eterno


dice respecto de vosotros” (9:8).

4
Esto revela que aun con el alto grado de profecía que disfrutaba
Moshé, no lo sabía todo. Hubo cosas que no le fueron reveladas en su
totalidad y cuando esto ocurrió, humildemente confesó que no conocía
la respuesta y que debía consultar con el Eterno.

El propio Maestro confesó que había cosas que él no sabía porque el


Padre lo había colocado en su “sola potestad”, entre esas cosas, al
menos las siguientes se destacan:

Primero: Quién se sentará a su derecha y a su izquierda en el reino


mesiánico.
Segundo: Cuándo será el momento preciso de su revelación como
Mashiaj ben David.
Tercero: Cuándo será el momento preciso de la restauración del Reino
Davídico a Israel.

Por lo tanto, nunca debemos avergonzarnos cuando se nos pregunte


de algo que por alguna razón no conocemos o no hemos estudiado y
decir con humildad: “Debo consultar sobre esto y luego les daré una
respuesta”.

Cuando un maestro o líder no tiene una respuesta, no debe “inventar”,


sino aceptarlo con humildad y al mismo tiempo estudiar el asunto y
consultar con sus mayores y colegas para ofrecerla, si es un asunto
que haya sido revelado.

La humildad nos hace grandes; el orgullo, nos empequeñece. Está


escrito: “Eloha rechaza a los soberbios pero da gracia a los humildes”.

Tercero: La importancia de ser guiados divinamente en nuestra


peregrinación por la vida. (9:18)

La parashah nos dice que solamente cuando la nube se levantaba, los


hijos de Israel avanzaban. Cuando la nube se detenía, los hijos de
Israel acampaban. “Por orden del Eterno avanzaban y por orden del
Eterno se detenían”.

Esto sirve de instrucción para cada uno de nosotros. Aprender cuándo


movernos y cuando detenernos; cuándo hacer ciertas cosas y cuando
estarnos quietos.

Hoy día no tenemos la nube visible, pero tenemos la nube invisible, es


decir, el espíritu de Mashiaj que ha sido derramado en nuestros

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corazones, por tanto, así como la Presencia Divina guiaba a los hijos de
Israel en el desierto instruyéndoles cuándo levantar el campamento y
cuándo armarlo, así también está escrito: “Los que son guiados por el
Espíritu de Elohim, los tales son sus hijos”.

El avance de los hijos de Israel tiene siempre que venir de arriba. Si la


nube se mueve, nos movemos. Si la nube se detiene, nos detenemos.

Cuarto: El orden que debe privar en el campamento de los


santos.

La parashah nos cuenta de las dos trompetas de plata. Ellas daban


sonidos diferentes. Cada sonido tenía un simbolismo. Cuando se
tocaba de cierta manera, solamente los líderes eran convocados.
Cuando se tocaba de otra manera, la comunidad entera era reunida.
Dependiendo del sonido de la trompeta, así era el tipo de convocación
que se realizaba siguiendo un orden:

Para reunir a los príncipes. Para reunir a la comunidad. Como señal de


partida del campamento. Como indicación de un estado de guerra.
Como señal de santificación de una fiesta o como indicación del
ofrecimiento de sacrificios comunales.

Rav Shaul hablará de esto cuando afirma: “Si la trompeta da un


sonido incierto, ¿quién se alistará para la batalla?”

En todo caso, esto nos habla de un orden para hacer las cosas. Hay
ciertas funciones que realizar que solamente las conoce Moshé. Otras
son dadas también a su círculo íntimo, Aharón y Miriam. Otras a su
cuerpo de ancianos, los 70 jueces. Otras incluían a todos los líderes y
otra a toda la comunidad.

De la misma manera, hay cosas que solamente deben ser tratadas por
el líder principal. Otras por un grupo de líderes connotados. Otras por
toda la comunidad. Dependiendo del sonido de la trompeta, así era el
tipo de convocación. Dependiendo de la situación, así es la acción que
debe ser tomada.

Si todos entendemos esto y lo asumimos bajo la dirección de la


Presencia Divina, avanzaremos sin duda aun en las peores y más
difíciles circunstancias.

Quinto: El principio de representatividad.

Está escrito en nuestra parashah (8:9,10): “Y harás que se acerquen


los levitas delante de la tienda de reunión. Reunirás también a toda la

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congregación de los hijos de Israel, y presentarás a los levitas delante
de HaShem; y los hijos de Israel pondrán sus manos sobre los levitas.”

¿Cómo es posible que todos “los hijos de Israel pusieran sus manos
sobre los levitas, siendo ellos un número muy grande, 22,000 en
total?”. Sin duda, no fueron todos los hijos de Israel pero sus
representantes los cuales ya habían sido seleccionados previamente.
Por tanto, cuando la comunidad elige sus líderes, ellos no actúan por sí
mismos, sino en representación de toda la asamblea del pueblo de
Israel. Consecuentemente, tiene que existir una perfecta unidad de
intención y de acción entre los representados y los representantes.
Esto llevará luego a desarrollar el principio de “agencia divina” por el
cual la autoridad y el nombre del que envía están en el enviado.
Ciertamente no todos los israelitas pusieron las manos sobre los
levitas, pero aquellos que fueron elegidos para hacerlo, posiblemente
Aharón y sus hijos, no lo hacían por sí mismo, sino invocando a todo el
pueblo de Israel, consecuentemente todo Israel puso su mano sobre
los levitas. Al hacerlo, es como si el pueblo mismo hubiese dedicado a
los levitas a su servicio sagrado. Es deber de cada comunidad,
reconocer, apartar y consagrar a todos aquellos que sean llamados
para servir al Eterno y tenerlos en gran estima por causa de su
vocación celestial.

Pregunta: Si fue dicho previamente (4:3) que los levitas debían tener
30 años para iniciar el servicio en el Tabernáculo ¿por qué ahora se
dice de 25 años (8:23,24? ¿No se contradice la Toráh?

Respuesta: ¡En ninguna manera hay contradicción en la Torah! Lo


que aparenta una contradicción es debido a nuestra falta de
información. En efecto, al cumplir los 25 años se alistaban para servir
al Eterno en el Tabernáculo, pero su entrenamiento duraba 5 años. Al
cabo de ese tiempo, cuando cumplían los 30, entonces iniciaban
propiamente dicho, su servicio al Eterno.

Nuestro Santo Maestro inició su avodah a HaShem justo al cumplir sus


30 años, en correspondencia con este principio, porque él también era
cohen pero de un orden diferente al de Aharón, como ya sabemos.

Cuando estaba presente en la boda de Caná y faltó el vino, su madre


Miriam bat Kohen bat David le trae el problema y él responde: “Aun no
ha llegado mi hora”, posiblemente una referencia a que no había
cumplido todavía sus 30 años.

Cuando dicha edad fue alcanzada, se presentó delante de Yojanán


HaKohen quien lo ungió delante de toda la multitud allí reunida, por lo

7
que nuestro Santo Maestro fue separado y ungido por un profeta y por
un Kohen descendiente de Aharón para iniciar su avodah HaShem.

Yojanán HaKohen fue el mashiaj sacerdotal de la Casa de Aharón que


muere decapitado por un representante de Edom (Roma) como lo fue
el malvado Herodes hijo del otro, llamado el “grande” por lo grande de
sus maldades y perversiones.

En todo caso, nuestro Santo Maestro, cumpliendo así con todas las
exigencias de la Ley de Israel, fue escogido, separado, consagrado,
ungido y enviado para cumplir la más extraordinaria misión nunca
antes confiada a ninguno y entre ellas, destacan, entre otras, las de ir
a buscar las ovejas perdidas de la Casa de Israel, hacerlas retornar a
HaShem y a Su Torah mientras se predica en su nombre los Siete
Mandamientos Universales a todas las naciones para que los hombres
se vuelvan de sus malos caminos y reciban los méritos de su servicio
al Eterno consumado en el derramamiento de su propia alma como
expiación de los pecados imperdonables por la ley de Moisés.
Solamente cuando esta misión sea cumplida por sus discípulos, el
Eterno nos lo revelará de nuevo.

Por tanto, si queremos que Mashiaj sea revelado pronto y en nuestros


días, debemos hacer todo nuestro esfuerzo por cumplir estas dos
misiones que nos ha legado.

En este sentido, depende de nosotros mismos cuán pronto el Kadosh


Baruj Jú, nos lo revele de nuevo. De esto sigue que todo nuestro mayor
esfuerzo y dedicación debe ser concentrado en cumplir estas dos
sagradas misiones: traer de vuelta al Eterno y Su Toráh a las ovejas
perdidas de la Casa de Israel, mientras proclamamos y educamos a los
Benei Noaj en los Siete Preceptos Universales para que se vuelvan de
sus malos caminos y se refugien debajo de las alas del Elohim de
Israel.

Sexto: Debemos esperar siempre la “queja de los hijos de


Israel” (11:1)

Nos dice la Toráh que “el pueblo empezó a quejarse” y que esta
queja “fue desagradable a los ojos de Elohim”.

Después de ser testigos oculares de los grandes milagros realizados a


su favor de forma diaria, no obstante, levantaron quejas delante de
Eterno. Ante la ruda realidad del desierto, la pregunta que se hicieron
los llevó a la duda y esto a la queja: ¿Qué comeremos aquí? ¿Qué
beberemos? ¿Cómo nos vestiremos? ¿Cuándo veremos la promesa de
la tierra prometida cumplirse?

8
En vez de alegrarse por las bondades del Eterno dadas cada día, lo que
hicieron fue quejarse, refunfuñar y amargarse la vida tanto ellos como
a Moshé.

Los líderes debemos estar preparados para soportar esta gran


debilidad que se repite generación tras generación. Por eso dijo el
Maestro: “No estéis ansiosos por vuestra vida material, qué comeréis o
qué vestiréis…no es la vida más valiosa que la comida y el cuerpo más
valioso que el vestido?”

Si se quejaron con Moshé con toda su grandeza, ¿qué podemos


esperar nosotros?

La parashah nos dice que esta queja fue “malo a los oídos de Eloha”.
De esto aprendemos que todo lo que hablamos abajo, se escucha
Arriba y que la actitud de “El Señor no verá ni el Eloha de Yaakov
entenderá” (Salmo 94:7) es absolutamente falsa.

Y el resultado de la queja y la murmuración fue el juicio divino que


cayó sobre los rebeldes como está escrito: “El fuego de Elohim se
inflamó fuera, consumiendo el borde del campamento”.

Este será siempre el final de los revoltosos y rebeldes porque la queja


y la murmuración no hacen otra cosa que alejar la Presencia Divina del
campamento de los santos y causar que la ira divina se encienda
contra aquellos que impiden a los hijos de Israel continuar su avance
hacia la promesa dada por el Altísimo.

Tristemente, en toda comunidad hay representantes de estos dos


grupos: los que viven quejándose y murmurando de todo y los que
viven dando gracias y bendiciendo al Eterno a pesar de todo.

La actitud de Moshé, no obstante, debe ser la actitud del verdadero


líder: “Moshé oró a Elohim y el fuego desapareció”.

Un líder no puede responder con ira ni con rechazo, sino armarse del
amor y la paciencia del Eterno y más bien orar para que los rebeldes
se arrepientan y exhortarles a que se vuelvan de sus malos caminos al
Eterno. No es fácil, pero tampoco imposible.

Si en verdad el Eterno nos ha llamado a servirle, juntamente con el


llamamiento viene la habilidad sobrenatural del amor, la paciencia y la
misericordia hacia los que se oponen, por si acaso el Eterno les
conceda arrepentirse a tiempo a fin de que no sean consumidos por el
fuego de la ira divina.

9
Séptimo: El peligro de la murmuración afecta a todo el
campamento (11:4)

Nos dice la parashah:

“Y la multitud mezclada que se había juntado con ellos comenzó a


tener fuertes anhelos (vivo deseo por la comida de Egipto) ¿Quién nos
dará carne para comer?”

Esta es otra queja diferente a la que ya estudiamos. En este caso, los


autores fueron los conversos que salieron de Egipto. Tristemente, la
lección no se aprende fácilmente.

Se ha dicho que el hombre es “el animal que tropieza con la misma


piedra dos veces”, indicando con esto que nos cuesta aprender las
grandes lecciones espirituales.

No había terminado de acabarse el fuego, cuando ya otro grupo


comienza de nuevo a quejarse y a murmurar. De hecho, era un
pretexto porque carne había suficiente en el campamento.

Recordemos que Éxodo 12:39 se nos dice que al salir de Egipto, lo


hicieron con “con una gran multitud de toda clase de gentes (las
mismas a que hace referencia nuestra parashah en este pasuk) y
ovejas y muchísimo ganado”.

Si había abundancia de “ovejas y ganado” ¿por qué murmurar por


carne? Por tanto, fue solamente una excusa para la rebelión.

De esto aprendemos que los rebeles lo son, realmente, sin causa,


buscando toda clase de pretexto cuando en el fondo, se tienen
agendas escondidas.

Porque uno se pregunta, ¿cómo es posible traer a la memoria la carne


de Egipto, los melones, pepinos, cebollas y ajos si todos eran esclavos
del faraón sin acceso a estos manjares?

De esto aprendemos cuán terrible es la queja y la murmuración que


nos hace olvidar realmente de dónde nos sacó el Eterno y cuán bueno
y compasivo ha sido con nosotros todos los días de nuestra vida.

¿No tenían ellos el maná? ¿No era el maná suficiente para sostenerlos
fuertes y sanos en el camino?

10
De hecho, la palabra maná es descrita en la Toráh con la expresión
“dak mejuspás” ( pequeño grano). Interesantemente,
(mejuspás) tiene el valor numérico de 248 según el valor
profético de sus letras hebreas, esto es, (40+8+60+80+60= 248), que
coincide con los 248 órganos del cuerpo que a su vez se corresponden
con los 248 mandamientos positivos de la Toráh.

Esto significa que la queja y la murmuración de los hijos de Israel


equivale a la violación de todos los mandamientos positivos de la
Toráh y consecuentemente al daño, a veces irreversible, de los
órganos del cuerpo.

David decía: “Mientras callé (mis transgresiones) se envejecieron mis


huesos” (Salmo 32:3) de donde sigue que la observación de los
mandamientos es su antídoto, como está escrito: “No te olvides de mi
Toráh… medicina a tu cuerpo y refrigerio a tus huesos” (Prov. 3:1-8).

La parashah nos dice que el maná era como “semilla de culantro, y su


brillo, como brillo semejante a la perla” (11:7)

En vez de agradecer al Eterno por haberles dado “la perla del maná”,
murmuraban por las cebollas de Egipto, que les fueron quitadas de su
alimentación en los días de nuestra esclavitud.
El Maestro dirá luego: “El Reino de los Cielos es como un hombre que
anda buscando buenas perlas, que al hallar finalmente una perla
extraordinariamente preciosa, fue y vendió todas sus posesiones y la
compró”.

Pues ya sabemos a qué nos refiere el Maestro, porque está escrito de


la sabiduría de la Toráh, que “su ganancia es mejor que la de la plata
y sus frutos más que el oro fino” (Prov. 3:14).

Rechazaron el maná, en medio de quejas y murmuraciones; luego


estos mismos líderes rechazarán “el maná venido del cielo que da vida
a los hombres”.

Debemos tener cuidado que las quejas y rebeldías de los demás no


penetren nuestros pensamientos y nos provoquen pecados aun peores
que la de los primeros, porque en efecto, la multitud mezclada en
cierta forma, expresaron sus deseos pero luego se mantuvieron
callados, pero los hijos de Israel lo vociferaron a plena luz del día y
pregonaron a los cuatro vientos su descontento injustificado.

Los líderes debemos diferenciar entre un descontento por el honor del


Cielo y un descontento por las pasiones de la carne.

11
En efecto, ya vimos el descontento de aquellos varones que se vieron
impedidos de ofrecer Pésaj el día que correspondía. Ellos se quejaron
con Moisés, pero fue una queja por el honor del Cielo, por el derecho a
o ser privados de cumplir con los preceptos.

Pero este otro descontento no es por el honor del cielo, sino todo lo
contrario, por el honor de sus propias pasiones carnales.

Que el Eterno nos ayude a que nuestro descontento y objeciones sea


siempre por el honor del Cielo, no por las demandas pasionales de
nuestra inclinación al mal.

Octavo: Lo sucedido a la profetiza Miriam (12:1)

Cuando el pueblo se desenfrena, hasta los líderes corremos el peligro


de ser contaminados. Esto fue exactamente lo que tristemente sucedió
a Miriam y a Aharón, ambos hermanos de Moshé.

Nos dice la parashah que “Miriam y Aharón comenzaron a hablar mal


en contra de Moshé a causa de la mujer de piel oscura que había
desposado, porque en verdad era una mujer morena”.

El hecho de se menciona a Miriam primero que Aharón, se indica que


fue ella la iniciadora de esta revuelta contra Moshé. Aharón la siguió,
pero ella fue más responsable. De ahí que quien se vuelve leprosa fue
Miriam, no Aharón.

Hablar mal de un profeta es algo extraordinariamente peligroso.


¿Cómo levantar la voz contra aquel que hablaba con el Eterno, cara a
cara (boca a boca), esto es, sin intermediarios, mostrando así su alto
nivel de profecía?

Independientemente de la identidad de “la mujer de piel oscura”, que


según nuestros jueces era la misma Tziporá, la hija de Jetro, única
esposa de Moshé, el punto es la falta de temor del Cielo para levantar
lashón hará contra el líder de su generación.

Es posible que Miriam y Aharón tuvieran razón en quejarse contra la


acción de Moshé, porque ningún líder es perfecto en todos sus
caminos, con la excepción de nuestro Santo Maestro, quien “nunca
hizo maldad ni se halló pecado en sus labios”.

El mal estuvo en proclamarlo públicamente y no tratar el asunto


privadamente con Moshé para que diera sus propias explicaciones del
caso.

12
Pero publicarlo y además exponerlo a la vergüenza pública sin la
intención de corregirlo, sino de ocupar su lugar, pues dijeron también:
“¿Solamente por Moshé ha hablado el Eterno? ¿No nos habla también a
nosotros?”, revela una grave falta, semejante a la lepra.

De ahí el castigo que recibió Miriam: quedó leprosa completamente. Y


como ya sabemos, esta lepra no era una enfermedad, sino una plaga
por el pecado de lashón hará (chisme, falso testimonio, hablar mal de
otro, avergonzar a otro en público, etc.)

Finalmente, Moshé oró por su hermana y esta fue sanada. La oración


de Moshé es la más corta registrada en el Tanak, consta solamente de
cinco palabras en hebreo: “Kal Na Refa na lah”, esto es: “Por favor,
cúrala”.

Y el Eterno respondió al ruego de su siervo, la sanó, pero estableció


que permaneciera siete días reclusa fuera del campamento; solamente
después podría retornar a su casa (12:14).

De esto aprendemos que aun cuando recibimos sanidad, hay


consecuencias que nos afectan tanto a nosotros como a la comunidad
donde pertenecemos. Por tanto, cada uno debe hacer todo lo posible
por guardar su lengua y preservarnos del terrible pecado de levantar
nuestra voz contra nuestros líderes o nuestros hermanos.

El más sabio de su generación dijo estas palabras: “En la multitud de


palabras no falta el pecado; mas el que refrena sus labios es sabio”
(Proverbios 10:19).

Que el Eterno nos ayude a no usar nuestras lenguas para difamar de


nuestros líderes ni para hablar mal de nuestros hermanos destruyendo
su honor y reputación entre los santos pero aprendiendo a decir las
cosas ante quien deben ser dichas y en la manera apropiada según la
Toráh.

Si hay un pecado que destruye el cuerpo es el mal uso de la lengua.


HaShem que es bueno nos asista para refrenar nuestros labios y ser
contados entre los sabios de Israel. Recordar lo que sucedió a Miriam
es parte de los Diez Recuerdos diarios impuesto sobre Israel.

Finalmente, unas notas de interés:

A) Hay que tener cuidado de leer ciertas partes de la Parashah en


voz baja, debido a alto nivel de espiritualidad que contiene.

13
B) Hay que poner atención a los Preceptos incluidos en esta
Parashah.

Según Rashí son los 380-384 a saber:


 Precepto de ofrecer la segunda ofrenda de Pésaj el 14 de Iyar
para alguien que no pudo hacerla el 14 de Nisán. ( 9:11)
 Precepto de comer la segunda ofrenda de Pésaj con matsá y
hierbas amargas, (9:11)
 Prohibición de dejar carne de la segunda ofrenda de Pésaj para el
día siguiente. ( 9:12)
 Prohibición de romper huesos de la segunda ofrenda de Pésaj.
( 9:12.)
 Precepto de tocar las trompetas en el Santuario y en la guerra.
(10:9)

Shabat Shalom!

14

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