0% encontró este documento útil (0 votos)
14 vistas25 páginas

Presentaci à N 3

El reformismo borbónico en España, iniciado con Felipe V en el siglo XVIII, implicó cambios significativos en la estructura del Estado, incluyendo la centralización administrativa y la abolición de fueros en Aragón. A pesar de intentos de reforma económica y social, como la mejora de la agricultura y la industria, la oposición del clero y la nobleza limitó su implementación. La política exterior se centró en recuperar territorios perdidos y se vio afectada por la Revolución Francesa, culminando en la guerra de independencia contra Napoleón.

Cargado por

jy9d9g6d9t
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
14 vistas25 páginas

Presentaci à N 3

El reformismo borbónico en España, iniciado con Felipe V en el siglo XVIII, implicó cambios significativos en la estructura del Estado, incluyendo la centralización administrativa y la abolición de fueros en Aragón. A pesar de intentos de reforma económica y social, como la mejora de la agricultura y la industria, la oposición del clero y la nobleza limitó su implementación. La política exterior se centró en recuperar territorios perdidos y se vio afectada por la Revolución Francesa, culminando en la guerra de independencia contra Napoleón.

Cargado por

jy9d9g6d9t
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Reformismo borbónico

Irati Bermejo - 2º Bach


El cambio
dinástico del
siglo XVIII:
las reformas
internas.
Los primeros
Borbones
La llegada de la nueva dinastía borbónica
propició importantes cambios en la
estructura del Estado. Estos cambios,
inspirados en gran medida en el estado
absolutista francés, fueron introducidos
esencialmente durante el reinado de Felipe V.
Los primeros Borbones adoptaron
diversas medidas centralizadoras, con el
objetivo de hacer un estado más eficaz. En
este sentido se adoptaron novedades
importantes:
Decretos de Nueva Planta: Abolición de los
fueros e instituciones propias de los reinos
de la Corona de Aragón. Los fueros de las
provincias vascas y Navarra se mantuvieron
ya que apoyaron a Felipe V durante la Guerra
de Sucesión.
Nuevo modelo de administración territorial, basado en la siguiente estructura:
división del territorio en provincias; sustitución de los Virreyes por los Capitanes
Generales como gobernadores políticos de las provincias; las Reales Audiencias se
mantienen para las cuestiones judiciales; y siguiendo el modelo francés, se creó la
figura de los Intendentes, funcionarios encargados de las cuestiones económicas.
Finalmente, en los Ayuntamientos se mantuvieron los cargos de Corregidor, Alcalde
Mayor y Síndicos personeros del común (elegidos por el pueblo para su defensa)
Los Borbones también reformaron la administración central consolidando el
establecimiento de una plena monarquía absoluta. Se suprimieron todos los
Consejos, exceptuando el Consejo de Castilla que se convirtió en el gran órgano
asesor del rey. Se crearon las Secretarías de Despacho (Estado, Guerra, Marina,
Hacienda, Justicia e Indias), antecedentes de los ministerios. En 1787 se establece la
Junta Suprema de Estado, antecedente del Consejo de Ministros
Hubo intentos no demasiado eficaces
de reformar el sistema de Hacienda. Se
trató de unificar y racionalizar el
sistema de impuestos y, para ello, se
llevó a cabo el Catastro de Ensenada
en 1749 en la Corona de Castilla. Este
Catastro es un censo de todas las
propiedades del reino, muy útil para
los historiadores. Se buscó también la
unificación monetaria, estableciéndose
el Real de a dos.
Guerra de Sucesión (1701-1713)

Carlos II, que había muerto sin descendencia, nombró sucesor a fELIPE DE aNJOU , nieto de
Luis XIV de Francia y bisnieto de Felipe IV, quien fue coronado con el título de Felipe V.
Acababa así la dinastía de los Habsburgo y llegaba al trono español la dinastía de los
Borbones.
Muy pronto, sin embargo, se formó un bando dentro y fuera de España que no aceptaba al
nuevo rey y apoyaba al pretendiente el Archiduque Carlos de Hasburgo. La guerra civil y
europea estalló.
El conflicto tenía una doble perspectiva:
El ascenso al trono español de Felipe V representaba la hegemonía francesa y la temida
unión de España y Francia bajo un mismo monarca. Este peligro llevó a Inglaterra y
Holanda a apoyar al candidato austriaco, que, por supuesto, era sustentado por los
Habsburgo de Viena. Las diversas potencias europeas se posicionaron ante el conflicto
sucesorio español.
Por otro lado, Felipe V representaba el
modelo centralista francés, apoyado en
la Corona de Castilla, mientras que Carlos
de Hasburgo rsonificaba el modelo
foralista, apoyado en la Corona de
Aragón y, especialmente, en Cataluña.

La guerra terminó con el triunfo de Felipe


V. Junto a las victorias militares
de Almansa, Briguega y Villaviciosa, un
acontecimiento internacional fue clave para
entender el desenlace del conflicto: Carlos
heredó en 1711 el Imperio alemán y se
desinteresó de su aspiración a reinar en
España. Sus aliadas, Inglaterra y Holanda,
pasaron en ese momento a ver con
prevención la posible unión de España y
Austria bajo un mismo monarca.
Tratado de Ultrech
La guerra concluyó con la firma del Tratado de Ultrech en 1713. El
tratado estipuló lo siguiente:
• Felipe V era reconocido por las potencias europeas como Rey de
España pero renunciaba a cualquier posible derecho a la corona
francesa.
• Los Países Bajos Españoles y los territorios italianos pasaron a
Austria. El reino de Saboya se anexionó la isla de Siilia
• Inglaterra obtuvo Gibraltar, Menorca y el navío de
permiso (derecho limitado a comerciar con las Indias españolas) y
el asiento de negros (permiso para comerciar con esclavos en las
Indias).
• El Tratado de Ultrech marcó el inicio de la hegemonía británica
• Carlos III (1759-1788), hijo de Felipe V y hermanastro de Fernando VI, antes de
ser rey de España desempeñó el cargo de Rey de Nápoles de 1735 y 1759.
Su reinado se caracterizó por la aplicación de las reformas del despotismo
ilustrado:
El siglo XVIII fue un período de recuperación económica. Esta fue desigual, mayor
en la periferia que en el centro peninsular. En ese contexto de crecimiento
económico, con el Conde de Aranda (1769) y Floridablanca (1787) se llevaron a
cabo los primeros censos con la finalidad de conocer las potencialidades
económicas y fiscales.
Entre los ilustrados se extendió la conciencia de la
necesidad de emprender reformas en la agricultura,
ocupación que ocupaba a la mayoría de la población y
que estaba muy atrasada. Para ello se crearon
asociaciones como las Reales Sociedades Económicas de
Amigos del País y los ministros de Carlos III prepararon
diversos planes de reforma como el Memorial Ajustado
de Campomanes y el Informe sobre la Ley Agraria
de Jovellanos.
Todos estos proyectos y documentos del período
denunciaban las enormes propiedades
amortizadas (mayorazgos de la nobleza o manos
muertas de la Iglesia) y afirmaban que el acceso del
campesinado a la propiedad de la tierra era una
condición necesaria para el progreso del país. Por
primera ves, se empezaba a hablar de la
desamortización. Sin embargo, la negativa rotunda del
Clero y la Nobleza, incluso hubo procesos de la
Inquisición a ministros ilustrados com el Conde de
Aranda, llevó a la paralización de las reformas
• Las únicas medidas que se llevaron a cabo fueron el reparto de tierras comunales en
Extremadura, la repoblación (fallida) de Sierra Morena bajo el gobierno de Olavide, la
reducción de los derechos de la Mesta y algunas obras de regadío (Canal Imperial de
Aragón, Canal de Castilla…)

Los ministros ilustrados aprobaron medidas para fomentar el desarrollo de la Industria.


Se rompió el monopolio de los gremios en 1772; se establecieron, con escaso éxito
económico, las Reales Fábricas, con apoyo del estado (armas, astilleros, vidrio, tapices…)
Las industrias textiles privadas catalanas (“indianas”) fueron más competitivas que las
empresas estatales.

Con respecto al comercio se adoptaron medidas conducentes a integrar el comercio


nacional, como la mejora de las vías comunicación o la supresión de las aduanas
interiores. Un decreto de 1778 estableció la liberalización del comercio con América,
acabándose con el secular monopolio de la Casa de Contratación. Sin embargo, se
manutvo la política comercial proteccionista con respecto a las demás potencias.
En el terreno financiero, se estableció el Banco de San Carlos,
antecedente del futuro Banco de España. En este período, aparece la
peseta, aunque no será la moneda oficial del país hasta 1868.

Teniendo en cuenta la dinámica política se pueden distinguir dos


períodos en los gobiernos de Carlos III:

1759-1766 Gobiernos de Esquilache y Grimaldi. Los intentos de


introducción de reformas encontraron una viva reacción que culminó
en el Motín de Esquilache en 1766. Esta revuelta que estalló contra el
decreto que obligaba a cambiar capas y sombreros tiene razones
complejas. Podemos hablar de un motín popular “nacionalista”, contra
el ministro italiano, manejado por el clero (jesuitas) y la nobleza para
frenar las reformas. Los Jesuitas, acusados de fomentar el motín,
fueron expulsados en 1767.

1766-1788 Gobiernos del Conde de


Aranda, Floridablanca y Campomanes. Este período está dominado por
los grandes ministros ilustrados que ensayaron diversas reformas
económicas que finalmente no se llevaron a cabo por la oposición del
clero y la nobleza
La evolución de la política
exterior española
Las grandes líneas de la política exterior española
arrancan de la difícil situación creada tras el Tratado de
Utrecht. La política exterior se planteó los siguientes
objetivos: recuperar Gibraltar y Menorca, territorios
españole sen manos británicas, y conseguir establecer a
para príncipes de la familia Borbón en los territorios
italianos perdidos.
Para ello, la política exterior española se basó en
la alianza con Francia, concretada en varios Pactos de
Familia, y el enfrentamiento con Inglaterra en el
Atlántico ante la amenaza británica a las posesiones
españolas en las Indias.
La política exterior de Felipe V (1700-
1756) se dirigió a la recuperación de los
territorios italianos. Ante el fracaso de los
primeros intentos en solitario se optó por
la alianza con Francia. Esta alianza se
concretó en el Primer Pacto de
Familia (1734) y el Segundo Pacto en
1743. Fruto de estos pactos fue la
participación apoyando los intereses
franceses en la Guerra de Polonia (1733-
1738) y en la Guerra de Sucesión de
Austria (1743-1748). Como resultado de
esta intervención Felipe V consiguió que
el infante Carlos, el futuro Carlos III de
España fuera coronado Rey de Nápoles y
Sicilia y que el infante Felipe fuera
nombrado Duque de Parma
Con Fernando VI (1746-1759), el gobierno español
adoptó una política exterior de neutralidad,
equidistante entre Londres y París.

Carlos III (1759-1788) volvió a la alianza con Francia y


firmó el Tercer Pacto de Familia (1761) y a la
participación de España en la guerra de los Siete
Años (1761). La victoria británica, junto a su aliada
Portugal, llevó a firma del Tratado de París (1763) por
el que cedimos Florida a Inglaterra y Sacramento a
Portugal. Para compensar esas pérdidas Francia nos
cedió Luisiana
• De nuevo en América, España junto a Francia apoyó a los rebeldes
norteamericanos contra Inglaterra. La derrota británica llevó a la
firma del Tratado de Versalles (1783) lo que permitió la recuperación
de Menorca, Florida y Sacramento.

La política exterior de Carlos IV (1788-1808) estuvo completamente


marcada por la Revolución Francesa y nos llevará a la trágica guerra
de la Independencia contra Napoleón en los inicios del siguiente siglo
ECONOMIA Y SOCIEDAD
Esta centuria supone en su conjunto, la
superación de la crisis económica que
caracteriza a Europa en el siglo XVII. Entre
1720 y 1780 aproximadamente , la economía
europea entra en período de desarrollo. Las
causas de esta prosperidad son las siguientes:
Nueva afluencia de metales
preciosos procedentes de América
Desde principios del siglo XVI, las minas de
oro y plata americanas se habían agotado; en
cambio, a partir de 1720 se descubren nuevas
minas de oro, extraordinariamente ricas, en
Brasil. Este oro, al llegar al continente
europeo reactiva toda la economía y la
marcha de los negocios
· Mayor prosperidad en la
agricultura e industria
• El campesinado del siglo XVII
recogía muy poca cosecha y, en
ella, debía apartar tres
porciones: una entregaba a la
Iglesia como pago de diezmos;
otra entregaba al noble que era
el propietario de la tierra y la
tercera parte debía darla al rey
como pago de impuestos; lo que
le quedaba era mínimo, y estaba
destinado al consumo.
• Eso significaba que el campesino
no podía vender sino sólo
consumir lo que producía. De
esta forma, apenas tenía
ingresos y su nivel de vida era
muy bajo.
• Esta falta de ingresos se debía al
bajo rendimiento de las
cosechas: lo normal era que sólo
se cosecharan cuatro granos de
cereal por cada grano sembrado
• A partir de 1720, la situación cambia: las cosechas comienzan a ser más
abundantes, debido a:
• La introducción de nuevas plantas muy productivas, como el maíz.
Procedente de América, lo que permitiría aumentar el número de cabezas
de ganado, esto produce más estiércol y conlleva abundantes cosechas. Al
mejorar los rendimientos, el campesino puede ahorrar e invertir en en
adquisición de aperos de labranza más moderna y de nuevo revierte en
aumento de cosechas.
• El cambio climático, que es más óptimo para la agricultura, a diferencia del
siglo XVII, en el que habían sido frecuentes los años consecutivos de
sequía.
Por primera vez, en el siglo
XVIII, el campesino europeo,
después de pagar a la Iglesia,
al noble y al rey, queda con
sobrante de dinero, que eleva
su nivel de vida. Terminan las
grandes hambres, epidemias
de peste características del
siglo XVII.
El aumento del poder
adquisitivo del campesinado
posibilitará un mayor
consumo e impulsa un
desarrollo de la industria textil
y del hierro
La crisis de 1808
• El recién ascendido al trono Carlos IV (1788-1808) y su
ministro Floridablanca desde el momento en que se
inició la revolución en Francia intentaron evitar
cualquier “contagio” revolucionario procedente del país
vecino. Un férreo control en las aduanas y una estricta
censura fueron los medios utilizados para aislar a
nuestro país del tumulto francés.
• Tras un corto período de gobierno del conde de
Aranda, Carlos IV tomó una decisión clave en su
reinado, nombró ministro a Manuel Godoy en 1792.
Este favorito de los reyes se convirtió en la figura clave
durante el resto del reinado de Carlos IV.
• La ejecución de Luis XVI en enero de 1793
provocó la ruptura de la tradicional alianza con
Francia. España se unió a una coalición
internacional y participó en la
denominada Guerra de la Convención. La
derrota militar española fue rápida y
concluyente. El fracaso bélico precipitó la firma
de la Paz de Basilea, por la que nuestro país
aceptó la pérdida de la parte española de la isla
de Sto. Domingo, y la vuelta a la tradicional
alianza con Francia contra Inglaterra. Esta
alianza se selló en el Tratado de San Ildefonso,
firmado en 1796.
Se iniciaba así una deriva diplomática en la
que el ascenso al poder de Napoleón en
1799 y la debilidad del gobierno de Godoy
llevaron a España a una creciente
dependencia de la política exterior francesa
y, por consecuencia, al enfrentamiento con
Inglaterra. Las consecuencias pronto se
hicieron notar: la victoria sobre Portugal, fiel
aliada de Inglaterra, en 1801 en la “Guerra
de las Naranjas" y la consiguiente anexión
española de Olivenza, no sirvió para
compensar la catástrofe naval de la armada
franco-española frente al almirante inglés
Nelson en Trafalgar en 1805
Los ruinosos resultados de la alianza con Francia no impidieron que Godoy firmara
con Napoleón el Tratado de Fontainebleau en 1807. Por este acuerdo se autorizaba
la entrada y el establecimiento de tropas francesas en España con el propósito de
invadir Portugal.

A esas alturas la figura de Godoy era crecientemente criticada en los medios


influyentes del país. La derrota naval de Trafalgar que había desbaratado el poder
marítimo español y la crisis económica concretada en el enorme déficit del Estado y
en la drástica disminución del comercio con América avivaron la oposición de la
nobleza, desairada por el favor real a un "advenedizo" como Godoy, y del clero,
asustado ante la tímida propuesta de desamortización de bienes eclesiásticos.
Este descontento cristalizó en la formación
de un grupo de oposición en torno al
Príncipe de Asturias, el futuro Fernando
VII, que rápidamente se puso a laborar
para acabar con el gobierno de Godoy y,
porque no, del rey que le había nombrado.

También podría gustarte