Introducción
• Desde 1948, Declaración Universal de los Derechos Humanos, continúan
los debates y desarrollos sobre la naturaleza de estos derechos y los
medios para favorecer sociedades más justas, Este debate enfrenta
distintos paradigmas:
• La doctrina liberal de Derechos Humanos, es la hegemónica; la más
difundida y consolidada, parte de una visión estética y legalista de los
derechos. Esta doctrina se impone como verdad universal aplicable a
todos los pueblos, a pesar de que se legitima a partir de un relato
eurocentrista de la historia que excluye las visiones y realidades de los
pueblos del Sur.
• La doctrina social de Derechos Humanos busca la Descolonización y las
Epistemologías del Sur (Cf. Quijano, A. y DE Sousa Santos, B.)
• Las luchas de poder expresadas en Derechos Humanos implican procesos
complejos mas allá de las conquistas jurídicas.
• Las mayorías empobrecidas del mundo enfrentan
abusos de poder históricos. (La historia del mundo es
la historia de la lucha de clases, Cf. Marx, C.)
• El discurso de derechos humanos es insuficiente
porque no parte de un análisis de las relaciones de
poder. (Relaciones sociales)
• Por ello, se debe asumir una perspectiva crítica que
cambie la visión unidimensional de la historia.
• Sólo así es posible enfrentar y superar la
instrumentación de los derechos humanos como
herramientas para mantener las inequidades e
injusticias existentes.
• Todavía estamos lejos de la construcción de una
cultura crítica de derechos humanos que favorezca
su apropiación popular.
• La visión hegemónicas se impone en el pensamiento
de la población que participa en la búsqueda de
nuevas formas de organización social, política y
económica en diversos países.
• Se deben estudiar las herramientas de formación y
debate a partir de las realidades de los pueblos de
América Latina y del Sur, así como de las mayorías
empobrecidas del planeta – sujetos prioritarios de
toda lucha a favor de los derechos humanos.
La “historia” de los Derechos Humanos
•En nuestra era contemporánea, los derechos
humanos están presentes de manera
predominante en el discurso económico,
político, social y cultural.
•Surgen en conflictos y procesos a escala local,
nacional y global en defensa de modelos o
intereses a menudo contrapuestos:
Capitalismo y Socialismo (derecha e izquierda)
• Conflictos sociales: se presentan en las reivindicaciones y
demandas de sectores vulnerables y de movimientos
sociales, así como en la defensa de privilegios por parte de
sectores de poder.
• Conflictos políticos: se usan para defender intereses de
poder –sean éstos públicos o privados– y también para
legitimar los abusos que se cometen contra la dignidad de
terceros.
• Conflictos internacionales: surgen en la evaluación de
naciones y gobiernos, a veces en función de
comportamientos atroces, y otras, con el fin de defender
intereses ajenos a los derechos humanos y para justificar
intervenciones externas. (Somalia, Ucrania, Palestina)
• Esta aplicación diversa del discurso de derechos humanos en
luchas que enfrentan intereses encontrados evidencia que no
se trata de conceptos neutrales, acabados y estáticos que
puedan ser objeto de una interpretación uniforme. Si bien el
concepto de derechos se originó en Europa y su difusión fue
parte de la expansión del Estado de derecho liberal y el
capitalismo occidental, su desarrollo incluye aportes de la
diversidad de pueblos y culturas que constituyen la humanidad y
que luchan y se articulan para concretar sus demandas de
dignidad y autonomía. Por ello, no existe una doctrina o
pensamiento homogéneo que pueda dar cuenta de una forma
uniforme de su origen y naturaleza, ni que pueda abarcar el
significado que tienen actualmente para el conjunto de
individuos y colectivos humanos.
La narrativa de la historia oficial
• La versión oficial (hegemónica) de los derechos humanos
citada en textos y discursos, identifica sus antecedentes en
los primeros acuerdos europeos que establecieron
regulaciones de la autoridad, entre los que se suelen
destacar la Carta Magna inglesa (1215) y la Carta de
Derechos británica (1688) –que limitaban el poder del
monarca, para repartirlo con la nobleza. A su vez, el Acta de
Habeas Corpus (1679), también acordado en Inglaterra,
obligó a las autoridades a dar cuenta de las personas
privadas de libertad. (ejemplo de eurocentrismo)
Entre los siglos XVII y XVIII se consolidaron las diversas corrientes del
pensamiento liberal que promueven los derechos naturales del
“hombre” y el gobierno de las leyes como resultado del acuerdo o
contrato entre “ciudadanos”. A finales del siglo XVIII, las burguesías
emergentes de Francia y las colonias británicas en América se alzaron
contra el poder absoluto de los monarcas, dando lugar a las primeras
declaraciones de “derechos del hombre”:
• La Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América
del Norte (1776) afirma que “todos los hombres han sido creados
iguales” y que son provistos por Dios “de ciertos derechos
inalienables”.
• La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789)
francesa establece en su primer artículo que los hombres “nacen y
permanecen libres e iguales en derechos”.
• Estos acuerdos marcaron una ruptura radical con el orden
previo al poner fin a la “soberanía” del monarca sobre sus
súbditos y al establecer la igualdad de derechos
considerados consustanciales a la naturaleza del “hombre”.
Tanto Francia como EEUU se constituyen en repúblicas y
acuerdan las primeras Constituciones modernas, que
establecen el modelo de democracia parlamentaria
representativa, el gobierno de las leyes, la alternancia en el
poder y la administración de justicia en base a principios
establecidos legalmente en el parlamento. Se inició así una
nueva era de la civilización occidental que tendría profundas
implicaciones para el mundo entero.
Derechos humanos “universales”
El derecho internacional de los derechos humanos se inauguró
con la Declaración Universal de Derechos Humanos,
proclamada en 1948 por la Asamblea General de la
Organización de las Naciones Unidas (ONU), tres años después
de concluida la barbarie de la Segunda Guerra Mundial.
Ese histórico documento, inspirado en las declaraciones de
derechos del siglo XVIII, reconoce que todos los seres
humanos somos iguales en derechos, que los derechos son
inherentes a nuestra condición humana y que nos pertenecen
a todos y todas, sin limitaciones de fronteras.
• La Declaración recoge un amplio catálogo de derechos civiles
(derechos a la vida, a la libertad, a la integridad de la persona, a
un juicio justo, entre otros) y políticos (derecho a participar en
los asuntos públicos y a elegir a representantes en el gobierno), y
algunos derechos sociales, como el derecho a la educación, a la
salud y a la seguridad social.
• Este documento no conlleva obligaciones jurídicas, pero se le
atribuye fuerza moral para guiar la acción de los Estados.
Representa, de igual forma, la base del derecho internacional
de los derechos humanos, orientado a promover compromisos
estatales en relación con las personas bajo su jurisdicción.
Desde su proclamación, se han acordado en la ONU numerosos
pactos y tratados que reconocen y amplían los derechos de la
declaración y establecen obligaciones estatales, así como
mecanismos orientados a supervisar su cumplimiento.
La visión liberal de los derechos humanos
El concepto liberal de los derechos humanos, que prevalece con distintos
matices en la mayoría de países occidentales y en gran medida en el
desarrollo e interpretación del derecho internacional, puede sintetizarse en
algunos aspectos centrales:
• Derechos naturales e inmanentes: los derechos humanos se desprenden
de la esencia del ser humano en cuanto tal, y no dependen de las
condiciones en que pueden ejercerse en la realidad.
• Libertad individual: la perspectiva liberal otorga primacía a a la libertad y
autonomía individuales por encima de los valores de igualdad social y de
convivencia colectiva.
• El contrato social: la organización de la sociedad por acuedo de sus
miembros da lugar al Estado, en el cual delegan el desarrollo y aplicación
de las leyes.
• Estado de Derecho: el orden jurídico político para la vigencia de los derechos
humanos se corresponde con el Estado de Derecho, como conjunto de normas
e instituciones que regulan y limitan la acción de los poderes públicos.
• Derechos positivos: una de las funciones primordiales del Estado es acordar
los derechos naturales mediante leyes que se convierten en contratos
vinculantes para los poderes públicos.
• El imperio de la ley: mientras la autoridad cumpla con las leyes establecidas
en el marco del Estado de Derecho, no debe haber otras vías para la demanda
de derechos humanos que las legales.
• Responsabilidad pública: los responsables de reconocer, respetar y garantizar
los derechos humanos son los poderes públicos. Las personas deben contar
con plena libertad de actuación, con el único límite de respetar el marco legal
convenido.
• Progreso humano: la codificación jurídica de los derechos humanos responde
a un proceso histórico en la conquista de mejores condiciones para el ejercicio
de la libertad y la dignidad en asociación con los adelantos tecnológicos y
científicos.
• Universalidad: la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) recoge
aspiraciones comunes de dignidad de todos los pueblos y colectivos del
mundo, a partir de la supuesta existencia de un sustrato común a todas las
culturas que ese documento sintetiza.
• Las distintas narrativas de la historia están marcadas por las visiones e
intereses de quienes las construyen y difunden. Son discursos que
expresan la experiencia histórica y aspiraciones de orden social de los
pueblos o sectores que los enuncian, y por ello responden a sus
ideologías y sistemas o aspiraciones.
• La historia de los derechos humanos, citada brevemente, responde a
narrativas construidas por los sectores que han dado forma a las
instituciones vigentes en la mayoría de las sociedades occidentales, y
que han dominado el ritmo de los acontecimientos de la etapa actual
de la humanidad. Esa versión de la historia destaca como importantes
ciertos hitos, pero silencia otros –las acciones contrarias a los
derechos humanos derivadas de las relaciones de dominación
capitalistas, las luchas de liberación de los pueblos colonizados, la
lucha por la tierra de los pueblos del Sur, entre otras.
La insuficiencia de los “derechos del hombre
Las declaraciones de derechos adoptadas en EEUU y en
Francia en el siglo XVIII representan grandes conquistas para
su época, asentando las bases para una concepción de
derechos humanos centrada en la dignidad igualitaria de
todas las personas.
No obstante, las propias normas y el desarrollo posterior del
modelo republicano limitaron el alcance de las declaraciones
de igualdad, al basarse en la primacía de la libertad
individual y en la defensa del derecho de propiedad.
• La Declaración de Derechos del Hombre francesa legitima la desigualdad
al fundamentar la legitimidad de las “distinciones sociales” en la “utilidad
común”.
• La Constitución de EEUU (1789) no reconoció derechos a las personas
bajo servidumbre y a los esclavos, contabilizándolos como 3/5 partes de
una persona para el censo político y económico, junto a los indígenas que
no pagaran impuestos.
• La Carta de Derechos de 1791 incorpora a la Constitución de EEUU (1789)
diversos derechos civiles y políticos, pero no desafía la esclavitud ni
reconoce derechos sociales.
• Ninguna de estas declaraciones reconoce derechos de la mujer. En 1791
la Asamblea Nacional francesa rechazó la Declaración de los Derechos de
la Mujer y de la Ciudadana, propuesta por la pionera del feminismo
Olympe de Gouges:
• "La mujer tiene derecho a subir al cadalso, también debe tener derecho a
subir a la tribuna."
• "La virtud no tiene sexo; los honores no tienen género."
• A pesar del reconocimiento formal de la igualdad
de derechos, la historia republicana en estos y
otros países europeos y americanos limitó la
participación en las instituciones representativas
a los hombres de la burguesía emergente, que
los promueve y acuerda, y a los sectores
dominantes desplazados luego de las
revoluciones liberales:
• Con distintos matices, el disfrute de los derechos reconocidos
dependerá de las cuotas de poder y la propiedad de los nuevos
“ciudadanos”.
• En EEUU se abolió la esclavitud casi un siglo después de acordada la
Constitución y no se reconocieron derechos civiles y políticos a la
población afroamericana hasta la década de 1960.
• La conquista progresiva e inconclusa de los derechos políticos y civiles
y de igualdad bajo la ley de las mujeres cosechó sus primeras victorias
a comienzos del siglo XX.
• Por ello, las nuevas declaraciones fundamentan un nuevo régimen
formalmente igualitario, pero que legitima las desigualdades y las
relaciones de abuso de poder.
• Se reproduce así, a una nueva escala, la exclusión para las mujeres, la
clase trabajadora, los sirvientes y personas sometidas a la esclavitud,
y para los pueblos de otras tierras.
Consolidación del Estado liberal
• A lo largo del siglo XIX se consolidó en todo el hemisferio
occidental el Estado de derecho liberal. La exclusión de
sectores mayoritarios de los espacios de toma de decisiones
garantizó que los nuevos Estados orientaran su acción a la
defensa de las nuevas relaciones de poder y según los
intereses del sistema económico capitalista en expansión.
• El concepto de “interés general” de la sociedad, como principio guía de la
acción pública, se identificó con los intereses del poder económico y la
estabilidad del sistema político que los garantizaba.
• El Estado de derecho se convirtió en un mecanismo para la defensa de la
propiedad y la libre competencia en la sociedad, y para el control de las
demandas de los sectores sociales en lucha por sus derechos y por la
transformación de los desequilibrios de poder.
• Hasta entrado el siglo XX, las “democracias representativas” utilizaron
leyes y censos económicos para limitar formalmente el voto y el derecho
a participar en los asuntos públicos de los sectores que no tenían títulos
de propiedad y que dependían del trabajo por cuenta ajena.
• Leyes acordadas bajo el Estado de derecho, y en muchos casos
constituciones, establecían restricciones explícitas de los derechos
reconocidos para trabajadores y sirvientes.
• Las potencias coloniales europeas consolidaron un proceso de expansión
colonial caracterizado por el atropello a pueblos y naciones de todo el
planeta, sistemáticamente validado bajo las leyes del “Estado de
derecho” y los pactos internacionales entre las potencias.
Las luchas obreras
• La Revolución Industrial y el desarrollo vertiginoso del
capitalismo en Europa y en EEUU dieron lugar a la expansión de
sociedades urbanas e industriales, creando nuevas dinámicas
de concentración de poder y el agravamiento de condiciones de
vida y empleo de la clase trabajadora.
• En ese contexto, se desarrollaron ideologías sociales basadas en
la emancipación1 de las grandes mayorías frente a la
explotación laboral, económica y política de los sectores
burgueses.
(1) Liberarse de cualquier clase de subordinación o dependencia.
• Las luchas obreras y campesinas se orientaron a desafiar unas
relaciones laborales caracterizadas por el abuso de poder de patronos
y dueños de empresa, y su permanente asociación de intereses con
gobiernos y fuerzas policiales y militares.
• El Estado de Derecho y sus instituciones –incluidas las leyes de
derechos– fueron utilizados para combatir las luchas y demandas por
la justicia social de las mayorías.
• La organización en sindicatos y las huelgas fueron perseguidas
implacablemente por sus intenciones “subversivas”, tanto por el
Estado como por organizaciones paramilitares privadas al servicio de
las empresas y corporaciones.
• Las movilizaciones obreras derivaron en múltiples ensayos
revolucionarios que fueron aplacados por el Estado y por alianzas
internacionales entre gobierno y sectores capitalistas.
• A pesar de la oposición de sectores de poder, estas luchas
acumularon conquistas en las condiciones acordadas de
empleo y seguridad laboral, incluyendo la limitación de la
jornada laboral, el reconocimiento legal de la libertad
sindical y el derecho de huelga. Asimismo, permitieron la
conquista del sufragio universal, al cuestionar las
limitaciones legales al derecho al voto y la participación
política en base al censo económico. No obstante, estos
logros, adquiridos mediante grandes sacrificios, se han visto
permanentemente amenazados, limitados e incluso
eliminados por nuevos pactos de poder –a pesar de su
reconocimiento formal bajo los Estados de Derecho.
Un nuevo paradigma de derechos
• Las ideologías socialistas se centran en la preeminencia de
los derechos sociales y en la apuesta por una organización
de la sociedad y del Estado orientada a transformar las
estructuras de poder. Propuestas y métodos que van desde
la social democracia hasta el comunismo revolucionario
llaman a la toma del gobierno –en unos casos por medio de
la insurrección armada y en otros por la vía parlamentaria–
con el fin de favorecer las transformaciones sociales
necesarias para garantizar relaciones de poder más
equilibradas y como requisito para construir sociedades
efectivamente democráticas.
• La Constitución mexicana de 1917, derivada de la revolución
campesina, estableció los derechos al trabajo (123) y a la tierra(27)
como la base de la nueva sociedad, y consagró los derechos a la salud y
a la educación (3) como derechos fundamentales (1-30).
• La Constitución alemana de 1919, acordada luego de la derrota de la
revolución socialista “espartaquista”, incluyó los derechos a la salud, al
trabajo y a la seguridad social, entre otros.
• La Constitución española de 1931, acordada tras el fin de la monarquía
y la instauración de la república, reconocía derechos sociales extensivos,
incluido el derecho a la tierra y la reforma agraria, y establecía la
igualdad plena de la mujer.
• Tras la revolución de 1917, la URSS se constituyó en república
socialista, rompiendo con el paradigma liberal del Estado de derecho.
La Declaración de Derechos del Pueblo Trabajador y Explotado (Rusia,
1919) consagró los derechos sociales desde una orientación marxista.
• Desde entonces, en todas las regiones del planeta se han
producido ensayos de poner en práctica doctrinas socialistas
bajo distintos modelos y circunstancias. En muchos casos, el
fracaso del ensayo derivó en el establecimiento de
regímenes que no produjeron la transformación democrática
propugnada, generando en diversos escenarios la
conculcación masiva de derechos humanos. No obstante,
estos avances consolidaron en el derecho positivo las
doctrinas de derechos como garantía de condiciones de vida
y de desarrollo, así como de acceso a bienes materiales y
culturales en términos acordes con las necesidades y la
dignidad humana de las mayorías empobrecidas.
• La doctrina hegemónica liberal propugna que el Estado, al
ser garante de la libertad, no puede intervenir en las
relaciones entre
• actores privados y defiende la igualdad de derechos en la ley
como máxima aspiración legítima de demanda de igualdad.
Ambos factores la convierten en una herramienta para la
defensa de la estructura de poder existente, al cuestionar la
intervención estatal en la realización de derechos sociales de
las mayorías empobrecidas, como prerrequisito para
transformar las relaciones de poder y garantizar así un
ejercicio más equilibrado de la democracia.
• Los principios liberales de defensa de la propiedad
privada y la doctrina de no intervención de los
poderes públicos han significado en la práctica la
permanente instrumentación del Estado para la
defensa de los intereses de poder. Asimismo, la
identificación de los derechos humanos con los
sistemas políticos y económicos derivados de las
revoluciones liberales –el Estado de derecho liberal,
por un lado, y el capitalismo de mercado, por el otro–
ha fundamentado el rechazo a las propuestas de
transformación de las estructuras de poder que
niegan derechos.
• Todos los ensayos de desafiar las convenciones del
Estado liberal de derecho sin contenido social han
enfrentado la oposición del aparato estatal y de
sectores de poder nacional y transnacional, dando
lugar a la legitimación liberal de las dictaduras y a la
guerra abierta o encubierta contra los liderazgos que
promovieron transformaciones radicales basadas en el
combate a la inequidad.
Límites del régimen de responsabilidad en
derechos humanos
• La teoría y el derecho constitucional del Estado de derecho se
basan en la constitución de poderes públicos independientes
sobre los que recaen las funciones de legislar (Poder Legislativo),
gobernar (Poder Ejecutivo) y administrar la justicia para la
garantía de los derechos reconocidos (Poder Judicial).
• Las Constituciones del Estado de derecho establecen contrapesos
formales entre los distintos poderes como medio para prevenir la
concentración y el ejercicio autoritario del poder. A su vez,
desarrollan un régimen de responsabilidad pública, orientado a
garantizar la adhesión de los organismos públicos a los principios
constitucionales.
• La restricción legal de la actuación de los poderes del Estado
responde a una necesidad efectiva de establecer un régimen
amplio de control de los órganos encargados de la
administración de los recursos públicos y del sistema de
justicia, así como del monopolio en el empleo de la fuerza.
• No obstante, este importante desarrollo ha derivado en el
establecimiento de responsabilidades estatales exclusivas en
el respeto y garantía de los derechos humanos, lo que ha
favorecido la continuidad de las relaciones de poder entre
actores privados y la impunidad de éstos en relación con los
delitos asociados a violaciones de derechos humanos.
• En base a los principios de libertad de las personas, por un
lado, y de responsabilidad estatal, por el otro, se han
desarrollado doctrinas que pretenden defender que las
personas y las instituciones y corporaciones privadas no son
responsables por violaciones a los derechos humanos, lo cual
es un contrasentido ético absoluto.
• Defender que los actores privados no tienen obligaciones de
respetar los derechos humanos en las actividades que
desarrollan es contradictorio con el proyecto de lograr el
respeto a la dignidad de las personas y los procesos sociales
en que se desenvuelven; así como con la constatación del
impacto que sus actividades tienen sobre personas y
poblaciones enteras.
Límites de la democracia representativa
La igualdad en las leyes y el modelo de “contrato social” bajo
el Estado de Derecho se afirman como salvaguarda de los
derechos humanos. Su desarrollo ha permitido el
cuestionamiento formal de las relaciones verticales de poder y
la conquista del ejercicio periódico del voto. No obstante, las
limitaciones de la fórmula de la democracia representativa y
los factores derivados de la incidencia de las relaciones de
poder impiden la efectividad de sociedades verdaderamente
democráticas. Al respecto:
• La participación ciudadana se limita a la designación periódica en
elecciones de representantes de organizaciones políticas
profesionales sobre los que se delega el ejercicio del poder.
• La lejanía de las instituciones de toma de decisiones y el carácter
pasivo de la participación electoral fortalece las mediaciones de
poder.
• La capacidad de los distintos sectores sociales de defender sus
demandas está condicionada por su capacidad para influir en la
sociedad y en las instituciones (grupos de poder), y no por la igualdad
de derechos que reconoce la ley.
• La predominancia de la lógica capitalista del mercado y el poder de
incidencia de los factores que la promueven han derivado en la
identificación de los intereses de la sociedad democrática con los
intereses del sistema económico.
• Esta dinámica ha derivado en la consolidación de una
práctica de derechos humanos que los identifica con los
intereses de un sector minoritario y privilegiado de la
población, y con las instituciones del poder económico, por
encima del conjunto de las personas. Bajo un discurso
institucional centrado formalmente en la relación entre
derechos humanos, democracia y Estado de derecho, se ha
validado la exclusión social y política de vastos sectores de
población y la represión de luchas sociales y demandas de
participación.
• Argumentos como la defensa de la propiedad y los principios
del Estado de Derecho han sido utilizados para justificar el
ejercicio autoritario del poder bajo regímenes de democracia
formal.
• En numerosos escenarios, la instauración de regímenes
dictatoriales ha sido considerada como un “mal necesario”
para la preservación del Estado de Derecho, a pesar de la
supresión generalizada de derechos y la eliminación del
sistema electoral democrático.
• Como resultado, se ha producido el debilitamiento de la
legitimidad de los regímenes democráticos existentes.
Límites del reconocimiento legal de los
derechos humanos
El reconocimiento jurídico de los derechos humanos convierte
a sus titulares en sujetos de derechos y los habilita
formalmente a ejercer los derechos reconocidos, gracias al
poder que les otorga la ley.
A su vez, el Estado de Derecho desarrolla mecanismos e
instituciones para la protección y defensa de derechos y para
la participación democrática.
No obstante, los sectores en situaciones de poder distintas
no tienen las mismas posibilidades reales para ejercer los
derechos que les reconoce la ley.
• La capacidad de influir en el diseño de las leyes está condicionada por
la capacidad de incidir en la agenda pública y de condicionar la
actuación de actores parlamentarios y de gobierno.
• El acceso a las instituciones y medidas que se orientan a garantizar los
derechos humanos está condicionada por la desigualdad social,
política y económica y las asimetrías de poder.
• Como resultado, los Estados han sido históricamente instrumentados
para favorecer los intereses de los actores de mayor poder
económico, excluyendo o limitando la participación de los sectores
explotados y su acceso a las instituciones garantes de derechos.
• La herramienta fundamental de éstos para hacer valer sus demandas
ha sido la movilización y la protesta, lo que ha significado la
instrumentación del poder represivo del Estado para aplacar
demandas legítimas.
El Estado social de derecho
Diversas corrientes de pensamiento neoliberal niegan a los
derechos sociales su condición de derechos humanos, y
denuncian el presunto carácter antidemocrático de los
modelos que promueven la intervención del Estado en la
redistribución social de los recursos.
Sin embargo, las luchas obreras y campesinas y la accidentada
conquista de derechos sociales han evidenciado la
insuficiencia del paradigma liberal de derechos humanos, al
tiempo que han permitido avanzar hacia una concepción
unitaria de la dignidad humana, que incluye las
reivindicaciones por la justicia social y una demanda de
igualdad efectiva más allá de la ley.
• Una de las consecuencias de estos desarrollos es la aparición
del modelo de Estado social de derecho o Estado de
bienestar (Keynesianismo), que si bien no desafía los
principios liberales básicos, impone obligaciones en materia
social al Estado para garantizar derechos sociales y servicios
básicos asociados. Este modelo, inspirado en las
constituciones española y alemana citadas, y basado en el
cobro de impuestos progresivos de acuerdo al ingreso, se
implementó fundamentalmente en Europa en la segunda
mitad del siglo XX y se reprodujo en distintas etapas de la
historia republicana en América Latina.
• No obstante, su efectividad y continuidad se han visto
permanentemente desafiadas por la presión de los sectores
de poder que defienden las tesis liberales y su capacidad de
incidencia sobre la acción estatal y los programas de los
sectores de gobierno y de las agencias internacionales que
promueven programas de desarrollo y de organización
económica y financiera.
• Desde la década de los 80, se ha venido forzando a escala
planetaria la implementación del neoliberalismo, cuya
agenda de desregulación de la actividad privada y limitación
de la función social del Estado ha derivado en el aumento
de las desigualdades sociales y la pobreza y en el
agravamiento de las violaciones estructurales de los
derechos humanos derivadas de las estructuras y abusos de
poder.
Insuficiencias del derecho internacional
• El desarrollo del sistema internacional de derechos
humanos también ha estado condicionado por las
relaciones de poder entre las potencias industriales y
sectores transnacionales de poder privado y las
naciones del Sur, y por la falta de voluntad,
obstaculización o incapacidad de los actores
nacionales de impulsar políticas y medidas para la
realización de los derechos reconocidos.
• De acuerdo a su preámbulo, la Declaración Universal de Derechos
Humanos (1948) parte de la voluntad expresa de los pueblos de
eliminar la amenaza de la guerra.
• En la fecha de su aprobación, la mayoría de la población mundial
estaba sometida al gobierno colonial de las potencias industriales
que la impulsaron (África entera y una parte sustancial de Asia).
• Tan sólo 61 países independientes estaban representados en la
ONU, cuando en la actualidad el organismo congrega a 192 Estados.
• En las décadas siguientes, las potencias coloniales orientaron sus
esfuerzos a mantener el orden colonial y a manipular el sistema
internacional de acuerdo a esos intereses. Las luchas por la
autodeterminación y la independencia de los pueblos del Sur fueron
respondidas con guerras y terrorismo, o con el apoyo abierto a las
élites que defendían sus intereses.
• En nombre del socialismo se cometieron abusos en distintas partes
del mundo, incluyendo el establecimiento de regímenes bajo el
control de la Unión Soviética que limitaban las libertades civiles
básicas y orientaban la acción del Estado a la supresión de la
disidencia. (Cf. Juan Antonio Blanco)
• Posteriormente, se ha impuesto a escala planetaria el modelo
económico neoliberal que se orienta a asegurar la acumulación de
riqueza y la extracción de recursos para mantener el ritmo de
desarrollo de las naciones del Norte, a costa de los derechos
humanos de las mayorías empobrecidas de los pueblos del Sur.
• La crisis de la deuda externa ha derivado en la imposición de ajustes
estructurales implementados por mandato de organismos
multilaterales como el Fondo Monetario Inter-nacional y el Banco
Mundial, afectando las posibilidades de desarrollo autónomo de la
mayoría de naciones del Sur y generando nuevas desigualdades y
conflictos sociales.
La democratización de la esfera internacional
• El conjunto de organismos de la ONU están sometidos
a las relaciones de poder a nivel internacional, lo que
deriva en su instrumentación e incide notablemente
sobre las prioridades. Los mecanismos creados en el
seno de la organización para velar por los derechos
humanos contienen flagrantes contradicciones.
• EEUU, Gran Bretaña, Francia, Rusia y China tienen el derecho a vetar
cualquier decisión en el Consejo de Seguridad, que es el órgano de
gobierno de la organización, lo que les permite bloquear cualquier
decisión que no convenga a sus intereses.
• Los organismos de los tratados de derechos humanos se limitan a
realizar recomendaciones sobre las políticas de los Estados; si bien
algunos de ellos pueden recibir denuncias de casos de violaciones a
estos derechos, su influencia sobre la realidad es muy reducida.
A pesar de estas limitaciones, la descolonización ha obligado a una
progresiva democratización del debate en el seno del organismo, donde se
ha mantenido un pulso permanente entre las agendas políticas e ideológicas
de las potencias occidentales y de otras naciones que han defendido
perspectivas sociales y anticoloniales:
• La defensa de perspectivas socialistas ha impulsado debates críticos sobre
el modelo dominante del capitalismo global y las amenazas que representa
para la autodeterminación y desarrollo social de los pueblos.
• Durante la época poscolonial, las agendas de las nuevas naciones han
permitido ensanchar las normas en relación con las agendas de los pueblos
del Sur.
• Movimientos y organizaciones sociales han ganado espacios en los
mecanismos internacionales, lo que permite elevar con mayor
contundencia las denuncias y demandas por unas relaciones
internacionales y nacionales más respetuosas de los derechos humanos.
• Los movimientos de mujeres han logrado importantes avances
en el campo internacional. En muchos casos se organizan
localmente en torno a estas conquistas para impulsar
transformaciones sociales, culturales, jurídicas y políticas que
permiten enfrentar la discriminación de género.
• En los escenarios nacionales, los movimientos sociales
construyen discursos y protestas de desafío a las relaciones de
poder y sus consecuencias en base a demandas de derechos
humanos, lo que contribuye a fortalecer la efectividad del
derecho internacional como herramienta de movilización y
cambio social.
• Al cuestionamiento de la desigualdad, las relaciones
internacionales asimétricas y el desafío a la locura armamentista,
se suma crecientemente la voz de alerta contra el suicidio del
planeta al que nos condena la continuidad del modelo de
desarrollo capitalista.
• Como producto de la dinámica de codificación de los
derechos humanos en el derecho internacional, se ha
desarrollado un amplísimo cuerpo de normas que establecen
obligaciones, orientaciones y directrices cuyo efectivo
cumplimiento derivaría en el logro de sociedades
democráticas y respetuosas de los derechos humanos de las
mayorías y las minorías vulnerables. Este desarrollo
convierte al derecho internacional de los derechos humanos
en una poderosa herramienta para fundamentar las luchas
sociales y para avanzar en una agenda de demanda de
transformación de las relaciones de poder y las realidades
que niegan condiciones básicas de dignidad a la mayoría de
la población mundial.
• La historia de América Latina comienza con la llegada
de los europeos a un vasto continente poblado por
numerosos pueblos, en distintos estadios (niveles) de
desarrollo social e interrelación.
• Es una historia cruzada por procesos de abuso de
poder y de luchas de resistencia y liberación, cuya
lectura crítica puede realizarse desde la perspectiva de
derechos humanos, en paralelo a las luchas contra la
dominación de unos sectores por otros.
América Latina precolombina
• Con anterioridad a la época colonial, entre la
Patagonia y Alaska convivían sociedades bajo
distintas formas de adaptación al medio y
organización social. La era previa a la llegada de
los europeos, que se extiende por decenas de
miles de años, incluye dinámicas de control
externo de unos pueblos sobre otros.
• Los más característicos y conocidos son:
• Los pueblos mesoamericanos (Hoy EUA, México y
Centroamérica). Se desarrollaron bajo la influencia de
la civilización maya, que se extiende durante casi tres
mil años, hasta el siglo XVII.
• Los pueblos de la meseta mexicana vivieron bajo la
civilización azteca entre los siglos XIII y XVI.
• En los siglos XIV y XVI, la organización de la vasta
civilización liderada por el pueblo quechua abarcó
todos los pueblos andinos. (Cf. Dussel, 2018)
• Si bien éstas y otras civilizaciones abarcaban, y en
muchos casos sometían a su gobierno a distintos
pueblos, la mayoría de naciones y pueblos indígenas
de toda América no establecían grandes distinciones a
lo interno de sus sociedades, excepto en la existencia
de liderazgos derivados del chamanismo o sabiduría
sobre la naturaleza. La propia sociedad inca, aunque
basaba su vasta extensión en una casta de poder
absoluto y un modelo de acumulación central del
poder, se caracterizaba por una red de solidaridad
intercomunitaria.
• Muchos de los pueblos existentes fueron absorbidos bajo
el proceso de mestizaje y sometimiento cultural que
implicó la dominación colonial y otros fueron exterminados
Norte de México, Argentina).
• No obstante, muchos han resistido hasta el día de hoy,
preservando en distintos grados su identidad y cohesión
como pueblos. Aunque sufren en distinta medida los
efectos del “progreso” y el “desarrollo” occidental,
mantienen las mismas formas de organización,
caracterizadas por el reparto y complementariedad de
funciones sociales y la organización asamblearia en torno a
un esquema de jerarquía vinculado con la edad de las
personas.
América Latina colonial y republicana
• Con la llegada de colonizadores españoles,
portugueses y de otras naciones europeas al Caribe y
el Norte (franceses, ingleses), se dio inicio al
sometimiento y en muchos casos exterminio de
pueblos indígenas, así como al tráfico de esclavos
desde el África negra. Por ello, una historia de los
derechos humanos del hemisferio debe recoger, entre
otros relatos:
• Las resistencias indígenas en todo el territorio contra la
colonización, así como las resistencias y rebeliones de los
afroamericanos.
• El recuento de las primeras rebeliones libertarias contra el
imperio español de intención sistemática, protagonizadas a
finales del siglo XVIII por naciones indígenas andinas bajo el
liderazgo de Tupak Amaru y Tupak Katari.
• La historia de la primera revolución por la independencia en
triunfar, liderada por un ejército de esclavos de Haití, que en
1804 derrota sucesivamente al ejército francés y al español.
La nación caribeña es, de hecho, la primera en liberarse del
yugo colonial a nivel mundial.
• A partir de la segunda década del siglo XIX, se
generalizaron los procesos revolucionarios de
independencia del imperio español que aún hoy
movilizan a los pueblos del continente. Estas
rebeliones, inspiradas en las doctrinas y
revoluciones liberales, dan como resultado el
logro progresivo de la soberanía nacional de las
nuevas repúblicas latinoamericanas.
• Varios de los ensayos constitucionales propusieron im-
portantes apuestas de derechos, incluyendo en algunos
casos el reconocimiento de derechos de los pueblos
indígenas.
• En todo el continente sudamericano la independencia vino
acompañada del fin de la esclavitud, incluyendo Brasil, que
se independizó de Portugal ya entrada la segunda mitad del
siglo XX.
• Simón Bolívar y otros líderes preconizaron la unidad de las
naciones latinoamericanas para construir un modelo de
federación continental basado en la fraternidad de los
pueblos, proyecto que contó con varios ensayos fallidos a lo
largo del siglo XX.
• A pesar de todas las luchas de emancipación y sus
conquistas, las esperanzas de establecer naciones de
ciudadanos libres e iguales se han disipado en
sucesivas ocasiones.
• Esto se debe en parte a la conformación de pactos de
poder por parte de los sectores dominantes y en
parte a la injerencia de potencias extranjeras, que
establecieron acuerdos con sectores nacionales para
la defensa de sus intereses, y protagonizaron
innumerables actos de agresión y desestabilización
para resguardarlos.
De la dictadura militar a la
democracia neoliberal
• Durante gran parte de la segunda mitad del siglo XX, en los
países del Sur del continente y de Centroamérica se
instalaron gobiernos dictatoriales que operaron bajo la
doctrina de la Seguridad Nacional, que legitimaba
legalmente la suspensión de derechos y garantías. Apoyados
por potencias occidentales y sectores de poder nacional,
estos regímenes de excepción aplicaron políticas represivas,
protagonizando violaciones masivas a los derechos humanos
ejemplificadas en los desaparecidos del Sur y en las masacres
genocidas de América Central.
• La presunta defensa del Estado de Derecho y de los derechos
humanos, bajo la excusa de combatir la denominada
“amenaza comunista”, fueron utilizados como argumentos
para aplicar políticas sistemáticas de persecución e incluso
de aniquilamiento de la disidencia, en un fenómeno que ha
sido denominado la “inversión” de los derechos humanos.
• En la última etapa del siglo XX la mayoría de países se
constituyeron en democracias representativas, abriendo
nuevos canales para la participación electoral periódica en
regímenes formal-mente garantes de los derechos humanos.
No obstante, en casi todos los casos se aplicaron o
profundizaron los programas de ajuste neoliberal, orientados
a la eliminación de los avances en materia social, la
privatización de los servicios públicos y la libre actuación de
capitales extranjeros.
• La aplicación de estos programas neoliberales, impuestos por
las agencias financieras multilaterales como condición para
acceder a créditos en el exterior, significó para muchos
pueblos el aumento de las desigualdades y la precariedad
social. En muchos casos, se produjeron protestas masivas,
que fueron respondidas con acciones represivas del Estado
democrático. Casos emblemáticos son el estallido social del
27 de febrero de 1989 en Venezuela, las luchas del agua y el
gas en Bolivia entre 1999 y 2005, y la rebelión argentina de
2001-2002. En ese contexto, para im-portantes sectores de
población latinoamericana la democracia no ha derivado en
una mejora significativa de las condiciones mínimas para
ejercer sus derechos humanos. (Cf. Harvey, David. Breve
Historia del neolibelalismo, 2007)
• En la última década, en diversos países de la región,
las mayorías han favorecido electoralmente
propuestas alternativas de gobierno, caracterizadas
por un fuerte componente social y por la apuesta de
promover la democracia participativa como modelo
para trascender las limitaciones de la democracia
representativa.
• Se ha abierto así una nueva etapa en el ciclo histórico
continental, caracterizada por el desafío a la fórmula
tradicional del Estado de derecho liberal.
Iniciativas y procesos de organización y
resistencia de los pueblos
• Aunque en las historias oficiales suelen ser
minimizados, adversados, criminalizados o
convertidos en folclore, los procesos de rebeldía y
resistencia cultural de los pueblos latinoamericanos
cruzan toda la historia del continente, hasta el día de
hoy. Sus protagonistas y sus rasgos principales forman
parte sustancial de la identidad popular
latinoamericana.
La resistencia indígena
• Los pueblos originarios resistieron la dominación extranjera en sus
territorios desde el momento que los invasores europeos llegaron a
las tierras de Abyayala (como llamaban los indígenas kuna de Panamá
al continente americano) o Tawantisuyu (como se denominaba la
vasta extensión de la civilización quechua en Sudamérica).
• Además de protagonizar gestas históricas en casi todos los territorios,
la mayoría de pueblos que sobrevivieron al exterminio o la
desaparición como entidades diferenciadas han mantenido al día de
hoy su cohesión cultural, gracias a formas de resistencia y adaptación
que hicieron perdurar sus creencias y organización bajo el modelo
impuesto por la evangelización cristiana y la supremacía de los
valores europeos.
• En la era contemporánea, los pueblos indígenas han
protagonizado varias de las rebeliones más significativas contra el
orden neoliberal formalmente democrático –el alzamiento
zapatista de 1994 y las luchas de las mayorías indígenas
bolivianas y los pueblos indígenas ecuatorianos–, que dan lugar a
los respectivos procesos constituyentes actuales.
• Los pueblos y naciones indígenas de todo el continente han
venido protagonizando un proceso de articulación de
movimientos y organizaciones que trascienden las fronteras de
las repúblicas, lo que permite elevar con fuerza creciente sus
demandas de derechos y autonomía como pueblos, de unidad
indígena identitataria y de cambio del modelo de desarrollo.
La resistencia afroamericana
• Los afroamericanos traficados al continente como esclavos
enfrentaron la erradicación de sus tierras por parte de castas
africanas y comerciantes europeos, viéndose sometidos por
varios siglos a una dinámica brutal de explotación y privación
absoluta de libertad.
• Desarrollaron múltiples formas de resistencia, comúnmente
denominadas como “cimarronaje” –que incluyeron el esta-
blecimiento de cumbes, palenques o quilombos, donde los
esclavos liberados vivían en comunidades libres, en muchos
casos bajo relaciones de ayuda mutua y cooperación al mar-
gen de la sociedad esclavista.
• El quilombo Dos Palmares, en el nordeste de Brasil, se mantuvo en rebeldía
durante casi cien años, y llegó a contar con escuelas, sistemas de defensa y
de producción agrícola y pecuaria. En Venezuela, destacan el cumbe
liderado por el negro Andresote en Yaracuy; el Ocoyta, en Barlovento,
liderado por el negro Miguel; y el de Cata, en la costa de Aragua.
• A comienzos del siglo XIX y tras más de una década de luchas, Haití
proclama la independencia, una gesta en la que los propios esclavos
protagonizan el fin de la esclavitud y proclaman una república de
ciudadanos libres. Veinte años después, Francia reconocerá su
independencia, luego de haber impuesto una indemnización millonaria por
sus “propiedades”.
• A pesar de que en muchos casos presentan graves índices de exclusión y
pobreza, la resistencia de los afroamericanos a lo largo de los siglos ha
derivado en una impronta y un protagonismo decisivos en la realidad
social, cultural y política de la mayoría de países americanos.
Los movimientos sociales
• Desde el siglo XIX los pueblos latinoamericanos se han organizado bajo
múltiples fórmulas y en distinta medida e intensidad para la defensa de sus
intereses, frente a regímenes republicanos represivos y a factores de poder
asociados para la defensa de privilegios.
• Sindicatos, movimientos obreros, campesinos, mineros, estudiantes y
trabajadores informales, entre otros, así como pueblos indígenas
organizados, han jugado un papel relevante en la construcción de agendas
de lucha y resistencia frente a las dictaduras y las políticas de exclusión
social y política de regímenes formalmente democráticos –convirtiéndose
en actores fundamentales de cambio y de protesta.
• Otros sectores como trabajadores de la prensa, intelectuales y madres de
víctimas de la represión han activado organizaciones y frentes de defensa
de demandas sectoriales, sociales, políticas y de otra índole ante los
poderes establecidos y los poderes privados. Esta dinámica múltiple de
participación da lugar a la historia de movimientos sociales de mayor
intensidad y dinamismo que ha dado la era con-temporánea.
Los movimientos por los derechos humanos
•
• Durante las décadas de 1970 y 1980 se generalizaron en América Latina los
regímenes dictatoriales que suspendieron las garantías de los derechos humanos y
llevaron a cabo operaciones masivas de persecución y represión de protestas y
movimientos populares.
• La gravedad y sistematicidad de los abusos llevó a la aparición de numerosas
organizaciones en todo el continente, asumiendo la defensa de los derechos
humanos como bandera, apelando a los compromisos internacionales de los Estados
para denunciar los atropellos, asesinatos y desapariciones y exigir justicia.
• Este movimiento generó una legitimación de los derechos humanos como
herramientas para luchar contra los abusos de poder público y privado. Las Madres
de Plaza de Mayo en Argentina y la Federación de Familiares de Desaparecidos
(Fedefam) a escala continental son dos de los más conocidos.
• Tras la instauración de regímenes democráticos, muchos movimientos y
organizaciones de derechos humanos han mantenido la vigencia de su trabajo,
luchando por el derecho a la verdad y contra la impunidad, denunciando las agendas
represivas de autoridades democráticas y fortaleciendo las plataformas de denuncia
de las desigualdades y de defensa y promoción de los derechos sociales y por la
construcción de sociedades verdaderamente democráticas.
El cristianismo liberador
• Desde el comienzo de la invasión española y sus esfuerzos de
sometimiento cultural y religioso sobre los indígenas y africanos,
surgieron voces disidentes en el seno de la propia Iglesia, que
criticaron las barbaries cometidas en nombre de la religión, y
enfrentaron y denunciaron la participación de la jerarquía eclesiástica
en defensa de sociedades basadas en el abuso de poder.
• El siglo pasado, se forjó una corriente disidente que dio pie al auge de
la Teología de la Liberación –movimiento crítico de la Iglesia popular
latinoamericana–, que promueve la lectura crítica y liberadora de la
vida de Jesús y aboga por el compromiso con los pobres y con los
valores de solidaridad.
• Desde la década de 1970, organizaciones vinculadas con la Iglesia de
base han promovido la defensa de los derechos humanos de sectores
desposeídos y explotados, y han denunciando las atrocidades de los
regímenes dictatoriales y la exclusión y represión de las democracias
autoritarias. Algunas de las organizaciones pioneras de derechos
humanos del continente fueron fundadas por sectores católicos pro-
gresistas –como los Servicios de Justicia Y Paz a lo largo y ancho del
continente, y las Vicarías de derechos humanos en muchos casos.
• Figuras prominentes como el monseñor Oscar Arnulfo Romero,
asesinado por paramilitares asociados al gobierno de ultraderecha
salvadoreña en 1981, tienen su contraparte en miles de mujeres y
hombres de la Iglesia de base, que realizan un trabajo anónimo de
apoyo a las causas de los sectores humildes y las víctimas de derechos
humanos.
Las alternativas socialistas
• Entre las décadas de 1960 y los 1980 se multiplicaron en el continente las iniciativas
insurgentes en nombre del socialismo. La Revolución cubana, que en 1959 tomó el poder
por las armas, inspiró numerosos movimientos insurgentes, orientados por un proyecto de
promover la justicia social a través de la aplicación de un programa socialista.
• En diversos países, alternativas electorales con perspectiva socialista derivaron en la
conformación de gobiernos progresistas. Casos emblemáticos son el gobierno de Jacobo
Arbenz en Guatemala (1951-54), el de Juan Bosch en República Dominicana (1962) y el de
Salvador Allende en
• Chile (1970-73), derrocados por medio de golpes militares que contaron con el apoyo de EEUU
y que dieron lugar a dictaduras represivas.
• Una excepción a la regla es el modelo ensayado en Cuba luego de la Revolución de 1959. La
constitución de un régimen socialista desafió los intereses de los sectores de poder nacional e
internacional, así como las convencionesdel Estado de Derecho liberal. La soberanía cubana y
la continuidad de la apuesta han sido agresivamente desafiadas desde el exterior, a partir de
argumentos que pretenden invalidar el ensayo de justicia social promovido por el gobierno
cubano y las mayorías populares articuladas en el sistema constitucional.
Retos contemporáneos
• Una herencia colonial y neocolonial de dependencia, una cultura
democrática autoritaria y las cifras más elevadas de desigualdad
social evidencian los retos fabulosos que enfrentan los pueblos
de América Latina en la senda de la construcción de sistemas
políticos verdaderamente democráticos y participativos hacia el
logro de sociedades de derechos humanos. De ahí el valor y
oportunidad de los ensayos de transformar los órdenes
constitucionales actualmente en curso en el hemisferio,
orientados a superar las limitaciones de los regímenes de la
democracia representativa, promoviendo mecanismos y
condiciones de participación para favorecer la transformación
participativa de la sociedad y sus profundas inequidades en base
a agendas de profundo contenido social.
Nuevos paradigmas constitucionales en construcción
• Desde finales del siglo XX los pueblos de un número importante
de países de la región han venido manifestando su preferencia
electoral por propuestas de gobierno progresistas, signadas por
la defensa de la justicia social y de la soberanía nacional sobre los
procesos políticos y las políticas económicas. En ese contexto, se
han producido procesos constituyentes democráticos y
participativos en tres países andinos que han incluido la consulta
electoral universal para la aprobación y entrada en vigencia de
sus respectivas nuevas Constituciones: Venezuela (1999),
Ecuador (2008) y Bolivia (2009).
• Si bien cada una de las cartas tiene una naturaleza claramente
diferenciada, la confluencia de factores comunes ha dado lugar a
la emergencia de un nuevo paradigma constitucional en el
continente:
• Las tres conjugan de forma amplia y diversa las virtudes de las doctrinas liberales
y las doctrinas sociales en relación con el ordenamiento estatal y el régimen de
derechos humanos.
• Contienen cartas de derechos sociales, económicos, culturales, civiles y políticos
de avanzada, con amplias garantías y mecanismos de control y responsabilidad.
• Comparten la profundización de los derechos de igualdad efectiva de la mujer,
incluyendo la redacción de sus textos respectivos con perspectiva de género.
• Proponen trascender las limitaciones de la democracia representativa mediante
el desarrollo de mecanismos orientados a la construcción de una democracia
participativa y corresponsable.
• Favorecen modelos de desarrollo basados en la economía social y centrados en el
papel regulador del Estado y el fortalecimiento de las formas de economía social.
• Contienen una clara orientación de defensa de la soberanía y de promoción de la
integración latinoamericana como modelo alternativo de cooperación.
• Reconocen ampliamente los derechos constitucionales de los pueblos indígenas
por primera vez en su historia.
• Contienen garantías para promover modelos de desarrollo sustentable y de
protección del ambiente.
• La República Bolivariana de Venezuela se constituye en
Estado de Derecho y de Justicia democrático y social,
adoptando así un paradigma que busca trascender la
formalidad del Estado de Derecho clásico –entendido como
“imperio de la ley”– y la justicia formal, para supeditar la
interpretación y aplicación de la ley, adecuándola a los
principios de la justicia social.
• Bolivia se constituye en Estado plurinacional, y vertebra su
nueva forma de organización en torno a las culturas
organizativas y a la autonomía y territorios de los pueblos
indígenas mayoritarios. Ecuador también reconoce la
autonomía indígena y propugna el buen vivir quechua como
paradigma de interpretación de las aspiraciones comunes de
la nación.
• Los tres ensayos de construcción de sistemas nacionales bajo estos
nuevos paradigmas de democracia social participativa han sido
contestados con la activación de dinámicas de confrontación de
intensidad variable, protagonizadas preferentemente por sectores de
poder tradicional y que han contado con el apoyo de factores
externos a sus respectivas fronteras.
• En los tres casos, la confirmación en las urnas de la voluntad de las
mayorías de continuar con el ensayo de transformar los respectivos
órdenes jurídicos, políticos y sociales, contribuye a fortalecer la visión
de que se ha abierto una etapa nueva en las luchas colectivas por los
derechos humanos de los pueblos latinoamericanos. Si bien la
voluntad de los pueblos puede variar en el futuro, el momento es
propicio para fortalecer las condiciones para la construcción de una
cultura crítica de derechos humanos, capaz de contribuir a la
participación activa y vigilante en la defensa de las conquistas y en el
des-pliegue de la actividad orientada a profundizarlas en la realidad.
• Luego de la revisión sintética de la historia del
desarrollo de los derechos humanos como
principio orientador de nuestras sociedades, del
Estado de derecho moderno como mecanismo
formalmente orientado a garantizarlos y del
reconocimiento internacional de los mismos, se
proponen algunos elementos para la construcción
de una visión crítica que permita fortalecer su
poder emancipador en el marco de las luchas
sociales por una vida digna.
Los derechos humanos son productos sociohistóricos
• Los derechos humanos son productos sociohistóricos fraguados a partir
de las distintas luchas populares emprendidas a favor de condiciones de
vida digna. Su formación surge de la toma de conciencia en cada
momento histórico de los valores sociales fundamentales y de las
condiciones que los niegan, además de la necesidad de organizarse para
luchar por su concreción en la realidad.
• Se corresponden, por tanto, con la búsqueda de cada pueblo para
conquistar un orden social libre de las fuentes de opresión, orientado a
lograr la satisfacción de sus necesidades principales como grupo humano.
De ahí que no se pueden afirmar como naturales, ni eternos, ni absolutos,
ni derivados de ciertas realidades metafísicas o separados de los vaivenes
de la historia, sino que son la esencia de los procesos sociales que
expresan e intentan concretar lo que la conciencia ética de los pueblos
reconoce como necesario para vivir con dignidad.
• Una visión de los derechos humanos como proyecto a
ser concretado en la práctica política y cultural de los
pueblos, reivindica el carácter fundamental que las
luchas sociales tienen en su construcción, así como
destaca la influencia de las condiciones históricas en
que surgen y se desarrollan. Reconocer el carácter
utópico de los derechos humanos previene de las
falsas seguridades derivadas de las concepciones que
los asumen como algo dado, al margen de la realidad
cotidiana de la gente.
La condición humana
• Los derechos humanos tienen como fundamento las
necesidades de la persona humana y de los colectivos
sociales en los que se asocia históricamente, a sus
aspiraciones individuales y colectivas de vivir en dignidad.
Esto significa que no derivan de una obra de origen divino o
de la razón, ni tampoco del reconocimiento de un Estado o
del derecho internacional, sino que están vinculados con la
existencia física y social, con las condiciones concretas que
requieren las personas, colectivos humanos y pueblos en su
vida cotidiana para vivir adecuadamente. Por lo tanto, se
vinculan con la realidad de los contextos en los que habitan y
con la protección de su autonomía, libertad y bienestar.
Los derechos humanos son una
construcción cultural
• Aunque no se expresen en derechos, distintas culturas y
grupos humanos han desarrollado fórmulas propias de
valores y de organización social orientadas a asegurar el
respeto y resguardo por la persona humana y por la
autodeterminación colectiva e individual. Por ello, al igual
que el resto de producciones culturales con capacidad de
transformar las realidades sociales, políticas y jurídicas, los
derechos humanos son recreaciones de la experiencia de
grupos sociales y pueblos en función de un ideal de
convivencia orientado al proceso de organización de la
sociedad.
• Diversas culturas se centran en valores de
naturaleza predominantemente colectiva, luego
sus formas de concebir la dignidad difieren de
los valores de derechos asociados al individuo.
• Las diferencias sociales y culturales a lo interno
de las sociedades impactan sobre el universo de
valores, como lo evidencia la existencia de
paradigmas liberales y socialistas antagónicos.
En consecuencia, no existe una única concepción de los
derechos humanos, porque no existe una única concepción
de la dignidad humana. Esta diversidad de visiones ofrece
contrastes dramáticos desde las relaciones de poder que
enfrentan distintos colectivos humanos:
• Un pueblo indígena y una comunidad política que coloniza su
territorio con fines de desarrollo, amenazando la integridad
de los primeros.
• Una familia trabajadora en pobreza extrema, y una familia
millonaria cuyas relaciones formen parte del entramado que
impide a los sectores en pobreza mejorar su economía.
• Una mujer víctima de la violencia, y el entorno cultural y
social que violenta su dignidad e integridad física.
Descolonizar los derechos humanos
• Para enfrentar la instrumentación de los derechos humanos y
asegurar su efectividad política y cultural en los procesos sociales
protagonizados por los pueblos del Sur, se requiere apostar por la
descolonización de los conceptos de las visiones hegemónicas
eurocentristas. Esto requiere su reformulación filosófica y política
participativa –una dinámica en la que participan activa y
crecientemente los pueblos del Sur, con sus luchas y demandas y su
participación en los procesos de construcción de nuevos modelos de
organización social.
• La reestructuración orgánica y cultural de las instituciones públicas,
en marcha en diversos países del continente, busca entre otros fines
representar la diversidad popular y cultural que caracteriza a cada
pueblo, y la complementación intercultural para articular respuestas a
las necesidades de desarrollo de los pueblos desde el respeto a la
diversidad.
Un ejemplo: el concepto indígena del buen vivir
• Uno de los medios para enfrentar con éxito el desafío de
apropiación cultural de los derechos humanos es la reflexión
en torno a conceptos propios de las herencias culturales de
los pueblos del Sur. Un ejemplo de gran significado para los
pueblos latinoamericanos es el concepto de los pueblos
indígenas andinos del Sumak Qamaña o “Buen Vivir”, el cual
se ha incorporado a las Constituciones boliviana y
ecuatoriana como nuevo principio de derecho constitucional
latinoamericano.
• Este concepto ancestral desafía los valores que conforman
las doctrinas liberales y los modelos de desarrollo que han
legitimado las relaciones de explotación de unas personas
sobre otras y la sobreexplotación de los recursos naturales.
• Parte de la premisa de que no hay plenitud del individuo, si no hay
buen vivir para el resto de miembros de la comunidad.
• Por ello, no se enuncia de manera prioritaria desde las libertades de
la persona, como sucede con los derechos humanos considerados
desde la tradición liberal, sino desde sus deberes en sociedad.
Así, abarca la felicidad y dignidad de la persona concebidas desde lo
colectivo y desde las condiciones materiales que posibilitan la vida en
armonía.
• Abarca el territorio y la naturaleza, a los que se debe respetar y
cuidar, como espacios donde también tiene lugar la vida.
• Cuestiona al ser humano como centro de todo, eje central de la
concepción de derechos humanos y de desarrollo de occidente, que
ha precipitado las crisis ambientales que amenazan la supervivencia
humana.
• Si la naturaleza es dañada, si es considerada como un mero
recipiente de recursos ilimitados para la satisfacción
insaciable e inmediata del ser humano, entonces el buen
vivir se ve comprometido –para el presente, y para las
generaciones futuras.
• La centralidad del concepto del buen vivir para los pueblos
indígenas andinos ayuda a entender su rechazo a la visión
etnocentrista que proponen las doctrinas hegemónicas de
los derechos humanos. Su valor para repensar los derechos
humanos evidencia que la descolonización política,
económica y social en la que están embarcados los pueblos
de América Latina debe ser también cultural.
Una propuesta de quienes necesitan cambiar
la historia
• Las conquistas en derechos humanos producto de las luchas
populares son posibles gracias a la participación de quienes
reconocen en sus condiciones de vida circunstancias indignas y se
organizan y movilizan para superarlas, para transformar su realidad y
lograr que sus reivindicaciones inspiren a otras y otros en sus luchas.
• Sólo quienes se indignan ante su realidad, pueden reconocer la
injusticia en el sistema establecido e iniciar procesos para su
transformación. Al identificar las fuentes de los abusos de poder en el
orden establecido que los legitima, se convierten en protagonistas del
desafío a ese orden y del proceso orientado a subvertirlo, para crear
uno nuevo que permita vencer la opresión de la que son víctimas.
• Esto es lo que sucedió en las revoluciones liberales de
EEUU y Francia, cuando sectores que veían frenadas
sus aspiraciones de participar en la dirección de sus
asuntos, organizaron sus luchas para derrocar una
autoridad tiránica. No obstante, estas revoluciones
también significaron la aparición de un nuevo orden
de sometimiento de la dignidad de sectores excluidos,
lo que derivó en nuevas luchas y demandas.
Los derechos humanos son exigencias de poder
La mayoría de sociedades humanas están caracterizadas por flagrantes
desigualdades y asimetrías de poder: mientras unos sectores no
pueden hacer valer sus demandas sin una acción de lucha y resistencia,
otros sectores han tenido históricamente la capacidad para asegurar la
defensa de sus intereses de grupo, y para organizar la sociedad con
esos fines, incluyendo las dinámicas de expansión colonial y agresión a
costa de la dignidad de otros pueblos.
• Las luchas y conflictos por los derechos humanos significan una
demanda para la transformación de esas relaciones de poder en un
determinado escenario y contexto histórico.
• Estas luchas representan el medio necesario para hacer realidad los
valores de vida digna y de justicia que se encuentran en el origen de
los derechos humanos.
• Estos derechos representan entonces exigencias para la
transformación de las relaciones de poder y la acumulación de poder
social, que se posibilitan por medio de la organización de la fuerza de
cohesión en torno a demandas comunes de dignidad.
Por ello, toda propuesta que defienda una
sociedad y unas relaciones internacionales
centradas en el logro progresivo de los derechos
humanos tiene que partir del reconocimiento de
la necesidad de transformar los desequilibrios en
las relaciones de poder y las realidades que los
niegan.
Los derechos humanos no se originan en las leyes
• Las revoluciones liberales dieron lugar al Estado de Derecho y al
reconocimiento de los derechos humanos legales, que son consecuencia
del reconocimiento jurídico por un determinado sistema político de las
demandas impulsadas por los procesos sociales.
• No obstante, los derechos humanos no son concesiones de la sociedad ni
prebendas del Estado, ni dependen de su reconocimiento estatal ni en el
derecho positivo (las leyes) para poder afirmarlos. Defender esa visión
formal significaría otorgar legitimidad desde los propios derechos humanos
a sistemas de segregación que han negado legalmente derechos de
sectores enteros de población.
• Otra cuestión es el hecho de que haya derechos que para poder ejercerlos,
deban estar reconocidos por la institucionalidad vigente: una población
segregada no podrá ejercer el derecho al voto, mientras no lo reconozcan
las instituciones que lo administran. No obstante, son precisamente sus
resistencias y luchas las que permitirán doblegar los regímenes que niegan
derechos.
La dimensión legal de los derechos humanos
La formulación de normas y leyes es producto del debate y la
confrontación política e ideológica entre los diversos sectores
de un cuerpo social concreto. El orden jurídico resultante está
conformado por las normas e instituciones que viabilizan los
proyectos colectivos de cara a la construcción de un
determinado tipo de relaciones sociales.
La historia moderna de las luchas populares permite constatar
que en el marco de la organización sociopolítica del Estado
moderno, es imprescindible que las conquistas en derechos
queden claramente afirmadas en las legislaciones, como
medio para que puedan ser exigidos ante la sociedad y ante
los organismos responsables de garantizarlos.
Las conquistas legales expresan los nuevos términos de la
relación de poder que se ha logrado transformar, y
representan asimismo el reconocimiento de las demandas y
las condiciones para el respeto y ejercicio de los nuevos
derechos.
Los derechos humanos tienen por tanto una estructura ética –
los valores a los que responden; una estructura política– las
luchas por medio de las cuales se reivindican; y una estructura
jurídica –las normas y leyes que las convierten en acuerdos
fijados por la negociación social.
Los derechos humanos son políticos
Ciertas formulaciones de derechos humanos pretenden funda-
mentar éstos desde una perspectiva meramente legal,
afirmando el presunto carácter neutral de las leyes y
asegurando que deben ser excluidos del debate de las ideas y
sólo deben ser sometidos al escrutinio en función de su
naturaleza jurídica.
El interés por limitar el ámbito de los derechos humanos a la
formulación de leyes y a su interpretación por los tribunales y
los “profesionales” del derecho responde a la pretensión de
invisibilizar las desigualdades de acceso y disfrute de
derechos, y de neutralizar la legitimidad de las luchas que
protagonizan día a día quienes enfrentan la desigualdad, la
opresión y la exclusión.
Se pretende así diluir el potencial emancipador de los
derechos humanos, evitando el debate sobre las
desigualdades que rasgan nuestras sociedades y sobre la
instrumentación de los órdenes político-jurídicos y los
mecanismos del Estado de derecho y la democracia
representativa por parte de los sectores de poder.
Sólo apostando por la repolitización del discurso de los
derechos humanos podrán éstos ser efectivamente
apropiados por los sectores más vulnerables, y convertirse en
el programa que lleva a activar su participación en la
transformación de las relaciones de poder que niegan su
dignidad.
El derecho originario a la rebelión
Entendidos los derechos humanos como luchas contra el
abuso y la dominación de unos sectores por otros, aparecen
originariamente, el derecho a la resistencia, a la opresión y el
derecho a la rebelión contra todo poder tiránico y opresor. Las
propias declaraciones de derechos de la Revolución francesa y
de la Independencia de EEUU se fundamentan en el derecho a
la rebelión contra un orden tiránico; mientras que las
doctrinas socialistas revolucionarias propugnan la rebelión
ante órdenes caracterizados por la opresión de los sectores
poderosos.
Desde tiempos inmemoriales se han producido rebeliones, la
mayoría de las cuales no son recogidas por las historias
oficiales de derechos humanos. Algunos ejemplos son:
• Milenio y medio antes del comienzo de la era actual, el antiguo imperio de
China se vio sacudido por una sucesión de rebeliones campesinas que
acabaron con el orden imperial.
• En occidente, la rebelión más famosa de la antigüedad, es la protagonizada
por el esclavo rebelde Espartaco, quien lideró un movimiento que estuvo a
punto de derrocar al Imperio romano.
• Jesucristo se rebela contra el rígido orden de la sociedad en la que vivía, y las
consecuencias de la ocupación por parte del Imperio romano.
• Aunque a menudo son silenciadas por la historia oficial, durante los siglos XV
y XVI, Europa central se vio sacudida por levantamientos campesinos de
grandes proporciones.
• La revolución por la independencia de América Latina es uno de los procesos
de rebelión contra la autoridad constituida más sistemáticos y significativos
de la historia.
• El conjunto de revueltas populares que han producido la convulsión de la
democracia neoliberal en el continente, favorecen la acumulación de fuerzas
y el convencimiento necesario para dar pie a la refundación democrática y
constitucional de nuestras naciones.
Derechos humanos y democracia
• El objeto formal de los sistemas democráticos es asegurar que los
intereses y necesidades de todos los sectores de la sociedad se
puedan expresar y sean tomados en cuenta en las relaciones
jurídicas, políticas, sociales y económicas, mediante los mecanismos
para la participación política.
• Tradicionalmente, este debate se ha realizado desde la perspectiva de
la democracia liberal representativa. No obstante, gracias al
reconocimiento de las luchas por derechos, los límites de la
representación y las libertades se han expandido, ampliando el
término de democracia para abarcar una demanda de participación
democrática ciudadana efectiva y por una democracia social y
económica, así como en defensa de la democracia de lo privado –en
la familia y en las relaciones interpersonales– por la que lucha el
movimiento de mujeres.
• La profundización de la democracia contribuye a los procesos
históricos populares por lograr condiciones de vida dignas para todos
y todas al favorecer la participación en condiciones de igualdad social
y paridad de género.
• Las conquistas de derechos humanos derivan en relaciones de poder
de mayor simetría, luego contribuyen a democratizar la sociedad al
generar condiciones de mayor igualdad, equidad y capacidad de
incidencia en las decisiones públicas.
Dado el horizonte humanizador de los proyectos de democracia y
derechos humanos, ambos constituyen un círculo virtuoso orientado a
la construcción colectiva de sociedades basadas en el respeto a la
persona, y los colectivos y a los valores de participación ciudadana,
convivencia y justicia social, donde las relaciones sociales se produzcan
en armonía con las necesidades de dignidad mutua. La construcción de
la democracia como régimen para la garantía de los derechos humanos
y la justicia social sigue siendo un reto pendiente, posible a través de la
organización y participación de los grupos y movimientos sociales.
Democracia y participación
• La democratización efectiva de la sociedad requiere asegurar la
participación social, política y económica de toda la ciudadanía, como
eje de acción indispensable para hacer de los derechos humanos una
realidad concreta en la vida de la gente.
• La participación implica una forma de ejercicio ciudadano que hace
posible democratizar el poder, al asegurar que todas las personas
forman parte de las decisiones públicas.
• El aumento en la conciencia de poder por parte de la población
estimula su participación en las decisiones que los afectan.
• En consecuencia, la construcción de modelos de organización política
y jurídica que garanticen la participación directa en la definición y
ejecución de las soluciones a los problemas de la agenda pública, es
un prerrequisito para hacer realidad los proyectos de derechos
humanos y de democracia. Sólo así puede revertirse la privatización
de los espacios públicos y consolidar un paradigma de interés general
centrado en las necesidades y valores de cada pueblo, por
contraposición a los intereses del mercado y de los sectores
privilegiados de la sociedad.
• Por ello, la lucha efectiva por los derechos humanos significa también
la lucha por la transformación de los sistemas políticos, para así
garantizar la conquista de espacios crecientes de participación
democrática para los distintos sectores de la población. En ese
sentido, las políticas públicas desarrolladas por el Estado deben
necesariamente asegurar la participación social en todas sus etapas,
si quieren verdaderamente responder a las demandas de los sectores
que requieren respuestas para la protección y realización de sus
derechos humanos.
Una vez abordada una visión crítica y
emancipadora de los derechos humanos, se
exploran algunos de los elementos centrales y de
los principios que conforman la doctrina jurídica
globalmente aceptada, para contribuir a un
debate histórico que afirma su voluntad de
defender la dignidad –pero que también es
instrumentada para impedir su realización.
Alcances y desafíos del Estado de Derecho
y el derecho internacional
A pesar de las limitaciones derivadas de la naturaleza de su
origen y su instrumentación por los intereses de poder, el
derecho internacional es el orden establecido para canalizar
las relaciones internacionales y las demandas de derechos y
justicia social en ese ámbito –de manera análoga al papel
cuestionado del Estado de Derecho y los regímenes
democráticos en nuestros países. De su naturaleza y del
desarrollo de las normas de derechos humanos derivan
importantes implicaciones en las luchas por la dignidad en
nuestras sociedades:
• A través de las Constituciones y leyes nacionales y a través de los
tratados internacionales de derechos humanos, los Estados asumen el
compromiso de cumplir con un conjunto de obligaciones para
asegurar su respeto y garantía para las personas bajo su jurisdicción.
• El reconocimiento jurídico de la igualdad de derechos redistribuye los
poderes en el plano de la ley, fortaleciendo la legitimidad de origen
de las luchas por la dignidad que se orientan a demandar el
cumplimiento de dichas obligaciones por parte de los Estados.
En ese sentido, los derechos humanos legales otorgan a las luchas
sociales herramientas para acumular poder y combatir las prácticas
abusivas, desde la exigencia de cumplimiento de los acuerdos
establecidos. El gran desafío en los escenarios local, nacional y global
es ampliar el debate sobre los derechos humanos, desde las demandas
de los pueblos y colectivos para:
• Asegurar el cuestionamiento de las relaciones de poder y la
transformación del Estado, para posibilitar así procesos democráticos
marcados por un proyecto común de consolidar una sociedad de
derechos humanos y un orden internacional verdaderamente
democrático.
• Donde las relaciones sociales estén condicionadas por la efectiva
protección y respeto a las esferas de dignidad de las personas y
colectivos, así como al respeto de los pueblos y naciones.
Responsabilidades y derechos Obligaciones
generales bajo el derecho internacional
Las obligaciones se orientan a limitar el comportamiento
de los poderes públicos con el fin de evitar abusos a los
derechos humanos y a establecer normas de conducta que
orientan la acción pública hacia la realización de los
derechos reconocidos. La doctrina internacional identifica
varias categorías de obligaciones generales del Estado, que
se desprenden de los tratados internacionales de derechos
humanos:
• Reconocer: debe adecuar la normativa nacional a los tratados
internacionales que haya ratificado, adoptando leyes que los
desarrollen.
• Respetar: no puede actuar en contra de las obligaciones contraídas a
través de las leyes y normas internacionales, por lo que debe
abstenerse de afectar directa o indirectamente el disfrute de los
derechos.
• Garantizar: debe desarrollar las políticas públicas y adoptar las
medidas necesarias para que los derechos reconocidos se puedan
concretar en la realidad.
• Satisfacer: debe asegurar que las medidas adoptadas favorecen
efectivamente la satisfacción de los derechos, funda-mentalmente de
las poblaciones que enfrentan mayores necesidades sociales.
• Proteger: debe adoptar las medidas necesarias para asegurar que las
actuaciones de terceros no transgredan la dignidad de las personas y
de las minorías vulnerables.
Responsabilidades y obligaciones en transformación
El sistema internacional está basado en la ratificación de tratados de
derechos humanos por parte de los Estados, por medio de los cuales
éstos asumen la responsabilidad de cumplir las normas que contienen
a lo interno de cada país. Por su parte, las personas privadas no tienen
que responder directamente ante los órganos que supervisan el
cumplimiento de cada tratado, dado que no son partes firmantes.
A partir de esta naturaleza diferente de la responsabilidad de actores
públicos y actores privados en el derecho internacional, la doctrina
liberal defiende que las personas privadas no pueden violar los
derechos humanos. No obstante, se trata de una pretensión que
contradice a los derechos humanos como contrato de responsabilidad
compartida, y que además no tiene sustento en el derecho:
• Desde 1917, los convenios de la Organización Internacional del
Trabajo (OIT) establecen obligaciones para el sector público y el
sector privado en relación con derechos laborales y sindicales.
• Tanto la Convención de Derechos del Niño (1989) como la
Convención para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer
(1979) establecen obligaciones para actores privados.
• Recientemente, se ha venido produciendo un amplio desarrollo para
exigir el desarrollo de medios de control internacional de la actividad
privada, sobre todo en relación con la actividad corporativa
transnacional.
• En 2002 se constituyó la Corte Internacional Penal, que permite el
procesamiento de actores estatales y actores privados por
acusaciones de delitos de lesa humanidad, genocidio y violaciones
graves a los derechos humanos, entre otros.
Principios de los derechos humanos
• Igualdad y no discriminación
El principio de igualdad y no discriminación pone de relieve que todas las personas
humanas somos iguales en dignidad y derechos, independientemente del origen
étnico, condición económica, nacionalidad, orientación política, sexo u
orientación sexual, o cualquier otro aspecto o condición.
De ahí se deriva que todas las personas deben poder ejercer y disfrutar de sus
derechos en igualdad de condiciones mediante el reconocimiento de la igualdad
ante la ley, la creación de mecanismos para que todos y todas puedan participar
en los procesos sociales en condiciones de poder equivalentes, con el fin de
asegurarse una vida digna que les permita, en cuanto personas y colectivos,
defenderse de las amenazas derivadas de los abusos de poder.
Aunque su reconocimiento no ha garantizado la eliminación de las asimetrías de
poder y los abusos, la igualdad formal de derechos y la participación democrática
sin coerciones son instrumentos para profundizar en la construcción de
sociedades basadas en relaciones de poder equilibradas, a través del concurso
plural y afirmativo de todos y todas en el logro de las condiciones para proteger y
garantizar la dignidad individual y colectiva.
• La constatación de situaciones de desigualdad histórica que afectan
a los grupos más vulnerables y empobrecidos y que acarrean como
consecuencia la violación de sus derechos, exige la implementación
de “acciones positivas” orientadas a superarlas. Estas acciones
positivas justifican el que se trate de manera desigual a quienes se
encuentran en condiciones desiguales.
• A su vez, la igualdad de derechos no puede ser entendida como
desconocimiento o supresión de las diferencias que caracterizan y
dan identidad a los distintos pueblos y grupos sociales, incluyendo
las minorías nacionales, étnicas o de otra condición. En ese sentido,
la igualdad de derechos abarca el derecho de autodeterminación de
la dignidad de cada colectivo, siempre que se respeten los derechos
de cada miembro del colectivo y de otros colectivos sociales con los
que interactúa.
Igualdad y equidad de género
• En la mayoría de las sociedades contemporáneas, las mujeres todavía
enfrentan distintas formas de discriminación, subordinación y exclusión
frente al hombre, lo que convierte al principio de igualdad de género en un
eje central de todo proyecto emancipador de derechos humanos.
• El proceso de construcción social de la realidad sólo responderá al discurso
de derechos humanos en la medida que se garantice el ejercicio
protagónico de mujeres y hombres en iguales condiciones de poder, desde
la especificidad de género. Para ello, debe asegurarse la participación
paritaria en todos los ámbitos –incluida la conducción de los asuntos
públicos, así como en la reformulación de los valores que rigen la vida
social y privada y los paradigmas culturales dominantes.
• Este desafío exige profundas transformaciones de carácter político, social,
cultural e incluso jurídico, para asegurar la superación de las relaciones de
poder propias del sistema patriarcal. También representa un desafío frente
a las sociedades que basan la defensa de determinadas formas de
discriminación en base a sus particularidades culturales.
Complementariamente, se debe garantizar la aplicación de medidas
efectivas para asegurar los mecanismos de prevención y reparación de la
violencia machista en todas sus formas.
Universalidad e interculturalidad
• La doctrina hegemónica enuncia el principio de universalidad de los derechos humanos
como un hecho derivado inmediatamente del acuerdo de la Declaración Universal de
Derechos Humanos en el seno de la ONU en 1948. Este principio profesa que todos los
seres humanos son sujetos de derechos, debido a su igual condición humana, e
independientemente del contexto cultural y las particularidades de su comunidad.
• Las potencias occidentales y sectores de poder nacional se han basado en una
perspectiva etnocéntrica de dicho principio para imponer sus intereses y su modelo de
organización social sobre otros pueblos y minorías, sin ninguna contemplación por su
derecho a la autodeterminación. No obstante, las exigencias de pueblos afectados por
esta dinámica de imposición colonial han hecho que este principio haya perdido sentido,
al no ser planteado simultáneamente desde el concepto de interculturalidad.
• Por ello, en la actualidad sólo es legítimo promover la aceptación universal de las normas
de derechos humanos a través de un diálogo intercultural que permita formas de
expresión diferenciadas a partir de la realidad de cada pueblo, cultura y sistema jurídico,
dentro de un marco de valores que aseguren la dignidad de las personas.
• En otro plano, la universalidad apunta a promover la ratificación por todos los Estados de
los tratados internacionales de derechos humanos y la adopción de mecanismos internos
adecuados para la garantía de su respeto y cumplimiento. El único instrumento de
carácter verdaderamente universal, además de la propia Declaración Universal, es la
Convención del Niño, que ha sido ratificada por todas las naciones del mundo (excepto
Somalia y EEUU).
Interdependencia e indivisibilidad
• La interdependencia e indivisibilidad de los derechos humanos hacen referencia a
la interrelación de todos los derechos de la persona y los colectivos, sin que sea
legítimo establecer entre ellos ningún tipo de jerarquía que atente contra la
posibilidad de lograr la autonomía de acción y la justicia social que se requieren
para viabilizar un proyecto de vida en dignidad para todas y todos.
• El discurso liberal hegemónico ha pretendido defender la prioridad de los así
denominados derechos individuales o de libertad frente a los derechos
denominados colectivos, así como su jerarquización en base al mito artificial de
“las generaciones”. Esta falsa teoría pretende defender que los derechos civiles y
políticos corresponderían a una primera generación; y los derechos económicos,
sociales y culturales corresponderían a una segunda generación. En realidad, se
trata de un discurso ideológico, pues no existe tal prioridad ni en su urgencia para
el respeto de la dignidad humana, ni en su origen histórico, ni en las formas de
intervención para garantizar su disfrute.
• Tanto unos como otros son producto de procesos de lucha de los pueblos por
poner límites al abuso de poder y construir relaciones sociales respetuosas de la
condición humana en base a condiciones de vida digna. Todos ellos son de igual
jerarquía e importancia en el proyecto de asegurar la dignidad colectiva e
individual – y así lo ha reconocido el propio derecho internacional, gracias a la
influencia de las doctrinas sociales y las voces que defienden la justicia social.
Progresividad
El proceso histórico que busca concretar los proyectos de derechos humanos es un
proceso abierto en el tiempo. Por ello, los derechos humanos, como construcción
histórica derivada de las luchas para liberarse de condiciones que niegan la dignidad
humana, están marcados por la demanda de progresividad de las conquistas. La
aplicación de este principio apunta a la exigencia de impulsar la progresiva ampliación
y mejora de los derechos reconocidos y sus garantías legales y materiales, y de las
condiciones en que se ejercen:
• Por un lado, mediante el reconocimiento de nuevos derechos o el desarrollo más
amplio de derechos consagrados, así como la profundización del desafío a los
obstáculos que los niegan.
• Por otro lado, enfrentando todo intento de implementación de medidas o de
instrumentación de prácticas que desmejoren las condiciones de vida, o que
flexibilicen la aplicación de las normas de manera tal que se vulneren los logros
alcanzados.
Por tanto, la progresividad responde no sólo al contenido mismo de los derechos, sino
también a la necesidad de garantizar mejores instrumentos y mecanismos para su
defensa y protección, así como a la protección y defensa de las conquistas alcanzadas.
De ahí se deriva el desafío de asegurar la organización social participativa en todos los
niveles para impulsar el ejercicio de las conquistas adquiridas, la defensa del nuevo
“contrato” acordado luego de una lucha exitosa y la demanda de ampliación de los
horizontes en los que los nuevos derechos se concretan.
Irrenunciabilidad
• El principio de que los derechos humanos son irrenunciables apunta a
hacer ilegítimas las pretensiones de terceros –sea el Estado o una
institución privada– de negociar la renuncia a un derecho del que son
sujetos, a cambio de prebendas u otras contraprestaciones. A su vez,
apunta a la prohibición de terceros de proponer canjes o negociados
que desmejoren las condiciones en que se ejercen los derechos
adquiridos. Si una persona, en función de su proyecto de vida o de
circunstancias biográficas específicas decide libremente no hacer
ejercicio en un determinado momento de alguno de sus derechos, no
debe ser entendido como una renuncia al mismo.
La corresponsabilidad
• El derecho de los derechos humanos afirma la conformación de un sistema jurídico y
político orientado a garantizar el respeto de los derechos de las personas y los
colectivos humanos. Para ello, debe regular el ejercicio del poder en todas sus
formas, en la medida que tanto la acción pública como la acción privada puedan
afectar el goce y ejercicio de estos derechos.
• La predominancia de los paradigmas liberales y la capacidad de influencia de los
actores privados en el desarrollo del derecho –bien por iniciativa propia o por
intermedio de gobiernos e instituciones que representan sus intereses– ha buscado
limitar el desarrollo de mecanismos internacionales para hacer efectiva esa
responsabilidad y para obligar a que contribuya de la manera más efectiva posible al
logro de la plena vigencia de los derechos humanos.
• En el derecho interno de las naciones, los modelos liberales se han caracterizado por
el desarrollo de sistemas de responsabilidad estatal exclusiva en las violaciones a los
derechos humanos –derivando la responsabilidad privada individual al ámbito del
derecho penal–, y buscando evitar la concreción de formas de responsabilidad de las
empresas y corporaciones (personas jurídicas).
• En contraposición, los nuevos paradigmas constitucionales latinoamericanos vienen
propugnando la transformación de este modelo que promueve la impunidad privada,
por medio de los regímenes de corresponsabilidad en la realización de los derechos
humanos y el desarrollo de mecanismos de democracia di-recta. En ese sentido
apuntan también las acciones y demandas de organizaciones y movimientos sociales
en ámbitos nacionales e internacionales, en relación fundamentalmente con la
actividad de las corporaciones transnacionales.