Miguel de Cervantes Saavedra
(1547-1616)
Biografía
Miguel de Cervantes Saavedra nació en Alcalá de Henares en 1547 en una familia de hidalgos empobrecidos.
Su padre era cirujano sangrador y su infancia estuvo marcada por frecuentes mudanzas buscando una mejor
situación económica. Estudió en Madrid con Juan López de Hoyos, quien ya lo consideraba un joven
talentoso. No tuvo formación universitaria.
En 1569 viajó a Italia, posiblemente huyendo de un proceso judicial, y entró al servicio del cardenal
Acquaviva. Poco después se alistó como soldado y participó en la batalla de Lepanto en 1571, donde quedó
herido y perdió el uso de su mano izquierda. Fue llamado desde entonces “el manco de Lepanto”. En 1575,
cuando regresaba a España, fue capturado por corsarios y pasó cinco años como prisionero en Argel.
Finalmente fue liberado en 1580 gracias al pago de un rescate.
A su regreso trabajó como recaudador de impuestos, lo que le causó múltiples problemas legales y
económicos, incluso varias estancias en prisión. Sin embargo, nunca dejó de escribir, y fue en esta etapa
donde comenzó su mayor obra.
En 1605 publicó la primera parte de Don Quijote de la Mancha, con enorme éxito, aunque no obtuvo gran
recompensa económica. Siguió escribiendo prosa, teatro y poesía, y en 1615 publicó la segunda parte del
Quijote, consolidando su fama como uno de los mayores escritores de la historia. Murió en Madrid en 1616.
Poesía
La poesía de Miguel de Cervantes constituye una dimensión frecuentemente eclipsada por el resplandor
universal de su narrativa, en especial por Don Quijote de la Mancha. No obstante, sería un error pasar por
alto su dedicación al arte del verso, tanto por la extensión de su producción como por la riqueza y variedad
de formas métricas que cultivó.
Como casi todos los escritores del Siglo de Oro, Cervantes comenzó su andadura literaria como poeta y
mantuvo una relación constante con la poesía durante toda su vida. Incluso en los momentos de mayor
dificultad personal y económica, el verso seguía siendo para él un refugio expresivo y una herramienta de
juicio, sátira o alabanza.
Producción y formas métricas
La poesía cervantina es extensa y variada, aunque está dispersa en diferentes obras. Encontramos poemas
sueltos, pero también muchos insertos en sus textos en prosa, como La Galatea, El Quijote o Las Novelas
ejemplares. Además, compuso obras largas en verso como La Epístola a Mateo Vázquez, El Canto de Calíope
y, sobre todo, El Viaje del Parnaso. Buena parte de sus comedias y entremeses también están escritas en verso.
Uno de los aspectos más destacables de su poesía es la diversidad métrica. Cervantes dominó tanto formas
tradicionales españolas como el romance, la letrilla o las quintillas, como formas importadas del
Renacimiento italiano, entre ellas el soneto, la égloga, las octavas reales, e incluso las complejas sextinas.
Esta variedad demuestra tanto su formación literaria como su deseo de experimentar con estilos diversos. Sin
embargo, la crítica no siempre ha valorado de forma unánime sus resultados poéticos.
Influencias y evolución temática
En su juventud, Cervantes se sintió profundamente influido por el modelo renacentista italiano. Admiraba a
Garcilaso de la Vega y, en La Galatea, esto se refleja claramente: los poemas allí incluidos son de tono
pastoril, melancólico y ambientación bucólica. Se trata de composiciones que siguen las tendencias
renacentistas, aunque muchas de ellas pueden parecer algo convencionales.
No obstante, con el paso del tiempo, su poesía gana profundidad y autenticidad. Aunque sus primeros
poemas muestran un lirismo algo decorativo, más adelante aparece un tono más personal, vinculado a su
experiencia vital y a su mirada crítica sobre el mundo.
El Viaje del Parnaso (1614)
Una de sus obras poéticas más ambiciosas es El Viaje del Parnaso, escrita en 1614. Se trata de un extenso
poema satírico-narrativo compuesto en tercetos encadenados. En él, Cervantes imagina un viaje hacia el
Parnaso con el objetivo de defender la poesía verdadera y combatir a los malos poetas.
Esta obra se inscribe en el género de los “viajes alegóricos”, muy popular en la época, y está inspirada en
modelos italianos como el de Cesare Caporali. En ella, Cervantes mezcla la crítica literaria, el humor, la sátira
social e incluso detalles autobiográficos.
Lo más interesante es que él mismo se incluye como personaje: un poeta marginado, que se presenta con
humildad, ironía y ternura. Hay una escena muy famosa en la que Apolo le pide que se siente sobre su capa,
y Cervantes responde: “Bien parece, señor, que no se advierte que yo no tengo capa”.
El poema está lleno de imágenes ingeniosas y episodios vivos, como la tempestad que castiga a los malos
poetas, convertidos en odres y calabazas por intervención de Venus. A esto se suma La Adjunta al Parnaso,
una especie de apéndice en prosa donde Cervantes reflexiona sobre el teatro y la vida literaria.
Epístola a Mateo Vázquez
Otro momento destacado de su poesía es La Epístola a Mateo Vázquez, escrita en tercetos durante su
cautiverio en Argel. Está dirigida al secretario del rey Felipe II y combina el tono heroico con una súplica
muy personal. Cervantes narra su participación en la batalla de Lepanto, sus sufrimientos como cautivo y la
indiferencia de la corte hacia sus méritos.
Este poema muestra un tono grave y apasionado, donde el autor transforma su dolor en expresión lírica. Para
muchos críticos, es uno de los textos más conmovedores y sinceros de toda su producción poética.
Poesía satírica y popular
Cervantes también destacó como poeta satírico. En esta faceta, brilla por su aguda observación del mundo,
su humor y su lenguaje directo. Son conocidos varios de sus sonetos satíricos, como Al túmulo del rey Felipe
en Sevilla o A un valentón metido a pordiosero, donde ridiculiza a los falsos héroes, los fanfarrones y los
hipócritas.
Además, sobresalen algunos romances incluidos en La Gitanilla, como Salió a misa de parida la mayor
reina de Europa o Hermosita, hermosita, la de las manos de plata, en los que combina el estilo tradicional
con un tono moderno y narrativo. También encontramos pequeñas joyas líricas en sus obras teatrales, como
letrillas y coplas en Pedro de Urdemalas o La entretenida, que muestran su talento para captar el ritmo
popular y la voz del pueblo.
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Podemos concluír como que la obra poética de Cervantes es testimonio no sólo de su formación humanista,
sino de su sensibilidad estética, de su mirada crítica hacia el mundo y de su constante reflexión sobre el arte
de escribir. Aunque no alcance las cimas de la lírica del Siglo de Oro representadas por Góngora, Quevedo o
Lope de Vega, su poesía tiene momentos de auténtico genio.
Teatro
La obra teatral de Miguel de Cervantes Saavedra representa una vertiente rica y compleja de su genio
literario, aunque históricamente ha sido menos valorada que su narrativa. Sin embargo, tanto en cantidad
como en calidad, su producción dramática merece una atención mucho mayor de la que ha recibido,
especialmente si se considera que fue uno de los pioneros del teatro moderno en lengua castellana y un autor
profundamente preocupado por la dignidad estética y moral del arte escénico.
La trayectoria teatral de Cervantes puede dividirse en dos etapas claramente diferenciadas. La primera,
correspondiente a su juventud y madurez temprana, está marcada por su adhesión a los ideales del clasicismo
renacentista, influenciado por los preceptos aristotélicos y las fórmulas heredadas de la tradición humanista.
La segunda etapa, más cercana a sus últimos años, muestra una adaptación —no sin crítica— a las nuevas
formas populares impuestas por Lope de Vega y la llamada "comedia nueva", que dominaba la escena
española en los albores del siglo XVII.
Primera etapa: el clasicismo humanista y el teatro de contenido moral
Durante la primera etapa, Cervantes escribió y logró representar diversas obras teatrales. Aunque no se han
conservado todas, él mismo menciona haber compuesto hasta treinta comedias. Entre las pocas que han
llegado hasta nosotros, destacan El trato de Argel y La Numancia.
El trato de Argel es una pieza basada en sus propias experiencias como cautivo en Argel. Esta obra, de
gran valor testimonial, presenta un enfoque ético y religioso, con personajes cristianos que deben resistir las
tentaciones del islam y el sufrimiento del cautiverio. Aunque su estructura es estática y aún dominada por lo
narrativo más que por la acción teatral, su sinceridad emocional y su propósito edificante la convierten en
una obra fundamental para comprender el humanismo cristiano cervantino.
La Numancia es una tragedia patriótica de corte heroico que narra el cerco y la caída de la ciudad
celtíbera de Numancia a manos de las legiones romanas. En esta obra, Cervantes conjuga una poderosa
exaltación del sacrificio colectivo con una crítica al poder opresor. Es considerada una de las mejores tragedias
del teatro español del siglo XVI, notable por su intensidad dramática, su lenguaje elevado y su estructura
coral, que recuerda las tragedias clásicas. La inclusión de alegorías como España, el Duero o la Guerra, junto
a una representación explícita del suicidio colectivo de los numantinos, demuestra su audacia formal y su
compromiso político y estético.
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Estas obras, sin embargo, no lograron consolidar a Cervantes como dramaturgo en una época en la que el
público comenzaba a preferir obras más ágiles y de acción rápida. Con la llegada de Lope de Vega y su "nuevo
arte de hacer comedias", el teatro español experimentó una transformación profunda que dejó en la sombra a
dramaturgos más apegados al rigor clásico.
Segunda etapa: el teatro cervantino frente a la “comedia nueva”
Durante los últimos años de su vida, ya consagrado como novelista, Cervantes decidió volver al teatro con un
enfoque renovado.
En 1615, publicó el volumen titulado Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, nunca representados.
En el prólogo a esta obra, Cervantes ofrece una lúcida reflexión sobre el estado del teatro de su tiempo y
denuncia el dominio de un público que prefiere la espectacularidad y el artificio frente a la profundidad
moral y artística. A pesar de su desencanto con la escena comercial, Cervantes escribió con vigor creativo las
ocho comedias de ese volumen, entre las que destacan:
○ El gallardo español, centrada en la figura de Don Fernando de Saavedra y ambientada en el
mundo de las guerras contra los moros. Destaca por su exaltación de la honra cristiana y la nobleza
de espíritu, y se inspira parcialmente en figuras reales de la historia militar española.
○ La casa de los celos y selvas de Ardenia, una comedia de enredo de ambientación fantástica,
inspirada en el Orlando furioso de Ariosto. En ella, Cervantes parodia los excesos de los celos y los
convencionalismos del amor cortesano.
○ Los baños de Argel, revisita el tema del cautiverio con mayor experiencia dramática que en su
versión anterior. A través de una estructura más elaborada y personajes complejos, muestra los
horrores de la esclavitud y el valor del espíritu cristiano, destacando el personaje de Aurelio como
alter ego del propio Cervantes.
○ La gran sultana, doña Catalina de Oviedo, dramatiza la historia de una española que llega a ser
favorita del sultán otomano. Mezcla de comedia de costumbres y exotismo; con una crítica velada a
la doble moral de la sociedad cristiana y presenta a la mujer como personaje activo y resolutivo.
○
○ El rufián dichoso, relato de la conversión de un pícaro sevillano que acaba abrazando la vida
religiosa, demuestra cómo Cervantes concibe el teatro como instrumento de edificación moral, sin
renunciar a la comicidad y a la crítica social.
○
○ Laberinto de amor, comedia de enredos amorosos que gira en torno a la confusión de identidades
y sentimientos. A pesar de su aparente ligereza, incluye interesantes reflexiones sobre el amor
verdadero y la nobleza interior.
○ La entretenida y Pedro de Urdemalas, que combinan elementos picarescos y burlescos, ofrecen
una visión irónica y desenfadada de la realidad cotidiana, a menudo a través de personajes
marginales, pícaros, criados o soldados.
Los entremeses
La cumbre del teatro cervantino se encuentra, para muchos estudiosos, en sus entremeses, pequeñas piezas
teatrales de carácter cómico y satírico que se intercalaban entre actos de comedias mayores. Lejos de las
restricciones estructurales y las expectativas comerciales del gran teatro, los entremeses permitieron a
Cervantes desarrollar una voz libre, crítica, moderna y profundamente original.
Entre los más notables se encuentran:
■ El juez de los divorcios, una crítica a los matrimonios disfuncionales, donde diversas parejas
exponen sus razones para separarse ante un juez incapaz de comprenderlas. El tono es abiertamente
irónico y revela el absurdo de los prejuicios sociales.
■ El retablo de las maravillas, sátira mordaz sobre la hipocresía colectiva. Inspirado en el cuento
medieval de "El traje nuevo del emperador", pone en evidencia el miedo a la verdad y la presión del
conformismo.
■ La cueva de Salamanca, donde un estudiante pobre engaña a una casa llena de crédulos y
adúlteros, subraya la inteligencia popular frente a la ignorancia de las clases altas.
■ El viejo celoso y La guarda cuidadosa, examinan el amor y el deseo desde la perspectiva de la
vejez y la juventud, abordando temas como los celos, la sexualidad reprimida y la doble moral.
■ El vizcaíno fingido, El rufián viudo y La elección de los alcaldes de Daganzo, completan
este conjunto de obras cortas, todas caracterizadas por la agudeza de su lenguaje, el retrato de tipos
populares y la sátira de costumbres.
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Cervantes concebía el teatro como un medio para instruir y entretener a la vez. Se alejaba del efectismo de la
"comedia nueva", apostando por una dramaturgia con profundidad moral, crítica social y calidad estética.
Fue innovador al abordar conflictos psicológicos, crear personajes verosímiles y usar símbolos con intención
crítica. Aunque no tuvo gran éxito comercial, su teatro buscó dignificar la escena y despertar la reflexión del
espectador.
En La Adjunta al Parnaso, escrita en prosa como complemento a su poema Viaje del Parnaso, Cervantes
lamenta su fracaso teatral y critica la mediocridad del teatro de su época, defendiendo con orgullo su
propuesta artística frente a la comercialización del arte escénico.
Narrativa
Miguel de Cervantes ocupa un lugar capital en la historia de la literatura universal no sólo por ser autor de
Don Quijote de la Mancha, sino por su papel como innovador en el terreno narrativo. Su incursión en la
novela abarca desde lo pastoril hasta lo bizantino, y desde la sátira social hasta la introspección psicológica.
Obras como La Galatea (1585), Las Novelas ejemplares (1613) y Los trabajos de Persiles y
Sigismunda (1617) son testimonio de una evolución literaria que va de la experimentación juvenil a la
madurez creadora, ya que cada una representa una etapa y un enfoque distinto dentro de su obra narrativa y
en ellas pueden observarse tanto las influencias clásicas e italianas como una clara voluntad de originalidad.
La Galatea (1585)
La Galatea, publicada en 1585, marca el inicio oficial de Cervantes como novelista. Escrita en su juventud,
posiblemente tras su regreso del cautiverio en Argel, se inscribe en la moda de la novela pastoril, fuertemente
influida por La Diana de Jorge de Montemayor.
Sin embargo, Cervantes no se limita a seguir el molde: introduce reflexiones filosóficas, elementos
autobiográficos y líricos, y experimenta con una estructura compleja que va más allá de la mera imitación. La
historia principal gira en torno al amor no correspondido del pastor Elicio por la bella Galatea, pero se
entrelazan muchas otras tramas amorosas, creando una red de historias paralelas.
La inclusión de más de ochenta composiciones poéticas —entre ellas el notable Canto de Calíope— convierte
a esta obra en una especie de "égloga dialogada", como la describió el propio Cervantes.
A través de esta obra, ya se manifiesta un conflicto que acompañará al autor durante toda su vida: el choque
entre el mundo ideal y la cruda realidad. Aunque menos leída hoy, La Galatea ha sido revalorizada por la
crítica moderna gracias a su simbolismo, intertextualidad y exploración temprana de los límites del género.
Las Novelas ejemplares (1613)
Pasando a Las Novelas ejemplares, publicadas en 1613, nos encontramos con un Cervantes más maduro, que
domina con soltura una variedad de registros y estilos. A diferencia del tono homogéneo de La Galatea, estas
doce novelas breves destacan por su diversidad temática y formal.
Cervantes las llamó "ejemplares" no solo por su brevedad, sino por su supuesta intención moral. Sin
embargo, esa ejemplaridad es ambigua, irónica, y muchas veces más provocadora que didáctica. Estas novelas
se pueden agrupar en tres grandes categorías.
Por un lado, están las novelas idealistas, como El amante liberal, La señora Cornelia o La española inglesa,
que presentan historias en escenarios exóticos, con personajes nobles y situaciones que exaltan valores como
el honor, la fidelidad o el amor casto. No obstante, estos personajes pueden resultar rígidos o poco
verosímiles desde una perspectiva psicológica.
En contraste, las novelas realistas o costumbristas —como Rinconete y Cortadillo, El coloquio de los perros, La
gitanilla o El licenciado Vidriera— se centran en la vida cotidiana y en personajes del bajo mundo. En estas
piezas se despliega una visión crítica de la sociedad española de la época, con un enfoque irónico y una
capacidad de observación extraordinaria.
Aquí se encuentra la vena más humana y moderna de Cervantes. Por último, están las novelas mixtas, que
combinan lo idealista y lo realista, y donde Cervantes logra una síntesis narrativa de gran profundidad, tanto
en lo psicológico como en lo social.
Además de esta riqueza temática, las Novelas ejemplares destacan por sus innovaciones formales: el uso de
narradores múltiples, la introducción de juegos metatextuales, los diálogos ágiles y la fidelidad a los registros
del habla popular. En conjunto, estas novelas condensan los grandes temas cervantinos: el conflicto entre el
idealismo y el realismo, la complejidad del alma humana, la crítica a las apariencias y una ironía constante
que invita a pensar más allá de la superficie.
Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617)
La última gran obra narrativa de Cervantes es Los trabajos de Persiles y Sigismunda, publicada
póstumamente en 1617. Esta novela, escrita en sus últimos años de vida y dedicada "con la muerte en los
talones", se presenta como su testamento literario y espiritual.
Inspirada en la tradición de la novela bizantina, especialmente en Heliodoro, narra la historia de dos nobles
nórdicos que, disfrazados de hermanos, emprenden un viaje lleno de obstáculos a través de una Europa
fantástica para llegar a Roma, donde esperan consumar su amor y redención.
Aunque a primera vista parece una novela de aventuras, El Persiles es mucho más que eso: es una obra de
estructura compleja, con cientos de personajes, escenarios cambiantes, relatos entrelazados y episodios
simbólicos. Bajo su superficie de naufragios, secuestros y peligros, se esconde una profunda alegoría del viaje
del alma hacia la perfección.
Es el tránsito del amor terrenal al amor divino, y la lucha entre lo falso y lo verdadero. En su estilo, El Persiles
es más retórico y elevado que el resto de su narrativa, pero no renuncia a la ironía ni a la humanidad.
Cervantes incorpora elementos de la mística, la tradición clásica, los libros de viajes y su propia experiencia
vital como soldado y prisionero.
Aunque no tuvo la recepción que tuvo el Quijote, esta obra representa su despedida del mundo literario con
una ambición y complejidad impresionantes.
Características
A partir del análisis de estas tres obras, es posible identificar una serie de constantes en la narrativa de
Cervantes que configuran su legado como novelista:
❖ Versatilidad temática y estilística: alterna entre lo idealista y lo realista, lo trágico y lo cómico, lo
elevado y lo popular.
❖ Habilidad para construir personajes complejos: desde pastores idealizados hasta pícaros, locos o
nobles peregrinos profundamente humanos.
❖ Innovación formal: narradores múltiples, estructuras abiertas, estilo indirecto y juegos
metatextuales que anticipan la novela moderna.
❖ Diálogo ágil y auténtico: dominio de los registros del habla, naturalidad en las conversaciones y
ritmo narrativo.
❖ Crítica social y mirada filosófica: sus obras funcionan como espejos deformantes pero
reveladores de su tiempo.
❖ Ironía constante: Cervantes no moraliza, invita a la reflexión. Su humor es profundo, a veces
tierno, a veces ácido, pero siempre inteligente.
“DON QUIJOTE DE LA MANCHA”
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha se publicó por primera vez en 1605 en Madrid, impresa por
Juan de la Cuesta y bajo el encargo del librero Francisco de Robles. Cervantes tenía entonces 57 años y
llevaba veinte años sin publicar desde La Galatea (1585). La obra ya circulaba en manuscritos antes de su
edición oficial, como lo demuestra la carta de Lope de Vega de 1604.
Contra todo pronóstico, El Quijote se convirtió rápidamente en un fenómeno editorial, alcanzando seis
ediciones sólo en su primer año. Pronto fue traducida al inglés, en 1612, y al francés, en 1614, y logró una
amplia difusión, incluso en las Indias.
En 1615 se publicó la segunda parte, también impresa por Juan de la Cuesta. Sin embargo, un año antes, en
1614, apareció una continuación apócrifa firmada por Alonso Fernández de Avellaneda. Esta obra indignó a
Cervantes, quien respondió con ironía en los capítulos finales de su segunda parte. El impacto de esta versión
apócrifa fue tal que influyó en el rumbo narrativo del final auténtico. Este contexto histórico muestra cómo
una novela que nació como sátira fue cobrando vida propia desde su publicación.
Parodia y finalidad literaria
El propósito inicial de El Quijote fue parodiar los libros de caballerías. Cervantes lo declara en el prólogo y
también en los capítulos finales, afirmando que su intención era destruir la “máquina mal fundada” de estas
ficciones desmesuradas. Sin embargo, la sátira inicial da paso a una estructura abierta que permite al autor
reflexionar profundamente sobre la literatura y la vida.
La obra parodia los convencionalismos caballerescos mostrando cómo Don Quijote interpreta el mundo
desde la ficción: ve gigantes donde hay molinos, castillos donde hay ventas y damas nobles donde hay
labradoras. Este desfase entre realidad y percepción exhibe no solo la locura del protagonista, sino también
una lectura idealista del mundo.
Cervantes convierte la burla en camino hacia la verdad. Su crítica trasciende el género y se transforma en una
indagación sobre los límites de la verosimilitud literaria, una cuestión clave del pensamiento renacentista.
Como dice el canónigo toledano en el capítulo XLVII de la primera parte, una novela caballeresca debería
contener elementos épicos, cómicos, trágicos y líricos. Eso es precisamente lo que logra Cervantes: una obra
total, que supera la parodia y se convierte en una profunda meditación sobre la condición humana.
Narrador, estructura y técnicas de composición
Uno de los grandes logros de Cervantes en El Quijote es el tratamiento del narrador. La historia se atribuye a
un historiador árabe, Cide Hamete Benengeli, cuyo manuscrito Cervantes dice haber traducido. Esto
introduce una distancia irónica que genera ambigüedad sobre la verdad de lo narrado, y permite jugar con las
convenciones de la crónica histórica.
En la segunda parte, el juego narrativo se intensifica. Los personajes han leído la primera parte, lo que abre
una dimensión metaliteraria. Don Quijote y Sancho reflexionan sobre su fama, y otros personajes actúan
sabiendo que están dentro de una historia ya publicada.
La novela analiza así el acto de narrar. El estilo de Cervantes es flexible, capaz de adaptarse al registro cómico,
épico, pastoril, sentimental o filosófico. Esta variedad permite fundir géneros diversos sin perder cohesión.
Don Quijote, Sancho y la relación entre personajes
Don Quijote representa el idealismo extremo. Aunque su visión está deformada, su locura no lo ridiculiza
por completo: lo convierte en un personaje ético, muchas veces más lúcido que los cuerdos. Su mirada es una
denuncia del pragmatismo vulgar y de la pérdida de valores trascendentes.
Sancho Panza, su escudero, representa el realismo popular, la sabiduría campesina. No es solo un
contrapunto: aprende de su amo y acaba adoptando parte de su idealismo, mientras que Don Quijote
también se ve influido por la sensatez de Sancho.
Esta relación de mutua transformación, marcada por el afecto y la lealtad, convierte al dúo en un símbolo
universal de la dualidad humana: razón y locura, realidad e ilusión.
Episodios, aventuras y novelas intercaladas
La estructura de El Quijote gira en torno a tres salidas del protagonista. En la primera, sale solo y fracasa
rápidamente. En la segunda, acompañado por Sancho, viven las aventuras más famosas: los molinos de
viento, los galeotes, el yelmo de Mambrino, la penitencia en Sierra Morena.
En esta parte también aparecen novelas intercaladas, como El curioso impertinente, El cautivo, la historia de
Marcela y Grisóstomo o la de Cardenio y Luscinda. Estas narraciones permiten a Cervantes explorar
distintos géneros y crear una enciclopedia de la prosa de ficción de su época.
En la segunda parte, es decir, la tercera salida, estas inserciones desaparecen casi por completo. Se concentra
en el desarrollo de la fama del Quijote y se profundiza en la crítica metaliteraria.
Fuentes literarias y modelos reales
Cervantes se inspira en múltiples fuentes. De los libros de caballerías, destacan Amadís de Gaula, Palmerín
de Oliva y Tirante el Blanco. También hay influencia de las novelas pastoriles, como La Diana de
Montemayor, en episodios como el de Marcela y Grisóstomo.
Orlando furioso de Ariosto y Orlando enamorado de Boiardo también están presentes. El Entremés de los
romances, según Menéndez Pidal, pudo inspirar la idea del hidalgo trastornado por la lectura.
Algunos estudiosos han buscado modelos reales para Don Quijote en hidalgos de Esquivias o en personajes
históricos. Pero la crítica actual considera que Don Quijote es una figura puramente literaria, resultado de la
madurez ideológica de Cervantes y de su capacidad para renovar las tradiciones anteriores.
El Quijote como novela moderna y universal
Don Quijote de la Mancha ha sido considerada la primera novela moderna. Su complejidad estructural, su
reflexión sobre la ficción y su profundidad psicológica hacen de ella una obra única.
Don Quijote es símbolo del idealismo, del fracaso heroico y de la dignidad del soñador frente a la realidad. La
novela es sátira social, crítica literaria, análisis psicológico y filosofía narrativa.
En ella se cruzan la Edad Media y la Modernidad, el mito y la razón, la ilusión y la verdad. Su estructura
fragmentaria, su variedad de tonos y su conciencia del lector anticipan las novelas del siglo XIX y XX.
Autores como Flaubert, Dostoyevski, Kafka o Borges reconocieron en Cervantes a un precursor
indispensable.