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Tema 6

El principio de igualdad en la Constitución Española se manifiesta como un valor superior, una igualdad material y efectiva, y una igualdad formal ante la ley, prohibiendo la discriminación por diversas razones, incluyendo el sexo. A pesar de los avances legislativos, como la Ley Orgánica de Igualdad y la Ley contra la Violencia de Género, persisten desigualdades estructurales que requieren un reconocimiento explícito de la igualdad plena entre mujeres y hombres. La jurisprudencia del Tribunal Constitucional y del Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha evolucionado para abordar la discriminación en sus diversas formas, promoviendo acciones positivas y la paridad en la representación política.

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Tema 6

El principio de igualdad en la Constitución Española se manifiesta como un valor superior, una igualdad material y efectiva, y una igualdad formal ante la ley, prohibiendo la discriminación por diversas razones, incluyendo el sexo. A pesar de los avances legislativos, como la Ley Orgánica de Igualdad y la Ley contra la Violencia de Género, persisten desigualdades estructurales que requieren un reconocimiento explícito de la igualdad plena entre mujeres y hombres. La jurisprudencia del Tribunal Constitucional y del Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha evolucionado para abordar la discriminación en sus diversas formas, promoviendo acciones positivas y la paridad en la representación política.

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Tema 6: El principio de igualdad en la CE

La Constitución Española menciona la igualdad en tres aspectos:


➢ Como valor superior del ordenamiento jurídico (art. 1.1 CE): Según el TC, cualquier desigualdad
es contraria a ese orden de valores. No es solo una declaración formal.
➢ Como igualdad material, real y efectiva (art. 9.2 CE): Se impone a los poderes públicos el deber
de eliminar obstáculos para que la igualdad y la libertad sean efectivas.
➢ Como igualdad formal ante la ley (art. 14 CE): Se establece el principio de igualdad jurídica y se
prohíbe la discriminación por razones como nacimiento, raza, sexo, religión, opinión u otras
circunstancias personales o sociales.

La Constitución no menciona expresamente la igualdad entre mujeres y hombres, sino que la incluye dentro
de la prohibición general de discriminación por razón de sexo. Esto trata el sexo como un factor más, sin
reconocer su carácter estructural. La Constitución no contempla que esta desigualdad es histórica y aún
persiste. No se trata de diferencias puntuales, sino de desigualdades arraigadas en la estructura social y
política, originadas en la exclusión de las mujeres del espacio público y del pacto constitucional.

Los principios constitucionales deben aplicarse tanto en el ámbito público como en el privado. Sin embargo,
la sola prohibición de discriminación por razón de sexo en la Constitución no ha sido suficiente para eliminar
las desigualdades. Es necesario reconocer expresamente la igualdad plena entre mujeres y hombres. Este
reconocimiento contribuiría a desmontar el patriarcado, (sistema de poder en el que los hombres dominan
sobre las mujeres, basado en una construcción cultural y biológica del sexo que asigna roles diferenciados).

Históricamente, la igualdad formal fue una conquista de la Revolución Francesa a finales del siglo XVIII.
Para el liberalismo burgués, esta igualdad implicaba solo la eliminación de privilegios, otorgando a la ley el
mismo valor para todos. Sin embargo, no supuso cambios profundos en la sociedad burguesa, ya que
mantuvo las estructuras de desigualdad existentes reconociendo como único sujeto jurídico y político al
hombre blanco, con poder económico y condición de pater familias.

Tanto el resto de los hombres como todas las mujeres fueron excluidos de la ciudadanía y del
reconocimiento como sujetos políticos. Esto lleva a cuestionar si, con el tiempo, mujeres y hombres han
alcanzado realmente ese estatus. La respuesta es que aún persisten formas, a veces sutiles y otras
evidentes, de discriminación por razón de sexo.

La CE combina el enfoque liberal de la igualdad con una visión propia del Estado social y democrático de
derecho. El art. 14 (igualdad formal ante la ley) refleja el modelo liberal, mientras que el art. 9.2 (igualdad
material) representa el componente social. El art. 14 ha sido uno de los más recurridos ante el TC, lo que ha
permitido desarrollar una doctrina progresista sobre la igualdad, influida por los tribunales de Luxemburgo y
Estrasburgo.

En el ámbito de la UE, la Carta de los Derechos Fundamentales de Niza, reconoce la igualdad como uno de
sus principios fundamentales. Su capítulo III regula este derecho, destacando el artículo 21 (no
discriminación), artículo 22 (diversidad cultural, religiosa y lingüística), artículo 23 (igualdad entre mujeres y
hombres), y los artículos 24, 25 y 26, que protegen los derechos de menores, mayores y personas con
discapacidad. El Tratado de Lisboa o incorpora directamente los artículos de la Carta, pero en su artículo 6
le otorga valor jurídico vinculante.

Inicialmente, las políticas de igualdad se centraron en evitar la discriminación laboral. Luego se incorporaron
cuestiones medioambientales y, tras la Conferencia de la ONU sobre las mujeres en 1985, se empezó a
integrar el principio de igualdad en el enfoque interdisciplinar de las políticas de género y en el
empoderamiento de las mujeres.

En el ámbito estatal, la norma más influyente ha sido la Ley Orgánica de Igualdad de marzo de 2007.
También destaca la Ley contra la Violencia de Género de 2004, que ha sido clave para el desarrollo de la
legislación interna en materia de igualdad.

1. Naturaleza jurídica, contenido y ámbito material


Uno de los principales desafíos del principio de igualdad es definir su naturaleza jurídica, ya que es tanto un
principio constitucional como un derecho fundamental. En sus primeros años, la jurisprudencia del TC no fue
clara: en unas sentencias lo consideraba un derecho subjetivo y en otras, un principio general del derecho o
un límite a la potestad legislativa del Estado. Se deduce que el artículo 14 de la CE recoge tres dimensiones
distintas:
➢ La igualdad como principio general, por lo que cualquier excepción debe interpretarse de forma
restrictiva.
➢ La igualdad como derecho subjetivo de todas las personas.
➢ La igualdad como límite a la actuación de los poderes públicos

Lo que ocurre en el derecho español respecto al principio de igualdad también sucede en el derecho
europeo, ya que sus normas son de obligado cumplimiento en el derecho interno.

Aunque el reconocimiento de los DDFF en un texto escrito en la Unión Europea llegó tarde, eso no significa
que no estuvieran ya reconocidos, especialmente el derecho a la igualdad. Este reconocimiento se produjo
a través de lo que la doctrina denomina la "vía pretoriana": una interpretación y protección realizadas por el
Tribunal de Justicia de la Unión Europea (Luxemburgo). El Tribunal consideró que estos derechos, incluida
la igualdad, eran principios generales del derecho que debían guiar la interpretación del derecho
comunitario.

En la jurisprudencia del Tribunal de Luxemburgo, el principio de igualdad no implica que toda desigualdad
sea necesariamente discriminación. Para determinarla se aplica el juicio de razonabilidad y solo se prohíben
diferencias de trato sin justificación objetiva, siempre que no sea una desigualdad injustificada o irracional.
Las "acciones positivas" son medidas adoptadas para corregir las desigualdades existentes en la sociedad,
que surgen debido a la igualdad formal. Es decir, el paso de la igualdad formal (art. 14 CE) a la igualdad real
y efectiva (art. 9.2 CE) se logra mediante estas acciones.

El principal desafío en el contenido de la igualdad es determinar qué se entiende por juicio de razonabilidad.
Esto implica demostrar que cuando las mismas normas tienen efectos diferentes para distintas personas,
esas diferencias deben ser justificadas como razonables. Para ello, se deben considerar tres problemas
clave:
➢ Que exista desigualdad en los hechos o supuestos.
➢ Que esa desigualdad sea evidente en las consecuencias jurídicas.
➢ Que haya proporcionalidad entre los medios utilizados y el fin que se persigue.

La jurisprudencia del Tribunal Constitucional español ha ido perfilando los elementos del juicio de
razonabilidad.

Según esta jurisprudencia, no se da el juicio de razonabilidad, y por tanto hay discriminación, cuando se
cumplen los siguientes requisitos (que también utiliza el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de
Estrasburgo):
➢ Que exista desigualdad.
➢ Que haya razones para justificar esa desigualdad (test de la relevancia).
➢ Que no haya una justificación válida para la desigualdad de trato, lo cual obliga a evaluar si la
diferencia es proporcional a los objetivos que se desean alcanzar (test de razonabilidad).

En 1998, una sentencia del Tribunal Constitucional español estableció que las normas jurídicas aprobadas
por los operadores públicos deben perseguir un fin legítimo y que de esas normas deben desprenderse
claramente los fines que buscan. Además, las normas no pueden incurrir en desproporciones evidentes al
asignar derechos u obligaciones.

Es complicado aplicar criterios generales para determinar cuándo ciertas desigualdades son incompatibles
con los valores reconocidos en la Constitución. Solo se puede considerar una quiebra de este principio
cuando hay un trato diferenciado arbitrario, no justificado por los poderes públicos.

El Tribunal Constitucional establece que, para demostrar una violación del principio de igualdad, quien ha
sufrido el trato distinto debe probar que es ilegítimo. Es decir, se traslada la carga de la prueba a quien
defiende que una diferenciación es inapropiada.

El art 14 CE incluye una lista incompleta de posibles causas de discriminación que han sido utilizadas a lo
largo de la historia: raza, sexo, religión y opinión. Además, se recurre a una cláusula general que abarca
cualquier otra condición o circunstancia personal o social. Sin embargo, es importante señalar que no todas
las causas mencionadas en la norma son iguales. En particular, el sexo no se puede equiparar al resto de
las causas, ya que es la primera de todas y afecta a toda la humanidad.

Existen otras posibles causas de discriminación, como la lengua, las condiciones físicas o la posición
económica. Para ampliar el catálogo de cláusulas, es necesario recurrir a la normativa internacional, como
las DDDHH, pactos internacionales o el Convenio de Roma, que considera que la pertenencia a una minoría
social o nacional puede ser una causa de discriminación, pero no todas las causas son constitucionalmente
relevantes.

En función de la jurisprudencia de la UE y la legislación española podemos decir que hay


tres categorías diferentes de discriminación. Son:
➢ Discriminación Directa: Ocurre cuando una categoría sospechosa de discriminación, como el
sexo, se utiliza para dar un trato diferente y desfavorable en situaciones idénticas. Es fácil de
detectar y se refiere, por ejemplo, a una empresa que paga salarios diferentes a hombres y
mujeres en el mismo puesto. El Tribunal de Luxemburgo establece que estas discriminaciones se
pueden identificar con criterios legales como la igualdad salarial y la identidad del trabajo.
➢ Discriminación Oculta: Son medidas discriminatorias que no se refieren directamente a una
categoría sospechosa de discriminación, pero tienen efectos desiguales. Por ejemplo, pagar
menos a los trabajadores a tiempo parcial, un colectivo predominantemente femenino, sin que
haya una norma que lo justifique.
➢ Discriminación Indirecta: Consiste en medidas aparentemente neutras que, al aplicarse, afectan
negativamente a un grupo específico, como las mujeres. Un ejemplo sería la política empresarial
que favorece la movilidad laboral, que perjudica a las mujeres que, en general, tienen menos
disponibilidad por sus responsabilidades familiares. El Tribunal Constitucional español la define
como un trato aparentemente no discriminatorio pero que tiene un impacto desigual y perjudicial,
especialmente por diferencias de sexo.

Las medidas de acción positiva son estrategias que buscan corregir desigualdades y promover la igualdad
entre mujeres y hombres. Están reconocidas tanto en los TTII como en el derecho español. Estas medidas
no violan el principio de igualdad, ya que se consideran excepciones justificadas. Un ejemplo son las cuotas,
que reservan puestos de trabajo para colectivos desfavorecidos, aunque generalmente se da prioridad al
mérito y la capacidad.

Sin embargo, cuando se aplican cuotas de manera rígida, deben ser interpretadas de forma restrictiva para
evitar discriminaciones inversas. Un caso concreto es la democracia paritaria, que busca aumentar la
representación política de las mujeres, un colectivo históricamente subrepresentado.

La democracia paritaria en España busca asegurar que tanto mujeres como hombres tengan una
representación igualitaria en los órganos políticos, estableciendo que ninguno de los sexos puede tener
menos del 40% en las listas. Este principio tiene como objetivo neutralizar las desigualdades históricas
basadas en el sexo, promoviendo la participación equitativa de ambos géneros en la política, un ámbito
históricamente dominado por hombres.

En Europa, las acciones positivas, especialmente en el ámbito laboral, fueron interpretadas de manera
diversa por los tribunales. El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) las ha abordado
principalmente en este contexto. Sin embargo, algunos países como Francia han rechazado estas medidas.

Por ejemplo, el Consejo Constitucional de Francia declaró inconstitucional una ley que imponía un
porcentaje mínimo de mujeres en las candidaturas electorales, argumentando que vulneraba el derecho al
sufragio pasivo. En respuesta, Francia reformó su Constitución para reconocer explícitamente la igualdad
entre mujeres y hombres como un derecho fundamental.

El tema de la paridad en las listas electorales también se ha debatido a nivel autonómico y nacional en
España. En 2007, la Ley Orgánica de Igualdad introdujo la paridad a nivel nacional, después de que varias
leyes autonómicas intentaran aplicar medidas similares, aunque algunas de estas fueron recurridas por
inconstitucionalidad. En 2008, el Tribunal Constitucional resolvió varias impugnaciones sobre este tema,
reafirmando la validez de la Ley de Igualdad de 2007.

El TC, en su sentencia de 2008, consideró que la exigencia de una composición equilibrada de las listas
electorales para el Congreso, el Parlamento Europeo y las elecciones autonómicas no era inconstitucional.
Considera que el margen 40/60 no contraviene los artículos 14 y 23 CE.

Además, señaló que la obligación impuesta a los partidos políticos para presentar candidaturas equilibradas
no vulnera la Constitución, ya que no afecta a las causas de elegibilidad o inelegibilidad, sino que es una
condición que recae sobre los partidos, que no son los sujetos directos del derecho al sufragio activo y
pasivo.
También defiende que la paridad en las listas electorales encaja perfectamente en el artículo 9.2 de la
Constitución Española, que promueve la igualdad material y obliga a los poderes públicos a eliminar los
obstáculos para que la igualdad sea real y efectiva.

En resumen, el TC considera que la regulación de la igualdad contribuye al libre desarrollo de la


personalidad, y que los partidos políticos son el canal adecuado para lograr una igualdad efectiva entre
hombres y mujeres, complementando la igualdad formal del artículo 14 CE con la igualdad material del
artículo 9.2 CE.

2. Consideraciones sobre la igualdad de género


El desarrollo normativo en torno a la igualdad ha avanzado considerablemente, especialmente en el ámbito
de la igualdad de género. En este contexto, el Estatuto de los Trabajadores juega un papel importante,
estableciendo que no se pueden producir discriminaciones por razón de sexo en las relaciones laborales.
Además, la normativa establece reglas comunes para definir categorías y grupos laborales con el fin de
regular promociones y salarios, asegurando un trato igualitario en estos aspectos.

En cuanto a la conciliación de la vida personal y laboral, se han dado avances importantes en la legislación
española, especialmente con la LO de igualdad de 2007. Antes de esta ley, ya se habían aprobado diversas
normativas para promover un reparto más equitativo entre mujeres y hombres en el ámbito laboral y familiar.
Por ejemplo, en 1989 se extendió el permiso de lactancia a los padres, y en 1999 y 2003 se amplió el
permiso de excedencia para cuidar a los hijos a ambos progenitores. En 2021 se dio un paso más al igualar
el permiso por nacimiento a ambos progenitores por 16 semanas.

Sin embargo, la jurisprudencia del TC sigue sin abordar completamente las dificultades que plantea la
conciliación, especialmente en lo que respecta a los roles de género históricamente asignados, como la
percepción de que las mujeres son las principales responsables de los cuidados familiares (de menores,
mayores o dependientes).

Por otro lado, la legislación ha avanzado en la promoción de la igualdad de género, destacando la Ley de 13
de octubre de 2003, que introduce el impacto de género en la elaboración de las normas estatales.
También, en 2003, se aprobó una norma que regula medidas fiscales, administrativas y sociales,
enfocándose en acciones positivas y en la lucha contra el acoso y la discriminación. Se han seguido
desarrollando iniciativas como la creación de juzgados de violencia de género, códigos de autorregulación y
convenios con empresas.

Un ámbito particularmente importante es la lucha contra la violencia de género, que representa una de las
manifestaciones más claras de desigualdad. Para enfrentar este problema, se aprobó la Ley Orgánica de 28
de diciembre de 2004, que tiene como objetivo prevenir, sancionar y erradicar la violencia de género, así
como brindar asistencia a las víctimas. Aunque esta ley fue impugnada por algunos jueces y tribunales, el
TC ha ratificado su constitucionalidad en todas las sentencias emitidas al respecto

La Ley Integral contra la Violencia de Género en España


Es una ley estatal que abarca medidas de sensibilización, prevención e intervención en diversos ámbitos.
Las víctimas tienen derecho a la asistencia jurídica gratuita, así como a medidas de protección en el ámbito
laboral, como la movilidad, la ausencia del puesto de trabajo, la suspensión con reserva del puesto y
medidas de apoyo económico.

La ley también establece tutelas institucionales, como la Delegación Especial del Gobierno contra la
Violencia sobre la Mujer, cuyo objetivo es proponer políticas gubernamentales y coordinar las acciones en
esta área. Una modificación importante de la ley en 2015 fue la inclusión de los menores como víctimas de
violencia de género, lo que permitió incluirlos en las medidas cautelares y de aseguramiento.

Una de las controversias de la ley es la introducción de un tipo específico de lesiones agravadas cuando la
víctima es agredida por una pareja o mujer con quien mantiene una relación afectiva. La pena para estas
agresiones es menor que la impuesta cuando la lesión la causa un varón.

Desde el punto de vista de la tutela judicial, la Ley Integral estableció los juzgados especializados en
violencia contra la mujer y la figura del fiscal de la violencia contra la mujer. También introdujo medidas
específicas como la obligación del agresor de abandonar el domicilio familiar, la regulación de la patria
potestad y medidas de alejamiento.
Sin embargo, desde su implementación, se destacó que no había suficientes medios económicos para
hacer la ley efectiva y que era necesario un cambio cultural en la sociedad para erradicar los patrones
machistas. Esto incluye la necesidad de campañas de sensibilización, información y asistencia social, así
como avanzar en la igualdad.

El Tribunal Constitucional español, en 2008, declaró la constitucionalidad de la Ley Integral contra la


Violencia de Género, rechazando los recursos de inconstitucionalidad que se habían planteado. El TC
consideró que las medidas adoptadas no vulneraban el artículo 14 de la Constitución, ya que el legislador
había establecido una diferencia razonable, sin que existieran consecuencias desproporcionadas. El TC
destacó que la legislación debía ir más allá de las normas existentes, incrementando las medidas de
seguridad para proteger la integridad de las mujeres en las relaciones de pareja, donde las mujeres están
en una situación de debilidad y dominio.

Ley Orgánica de Igualdad


También conocida como “Ley código de la igualdad”, se caracteriza por:
➢ Afecta tanto a mujeres como a hombres, no se limita solo a políticas para mujeres. Solo las
acciones positivas del artículo 11 van dirigidas exclusivamente a mujeres.
➢ Tiene un carácter transversal, abarcando múltiples ámbitos más allá del laboral, y afecta tanto a
poderes públicos como a relaciones entre particulares. Esta transversalidad (art. 15) incluye
medidas compensatorias, como el uso del lenguaje inclusivo.
➢ Integra conceptos y políticas del derecho internacional y europeo, trasladando directivas
comunitarias sobre discriminación por sexo al derecho interno.

La LO de Igualdad modificó más de 20 leyes orgánicas y ordinarias. Entre sus elementos destacados están
la creación de una comisión interministerial de igualdad y un plan estratégico de igualdad de oportunidades.
En cuanto a su contenido:
➢ El título preliminar establece el objetivo y ámbito de la ley: eliminar cualquier forma de
discriminación.
➢ El título I regula el principio de igualdad y la protección frente a la discriminación, aplicable tanto al
sector público como al privado. Aquí se abordan los tipos de discriminación, acoso sexual o por
razón de sexo, acciones positivas y la tutela constitucional.
➢ El título II trata sobre las políticas públicas de igualdad, subrayando el principio de transversalidad
y la necesidad de garantizar la presencia equilibrada de mujeres y hombres en cargos de
responsabilidad.
➢ El título IV regula el derecho al trabajo en igualdad de oportunidades, destacando los planes de
igualdad en las empresas.
➢ Los títulos V, VI, VII y VIII abordan el principio de igualdad en el empleo público, la igualdad de
trato en el acceso a bienes y servicios, la igualdad en la RSC de las empresas y sobre la
organización constitucional, respectivamente.
➢ La parte final de la ley recoge reformas a más de 20 leyes del ordenamiento jurídico, como la
LOREG, la LOPJ o el Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal, entre otras, para adaptar sus
contenidos al principio de igualdad.

Además de esta ley de igualdad, la estrategia estatal se completa con una abundante normativa autonómica
que refuerza los objetivos de igualdad. En los estatutos de autonomía se recoge la igualdad de mujeres y
hombres, transversalidad, empoderamiento, igualdad de oportunidades, acciones positivas, violencia de
género…

Otras materias:
En otro ámbito, hay que aludir a la ley de octubre de 2006 que regula la igualdad del hombre y la mujer en la
sucesión de títulos nobiliarios. Para anular esta discriminación, la ley de 2006 impone que el título nobiliario
lo herede el primogénito/a.

También en materia de orientación sexual se abordó la reforma del CC en el tema de contraer matrimonio.
Desde el año 2005 se pueden celebrar matrimonios con personas del mismo o distinto sexo en igualdad de
condiciones. Para no introducir discriminaciones terminológicas, cuando se hace referencia al sexo de los
integrantes se habla de cónyuges o consortes.
Se aprobó una ley que hace referencia a la modificación de la inscripción registral. Se pretenden regular los
requisitos necesarios para proceder en el registro civil para modificar el sexo cuando no se corresponde con
su verdadera identidad de género. También en esa ley se permite el cambio del nombre propio cuando no
concuerde con el sexo reclamado. El objetivo de la norma es contribuir al libre desarrollo y la identidad de
las personas.

También en otro ámbito particular hay que hacer referencia al tema de las personas dependientes. Fue
regulado por una ley de 2006 que regulaba la promoción de la autonomía personal y la atención a las
personas en situación de dependencia. En la regulación de la dependencia no aparece una única acción
dirigida a la igualdad de este colectivo, sino que su contenido representa un efecto reflejo de la igualdad
entre mujeres y hombres, ya que históricamente han sido las mujeres quienes se han dedicado
mayoritariamente a los cuidados de este colectivo.

Los últimos desarrollos del derecho antidiscriminatorio provienen del ámbito racial y étnico. Un Real Decreto
de 2007 reguló las competencias y el régimen de funcionamiento del consejo para la promoción de la
igualdad de trato a las personas. También en este ámbito, la Ley de 2007 contra la violencia, el racismo, la
xenofobia o la intolerancia en el deporte crea una comisión con el mismo nombre encargada de formular
políticas activas contra las prácticas intolerantes y racistas en el deporte

Pacto de Estado contra la Violencia de Género:


Las víctimas de violencia de género empezaron a contabilizarse en 2003 y, a día de hoy, son más de 1100
las que han muerto a manos de sus parejas o exparejas, además de los más de 30 niños víctimas de
violencia vicaria contabilizados desde 2013. Por estos datos, el movimiento feminista comenzó a reivindicar
unas políticas públicas que dotasen de más medios y recursos al sistema actual y que, para ello, se
alcanzase un consenso entre todas las fuerzas políticas del país.

Se pretendía alcanzar un pacto de estado que permitiera avanzar en el cumplimiento del Convenio de
Estambul que España ratificó en 2014, el cual se ocupa de la prevención y la lucha contra la violencia contra
las mujeres y la violencia doméstica. En ese pacto de estado, tendrían que estar implicados todos los
partidos políticos, los poderes públicos y la sociedad civil para luchar por la erradicación de la violencia de
género en todas sus formas.

Después de un año de negociaciones, en septiembre de 2017, sin ningún voto en contra, se aprobó un
Pacto de Estado en materia de Violencia de Género. A partir de aquí, la Delegación del Gobierno para la
Violencia de Género es fijada como el órgano encargado de coordinar la ejecución de esas medidas y se
procedió a la elaboración de un documento único donde se refunden todas las medidas. En total, el
documento contiene 292 medidas.

El objetivo principal es garantizar la mejora y el perfeccionamiento del sistema para la erradicación de la


violencia de género, independientemente del partido que se encuentre en el gobierno. El pacto obliga a
impulsar medidas en coordinación con los otros ministerios, con las CCAA y con las entidades locales.

Para llevar a cabo todas las medidas recogidas en el pacto, se alcanzó un compromiso económico y global
de 1000 millones que tendrían que gastarse entre 2017 y 2022. Se ha creado un grupo de trabajo para
diseñar un sistema de indicadores que permita controlar de forma objetiva el desarrollo de esas medidas en
consonancia con la metodología de trabajo que establece la Agenda 2030.

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