Tema 5: La dignidad humana y libre desarrollo de la personalidad
La dignidad humana, en términos generales, se refiere al valor inherente que posee toda persona por el
simple hecho de serlo. Esta dignidad se manifiesta de manera global y exige respeto absoluto hacia la
persona. La dignidad, junto con el desarrollo de la personalidad, constituye una de las bases fundamentales
de los derechos humanos.
1. Reconocimiento normativo de la dignidad humana
Desde la segunda mitad del siglo XX, la dignidad humana ha sido reconocida en la mayoría de las
declaraciones internacionales y constituciones nacionales. Dependiendo de su enfoque, podemos clasificar
ese reconocimiento en varias categorías:
➢ Como valor vinculado a los derechos humanos: inseparable del conjunto de los DDHH.
➢ Como fundamento u origen de los derechos: en algunos textos se entiende que la dignidad es el
punto de partida del resto de los derechos fundamentales.
➢ Como un derecho en sí misma: dignidad como un derecho autónomo y exigible.
➢ Como límite al poder político: se protege la dignidad frente a decisiones estatales que puedan
vulnerarla.
➢ Como límite de derechos: cuando estos pueden atentar contra la dignidad de otros.
➢ Como fundamento del orden constitucional o estatal: la dignidad como base de todo el sistema
jurídico y político.
El reconocimiento normativo de la dignidad humana se da en tres niveles: internacional, europeo y nacional.
A nivel internacional, aparece por primera vez en la Carta de las Naciones Unidas de 1945, donde los
estados miembros reafirman su fe en la dignidad y el valor de la persona. (aparece en el art 1 de la Carta).
En los preámbulos de pactos como la DUDDHH se afirma que la dignidad es inherente a toda persona y que
los derechos humanos surgen de esa dignidad, constituyendo la base de la libertad, la justicia y la paz.
Desde entonces, toda la normativa y acción política de Naciones Unidas gira en torno a este principio.
Además, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con sede en Estrasburgo invoca la dignidad humana
en sus resoluciones.
En el ámbito de la UE, la dignidad humana fue reconocida por primera vez en la Declaración de Derechos y
Libertades Fundamentales aprobada por el Parlamento Europeo en 1989. Este texto fue el antecedente de
la actual Carta de Derechos Fundamentales de la UE, aprobada en Niza en el año 2000 (y con carácter
vinculante desde 2009 con la entrada en vigor del Tratado de Lisboa). El Tribunal de Justicia de la UE ha
señalado en sus sentencias que la dignidad humana es un principio general del derecho comunitario,
derivado de las tradiciones constitucionales comunes de los Estados miembros.
La Carta de Derechos Fundamentales dedica su Título I a la dignidad, se tratan (arts1-5) la inviolabilidad de
la dignidad, el derecho a la vida, la integridad física y mental, la prohibición de la tortura y de tratos
inhumanos o degradantes, así como la prohibición de la esclavitud y el trabajo forzado. También se han
introducido derechos como la prohibición de prácticas eugenésicas, de la comercialización del cuerpo
humano o de sus partes, y de la clonación.
2. La dignidad humana en la CE
En la CE, la dignidad humana tiene un reconocimiento claro tanto en el preámbulo como en su articulado. El
preámbulo señala que la norma suprema busca asegurar una calidad de vida digna para todos, y el artículo
47 menciona el derecho a una vivienda digna y adecuada.
No obstante, el artículo más relevante en esta materia es el 10.1, que encabeza el Título I sobre derechos y
deberes fundamentales y que sitúa la dignidad de la persona como eje central del orden constitucional
español.
El artículo 10.1 establece que la dignidad es el fundamento del orden político y la base de los derechos
fundamentales, convirtiéndose así en un principio rector supremo del ordenamiento jurídico. Además,
vincula la dignidad con el libre desarrollo de la personalidad, lo que implica reconocer la autonomía
individual y la obligación de los poderes públicos de crear las condiciones para que cada persona pueda
desarrollarse plenamente (abstenerse de vulnerar el derecho y mecanismos para garantizar su respeto).
art.10:” 1. La dignidad de la persona, los derechos inviolables que le son inherentes, el libre desarrollo de la
personalidad, el respeto a la ley y a los derechos de los demás son fundamento del orden político y de la
paz social.
2. Las normas relativas a los derechos fundamentales y a las libertades que la Constitución reconoce se
interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de Derechos Humanos y los tratados y acuerdos
internacionales sobre las mismas materias ratificados por España.”
Hoy en día, el concepto de dignidad humana sí se aborda con mayor profundidad, por ejemplo, en derechos
que afectan particularmente a mujeres, como la interrupción voluntaria del embarazo, los vientres de
alquiler, la prostitución o el uso del velo por motivos religiosos. Pese a su importancia, la jurisprudencia del
TC y del Tribunal Europeo de Derechos Humanos no ofrece una definición clara y uniforme sobre el
contenido y la naturaleza jurídica de la dignidad (a lo mejor interesa dejar el concepto abierto para no
limitarlo)
La discusión sobre la dignidad humana y el libre desarrollo de la personalidad gira en torno a si estos
conceptos deben considerarse como un derecho, un valor o un principio.
➢ Jurisprudencia constitucional: La jurisprudencia no considera generalmente que la dignidad
humana sea un derecho constitucional autónomo. Más bien, la ve como el fundamento último de
otros derechos fundamentales, y como un valor constitucional que se refleja en esos derechos. El
TC utiliza el artículo 10.1 de la CE como un argumento para reforzar decisiones previamente
tomadas.
➢ Mayoritaria de la doctrina: La posición más común es que la dignidad humana es un valor
supremo dentro del ordenamiento jurídico. Este valor es la base de todos los demás valores
reconocidos en la Constitución, otorgándole la trascendencia que el respeto y reconocimiento de
la dignidad humana tienen dentro de la organización social.
➢ Principio jurídico constitucional: Para dotar de mayor eficacia normativa a la dignidad, muchos
doctrinarios consideran que debe ser entendida como un principio jurídico constitucional. Esto le
permitiría funcionar como una pauta interpretativa de todo el ordenamiento jurídico y servir como
un canon de interpretación de la constitucionalidad de normas y actos jurídicos.
3. Dignidad, igualdad y libertad
En un estado democrático, el fundamento del orden político y la paz social es la dignidad humana, por lo
que el principio de igualdad y no discriminación se convierte en el núcleo político y jurídico del estado.
La igualdad se asegura a través de los derechos fundamentales, asegurando que todas las personas
puedan disfrutar de los mismos derechos. Este reconocimiento y garantía de derechos es visto como el
mínimo necesario para un sistema democrático, donde la igualdad de derechos permite expresar la
individualidad y diversidad de cada ser humano.
La libertad reconoce que existen desigualdades materiales y sociales que deben ser superadas mediante
una constitución del estado social. La sociedad, al generar desigualdad, requiere que el derecho del
ordenamiento jurídico actúe para crear igualdad, lo que implica una obligación de los poderes públicos en
un estado social.
La tarea del estado es transformar las desigualdades sociales en igualdades jurídicas, buscando la igualdad
real y efectiva. Aunque la igualdad de oportunidades es un punto de partida, no garantiza resultados iguales
para todos. La verdadera igualdad solo se alcanza cuando el estado, basándose en la dignidad humana y
los derechos sociales, interviene para asegurar el libre desarrollo de la personalidad y la igualdad material.
¿Quiénes son los sujetos de la dignidad humana?
Hoy entendemos la dignidad como un estatus que otorga a todos los individuos el mismo rango. Sin
embargo, esto solo ha sido posible con el desarrollo del estado constitucional, social y democrático de
derecho, que desafía y renuncia al sujeto tradicional del constitucionalismo liberal.
El constitucionalismo liberal se basaba en la igualdad formal. Eso consistía en que la dignidad y la igualdad
formal solo correspondían a un grupo selecto de seres humanos: hombres blancos, con poder adquisitivo y
formación intelectual, es decir, hombres burgueses. El resto de la población quedaba excluido de este
derecho a la igualdad.
En ese original liberalismo, los espacios público y privado estaban claramente separados:
➢ Espacio privado: Estaba restringido principalmente a las mujeres, quienes carecían de derechos y
no participaban en la vida pública.
➢ Espacio público: Estaba reservado exclusivamente para los varones.
Después de la IIGM se reconoció normativamente la dignidad humana tanto en las constituciones como en
los textos jurídicos internacionales. En 1993, en la Conferencia Mundial de Derechos Humanos celebrada
en Viena, se aprobó una declaración en la que se afirmó en su preámbulo que "todos los derechos humanos
derivan de la dignidad inherente a la persona humana".
En su capítulo, titulado "Igualdad, dignidad y tolerancia", se incluye bajo la protección de la dignidad,
medidas contra el racismo, la discriminación, la xenofobia, así como la protección de las minorías, los
derechos de la mujer, la infancia, las personas con discapacidad, y se condena la tortura.
El valor superior de la igualdad que establece el art 1.1 CE implica que la base de la democracia se
fundamenta en la igualdad de todos los seres humanos, tanto mujeres como hombres. Además, el artículo
permite que cada persona desarrolle libremente su personalidad, lo cual refuerza el principio de igualdad.