1.
Características de la Generación del 98
La Generación del 98 agrupa a un conjunto de escritores que, a raíz de la profunda crisis
nacional provocada por el Desastre del 98 (la pérdida de las últimas colonias españolas:
Cuba, Puerto Rico y Filipinas), sintieron la necesidad de reflexionar críticamente sobre
España. Estos autores no formaron un grupo cerrado, pero compartieron inquietudes
similares y un firme propósito de renovación cultural y moral. Entre sus rasgos principales
destaca una actitud crítica frente a la situación política, social y cultural del país, así como
un profundo interés por la llamada “España real”, es decir, aquella que se alejaba de los
tópicos gloriosos del pasado imperial y mostraba sus miserias rurales, su atraso económico
y su estancamiento cultural.
La Generación del 98 se caracteriza también por su afinidad con las corrientes filosóficas
del existencialismo, en especial con pensadores como Schopenhauer, Nietzsche y
Kierkegaard, que influyeron en su reflexión sobre el sentido de la vida, el dolor, la fe y la
muerte. Literariamente, rechazaron los excesos del realismo y naturalismo decimonónicos,
buscando un estilo más sencillo, sobrio y auténtico, capaz de transmitir la emoción y la
reflexión más que la mera descripción objetiva.
Su producción literaria abarcó diversos géneros, aunque brillaron especialmente en el
ensayo y la novela, donde introdujeron la introspección, la fragmentariedad y un
subjetivismo que dotaba al relato de una nueva profundidad. Entre los principales autores se
encuentran Miguel de Unamuno, Azorín, Pío Baroja, Antonio Machado y Ramón María del
Valle-Inclán. A través de sus obras, cada uno a su manera, propusieron una revisión del ser
español, del alma nacional y de los valores que debían regir una futura regeneración.
2. El tema de España en la Generación del 98
El problema de España es el gran eje temático de la literatura del 98. Sus miembros
sintieron la necesidad urgente de examinar las causas de la decadencia del país,
proponiendo un análisis que no fuera complaciente ni superficial. En lugar de idealizar el
pasado, como era común en otras épocas, los autores del 98 asumieron una postura crítica,
a menudo teñida de melancolía y escepticismo.
España se convierte, en sus obras, en una especie de interrogante existencial. Se interesan
por la España profunda, la de los pueblos abandonados, la meseta árida de Castilla,
símbolo de una nación anclada en su atraso. Este paisaje castellano, austero y severo, será
tratado con un tono poético que roza a veces lo místico. Además, no solo les preocupa la
decadencia material, sino también la crisis espiritual y moral del país.
Unamuno plantea la lucha interna entre la fe y la razón, entre la inmortalidad anhelada y el
escepticismo racional; Baroja dibuja una sociedad mezquina, marcada por el conformismo y
la corrupción; Antonio Machado transforma los campos de Castilla en el alma misma de
España, desangrada pero todavía viva en su esencia popular. A pesar del pesimismo
general, subyace en sus obras una voluntad de regeneración basada en la autenticidad, la
cultura y la ética.
3. Características de la Generación del 27
La Generación del 27 representa uno de los momentos más brillantes de la literatura
española del siglo XX, sobre todo en el ámbito de la poesía. Se trata de un grupo de
escritores jóvenes, cultos y cosmopolitas, que compartieron inquietudes estéticas y una
sincera amistad personal. Su nacimiento como generación literaria suele fecharse en 1927,
cuando varios de ellos se reunieron en Sevilla para rendir homenaje a Luis de Góngora, en
el tricentenario de su muerte.
Los poetas del 27 buscaron conjugar el respeto a la tradición literaria española con las
nuevas corrientes de vanguardia europeas. Admiraron profundamente a los clásicos
(Góngora, Garcilaso, Lope de Vega) al tiempo que se dejaron influir por movimientos como
el simbolismo, el surrealismo y el futurismo. De este modo, lograron una síntesis original
entre lo clásico y lo moderno, entre la perfección formal y la libertad creativa.
Su poesía se caracteriza por el uso innovador de la metáfora, por una gran musicalidad y
por la experimentación con distintas formas métricas, combinando el soneto y el romance
con el verso libre. En sus primeros años predominaron la estética pura y la poesía
deshumanizada, pero pronto, ante la situación social y política de España, incorporaron
temas humanos, sociales y existenciales. Entre los principales miembros de esta
generación destacan Federico García Lorca, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Luis
Cernuda, Gerardo Diego, Dámaso Alonso y Pedro Salinas.
4. Etapas de la Generación del 27
El recorrido artístico de la Generación del 27 puede dividirse en tres fases diferenciadas. En
un primer momento, hasta aproximadamente 1927, predomina una poesía de arte puro,
influida por el esteticismo y la búsqueda de la perfección formal. En esta etapa, los poetas
muestran un especial interés por las formas populares (el cancionero, el romance) y cultas
(el soneto), y reivindican la figura de Góngora como un modelo de virtuosismo técnico y
creatividad metafórica.
Tras 1927 y hasta el estallido de la Guerra Civil en 1936, sus obras muestran una evolución
hacia una poesía más comprometida con la realidad. Se abre paso la rehumanización
poética: frente a la perfección formal, ahora importa la expresión del dolor humano, de la
injusticia social, de la angustia existencial. El surrealismo influye poderosamente en esta
etapa, liberando la imaginación y permitiendo abordar los conflictos interiores y sociales
desde nuevas perspectivas estéticas.
Finalmente, con la llegada de la Guerra Civil, el grupo se disgrega. La muerte de García
Lorca y el exilio de muchos de sus miembros (Alberti, Cernuda, Salinas) suponen un trauma
que marca profundamente su obra posterior. La poesía se torna elegíaca, de nostalgia y de
pérdida. Los poetas que permanecen en España, como Dámaso Alonso o Vicente
Aleixandre, evolucionan hacia formas más introspectivas o existencialistas, inaugurando
nuevos caminos para la poesía de la posguerra.
5. Elementos de la poesía social de la posguerra
Tras la devastadora Guerra Civil, la poesía española vivió un giro hacia el compromiso
social. Frente a la censura, el miedo y la represión del régimen franquista, surgió una poesía
que, lejos de refugiarse en el esteticismo, optó por ser un medio de denuncia y de
testimonio. Esta nueva corriente, conocida como poesía social, pone el énfasis en el
contenido más que en la forma, buscando una comunicación directa con el lector.
Los temas que abordan los poetas sociales son fundamentalmente la denuncia de las
injusticias, la miseria de las clases populares, la represión política, la falta de libertad y la
necesidad de solidaridad humana. El tono es sencillo, directo, sobrio, desprovisto de
ornamentos retóricos innecesarios, pues el objetivo es hacer llegar el mensaje a la mayor
cantidad de personas posible.
Entre los principales representantes de la poesía social destacan Gabriel Celaya, Blas de
Otero y José Hierro. Celaya defendía que la poesía debía ser un "arma cargada de futuro",
es decir, un instrumento activo en la lucha por una sociedad más justa. Blas de Otero, por
su parte, expresó con particular intensidad la angustia y la esperanza del hombre común.
Esta poesía, comprometida y ética, se convierte en una de las expresiones más auténticas
de la España de la posguerra.
6. Rasgos temáticos y formales del realismo mágico
El realismo mágico es una de las corrientes literarias más características de la narrativa
hispanoamericana del siglo XX. Surgió en torno a mediados del siglo, y su máxima
expresión se encuentra en autores como Gabriel García Márquez, Juan Rulfo, Alejo
Carpentier y posteriormente Isabel Allende. Se caracteriza, ante todo, por la convivencia
natural de lo fantástico y lo real dentro del mismo universo narrativo, sin que los personajes
se asombren ante lo extraordinario.
En cuanto a los temas, el realismo mágico explora las tensiones sociales, políticas y
culturales de América Latina, pero lo hace mediante el recurso a mitos, leyendas y
tradiciones populares. Los acontecimientos sobrenaturales no rompen la lógica interna de
las historias, sino que forman parte de una visión del mundo donde lo mágico está integrado
en la vida cotidiana. La historia oficial, las tradiciones orales, la religión y la política se
entrelazan en una misma corriente narrativa.
Formalmente, el realismo mágico utiliza un lenguaje sumamente sensorial, repleto de
metáforas, descripciones detalladas y ritmos narrativos pausados. La estructura del tiempo
suele ser no lineal: los saltos temporales, los ciclos repetitivos y la fusión del pasado y el
presente son recursos habituales. Los narradores suelen ser omniscientes y relatan los
hechos fantásticos con la misma naturalidad que los hechos reales, borrando la frontera
entre ambos. Los espacios narrativos son, a menudo, lugares ficticios pero reconocibles,
como el mítico Macondo de "Cien años de soledad", donde la historia de un pueblo resume
toda la historia de América Latina.