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Contemplando A Cristo

El documento aborda la importancia de la contemplación de Cristo como el centro de la vida espiritual, enfatizando que contemplar a Jesús transforma y satisface el corazón. Se presentan principios para una contemplación efectiva, incluyendo la necesidad de aquietarse, encontrar el lugar adecuado, inquirir diligentemente y mantener una actitud de oración y adoración. La contemplación no es un momento pasajero, sino un estilo de vida que lleva a una relación profunda y transformadora con Él.

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Contemplando A Cristo

El documento aborda la importancia de la contemplación de Cristo como el centro de la vida espiritual, enfatizando que contemplar a Jesús transforma y satisface el corazón. Se presentan principios para una contemplación efectiva, incluyendo la necesidad de aquietarse, encontrar el lugar adecuado, inquirir diligentemente y mantener una actitud de oración y adoración. La contemplación no es un momento pasajero, sino un estilo de vida que lleva a una relación profunda y transformadora con Él.

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CONTEMPLANDO A CRISTO

PRINCIPIOS PARA ENTENDER LA CONTEMPLACIÓN: Todo gira en torno a Él. Es el


fundamento: es el centro, la plenitud de Dios. Cristo es el evangelio. "No contemplamos lo
que no valoramos" Él es todo lo que necesito. Jesús nos da todo, pero más quiere darse a
Él. "buscá primero el reino" Ojos que ven, corazón que arde. Ver a Jesús, su hermosura, es
caer rendidos seducidos ante Él. Es un anhelo real, un hambre insaciable. El corazón arde
porque el combustible es Él.
Heb.3.1; katanoeo: observar completamente, contemplar para comprender. 12.1-3: aforáo
(puestos los ojos): considerar atentamente, contemplar. Mirar con intención, fijando la mirada
en un solo objetivo excluyendo todo lo demás alrededor, no distraerse. Analgízomai:
contemplar con estima (aprecio, valoración, admiración)
Contemplación: de lo anterior se desprende: Mirar con atención a los detalles, interés y
propósito, discernir, percibir, considerar en la mente. Ver claramente. Ver para: conocer,
aprender, admirar, agradar. (Sgo.1.25: mirar dentro). 1Jn.1.1: contemplar con el espíritu, una
mirada ferviente, por una experiencia.
2Cor.3.17-18: mirando a cara descubierta: correr el velo, descubrir. TLA: no tenemos ningún
velo que nos cubra la cara, somos como un espejo que refleja la grandeza del Señor, quien
cambia nuestra vida. Gracias a la acción del Esp en nosotros, c/vez nos parecemos (misma
opinión, mente, modo, carácter) más a Él. Es decir; nos convertimos en aquello que
contemplamos. El ej.: Moisés contempló y se notó en su rostro.
La mujer de Jn.4 va a un pozo a buscar saciar su sed con un agua natural, llevaba un
cántaro. Se encuentra con Jesús, sus ojos se fijan en Él, y en esa conversación, su corazón
cual cántaro, se llena, satisface y sana. Enseñanza: no corras a las fuentes que satisfacen un
momento, sin darte cuenta que Jesús está sentado ahí llamando nuestra atención, para verlo.
Él se sienta, al lado de las canciones, mensajes, programas, de los ungidos, pero es
Él quien satisface. Saber esto, ya no son momentos, es una realidad constante, de su
interior corren ríos de agua viva. Ya no es suficiente un culto, enseñanza, aposento alto, ahora
su pasión, en todo contempla a Cristo, se apasiona por la presencia. Eso responde a:
Contemplar a Cristo, me hace disfrutar todo lo anterior porque está Él. Si dejamos de
contemplarlo caemos en la monotonía, frialdad, porque sin comunión, es solo religiosidad.
Contemplar no es esperar algo, sino a alguien. Es vivir en ese primer amor. Protos: el
primero (en tiempo, lugar, orden o importancia): principal, influyente, mejor. No es solo mirar,
sino, encontrarte con Él en esa mirada. Es cultura de observación y admiración. No es solo
saber quién es, sino quien es para mí. No solo creer sino permanecer. No solo estar con Él,
sino conocerlo (Felipe; Jn.14.9). No una experiencia, es una relación (Sal.106.20). Caminar en
la unción no lo es todo, si no está Él, aquel día dirá: no te conozco. Ap.: que tus buenas obras
no sean mayores que tu primer amor.
El principio de la fascinación: (atracción irresistible). Encontrarte con la belleza de su
persona, más que en su poder. Moisés entró en este nivel de amor con Él: si tu presencia no
va, no quiero nada, y aún más, mostrame tu gloria, aunque arriesgue mi vida. Para los judíos
las escrituras son un beso de Dios (Can.1.1-4) simboliza cercanía, afecto y comunión. Placer
en la palabra. Cantares describe tanto amor: Él es mío y yo de Él, una desesperación por el
amado. Sal.45.2 DHH: el encanto brota de tus labios, eres el más hermoso. Is.33.17: tus
ojos verán al Rey en su hermosura. Incluso sus pies que representa el evangelio; son
hermosos (Is.52.7)
Contemplarlo es mirarlo con ojos de amor. Hablamos también de enfoque y permanencia.
¿Cómo contemplarlo?
A: Aquietarnos. Es un estado de fe y espera en su presencia. Sal.46.10: Quietos: detenerse,
ceder. Es aquietar la mente. En una vida acelerada no podemos contemplarlo, necesitamos
parar. Sal.62: a medida que entro a su presencia, en silencio, salir del ruido del mundo, callar
esas voces, comenzás a adorar y se despierta tu espíritu.
B: El lugar adecuado. Sal.27.4. Hay que cambiar ambientes, lugares, conversaciones, lo
que contamina. Porque si la mente está viciada, afanada, la vanidad, no puedo verlo. Estoy
embotado (2Cor.3.14: débil, menos activo y eficaz, insensible). Los canales de atención están
nublados. No puedo conectar.
C: Inquirir diligentemente (actuar o trabajar con prontitud, cuidado, demostrando interés y
atención). 1Pe.1.10. Es buscar, investigar, profundizar la palabra. Sgo.1.25: mirar dentro.
Pedro dice: los profetas para una mayor revelación, discernir los tiempos, etc., pasaban horas
inquiriendo, contemplándolo a través de la palabra, que es Cristo mismo.
D: Oración y adoración. Ex.33. Un tabernáculo es un lugar de encuentro, donde hay
intimidad y la nube desciende. Él está ahí para hablar cara a cara. Cuando su presencia
descendía, todos dejaban lo que estaban haciendo y adoraban. Pero después de un momento
seguían con sus cosas, incluso Moisés, pero Josué se quedaba en esa reunión. Una constante
actitud de adoración, contemplación.
Contemplarlo no es un momento, es un estilo de vida. Que Él se vuelva tu único enfoque.
Es lo que se conoce como Simu Lev: es atender, oír, leer, adorar, el servicio con el corazón.
Cuando lo contemplas: sos consciente de su persona, hay relación, pero te vas renovando y
transformando, vas a encontrar fortaleza, paz, respuestas, sanidad. Pero además vas a
enamorarte de Él, de su plan, de su venida, de su Iglesia, del evangelio, la palabra.

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