245-10-EDITORIAL.
qxd 24/04/2011 21:21 Página 7
IGLESIA VIVA
Nº 245, enero-marzo. 2011
pp.7-17
© Asociación Iglesia Viva
ISSN. 0210-1114
Crisis y transformación
evangélica de la Iglesia
EDITORIAL
Declaración del Consejo de Dirección de Iglesia Viva*
L
a existencia de una crisis grave y crucial en la Iglesia
actual es un dato que no se puede negar. Cosa distinta
es el análisis o diagnóstico de la misma, las causas a las
que se atribuye y sobre todo los caminos para salir de la
misma. La presente situación eclesial nos parece ser más
angustiosa que en vísperas del Vaticano II, entre otras razo-
nes porque la conciencia del pueblo de Dios como sujeto es
hoy radicalmente nueva y muy distinta de entonces. Pero
por otra parte sucede que en los grupos y movimientos
eclesiales más concienciados difícilmente se percibe una
fuerza emergente transformadora. Muchos de los mejores
militantes no saben qué hacer, se encuentran en total
* Esta Declaración fue redactada por una comisión del Consejo de Dirección
durante la reunión en la cual se preparó este número. El texto definitivo, que
recoge diversas enmiendas propuestas por los consejeros, ha sido aprobado
por Joaquín Perea, Josep Antoni Comes, Rafael Díaz-Salazar, Antonio
Duato, Teresa Forcades, Joaquín García Roca, Mª Dolors Oller, José Miguel
Rodríguez, Andrés Torres Queiruga, Demetrio Velasco, F. Javier Vitoria y
José Antonio Zamora.
[Link] [245] 7
[Link] 24/04/2011 21:21 Página 8
ESTUDIOS Crisis y transformación evangélica de la Iglesia
desamparo y en actitud de desbandada. Y puede preverse que las cosas no
van a cambiar en años dentro de la Iglesia. Mientras tanto, buena parte de la
sociedad no consiente ciertos modos de proceder y de actuar de la jerarquía
y critica abierta y razonablemente sus criterios morales.
El Consejo de dirección de esta revista, que se considera a sí misma de
pensamiento cristiano, dedicó la última de sus sesiones a reflexionar sobre la
situación y, al tiempo que preparaba el contenido del presente número, a
adoptar una postura común que reflejara nuestra visión
Muchos de los de dicha crisis y de sus causas, así como las vías de sali-
mejores militantes da de la misma. El deber que tenemos para con nuestros
no saben qué lectores nos lleva a proponerles aquí los términos de tal
hacer, se reflexión con el deseo de suscitar un diálogo amplio y un
encuentran en movimiento más amplio aún de reforma eclesial.
total desamparo
y en actitud de Tratamos de poner en sus manos un conjunto de
desbandada reflexiones que les ayuden a descubrir las últimas razo-
nes de su mal-estar en la Iglesia, asumir los criterios
teológicos con los que responder a la situación de crisis y plantearse pro-
puestas de actuación pastoral en aplicación de dichos criterios. No tenemos la
pretensión de decir la última palabra, ni de dar la fórmula mágica para resol-
ver la grave crisis por la que atravesamos. De hecho, creemos que, para
comenzar, es necesario rescatar mucho de lo pensado y escrito hace algunos
años y hoy olvidado, silenciado u ocultado. Es necesario volver a aquellos
importantes criterios y aplicarlos al presente.
Síntomas de la crisis
La crisis se manifiesta en una serie de hechos que afectan tanto a la insti-
tución jerárquica como al conjunto del pueblo de Dios. Dar importancia a los
primeros en virtud de la representatividad pública que corresponde al minis-
terio ordenado, no significa desconocer o silenciar los segundos. No quere-
mos que se nos atribuya una especie de fijación obsesiva en lo clerical que
suele ser propia de ciertas críticas al uso respecto de la Iglesia. Ello no consi-
gue otra cosa que reforzar el centralismo que dice combatir.
a. En el conjunto del pueblo de Dios
Como hemos dicho, la crisis de la Iglesia afecta al conjunto del pueblo de
Dios. Nuestra debilidad tiene muchas razones y causas que no todas respon-
den a la actuación de la jerarquía o a la hegemonía de ciertos sectores neo-
8 [245] [Link]
[Link] 24/04/2011 21:21 Página 9
ESTUDIOS Consejo de Dirección de Iglesia Viva
conservadores respaldados por ella. La crisis es ante todo una crisis del suje-
to eclesial, esto es, de sus miembros individuales e institucionales, una crisis
de seguimiento de Jesús y de fe vivida. Esta crisis de fe es la gran cuestión que
nos afecta a todos. Hemos sustituido el seguimiento a Jesucristo por la adhe-
sión doctrinal (sea al Catecismo Universal, sea a la teología de teólogos de
nuestro gusto). Pero nosotros somos seguidores de Jesús, no seguidores de
la Iglesia; nuestro verdadero centro es Jesús y hay que volver constantemen-
te a Él, que es el único que puede salvarnos, que puede salvar a su Iglesia.
Dada la pluralidad de sujetos, pluralidad en todos los sentidos, la crisis
tiene muchos rostros que queremos señalar, siquiera brevemente. Tres aspec-
tos nos parecen especialmente significativos:
· La primera faceta tiene que ver con las mutaciones que se están dando
en lo religioso y su problemática relación con la Iglesia. Ciertamente, tal
relación problemática siempre ha existido, ha sido de tensión, de mutuo
solapamiento y también de enriquecimiento en ambas direcciones. Pero
la nueva situación de la sociedad mundial resulta especialmente impac-
tante en el conjunto del pueblo de Dios: la globalización neoliberal, el
retorno de manifestaciones religiosas basadas en sospechosos prodigios
o mitos, la crisis de un proyecto de humanidad capaz de existir unida en
libertad, solidaridad y dignidad, etcétera. Hoy uno de los elementos de
la crisis eclesial tiene que ver con la pérdida del control de lo religioso en
buena parte del mundo. Bien porque surgen nuevas formas de religiosi-
dad no cristianas, bien porque la religiosidad de los cristianos se ha
hecho difusa y su vínculo con la institución eclesial se ha vuelto más débil
e inefectivo. A lo cual hay que añadir la evidencia del pluralismo religio-
so y la presencia pública y notoria de las grandes religiones a las que la
propia teología católica concede rango de verdaderas y de auténticos
medios de salvación para sus miembros; es este un hecho irreversible que
cambia por sí mismo las mentalidades. Hasta hace bien poco los cuadros
de la Iglesia tenían la sensación equivocada de estar al frente de un gran
pueblo. La situación ha cambiado radicalmente y ello se experimenta en
gran medida como pérdida de poder o de influencia de los dirigentes,
desde la curia romana a los párrocos y agentes de pastoral a pie de obra.
Existe un gran desconcierto, muchos miedos y a veces respuestas reacti-
vas que exigen cerrar filas, disciplina e identificación. Si la religión ha
actuado como vínculo social y horizonte existencial de sentido y morali-
dad de amplias capas de la población allí donde la Iglesia estaba implan-
tada, su debilitamiento y transformación, unidos a su creciente desvincu-
lación institucional está originando una crisis sin precedentes.
· El segundo aspecto a considerar de la crisis del sujeto colectivo eclesial
es el referido al modo como se verifica la iniciación a la fe en Jesucristo
[Link] [245] 9
[Link] 24/04/2011 21:21 Página 10
ESTUDIOS Crisis y transformación evangélica de la Iglesia
y su mantenimiento en la vida comunitaria. Las viejas estructuras pas-
torales al servicio de la génesis y sostenimiento de la vida cristiana siguen
inalteradas en lo esencial, desde las parroquias o los movimientos, pasan-
do por las órdenes religiosas o los diferentes grupos. Tales estructuras o
fórmulas de organización de la vida eclesial han perdido vitalidad, no
alumbran en medida suficiente ni vida comunitaria ni pertenencia eclesial.
¿Cómo generar y reproducir hoy vida comunitaria eclesial? Esta cuestión
se ha vuelto extremadamente problemática. El surgimiento de verdade-
ras comunidades cristianas tiene que ver con la potencia del evangelio
para configurar la vida singular y grupal, y esa potencia se encarna en
vidas concretas.
· Por fin, el tercer aspecto de la crisis del sujeto tiene que ver con la rela-
ción entre la Iglesia y el mundo. No puede existir el cristianismo sin pre-
tensión de universalidad; la Iglesia no es un fin en sí, sólo tiene sentido al
servicio de la transformación profunda y evangélica del mundo. Ahora
bien, la quiebra de la modernidad nos abrió los ojos y nos puso ante el
absurdo en que incurríamos de querer impulsar el reinado de Dios desde
y por medio de poder, porque la supuesta universalidad constreñida por
ese camino encubría la hegemonía de los poderosos. Una parte de la
Iglesia y la jerarquía desde luego reaccionó con el rechazo, defendiendo
la subordinación del poder temporal al espiritual y condenando la eman-
cipación del mundo y del orden político. Los burgueses revolucionarios,
sin embargo, pronto perderían su ímpetu antirreligioso y antieclesiástico,
pues al ver que su poder económico y social no estaba en peligro por ese
lado, aceptaron de buen grado una alianza con el poder eclesiástico para
mantener el orden sobre el que se sustentaba su hegemonía. La Iglesia
jerárquica, pese a todas sus condenas de un orden político que pres-
cindía de cualquier fuente de legitimación religiosa, concentró sus
esfuerzos en atribuirse el papel de portadora y custodia del orden moral
natural universal, maestra y guía de la humanidad en su conjunto. Esta
función justificaba su pretensión de universalidad tras la cancelación de
su papel de legitimadora del orden político premoderno. Y en ello sigue.
Ese papel se ha visto cuestionado con el cambio epocal que ha introduci-
do el pluralismo religioso al que ya nos hemos referido y el nihilismo teó-
rico y práctico de las sociedades desarrolladas, consecuencia del vacia-
miento que impone sobre todo la lógica del mercado y del consumo y no
el laicismo o el secularismo. Como la posibilidad de hacer valer esa moral
natural universal sólo con argumentos y sin coacciones externas se ha
visto reducida a su mínimo nivel, se confía en los autodenominados nue-
vos movimientos eclesiales para influir en las opiniones públicas y en los
ordenamientos jurídicos en favor del papel de representación de lo ver-
10 [245] [Link]
[Link] 24/04/2011 21:21 Página 11
ESTUDIOS Consejo de Dirección de Iglesia Viva
daderamente humano por parte de la jerarquía. Los costes de esta estra-
tegia y, sobre todo, su escasa perspectiva de éxito saltan a la vista.
Las reflexiones anteriores nos hacen ver que el eje de la relación entre la
Iglesia y el mundo es fundamental para el análisis de la crisis. Eje que
resulta inseparable del problema de cómo construir hoy una universali-
dad humana inclusiva y desde los últimos, desde los más pobres, y de
cómo recrear el papel del Iglesia en esa construcción.
Una fuente del debilitamiento evangélico en buena parte de la iglesia es
que o esos pobres ya no se reconocen como sujetos eclesiales, o se iden-
tifican con movimientos eclesiales o sociales sin impulso emancipador y
liberador, o carecen de espacio y posibilidad de articular su vida, sus
luchas o sus resistencias dentro de la iglesia, que es
fundamentalmente portadora de una religiosidad Los pobres no
burguesa. pueden articular
Más aun. En el siglo XXI la Iglesia sigue reproducien-
sus vidas y sus
do el conflicto de sus orígenes. Todavía se necesita
luchas dentro de
ser occidental para ser católico. Las causas que ori-
una iglesia, que
ginaron la penosa historia de De Nobili y Ricci siguen
es portadora de
vivas en la Iglesia católica. En la práctica se otorga un
una religiosidad
carácter absoluto a la interpretación occidental
burguesa
romana del cristianismo que produce la impermeabi-
lidad de las otras culturas al evangelio y paradójicamente cierra las puer-
tas a Cristo, mientras se les ruega patéticamente que las abran. La pre-
sión que ejerce el poder central romano reprime la eclesiogénesis de las
Iglesias locales. Si las Iglesias de la periferia de América Latina, de África,
de Asia y de Oceanía, no son capaces de superar este control asfixiante,
la inculturación de la fe se hará inviable.
b. En lo que se refiere a la institución eclesiástica
Los fenómenos que están en el ambiente son muy graves y han producido
un impacto masivo de falta de credibilidad en la Iglesia por parte de amplios
sectores de la población, católica o no. Por citar algunos más difundidos:
· la reconducción del Concilio mediante interpretaciones inaceptables, in-
tervenciones papales manifestativas de una voluntad de restablecer el in-
tegrismo católico, las cuales han suscitado inmediatas reacciones sociales,
· el freno total a la democratización de la Iglesia, a la libertad de opinión y
comunicación,
· el centralismo y verticalismo crecientes,
[Link] [245] 11
[Link] 24/04/2011 21:21 Página 12
ESTUDIOS Crisis y transformación evangélica de la Iglesia
· la catastrófica situación de la curia romana con una inmundicia que sale
cada día más a la luz mientras la ambigüedad del papa impide su refor-
ma,
· la intolerancia respecto a los derechos de las mujeres en la comunidad
cristiana,
· el levantamiento de la excomunión a los lefebvrianos sin exigirles la plena
adhesión al Concilio ecuménico y el Motu Proprio sobre los anglicanos
high church al tiempo que se da un frenazo al movimiento ecuménico,
· la obsesión en ciertos temas de la teología propia del papa (como la lucha
sin cuartel contra el relativismo),
· la contrarreforma litúrgica,
· los nombramientos episcopales y de curia,
· el “prietas las filas” en una marcha continua e inexorable de la Iglesia
hacia el gueto.
Especial repercusión han tenido los descubrimientos sobre abusos de
menores por parte de eclesiásticos. Esta última lacra está recibiendo una firme
réplica por parte del papa y de un cierto número de
Muchos de los miembros de la jerarquía eclesiástica actual. Pero, a
fenómenos que se nuestro entender, se trata de amagos de salir de la cri-
perciben con sis con la petición de perdón por los pecados persona-
evidencia pueden les de los representantes de la Iglesia e intensificación
constituir una de las medidas disciplinarias de selección, nunca con un
nube que impida proyecto de cambios estructurales. Es más, ciertas ini-
ver el núcleo ciativas jerárquicas parecen buscar más la ocultación de
de la crisis responsabilidad por connivencia con ciertas estructuras
eclesiales perversas, que asumir con honradez la com-
plicidad en los pecados estructurales de la Iglesia. La rápida canonización del
papa Juan Pablo II promovida por el papa actual parece querer silenciar los
problemas del papado reciente en dichos pecados (secretismo e irresponsa-
bilidad grave ante los crímenes cometidos por los clérigos). Tenemos serias
reservas a quedarnos solo en esas medidas porque creemos que no desvelan
otras realidades que se esconden tras ellas. Algunos sugieren que tal res-
puesta equivocada puede deberse quizá a intereses más o menos ocultos; a
nosotros nos parece que se debe a un diagnóstico falso de sus raíces que no
se encuentran tanto en el ámbito de una sexualidad mal educada o reprimida,
cuanto en el ejercicio del poder espiritual de forma autocrática y privatizada.
Evidentemente una respuesta errónea a la crisis global de la Iglesia contri-
buye a mantenerla o agravarla. Es preciso hacer una crítica no convencional de
12 [245] [Link]
[Link] 24/04/2011 21:21 Página 13
ESTUDIOS Consejo de Dirección de Iglesia Viva
las derivas del sector eclesial que es hegemónico en este momento histórico.
Muchos de los fenómenos que se perciben con evidencia pueden constituir
una nube que nos impida ver el núcleo de la crisis. De ahí la importancia del
análisis de la situación de la que partimos y que ofrecemos a nuestros lecto-
res, el cual debe incluir una mirada amplia y profunda al contexto global social
y cultural en que se encuentra la Iglesia al comienzo del siglo XXI.
Elementos para un diagnóstico global de esta crisis
Estamos persuadidos de que nos falta valentía para hacer un diagnóstico
realista sobre la situación presente. Aunque somos conscientes de la gran difi-
cultad de diagnosticar con acierto el camino a recorrer, considerada la com-
plejidad de los síntomas relatados, creemos que la forma de resolver nuestra
incertidumbre no pasa ni por mirar al pasado con nostalgia, ni por la huída
hacia delante. Hay caminos errados que no hay que volver a recorrer y los hay
que se han manifestado como razonables, por lo que no deben ser abando-
nados por mucho que el riesgo de la libertad nos invite a hacerlo. Y para ello
nos parece importante ir a las causas de la situación.
Como fundamento de todo se encuentra el intento de reconstruir una
Iglesia preconciliar, con ignorancia o rechazo de la cultura secular. Los frenos
iniciales que casi desde el fin del Concilio se pusieron a su plena recepción, ya
se han convertido en un giro de 180º respecto al Vaticano II.
La consiguiente autocomprensión eclesial premoderna del propio ser y de
su relación con el mundo no es “razonable”, no es coherente con la razón
humana histórica. Reflejo de esa realidad son las estructuras eclesiales, histó-
ricamente obsoletas y antievangélicas: son estructuras de dominación que
impiden la libertad del creyente y la construcción de comunidades eclesiales
adultas y suficientes.
El clericalismo o la falta de democracia interna causa la crisis de inadapta-
ción de las estructuras existentes. Lo cual va unido al sentido propietarista res-
pecto a la Iglesia por parte de la jerarquía. De ahí, el amordazamiento de la
autonomía personal a causa de una antropología teológica que quiere seguir
manteniendo al sujeto católico en la condición de oveja.
Ese clericalismo conlleva el sexismo, con la correspondiente marginación
de las mujeres en la estructura eclesial. Y, hablando de sexualidad, no pode-
mos perder de vista la rígida concepción acerca de la moral sexual y las nocio-
nes sobre el cuerpo y el placer, la sexualidad no reproductiva, etcétera.
Nuestro intento de realizar un diagnóstico correcto y acertado nos mueve
[Link] [245] 13
[Link] 24/04/2011 21:21 Página 14
ESTUDIOS Crisis y transformación evangélica de la Iglesia
a pensar también en las consecuencias que pueden sobrevenir si no tenemos
el coraje evangélico, la parresía (en términos paulinos) para enfrentarnos a la
situación, por grave que nos parezca. Los efectos inmediatos de la enferme-
dad serán muchos, pero nosotros señalamos ahora dos que nos parecen espe-
cialmente graves:
· En primer lugar, la marginación de grandes sectores del pueblo de Dios
empobrecerá extremadamente a la Iglesia. Un organismo potencialmen-
te tan rico como ella quedará colapsado por una autoridad que se extra-
limita en sus funciones, mientras muchas congregaciones religiosas, dió-
cesis y movimientos laicales seguirán sintiéndose atados de pies y manos.
Se hará imposible el pluralismo de la comunión católica en un mundo glo-
balizado.
· En segundo lugar, la Iglesia no logrará ser fuerza de cohesión social en
el contexto de las sociedades democráticas, dado que no comprende
que el paradigma de su relación con la sociedad ha cambiado radical-
mente y ya no es el de la unión del trono y del altar. El instinto de con-
servación de las presentes estructuras ha llevado a esta opción que redu-
cirá la Iglesia a una gran secta, sociológicamente hablando. Su única
razón de ser, la misión de anunciar el evangelio, no podrá verificarse por
asfixia.
Para vivir la crisis y preparar su salida
Es insuficiente realizar un análisis de la situación actual y de las exigencias
del presente; necesitamos posibilitar una valoración realista de los caminos
que la Iglesia debe recorrer en el futuro si quiere permanecer fiel al espíritu
del Concilio.
Somos de la opinión de que nos encontramos en una auténtica encrucija-
da histórica. La primavera traída por el Concilio Vaticano II se ha retirado y
estamos viviendo, en conocida frase de Karl Rahner, la experiencia de un duro
invierno en la Iglesia. Sin embargo las semillas echadas por el Concilio fueron
potentes y fructíferas; muchas han dado ya fruto y aportado nuevas semillas;
otras por el contrario han sido sofocadas y nunca han tenido una oportunidad
de crecer o esperan todavía algún momento oportuno para germinar. Por otra
parte no podemos caer en el peligro de una cierta momificación del Concilio.
Aunque los documentos pueden leerse de corrida, interpretarse y dejarse
atrás, sin embargo queda siempre el espíritu que movió a toda una genera-
ción. Y es precisamente ese espíritu el que no deberíamos perder. Alienta hoy
14 [245] [Link]
[Link] 24/04/2011 21:21 Página 15
ESTUDIOS Consejo de Dirección de Iglesia Viva
de forma anónima en todos los grupos de excluidos de esta sociedad, en
todos los proyectos de cooperación que surgen frente al modelo hegemóni-
co de la globalización neoliberal, en todas las iniciativas que defienden la cre-
ación de una sociedad nueva.
Ello significa que la causa del evangelio de Jesús, su anuncio a los pobres
y el anhelo del Reino nos ha de llevar a pensar en cómo salir de la crisis sos-
tenidos por “la esperanza crucificada”.
Hablamos de pretensión de universalidad: la Iglesia solo tiene sentido al
servicio de la transformación evangélica del mundo. Como hemos recordado
arriba, la quiebra de la modernidad ha abierto la posibilidad de recuperar la
visión evangélica de la universalidad, es decir, de construir la universalidad
desde el pobre, desde los últimos, desde los excluidos. Pero los grupos y
movimientos eclesiales que han luchado por esa recuperación no se encuen-
tran en su mejor momento. Seguramente no sólo porque no han recibido el
respaldo que necesitaban desde arriba, sino porque las
posibilidades de transformación radical del mundo A todos se nos
desde los intereses y las necesidades de los últimos tam- pide impulsar una
poco pasan por su mejor momento. A todos se nos pide espiritualidad de
impulsar una espiritualidad de compromiso con el compromiso con y
mundo y en el mundo desde la perspectiva señalada de en el mundo desde
la opción por los pobres. la opción por los
Debe quedar claro que no se puede pretender supe- pobres
rar la crisis sin reivindicar los mejores logros de la moder-
nidad (democracia, derechos humanos, opinión pública, etcétera). Aunque
somos conscientes de la carga de ambigüedad que estas realidades conllevan,
no debemos olvidar su gran virtualidad trasformadora, también para la Iglesia.
Desde la nueva cristología y pneumatología se han de ver las exigencias de
abrirse a las nuevas maneras con que el mundo de hoy busca una espirituali-
dad y un proyecto de salvación realistas.
Sentimos como un deber de todos el generar y reproducir hoy vida comu-
nitaria eclesial. La cuestión de la “eclesiogénesis” se ha vuelto extremada-
mente problemática y difícil pero es la clave del futuro. Tiene que ver con la
potencia del evangelio para configurar la vida singular y grupal, y esa poten-
cia se encarna en vidas concretas. Hay que animar las experiencias de parro-
quias, movimientos apostólicos, congregaciones religiosas que siguen defen-
diendo los criterios de organización colegial y otras reformas (liturgia, estilo de
vida cristiana…) surgidas tras el Vaticano II, sin preocuparse demasiado de
normas y órdenes de la curia.
La distancia creciente entre la institución y la base eclesial exige profundi-
[Link] [245] 15
[Link] 24/04/2011 21:21 Página 16
ESTUDIOS Crisis y transformación evangélica de la Iglesia
zar en el tema de la comunión eclesial desde esta perspectiva de la crisis. Pero
no se puede utilizar el término venerable de comunión como lo hace tantas
veces la jerarquía: como coartada para exigir una obediencia ciega a los man-
datos de la autoridad. Es preciso establecer unos criterios públicos, generales
y válidos para todos los católicos de respuesta interior a la propia conciencia
y al posible disenso en cuestiones doctrinales, morales o disciplinares frente al
autoritarismo indebido de lo que dicta la jerarquía. La llamada Nota explicati-
va praevia al capítulo III de la Lumen gentium (obs. 2ª, § 3) inició un camino de
reflexión que no se ha seguido. En concreto debemos clarificar qué es exigi-
ble y qué no lo es para poder hablar en sentido pleno de eclesialidad, qué
márgenes de libertad pueden existir sin romper la comunión.
Impulsar la comunión en medio de la crisis conlleva trabajar en la consecu-
ción de un pluralismo real en grandes zonas de la Iglesia real que quieren
resistir a la actual contrarreforma y no permiten que se les descalifique como
rebeldes o rupturistas. La cultura actual permite la utilización de las redes exis-
tentes y de medios de comunicación informáticos para
La prioridad del lograr una Iglesia más comunión y por ello más sacra-
pueblo de Dios mento de salvación para el mundo.
debe llegar
Todo lo dicho es inviable si no estamos dispuestos a
a prácticas
aceptar que la Iglesia está necesitada de continua refor-
significativas
ma para ser signo de Dios y no intento de monopolizarlo.
de participación
Hemos de mantener vivo el principio de la eclesiología
y a un progreso
más tradicional de la ecclesia semper reformanda. No
en la sinodalidad
otra cosa quiso ser el proyecto del papa Juan XXIII. Ese
proyecto está vivo y hemos de volver constantemente a
sus ideas clave porque los textos del Concilio fueron un inicio y no una defini-
ción de límites. Sería por tanto la peor reacción ante el rumbo actual de la
Iglesia caer en el pesimismo y la resignación. Esto solo sería ayudar a los
adversarios de la renovación conciliar. Más bien hemos de convocarnos a la
esperanza y a la energía.
El Vaticano II dejó claras señales teológico-pastorales como puntos de par-
tida para una Iglesia que se considera por su naturaleza misionera y que se
definió como pueblo de Dios y sacramento universal de salvación.
La renovación de las comunidades cristianas es urgente. La prioridad del
pueblo de Dios, que debe ocupar el lugar teológico que merece, debe tam-
bién llegar a prácticas significativas de participación. La Iglesia se debe cons-
truir a partir de un proceso “sinodal”, de “caminar juntos” en el cual se valo-
re la diversidad. Reconstruir el concepto y la realidad de la sinodalidad solo se
consigue practicándolo.
16 [245] [Link]
[Link] 24/04/2011 21:21 Página 17
ESTUDIOS Consejo de Dirección de Iglesia Viva
El poder en la Iglesia no debe ejercerse sin reparto, a fin de que la obe-
diencia sea dada a Dios mismo y no se detenga en la persona de los jefes, y a
fin igualmente de que la autoridad no impida la libre creatividad inspirada por
el Espíritu a los miembros del cuerpo de Cristo para el crecimiento de ese
cuerpo. Tampoco debe ejercerse sin el necesario control que el ejercicio de
todo poder exige y que debe ser llevado a cabo por instancias eclesiales dis-
tintas a las que han tomado las decisiones.
Si la Iglesia quiere volver a entrar en comunicación con la sociedad pre-
sente ha de dar figura en sí misma a la libertad cuya fuente es el evangelio. La
recuperación efectiva de su misión solo se realizará al precio de tal conversión.
Dicho todo esto, añadimos que la renovación interna de la Iglesia, la de sus
estructuras e instituciones no significa centrarse en sí misma, sino cumplir su
misión de servir a este mundo desde el evangelio. La primera contribución
que la Iglesia puede dar al mundo para su renovación social, económica, cul-
tural y política que deseamos es la de transformarse ella misma en comunida-
des más igualitarias, serviciales y fraternas. Es imprescindible que la Iglesia
pueblo de Dios ejerza valientemente la función profética que le corresponde
ante el mundo, aunque viva esta misión en medio de conflictos y aunque el
ejercerla evangélicamente le suponga tener que renunciar a situaciones de
privilegio social como las que ahora tiene. La apuesta profética solamente es
compatible con el paradigma de las libertades y no con el paradigma concor-
datario de los poderes, que solamente algunos pocos grupos de presión pue-
den ejercer.
Y todo ello debe estar infundido de una auténtica mística del Espíritu.
Tanta mayor posibilidad de configuración tendrán las indicaciones anteriores
cuanto más enraizadas estén en una mística militante comprometida. Una mís-
tica de la fe que se profundiza en medio de los que viven en el descrédito, una
mística de la esperanza vivida que se acrisola en la presente situación de
desesperanza, una mística del amor a los pobres que cargan sobre sus espal-
das el proyecto hegemónico presente. Una mística así abre el camino hacia el
futuro.
[Link] [245] 17
[Link] 24/04/2011 21:21 Página 18