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REPARTIDO 1 Niv 2EMS

El documento aborda la gnoseología y la distinción entre creer, saber y conocer, enfatizando que el conocimiento es una creencia justificada y verdadera. Se exploran diferentes formas de conocimiento, incluyendo el vulgar, científico y filosófico, y se discute el concepto de posverdad, donde las emociones y creencias personales prevalecen sobre los hechos objetivos. La filosofía se presenta como una herramienta para analizar y clarificar conceptos, buscando la verdad más profunda y última sobre la realidad.
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El documento aborda la gnoseología y la distinción entre creer, saber y conocer, enfatizando que el conocimiento es una creencia justificada y verdadera. Se exploran diferentes formas de conocimiento, incluyendo el vulgar, científico y filosófico, y se discute el concepto de posverdad, donde las emociones y creencias personales prevalecen sobre los hechos objetivos. La filosofía se presenta como una herramienta para analizar y clarificar conceptos, buscando la verdad más profunda y última sobre la realidad.
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2° EMS
MATERIAL DE
TRABAJO N° 1

FILOSOFIA
2025

_____________________
Estudiante:
Prof. Elena Rodríguez
Material de trabajo N° 1 - Lecturas básicas

“Todos los seres humanos desean por naturaleza saber”. Así


comienza uno de los libros fundacionales de la filosofía:
“Metafísica” de Aristóteles. ¿Qué es saber? ¿Qué es
conocimiento? ¿Podemos conocer? ¿Podemos tener garantía de
poseer un conocimiento firme y verdadero? ¿Cómo se origina el
conocimiento?. Estas son algunas de las preguntas que servirán
como hilo conductor de la Unidad: Gnoseología o Teoría del
conocimiento.

DISTINCIÓN ENTRE CREER, SABER Y CONOCER


(selección de Luis Villoro: “Creer, saber, conocer”)

¿Qué es conocimiento? (…) esa pregunta puede tener sentidos diferentes que obligan a
respuestas distintas. El conocimiento es un proceso psíquico que acontece en la
mente de un hombre; es también un producto colectivo, social, que comparten
muchos individuos.
Pero, la pregunta puede tener un segundo sentido. Puede referirse ya no a la génesis, sino
a la justificación y validez del conocimiento, querer decir: ¿en qué condiciones algo
puede calificarse de conocimiento? ¿Qué distingue el conocimiento de las
creencias?.¿En qué condiciones un pretendido saber está justificado, es verdadero
o falso, corresponde o no con la realidad?.

Análisis de conceptos:

…la filosofía no es una ciencia. La filosofía no descubre nuevos


hechos ni propone leyes que expliquen su comportamiento. La filosofía
analiza, clarifica, sistematiza conceptos. Al hacerlo, pone en cuestión
las creencias recibidas, reordena nuestros saberes y puede reformar
nuestros marcos conceptuales. El análisis de los conceptos epistémicos es tarea
de la filosofía, la explicación de los hechos de conocimiento, asunto de la ciencia; la
pregunta por la verdad y justificación de nuestras creencias compete a la filosofía, la
pregunta por su génesis y resultados, a la ciencia.

CREER:
Preguntemos primero: ¿saber implica creer? En el lenguaje ordinario podemos usar
"creencia" en, por lo menos, dos sentidos. En un primer sentido, "creer" es opuesto a
"saber". Si digo "creo que hay otra vida" doy a entender que no lo sé. A la inversa, si sé
algo, suelo a veces oponer mi saber a una simple creencia; este sentido tiene "creer"
cuando afirmamos: "no creo tal cosa, la sé" ("no creo que Pablo sea inocente, lo sé"):
queremos decir que no tenemos una mera suposición insegura, sino mucho más que eso.
"Creer" tiene entonces un sentido restringido: quiere decir tener algo por verdadero pero
sin estar seguro de ello, ni contar con pruebas suficientes. Equivale a "suponer",
''presumir", "conjeturar'', pero no a "estar cierto". En este sentido restringido puede
hablarse de una creencia "vacilante" o "insegura", adjetivos que no podrían aplicarse a un
saber.

PROF. LIC. ELENA RODRIGUEZ 2


Material de trabajo N° 1 - Lecturas básicas

Pero en todos esos casos "creencia" tiene un sentido restringido o especial. Si tomamos
"creer" en su sentido más general significa simplemente "tener un enunciado por
verdadero" o "tener un hecho por existente", aceptar la verdad y realidad de algo,
sin dar a entender que mis pruebas sean o no suficientes.

SABER:
Por otra parte… saber implica necesariamente creer pues no se puede saber sin tener,
el mismo tiempo algo por verdadero. (Si digo sé que 2+2 4, también creo que es así.).
Todo saber implica creencia, pero no toda creencia implica saber.
¿Qué habría que añadirle a una creencia para calificarla de saber?
- Una correspondencia con la realidad (verdad).
- Tener razones suficientes que justifiquen la creencia.
En resumen, S sabe que p supone 3 condiciones:
1) S cree que p
2) “p” es verdadera
3) S tiene razones suficientes para creer que p.
Podemos llamar “justificada” a una creencia basada en razones suficientes.
Saber es, entonces, creencia verdadera y justificada.

Algunos problemas:
I) El saber se analiza como una especie del género de la “creencia”. Pero ¿qué es
creencia? Estamos ante un concepto vago e impreciso. Por una parte, es
importante distinguirlo de otros estados internos del sujeto, como intenciones,
actitudes y afectos. La creencia forma parte de una personalidad; está enlazada
con otros elementos psíquicos: motivos, propósitos, razones.
II) ¿qué es justificación? ¿cuándo las razones son suficientes para saber? El concepto
de “razones suficientes”, es también impreciso.

Villoro. “Introducción del problema y del método”

CONOCER Y SABER

Conocemos objetos o a personas, sabemos que algunos objetos tienen ciertas


propiedades o bien sabemos hacer operaciones, pero no sabemos objetos ni sabemos
personas. Conozco algo o a alguien, sé algo acerca de algo o de alguien.
Conocer un objeto implica saber algo acerca de él. Conocer X implica poder predicar las
notas A, B, C, D…de X. Pero la inversa no es válida: saber que X es A, B, C, D…no implica
conocer X. Conocer X es algo más que predicar algo acerca de X. Para conocer algo es
preciso tener o haber tenido una experiencia personal y directa, haber estado en contacto,
estar “familiarizado” con ello (…)
Conozco un objeto que he visto, manejado o padecido, pero no conozco lo que no puedo
contemplar o resentir de algún modo (…)
La “experiencia directa” implicada en conocer debe entenderse, por ende, en un sentido
amplio que abarque la aprehensión sin intermediarios de toda clase de objetos
presentes, tanto físicos como psíquicos o culturales (…)
Saber en cambio no implica tener una experiencia directa. No es de extrañar, por lo tanto,
que pueda saber muchas cosas de un objeto sin conocerlo, o que ignore mucho de algo
que conozco. (Juan conoció a Germán pero nunca supo cuáles eran sus propósitos)
Conocer, no consiste en un solo acto, sino en muchas experiencias variadas, capaces
de ser grabadas en una unidad: por ello el conocimiento puede ser más o menos
complejo, más o menos rico.

Apuntes de: Luis Villoro “Creer, saber, conocer”. (págs. 11 y ss; 197 y ss)

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Material de trabajo N° 1 - Lecturas básicas

Actividad 1:
Elaborar un esquema comparativo con los tres conceptos.

Creer Saber Conocer

CONOCIMIENTOS
El saber natural, sus formas. Existen dos formas de abrirse cognoscitivamente a la
realidad; la primera, de una manera esencialmente activa, es decir, acercándonos a ella
poniendo en obra todos nuestros recursos cognoscitivos, es decir, nuestras “facultades”
naturales de captación e interpretación de lo real (básicamente, la experiencia y la razón);
la segunda, de una manera primordialmente pasiva, esperando recibir de la realidad algo
de ella inalcanzable por tales recursos naturales, algo supraracional y trascendente
(acogido, así, en una actitud de fe…) La primera actitud cognoscitiva supone una iniciativa
humana, un preguntar activo que espera, ciertamente, la respuesta de la realidad, pero
tras “forzarla” a responder. La segunda actitud cognoscitiva supone una iniciativa divina,
una revelación gratuita… Modalidades del saber natural (que responde a la primera actitud
descrita).
Conocimiento vulgar o por experiencia
Se caracteriza tanto por su peculiar contenido como por la forma de su adquisición. Su
contenido está constituido por “conocimientos” ordinariamente superficiales acerca de la
realidad, inconexos entre sí, relativos a casos o a ámbitos de realidad muy concretos, solo
aventuradamente generalizados y siempre incapaces de “explicar” en profundidad lo que
ocurre: sabemos lo que “suele” pasar, pero no “porque” pasa lo que pasa. Ese pobre
contenido es el fruto lógico del modo como adquirimos tal saber: la vida misma, sin
especial esfuerzo, nos enseña muchas cosas a través de la experiencia prolongada en el
tiempo, en particular cosas que nos interesan desde el punto de vista práctico y utilitario.
Este saber vulgar, a pesar de sus deficiencias, no deja de ser, sin embargo, a menudo
acertado, y tanto por esta razón como por el hecho de ser el punto de partida de las otras
formas de saber más rigurosas, nada tiene de despreciable.
Conocimiento científico
Se caracteriza principalmente por indagar la causa de los hechos hasta llegar al por qué
explicativo de los mismos. Su elaboración supone un investigar rigurosamente ordenado
de la realidad considerada, aplicando un método adecuada a ella y no aceptando más que
aquello que resiste a la crítica más exigente. Aunque cada ciencia sea un todo unitario,
ninguna de ellas “pregunta por la totalidad de cuanto hay”. Cada ciencia se dedica a un
campo determinado. Estas ciencias tienen limitaciones ya que son parciales y se basan en
la observación.
Conocimiento filosófico.
Este para loa mayoría de los filósofos se presenta con los rasgos que descubrimos en las
ciencias (saber causal, sistemático, metódico, crítico) por esto es que se suele exigir que
se le reconozca el carácter de auténtica ciencia, pero sin la doble limitación: la

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Material de trabajo N° 1 - Lecturas básicas

superficialidad y la parcialidad. El preguntar del filósofo es un preguntar intencionalmente


ilimitado, ya que pregunta por la verdad más profunda y última acerca de todo. El preguntar
filosófico, afecta al hombre vitalmente a un nivel de profundidad mucho mayor que aquel
que pueden hacerlo las demás formas de preguntar y saber…Lo que se propone la
Filosofía es obtener una verdad total y radical, esta es una meta a la cual no renuncia, pero
no por ello alcanzable con seguridad. Es el objetivo más profundo que quiere obtener de su
investigación pero es también el objetivo del que se sabe humildemente muy distante y
sólo quizá crecientemente más próximo a él a lo largo de la historia y tras el esfuerzo
acumulativo de todos. “Hacer filosofía” es encontrarse con los grandes clásicos de todos
los tiempos en esa común búsqueda de la verdad ultima. La biología, la sociología, la
historia, etc, nos han informado cuanto han podido acerca del hombre pero sentimos que
subsisten en nuestra intimidad más profunda una pregunta…que esconde una aspiración
honda: ¿qué es el ser humano?, ¿qué es y quién es ese sujeto que existe, por decirlo así,
más acá de esas investigación biológico-cibernético-histórica, que precisamente el lleva a
cabo? Cuellar y Rovira. “Introducción a la Filosofía”
Actividad 2

La Posverdad
Pensar con otros: una guía de supervivencia para tiempos de Posverdad1

Cada año, el Diccionario Oxford elige la «palabra del año». En 2016, esa palabra fue
posverdad, definida como «las circunstancias en las que los hechos objetivos influencian
menos a la opinión pública que las apelaciones a la emoción o a las creencias
personales». A fines de 2017, el término ingresó al diccionario de la Real Academia
Española, pero allí fue definido de modo ligeramente distinto: «distorsión deliberada de una
realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en
actitudes sociales».

El uso más frecuente que se le da a la palabra posverdad está asociado a la política. Se


habló mucho de la política de la posverdad en el contexto del referéndum sobre la
permanencia del Reino Unido en la Unión Europea (Brexit) y en el de las elecciones
presidenciales en Estados Unidos que terminaron con Donald Trump en la Casa Blanca.
En ambos casos, las campañas electorales de quienes ganaron, se apoyaron en algunos
datos que luego quedó claro que eran falsos, como que el Reino Unido ahorraría dinero si
se separaba de la Unión Europea, o bien en frases vagas como «hagamos grande a
Estados Unidos otra vez». Hubo exageraciones, desinformación y falsas promesas (...)
Alrededor de estas elecciones, se generó un ambiente de polarización exacerbada: lo que
dicen los nuestros está bien y lo que dicen los otros está mal, sin importar si es verdadero

1
Nogués, G. Pensar con otros, disponible bajo licencia Creative Commons en [Link]
Material compartido por el Prof. Germán Rodríguez Bobadilla - 2021

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Material de trabajo N° 1 - Lecturas básicas

o no (...) Lo novedoso es que, cuando quedó claro que las campañas del Brexit y de Trump
estaban inundadas de datos falsos, muchos de los votantes no se sintieron engañados.
Como si la verdad, en su sentido más extenso o incluso en el más limitado, ya no fuera
relevante frente a cómo se los hizo sentir. Ya no había en algunos políticos ni siquiera una
intención de parecer estar diciendo la verdad, porque lo que se decía era fácilmente
contradicho por los hechos que estaban al alcance de todos (...)

Hablar de la posverdad nos obliga a hablar de la verdad. (...) Abordaremos acá la verdad
como la correspondencia entre lo que decimos y lo que ocurre en el mundo. Nuestro
enfoque será más bien práctico. Esto es, asumiremos que existe una realidad,
independiente de nosotros, y que podemos acceder a ella con mayor o menor grado de
dificultad. Nuestro acceso a la realidad es imperfecto porque es a través de herramientas
imperfectas: nuestra experiencia es subjetiva, nuestros sentidos mezclados con nuestras
expectativas nos cuentan qué ocurre, y nuestras interpretaciones acerca de lo que
significan los hechos pueden variar. Podríamos llorar sobre la leche derramada, quejarnos
de nuestros límites, o podríamos aceptar que es lo mejor que tenemos a disposición y,
dado esto, considerar nuestras limitaciones como parte del proceso para acceder a la
realidad. En este libro, verdad debería leerse en este sentido: no como algo absoluto y de
certeza total, pero tampoco como algo tan vago e inaccesible que sería equivalente a
cualquier ficción (...)

No siempre hay una intencionalidad al destacar aspectos emocionales y hacer que la


información que se tiene sea hecha a un lado para que se adopten posturas que la
contradicen. A veces, y tal vez este sea uno de los problemas centrales, lo que vemos es
cierta indiferencia ante la distinción misma entre lo que es falso y lo que es cierto. Como
emergente de este desinterés o falta de atención de cada uno de nosotros, aparece una
posverdad casual. Hay muchos factores que influyen en esto, como nuestras creencias o
emociones, el hecho de que confundimos a los expertos con falsos expertos o que, al
razonar, solemos equivocarnos. Nos vamos separando en tribus cada vez más aisladas,
cada una nucleada alrededor de ideas en común que, muchas veces, están alejadas de lo
real, de la verdad. Además, cada vez más los medios de comunicación amplifican las
voces más extremas porque eso los vuelve más confiables a los ojos de una audiencia
que, después de todo, espera que digan exactamente lo que espera que digan.

Cuando estos mecanismos generadores de posverdad casual son tomados y explotados


por grupos interesados en promover una narrativa «posverdadera», surge la posverdad
intencional, (...) Pero esta no podría ocurrir si no estuviera dominando y dirigiendo el
proceso que genera posverdad casual. Debemos asumir nuestra responsabilidad individual
y colectiva en la emergencia de una posverdad casual o culposa que, muchas veces,
termina habilitando la posverdad intencional, dolosa. Somos víctimas y victimarios a la vez.
Este enfoque nos pone en un papel de mayor responsabilidad y también de mayor poder.
No alcanza con que podamos detectar la posverdad intencional, con que podamos
identificar noticias falsas o chequear si lo que dicen … es cierto o no. Esto es importante,
por supuesto, pero no será suficiente si no nos miramos más a nosotros mismos
desafiando nuestras maneras de pensar y de actuar, alertas a no contribuir, sin quererlo, a
profundizar el problema (...)

Compartimos todos, este mismo planeta, esta misma realidad. Compartimos también
preocupaciones, problemas y esperanzas. Pero también tenemos, y seguiremos teniendo,
enormes diferencias entre nosotros. Para poder conversar esas diferencias de perspectiva
entre nosotros, necesitamos ponernos de acuerdo en cuáles son los hechos que
observamos. Sin ese primer acuerdo, no hay intercambio posible de ideas o argumentos,
no hay modo de tener experiencias compartidas, y corremos el riesgo de volvernos
impermeables al otro.

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Material de trabajo N° 1 - Lecturas básicas

¿Deberíamos confiar en nuestra razón, en cómo pensamos?

Discutimos ya que cuando queremos entender mejor cómo funciona el mundo, qué es lo
que ocurre y cómo lo afectan nuestras decisiones, no es lo mismo una opinión personal,
basada en la experiencia o en tradiciones, que algo sostenido por evidencias de calidad
(...)
¿Deberíamos, entonces, confiar en nuestra razón, en cómo pensamos? Ojalá pudiéramos,
pero el problema es que nuestros cerebros no piensan del todo bien. Como antes, no
deberíamos ofendernos. Somos así y nada de esto es un ataque personal. Si identificamos
algunos de los problemas más frecuentes de nuestra manera de pensar, quizá estemos
mejor preparados para evitar que estos problemas terminen colaborando en la generación
de una posverdad. Conocer las piedras que nos hacen tropezar ayuda a que podamos
detectarlas y evitarlas mejor.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los combates aéreos se volvieron imprescindibles,


pero mantener los aviones en el aire, en medio del fuego enemigo, no era nada fácil. En
cada misión, era casi tan probable ser derribado por el fuego antiaéreo como no serlo. Se
volvió necesario reforzar el exterior de los aviones para que pudieran resistir mejor el
ataque enemigo. Una opción obvia era colocar placas de metal en todo el avión, como si
se le pusiera una armadura. Pero eso era impracticable: un avión reforzado de ese modo
no habría podido despegar debido a su peso. Había que llegar a una solución de
compromiso: elegir con cuidado dónde convenía reforzar los aviones y dónde no era tan
necesario. Para eso, durante la guerra, investigadores del Centro de Análisis Navales de
Estados Unidos hicieron un estudio muy cuidadoso en el que se fijaron dónde estaban más
dañados los aviones que volvían de sus misiones. A partir de esa información, decidieron
que había que reforzar las partes que mostraban más densidad de agujeros de balas: parte
de las alas, la panza del avión y el lugar donde iba el artillero de la cola del avión.

Abraham Wald era un matemático judío nacido en el Imperio austrohúngaro (hoy Rumania) que
había huido de la persecución nazi y se había exiliado en Estados Unidos en 1938. Toda su familia,
salvo un hermano, fue exterminada en Auschwitz. Wald era uno de los matemáticos que trabajaban
en el Panel de Matemática Aplicada que se había establecido especialmente para resolver
problemas matemáticos y de estadísticas vinculadas con la guerra (sí, había algo así). Él notó
enseguida el error en el razonamiento anterior. Se trata de un error tan común que seguramente, sin
darnos cuenta, todos nosotros lo hicimos, y lo seguiremos haciendo, en esta situación o en otras. Su
análisis impidió que se implementara la idea de reforzar las zonas del avión que volvían más
dañadas de las misiones, y mostró la manera correcta de entender el problema. Con la información
de cuáles eran las zonas de los aviones con mayor concentración de agujeros de bala, Wald
concluyó que esos eran justamente los lugares que no había que reforzar. ¿Por qué? Porque, como
se analizaba el daño producido en los aviones que volvían de sus misiones, esos eran los lugares
menos críticamente vulnerables, los lugares en los que los aviones podían recibir impactos de bala
y, aun así, no estrellarse. En cambio, los lugares en los que no se observaban daños eran aquellos
en los que las balas provocaban que el avión cayera. Wald convenció a los militares de esto, y los
aviones se reforzaron en los lugares adecuados. De esta manera, se logró salvar muchas vidas y
mejorar las chances de los Aliados de ganar la
guerra.

A este error tan común se lo conoce como


sesgo de supervivencia (survivorship
bias), y consiste en evaluar qué ocurre con
los que «sobrevivieron» un determinado
proceso sin tener en cuenta que, en
realidad, ese proceso elimina a muchos en
el camino. Los que no «sobrevivieron» (en
sentido literal o figurado) no son considerados en el análisis porque son invisibles.
Sencillamente no llegaron a la meta, que es cuando se recolecta la información. Así, se

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Material de trabajo N° 1 - Lecturas básicas

subestiman los fracasos incluso disponiendo de los datos correctos y teniendo la intención
de tomar una decisión adecuada.

Este sesgo está presente cada vez que alguien destaca una historia de éxito y cree que, si
sigue los mismos pasos, el camino será el mismo. Por ejemplo, una historia del estilo
«María no terminó el secundario y puso un negocio de ropa con el que gana muchísimo
dinero. Me parece que yo también voy a dejar todo y poner un negocio de ropa». ¿Sería
esta una buena decisión? ¿Acaso sabemos cuántas Marías dejaron el secundario,
pusieron negocios de ropa y les fue muy mal? Claro que no. No lo sabemos, porque no
vemos a las que fracasaron (...) Casi siempre, cometemos errores al pensar, tanto que
podemos predecir que ocurrirán. En algunas personas más que en otras, en algunas
situaciones más frecuentemente que en otras, pero siempre estarán presentes. Algunos de
esos errores son sistemáticos y muy difíciles de detectar y de evitar. Lo difícil de esta
situación es que, por la naturaleza misma de los sesgos cognitivos, nunca podemos estar
seguros de sí estamos o no cayendo en alguno. Lo que sí podemos hacer es intentar estar
más atentos (...)

Cuando vemos que nuestra experiencia o nuestro sentido común nos dicen algo y las
evidencias dicen lo contrario, no debemos sorprendernos tanto. Lo más probable es que lo
que pensábamos fuera solo el efecto de los sesgos, o de creencias irracionales, como
comentamos en el capítulo anterior. Si queremos la verdad y no estamos de acuerdo con
alguna afirmación basada en evidencias científicas, podemos enfrentarla, pero con más
evidencias científicas, usando la misma metodología, y no con una mera opinión. No vale
decir «a mí eso no me cierra» y seguir adelante como si nada. No es que no vale porque
no sea justo, o no sea ético, o por ninguna cuestión moral o de deber ser. No vale porque
la realidad nos va a golpear en la cabeza y, en general, no queremos que eso suceda (...)
Hay un sesgo realmente frecuente, y tan frecuente como indetectable. Es la tendencia que
tenemos todos a ver las cosas de manera tal que apoyan lo que creemos previamente. A
esto se lo conoce como sesgo de confirmación, e implica seleccionar, de un conjunto
de hechos, aquellos que sustentan nuestra postura previa, y excluir los demás. Esto no es
algo que hagamos adrede, sino más bien una equivocación recurrente e inconsciente:
somos refractarios a los hechos que nos
incomodan porque no concuerdan con lo que
pensamos (...)

A la selección de hechos que apoyan nuestra


postura previa se la conoce como falacia de
evidencia incompleta o, en inglés, cherry picking
(«elegir cerezas», o seleccionar lo que creemos
mejor). No lo hacemos adrede. Si una persona está
convencida previamente de que la vitamina C le
cura los resfríos y una vez se curó rápidamente, lo
atribuirá a que tomó el suplemento de vitamina C, e
ignorará las muchas veces en las que el resfrío le
duró muchos días, incluso consumiendo el
suplemento. Como esto no es un proceso
consciente, lo más probable es que la persona directamente no recuerde esos otros casos.
Si los recuerda, quizá diga, para esas situaciones, algo como «es que ese resfrío era
mucho más fuerte que lo normal» o «justo cambié de marca de vitamina C, esa debía ser
de peor calidad», o sea, explicaciones ad hoc, armadas para esa situación. Hacemos
cherry picking cada vez que elegimos, de una serie de datos, cuáles tener en cuenta, y
descartamos los otros solo porque no se condicen con lo que esperábamos de ellos; cada
vez que destacamos una anécdota en particular para tomar una decisión. Este
comportamiento propicia, involuntariamente, el surgimiento de posverdad: se cree que la

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Material de trabajo N° 1 - Lecturas básicas

verdad está en aquello señalado por la evidencia parcial, o incorrecta, que se selecciona, y
se omite evaluar la totalidad de las evidencias y notar dónde está el consenso (...)

3
DIMENSIONES DE LA VERDAD 2

La palabra “verdad” lleva en su significado las huellas de una historia atormentada y


apasionada, llena de luces y sombras, enigmas y misterios, héroes y víctimas,
dictaduras o totalitarismos y esclavitudes, escepticismos y certezas, puertas cerradas y
horizontes abiertos. Lo mismo sucede con otras palabras: Dios, hombre, justicia,
libertad, etc. Tras ellas late la historia dramática de millones de hombres.
En nombre de la verdad muchos han matado y no pocos han afrontado valientemente la
muerte. A la búsqueda de la verdad se han dedicado vidas enteras de investigadores.
La verdad ha vivido en cuevas, cabañas de hierba, templos, magníficos palacios. Mitos,
filosofías y ciencias son distintas expresiones de la voluntad humana de verdad. Por la
verdad ha habido ciencia y filosofía .4.

Raíces de la concepción de la verdad:


“… si examinamos nuestra experiencia respecto a lo que consideramos verdadero ,
podemos encontrar: primero, que llamamos verdadero a aquello que está realmente
presente, al contraponerlo a lo imaginario o ilusorio. Surge aquí la raíz griega de la
experiencia de la verdad (aletheia), como lo que está patente. Es la dimensión que conecta
lo verdadero con lo que es, con lo real.

En segundo lugar, también consideramos algo como verdadero cuando es fiable, cuando
se puede confiar en ello. Es la dimensión que la verdad tiene de autenticidad. Esta puede
entenderse de dos modos; o bien, como confianza en las cosas, o bien como confianza en
las personas. En cuanto se confía en la autenticidad de las cosas, se enlaza con la raíz
latina (veritas), que viene a expresar justamente aquello que es digno de crédito, lo que
merece confianza, y por tanto, resulta firme y seguro, es auténtico. Pero la confianza
puede entenderse también referida a personas. Aquel en quien se puede confiar muestra
un rasgo de verdad, en cuanto autenticidad. La confianza adquiere el matiz de fidelidad, y
ello a su vez genera también seguridad, firmeza. Alguien en quien se puede confiar es
alguien firmemente fiel a sus amigos, a su tarea como intelectual, a sus creencias, a sus
compromisos, etc. Esta es la dimensión de la verdad puesta de manifiesto en la tradición
hebrea (emunah).

Por último, se habla de verdad cuando algo coincide con lo que las cosas son. Aquí
“verdadero” tiene también un sentido de seguridad, de firmeza, pero
surgida metodológicamente del ajuste con la realidad de las cosas.
Se trata pues de una representación adecuada, de un decir
correctamente lo que es. En cierto modo se produce una
“juridificación” o “metodologización” de la comprensión de la
verdad. He aquí la dimensión de la adecuación, corrección,
correspondencia (orthotes, adecuatio), presente en la mayor parte
de las concepciones de la verdad.”

Actividad 3

2
Teorías de la verdad en el siglo XX (Pág. 11)
3
Representación de la diosa Maat.

4
Murillo, I. Presentación en Diálogo Filosófico, N° 38, 1997

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EL PUNTO DE PARTIDA DE LA TEORÍA DEL CONOCIMIENTO:


LA ACTITUD CRÍTICA
Toda teoría del conocimiento, incluso aunque quisiera reducirse (…), a una mera
descripción del conocimiento y de sus diversas formas, tiene que ser una teoría crítica,
tanto en el sentido etimológico griego de discernimiento y enjuiciamiento, como en el
sentido del semantema habitual de "crítica" como análisis valorativo (…), del conocer.
Pues bien, si la teoría del conocimiento ha de ser crítica, la actitud con la que la debemos
iniciar tiene que ser una actitud crítica. (…)
Destaquemos que es una actitud, es decir, una toma de posición, un cierto tomar
distancia de espectador frente al conocimiento. Esta actitud exige un esfuerzo reflexivo,
porque se trata de enfrentarse con el conocimiento desde el conocimiento mismo. No se
trata, sin duda, de discutir el hecho del conocimiento, (…) Es aceptar el hecho, pero sin
prejuzgar, de entrada, su naturaleza, sus diversas posibilidades, su valor. De ahí, pues,
que la actitud crítica se configure como actitud reflexiva, por la cual, dentro del
conocimiento, planteamos un meta-conocimiento, es decir, un conocer del conocer. No es
su propósito poner en cuestión el valor espontáneo y vital del conocer. En efecto, al
margen de la actitud crítica, seguimos otorgando nuestra confianza al conocimiento, dando
por descontado que el mundo, que las cosas, son tal como nos aparecen. Esta confianza
espontánea en el conocimiento con la que operamos en la vida cuotidiana es la actitud
natural.
Ahora bien, incluso en la actitud natural, la confianza que otorgamos al conocimiento tiene
sus quiebres. Hasta la persona menos crítica descubre día a día muchos errores en sus
conocimientos, descubre que certezas que le parecían indiscutibles se han convertido en
erróneas o que ha habido que relegarlas a la inseguridad de la duda. Y esto acontece tanto
respecto de la certeza o seguridad en el conocimiento como respecto de la objetividad,
porque, con frecuencia, descubrimos en nuestro conocer una enorme disparidad entre los
contenidos de nuestros conocimientos y las cosas que suponemos "representadas" en
esos contenidos.
(…) Ante esta situación, se hace, sí no necesaria, al menos posible y oportuna una
pregunta auténticamente crítica: ¿no estarán sujetos a error todos nuestros
conocimientos? ¿Cómo sé cuáles son verdaderos y cuáles no lo son? Parece, sin
embargo, que hay conocimientos en los que alcanzamos seguridad y de cuya objetividad
como reveladores de la realidad, dentro de ciertos límites, no parece normal admitir dudas:
basta referirse a la existencia de múltiples conocimientos científicos comprobados, por
ejemplo, en experimentos, o confirmados por sus aplicaciones técnicas. En consecuencia,
parece que hay conocimientos fiables y conocimientos que no son susceptibles de esa
fiabilidad. Acepto unos y rechazo otros. Pero, de entrada, puedo no saber cuáles son las
razones para aceptar unos, ni cuáles me llevan a rechazar los otros.
Este estado de ignorancia o de duda debe conducirnos a una necesaria actitud cautelar
frente al conocimiento en general, antes de entrar a analizar ningún ámbito de
conocimiento concreto. Tal actitud cautelar es ya actitud crítica. Pero el teórico del
conocimiento necesita profundizar en ella. Esta profundización no debe circunscribirse al
análisis de los errores o dudas con que nos encontramos frecuentemente, sino que
necesita llegar, en la medida de lo posible, a la raíz última de la posibilidad del error y de la
duda. Para ello es necesario hacerse problema de qué es el conocimiento, cómo se
gesta, qué valor tiene, cuál es su capacidad reveladora de lo "otro", o sea, de la

PROF. LIC. ELENA RODRIGUEZ 10


Material de trabajo N° 1 - Lecturas básicas

realidad. Es decir, no dar por sabido o por válido nada en nuestro conocimiento, mientras
no analicemos por qué consideramos sabido lo sabido y válido lo válido.

FUNCIONES DE LA ACTITUD CRÍTICA


¿Qué esperamos de la adopción de la actitud crítica ante el conocimiento? Las resumimos
en tres: purificar, delimitar, fundamentar.
La tarea de purificación nos parece la función primaria y el presupuesto de las otras dos.
Y es una purificación en una dirección doble: primero, referida a mis propios
conocimientos; segundo, referida a aquellos conocimientos que no se originan en mí
mismo, sino que se me tratan de imponer desde el contexto cultural, desde tradiciones o
autoridades filosóficas, etc. En efecto, debo, en primer lugar, llevar a cabo una
"fumigación" de mis propios conocimientos, no en el sentido de suprimirlos, ya que esto
sería una tarea ficticia e incluso imposible, sino en el sentido de negarles mi confianza
mientras no hayan pasado por el (…) análisis crítico. (…)
Pues bien, para iniciar el análisis crítico del conocimiento, lo correcto, por parte del
estudioso, es poner en cuarentena todos sus conocimientos, en espera de encontrar
unos principios, fundamentos, reglas o criterios desde los cuales poder decidir cuáles
deben seguir contando con su confianza, y cuáles, no.
Por otra parte, hay que tener en cuenta que bastantes de esos conocimientos se han
consolidado de tal manera que adquieren la fuerza determinante de los prejuicios.
Sucumbir a esta determinación sería viciar todo el trabajo crítico. …
Pero no basta con esta tarea de purificación, sino que hay que liberarse también de
conocimientos o principios que se nos imponen desde fuera, muy especialmente desde el
contexto cultural en que vivimos y desde tradiciones, sobre todo filosóficas, con las que
estamos familiarizados en mayor o menor medida. (…)
Ahora bien, si la actitud crítica sólo condujera a esta especie de purificación (…) de
conocimientos y prejuicios propios y ajenos, no con, seguiríamos demasiado:
sencillamente nos quedaríamos en disposición de echar a andar, pero no sabríamos hacia
dónde ni para qué. Esto nos lo aclaran las otras dos funciones.
Función de fundamentación: si queremos saber lo que vale el conocimiento, e incluso
cada uno de nuestros conocimientos, hay que esforzarse por llegar al fundamento o
fundamentos desde los cuales esa validación se hace posible. No seríamos sinceros si no
dejáramos dicho que las diversas teorizaciones del conocimiento no han tenido la fortuna
de llegar a un acuerdo sobre la determinación del fundamento o fundamentos. Lo cual no
debe ser un motivo prematuro de escepticismo, sino indicio de la riqueza de perspectivas
desde las cuales puede plantearse el conocimiento humano, pudiendo las diversas
perspectivas provocar distintos enfoques en la búsqueda del fundamento (…) Con esto
queremos también decir que importa más la actitud que las soluciones concretas.
En tercer lugar, corresponde a la actitud crítica la atención a los límites del conocimiento.
(...) En efecto, no hacemos teoría del conocimiento sin más, sino que hacemos la teoría del
conocimiento humano, ya que del conocimiento propio de otros seres poco o casi nada es
lo que sabemos. (…) el conocimiento de un ser limitado, como es el hombre, debe ser
limitado. (…) Gnoseológicamente hay que hacerse problema de los límites concretos del
conocer humano, y, admitida la existencia de tales límites, se impone la tarea de
señalarlos. (…) En conexión con este tema está el problema de lo irracional o
incognoscible como lo que está más allá de todo límite.

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Material de trabajo N° 1 - Lecturas básicas

(…) En efecto, una actitud crítica que pretenda enfrentarse con la objetividad y valor del
conocimiento tiene que ser una crítica de la inteligencia humana y de la razón misma.
Fuente: Selección: “Teoría del conocimiento”, Sergio Rábade. Editorial Akal, Madrid, 1995. Pp.17 – 20

DESCRIPCIÓN FENOMENOLÓGICA DEL CONOCIMIENTO


El conocimiento. Es necesario, al hablar de teoría del conocimiento, hacer una descripción del
conocimiento como objeto de estudio de esta teoría. El conocimiento se concibe como un fenómeno de
conciencia, que se puede estudiar a través del método fenomenológico (auto reflexión sobre lo que se
vive al hablar de conocimiento). El método fenomenológico utilizado en el estudio del conocimiento
tiene como objetivo investigar lo referente a los procesos psíquicos en su curso regular y su conexión
con otros procesos, de tal manera que al final se pueda establecer lo que es esencial a todo
conocimiento, en otras palabras conocer en qué consiste su estructura general.
Elementos: La conciencia y el objeto (sujeto y objeto) se sitúan uno frente a otro, en el conocimiento,
donde este último es en sí una relación entre estos dos miembros, que permanecen en ella siempre
separados uno del otro; el dualismo de sujeto y objeto pertenece a la esencia del conocimiento. Esta
relación es a la vez una correlación, donde el sujeto sólo es sujeto para un objeto y el objeto sólo es
objeto para un sujeto, ambos sólo son lo que son en cuanto son para el otro, pero esta correlación no
es reversible, ser sujeto es algo completamente distinto a ser objeto.
El sujeto. La función del sujeto consiste en aprehender al objeto, lo cual se presenta como una salida
del sujeto fuera de su propia esfera, una invasión en la esfera del objeto y una captura de las
propiedades de éste (conocimiento). El objeto no es incorporado sino que permanece transcendente a
él, de tal forma que en el sujeto se forma algo que contiene las propiedades del objeto.
El objeto. Por su parte, el objeto se deja aprehender por el sujeto, presentándose el conocimiento
cuando se transfieren las propiedades del objeto al sujeto. El conocimiento queda aceptado como una
determinación del sujeto por el objeto. El sujeto se maneja disponible frente al objeto, de manera activa
y espontánea en el conocimiento.
"1º En todo conocimiento se hallan frente a frente un cognoscente y un conocido, un sujeto y un objeto
de conocimiento. La relación existente entre ambos es el conocimiento mismo. [...]

2º Los dos miembros de la relación no pueden separarse de ella sin que dejen de ser sujeto y objeto.
[...]

3º La relación de conocimiento es bilateral, mas no invertible. El ser-sujeto para el objeto no es lo


mismo que el ser-objeto para el sujeto.
4° La función del sujeto consiste en un aprehender el objeto; la del objeto, en la posibilidad de ser-
aprehendido por el sujeto y en el ser-aprehendido por éste.

5º Visto desde el sujeto, el «aprehender» puede describirse como una salida del sujeto más allá de su
esfera, [...].
6º Sólo fuera de sí mismo puede el sujeto captar las determinaciones del objeto, [...]. Por consiguiente,
la función de conocimiento se presenta como un acto de tres fases: como salida, como estar-fuera y
como retorno-a-sí del sujeto.
7º La intrusión del sujeto y su incorporación de lo captado dejan intacto al objeto como tal. El objeto no se torna
inmanente. Las determinaciones del objeto no se alteran por el hecho de que sea captado e incorporado a la
esfera del sujeto [...] Por consiguiente, el objeto se muestra indiferente hacia el sujeto, más no éste hacia aquel.
Solo en el sujeto se altera algo mediante la función del conocimiento. En el objeto no surge nada nuevo, mientras
que en el sujeto nace la conciencia del objeto con su contenido: la “imagen” del objeto." (pp. 65-68)5

5
HARTMANN, Nicolai: Metafísica del conocimiento (1921), trad. por J. Rovira Armengol, Bs. As., Losada, 1957,
tt. I-II. Disponible: [Link] Nicolai: Metafísica del
conoc

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Material de trabajo N° 1 - Lecturas básicas

Posibilidad y justificación del conocimiento:


Dogmatismo, escepticismo, relativismo
DOGMATISMO

“Con el tiempo la palabra DOGMA fue variando su


significado. Un dogma era un principio, una opinión tenida
como cierta. Hacía referencia a los juicios considerados
verdaderos y sobre los que se podía construir una
doctrina. Posteriormente, la palabra “dogma” adquirió el
carácter de verdad inamovible e incuestionable que se
acepta, o bien como obvia, o bien como principio de
autoridad. En este sentido, podemos hablar de una
posición dogmática no solo respecto a cuestiones
religiosas sino también de cuestiones políticas o
científicas.
Éstos creen en la verdad, incluso en la Verdad con mayúscula, eterna, resplandeciente, sin
nada que ver con las construcciones trabajosas que mediatizan el conocimiento humano:
esta Verdad absoluta e indiscutible no nos debe nada. Tampoco piensan que puede
llegar hasta ella por el laborioso y vacilante método racional sino que es una Verdad que
se nos revela, bien sea porque nos la descubran algunos maestros sobrehumanos (dioses,
ancestros inspirados, etc), porque se nos manifieste en alguna forma privilegiada de visión
o porque sólo sea alcanzable a través de intuiciones no racionales, sentimientos, pasiones,
etc. […] desde luego la Verdad así revelada –la Verdad visionaria- es irrefutable, porque
cualquier intento de cuestionarla demuestra precisamente que el incrédulo carece da la
iluminación requerida para su disfrute, bien sea por su impiedad ante los Maestros
adecuados o por el embotamiento de las emociones necesarias para intuirla.

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Material de trabajo N° 1 - Lecturas básicas

Críticas al DOGMATISMO.
1. Esta forma de acceso a la Verdad es algo así
como un privilegio de unos cuantos, que los menos
afortunados sólo lograrían compartir indirectamente
por obediencia intelectual ante los iniciados o
quedando a la espera de una revelación semejante.
2. La Verdad debe ser aceptada en bloque,
incuestionada, no sometida al proceso de dudas y objeciones que son fruto
del ejercicio racional. El método de la razón es totalmente diferente, está abierto
a cualquiera y no distingue entre las personas, lo mismo un esclavo que un gran
señor (Menón).
3. La revelación elige a unos cuantos, la razón puede ser elegida por cualquiera,
por todos.
4. Se puede fingir una revelación sublime o una intuición emotiva pero no se puede
fingir el ejercicio racional, porque cualquiera puede repetirlo con nosotros o en
nuestro lugar: no hay conclusión racional si otro no está facultado para seguir al
menos el mismo razonamiento y compartirlo o señalar sus errores.

ESCEPTICISMO
El vocablo “escéptico” significó originariamente: “el que mira o examina
cuidadosamente”. El fundamento de la actitud escéptica es la cautela. El escepticismo
como doctrina filosófica tiene dos aspectos: uno teórico y otro práctico.
Desde el punto de vista teórico, como doctrina del conocimiento según la cual, no hay
ningún saber firme, ni puede encontrarse nunca ninguna opinión absolutamente
segura.
Desde el punto de vista práctico, como la actitud de no adherirse a ninguna opinión
determinada (suspende todo juicio). Pone en duda todos y cada uno de los
conocimientos humanos; más aún duda incluso de la capacidad humana de llegar a tener
algún conocimiento digno de ese nombre. Todo supuesto conocimiento humano es cuando
menos dudoso y a fin de cuentas nos descubre poco o nada de lo que pretendemos saber.
No hay conocimiento verdaderamente seguro o fiable cuando se lo examina a fondo.

Críticas al ESCEPTICISMO
1. ¿Tiene por segura y fiable al menos su creencia en el escepticismo? “Solo sé que no sé
nada” al menos cree en una verdad. Entonces, es contradictorio consigo mismo.
2. Puede dar argumentos contra la posibilidad de conocimiento racional pero para ello
necesita utilizar la razón argumentativa.
3. Duda frente a la duda. Si no hay posibilidad de conocimiento verdadero tampoco hay
posibilidad de error.
No tiene sentido su vida. Si no cree en la verdad de ninguna de nuestras creencias nada
tiene sentido.

RELATIVISMO
Por ‘relativismo’ puede entenderse:
1) Una tesis epistemológica según la cual no hay verdades absolutas; todas las llamadas
«verdades» son relativas, de modo que la verdad o validez de una proposición o de un jui-
cio dependen de las circunstancias o condiciones en que son formulados. Estas circuns-
tancias o condiciones pueden ser una determinada situación, un determinado estado de
cosas o un determinado momento.

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Material de trabajo N° 1 - Lecturas básicas

2) Una tesis ética según la cual no se puede decir de nada que es bueno o malo ab-
solutamente. La bondad o maldad de algo dependen asimismo de circunstancias, condicio-
nes o momentos.
Tanto 1) como 2) pueden entenderse de dos maneras:
(A) De un modo radical se afirma que nada es verdadero (ni falso) y nada es bueno (ni
malo), los predicados ‘verdadero’, ‘falso’, ‘bueno’ y ‘malo’ deben ser simplemente pros-
critos.
(B) De una forma moderada se afirma que como los juicios o proposiciones acompañadas
de
Diccionario de Filosofía. José Ferrater Mora.

El conocimiento no es único y absoluto, sino en comparación a otra cosa o a su contexto.


Por ejemplo: algo es considerado bueno en comparación a algo malo y en una
circunstancia concreta.
El saber está condicionado por la cultura, la moral y los preconceptos que tiene cada
individuo. Por ejemplo: algo es verdadero en una cultura determinada, pero en otra es
considerado falso, debido a las creencias y costumbres que condicionan la definición de
los conceptos.
La noción de relativismo se puede aplicar al campo del conocimiento en general, aunque
se distingue mejor en el ámbito de la moral, la ética y la cultura.
Las diferentes maneras de interpretar y explicar el mundo son válidas, mientras se
formulen en base a argumentos comprensibles y justificables.
La oposición a la corriente objetivista que sostiene que la verdad y el conocimiento son
independientes de los individuos y su contexto.6

Críticas al RELATIVISMO

Todo termina resultando subjetivo. Existen determinadas cuestiones que son


imposibles de abordar desde la subjetividad absoluta por lo que se pierde la
coherencia al intentar aceptar absolutamente todos los puntos de vista. Resulta una
corriente subjetiva por la falta de parámetros.
El relativismo se contradice a sí mismo. Existen premisas universalmente
válidas que trascienden en el tiempo, por ejemplo: que el día y la noche determina
el transcurso de un día. Esa premisa existe aunque no se la anteponga con otros
conceptos, por lo que confunde el hecho de forzar a compararla con un punto de
vista subjetivo

Actividad 4

-----------------

6
Fuente: [Link] "Relativismo". Autor: Julia Máxima Uriarte. Para:
[Link]. Última edición: 8 de mayo de 2021. Disponible en: [Link]
Consultado: 27 de enero de 2022. Fuente: [Link]

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Material de trabajo N° 1 - Lecturas básicas

Racionalismo y Empirismo
¿Cómo conocemos? ¿Cuál es la fuente de nuestros
conocimientos?
Texto 1: RENÉ DESCARTES
¿En qué se fundamenta nuestro conocimiento?
Ya me percaté hace algunos años de cuántas opiniones falsas admití como
verdaderas en la primera edad de mi vida y de cuán dudosas eran las que después
construí sobre aquéllas, de modo que era preciso destruirlas de raíz para comenzar
de nuevo desde los cimientos si quería establecer alguna vez un sistema firme y
permanente. […] Por tanto, me he procurado un reposo
tranquilo en apartada soledad, con el fin de dedicarme en
libertad a la destrucción sistemática de mis opiniones. […]
Para ello no me será preciso examinarlas una por una, lo
que constituiría un trabajo infinito, sino que atacaré los
principios mismos en los que se apoya todo lo que creí en
un tiempo, ya que, excavados los cimientos, se derrumba al
momento lo que está por encima edificado.
Todo lo que hasta ahora he admitido como absolutamente
cierto lo he percibido de los sentidos o por los sentidos; he
descubierto, sin embargo, que éstos engañan de vez en
cuando y es prudente no confiar nunca en aquellos que nos han engañado aunque
sólo haya sido por una sola vez. Con todo, aunque a veces los sentidos nos engañan
en lo pequeño y en lo lejano, quizás hay otras cosas de las que no se puede dudar
aun cuando las recibamos por medio de los mismos, como, por ejemplo, que estoy
aquí, que estoy sentado junto al fuego, que estoy vestido con un traje de invierno,
que tengo este papel en las manos y cosas por el estilo. ¿Con qué razón se puede
negar que estas manos y este cuerpo sean míos? A no ser que me asemeje a los
locos, […] que aseveran en todo momento que son reyes, siendo en realidad pobres,
o que están vestidos de púrpura, estando desnudos, o que tienen una jarra en vez de
cabeza, o que son unas calabazas, o que están creados de vidrio. […]
Perfectamente, como si yo no fuera un hombre que suele dormir por la noche e
imaginar en sueños las mismas cosas y a veces, incluso, menos verosímiles que
esos desgraciados cuando están despiertos. ¡Cuán frecuentemente me hace creer el
reposo nocturno lo más trivial, como, por ejemplo, que estoy aquí, que llevo puesto
un traje, que estoy sentado junto al fuego, cuando en realidad estoy echado en mi
cama después de desnudarme! Pero ahora veo ese papel con los ojos abiertos, y no
está adormilada esta cabeza que muevo, y consciente y sensiblemente extiendo mi
mano, puesto que un hombre dormido no lo experimentaría con tanta claridad; como
si no me acordase de que he sido ya otras veces engañado en sueños por los
mismos pensamientos. Cuando doy más vueltas a la cuestión veo sin duda alguna
que estar despierto no se distingue con indicio seguro del estar dormido. […]
Pues bien: soñemos, y que no sean, por tanto, verdaderos esos actos particulares;
como, por ejemplo, que abrimos los ojos, que movemos la cabeza, que extendemos

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Material de trabajo N° 1 - Lecturas básicas

las manos; pensemos que quizá ni tenemos tales manos ni tal cuerpo. Sin embargo,
se ha de confesar que han sido vistas durante el sueño como unas ciertas imágenes
pintadas que no pudieron ser ideadas sino a la semejanza de cosas verdaderas y
que, por lo tanto, estos órganos generales (los ojos, la cabeza, las manos, etc.)
existen, no como cosas imaginarias, sino verdaderas; puesto que los propios
pintores ni aun siquiera cuando intentan pintar las sirenas y los sátiros con las
formas más extravagantes posibles, pueden crear una naturaleza nueva en todos los
conceptos, sino que entremezclan los miembros de animales diversos; incluso si
piensan algo de tal manera nuevo que nada en absoluto haya sido visto que se le
parezca ciertamente, al menos deberán ser verdaderos los colores con los que se
componga ese cuadro. De la misma manera, aunque estos órganos generales
puedan ser imaginarios, se habrá de reconocer al menos otros verdaderos más
simples y universales, de los cuales como de colores verdaderos son creadas esas
imágenes de las cosas que existen en nuestro conocimiento, ya sean falsas, ya sean
verdaderas.
A esta clase parece pertenecer la naturaleza corpórea en general en su extensión, al
mismo tiempo que la figura de las cosas extensas, la cantidad o la magnitud y el
número de las mismas, el lugar en que estén, el tiempo que duren, etc.
En consecuencia, deduciremos quizá sin errar de lo anterior que la física, la
astronomía, la medicina y todas las demás disciplinas que dependen de la
consideración de las cosas compuestas, son ciertamente dudosas, mientras que la
aritmética, la geometría y otras de este tipo, que tratan sobre las cosas más simples
y absolutamente generales, sin preocuparse de si existen en realidad en la
naturaleza o no, poseen algo cierto e indudable, puesto que, ya esté dormido, ya
esté despierto, dos y tres serán siempre cinco y el cuadrado no tendrá más que
cuatro lados; y no parece ser posible que unas verdades tan obvias incurran en
sospecha de falsedad.
La idea de Dios
No obstante, está grabada en mi mente una antigua idea, a saber, que existe un Dios
que es omnipotente y que me ha creado tal como soy yo. Pero, ¿cómo puedo saber
que Dios no ha hecho que no exista ni tierra, ni magnitud, ni lugar, creyendo yo
saber, sin embargo, que todas esas cosas no existen de otro modo que como a mí
ahora me lo parecen? ¿E incluso que, del mismo modo que yo juzgo que se
equivocan algunos en lo que creen saber perfectamente, así me induce Dios a errar
siempre que sumo dos y dos o cuento los lados del cuadrado o realizo cualquier otra
operación si es que se puede imaginar algo más fácil todavía? Pero quizá Dios no ha
querido que yo me engañe de este modo, puesto que de él se dice que es
sumamente bueno; ahora bien, si repugnase a su bondad haberme creado de tal
suerte que siempre me equivoque, también parecería ajeno a la misma permitir que
me engañe a veces; y esto último, sin embargo, no puede ser afirmado. […]
Supondré, pues, que no un Dios óptimo, sino algún genio maligno de extremado
poder e inteligencia pone todo su empeño en hacerme errar. […]
La hipótesis del Genio Maligno
Hay un no sé quién engañador sumamente poderoso, sumamente listo, que me hace
errar siempre a propósito. Sin duda alguna, pues, existo yo también, si me engaña a
mí; y por más que me engañe, no podrá nunca conseguir que yo no exista mientras
yo siga pensando que soy algo. De manera que, una vez sopesados

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Material de trabajo N° 1 - Lecturas básicas

escrupulosamente todos los argumentos, se ha de concluir que siempre que digo


«Yo soy, yo existo» o lo concibo en mi mente, necesariamente ha de ser verdad. […]
El pensamiento existe, y no puede serme arrebatado; yo soy, yo existo: es
manifiesto. Pero, ¿por cuánto tiempo? Sin duda, en tanto que pienso, puesto que
aún podría suceder, si dejase de pensar, que dejase yo de existir en absoluto. […]
Conozco que existo; me pregunto ahora: ¿quién soy yo? Es indudable que este
concepto, tomado estrictamente así, no depende de las cosas que todavía no sé si
existen, y por lo tanto de ninguna de las que me figuro en mi imaginación, puesto
que imaginar no es otra cosa que contemplar la figura o la imagen de una cosa
corpórea. […]
De las ideas
El orden de mi trabajo me obliga a distribuir todos mis pensamientos en diversos
géneros, y a averiguar en cuáles hay propiamente verdad o falsedad. […] En lo que
se refiere a las ideas que representan a los demás hombres, a los animales o a los
ángeles, veo fácilmente que han podido ser creadas de las ideas que tengo de mí
mismo. […] Respecto a las cosas que aparecen en las ideas de los seres corporales,
hay algunas, a saber, la sustancia, la duración, el número, que me parece que las he
podido tomar de la idea de mí mismo, puesto que cuando pienso que la piedra es
una sustancia […] y que yo soy también una sustancia, […] parecen sin embargo
convenir ambos en lo que se refiere a la sustancia. […]
Por lo tanto, sólo queda la idea de Dios, en la que se ha de considerar si es algo que
no haya podido proceder de mí mismo. Bajo la denominación de Dios comprendo
una sustancia infinita, independiente, que sabe y puede en el más alto grado, y por la
cual he sido creado yo mismo con todo lo demás que existe, si es que existe algo
más. Todo lo cual es de tal género que cuanto más lo considero, tanto menos parece
haber podido salir sólo de mí. De lo que hay que concluir que Dios necesariamente
existe. Porque aun cuando exista en mí la idea de sustancia por el mismo hecho de
que soy sustancia, no existiría la idea de sustancia infinita, siendo yo finito, si no
procediese de alguna sustancia infinita en realidad. […]
Resta tan sólo examinar de qué modo he recibido esta idea de Dios, porque ni la he
recibido con los sentidos, ni ha sido imaginada por mí. […] No es de extrañar que
Dios, al crearme, haya puesto en mí esa idea, como el signo del artífice impreso en
su obra. Sólo del hecho de que Dios me haya creado, es muy verosímil que haya
sido hecho en cierto modo a su imagen y semejanza, y esa semejanza, en la que está
contenida la idea de Dios, la perciba por la misma facultad con que me percibo a mí
mismo: es decir, cuando concentro mi atención en mí, no solamente considero que
soy una cosa incompleta y dependiente de otra […] sino que también reconozco que
aquel de quien dependo posee estas cosas mayores no en potencia, sino en
realidad, y que, por tanto, es Dios. Toda la fuerza del argumento reside en admitir
que no puede ser que yo exista teniendo en mí la idea de Dios, si Dios no existiera
también en realidad. […]
René Descartes, ”Meditaciones acerca de la filosofía primera, en las cuales se
demuestra la existencia de Dios, así como la distinción real entre el alma y el cuerpo
del hombre”. (Selección).

Actividad 5:

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Material de trabajo N° 1 - Lecturas básicas

Ver Repartido: El caso de los cerebros en una cubeta.

ACTIVIDAD 6:
Texto 3: DAVID HUME
“Tratado de la naturaleza humana” (selección)
Del origen de nuestras ideas.
“Todas las percepciones de la mente humana se reducen a dos géneros distintos
que yo llamo impresiones e ideas. La diferencia entre ellos consiste en los grados de
fuerza y vivacidad con que se presentan a nuestro espíritu y se abren camino en
nuestro pensamiento y conciencia. A las percepciones que penetran con más fuerza
y violencia llamamos impresiones, y comprendemos bajo este nombre todas
nuestras sensaciones, pasiones y emociones tal como hacen su primera aparición
en el alma. Por ideas entiendo las imágenes débiles de éstas en el pensamiento y
razonamiento, como, por ejemplo, lo son todas las percepciones despertadas por el
presente discurso, exceptuando solamente las que surgen de la vista y tacto y
exceptuando el placer o dolor inmediato que pueden ocasionar. Creo que no será
preciso emplear muchas palabras para explicar esta distinción. Cada uno por sí
mismo podrá percibir fácilmente la diferencia entre sentir y pensar. Los grados
comunes de éstos son fácilmente distinguidos, aunque no es imposible en casos
particulares que puedan aproximarse el uno al otro. Así, en el sueño, en una fiebre,
la locura o en algunas emociones violentas del alma nuestras ideas pueden
aproximarse a nuestras impresiones del mismo modo que, por otra parte, sucede a
veces que nuestras impresiones son tan débiles y tan ligeras que no podemos
distinguirlas de nuestras ideas. Pero a pesar de esta próxima semejanza en pocos
casos, son en general tan diferentes que nadie puede sentir escrúpulo alguno al
disponerlas en dos grupos distintos y asignar a cada uno un nombre peculiar para
marcar esta diferencia. Existe otra división de nuestras percepciones que será
conveniente observar y que se extiende a la vez sobre impresiones e ideas. Esta
división es en simples y complejas. Percepciones o impresiones e ideas simples son
las que no admiten distinción ni separación. Las complejas son lo contrario que
éstas y pueden ser divididas en partes. Aunque un color, sabor y olor particular son
cualidades unidas todas en una manzana, es fácil percibir que no son lo mismo, sino
que son al menos distinguibles las unas de las otras. Habiendo dado por estas
divisiones orden y buena disposición a nuestros objetos, podemos aplicamos a
considerar ahora con más precisión sus cualidades y relaciones. La primera
circunstancia que atrae mi atención es la gran semejanza entre nuestras
impresiones e ideas en todo otro respecto que no sea su grado de fuerza y
vivacidad. Las unas parecen ser en cierto modo el reflejo de las otras, así que todas
las percepciones del espíritu humano son dobles y aparecen a la vez como
impresiones e ideas. Cuando cierro mis ojos y pienso en mi cuarto las ideas que yo
formo son representaciones exactas de impresiones que yo he sentido, y no existe
ninguna circunstancia en las unas que no se halle en las otras. Recorriendo mis
otras percepciones hallo aún la misma semejanza y representación. Las ideas y las
impresiones parecen siempre corresponderse las unas a las otras. Esta
circunstancia me parece notable y atrae mi atención por un momento. Después de

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Material de trabajo N° 1 - Lecturas básicas

una consideración más exacta hallo que he sido llevado demasiado lejos por la
primera apariencia y que debo hacer uso de la distinción de percepciones en
simples y complejas para limitar la decisión general de que todas nuestras ideas o
impresiones son semejantes. Observo que muchas de nuestras ideas complejas no
tienen nunca impresiones que les correspondan y que muchas de nuestras
impresiones complejas no son exactamente copiadas por ideas. Puedo imaginarme
una ciudad como la nueva Jerusalén, cuyo pavimento sea de oro y sus muros de
rubíes, aunque jamás he visto una ciudad semejante. Yo he visto París, pero
¿afirmaré que puedo formarme una idea tal de esta ciudad que reproduzca
perfectamente todas sus calles y casas en sus proporciones justas y reales? Por
consiguiente, veo que, aunque existe en general una gran semejanza entre nuestras
impresiones e ideas complejas, no es universalmente cierta la regla de que son
copias exactas las unas de las otras. Debemos considerar ahora qué sucede con
nuestras percepciones simples. Después del examen más exacto de que soy capaz
me aventuro a afirmar que la regla es válida aquí sin excepción alguna y que toda
idea simple posee una impresión simple que se le asemeja, y toda impresión simple,
una idea correspondiente. La idea de rojo que formamos en la obscuridad y la
impresión de éste que hiere nuestros ojos a la luz del Sol difieren tan sólo en grado,
no en naturaleza. Es imposible probar por una enumeración particular que sucede lo
mismo con todas nuestras impresiones simples e ideas. Cada uno puede
convencerse, con respecto a este punto, recorriendo tantas como le plazca; pero si
alguno negase esta semejanza universal, no veo otro modo de convencerle más que
pidiéndole que muestre una simple impresión que no tenga una idea
correspondiente, o una idea simple que no tenga una impresión correspondiente. Si
no respondiese a este desafío, como ciertamente no lo hará, podremos, dado su
silencio y nuestra propia observación, establecer nuestra conclusión. Así, hallamos
que todas las ideas o impresiones simples se asemejan las unas a las otras, y como
las complejas se forman de ellas, podemos afirmar en general que estas dos
especies de percepciones son exactamente correspondientes. Habiendo descubierto
esta relación, que no requiere un examen ulterior, siento curiosidad por encontrar
algunas otras de sus cualidades. Consideremos qué sucede con respecto de su
existencia, y con respecto a estas impresiones e ideas también cuáles de ellas son
causas y cuáles efectos.”

ACTIVIDAD 7

Nota:
[Link] actividades numeradas se explicarán en clase. La mayoría de ellas son actividades
orales con evaluación.
[Link] temáticas de esta ficha cuentan con Bibliografía complementaria que estará
publicada en la plataforma.

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