REPARTIDO 1 Niv 2EMS
REPARTIDO 1 Niv 2EMS
jpg
2° EMS
MATERIAL DE
TRABAJO N° 1
FILOSOFIA
2025
_____________________
Estudiante:
Prof. Elena Rodríguez
Material de trabajo N° 1 - Lecturas básicas
¿Qué es conocimiento? (…) esa pregunta puede tener sentidos diferentes que obligan a
respuestas distintas. El conocimiento es un proceso psíquico que acontece en la
mente de un hombre; es también un producto colectivo, social, que comparten
muchos individuos.
Pero, la pregunta puede tener un segundo sentido. Puede referirse ya no a la génesis, sino
a la justificación y validez del conocimiento, querer decir: ¿en qué condiciones algo
puede calificarse de conocimiento? ¿Qué distingue el conocimiento de las
creencias?.¿En qué condiciones un pretendido saber está justificado, es verdadero
o falso, corresponde o no con la realidad?.
Análisis de conceptos:
CREER:
Preguntemos primero: ¿saber implica creer? En el lenguaje ordinario podemos usar
"creencia" en, por lo menos, dos sentidos. En un primer sentido, "creer" es opuesto a
"saber". Si digo "creo que hay otra vida" doy a entender que no lo sé. A la inversa, si sé
algo, suelo a veces oponer mi saber a una simple creencia; este sentido tiene "creer"
cuando afirmamos: "no creo tal cosa, la sé" ("no creo que Pablo sea inocente, lo sé"):
queremos decir que no tenemos una mera suposición insegura, sino mucho más que eso.
"Creer" tiene entonces un sentido restringido: quiere decir tener algo por verdadero pero
sin estar seguro de ello, ni contar con pruebas suficientes. Equivale a "suponer",
''presumir", "conjeturar'', pero no a "estar cierto". En este sentido restringido puede
hablarse de una creencia "vacilante" o "insegura", adjetivos que no podrían aplicarse a un
saber.
Pero en todos esos casos "creencia" tiene un sentido restringido o especial. Si tomamos
"creer" en su sentido más general significa simplemente "tener un enunciado por
verdadero" o "tener un hecho por existente", aceptar la verdad y realidad de algo,
sin dar a entender que mis pruebas sean o no suficientes.
SABER:
Por otra parte… saber implica necesariamente creer pues no se puede saber sin tener,
el mismo tiempo algo por verdadero. (Si digo sé que 2+2 4, también creo que es así.).
Todo saber implica creencia, pero no toda creencia implica saber.
¿Qué habría que añadirle a una creencia para calificarla de saber?
- Una correspondencia con la realidad (verdad).
- Tener razones suficientes que justifiquen la creencia.
En resumen, S sabe que p supone 3 condiciones:
1) S cree que p
2) “p” es verdadera
3) S tiene razones suficientes para creer que p.
Podemos llamar “justificada” a una creencia basada en razones suficientes.
Saber es, entonces, creencia verdadera y justificada.
Algunos problemas:
I) El saber se analiza como una especie del género de la “creencia”. Pero ¿qué es
creencia? Estamos ante un concepto vago e impreciso. Por una parte, es
importante distinguirlo de otros estados internos del sujeto, como intenciones,
actitudes y afectos. La creencia forma parte de una personalidad; está enlazada
con otros elementos psíquicos: motivos, propósitos, razones.
II) ¿qué es justificación? ¿cuándo las razones son suficientes para saber? El concepto
de “razones suficientes”, es también impreciso.
CONOCER Y SABER
Apuntes de: Luis Villoro “Creer, saber, conocer”. (págs. 11 y ss; 197 y ss)
Actividad 1:
Elaborar un esquema comparativo con los tres conceptos.
CONOCIMIENTOS
El saber natural, sus formas. Existen dos formas de abrirse cognoscitivamente a la
realidad; la primera, de una manera esencialmente activa, es decir, acercándonos a ella
poniendo en obra todos nuestros recursos cognoscitivos, es decir, nuestras “facultades”
naturales de captación e interpretación de lo real (básicamente, la experiencia y la razón);
la segunda, de una manera primordialmente pasiva, esperando recibir de la realidad algo
de ella inalcanzable por tales recursos naturales, algo supraracional y trascendente
(acogido, así, en una actitud de fe…) La primera actitud cognoscitiva supone una iniciativa
humana, un preguntar activo que espera, ciertamente, la respuesta de la realidad, pero
tras “forzarla” a responder. La segunda actitud cognoscitiva supone una iniciativa divina,
una revelación gratuita… Modalidades del saber natural (que responde a la primera actitud
descrita).
Conocimiento vulgar o por experiencia
Se caracteriza tanto por su peculiar contenido como por la forma de su adquisición. Su
contenido está constituido por “conocimientos” ordinariamente superficiales acerca de la
realidad, inconexos entre sí, relativos a casos o a ámbitos de realidad muy concretos, solo
aventuradamente generalizados y siempre incapaces de “explicar” en profundidad lo que
ocurre: sabemos lo que “suele” pasar, pero no “porque” pasa lo que pasa. Ese pobre
contenido es el fruto lógico del modo como adquirimos tal saber: la vida misma, sin
especial esfuerzo, nos enseña muchas cosas a través de la experiencia prolongada en el
tiempo, en particular cosas que nos interesan desde el punto de vista práctico y utilitario.
Este saber vulgar, a pesar de sus deficiencias, no deja de ser, sin embargo, a menudo
acertado, y tanto por esta razón como por el hecho de ser el punto de partida de las otras
formas de saber más rigurosas, nada tiene de despreciable.
Conocimiento científico
Se caracteriza principalmente por indagar la causa de los hechos hasta llegar al por qué
explicativo de los mismos. Su elaboración supone un investigar rigurosamente ordenado
de la realidad considerada, aplicando un método adecuada a ella y no aceptando más que
aquello que resiste a la crítica más exigente. Aunque cada ciencia sea un todo unitario,
ninguna de ellas “pregunta por la totalidad de cuanto hay”. Cada ciencia se dedica a un
campo determinado. Estas ciencias tienen limitaciones ya que son parciales y se basan en
la observación.
Conocimiento filosófico.
Este para loa mayoría de los filósofos se presenta con los rasgos que descubrimos en las
ciencias (saber causal, sistemático, metódico, crítico) por esto es que se suele exigir que
se le reconozca el carácter de auténtica ciencia, pero sin la doble limitación: la
La Posverdad
Pensar con otros: una guía de supervivencia para tiempos de Posverdad1
Cada año, el Diccionario Oxford elige la «palabra del año». En 2016, esa palabra fue
posverdad, definida como «las circunstancias en las que los hechos objetivos influencian
menos a la opinión pública que las apelaciones a la emoción o a las creencias
personales». A fines de 2017, el término ingresó al diccionario de la Real Academia
Española, pero allí fue definido de modo ligeramente distinto: «distorsión deliberada de una
realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en
actitudes sociales».
1
Nogués, G. Pensar con otros, disponible bajo licencia Creative Commons en [Link]
Material compartido por el Prof. Germán Rodríguez Bobadilla - 2021
o no (...) Lo novedoso es que, cuando quedó claro que las campañas del Brexit y de Trump
estaban inundadas de datos falsos, muchos de los votantes no se sintieron engañados.
Como si la verdad, en su sentido más extenso o incluso en el más limitado, ya no fuera
relevante frente a cómo se los hizo sentir. Ya no había en algunos políticos ni siquiera una
intención de parecer estar diciendo la verdad, porque lo que se decía era fácilmente
contradicho por los hechos que estaban al alcance de todos (...)
Hablar de la posverdad nos obliga a hablar de la verdad. (...) Abordaremos acá la verdad
como la correspondencia entre lo que decimos y lo que ocurre en el mundo. Nuestro
enfoque será más bien práctico. Esto es, asumiremos que existe una realidad,
independiente de nosotros, y que podemos acceder a ella con mayor o menor grado de
dificultad. Nuestro acceso a la realidad es imperfecto porque es a través de herramientas
imperfectas: nuestra experiencia es subjetiva, nuestros sentidos mezclados con nuestras
expectativas nos cuentan qué ocurre, y nuestras interpretaciones acerca de lo que
significan los hechos pueden variar. Podríamos llorar sobre la leche derramada, quejarnos
de nuestros límites, o podríamos aceptar que es lo mejor que tenemos a disposición y,
dado esto, considerar nuestras limitaciones como parte del proceso para acceder a la
realidad. En este libro, verdad debería leerse en este sentido: no como algo absoluto y de
certeza total, pero tampoco como algo tan vago e inaccesible que sería equivalente a
cualquier ficción (...)
Compartimos todos, este mismo planeta, esta misma realidad. Compartimos también
preocupaciones, problemas y esperanzas. Pero también tenemos, y seguiremos teniendo,
enormes diferencias entre nosotros. Para poder conversar esas diferencias de perspectiva
entre nosotros, necesitamos ponernos de acuerdo en cuáles son los hechos que
observamos. Sin ese primer acuerdo, no hay intercambio posible de ideas o argumentos,
no hay modo de tener experiencias compartidas, y corremos el riesgo de volvernos
impermeables al otro.
Discutimos ya que cuando queremos entender mejor cómo funciona el mundo, qué es lo
que ocurre y cómo lo afectan nuestras decisiones, no es lo mismo una opinión personal,
basada en la experiencia o en tradiciones, que algo sostenido por evidencias de calidad
(...)
¿Deberíamos, entonces, confiar en nuestra razón, en cómo pensamos? Ojalá pudiéramos,
pero el problema es que nuestros cerebros no piensan del todo bien. Como antes, no
deberíamos ofendernos. Somos así y nada de esto es un ataque personal. Si identificamos
algunos de los problemas más frecuentes de nuestra manera de pensar, quizá estemos
mejor preparados para evitar que estos problemas terminen colaborando en la generación
de una posverdad. Conocer las piedras que nos hacen tropezar ayuda a que podamos
detectarlas y evitarlas mejor.
Abraham Wald era un matemático judío nacido en el Imperio austrohúngaro (hoy Rumania) que
había huido de la persecución nazi y se había exiliado en Estados Unidos en 1938. Toda su familia,
salvo un hermano, fue exterminada en Auschwitz. Wald era uno de los matemáticos que trabajaban
en el Panel de Matemática Aplicada que se había establecido especialmente para resolver
problemas matemáticos y de estadísticas vinculadas con la guerra (sí, había algo así). Él notó
enseguida el error en el razonamiento anterior. Se trata de un error tan común que seguramente, sin
darnos cuenta, todos nosotros lo hicimos, y lo seguiremos haciendo, en esta situación o en otras. Su
análisis impidió que se implementara la idea de reforzar las zonas del avión que volvían más
dañadas de las misiones, y mostró la manera correcta de entender el problema. Con la información
de cuáles eran las zonas de los aviones con mayor concentración de agujeros de bala, Wald
concluyó que esos eran justamente los lugares que no había que reforzar. ¿Por qué? Porque, como
se analizaba el daño producido en los aviones que volvían de sus misiones, esos eran los lugares
menos críticamente vulnerables, los lugares en los que los aviones podían recibir impactos de bala
y, aun así, no estrellarse. En cambio, los lugares en los que no se observaban daños eran aquellos
en los que las balas provocaban que el avión cayera. Wald convenció a los militares de esto, y los
aviones se reforzaron en los lugares adecuados. De esta manera, se logró salvar muchas vidas y
mejorar las chances de los Aliados de ganar la
guerra.
subestiman los fracasos incluso disponiendo de los datos correctos y teniendo la intención
de tomar una decisión adecuada.
Este sesgo está presente cada vez que alguien destaca una historia de éxito y cree que, si
sigue los mismos pasos, el camino será el mismo. Por ejemplo, una historia del estilo
«María no terminó el secundario y puso un negocio de ropa con el que gana muchísimo
dinero. Me parece que yo también voy a dejar todo y poner un negocio de ropa». ¿Sería
esta una buena decisión? ¿Acaso sabemos cuántas Marías dejaron el secundario,
pusieron negocios de ropa y les fue muy mal? Claro que no. No lo sabemos, porque no
vemos a las que fracasaron (...) Casi siempre, cometemos errores al pensar, tanto que
podemos predecir que ocurrirán. En algunas personas más que en otras, en algunas
situaciones más frecuentemente que en otras, pero siempre estarán presentes. Algunos de
esos errores son sistemáticos y muy difíciles de detectar y de evitar. Lo difícil de esta
situación es que, por la naturaleza misma de los sesgos cognitivos, nunca podemos estar
seguros de sí estamos o no cayendo en alguno. Lo que sí podemos hacer es intentar estar
más atentos (...)
Cuando vemos que nuestra experiencia o nuestro sentido común nos dicen algo y las
evidencias dicen lo contrario, no debemos sorprendernos tanto. Lo más probable es que lo
que pensábamos fuera solo el efecto de los sesgos, o de creencias irracionales, como
comentamos en el capítulo anterior. Si queremos la verdad y no estamos de acuerdo con
alguna afirmación basada en evidencias científicas, podemos enfrentarla, pero con más
evidencias científicas, usando la misma metodología, y no con una mera opinión. No vale
decir «a mí eso no me cierra» y seguir adelante como si nada. No es que no vale porque
no sea justo, o no sea ético, o por ninguna cuestión moral o de deber ser. No vale porque
la realidad nos va a golpear en la cabeza y, en general, no queremos que eso suceda (...)
Hay un sesgo realmente frecuente, y tan frecuente como indetectable. Es la tendencia que
tenemos todos a ver las cosas de manera tal que apoyan lo que creemos previamente. A
esto se lo conoce como sesgo de confirmación, e implica seleccionar, de un conjunto
de hechos, aquellos que sustentan nuestra postura previa, y excluir los demás. Esto no es
algo que hagamos adrede, sino más bien una equivocación recurrente e inconsciente:
somos refractarios a los hechos que nos
incomodan porque no concuerdan con lo que
pensamos (...)
verdad está en aquello señalado por la evidencia parcial, o incorrecta, que se selecciona, y
se omite evaluar la totalidad de las evidencias y notar dónde está el consenso (...)
3
DIMENSIONES DE LA VERDAD 2
En segundo lugar, también consideramos algo como verdadero cuando es fiable, cuando
se puede confiar en ello. Es la dimensión que la verdad tiene de autenticidad. Esta puede
entenderse de dos modos; o bien, como confianza en las cosas, o bien como confianza en
las personas. En cuanto se confía en la autenticidad de las cosas, se enlaza con la raíz
latina (veritas), que viene a expresar justamente aquello que es digno de crédito, lo que
merece confianza, y por tanto, resulta firme y seguro, es auténtico. Pero la confianza
puede entenderse también referida a personas. Aquel en quien se puede confiar muestra
un rasgo de verdad, en cuanto autenticidad. La confianza adquiere el matiz de fidelidad, y
ello a su vez genera también seguridad, firmeza. Alguien en quien se puede confiar es
alguien firmemente fiel a sus amigos, a su tarea como intelectual, a sus creencias, a sus
compromisos, etc. Esta es la dimensión de la verdad puesta de manifiesto en la tradición
hebrea (emunah).
Por último, se habla de verdad cuando algo coincide con lo que las cosas son. Aquí
“verdadero” tiene también un sentido de seguridad, de firmeza, pero
surgida metodológicamente del ajuste con la realidad de las cosas.
Se trata pues de una representación adecuada, de un decir
correctamente lo que es. En cierto modo se produce una
“juridificación” o “metodologización” de la comprensión de la
verdad. He aquí la dimensión de la adecuación, corrección,
correspondencia (orthotes, adecuatio), presente en la mayor parte
de las concepciones de la verdad.”
Actividad 3
2
Teorías de la verdad en el siglo XX (Pág. 11)
3
Representación de la diosa Maat.
4
Murillo, I. Presentación en Diálogo Filosófico, N° 38, 1997
realidad. Es decir, no dar por sabido o por válido nada en nuestro conocimiento, mientras
no analicemos por qué consideramos sabido lo sabido y válido lo válido.
(…) En efecto, una actitud crítica que pretenda enfrentarse con la objetividad y valor del
conocimiento tiene que ser una crítica de la inteligencia humana y de la razón misma.
Fuente: Selección: “Teoría del conocimiento”, Sergio Rábade. Editorial Akal, Madrid, 1995. Pp.17 – 20
2º Los dos miembros de la relación no pueden separarse de ella sin que dejen de ser sujeto y objeto.
[...]
5º Visto desde el sujeto, el «aprehender» puede describirse como una salida del sujeto más allá de su
esfera, [...].
6º Sólo fuera de sí mismo puede el sujeto captar las determinaciones del objeto, [...]. Por consiguiente,
la función de conocimiento se presenta como un acto de tres fases: como salida, como estar-fuera y
como retorno-a-sí del sujeto.
7º La intrusión del sujeto y su incorporación de lo captado dejan intacto al objeto como tal. El objeto no se torna
inmanente. Las determinaciones del objeto no se alteran por el hecho de que sea captado e incorporado a la
esfera del sujeto [...] Por consiguiente, el objeto se muestra indiferente hacia el sujeto, más no éste hacia aquel.
Solo en el sujeto se altera algo mediante la función del conocimiento. En el objeto no surge nada nuevo, mientras
que en el sujeto nace la conciencia del objeto con su contenido: la “imagen” del objeto." (pp. 65-68)5
5
HARTMANN, Nicolai: Metafísica del conocimiento (1921), trad. por J. Rovira Armengol, Bs. As., Losada, 1957,
tt. I-II. Disponible: [Link] Nicolai: Metafísica del
conoc
Críticas al DOGMATISMO.
1. Esta forma de acceso a la Verdad es algo así
como un privilegio de unos cuantos, que los menos
afortunados sólo lograrían compartir indirectamente
por obediencia intelectual ante los iniciados o
quedando a la espera de una revelación semejante.
2. La Verdad debe ser aceptada en bloque,
incuestionada, no sometida al proceso de dudas y objeciones que son fruto
del ejercicio racional. El método de la razón es totalmente diferente, está abierto
a cualquiera y no distingue entre las personas, lo mismo un esclavo que un gran
señor (Menón).
3. La revelación elige a unos cuantos, la razón puede ser elegida por cualquiera,
por todos.
4. Se puede fingir una revelación sublime o una intuición emotiva pero no se puede
fingir el ejercicio racional, porque cualquiera puede repetirlo con nosotros o en
nuestro lugar: no hay conclusión racional si otro no está facultado para seguir al
menos el mismo razonamiento y compartirlo o señalar sus errores.
ESCEPTICISMO
El vocablo “escéptico” significó originariamente: “el que mira o examina
cuidadosamente”. El fundamento de la actitud escéptica es la cautela. El escepticismo
como doctrina filosófica tiene dos aspectos: uno teórico y otro práctico.
Desde el punto de vista teórico, como doctrina del conocimiento según la cual, no hay
ningún saber firme, ni puede encontrarse nunca ninguna opinión absolutamente
segura.
Desde el punto de vista práctico, como la actitud de no adherirse a ninguna opinión
determinada (suspende todo juicio). Pone en duda todos y cada uno de los
conocimientos humanos; más aún duda incluso de la capacidad humana de llegar a tener
algún conocimiento digno de ese nombre. Todo supuesto conocimiento humano es cuando
menos dudoso y a fin de cuentas nos descubre poco o nada de lo que pretendemos saber.
No hay conocimiento verdaderamente seguro o fiable cuando se lo examina a fondo.
Críticas al ESCEPTICISMO
1. ¿Tiene por segura y fiable al menos su creencia en el escepticismo? “Solo sé que no sé
nada” al menos cree en una verdad. Entonces, es contradictorio consigo mismo.
2. Puede dar argumentos contra la posibilidad de conocimiento racional pero para ello
necesita utilizar la razón argumentativa.
3. Duda frente a la duda. Si no hay posibilidad de conocimiento verdadero tampoco hay
posibilidad de error.
No tiene sentido su vida. Si no cree en la verdad de ninguna de nuestras creencias nada
tiene sentido.
RELATIVISMO
Por ‘relativismo’ puede entenderse:
1) Una tesis epistemológica según la cual no hay verdades absolutas; todas las llamadas
«verdades» son relativas, de modo que la verdad o validez de una proposición o de un jui-
cio dependen de las circunstancias o condiciones en que son formulados. Estas circuns-
tancias o condiciones pueden ser una determinada situación, un determinado estado de
cosas o un determinado momento.
2) Una tesis ética según la cual no se puede decir de nada que es bueno o malo ab-
solutamente. La bondad o maldad de algo dependen asimismo de circunstancias, condicio-
nes o momentos.
Tanto 1) como 2) pueden entenderse de dos maneras:
(A) De un modo radical se afirma que nada es verdadero (ni falso) y nada es bueno (ni
malo), los predicados ‘verdadero’, ‘falso’, ‘bueno’ y ‘malo’ deben ser simplemente pros-
critos.
(B) De una forma moderada se afirma que como los juicios o proposiciones acompañadas
de
Diccionario de Filosofía. José Ferrater Mora.
Críticas al RELATIVISMO
Actividad 4
-----------------
6
Fuente: [Link] "Relativismo". Autor: Julia Máxima Uriarte. Para:
[Link]. Última edición: 8 de mayo de 2021. Disponible en: [Link]
Consultado: 27 de enero de 2022. Fuente: [Link]
Racionalismo y Empirismo
¿Cómo conocemos? ¿Cuál es la fuente de nuestros
conocimientos?
Texto 1: RENÉ DESCARTES
¿En qué se fundamenta nuestro conocimiento?
Ya me percaté hace algunos años de cuántas opiniones falsas admití como
verdaderas en la primera edad de mi vida y de cuán dudosas eran las que después
construí sobre aquéllas, de modo que era preciso destruirlas de raíz para comenzar
de nuevo desde los cimientos si quería establecer alguna vez un sistema firme y
permanente. […] Por tanto, me he procurado un reposo
tranquilo en apartada soledad, con el fin de dedicarme en
libertad a la destrucción sistemática de mis opiniones. […]
Para ello no me será preciso examinarlas una por una, lo
que constituiría un trabajo infinito, sino que atacaré los
principios mismos en los que se apoya todo lo que creí en
un tiempo, ya que, excavados los cimientos, se derrumba al
momento lo que está por encima edificado.
Todo lo que hasta ahora he admitido como absolutamente
cierto lo he percibido de los sentidos o por los sentidos; he
descubierto, sin embargo, que éstos engañan de vez en
cuando y es prudente no confiar nunca en aquellos que nos han engañado aunque
sólo haya sido por una sola vez. Con todo, aunque a veces los sentidos nos engañan
en lo pequeño y en lo lejano, quizás hay otras cosas de las que no se puede dudar
aun cuando las recibamos por medio de los mismos, como, por ejemplo, que estoy
aquí, que estoy sentado junto al fuego, que estoy vestido con un traje de invierno,
que tengo este papel en las manos y cosas por el estilo. ¿Con qué razón se puede
negar que estas manos y este cuerpo sean míos? A no ser que me asemeje a los
locos, […] que aseveran en todo momento que son reyes, siendo en realidad pobres,
o que están vestidos de púrpura, estando desnudos, o que tienen una jarra en vez de
cabeza, o que son unas calabazas, o que están creados de vidrio. […]
Perfectamente, como si yo no fuera un hombre que suele dormir por la noche e
imaginar en sueños las mismas cosas y a veces, incluso, menos verosímiles que
esos desgraciados cuando están despiertos. ¡Cuán frecuentemente me hace creer el
reposo nocturno lo más trivial, como, por ejemplo, que estoy aquí, que llevo puesto
un traje, que estoy sentado junto al fuego, cuando en realidad estoy echado en mi
cama después de desnudarme! Pero ahora veo ese papel con los ojos abiertos, y no
está adormilada esta cabeza que muevo, y consciente y sensiblemente extiendo mi
mano, puesto que un hombre dormido no lo experimentaría con tanta claridad; como
si no me acordase de que he sido ya otras veces engañado en sueños por los
mismos pensamientos. Cuando doy más vueltas a la cuestión veo sin duda alguna
que estar despierto no se distingue con indicio seguro del estar dormido. […]
Pues bien: soñemos, y que no sean, por tanto, verdaderos esos actos particulares;
como, por ejemplo, que abrimos los ojos, que movemos la cabeza, que extendemos
las manos; pensemos que quizá ni tenemos tales manos ni tal cuerpo. Sin embargo,
se ha de confesar que han sido vistas durante el sueño como unas ciertas imágenes
pintadas que no pudieron ser ideadas sino a la semejanza de cosas verdaderas y
que, por lo tanto, estos órganos generales (los ojos, la cabeza, las manos, etc.)
existen, no como cosas imaginarias, sino verdaderas; puesto que los propios
pintores ni aun siquiera cuando intentan pintar las sirenas y los sátiros con las
formas más extravagantes posibles, pueden crear una naturaleza nueva en todos los
conceptos, sino que entremezclan los miembros de animales diversos; incluso si
piensan algo de tal manera nuevo que nada en absoluto haya sido visto que se le
parezca ciertamente, al menos deberán ser verdaderos los colores con los que se
componga ese cuadro. De la misma manera, aunque estos órganos generales
puedan ser imaginarios, se habrá de reconocer al menos otros verdaderos más
simples y universales, de los cuales como de colores verdaderos son creadas esas
imágenes de las cosas que existen en nuestro conocimiento, ya sean falsas, ya sean
verdaderas.
A esta clase parece pertenecer la naturaleza corpórea en general en su extensión, al
mismo tiempo que la figura de las cosas extensas, la cantidad o la magnitud y el
número de las mismas, el lugar en que estén, el tiempo que duren, etc.
En consecuencia, deduciremos quizá sin errar de lo anterior que la física, la
astronomía, la medicina y todas las demás disciplinas que dependen de la
consideración de las cosas compuestas, son ciertamente dudosas, mientras que la
aritmética, la geometría y otras de este tipo, que tratan sobre las cosas más simples
y absolutamente generales, sin preocuparse de si existen en realidad en la
naturaleza o no, poseen algo cierto e indudable, puesto que, ya esté dormido, ya
esté despierto, dos y tres serán siempre cinco y el cuadrado no tendrá más que
cuatro lados; y no parece ser posible que unas verdades tan obvias incurran en
sospecha de falsedad.
La idea de Dios
No obstante, está grabada en mi mente una antigua idea, a saber, que existe un Dios
que es omnipotente y que me ha creado tal como soy yo. Pero, ¿cómo puedo saber
que Dios no ha hecho que no exista ni tierra, ni magnitud, ni lugar, creyendo yo
saber, sin embargo, que todas esas cosas no existen de otro modo que como a mí
ahora me lo parecen? ¿E incluso que, del mismo modo que yo juzgo que se
equivocan algunos en lo que creen saber perfectamente, así me induce Dios a errar
siempre que sumo dos y dos o cuento los lados del cuadrado o realizo cualquier otra
operación si es que se puede imaginar algo más fácil todavía? Pero quizá Dios no ha
querido que yo me engañe de este modo, puesto que de él se dice que es
sumamente bueno; ahora bien, si repugnase a su bondad haberme creado de tal
suerte que siempre me equivoque, también parecería ajeno a la misma permitir que
me engañe a veces; y esto último, sin embargo, no puede ser afirmado. […]
Supondré, pues, que no un Dios óptimo, sino algún genio maligno de extremado
poder e inteligencia pone todo su empeño en hacerme errar. […]
La hipótesis del Genio Maligno
Hay un no sé quién engañador sumamente poderoso, sumamente listo, que me hace
errar siempre a propósito. Sin duda alguna, pues, existo yo también, si me engaña a
mí; y por más que me engañe, no podrá nunca conseguir que yo no exista mientras
yo siga pensando que soy algo. De manera que, una vez sopesados
Actividad 5:
ACTIVIDAD 6:
Texto 3: DAVID HUME
“Tratado de la naturaleza humana” (selección)
Del origen de nuestras ideas.
“Todas las percepciones de la mente humana se reducen a dos géneros distintos
que yo llamo impresiones e ideas. La diferencia entre ellos consiste en los grados de
fuerza y vivacidad con que se presentan a nuestro espíritu y se abren camino en
nuestro pensamiento y conciencia. A las percepciones que penetran con más fuerza
y violencia llamamos impresiones, y comprendemos bajo este nombre todas
nuestras sensaciones, pasiones y emociones tal como hacen su primera aparición
en el alma. Por ideas entiendo las imágenes débiles de éstas en el pensamiento y
razonamiento, como, por ejemplo, lo son todas las percepciones despertadas por el
presente discurso, exceptuando solamente las que surgen de la vista y tacto y
exceptuando el placer o dolor inmediato que pueden ocasionar. Creo que no será
preciso emplear muchas palabras para explicar esta distinción. Cada uno por sí
mismo podrá percibir fácilmente la diferencia entre sentir y pensar. Los grados
comunes de éstos son fácilmente distinguidos, aunque no es imposible en casos
particulares que puedan aproximarse el uno al otro. Así, en el sueño, en una fiebre,
la locura o en algunas emociones violentas del alma nuestras ideas pueden
aproximarse a nuestras impresiones del mismo modo que, por otra parte, sucede a
veces que nuestras impresiones son tan débiles y tan ligeras que no podemos
distinguirlas de nuestras ideas. Pero a pesar de esta próxima semejanza en pocos
casos, son en general tan diferentes que nadie puede sentir escrúpulo alguno al
disponerlas en dos grupos distintos y asignar a cada uno un nombre peculiar para
marcar esta diferencia. Existe otra división de nuestras percepciones que será
conveniente observar y que se extiende a la vez sobre impresiones e ideas. Esta
división es en simples y complejas. Percepciones o impresiones e ideas simples son
las que no admiten distinción ni separación. Las complejas son lo contrario que
éstas y pueden ser divididas en partes. Aunque un color, sabor y olor particular son
cualidades unidas todas en una manzana, es fácil percibir que no son lo mismo, sino
que son al menos distinguibles las unas de las otras. Habiendo dado por estas
divisiones orden y buena disposición a nuestros objetos, podemos aplicamos a
considerar ahora con más precisión sus cualidades y relaciones. La primera
circunstancia que atrae mi atención es la gran semejanza entre nuestras
impresiones e ideas en todo otro respecto que no sea su grado de fuerza y
vivacidad. Las unas parecen ser en cierto modo el reflejo de las otras, así que todas
las percepciones del espíritu humano son dobles y aparecen a la vez como
impresiones e ideas. Cuando cierro mis ojos y pienso en mi cuarto las ideas que yo
formo son representaciones exactas de impresiones que yo he sentido, y no existe
ninguna circunstancia en las unas que no se halle en las otras. Recorriendo mis
otras percepciones hallo aún la misma semejanza y representación. Las ideas y las
impresiones parecen siempre corresponderse las unas a las otras. Esta
circunstancia me parece notable y atrae mi atención por un momento. Después de
una consideración más exacta hallo que he sido llevado demasiado lejos por la
primera apariencia y que debo hacer uso de la distinción de percepciones en
simples y complejas para limitar la decisión general de que todas nuestras ideas o
impresiones son semejantes. Observo que muchas de nuestras ideas complejas no
tienen nunca impresiones que les correspondan y que muchas de nuestras
impresiones complejas no son exactamente copiadas por ideas. Puedo imaginarme
una ciudad como la nueva Jerusalén, cuyo pavimento sea de oro y sus muros de
rubíes, aunque jamás he visto una ciudad semejante. Yo he visto París, pero
¿afirmaré que puedo formarme una idea tal de esta ciudad que reproduzca
perfectamente todas sus calles y casas en sus proporciones justas y reales? Por
consiguiente, veo que, aunque existe en general una gran semejanza entre nuestras
impresiones e ideas complejas, no es universalmente cierta la regla de que son
copias exactas las unas de las otras. Debemos considerar ahora qué sucede con
nuestras percepciones simples. Después del examen más exacto de que soy capaz
me aventuro a afirmar que la regla es válida aquí sin excepción alguna y que toda
idea simple posee una impresión simple que se le asemeja, y toda impresión simple,
una idea correspondiente. La idea de rojo que formamos en la obscuridad y la
impresión de éste que hiere nuestros ojos a la luz del Sol difieren tan sólo en grado,
no en naturaleza. Es imposible probar por una enumeración particular que sucede lo
mismo con todas nuestras impresiones simples e ideas. Cada uno puede
convencerse, con respecto a este punto, recorriendo tantas como le plazca; pero si
alguno negase esta semejanza universal, no veo otro modo de convencerle más que
pidiéndole que muestre una simple impresión que no tenga una idea
correspondiente, o una idea simple que no tenga una impresión correspondiente. Si
no respondiese a este desafío, como ciertamente no lo hará, podremos, dado su
silencio y nuestra propia observación, establecer nuestra conclusión. Así, hallamos
que todas las ideas o impresiones simples se asemejan las unas a las otras, y como
las complejas se forman de ellas, podemos afirmar en general que estas dos
especies de percepciones son exactamente correspondientes. Habiendo descubierto
esta relación, que no requiere un examen ulterior, siento curiosidad por encontrar
algunas otras de sus cualidades. Consideremos qué sucede con respecto de su
existencia, y con respecto a estas impresiones e ideas también cuáles de ellas son
causas y cuáles efectos.”
ACTIVIDAD 7
Nota:
[Link] actividades numeradas se explicarán en clase. La mayoría de ellas son actividades
orales con evaluación.
[Link] temáticas de esta ficha cuentan con Bibliografía complementaria que estará
publicada en la plataforma.