TEMA 14:
La creación del universo y del hombre como acción de
Dios: Dios creador. Elevación de lo creado a una
dimensión sobrenatural. Creación e historia de la
salvación. Las afirmaciones del Antiguo y del Nuevo
Testamento sobre la acción creadora de Dios. La
creación de los ángeles y demonios. La providencia de
Dios. Cuestiones fronterizas entre la fe y la ciencia sobre
el origen del mundo.
Landa Requena, Cesar Augusto
Merino Guerrero Carlos Martín Joshimar
Quineche Gutiérrez Diego Rodrigo
1. La creación del universo y del hombre como acción de Dios: Dios creador
1.1. La creación del universo como acción de Dios
En el Símbolo de los apóstoles se profesa que Dios es el creador del cielo y la tierra,
y el Símbolo de Nicea explicita las siguientes palabras: De todo lo visible y lo invisible.
“Nuestro Símbolo se inicia con la creación del cielo y la tierra, ya que la creación es el
comienzo y el fundamento de todas las obras de Dios”[Link] ello podemos llegar a la noción
de Dios como creador de todo cuanto existe. No solo es causa del mundo material, sino
también de realidades suprasensibles.
La fe cristiana mantiene la creencia que el universo no es fruto del azar, sino que,
tiene por autor a Dios, causa primera de todas las cosas. El libro del Genesis comienza
con las siguientes palabras: bershit barah elohim (en el principio Dios creó). Tanto la
Sagrada Escritura, la Tradición y el Magisterio de la Iglesia sostienen de modo unánime
que el mundo debe su existencia a la acción de Dios.
San Buenaventura al referirse a la creación explica que Dios ha creado todas las
cosas no para aumentar su gloria, sino para manifestarla y comunicarla. La causa por la
cual Dios crea no es otra que su amor y bondad. Por tanto, la creación no es una necesidad,
es una acción libre basada en su deseo de manifestar y entregar sus bienes a las creaturas.
Otra característica fundamental es la creación ex nihilo (Dios ha hecho todo de la nada).
Así lo atestigua la madre de los siete hijos macabeos antes de ser [Link] primer
libro de la Biblia en los primeros capítulos narra la obra del Creador, llevada a cabo en
siete días. “Las cosas van surgiendo por imperativo divino, surgiendo en orden
ascendente, de lo más primario a lo más complejo: al mundo inanimado, la tierra, el mar
y firmamento, los cuerpos celestes, los peces, los pájaros y los animales terrestres, y por
fin el hombre en su condición de sexos”3. Es de este modo que la creación se presenta
como una obra gradual, buena y ordenada4.
Por lo tanto, podemos llegar a la conclusión de que Dios mismo es el que ha creado
todo lo que existe fuera de Él, pues el mundo comienza a existir cuando fue sacado de la
nada gracias a la Palabra de Dios.
[Link]ón del hombre como acción de Dios
Toda la diversidad de seres creados a pesar de ser muchos poseen un orden y
jerarquía, donde “el hombre es la cumbre de la obra de la creación”5. Él ha sido creado a
imagen y semejanza de su Creador, “es el único capaz de conocer y amar a Dios”6. Él ha
sido constituido como señor de todas las creaturas para que las gobernase7. El ser humano
ocupa un lugar privilegiado dentro de la creación, pues Dios ha creado todo en función
de él, para que este pueda vivir en comunión con la creación, consigo mismo y con su
Hacedor. Pero el hombre rompió con esta amistad, tras caer en el pecado. Pero Dios a
1
CEC 198
2
cf. 2Mac 7,22-23.28
3
COLUNGA ALBERTO, Biblia Comentada Pentateuco, B.A.C 1967. p.46
4
cf. Sb 11,22
5
CEC 343
6
CONCILIO VATICANO II, Constitución Pastoral Gaudium et Spes 12.
7
cf. Gn 1,26; Sb 2,23
pesar de su pecado no lo abandonó al poder de la muerte, sino que envió a su Hijo único
para liberar al hombre y reconciliarlo nuevamente con él.
1.2.1. El hombre unidad de cuerpo y alma.
Partiendo de la filosofía aristotélico-tomista, de modo especial la doctrina del
hilemorfismo, el hombre es una substancia compuesta de materia y forma. La materia del
hombre es su cuerpo, mientras que su forma será su alma. Alma y cuerpo son los
principios constitutivos del hombre. una característica fundamental del alma humana es
que está dotada de racionalidad.
El concilio V de Letrán (1513) hizo una definición dogmática en la cual afirma
expresamente de la existencia del alma racional. De ella se dice que “es inmortal, única
en cada hombre, tiene carácter intelectivo y es por sí misma y esencialmente forma del
cuerpo humano”8. Posteriormente, en el concilio de Vienne (1311) se reafirmó la
inmortalidad del alma humana.
1.2.2. El estado original del hombre desde la perspectiva de la creación y el pecado
“Por estado en el sentido teológico se entiende ciertas situaciones fundamentales
(internas y externas) del hombre en la historia salvífica”9. Por ello, podemos diferenciar
en el hombre los siguientes estados:
• Naturaleza pura (naturae purae): es entendida no como el hombre elevado al
orden de lo sobrenatural, sino como la situación del hombre en cuanto que es
animal racional (desde un plano puramente natural).
• Naturaleza elevada (naturae elevatae): Dios pretendió que el hombre fuera
elevado al orden de lo sobrenatural y así lo hizo al concederle las perfecciones
propias de la gracia.
• Naturaleza lapsa (naturae lapsae): es la situación del hombre al haber caído en el
pecado, sin contar con la redención de Cristo.
• Naturaleza caída y redimida (natura lapsa et reparata): situación real del
hombre, que concluirá cuando el reino de Dios entre en plenitud. La redención
hecha por Cristo ha liberado al hombre del pecado, pero aun el hombre, estando
bautizado posee ciertos rasgos de la caída: pecado y concupiscencia.
Karl Rahner, está de acuerdo con la distinción que aparece en la suma teológica de
Santo Tomas10 (ST III q. 13 a. 1 ad 2), donde se distinguen tres estados:
• Justicia original: es la situación del hombre libre, que ha sido elevado por la gracia
de Dios, pues la finalidad del hombre es la visión como fin suyo. Es el estado de
santidad básica.
• Naturaleza caída y reparada: es la situación creada por el pecado original y la
redención del hombre. Este estado es uno, puede darse en el hombre
relacionándose diversamente con su libertad.
8
cf DS 1440
9
RAHNER KARL, Enciclopedia Teológica Sacramentum Mundi- Tomo III. ed. Herder 1973, p. 510
10
Santo Tomás distingue tres estados del hombre: statis innocentiae, culpae, gloriae.
• Estado de consumación o de gloria: el hombre está llamado a una vida
sobrenatural. El sacrificio de Cristo tiene un carácter universal, pero depende de
cada persona acogerlo. Pero a pesar de ello la plenitud de la redención se da tras
la muerte del hombre y su resurrección.
2. Elevación de lo creado a una dimensión sobrenatural
2.1. El orden sobrenatural
El hombre desde el primer instante de la creación ha sido llamado a la comunión con
el Dios Trino, es decir la vocación del hombre, a diferencia de otras creaturas, es divina.
Decía san Agustín: “nos hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse
en ti”11. El obispo de Hipona era consciente de que la relación con Dios es la única
plenitud del hombre
La vocación divina del hombre es una iniciativa gratuita de Dios. Pero a consecuencia
del pecado el hombre pierde la comunión con Dios, más en Jesucristo la gratuidad de la
salvación se muestra de un modo más intenso gracias a la justificación por la fe (Rm
3,28). “Para los Santos Padres no hay duda que no hay más destino del hombre que la
visión de Dios y de la divinización hecha posible porque el Hijo ha asumido la naturaleza
humana”12.
Santo Tomas de Aquino supo distinguir cuales eran las perfecciones del hombre
otorgadas por la naturaleza y las otorgadas por la gracia. Dios ha querido comunicar sus
perfecciones a las creaturas, en lo que se refiere al hombre es la racionalidad (don natural).
Las gracias santificante, la visión de Dios, la inmortalidad etc. se cuentan entre los dones
sobrenaturales. Posteriormente, con el desarrollo teológico se va presentando la figura de
un “hombre abstracto”. Se separa al hombre en dos órdenes: el natural y el sobrenatural.
Fruto de estos presupuestos surge la idea de naturaleza pura13.
Jesucristo, ha sido enviado por el Padre, para que el hombre pueda recibir la
filiación divina. Su entrega es el acto más grande de amor hecho por Dios. Desde el punto
de vista antropológico la gracia será la consecuencia de este gran acto de amor. La
creación no tiene sentido más que hacer posible la venida de Jesús y la comunicación de
la vida divina a aquel que es capaz de recibirla. Por tanto, no existe otro tipo de hombre,
que aquel que está llamado a la filiación divina en Cristo.
Pero la relación de Dios con el hombre no puede solo definirse desde la situación
de criatura. Pues en Cristo el hombre adquiere un carácter supracreatural, pues todo
hombre está orientado a la recepción de la filiación divina. Pero su condición
supracreatural no descarta su ser de creatura. Además, que la llamada a la filiación no es
una exigencia de la creatura, es una gracia. Pero la gratuidad tiene dos momentos,
ordenados uno al otro: la libertad de Dios al crear y la libertad de entregarnos a su Hijo y
la de hacernos hijos suyos.
11
SAN AGUSTÍN, Confesiones 1,1. Ed. B.A.C 1968
12
LADARIA LUIS, Teología del pecado original y de la gracia, ed. B.A.C 1993 p. 6
13
La posibilidad que Dios hubiera podido crear al hombre solo con los bienes propios de su naturaleza,
excluyendo la visión beatifica y la comunión con Dios.
2.2. Condición del hombre antes del pecado14
Adán y Eva estaban dotados de gracia antes del pecado original, enriquecidos con
unos dones singulares y colocados en una situación que reflejaba en su ser la profunda
armonía de su relación con Dios.
El Concilio de Trento enseña que el primer hombre Adán fue constituido en un
estado de santidad y justicia15, que el mismo Concilio llama también estado de inocencia.
El Concilio Vaticano II hace eco de esta enseñanza cuando afirma que el Padre eterno
“decretó elevar a los hombres a la participación de su vida divina” (cf. LG 2). El
Catecismo de la Iglesia Católica expresa: “El primer hombre fue no solamente creado
bueno, sino constituido en amistad con su Creador y en armonía consigo mismo y con la
creación en torno a él; amistad y armonía tales que no serán superadas más que por la
gloria de la nueva creación en Cristo"16.
El hombre fue plenamente elevado en el mismo momento de la creación, es así
que Adán recibió dones naturales, que corresponden a su condición de criatura; y además
los dones sobrenaturales, es decir, la gracia santificante, la divinización que esa gracia le
concede, y la llamada última a la visión de Dios cuando todo sea recapitulado en la
segunda venida de Cristo. Recibió además los denominados dones preternaturales, que
no venían exigidos por la naturaleza, pero eran adecuados a ella, la perfeccionaban, y eran
en definitiva una manifestación de la gracia. Estos dones suponían la inmortalidad, la
impasibilidad y el dominio de la concupiscencia. Por la irradiación de la gracia, todas las
dimensiones de la vida del hombre estaban fortalecidas. Mientras permaneciera en la
intimidad divina, el hombre no debía ni morir (Cf. Gn 2, 17; 3, 19), ni sufrir (Cf. Gn 3,
16).
Es lícito interpretar la inmortalidad de Adán como una situación en la que el
tránsito a un estado definitivo no fuera experimentado con el dramatismo, el dolor y la
violencia de la muerte que el hombre padece después de la culpa original. Si la
concupiscencia es una consecuencia de la fuerza que el pecado original ha conquistado
en Adán (cf. Rm 6-8) se entiende bien por qué el hombre no se encontraba, antes de pecar,
bajo el impulso que le inclina a ceder ante sus pasiones y a apartarse de Dios. La
inmunidad de sufrimiento se explica principalmente por el hecho de que el dolor y la
enfermedad son signo y anticipación de la muerte. El don de la inmortalidad implica de
algún modo la ausencia de dolor.
3. Creación e historia de salvación
Dios quiere que todos los hombres se salven17. Para ello en la plenitud de los tiempos
ha enviado a su Hijo para salvar a todo el género humano. Pero este acontecimiento, que
es el fundamento de la fe de la Iglesia, no es un hecho aislado de toda la historia del
hombre, ya que Dios ha querido manifestar, de modo progresivo, su designio salvífico de
amor.
14
cf. MORALES JOSÉ, El misterio de la creación. ed. EUNSA 1994, pg. 246-249
15
cf. DS 1511
16
CEC 374
17
cf.1Tm 2,4
Desde el principio Dios creó al mundo por medio de su Hijo, la Palabra hecha carne.
El Hijo, Verbo e imagen de Dios es la causa ejemplar. Gracias a Cristo todas las cosas
tienen forma y belleza, orden y armonía. Él, que es camino, verdad y vida que ha
reconciliado al hombre con Dios: por él son todas las cosas. Por ende, todo camina hacia
él y tiene en él su consistencia18. De este modo, se entrelazan creación y redención en la
única persona de Jesucristo. En los primeros siglos del cristianismo, los Santos Padres,
no han visto en Cristo solo el redentor del género humano, sino también el Logos o razón
del universo. Bajo esta dinámica se consolida la unidad de la historia de salvación. La
creación realizada por mediación del Hijo camina hacia él mismo.
La historia de la salvación es entendida como aquel espacio concreto de la historia
humana donde Dios ha intervenido en favor del hombre. Esta historia tendrá un principio
y un fin. Como ya se trató anteriormente, la creación es el principio de la historia, esta es
la primera intervención del Creador, el punto de partida del plan salvífico de Dios. Pero
esta intervención fue revelada al pueblo elegido. Partiendo de Abraham hasta el fin de los
tiempos, la acción de Dios, al igual que en la creación, se sigue presentando como una
iniciativa divina, gratuita y libre. Dicha acción salvadora de Dios es un crear, hacer algo
nuevo. Mas aun cuando los profetas describen la futura acción divina hablan de la
creación de un cielo nuevo y una tierra nueva19. Pero la recreación de todo, la salvación
definitiva se da en la encarnación del Verbo que existía en el principio junto a Dios,
aquella palabra por quien todo fue hecho (cf. Jn1,3). Él con su muerte y resurrección no
solo ha liberado al hombre de la muerte y del pecado, sino que nos ha introducido dentro
de la vida trinitaria. Se entrelazan en Cristo la salvación del género humano y el designo
de Dios.
Debemos por tanto afirmar que el hombre y el mundo tienen sentido desde
siempre a partir de Jesús, y que no conocemos de hecho otra creación más que la que está
orientada hacia él. Pero este Jesús en quien todo subsiste es el que ha vivido, muerto y
resucitado por nosotros y así como ha subido al cielo ha de bajar nuevamente20. Así el
orden de la creación y el de la salvación se hallan radicalmente unidos.
4. Las afirmaciones del Antiguo y Nuevo Testamento sobre la acción creadora
de Dios.
[Link]ón en el Antiguo Testamento
El punto de partida de la interpretación de la creación en el Antiguo testamento
parte de la idea que “La Escritura no pretende contarnos cómo progresivamente se fueron
originando las diferentes plantas, ni cómo se formaron el sol, la luna y las estrellas, sino
que en último extremo quiere decirnos sólo una cosa: Dios ha creado el Universo”21. Es
así que encontramos abundantes pasajes en la Biblia donde se afirma que el mundo ha
sido creado por Dios.
18
cf. 1Col 1, 16-17
19
cf. Is 65,17
20
La parusía será la segunda venida de Cristo, que tendrá lugar en el fin de los tiempos. En ella Cristo
retornará con poder y gloria para juzgar a los vivos y muertos, e instaurará el reino de su Padre.
21
RATZINGER JOSEPH, Creación y pecado, ed. EUNSA 1992. p.5
4.1.1. Primer relato de la creación (Gn 1,1- 2,3)
En él se desarrolla un esquema de seis días, en los que se lleva a cabo la creación.
Tiene un carácter gradual, desde los seres más simples hasta los más complejos. Este
relato de seis días, no es histórico, pero no ha de ser descartado. Lo importante del relato
de la creación es que tiene por finalidad:
• presentar a Dios como el creador del mundo. ya que el mundo no se ha creado
a sí mismo.
• Todo cuanto Dios ha creado es bueno, pues de Dios nada malo puede salir.
• Se presenta al hombre como “imago Dei” (imagen de Dios): el hombre posee
inteligencia, es capaz de conocer, de amar y entrar en relación con Dios
mismo.
4.1.2. Segundo relato de la creación
Este relato se centra en la tierra (lugar de encuentro entre el hombre y su Creador).
Es sobre todo una antropología teológica que muestra el origen del hombre (hecho de
barro con el soplo del espíritu). Por último, en este segundo relato hay una concepción
antropomórfica de Dios. a diferencia del primer relato, el hombre es el primer ser de la
creación.
4.1.3. Otros textos del Antiguo Testamento sobre la creación
• Is 43,7: A todos los que se llamen por mi nombre, a los que para mí gloria creé,
plasmé e hice.
• Is 44,24: Sí dice Yahvé, tu redentor, el que te formó desde el seno. Yo, Yahvé, lo
he hecho todo, yo, solo, extendí los cielos, yo asenté la tierra, sin ayuda alguna.
• Jr 32,17: ¡Ay, Señor Yahvé! Tú eres quien hiciste los cielos y la tierra con tu gran
poder y tenso brazo: nada es extraordinario para ti.
• Sal 104: salmo sobre la creación22
• Jb 38,1-38: Primer discurso de Yahveh a Job23.
• Mc7,28: Te ruego, hijo, que mires al cielo y a la tierra y, al ver todo lo que hay en
ellos, sepas que a partir de la nada lo hizo Dios y que también el género humano
ha llegado así a la existencia24.
• Ne 9,6: ¡Tú, Yahvé, tú el único! Tú hiciste los cielos, el cielo de los cielos y toda
su mesnada, la tierra y todo cuanto abarca, los mares y todo cuanto encierran25.
El auténtico gran momento, en que la Creación se convirtió en el tema dominante, fue el
exilio babilónico. En este tiempo fue también cuando el primer relato de la creación,
22
En tono poético hace un relato de la creación que recuerda Gn 1
23
Este relato sirve para explicar el misterio de la creación, que Job desconoce.
24
Este texto es el primero en la que se emplea la expresión ex nihilo (Dios ha creado a partir de la nada)
25
Otros textos: Is 40, 28; 41, 20; 42, 5; 43, 1. 7. 15; 45, 7; 45, 18; Sb 13, 1 - 9.
basado en una tradición muy antigua, adquirió su forma propia y actual. Durante este
tiempo es cuando los profetas mostraban a Dios como el Señor de cielos y tierra, que no
era igual a los otros dioses, pues era el dominador de todas las naciones y esto lo podía
hacer porque lo había creado todo.
El pueblo de Israel aprende poco a poco lo que es la creación, enfrentando al
ambiente pagano. El relato del Génesis no será el único texto referente a la creación, pues
en la literatura sapiencial también expresan la creación como obra de Dios, pero con otras
imágenes. Luego de la elaboración de los salmos se continua la labor de justificar la fe en
la creación. Por ello, se deja ver en la Biblia imágenes, expresiones sobre la creación que
se van transformando a medida que va evolucionando el pensamiento. Con la llegada de
Cristo encontraremos el relato definitivo y equilibrado de la Sagrada Escritura (Cf Jn 1,1-
3)26.
[Link]ón en el Nuevo Testamento
En tiempos de Jesucristo, el pueblo judío admitía la doctrina de la creación del
mundo llevada por Dios. Pero, luego de enviar a los discípulos a anunciar el evangelio a
todas las gentes, era necesario que en la predicación al pueblo pagano se hiciera hincapié
en la doctrina de la creación. Basándose en 2 ejes fundamentales:
4.2.1. Dios Creador
Esta doctrina, elaborada en el Antiguo Testamento, “conserva en el Nuevo
Testamento su puesto esencial, se consuma incluso”27. Es claro en san Pablo que Dios ha
creado por su Palabra (Cf 2Cor 4,6) y llama de la nada a las cosas que son para que sean28.
Esta doctrina ocupa un lugar importante en la predicación a los paganos. Ejemplo de ellos
lo vemos en el discurso proferido por san Pablo en el Areópago (Hch 17,24-28).
Pero el Dios de Israel, el Hacedor, es presentado como Padre de Jesucristo, y no
solo eso, sino que, en la actividad del Padre, se encuentra estrechamente vinculado el Hijo
“Él es el único Señor por quien son todas las cosas y nosotros por él” (1Cor 8,6), siendo
la sabiduría de Dios, es el que sostiene todo con su palabra poderosa (Hb 1,3), porque en
él fueron creadas todas las cosas. Él es el Verbo que existía desde el principio junto a
Dios (cf Jn 1,1ss).
4.2.2. Nueva creación
El orden cósmico de la creación fue alterado a causa del pecado y en el Nuevo
Testamento lo presenta como un drama que afecta a todo cuanto existe. La novedad del
cristianismo fue la introducción del elemento cristológico en la creación. Con la venida
de Jesucristo se inaugura una nueva creación, aquella anunciada en tiempos de los
profetas. La nueva creación se aplica en primer lugar a los bautizados, donde los hombres
son renovados interiormente a imagen de su Creador (Cf Col 3,10). Pero en un segundo
26
Cf. RATZINGER JOSEPH, Creación y pecado, ed. EUNSA 1992. p. 24-45
27
DUFOUR LEÓN X., Vocabulario de Teología Bíblica. Ed. Herder. p. 198
28
cf. Rm 4,17
plano es aplicado al universo, puesto que el designio de Dios es constituir a Cristo como
cabeza de toda la creación (Ef 1,10) para reconciliar consigo todas las cosas. En Cristo la
creación y redención se tocan.
Existe un gran paralelismo entre la primera creación y la última. En el principio
Dios creó Adán y lo hizo cabeza de su raza y le entregó el mundo para que lo dominará.
En la plenitud de los tiempos, la Palabra se hizo carne y se ha convertido en el nuevo
Adán. Dios lo constituyó cabeza de la humanidad rescatada, que es su cuerpo (Cf. Ef
1,22ss). Le ha sido dado todo poder en el cielo y la tierra (Cf. Mt 28,18) y por eso él tiene
el poder de hacer del hombre una nueva criatura (Rm 8, 14-17).
Pero esta nueva creación aún no ha sido completada, pues el hombre redimido
espera aun la glorificación de su carne mortal cuando se lleve a cabo la resurrección de
los muertos, junto con el hombre toda la creación aguarda expectante la liberación de toda
corrupción. Hacia ello camina la historia, hacia un cielo nuevo y una tierra nueva (Cf. 2Pe
3,13) todo el universo será transfigurado, luego de la victoria definitiva del cordero sobre
el pecado.
5. Creación de ángeles y demonios
5.1.Ángeles29
El sentido etimológico de la palabra ángel es enviado, nuncio o legado. Este
término evoca no la naturaleza de los seres, sino el oficio que desempeñan. Esta palabra
aparece muchas veces en la Sagrada Escritura. De manera especial se entiende por ángel
a aquel ser espiritual enviado por Dios para algún ministerio referente a los hombres.
Estas son sustancias creadas30, intelectuales y superiores a los hombres.
La existencia de los ángeles en la Sagrada Escritura es una de las verdades más
frecuentemente [Link] innumerables los textos, tanto en el Antiguo como en el
Nuevo Testamento, que hacen referencia a estos seres. La Sagrada Escritura es la mejor
fuente a la que se puede acudir para demostrar su existencia 32. Estos seres son superiores
a los hombres, pero inferiores a Dios. La creación de estos ángeles no aparece en ningún
lugar de la Escritura, pero siempre son presentados como creaturas de Dios. En diversos
lugares de la biblia se les invita a los ángeles a alabar al Creador como creaturas que son
(Cf. Sal 148,2; Dn 3,58; Col 1,16).
La doctrina de la Iglesia desde la formulación de los primeros símbolos de la fe,
postula la verdad de Dios como creador de todas las cosas, de todo lo visible y lo invisible
(por cosas invisibles se entiende también a los ángeles, aunque no esté especificado).El
concilio IV de Letrán define expresamente: “Firmemente creemos y simplemente
29
Cf. SANTO TOMAS DE AQUINO, Suma Teológica, tomo III (introducción general P. Santiago Ramírez
O.P.) ed. B.A.C 1950, p. 31-47
30
[Link] 800
31
SAN GREGORIO MAGNO: “Casi todas las páginas de los libros sagrados testifican que existen los
ángeles y arcángeles” (Homil. 34 in Evang., n.7: LM 76, 1249)
32
Cf. AT: Gn 3,24; 18; 28,12; 32,24; Nm 22,20-27; Js 5,13; Jc 13,3-20; Tb 5; Dn 3,49 etc.
NT: Lc 1,11-19; 1,26-38; 4,1-13; Mt 1,20ss; 2,13s; Jn 20,11-13; Hch 1,10; 5,19-20; Hch 27,22-23 etc.
confesamos que uno solo es el verdadero Dios…Creador de todas las cosas, de las visibles
e invisibles, espirituales y corporales; Que por su omnipotente virtud a la vez desde el
principio del tiempo creó de la nada a una y otra creatura, la espiritual y la corporal, es
decir la angélica y la mundana33 ”. El catecismo Tridentino precisó que Dios creó
innumerables ángeles que le asistiesen y sirviesen. Posteriormente en el Concilio
Vaticano I se repetirá la definición del Concilio IV de Letrán34. Por tanto, queda
demostrado que la existencia de los ángeles es una verdad de fe. El testimonio de su
existencia en la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición.
[Link]
El concilio IV de Letrán postula que: “Los ángeles fueron creados buenos por
Dios, más ellos por si mismos se hicieron malos”35. De esto tenemos testimonio en la
Escritura. Los demonios son también conocidos como los ángeles caídos.
San Juan Pablo II en una catequesis sobre los ángeles dijo lo siguiente: “(Dios)
creando a los espíritus puros, como seres libres, en su Providencia, no podía no prever
también la posibilidad del pecado de los ángeles”. Prosigue más adelante: “como dice
claramente la revelación, el mundo de los espíritus está dividido en buenos y malos. Pues
bien, esta división no se obró por la creación de Dios, sino en base a la propia libertad de
la naturaleza espiritual de cada uno de ellos. Se realizó mediante la elección que para los
seres puramente espirituales posee un carácter incomparablemente más radical que la del
hombre y es irreversible, dado el grado de intuición y de penetración del bien, del que
está dotada su inteligencia… se debe decir también que los espíritus puros han sido
sometidos a una prueba de carácter moral”36.
Los demonios no han sido malos por naturaleza. Fueron creados buenos, pues el
libro del Genesis atestigua que todo lo que Dios creó era bueno (Cf. Gn 1,31). Los Textos
bíblicos no narran cuando o como se produjo la caída de estos seres, sin embargo, su
pecado lo suponen algunos textos de la Escritura y otros lo afirman explícitamente.
Jesucristo dijo que el diablo es “homicida desde el principio, y no se mantuvo en la
verdad, porque no hay verdad en él, cuando dice la mentira dice lo que le sale de dentro,
porque es mentiroso y padre de la mentira” (Jn8,44). San Pedro afirma que: Dios no
perdonó a los ángeles que pecaron (2Pe 2,4) y san Judas escribe de los ángeles que no
guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada (Jd 1,6).
Estos han recibido un castigo y una pena. La negación de la visión beatifica y el
tormento eterno en el infierno son las consecuencias de sus pecados. Reconoce la Iglesia
que los demonios son creaturas inferiores a Dios.
6. La providencia de Dios
Desde el punto de vista filosófico, frente a la contingencia de los seres, se hace
33
DS 800
34
DS 3002
35
DS 800
36
JUAN PABLO II, Audiencia general “catequesis sobre los ángeles caídos”. 23 de julio de 1983
necesaria la existencia de un ser necesario, una causa primera y creadora. La contingencia
de las cosas no solo se da en el momento que comienza a existir, sino también a lo largo
de toda su existencia. Por ende, la creación va íntimamente ligado a la conservación.
La Biblia presenta una perspectiva de la providencia en la medida que se afirma
la omnipotencia y trascendencia de Dios y la plena libertad del hombre. El Antiguo
Testamento presenta la idea de Dios providente, no tanto desde el orden cósmico, sino
desde la dimensión histórico salvífica. Dios se hace presente desde la creación hasta la
llamada de Abraham (Gn 22,14), en el éxodo (Ex 6, 15-18), en el anuncio profético (Jr
27,5). Esta experiencia se enuncia también en los libros sapienciales (Eclo 43,15ss),
donde Dios no solo obra en el pueblo, sino también en la vida de los individuos. En el
Nuevo Testamento, toda la enseñanza de Jesús va orientada a revelar que el hombre vive
bajo la mirada providencial y amorosa del Padre37. El abandono a la providencia es
constante, pues Dios concederá a cada uno lo necesario para vivir (Mt 6,25-34).
Los Santos Padres defendieron la doctrina de la providencia frente a diversas
corrientes heréticas como el fatalismo, maniqueísmo, gnosticismo. Gregorio Nacianceno
considera a la providencia como revelación del poder de Dios en la historia de la
salvación. San Agustín trató a profundidad el tema de la providencia en su obra Civitate
Dei, donde considera que la providencia es una acción benéfica y misteriosa de Dios, que
no suprime la libertad. Santo Tomas considera a la providencia como el plan eterno que
Dios tiene sobre el mundo “la razón del orden de las cosas a sus fines38”.
El Concilio Vaticano I en la constitución Dogmática Dei Filius afirma que: Todo
lo que Dios, creó, con su providencia lo conserva y gobierna “alcanzando de un confín al
otro poderosamente y disponiéndolo todo suavemente” (Sb 8,1). “Porque todo está
desnudo y patente ante sus ojos” (Hb 4,13), aun lo que ha de acontecer por libre acción
de las creaturas39. El Magisterio eclesiástico reconoce en la creación fue hecha “in statu
viae”40, es decir no está terminada aun, camina hacia una perfección, que ha de alcanza.
De todo lo anteriormente presentado se puede llamar providencia a las
disposiciones por las que Dios conduce la obra de su creación hacia la perfección. Pero
el modo por el cual Dios conduce a sus creaturas a su plenitud no se da de modo
individual, pues se sirve de la participación de las creaturas para realizar su obra. Pues
Dios al darle la existencia a sus creaturas les ha dado la posibilidad de actuar por sí
mismas, de ser “causas y principios” unas de otras. De este modo, los hombres se
convierten en cooperadores del plan divino y colaboradores de Dios (Cf. 1Cor 3,9).
7. Cuestiones fronterizas entre la fe y la ciencia sobre el origen del mundo.
Tanto la Revelación como el intelecto humano son capaces de dar una respuesta
al origen del universo y de modo especial el del hombre. La Sagrada Escritura, Palabra
de Dios dirigida al hombre, da respuesta a los interrogantes más profundos del hombre:
37
cf. RAVA E.C. Diccionario Teológico enciclopédico, Ed Verbo Divino 1995. p. 811
38
SANTO TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica I q 22, a.1. ed. B.A.C. 1950
39
[Link] 3003
40
cf. CEC 302
¿de dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Quiénes somos? De igual modo el ser humano
utilizando la razón puede llegar a alcanzar verdades que ya han sido reveladas por Dios
en el transcurso de la historia.
La cuestión sobre los orígenes del mundo y del hombre es objeto de numerosas
investigaciones científicas que han enriquecido magníficamente nuestros conocimientos
sobre la edad y las dimensiones del cosmos, el devenir de las formas vivientes, la
aparición del hombre41. Aparecen así muchas posturas que tratan de explicar el origen del
mundo y surge la pregunta ¿existe una relación entre el dato revelado y las ciencias
naturales sobre la explicación al origen del mundo?
La teoría evolucionista, que busca el origen del cuerpo humano en una materia
viva y preexistente42, propone que no solo el hombre, sino también el mundo atraviesa
diferentes estadios a través del tiempo hasta llegar a lo que hoy conocemos como el
mundo tal cual es. Esta teoría ha ido cobrando fuerza gracias al descubrimientos de restos
fosilizados, que demuestras un proceso evolutivo en diversas las especies. Pero esta
postura es incapaz de explicar la creación del mundo, solo la evolución de los seres vivos,
de allí que recibe su nombre. Hay quienes tratan de contraponer evolución y creación,
esto es errado, pues perfectamente se pueden complementar. La evolución podrá explicar
que una vez creados los seres vivos pueden haber evolucionado física y genéticamente.
La creación “ex nihilo” explica lo anterior a eso; anterior a la aparición de la vida, al
origen primero de los seres. La evolución no es un tema teológico. La evolución y la
creación no son posturas equivalentes.
La teoría del big bang (gran explosión) es generalmente aceptada como la
explicación más segura de los orígenes del universo. Según esta teoría todo el cosmos fue
causado por la explosión de la partícula X43 o partícula de Dios44 que se produjo en un
diminuto instante, dando origen al tiempo y el espacio. Estudios posteriores como los
realizados por el cosmólogo belga George- Henri Lemaitre, partiendo de ecuaciones
hechas por Albert Einstein, predijo por cálculo que vivimos en un universo que se
expande como los fragmentos de una granada que estalla.
En cuanto al hombre gozan de gran interés la teoría monogenismo y la teoría del
poligenismo. La primera plantea que a raíz del proceso evolutivo la especie humana tiene
un único origen, mientras que la segunda afirma lo contrario, existen diferentes linajes
para las diferentes razas humanas.
El libro del Genesis nos enseña que Dios es la razón suficiente de existencia. La
Sagrada escritura, en cuanto a los orígenes, no se propuso resolver preguntas
astronómicas o biológicas, sino “subrayar el orden, la armonía y la inteligibilidad de
cuanto existe, condiciones básicas que hacen posible la misma ciencia…y es esta misma
ciencia es la que nos permite re-expresar el Genesis con una mayor riqueza de detalles
41
cf. CEC 283
42
cf. DS 3896
43
Termino empleado por los astrofísicos para denominar a este primer átomo, invisible al ojo humano, y
que dio origen a la explosión.
44
También denominado bosón de Higgs, que recibe su nombre en honor a Peter Higgs.
que nos llevan a admirar al Creador conociendo más a fondo su obra”45 . Por ende, teorías
como el evolucionismo y aquellas que proponen el origen del universo son perfectamente
compatibles con la revelación. El Magisterio de la Iglesia no prohíbe que sea estudiada la
teoría del evolucionismo en la teología o la ciencia, por el contrario, su estudio ha de
favorecer a la comprensión del hombre en su dimensión física y espiritual. Por lo tanto,
se puede concluir que:
• No puede haber conflicto entre verdad revelada y un conocimiento adquirido por
la razón, pues fe y razón tienen como origen a Dios.
• Queda claro que la Biblia no tiene una finalidad científica, sino religiosa. No se
pueden considerar como reveladas las concepciones empíricas que en ellas se
recogen acerca del universo, ni del origen biológico del hombre.
• Para la Iglesia no hay, en principio, incompatibilidad entre la verdad de la creación
y la teoría científica de la evolución.
• La incompatibilidad se puede dar entre la creación ex nihilo y las tendencias que
defienden que la materia se auto crea por azar, por necesidad, sin contar con la
intervención de Dios. Además, es incompatible pensar en la eternidad del mundo,
que es contraria a la creación.
45
CARREIRA MANUEL MARÍA, Revista Teológica Catechumenium numero 10- Génesis en términos de la
ciencia moderna, Julio- Diciembre 2007. Facultad de Teología Redemptoris Mater, pg.58
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• FACULTAD DE TEOLOGIA REDEMPTORIS MATER, Revista Teológica
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