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Resumen Transicion

La transición democrática en España, iniciada tras la muerte de Franco, implicó un cambio significativo en las instituciones políticas y la modernización socioeconómica, a pesar de una crisis económica y social. La Ley de Reforma Política de 1976 y la Constitución de 1978 fueron hitos clave en este proceso, que culminó con las elecciones de 1979 y la victoria del PSOE en 1982, marcando el inicio de la España democrática actual. A lo largo de este periodo, se buscó un consenso político para abordar la crisis económica y establecer un sistema democrático estable.

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Resumen Transicion

La transición democrática en España, iniciada tras la muerte de Franco, implicó un cambio significativo en las instituciones políticas y la modernización socioeconómica, a pesar de una crisis económica y social. La Ley de Reforma Política de 1976 y la Constitución de 1978 fueron hitos clave en este proceso, que culminó con las elecciones de 1979 y la victoria del PSOE en 1982, marcando el inicio de la España democrática actual. A lo largo de este periodo, se buscó un consenso político para abordar la crisis económica y establecer un sistema democrático estable.

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LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA

La transición es el proceso por el cual se pasa de la dictadura a la democracia tras la muerte


de Franco. La instauración de la democracia supuso un profundo cambio de las instituciones políticas y
de la forma del propio Estado, acompañado de una gran modernización socioeconómica, cultural y de las
mentalidades, a pesar de producirse en una situación de grave crisis económica y de notable conflictividad
social.
Dos días después de la muerte de Franco, el 22 de noviembre, Juan Carlos I es proclamado Jefe
del Estado y Arias Navarro, confirmado como Presidente del Gobierno. Esto suponía una evolución
controlada desde el franquismo, con pequeñas reformas que no ocultaban el carácter inmovilista del
nuevo Gobierno. La oposición tomó la iniciativa y definió un programa común tras fusionarse las
plataformas que habían surgido en los años finales del franquismo (Junta Democrática, impulsada por el
PCE y Plataforma de Convergencia Democrática creada después por el PSOE) en una conjunta llamada
Coordinación Democrática. Su programa se concretaba en la formación de un gobierno provisional y en
la realización de elecciones libres de carácter constituyente que sentarían las bases de un sistema político
verdaderamente democrático.
Las fuerzas antifranquistas también promovieron una serie de movilizaciones populares
(manifestaciones, huelgas...que reclamaban libertades democráticas y amnistía a los presos políticos.
Aumentó la conflictividad laboral, con la convocatoria de numerosas huelgas, muchas de las cuales
también incluían reivindicaciones políticas. Todo ello contribuyó decisivamente a desacreditar el proyecto
continuista de Arias Navarro.
La tensa situación polarizó las posturas de los propios políticos procedentes del franquismo. El 30
de junio de 1976, temiendo que la situación se agravase, el rey Juan Carlos y sus colaboradores forzaron
la dimisión de Arias Navarro y nombraron a Adolfo Suárez, político reformista que había sido Ministro
del Movimiento. El nuevo gobierno propuso el proyecto de la Ley de Reforma Política (LRP), un breve
texto que proclamaba la democracia como forma de gobierno. Suárez logró que las Cortes franquistas
aprobaran la ley, a la que presentó como un cambio político de una legalidad a otra y no como una ruptura,
pese a que desmantelaba las instituciones del régimen como el Tribunal de Orden Público o el propio
Movimiento Nacional. La Ley de Reforma Política fue sometida a referéndum el 15 de diciembre de 1976
y aprobada por el 94% de los votantes. A continuación, nuevos decretos permitieron la legalización de
todos los partidos políticos, incluso el Partido Comunista (a pesar de la oposición de los sectores más
inmovilistas), la amnistía a los presos políticos, la libertad sindical o la ley electoral. El gobierno tuvo que
enfrentarse a una crisis interna, al enfrentamiento con los mandos militares y los sectores ultras del
franquismo, la tensión en la calle y a los atentados terroristas de extrema izquierda (ETA y el GRAPO) y
de extrema derecha como fue la matanza de Atocha (asesinato de 5 abogados del Partido Comunista).
Ante las primeras elecciones libres se fue configurando un nuevo panorama político: por un lado,
los partidos de izquierdas, que habían destacado por la oposición al régimen de Franco, PCE (Partido
Comunista de España) liderado por Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri y PSOE (Partido Socialista
Obrero Español) con nuevos dirigentes jóvenes, como Felipe González y Alfonso Guerra. Por otro lado,
surgió una nueva organización de derechas, Alianza Popular (AP) liderada por Fraga Iribarne y otros
exministros franquistas. Desde el gobierno se constituyó la UCD (Unión de Centro Democrático)
presidida por Suárez. Además, hay una importante representación de partidos nacionalistas como PNV
(Partido Nacionalista Vasco) o CDC (Convergència Democràtica de Catalunya
Las elecciones generales se celebraron el 15 de junio de 1977, que fueron las primeras tras las
de febrero de 1936, dieron como resultado un sistema político claramente bipartidista, integrado por dos
grandes partidos, la UCD, que logró el triunfo con 166 diputados, y el PSOE, que consiguió 118. Como
tercera fuerza, a mucha distancia, quedó el PCE-PSUC, con 19 escaños, mientras Alianza Popular obtuvo
16 y las formaciones catalanas y vascas lograron juntas 24 diputados.
Inauguradas las Cortes, Suárez, aunque no obtuvo mayoría absoluta en el Congreso, recibió el
apoyo necesario para mantenerse como presidente del gobierno (primer gobierno democrático después de
la Guerra Civil). La etapa que se abrió estuvo dominada por una política de consenso, es decir, de
acuerdos entre las fuerzas políticas para aprobar las reformas necesarias para edificar el sistema
democrático. Si en lo político el objetivo fundamental era la redacción de la Constitución, en lo económico
el fin primordial era combatir la grave crisis económica.
La transición coincidió con una importante crisis económica internacional iniciada en 1974 y
provocada por la subida del precio el petróleo, que en España tuvo graves repercusiones: disminución de
las exportaciones y la inversión extranjera, descenso de los ingresos por turismo, retorno de los emigrantes
españoles en Europa con la consiguiente disminución de sus remesas monetarias. Desde hacía varios años
los sucesivos gobiernos habían aparcado la toma de decisiones en este sentido y ahora la situación era
insostenible: una inflación situada en el 24,7% en 1977, aumento del paro, déficit exterior galopante,
quiebra de empresas… Para abordar esta crisis, se buscó un amplio consenso político y social (partidos,
sindicatos, organizaciones empresariales, etc.) que se concretó en los Pactos de la Moncloa. Estos
acuerdos fueron aprobados por todas las formaciones el día 27 de octubre de 1977. Sus objetivos
fundamentales fueron reducir la inflación y repartir equitativamente los efectos de la crisis. Se aprobaron
medidas como la contención de los salarios, la devaluación de la peseta, el control del gasto público, una
política monetaria restrictiva para reducir la masa monetaria en circulación, la reforma fiscal y un nuevo
marco de relaciones laborales, así como una serie de medidas para agilizar la contratación. De este modo
se pudieron abordar los costes sociales de la crisis económica y crear las bases para la construcción del
Estado del bienestar, con reformas como la de la Seguridad Social, el seguro de desempleo y el sistema
de pensiones.

En cuanto a la labor legislativa de las Cortes, su obra fundamental fue la elaboración de la


Constitución de 1978. El texto se elaboró de forma consensuada entre todos los partidos políticos con
representación parlamentaria. Para su redacción se hizo una comisión con siete diputados de los partidos
políticos conocidos como los «Padres de la Constitución». La nueva constitución proclama que la
soberanía nacional reside en el pueblo español, la forma política es la monarquía parlamentaria y establece
la separación e independencia de los tres poderes (el Legislativo reside en las Cortes Bicamerales, el
Ejecutivo en el Gobierno y el Judicial en Jueces y Tribunales independientes). Establece la
descentralización del Estado, conjugando "la indisoluble unidad de la Nación española, con el
reconocimiento del derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran. Otros
aspectos relevantes del texto constitucional son el reconocimiento de una amplísima declaración de
derechos y libertades. También se establece la aconfesionalidad del Estado, aunque tiene en cuenta las
creencias religiosas de la sociedad española de mayoría católica. Este texto permanece vigente en la
actualidad, se ha formado parcialmente en tres aspectos, pero ninguno de ellos afecta a los principios
fundamentales del mismo.
Una vez aprobada la Constitución, se convocaron nuevas elecciones para el 1 de marzo de 1979.
La UCD, con 168 escaños, volvió a ganar y Adolfo Suárez siguió al frente del gobierno. Las Cortes
aprobaron los Estatutos de autonomía del País Vasco y Cataluña (1979). En este segundo mandato, Suárez
comenzó a ser cuestionado como líder dentro de su propio partido. La debilidad del partido y del gobierno
se evidenció en las elecciones municipales de abril de 1979 y en las elecciones autonómicas de Cataluña
y País Vasco. Adolfo Suárez presentó su dimisión el 29 de enero de 1981. El rey designó a Leopoldo
Calvo Sotelo como candidato a la presidencia. La segunda ronda para su investidura como presidente del
gobierno quedó fijada para el día 23 de febrero. En ese mismo momento, un grupo de guardias civiles
armados al mando del teniente coronel Antonio Tejero irrumpió por la fuerza en el Congreso y retuvo a
los Diputados. Paralelamente, el capitán general de la región militar de Valencia, el general Milans del
Bosch, declaró el Estado de guerra y sacó los tanques a la calle. El golpe de Estado fracasó. La
comparecencia del rey en televisión, la misma noche del 23 F, censurando la actitud de los sublevados y
apoyando el régimen constitucional, fue decisiva para abortar golpe.

Dos días después del golpe, Calvo Sotelo era nombrado presidente de un gobierno que duraría año y
medio y que estaría presidido por las disensiones internas en el seno de la UCD; en junio de 1981 se
aprobaba la ley del divorcio, y en julio de 1982 el gobierno y el PSOE acordaron unos “pactos
autonómicos” para racionalizar el proceso autonómico aprobando, con ese fin, la Ley Orgánica de
Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA). El gobierno de Calvo Sotelo tomó otra medida de gran
importancia en política exterior: la entrada de España en la OTAN, que se hizo efectiva en mayo de 1982.
El 28 de octubre de 1982, se celebran elecciones que supusieron la victoria del PSOE (partido que se
mantendría en el poder hasta 1996) con 10 millones de votos y 202. Estas elecciones y el cambio político
que suponen, se considera que marcan el fin de la Transición y el paso a una nueva etapa de nuestra
historia, la España Democrática, que se mantiene vigente en la actualidad.

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